Mesoamerica (Paul Kirchhoff)

Para citar este artículo

“Mesoamérica”, publicado originalmente en 1943, fue un intento de señalar lo que tenían en común los pueblos y las culturas de una determinada parte del Continente Americano, y lo que los separaba de los demás. Para lograr este propósito me impuse la limitación de enumerar sólo aquellos rasgos culturales que eran propiedad exclusiva de esos pueblos, sin intentar hacer una caracterización de la totalidad de su vida cultural. Por la aplicación rigurosa de este principio no se mencionan en mi trabajo rasgos tan fundamentales y característicos de la civilización mesoamericana como la pirámide, ni se analiza la configuración y estructuración de esa civilización, que obviamente es más que la suma de sus partes. Falta también la división de esta superárea en áreas culturales que se distinguen no sólo por la presencia o ausencia de determinados “elementos” sino por el grado de desarrollo y complejidad que han alcanzado, siendo las más típicamente mesoamericanas las más desarrolladas y complejas. Falta, en fin, la profundidad histórica que la orientación misma de este trabajo implica, esto es, la aplicación de los mismos principios a épocas anteriores, retrocediendo paso por paso hasta la formación misma de la civilización mesoamericana.

Concebí este estudio como el primero de una serie de investigaciones que tratarán sucesivamente de estos problemas, anticipando que la mayor parte de esta tarea deberían tomarla otros a su cargo. En esta esperanza quedé defraudado, pues mientras que muchos han aceptado el concepto “Mesoamérica”, ninguno, que yo sepa, lo ha hecho objeto de una crítica constructiva o lo ha aplicado o desarrollado sistemáticamente. Ahora, la iniciativa de los estudiantes de la Escuela Nacional de Antropología e Historia de volver a publicar este trabajo, me hace abrigar nuevamente la esperanza de que sea un investigador joven el que siga por el camino que yo señalé hace años.

PAUL KIRCHHOFF
Instituto de Historia
Universidad Nacional Autónoma de México

EN LAS CLASIFICACIONES geográficas de las culturas indígenas de América, que abarcan el Continente entero o que enfocan por lo menos determinada región desde un punto de vista continental, se distinguen fácilmente dos tipos.

En el primero, se acepta una u otra de las divisiones corrientes del Continente Americano, basadas en la Geografía Política o en la Biogeografía. La mayoría de los americanistas, o divide el Continente simplemente en Norte y Sudamérica, o intercala entre las dos partes una tercera, sea “México y Centroamérica” o, como lo hacen algunos antropólogos norteamericanos, Middle America. En el primer caso por regla general, se acepta como límite entre Norte y Sudamérica, la línea divisoria biogeográfica que sigue el curso del río San Juan, entre Nicaragua y Costa Rica. En el segundo caso, en “México y Centroamérica” se incluye todo el territorio comprendido entre la frontera septentrional de la República Mexicana y la frontera oriental de Panamá; en Middle America la misma región, excluyendo unas veces el norte de México, incluyendo otras las Antillas.

Ambas divisiones y sus variantes que aquí dejamos de mencionar, tienen grandes inconvenientes cuando se usan para algo más que una mera localización geográfica de fenómenos culturales del mundo indígena, o para fijar los límites geográficos de programas de investigación o publicaciones. La frontera biogeográfica entre Norte y Sudamérica, aunque coincide con una frontera local entre regiones con características culturales bien marcadas, no constituye sin embargo una frontera cultural entre Norte y Sudamérica, puesto que al norte de ella, la cultura de los sumo y misquito y aun la de los paya y ficaque, es tan “sudamericana” como la de los chibcha centroamericanos. De hecho este calificativo carece de todo significado preciso, ya que en Sudamérica, cualquiera que sea la extensión que queramos dar a este término, existen culturas tan distintas entre sí como las de los fuegos, los caribe y los inca. Por otro lado, las culturas restantes de Centroamérica y México, con excepción del norte de México, no ostentan de ninguna manera caracteres “norteamericanos”, sino que, por el contrario, tal vez tienen más en común en ciertas culturas de Sudamérica que con cualquiera de Norteamérica. Efectivamente, sus semejanzas con ciertas áreas culturales norteamericanas, como las del Sureste y en parte del Suroeste de Estados Unidos, se refieren en gran medida a aquellos rasgos que ambas tienen en común con ciertas áreas culturales de Sudamérica.

Los inconvenientes de la triple división citada son tal vez más grandes. Ni el conjunto de las repúblicas de México y Centroamérica, ni Middle America en cualquiera de los sentidos antes explicados constituye para el antropólogo una región que resalte las demás culturas del Continente, y por lo tanto merezca estudio aparte. De hecho, aquellos que aceptan una u otra de estas triples divisiones, lejos de considerar “México y Centroamérica” o Middle America como una unidad cultural -opuesta como tal tanto al Norte como a Sudamérica-, sigue reconociendo como básica la división entre Norte y Sudamérica, asignando ciertas culturas de esta región a Norteamérica y otras a Sudamérica.

El segundo tipo de clasificación geográfica, agrupa las culturas indígenas americanas en cinco grandes zonas:

1. Los recolectores, cazadores y pescadores de Norteamérica.

2. Los cultivadores inferiores de Norteamérica.

3. Los cultivadores superiores (“altas culturas”)

4. Los cultivadores inferiores de Sudamérica.

5. Los recolectores y cazadores de Sudamérica.

Los antropólogos que aceptan este tipo de división, el cual, como el anterior, tiene muchas variantes que no mencionamos, reconocemos implícita o explícitamente que dentro de la zona de los llamados cultivadores superiores se incluyen, como excepción, tribus individuales o a veces áreas culturales enteras que no se pueden considerar de cultivadores superiores, ni en cuanto a su nivel cultural general, ni en cuanto a plantas y técnicas de cultivo. De la misma manera se incluyen a veces recolectores y cazadores en las zonas de cultivadores inferiores.

Se justifica su inclusión dentro de las zonas de cultura superior por el hecho de que a pesar de ser de nivel más bajo comparten con las demás tribus de la zona en que se incluyen un número considerable de rasgos culturales; débase a que estas tribus han quedado rezagadas respecto a las más adelantadas preservando parte de la antigua cultura común, o a difusiones culturales recientes. Este modo de pensar deja su individualidad a las áreas culturales (en el sentido de conjunto de tribus con una cultura no sólo superficial sino básicamente semejante), y permite a la vez agruparlas en “superáreas” y subdividirlas en “subáreas”. Dentro de la zona de los cultivadores inferiores de Norteamérica, el “Sureste” y el “Suroeste” (en el sentido de The Greater Southwest o “La Norteamérica árida”) son tales superáreas; y dentro de la zona de los cultivadores superiores se puede delimitar una siperárea “Mesoamericana” cuyos límites geográficos, composición étnica y caracteres culturales en el momento de la conquista, nos proponemos estudiar en este artículo.

El presente trabajo se basa en una serie de estudios de distribución iniciados por el Comité Internacional para el estudio de Distribuciones Culturales en América, creado por el XXVII Congreso Internacional de Americanistas. Aunque estos estudios están todavía lejos de terminarse, ya es posible presentar algunos lineamientos generales con el objeto de plantear nuevos problemas. Esta finalidad de nuestro artículo explica que prescindamos de notas críticas y bibliográficas.

Límites geográficos y composición étnica.

Sobre la base de las citadas investigaciones, se puede afirmar que en el momento de la Conquista formaba parte de Mesoamérica, una serie de tribus que podemos agrupar en las cinco divisiones siguientes:

1. Tribus que hablan idiomas hasta ahora no clasificados, como tarascos, cuitlateca, lenca, etc.

2. Todas las tribus de las familias lingüísticas maya, zoque y totonaca. Según ciertos investigadores, los idiomas de estas tres familias, a los que probablemente hay que agregar el huave, forman un grupo que podríamos llamar zoque-maya o macro-mayance.

3. Todas las tribus, menos dos, de las familias otomí, chochopoloca y mixteca que parecen formar, junto con la familia chorotega-mangue, un grupo llamado otomangue; y todas las tribus de las familias trique, zapoteca y chinanteca que otros consideran emparentadas con el grupo anterior, formando un gran grupo llamado macro-otomangue.

4. Todas las tribus de la familia nahua y una serie de otras tribus de filiación yuto-azteca, entre ellas los cora y huichol, cuya agrupación en familias todavía no es definitiva.

5. Todas las tribus de las familias tlappaneca-subtiaba y tequisisteca que pertenecen al grupo hokano de Sapir.

Un análisis de esta composición étnica de Mesoamérica, en el momento de la Conquista, demuestra lo siguiente:

a. De todas las familias lingüísticas que forman parte de Mesoamérica, sólo una, la otomí, tiene algunos miembros (los pame y jonaz que tal vez sólo sean dos subdivisiones de una sola tribu), que no pertenecen a este conjunto cultural.

b. Dos grupos lingüísticos, formados por algunas de estas familias, el zoque-maya y el macro-otomangue, en caso de que su existencia quede comprobada, quedarían en su totalidad dentro de Mesoamérica.

c. Tribus de estos dos grupos, y también de la familia nahua, llegan, probablemente como resultado de migraciones, hasta los últimos límites geográficos de Mesoamérica, tanto en el Norte (del grupo zoque-maya, los huaxteca; del macro-otomange, los otomí; y de la familia nahua, los cazcán y los mexicanos) como en el Sur (del grupo zoque-maya, los cholchortí; del marco-otomangue, los chorotega; y de la familia nahua, los nicargo).

Todo esto demuestra la realidad de Mesoamérica como una región cuyos habitantes, tanto los inmigrantes muy antiguos como los relativamente recientes, se vieron unidos por una historia común que los enfrentó como un conjunto a otras tribus del continente, quedando sus movimientos migratorios confinados por regla general dentro de sus límites geográficos una vez entrados en la órbita de Mesoamérica. En algunos casos participaron en común en estas migraciones tribus de diferentes familias o grupos lingüísticos.

A pesar de haber unido sus destinos firmemente a los de Mesoamérica, la familia nahua, tanto por tener muchos parientes lingüísticos más o menos cercanos fuera de Mesoamérica, como por sus tradiciones acerca de una o varias inmigraciones desde el Norte, demuestra haber desempeñado dentro de nuestra zona un papel histórico muy distinto del de las familias lingüísticas listadas bajo el núm. 2. Éstas, al igual que las tribus lingüísticamente todavía no clasificables, parecen carecer de parientes lingüísticos a razonable distancia de Mesoamérica, lo que nos hace pensar que tanto unos como otros, es decir, las familias maya, zoque, totonaca, tarasca, cuitlateca, etc. no sólo radican desde mucho dentro del territorio ocupado por el conjunto cultural Mesoamérica, sino que tal vez hayan desempeñado un papel importante en el proceso mismo de su formación.

DA190201

El grupo macro-otomangue, o por lo menos su sub-grupo otomangue compuesto de las familias otomí, chocho-popoloca, chorotega y tal vez mixteca, a pesar de su diseminación dentro del territorio mesoamericano, no nos da la impresión de que tenga un arraigo igualmente profundo y que haya desempeñado un papel igualmente importante en la formación de Mesoamérica como el grupo zoque-maya, sino que parece más probable que haya entrado en la órbita de Mesoamérica cuando ésta ya existía como un conjunto cultural. Tribus de estas familias no sólo parecen curiosamente asociadas en su distribución geográfica a las de los nahua (casi como en Sudamérica y las Antillas, los arawak y caribe), sino que en varios casos existen tradiciones históricas acerca de migraciones comunes de los toltecas de habla nahua con otomí (según Sahagún), o con mazateca, popoloca y otomí (según la Historia Tolteca-chichimeca), y de los nicarao con los chorotega (según Torquemada). Además existen por un lado tradiciones acerca de una inmigración de los otomíes desde el Noroeste (según Ixtlilxochitl) y por otro lado el hecho de que los pame y jonaz viven hasta la fecha fuera del territorio mesoamericano, inmediatamente al norte.

El aislamiento numérico y geográfico que en el momento de la Conquista presentaban en Mesoamérica las familias tlappaneca-subtiaba y tequisisteca, sugiere que el papel que desempeñaron en la historia de Mesoamérica, o nunca fue muy importante, o se remonta a un pasado lejano; a menos que les deba considerar inmigrantes relativamente recientes a una Mesoamérica ya formada.

La justa apreciación del papel de cada familia o grupo lingüístico en la historia de Mesoamérica, junto con la solución del problema de determinar desde cuando existe esta superárea cultural y cuál ha sido su extensión geográfica y cuáles sus focos culturales en diferentes épocas, presupone, además de la terminación de los estudios ya emprendidos sobre distribuciones culturales en el momento de la Conquista, la realización de estudios semejantes para diferentes épocas precolombinas; la utilización de los dos tipos de estudios anteriores para la división de Mesoamérica en sub áreas que serán distintas en número y extensión para diferentes épocas; y más excavaciones en regiones que en el momento de la Conquista quedaban fuera de Mesoamérica, pero que en tiempos anteriores formaban parte de ella, como ya sabemos, acerca de una amplia zona del norte de México, ocupada cuando la Conquista por tribus de cultura inferior.

Lo que en este momento ya podemos afirmar es que la frontera norte de Mesoamérica, se distinguió de la frontera sur por un grado mucho mayor de movilidad e inseguridad, alternando en ella épocas de expansión hacia el norte con otras de retracción hacia el sur. Estas últimas se deben en parte a invasiones de grupos de cultura más baja situados al norte de Mesoamérica.

Esta diferencia entre las fronteras norte y sur, como también las que hay entre varias secciones de cada una de ellas, se deben, a menos en parte, al hecho de que Mesoamérica es el último eslabón hacia el Norte en la cadena de los cultivadores superiores. Efectivamente, sólo en un tramo pequeño de la frontera sur colindaba, en el momento de la Conquista, con otra área de cultivadores superiores (los chibcha) mientras que en el resto de esta frontera sus vecinos eran cultivadores inferiores (los jicaque y paya y los sumo y misquito). En la frontera norte la situación era aún más desfavorable, ya que con excepción de dos tramos bastantes cortos, uno en Sinaloa y otro insignificante en el costa del Golfo, donde sus vecinos eran cultivadores inferiores, Mesoamérica colindaba directamente con recolectores-cazadores.

En tiempos de la Conquista, las últimas tribus de cultura mesoamericana de la frontera sur (que va, más o menos desde la desembocadura del río Motagua hasta el Golfo de Nicoya, pasando por el lago de Nicaragua) eran los chol-chorti, los lenca ( y tal vez los matagalpa), los subtiaba, los nicarao y los chorotega-mangue; en la frontera norte (que va más o menos desde el río Panúco al Sinaloa pasando por Lerma), los huaxteca, los mexicanos de Meztitlán, los otomí y mazahua, los tarascos, los coca, los tecuexe, los cazcan, parte de los zacateca (había zacateca que eran recolectores-cazadores), los tepehuanos, los acaxee y los moacrito. Mientras que las tribus más meridionales, los subtiaba, nicarao y chorotega-mangue son tan inconfundiblemente mesoamericanos en su cultura que no puede haber dudas acerca de su inclusión en esta superárea, tales dudas sí pueden surgir en cuanto a los lenca por un lado y a muchas tribus situadas entre el lago de Chapala y el río Sinaloa, por otro, ya que en ambos casos encontramos un nivel cultural bastante inferior al característico de las tribus más representativas de Mesoamérica. A pesar de este nivel cultural más bajo (el cual se halla también entre algunas tribus y hasta en algunas áreas culturales del interior del territorio mesoamericano), incluimos a estas tribus dentro de Mesoamérica, por el número muy elevado de características culturales marcadamente mesoamericanas, las cuales en la mayoría de los casos, llegan precisamente hasta las fronteras que señalamos. Así por ejemplo, hasta la frontera noroccidental llegan elementos como el cultivo de chile, camote y árboles frutales, la domesticación de patos, y “perros mudos”, la metalurgia, el juego con pelotas de hule, etc. (véase adelante), es decir, elementos que Mesoamérica tiene en común con culturas más meridionales y que aquí llegan a su límite septentrional.

Caracteres Culturales

En los estudios de distribución emprendidos por el Comité Internacional para el Estudio de Distribuciones Culturales en América, para esclarecer el problema de Mesoamérica, estudios que a su vez aprovechan todas las investigaciones hechas con anterioridad por otros autores, nos hemos encontrado con tres grandes grupos de distribución.

I. Elementos exclusiva o al menos típicamente mesoamericanos.

II. Elementos comunes a Mesoamérica y a otras superáreas culturales de América.

III. Elementos significativos por su ausencia en Mesoamérica.

I

Para los fines de esta primera exposición de los problemas de Mesoamérica, preferimos juntar en una sola lista, tanto elementos que se encuentran exclusivamente en Mesoamérica, como aquéllos que, aún cuando se hallan algunas veces fuera de ella, parecen sin embargo característicamente mesoamericanos. En cuanto a estos últimos, no nos referimos solamente a casos en que elementos mesoamericanos se encuentran entre algunas tribus fuera de Mesoamérica pero junto a sus fronteras (como el juego con pelota de hule entre algunos recolectores-cazadores del Norte de México), donde la difusión es innegable, sino a casos como el de los pani (pawnee) de Norteamérica o el de la costa de Ecuador y norte de Perú, donde hay agrupamiento de elementos tan típicamente mesoamericanos que no permite otra interpretación que la de ser igualmente resultado de una difusión cultural.

Por otro lado, sólo incluimos en esta lista unos pocos elementos exclusivos de Mesoamérica pero a la vez raros en ella, puesto que la mayoría de éstos suponen para su existencia otros más generales.

Consideramos elementos mesoamericanos los siguientes:

Bastón plantador de cierta forma (coa); construcción de huertas ganando terreno a los lagos (chinampas); cultivo de chía y su uso para bebida y para aceite de dar lustre a pinturas; cultivo de maguey para aguamiel, arrope, pulque y papel; cultivo de cacao; molienda del maíz cocido con ceniza o cal.

Balas de barro para cerbatanas, bezotes y otras chucherías de barro; pulimento de la obsidiana; espejos de pirita; tubos de cobre para horadar piedras; uso de pelo de conejo para decorar tejidos; espadas de palo con hojas de pedernal u obsidiana en los bordes (macuáhuitl); corseletes estofados de algodón (ichcahuipilli); escudos con dos manijas.

Turbantes; sandalias con talones; vestidos completos de una pieza para guerreros.

Pirámides escalonadas; pisos de estuco; patios con anillos para el juego de pelota.

Escritura jeroglífica; signos para números y valor relativo de éstos según la posición; libros plegados estilo biombo; anales históricos y mapas.

Año de 18 meses de 20 días, más 5 días adicionales; combinación de 20 signos y 13 números para formar un período de 260 días; combinación de los dos períodos anteriores para formar un ciclo de 52 años; fiestas al final de ciertos períodos; días de buen o mal agüero; personas llamadas según el día de su nacimiento.

Uso ritual de papel y hule; sacrificio de codornices; ciertas formas de sacrificio humano (quemar hombres vivos, bailar usando como vestido la piel de la víctima); ciertas formas de autosacrificio (sacarse sangre de la lengua, orejas, piernas, órganos sexuales); juego del volador; 13 como número ritual; una serie de deidades (Tlaloc, por ejemplo); concepto de varios ultramundos y de un viaje difícil a ellos; beber el agua en que se lavó al pariente muerto.

Mercados especializados o subdivididos según especialidades; mercaderes que son a la vez espías; órdenes militares (caballeros águilas y tigres); guerras para conseguir víctimas que sacrificar.

II

El grupo de elementos comunes a Mesoamérica y a otras superáreas culturales de América1 se divide en varios subgrupos para los que damos algunos ejemplos representativos, haciendo la advertencia de que al mencionar un elemento para determinada superárea no implica que se encuentre en todas las áreas que la componen:

a) Sureste, Suroeste, Mesoamérica, Chibcha, Andes, Amazonia: cultivo, cerámica.

b) Sureste, Suroeste, Mesoamérica, Chibcha, Andes, Amazonia Noroccidental: cultivo de maíz, frijol y calabaza.

c) Sureste, Mesoamérica, Chibcha, Andes: sacrificio humano.

d) Sureste, Mesoamérica, Chibcha, Andes, Amazonia noroccidental: cultivo de la patata; cerbatana, trofeos de cabeza.

e) Sureste, Mesoamérica, Chibcha, Amazonia: canibalismo.

f) Sureste, Mesoamérica, Andes, Amazonia noroccidental: confesión.

g) Suroeste, Mesoamérica, Chibcha, Andes: cultivo en manos de los hombres; construcciones de piedra o barro; sandalias.

h) Suroeste, Mesoamérica, Chibcha, Andes, Amazonia noroccidental: cultivo de algodón.

i) Mesoamérica, Chibcha, Andes: terrazas para cultivo; puentes colgantes; bolsas de calabaza. Algunos elementos de este grupo, tal vez la mayoría, se conocen dentro de Mesoamérica solamente en su parte sur.

j) Mesoamérica, Chibcha, Andes. Amazonia noroccidental: cultivo de yuca dulce, chile (ají), piña, aguacate, papaya, zapote, diversas variedades de ciruelas o jobos (Spondias); perro mudo cebado, pato; escudos entretejidos, picas, metalurgia; calzadas empedradas; mercados. Estos elementos, en contraste con los del grupo anterior, llegan, con excepción de escudos entretejidos y picas, hasta la frontera norte de Mesoamérica.

k) Mesoamérica, Andes: clanes del tipo calupulli-ayllu; sacar corazón a hombres vivos; rociar santuarios con sangre de víctimas sacrificadas.

Además un grupo considerable de elementos comunes a los cultivadores superiores de Mesoamérica y a los inferiores de Amazonia:

l) Mesoamérica, Amazonia: aventador de cestería; platones planos de barro para cocer pan (comal); juego con pelotas de hule que no se pueden tocar con la mano; tambor de madera con lengüetas. Es notable que los elementos de este grupo que llegan hasta las fronteras norte y sur de Mesoamérica no se conocen entre las tribus jicaque, paya, sumo y misquito que colindan directamente con ella y que son cultivadores inferiores como los de Amazonia.

Finalmente, un grupo de elementos aún más llamativo que Mesoamérica tiene en común con pueblos que ni siquiera son cultivadores:

m) Mesoamérica, recolectores-cazadores: horno subterráneo; baño de vapor.

Los elementos que Mesoamérica, superárea de cultivadores superiores, tiene en común con otras áreas de cultivadores superiores o inferiores o ambos a la vez, plantean una serie de importantísimos problemas acerca de la formación de la cultura mesoamericana dentro del conjunto de las culturas americanas basadas en el cultivo y, a la vez, acerca de las relaciones existentes entre los cultivadores superiores. La división que hemos hecho de estos elementos en varios grupos, pretende contribuir al mejor planteamiento de estos problemas. No parece posible llegar a conclusiones definitivas antes de que terminen los estudios de distribución iniciados por el Comité antes citado.

Llama mucho la atención el hecho de que Mesoamérica, área de cultivadores superiores dentro de la cual no sobrevive ninguna tribu no cultivadora, comparte ciertos elementos, ausentes entre los cultivadores superiores e inferiores de Sudamérica, con los recolectores y cazadores americanos, con cuyo sector norteamericano colinda directamente, en parte de su frontera septentrional, mientras que de los Sudamérica se encuentra separada por otros cultivadores superiores e inferiores. El hecho de que estos rasgos llegan hasta la frontera meridional de Mesoamérica, sin rebasarla, tiende a separar a Mesoamérica de las otras grandes áreas de cultivadores superiores, así como de lo inferiores de Sudamérica (con los cuales, por otro lado, comparte rasgos tan significativos). Pero hay que recordar que estos elementos característicos de cazadores y recolectores no son ni pueden ser básicos y constitutivos de la cultura mesoamericana, aunque indudablemente le prestan un “sabor” distinto del de las otras áreas de cultivadores superiores, sobre todo aquellos elementos que como el baño de vapor han llegado a ligarse íntimamente a la cultura mesoamericana. Si bien es verdad que estos elementos encuentran el fin de su distribución norteamericana en la frontera meridional de Mesoamérica, no se pueden llamar rasgos “norteamericanos” puesto que se hallan también entre los recolectores y cazadores de Sudamérica, a menos que también queramos dar ese epíteto a estos últimos.

Para poder llegar hasta el extremo sur de Sudamérica, a través de toda la región recientemente ocupada por cultivadores superiores e inferiores, estos rasgos debieron difundirse antes de la formación no sólo de Mesoamérica y las otras áreas de cultivadores superiores, sino antes de los principios del cultivo mismo, desapareciendo después en ciertas regiones.2 Su presencia en Mesoamérica y ausencia en las otras áreas de cultivadores de Sudamérica, permite una de dos explicaciones: o desaparecieron sólo en la región de los cultivadores (superiores e inferiores) situados al sur de Mesoamérica, pero no ésta, o desaparecieron primero en ambas regiones, para ser reintroducidos después a Mesoamérica desde el norte, por nuevos invasores cazadores y recolectores. En cualquier caso la extensión de estos elementos hasta la frontera meridional de Mesoamérica, aun cuando no da a Mesoamérica un carácter “norteamericano” ni permite trazar una frontera etnográfica entre Norte y Sudamérica que coincidiera con nuestra frontera meridional de Mesoamérica, demuestra lo afirmado en párrafos anteriores y con argumentos distintos: el hecho de que Mesoamérica es una indudable unidad cultural que desde mucho tiempo ha tenido su propia historia, común a todos sus habitantes, aún en cuanto a aquellos rasgos que no le son básicos.

III

Los elementos del tercer grupo cuya distribución atañe al problema de Mesoamérica son aquellos cuya ausencia en Mesoamérica es característica. Este grupo se divide en varios subgrupos:

a) Sureste, Chibcha: adorno del borde de la oreja.

b) Sureste, Suroeste, Chibcha, Amazonia noroccidental: clanes matrilineales.

c) Sureste, Suroeste (recolectores-cazadores de Nuevo León), Chibcha, Amazonia noroccidental: beber los huesos molidos de parientes muertos.

d)Suroeste (Sinaloa-Sonora), Chibcha, Amazonia: armas envenenadas.

Estos tipos de distribución, a los cuales probablemente se deban agregar otros más, hacen pensar que tratamos con elementos una vez presentes en Mesoamérica, sea sólo en el territorio posteriormente mesoamericano o dentro del conjunto cultural mesoamericano mismo. Especialmente sugestivo es el caso de la costumbre de beber los huesos molidos de los parientes muertos, a la cual parece corresponder dentro de Mesoamérica una costumbre que tal vez pueda interpretarse como una fase más evolucionada que haya tomado su lugar: la costumbre de beber el agua con que se bañó al pariente muerto.

Con los anteriores contrastan algunos rasgos culturales de los cultivadores de Sudamérica que llegan hasta la frontera meridional de Mesoamérica sin rebasarla:

e) Chibcha, Andes: cultivo de la coca.

f) Chibcha, Andes, Amazonia: cultivo de palmeras.

La distribución de estos dos grupos de elementos nos permite pensar que nunca formaron parte de la cultura mesoamericana.

DA190202
DA190203
DA190204

Ilustración 1. Museo del Hombre, París, 1934. Paul Kirchhoff (izquierda) y Henri Lehmann examinando pinturas de pieles norteamericanas de búfalo. (Cortesía gentil de la doctora Johanna Faulhaber)

DA190205El doctor Paul Kirchhoff (1900-1972) en 1962.

Autor: Paul Kirchhoff. Este artículo es una reimpresión íntegra del sobretiro especial del tomo VIII de la Enciclopedia de México, 1975.

  1. Para esta primera orientación reconocemos, en forma enteramente provisional, las siguientes superáreas (los nombres de las superáreas de cultivadores superiores van con cursivas): Suroeste (de Norteamérica, en el sentido de “The Greater Southwest” o “la Norteamérica Arida”, es decir, incluyendo tanto cultivadores como recolectores-cazadores). Sureste (de Norteamérica). Chibcha (excluyendo aquellos que tienen afinidades culturales andinas como los muisca). Andes (incluyendo la costa árida de Sudamérica). Amazonia (incluyendo toda la selva tropical de Sudamérica y las Antillas, pero excluyendo a los chibcha de la selva tropical. []
  2. Conocemos sólo un caso del uso del baño de vapor entre los recolectores y cazadores de Sudamérica. El segundo caso sudamericano, hasta ahora no citado en la literatura comparada y que deben ser el resultado de una difusión distinta y muy posterior desde una Mesoamérica ya existente como conjunto cultural, lo encontramos entre los cultivadores superiores de la costa del Ecuador. Desgraciadamente no hay detalles sobre el baño de vapor de este último lugar, de manera que no sabemos si tenía las características estructurales que distinguían el baño mesoamericano del de las tribus más norteñas. []

Los comentarios están cerrados.