Timilpan, escenario de una emigración continua

El territorio en Timilpan

Timilpan es un municipio de 187.4 km2 que cubren 0.9 por ciento de la superficie total del Estado de México,1 y se localiza en la parte media de la porción noroeste de esta entidad, dentro de la región de Jilotepec que colinda con el estado de Hidalgo; su territorio lo conforman llanos y montañas de gran altura que van desde los 2 500 hasta 3 200 metros sobre el nivel del mar (msnm), en la parte más elevada de la Sierra de San Andrés.

Parte de esta sierra forma al monte comunal de Timilpan, conocido de manera particular como: Monte de Bucio, Monte de Cañada de Lobos, Monte de Agua Bendita, Monte de Yondejé, Monte de Ocampo y Monte de San Nicolás. La cabecera municipal ocupa sólo una porción pequeña de la sierra y se localiza a una altitud media de 2 620 msnm, al pie de las primeras elevaciones que se levantan al este, sur y oeste del valle de San Andrés; es un arco montañoso formado por los cerros de La Lomita y La Cruz, al oriente; de San Andrés, al sur; de Ixcajhá, al suroeste, y el cerro de Engundó, al poniente. De estos, los cerros de La Cruz y de Ixcajhá son los más conocidos y diríase que venerados como espacios históricos o religiosos, de enorme significado para los habitantes. Una de las muchas historias relata que unos forasteros encontraron allí la imagen de la Preciosa Sangre de Cristo:

La imagen que tenemos aquí es de la Preciosa Sangre de Cristo, y según me platica mi papá, esta es la historia: venían dos hombres, por el camino, a vender sombreros; cuando ¡de pronto! vieron dos peñas y luego oyeron una voz. Entonces, por una cueva vieron una imagen, y luego se preguntaron: “¿qué hacemos? Si la llevamos ¿nos llevarán presos?” Por fin, se decidieron y bajaron a traer manta al pueblo, la envolvieron y se la llevaron en un burro que ellos traían. Luego se la llevaron para acá al pueblo de San Andrés, porque la imagen estuvo mucho tiempo en un pueblo que lo nombran Ixcajhá. Allá, esos dos hombres le hicieron su capillita muy medianita y la imagen la traían de allá para acá, porque era muy milagrosa. Pero hubo una junta de sacerdotes, porque dijeron que no podía andar así la imagen, entonces fue como la trajeron acá a San Andrés (Relato sobre la leyenda que da origen al culto a la imagen de la Preciosa Sangre de Cristo. Entrevista núm. 1 con un anciano, Timilpan, México, febrero de 1995).2

Existe la creencia entre los pobladores de que la imagen de la preciosita, como la nombran con respeto y cariño algunos timilpenses, representa la protección, el brazo poderoso que puede desviar un alud de agua y lodo y salvar al pueblo de la desgracia de morir bajo el fango. Fue la sagrada imagen de Cristo la que desvió el rumbo de los ejércitos revolucionarios, las hordas de villistas y carrancistas, que habría cometido diversas atrocidades (como el robo de caballos y la violación de mujeres, etc.)

En Timilpan hay manantiales importantes entre los que sobresale como “espacio imaginario” el de Agua Bendita, pues cuenta la leyenda que el cura Hidalgo, se detuvo una cuando se dirigía a la ciudad de México en su campaña por la Independencia nacional:

“La Cruz” que está en la trastumbada para Yondejé, la pusieron ahí porque ahí celebraban fiesta unas personas; dicen que hallaban dinero. En Agua Bendita, los antecesores pusieron nombre a ese lugar y celebraban fiesta el 8 de mayo de cuando el cura Hidalgo andaba contra los españoles; pero yo no supe nada de eso porque soy de allá para acá (Entrevista núm. 1, febrero 1995).

Agua Bendita, es muy importante, porque decía mi mamá -yo eso no lo vi-, que en 1810 pasó Hidalgo por ahí. ¿Qué padre sería ése? ¡sabe!; pero él fue el que pasó por ahí, y ahí dijeron su misa y bendicieron el agua de la peña ¡que era mucha agua la que salía! Entonces, con toda esa agua se regaban en tiempos de seca todos los llanos abajo; y había muchas cosechas, nunca se perdió una, pues ésa agua bajaba hasta el rancho de Xidho y Cuevillas. Ahora, el 8 de mayo hacen ahí una misa; pero yo creo que ya hasta se perdió el agua. Pero sí era milagrosa, ¡como no!; porque cuando hicieron la explotación del monte, dejaron unos palos marcados ahí de cuando pasó el cura Hidalgo; allí se levantaron e hicieron la misa y se fueron para México. Mis papás sólo me platicaron que allí en Agua Bendita se quedaron los que venían de acá abajo, de Aculco, en la revolución. Pero: ¿qué fue lo que iban a pelear ellos? (Entrevista núm. 2 con una mujer de 88 años. Timilpan, México, noviembre de 1995).

Pese a que Timilpan cuenta con manantiales, no tiene ríos de curso constante y abundante que atraviesen por el territorio municipal, son sólo arroyos que nacen en las partes altas de la Sierra de San Andrés y bajan por depresiones y barrancas hasta desembocar en el valle donde se localiza la Laguna de Huapango,3 importante como recurso hidrológico para gran parte del Bajío -sobre todo del estado de Querétaro- y las tierras de municipios vecinos como Acambay, Aculco, Jilotepec y aun porciones de Soyaniquilpan y Polotitlán, además de pequeñas porciones de tierra del estado de Hidalgo. En Timilpan, este cuerpo de agua ha sido aprovechado fundamentalmente para la pesca y la caza de patos y otras aves migratorias, en determinadas épocas del año; pero muchas de las antiguas especies han desaparecido por las prácticas empleadas para su captura y la contaminación por aguas negras, provenientes de la cabecera municipal y de otras localidades:

Había dos lagunas: la laguna grande de Huapango; y otra que estaba acá, en Barrio Segundo: la laguna de Cerro Palos. Había mucho pato y mucho pescado en la laguna. De pescado, había un chiquito, azulito, pero ¡chulísimo!, buen pescado ¡sabroso! Carpas, chiquitas; pero el mejor era ese azulito.

Bueno, cuando se secaba el agua -porque había años de secas- blanqueaba aquello de pescados; como ver maíz, no había quien se comiera aquello, no había gente, los llanos eran una sábana blanqueada de hongos, líquenes. La gente, era muy poquita la que había.”- (Entrevista núm. 2).

La mezcla de los elementos orográficos e hidrológicos de la naturaleza descritos, permiten apreciar una doble imagen visual de Timilpan. Por un lado, la mirada se trepa por un paisaje de tonalidades claras que arranca entre magueyes y arbustos como el tepozán, la jara y el pesthó,4 en las laderas de las montañas; o se hunde y refresca en un bosque sombrío de ailes, encinos, fresnos, cedros, ocotes, pinos y otras especies de árboles; o despega hacia el cielo por un imponente muro reverdecido en su base y que azulea o se amorata en las alturas. Por el otro, la mirada se tiende sobre el espacio inmenso y árido de la “llanada” donde reposa tranquila la laguna de Huapango, cuyos límites, en los días muy luminosos, se difuminan en la claridad azul, septentrional, del horizonte.

Visto hacia el norte, Timilpan tiene la forma convexa de una “V”, rodeada de montañas, la cual se asemeja a una puerta muy amplia que se abre en ángulo agudo hacia la citada laguna, permitiendo la entrada a los vientos fríos del norte, que entumen e inmovilizan.5 Algunas de sus localidades están cercanas al ambiente lacustre del espejo de agua; otras se hallan semihundidas en las hoyas formadas entre los montes oscuros y frescos.6

En este extendido o recogido espacio, habitan timilpenses llaneros y timilpenses montañeses; aunque a veces quienes viven en los cerros bajen a las fiestas anuales del Llano, en el barrio Zaragoza, o los habitantes de este lugar – también nombrado Barrio Quinto- y de otras comunidades suban a la cueva de Ixcajhá, en octubre, mes de María, para asistir al “rosario”, o en diciembre para la misa del día 12 en honor a la virgen de Guadalupe; o que lleguen hasta arriba, al Mirador de Yondejé para contemplar, desde ahí, la panorámica de “las vigas sin labrar” en la llanura, que dan su nombre a Timilpan:

Realmente, el topónimo, la razón del nombre Timilpan es la llanura: “las vigas sin labrar”. Ésa es la razón de Timilpan, no es otra. Quiere decir donde no hay tierra de labor. Es que mire: tenemos la idea de que la piedra o sementera necesariamente tiene que ser una roca, y nó; es el polvo, una roca pulverizada en el suelo. Esta sementera se llama también tecorral que se hace en la llanura. Timilpan, para mí, es donde está la planicie; ahí son suelos aluviales, es barro que va bajando el río. (Entrevista núm. 3 con un timilpense residente en Toluca, México, noviembre de 1995).7

Pese a lo atractivo del paisaje, el clima del municipio es templado y subhúmedo, con lluvias en verano y sumamente frío en invierno; lo cual no impide que los habitantes -sobre todo, las mujeres- salgan desde muy temprano, o al atardecer, a “raspar” magueyes para obtener el pulque que destinarán al consumo familiar o lo venderán en el patio de su casa a los lugareños, la mayoría hombres. (En Timilpan, los magueyales pueden considerarse un lugar antropológico en el que participa la mujer, es decir, como un ámbito que cae dentro de lo femenino: escoger, raspar y cubrir el maguey para protegerlo de la lluvia, libar y preparar el pulque, y luego servirlo o venderlo es una actividad que, en muchas familias, es desempeñada por el ama de casa). Sin embargo, las fuertes heladas han sido hasta la fecha una causa principal no sólo de la pérdida en la cosecha del maíz, sino también de la producción de los árboles frutales y los magueyes.

Desde una perspectiva histórica, el municipio de Timilpan, al igual que otras localidades que lo circundan -integradas también a la región de Jilotepec-, ha sido también un espacio devastado, no sólo en su geografía sino en su vida social como el terremoto acaecido en 1912; los saqueos y el temor por las escaramuzas de los revolucionarios -villistas, zapatistas, carrancistas- de 1913 a 1915; los estragos por la sequía y la hambruna, que la gente identifica como el período de “la necesidad”, de 1917 a 1918; la mortandad causada por las epidemias de gripe (influenza española) y la peste, conocidas como la “enfermedad”; los atropellos y muerte por bandoleros y gavilleros de 1926 a los treinta; enfrentamientos provocados por el litigio y la lucha por la tierra en los años posteriores a la Revolución; y, finalmente, la lapidación de evangelistas por fanáticos católicos, en los años cuarenta, dejaron su marca en la vida social de la población y sobre el territorio de Timilpan. Veamos los ejemplos siguientes:

Ya hace muchos años del temblor. Fue en el año de 1912. Ya tenía yo 10 años. Se acabó Acambay. Eran casas de adobe, casas grandes y altas de dos pisos. Había muchas casas y las calles cerradas y la iglesia estaba muy grande, muy alta la torre, de a tiro de pura piedra; y entonces el campanario corrió muy lejos en la carretera y tapó a la pobre gente que andaba en la calle, en la plaza; los acabó, nomás uno que otro quedó adentro en la plaza porque todos los que estaban en sus casas no quedaron nadie.

Fue a las siete de la mañana. Duró un mes. Pero mire: pasaba, duraba 15 a 10 minutos, se hacia la tierra así de alta: como zurcos, como olas, no nos dejaba estar parados, nos agarrábamos del pastito -porque había mucho pasto-, de los zacatones en lo que el temblor nos ondeaba y nos caíbanos y ya caídos ya no nos podíamos parar. Pero nos pegaba el vómito por el temblor y la electricidad. Olía la tierra como si trajera pólvora, como cuando come uno tortilla quemada, olía así ¡horrible!… ¡No!; fue triste, fue duro. Duró más de un mes. Todos los días temblaba. Día y noche. No tardaba más que como 5 a 6 minutos y empezaba otro fuerte y tardaba 15 minutos. Allá en ese cerro de Acambay se desbarrancaron unas peñotas grandes -más lejos que de aquí a la casita esa-, tapó una cañada. Venían unos arrieros con su maicito. Eran cinco arrieros y ocho burros cargados de maicito y estaban componiendo sus burros y entonces bajó esa peña y los tapó. Quedó la peña más lejos que de aquí a aquella casa; y sólo el que los iba atajando a los otros adelante se escapó; y pues ¡quien los sacaba!; la piedra quedó mas alto que esa casa. Fue muy triste. Como de aquí al bordo de la carretera se tapó todo con las piedras; no nómas un pedacito. Ahí se quedaron esos arrieros.

Ahí en San Juanico se abrió la tierra. Hay peñas que son como de aquí a aquel capulín. Son peñotas tendidas y el temblor las partió y luego metían reatas de lazar para ver hasta donde se había abierto la tierra y no alcanzaba…

El temblor vino a agarrar la laguna [la laguna de Huapango], todo eso de allá lo agarró y se fue el agua. Fue triste esa abertura, estaba muy honda, hasta nos retirábamos para atrás pues parecía que se iba uno a caer abajo. Fue muy profunda la cortadura que hizo el temblor; le digo que con dos reatas no alcanzaban a llegar al fondo.8 (Entrevista núm. 4 con un hombre de 94 años, Rincón de Bucio, Timilpan. febrero de 1995).

El relato anterior está lleno de referencias espaciales: las casas, las calles, la plaza y la iglesia con su campanario, en el pueblo vecino de Acambay; y de referentes locales: la laguna y dos peñas. Pero sobre todo, indica que el suceso -con olor a “tortilla quemada”- ocurrió un espacio habitado: “era muy alta la torre, de a tiro de pura piedra; y entonces el campanario corrió muy lejos en la carretera y tapó a la pobre gente que andaba en la calle, en la plaza; los acabó, nomás uno que otro quedó adentro en la plaza, porque todos los que estaban en sus casas no quedaron nadie.” Un espacio que era paso acostumbrado de arrieros y burros, dando con ello cuenta del comercio en la zona: “venían unos arrieros con su maicito. [...] estaban componiendo sus burros y entonces bajó esa peña y los tapó [...] sólo el que los iba atajando a los otros, adelante, se escapó”.

Timilpan también es un espacio de relaciones sociales marcadas por la segregación: por un lado estaban las personas “de razón” y por el otro los indios, integrantes de “las” familias “del” barrio, extraños, o de plano, forasteros. Estos últimos pertenecientes a la región de las tierras frías, los bosques de Bucio y Cañada de Lobos, atrajeron a la “gente de razón” quienes a principios del siglo XX explotaron la madera y el carbón. Jacques Soustelle (1993: 21 (26):39) señala que probablemente esta división entre los “de razón” y los “indios” – al parecer, muy arraigada en la región mazahua-otomí u otomí-pame, a la cual pertenece Timilpan -, deba atribuirse a la “presencia de bosques abundantes que pueden transformarse en carbón”, ya que este recurso “conduce a un fuerte contingente de “gentes de razón” a pueblos como Yeche. Más al norte, en Timilpan -continúa Soustelle-, los restos del sistema de lagos del que formaba parte el de Ixtlahuaca fertilizan los terrenos al pie mismo de los bosques; por añadidura, los carboneros se han convertido en cultivadores. …”

Desde la década de los años treinta, cuando Soustelle estudia la cultura otomí-pame del Altiplano, a la actualidad, prácticamente ha desaparecido en Timilpan 9 el uso de la lengua otomí, así como entre los descendientes de la “gente de razón” que presenciaron el esplendor de la explotación carbonífera en los bosques de Cañada de Lobos y Rincón de Bucio -o San Isidro Bucio-; pero ellos recuerdan que sus padres o sus abuelos, la “gente de antes”, hablaban el otomí, para poder comerciar:

Sí: ya no quieren ser indios; eso, definitivamente. Yo recuerdo que en mi niñez, cuando estaba muchacho, el mismo señor don Abundio hablaba el otomí.

Pero en la evolución, yo me fui dando cuenta que cada vez los indios ya no querían ser indios. Para ellos era una vergüenza que los conocieran como tales y lo demostraran con su lenguaje. Entonces, comenzaron a hablar el “castilla”. Y yo decía: “yo no quiero que hablen como nosotros”; pero para ellos, eso era una evolución; de tal manera, que ahora nadie quiere que le digan que es indio porque para ellos es una ofensa. Ya hay un volumen bastante grande de ellos que no saben nada de otomí.

Últimamente ha habido una mezcla progresiva; pero allá en Timilpan, yo recuerdo que en mi niñez se hablaba, incluso, de dos clases de personas: los “de razón” y los indígenas. La división era así: los de razón decían: “no: estos son los de razón”; o, “fulano de tal: ¿es indio o es de razón?” “¡No!”, respondía la gente: “es de razón” ¡Qué cosa tremenda!; y la repercusión para ellos. ¡Fíjese! qué cosa tan terrible ¿no? Entonces ¿quería decir que los indios no razonan? Una cosa terrible, aberrante.

Ahora han cambiado un poco. Pero donde se refleja una especie de recuerdo desagradable de aquella vivencia es cuando los queremos ocupar -a los indios- para que nos trabajen la tierra como peones: se niegan. Alguien al que creen “de razón”, todavía le tienen como un resentimiento (Entrevista núm. 5 con un timilpense, 30 años como inmigrado en el Área Metropolitana de la Ciudad de México (AMCM), mayo de 1995).

Pese a lo anterior, el espacio de Timilpan también es reclamado por la cultura otomí, que lo delimita e identifica dando un nombre propio a cada porción del territorio. La posesión sobre parcelas y hogares se señala con un nombre particular que se inscribe en las escrituras que avalan la propiedad legítima sobre el terreno. Los habitantes viven en: Tziteté, que significa “chupamirto”; en Gochi: “dar la vuelta”; en Dontzi, “la trastumbadita”, etcétera.10

Dapinñí -dice el padre Chimal- es en donde yo nací, una casita muy sencilla que ya se está cayendo, Ensola donde está la casa de la familia del padre Abundio, Panano donde vivía un abuelo mío, y otros lugares de los que ya no me acuerdo bien. También mis parientes tenían una capilla por allí. Entonces, habría que buscarle la historia a todo aquello (Entrevista núm. 6, AMCM, 1995).

Finalmente, entre algunos habitantes, sobre todo los ancianos, manifiestan que Timilpan pudo convertirse en una ciudad importante como la ciudad de México, pues el “águila real”, presente en el mito fundacional de Tenochtitlán, “llegó primero a la Laguna Huapango”.

Localización

¿Donde está Timilpan y cómo se llega? Son tres las rutas que llevan de la ciudad de México al municipio de Timilpan. La primera es por carretera de Tlalnepantla (Santa Mónica-Nicolás Romero-Villa del Carbón) hasta encontrar la carretera de Jilotepec-Atlacomulco, continuar hacia el sur hasta la desviación a Timilpan, al poniente. La segunda es por Toluca, a través de la autopista federal núm. 55, conocida como ruta Panamericana,11 desviarse a la derecha en Ixtlahuaca-San Bartolo Morelos-San Marcos Tlazalpa, pasando frente a la comunidad de Agua Bendita, ya en territorio de Timilpan; o bien seguir hasta Atlacomulco y entrar a la derecha, por la localidad de Santiaguito Maxdá, al lado sur del municipio de Timilpan; o continuar por la misma ruta federal hasta el cruce con el camino Timilpan-Acambay, y de allí tomar rumbo al oriente, hasta el crucero de la ermita a la virgen de Guadalupe -en un lugar conocido anteriormente como La Puerta- que da entrada a la cabecera municipal de Timilpan. La tercera opción, es salir por la autopista México-Querétaro y, en el kilómetro 120, tomar a la derecha por la salida a Jilotepec, cruzar inmediatamente hacia la izquierda, por debajo de la autopista, y seguir derecho, con dirección al sur, por la carretera Jilotepec-Atlacomulco hasta llegar a la desviación a Timilpan.

La vía por la autopista México-Querétaro no es la más directa pero sí la comúnmente utilizada por los migrantes temporales que acostumbran viajar al pueblo cada una o dos semanas. De la caseta ubicada a la altura de Tepozotlán hasta la desviación a Jilotepec, hay una distancia aproximada de 42 km, y de este punto hasta Timilpan 37; de la caseta hasta el centro de Timilpan son 79 km, que se recorren en un tiempo aproximado de 1 hora con 40 minutos, debido al mal estado del camino de Jilotepec-Atlacomulco. Si el viaje se realiza en autobús, el tiempo aproximado en servicio directo es de dos horas desde la Central Camionera del Norte hasta la terminal de autobuses, ubicada frente al mercado municipal de Timilpan.

En fin, por cualquiera de las tres rutas se atravesará por lugares ligados a la historia de Timilpan. Si se decide llegar por Villa del Carbón, se recorrerá el trayecto seguido por mercaderes y peregrinos hasta más o menos los años veinte del presente siglo, una época en que se hacían tres días caminando hasta México:

Sí iba a México. Ahora ya esta muy lejos; ya ve que Tlalnepantla ya mero colinda con Cuautitlán, ya mero se juntan. Ya tiene muchos años que fui a México. Pero eso de Tlalnepantla era un río y puros tepozanes grandísimos y un río muy grande que bajaba del monte pero ahora ya esta tapado todo eso, ¡sabe como lo taparían!

La primera vez que fuimos hicimos tres días andando con güilos (guajolotes). Tres días para llegar. En la noche nos quedábamos en el campo, en el vil llano donde estaba el campo limpio, que no había casas, allí no quedábamos y nos rodeábanos a los güilos por un lado, y otros, por otro (Entrevista núm. 4).

Atravesar por esta región, es también como si se tomara la ruta de la carbonería, y se remontara a la época en que se explotaban los bosques de los municipios de Villa del Carbón, Chapa de Mota y Timilpan, para traer no sólo la madera sino fundamentalmente el combustible para la ciudad de México. Este recorrido era el camino que seguían los indios y las indias otomíes y los mestizos hacia México, donde comerciaban güilitos, gallinas, quesos además otros productos. A su regreso llevaban mercaderías, sobre todo recaudo para venderlo al pueblo. Hasta los años treinta, éste era el camino que frecuentemente tomaban los primeros emigrantes:

Había familias que sí venían a México por necesidad. Simplemente mi familia: mi tía Concha, mi tía Carmen en paz descanse, ellas se vinieron aquí a trabajar. Pero el primero fue mi abuelito. Que yo me acuerde, él hacía viajes con su huacal. Se venía caminando de San Andrés hasta aquí a ciudad de México; dos días y con su huacal. Se venía por Villa del Carbón, por Chapa de Mota. Exactamente, no preciso por donde pasaba. Traía de allá: queso, mantequilla, guajolotes, gallinas, en un huacal. De regreso, llevaba cosas de mercería: hilos, listones, rebozos, de todo: agujas y dedales, que en aquél entonces se usaban también; bueno hasta la fecha se siguen usando pero, yo creo, ¡nadie cose ya! Pero mi abuelito, nomás con un huacalito. Así es que pues hacía su negocito. Ya después se vino para acá y se vinieron mis tías (Entrevista núm. 8 con un inmigrante con poco más de 60 años de residencia en el AMCM)

Aunque al parecer este es un camino más recto hacia México, en la actualidad, se emplea menos debido a su difícil topografía y relativo despoblamiento:

La zona de Villa del Carbón es una muy agreste; entonces por allí no había poblaciones ricas que pudieran demandar la actividad comercial en forma intensa; por otro lado, era un camino sinuoso y difícil y, por lo mismo, no se pobló (Entrevista núm. 3).

Al viajar por Toluca, también se entrará por la montaña y podrá apreciarse la imponente sierra de San Andrés, una barrera geográfica natural; la sierra de Monte Alto, impenetrable hasta la fecha y a la que, en buena parte, debe atribuirse el aislamiento de Timilpan; pero quizás, el único obstáculo que, en opinión de los timilpenses, ha salvado -y salvará por un tiempo todavía- a Timilpan, de la conurbación con el AMCM o con Toluca. Esta cadena montañosa bloqueaba hasta hace algunos años el paso al estado de Hidalgo por el nor-poniente (cf. Soustelle, op. cit.).

A principios de siglo, el Camino Toluqueño, vereda entre los bosques, era también ruta de arrieros:

Yo me crié en Barrio Segundo, cerquita del Camino Toluqueño [el que ahora le llaman Camino de Piedra], que era el que iba para Toluca. Yo anduve hasta allá con mi papá. Ya de seis años, de cinco años, me pegaba yo con mi papá a Toluca, porque él era comerciante. Él traía la mercancía para las tienditas que había aquí en el pueblo: una, dos, tres, cuatro tienditas. Los tenderos tenían que mandar un arriero a traerla hasta Toluca porque aquí no se conseguía. Mi papá hacía dos días a Toluca: el primer día que salíamos de aquí, la quedada era en El Sitio, y ahí madrugaba uno para llegar a las 5 de la tarde del otro día a Toluca. Todavía están los paredones ahí junto a El Carmen, en la bajada donde estaban los mesones. Ahí están los paredones y los corrales, pero los mesones ya los quitaron. Entonces, donde ahora están los jardines, allí por El Carmen, donde tumbaron las casas, allí estaban todas las casas de mercancía que tenían los españoles. Ellos tenían mucha cerveza en barriles, que en ese entonces se despachaba en unas jarritas que les decían las “chinas catrinas”; y allá también había comederos. Claro: yo me iba con mi papá y no lo dejaba porque no tenía otra compañía más que él.

Entonces, ¡era de arrieros: muchisísimos! Estaba muy chiquilla, pero yo le conozco muy bien el camino de los arrieros. De aquí p’allá mi papá llevaba paja porque se la compraban los dueños de los mesones en Toluca para darle de comer a tanto animal que había ahí; y de allá pa’ acá, se traía la mercancía. Mi papá se traiba la carga: cajas, costales de a tercio, huacales donde traiba la verdura, la tapaba bien con pencas de maguey para que el cilantro no se secara ni se magullara; traiba muy bien la carga. Y yo: pues lloraba en el camino, me cansaba mucho, estaba muy lejos de aquí a Toluca ¡muy lejos!. Luego mi papá en ratos me echaba en las mulas, pero luego me cansaba y me ponía a caminar [...] ¡Ay! bueno mire: ¡toda chiquita que estaba yo; y en los pelos de los burros! Antes ¿qué había?: ¡ni calzoncillos! o un pantalón, algo que se pusiera uno; nó: nos criamos con vestiditos, con nagüitas y batitas de manta que nos hacía mi mamá, porque no había ropa buena. Aquí los que traían la ropa eran los españoles que venía de España y fiaban por un año. Venía cada medio año a cobrar, y traían unas telas muy bonitas, y los que tenían pues compraban y los que no tenían: pues ¡qué habían de comprar! A nosotras mi mamá era la que no cosía la ropa de manta, de cambayita, cuando había cambayita.

¡Fíjese!: aquí en este pueblo no se conocía ni un chile verde, no se conocía un plátano, una naranja; yo los fui a conocer hasta Toluca. Aquí no había frutas ¡quién las traiba tan lejos!. Los arrieros que había, pues poquito traiban porque no había la plaza como hay plaza donde quera. ¡Nó!: unos cuantitos chilitos guaches, unas habitas, unos frijolitos es lo que vendían; puro chile seco, no había un chile verde. Hasta poco a poco después, ya empezaron los arrieros a ir a Toluca a traer mercancía. Pero se hacían de aquí dos días: se va uno el miércoles a las cinco de la mañana, y el jueves, a las cinco de la tarde, está uno en Toluca; el viernes, ya salen de allá como aquello de las diez u once de la mañana y hasta el día sábado llegaba el mandado aquí.

Los de Tecozautla venían de acá abajo, también a vender a Toluca; fíjese: ellos traiban cilantro, calabacitas; y ¡hasta Toluca! andando ésa gente. Entonces, si uno no tenía centavos, venían ellos caminado, iba uno a cambiarles unas tortillas; el que no traía centavos decía: “cambéame unas tortillas por unos chilitos, unas 2 tortillas por cilantro, 5 tortillas por cilantro. Pues aquella gente, ¡claro!: venían caminando y con necesidad, y una tortilla caliente la agarraban y se la comían, en aquellas cebollitas y cilantro y jitomates y se las iban comiendo por el camino.

Bueno, pues aquellos arrieros llegaban a Toluca; y de Toluca, yo conocí cuando pasaba el tren para allá de Villada, y yo le doy razón, para allá de San José, porque había una barranca muy grande y estaba un puente de fierro y arriba pasaba el tren que venía de México y se iba, por ahí, para Morelia o quien sabe para donde iba [...] Entonces, de Villada para allá, eran ¡milpas! donde pasaba el tren. Mi papá me iba a brincar con los burros para que los cuidara y no los dejara yo arrimar donde pasaba el tren. Para que los animales comieran, entonces él sacaba su carga; y cuando no había pasturas en el mesón, como yo era una niña chiquita, todos los arrieros que entraban ahí me ponían con una varita para que no dejara salir los burros, y todos me llevaban que un dulce, que un pan, una frutita; ahí juntaba yo harta fruta.

¡Era caminar, porque el pueblo aquí estaba muy pobre! Había muy pocas casas (Entrevista núm. 2)

Hacia finales de los años veinte y en los treinta, algunos timilpenses sólo llegaban hasta Atlacomulco pues, muy cerca de ahí, en la estación de ferrocarril El Rosal, tomaban el tren para el mineral de El Oro donde muchos habitantes de Timilpan trabajaban en ese tiempo, convertidos en migrantes temporales; o bien, se iban hasta México, a donde el viaje representaba una migración más definitiva.

Aquí, él que me trajo a mi fue mi abuelito. Entonces, de San Andrés nos veníamos caminando rumbo a Atlacomulco – porque ni camiones había – y adelante estaba la estación del Rosal. Ahí pasaba el tren a las 4 de la tarde; y venía uno a llegar aquí a México casi como a las 7 u 8 de la noche, porque hacía mucho tiempo. Era trencito de vía angosta. No traía muchos carros, cuando mucho unos cuatro o cinco, no era tren largo; y en aquél entonces, era tren de vapor. Toda la gente de Timilpan que venía a la ciudad, se iban caminando hasta el Rosal. Si salía uno aproximadamente como a las 6 de la mañana, iba uno llegando como a las 2 o 3 de la tarde al Rosal; bueno: desde luego, el tiempo varía, pero cuando yo me vine estaba oscuro todavía cuando salimos de allá caminando, atravesando los cerros -por donde viene la carretera ahora, la que va a Yondejé. Pero ya luego, de ahí de La Cruz iba otra vereda para ir a llegar a Santiaguito Maxdá, y de Santiaguito iba uno a dar a La Venta, por allá ¡lejos!, porque sí está lejos; y ya de La Venta, llegaba uno a Atlacomulco y después al Rosal, pero ahí ya era poco tiempo, poco más o menos como una hora.

El tren venía de El Oro y pasaba al Rosal, Ixtlahuaca, Toluca ¡y hasta México! (Entrevista núm. 8)

Por otra parte, llegar a Timilpan por la ruta de la Panamericana será como tomar de regreso el camino que siguieron los alumnos de las primeras generaciones egresadas de la primaria “José Vicente Villada”, que poco antes de 1950 y hasta 1960 emigraron para continuar sus estudios en la secundaria de Atlacomulco, lugar que desde entonces despuntaba ya como un centro educativo importante dentro del estado de México:

En aquel tiempo -estamos hablando de 1948, más o menos-, Timilpan no tenía vías de comunicación y se dificultaba mucho la salida de la gente; pero nos tocó a nuestra generación comenzar el quinto y después el sexto año en la escuela “José Vicente Villada”. Cuando salimos, la maestra Josefa Arciniega Flores nos motivó mucho para que siguiéramos estudiando, pues ya teníamos un arma más que era: la primaria completa.

Pero en aquel tiempo no había escuela secundaria; ésta estaba en Atlacomulco, muy lejos, y se dificultaba mucho la comunicación para ir hasta allá. Yo recuerdo, que cuando fuimos con mi papá para que me inscribiera, fuimos a caballo. Entonces hemos de haber hecho unas dos horas ¡pero a caballo! Tenía poco tiempo de haberse creado la escuela secundaria, gracias al político que ya en aquél entonces era Isidro Fabela; y bueno: desde luego, había que irse a aquel pueblo (Entrevista núm. 5)

Finalmente, la tercera ruta para llegar por el lado norte a Timilpan está trazada sobre terrenos planos con lomas muy suaves que atraviesa el municipio de Jilotepec, lugar que durante muchos años ha sido el centro más importante de la región norte del Estado de México y dentro de la cual se encuentra Timilpan. Esta vía Timilpan-Jilotepec-México empieza a funcionar hasta mediados de los años cincuenta, permitiendo con ello hacer menos tiempo en el recorrido de Timilpan a la ciudad de México, de entonces y de ahora; es decir, a la metrópoli cuyos principales enclaves industriales se hallaban ya en los municipios de Tlalnepantla y Naucalpan, al norte del Distrito Federal y también hacia el norte del Estado de México. La fácil conexión de Timilpan con México no fue, por cierto, el único factor de la migración rural-urbana de los años sesenta, pero sí tuvo un papel determinante para ello. En esa época surgió el servicio de la línea de autobuses “Los Azcapotzalcos”, que trasladaba a los timilpenses de trabajar a México:

En los años sesenta, la supercarretera a Querétaro era de doble sentido, tenía acotamiento, pero no tenía el trazo de una autopista. Para esos años ya había carretera de Timilpan a Jilotepec, la misma de ahora, incluso creo que estaba mejor en esos años que ahora.

Los “Azcapotzalcos” se iniciaron con las corridas a Timilpan; ya existía la corrida a Jilotepec porque era el paso obligado: de la ciudad de México, por la México-Querétaro hasta Corrales-Jilotepec-Timilpan. Entonces, ésos eran los autobuses que llegaban ahí; obviamente, haciendo un servicio de transporte suburbano de: Tacuba-Azcapotzalco-Cuautitlán-Tlalnepantla para todo el pasaje de obreros que empezaba a trabajar en las fábricas de la zona industrial de Vallejo, Tlalnepantla y Cuautitlán hasta donde está la Good Year Oxo, la Bacardí y toda ésa parte de allí. Por ahí pasaban y atrás de allí salían a la super carretera México-Querétaro hasta Corrales que es la desviación que está ahí en el kilómetro 120 de la autopista México-Querétaro.12

Mis primos se asociaron a esta línea de autobuses allá en la ciudad de México, porque ellos trabajaban en la Refinería de Azcapotzalco, en Petróleos Mexicanos, allí fue a trabajar Chucho, y Hugo se compró un autobús; uno se llamaba el “47″, otro el “42″, y otro que se llamaba “el bucanero ¡imagínese nada más!. Después, estos “Azcapotzalcos” se transformaron en la línea “Halcones Blancos del Norte”. Estos autobuses siguieron cubriendo la misma ruta; la terminal estaba en San Antonio Tomatlán -en el corazón de La Merced y Anillo de Circunvalación-, ahí salían, pero seguían para Tacuba-Azcapotzalco por el cerro de Azcapotzalco, porque hacían el mismo servicio suburbano en la zona industrial de Azcapotzalco, y todo eso.

En Timilpan, en ésa época no existía la calle principal, y el camión entraba por donde estaba la tienda de Juan Miranda, ahí donde está ahora la tienda de Ángel Caballero y la tienda de Joel Monroy, en la esquina de las calles de Aldama y Francisco I. Madero. Esa casa tenía allí un portalito y una banquita, era una clásica terracita donde la gente salía por las mañanas a tomar el sol -allí se sentaban- y nosotros la usábamos como la terminal. Ahí paraban los “Azcapotzalcos” y también la “Herradura de Plata”, que entonces era una línea que daba un servicio más amplio porque era una línea de autobuses que (hasta la fecha) corría a pueblos más distantes y además tenía mejores unidades (Entrevista núm. 3)

Además de las tres principales vías que comunican a Timilpan con la ciudad de México, existen otras dos rutas más que han sido parte importante en la historia económica de Timilpan, en el presente siglo; éstas son las llamadas rutas mineras: por un lado, la conexión con el Mineral de El Chico, Real del Monte y Pachuca, en el estado de Hidalgo; por el otro, el camino al Mineral de El Oro, en el propio Estado de México, y de Tlalpujahua en el de Michoacán.

Las rutas comerciales hacia Hidalgo, eran con dirección hacia Tepozautla, Huichapan, Jacala. Hay un anécdota de un tal Marín de Nantza -así se llama una parte de un barrio de Timilpan: Nantza-, un comerciante en productos del Mezquital, que traía: cal de la que usaban para el nixtamal, aguacate, los guajes, cilantro, algunas hortalizas y zapote blanco, varias cosas que tenían por allá. Bueno, pues este Marín se ufanaba de ir hasta Jacala que es una zona que está casi entrando a la Huasteca Hidalguense, arriba de Huichapan y de Ixmiquilpan, y orgulloso y ufano de esos viajes que hacía -pues eran interestatales e interregionales-, al cabo de unas copas y unos pulques, gritaba en la plaza de Timilpan: “ya llegó Marín de Nantza -no hablaba bien el español- de los meros jacales de Hidalgos, donde los copas son los bala, los boteros los pistola”. Así decía y la traducción era: “ya llegó Marín de Nantza, de mero Jacala, Hidalgo, a donde van los meros hombres, donde las copas son las balas, las botellas las pistolas”. Era todo un personaje en Timilpan; y su ruta comercial: Timilpan-Hidalgo. Pero también hacia allá salía uno a otros pueblos de Hidalgo, como: Tepeji, Tula (ibid)

Con el paso a Hidalgo surge una ruta más larga a México. Sin embargo, la distancia se atenuaba por la gran cantidad de poblados que había a lo largo del camino, y también por el gran potencial económico que ya ofrecía para ese entonces como la zona agropecuaria, cuyos centros principales eran: la zona agrícola de Jilotepec y la cuenca lechera de Cuautitlán.

De Timilpan a la ciudad de México existe la misma distancia que Timilpan a Querétaro y Tula; Tula es un enclave industrial localizado en el estado de Hidalgo. Hacia el nor-poniente, por el lado de Querétaro, Timilpan tiene contacto, aunque poco desarrollado, con Tepeji del Río y San Juan del Río. Hacia el norte, se llega a Tula y Pachuca, Hidalgo, por el lado de Huehuetoca. En los años treinta y cuarenta, algunos timilpenses salieron por aquel rumbo a trabajar en la construcción de presas y caminos.

No obstante la importancia que ha tenido la ciudad de Querétaro en diversos momentos de la historia del país, no se registró ningún movimiento migratorio importante de timilpenses hacia esa entidad; sólo algunas experiencias aisladas de viajes esporádicos, casi siempre de tipo coyuntural o que convertían a Querétaro en un lugar de ida y vuelta a donde se iba a mercadear, o de paso, en el camino al norte del país o al extranjero; aunque, en ocasiones, a algunos timilpenses sí les tocó ir para apoyar a los candidatos del partido oficial, y la experiencia no tuvo final feliz:

También conocí San Juan del Río [Qro.] y Querétaro. Cuando Ruiz Cortines estaba lanzando su campaña, mandaron carros para irnos allá; pero de regreso, unos se quedaron en Acambay, otros en Ixtlahuaca porque decían que estaban “dizque descompuestos los carros” y nos dejaban tirados por ahí; entonces: ¡a buscar donde quedarse! pues: ¿qué otra cosa?

Cuando llegamos a Querétaro tuvimos que buscar donde comer algo. Eran hartos carros – como unos seis – y sólo uno volvió. A unos nos dieron dos pesos (Entrevista núm. 1).

En fin, atravesado o rodeado por caminos y carreteras, pareciera que Timilpan es, en los hechos, una entidad aislada. Para entender esta situación es necesario referirse al estrecho vínculo entre el desarrollo económico y social de dicha entidad con respecto a su entorno inmediato, y también a la conexión que estas variables tienen con el comportamiento demográfico.

Población y economía

Timilpan forma parte de una de las entidades del país con mayores contrastes en la distribución de los recursos y de la población en su territorio: el Estado de México; el cual se caracteriza por su notable desequilibrio espacial, su desigualdad interna y la heterogeneidad demográfica. Este crecimiento se ha concentrado principalmente en las regiones de la Cuenca México-Norte-Tlalnepantla y la Cuenca México-Oriente-Texcoco-Toluca-Lerma; siendo menor en la zona de Atlacomulco, en el noroeste del estado, a la cual pertenece el municipio de Timilpan.13

Pero ¿cómo se ubica el municipio de Timilpan dentro del contexto de las cifras estatales mostradas?14

Timilpan pertenece a la región de Jilotepec, y siempre había ocupado desde 1930 a 1990, la sexta posición en cuanto a su número de habitantes, pero esta participación porcentual fue descendiendo al pasar de 3.5 por ciento en 1930 a 1.8 por ciento en 1990; en los períodos censales de 1960-1970 y 1980-1990 registró las más bajas tasas de crecimiento demográfico en la región y de 1950-1960 su tasa negativa de -0.15 por ciento, superada sólo por el municipio de Soyaniquilpan. La explicación a este cuadro demográfico, tal vez se apoya en el hecho de que desde 1950 hasta 1990 Timilpan ha registrado tasas netas de negativas de migración, contándose entre los 10 municipios con más alta expulsión de habitantes en todo el Estado de México, ocupando, desde luego, un primerísimo lugar en el conjunto regional ya citado (Consejo Estatal de Población, 1995)

¿Qué puede explicar el fenómeno migratorio en Timilpan? Si bien el aumento en el número absoluto de habitantes, probablemente trajo como resultado el fraccionamiento de las parcelas y un contingente considerable de campesinos sin tierra; en el fenómeno migratorio de Timilpan se conjugan otros factores que van desde los limites impuestos a la producción agropecuaria por mil y una contingencias (fenómenos naturales, altos costos de los insumos, inestabilidad de los mercados, y otros más) hasta la cercanía con la ciudad de México.15

Desde una perspectiva histórica, Timilpan ha sido un territorio marcado por la pérdida de su población atribuible a diversas causas: guerras, epidemias y hambrunas desde el siglo XVI hasta los primeros años del siglo XX; explosión demográfica e insuficiencia en el reparto agrario de la tierra cultivable, con la consiguiente expulsión de habitantes, en los últimos 70 años. A pesar de la importancia que tuvo la presencia de la hacienda de Arroyo Zarco y, sobre todo la explotación carbonífera y de madera en los bosques de Bucio y Cañada de Lobos, lo cual atrajo a muchas personas hacia Timilpan, principalmente de otros lugares cercanos y también del Bajío; en general, la región de Jilotepec y el Estado de México en su conjunto se han caracterizado por ser lugares de emigración.

De acuerdo a datos censales, en número relativos, entre 1930 y 1940, la población de Timilpan aumentó 13.7 por ciento; pero a partir de 1940 hasta 1970 los ascensos son menores: 7.2 de 1940 a 1950; -0.01 de 1950 a 1960 y 5.7 por ciento de 1960 a 1970. Como puede observarse el periodo más crítico se da en 1950 y 1960, precisamente cuando se registran las tasas netas negativas de migración más altas en el municipio: -30.25 en el período de 1950 a 1960 y -23.58 para los siguientes diez años. Si bien, en el último censo de 1990 la tasa migratoria continuaba siendo negativa, resulta difícil desprender conclusiones debido a lo contrastante de los datos presentados para el año 1980 (Consejo Estatal de Población, op. cit.)

Sin duda, detrás de estos datos se encuentran otros relacionados con el tipo de actividades económicas y de participación de la entidad en el Producto Interno Bruto (PIB) nacional, mismos que no abordaremos por el momento.16 Baste mencionar, que en diversos estudios realizados sobre su economía, fundamentados en variables como: grado de urbanización, nivel de educación y de vida, se divide a dicha entidad en cuatro regiones según su “nivel de desarrollo relativo” (cf. Herrera, Ligia 1982; Consejo Nacional de Población, 1990); Timilpan ocupa el lugar 41 en el grupo de municipios con desarrollo “medio bajo”, en una posición cercana al punto más bajo del intervalo para este grupo, cuyo índice promedio va de 26.0 a 44.4;17 a esto se suma, que desde 1950 a 1990, el municipio ha estado en los lugares más bajos con respecto a sus tasas de crecimiento y la densidad de su población.

Al respecto, un hecho fácil de constatar todos los fines de semana es el gran movimiento de personas en la terminal de taxis y autobuses de Timilpan, situada a un lado del mercado municipal; asimismo, la larga fila de autobuses foráneos (aproximadamente 20), que se forma todos los domingos por la tarde a la salida de la localidad de Zaragoza a la carretera Timilpan-Acambay. Estos camiones salen atestados de trabajadores migrantes que regresan al AMCM, aproximadamente a las tres de la mañana del lunes -en corridas que se suceden con intervalos de quince minutos -con dirección Timilpan-Jilotepec-México o, en viaje directo, Timilpan-México. Es tanta la gente que viaja al pueblo los fines de semana, que en las corridas que salen entre las cinco y las seis de la mañana suelen viajar personas de pie. Los principales puntos, en los que sube bastante pasaje, dentro del municipio de Timilpan, son: en un primer tramo Los Molinas, La Puerta o en desviación de la carretera para la cabecera municipal; el Chorrito en Barrio Morelos y el punto conocido como la desviación en el cruce con la carretera que va de Jilotepec a Atlacomulco; y ya sobre este camino, en la localidad de Bucio, el Palmito y luego el Puerto, donde no suben muchas personas y, finalmente, en un lugar conocido como El Durazno donde aborda poca gente.

Los “Azcapotzalcos” fueron factor que estimuló la migración, pues abrió la posibilidad de que la gente de Timilpan fuera a trabajar allá; por eso muchos de ellos empezaron a tomar residencia en Tlalnepantla, en Azcapotzalco, en Tacuba porque allí les quedaba cerca la ruta del camión.

Para el setenta, ya la taquería de Güicho Carmona, estaba institucionalizada ahí en Timilpan. Ahí comían los profesores de la secundaria, allí era donde se surtía a los pasajeros que venían de Jilotepec o de San Bartolo Morelos e Ixtlahuaca que iban para México por ése rumbo. También llegaban los autobuses de San Marcos Tlazalpa. La ruta de retorno al pueblo era: México-Tacuba-Azcapotzalco-Tlalnepantla-Cuautitlán-Jilotepec-San Andrés Timilpan y “Anexas”; y el “anexas” eran: Tepeji del Río, Corrales, las Manzanas, Bucio [...]; precisamente, los fines de semana, en Bucio se llenaba el autobús con los Guadarrama y los Cuevas; estos muchachos iban a trabajar a México como obreros y podían bajarse en las fábricas de Cuautitlán y Tlalnepantla; eran migrantes de fin de semana.18.(Entrevista núm. 3).

Se sabe que Bucio es una de las localidades de Timilpan donde hay una fuerte migración, uno de los puntos en este municipio que tienen una tradición migratoria; muchas personas han salido y sigue saliendo de ahí y ha recibido el impacto de la vida urbana:

¿Se acuerda usted de esas maletas cuadradas de fútbol que vendían en los mercados, con escudos de equipos de fútbol?. Bueno: pues ése era el clásico elemento para el equipaje: dos o tres mudas de ropa, unas camisas bien dobladitas, en el mejor de los casos, y si no hechas bolita y ¡claro!: su Esto a un lado. El Esto; así como nosotros en Toluca cuando fuimos chavos. [se ríe por esta referencia al citado periódico]. El Esto ¿no?: era el ovaciones de los obreros. ¿Por qué? Porque era la época del despegue del Azteca recién construido, el estadio Jalisco recién construido, la novedad del fútbol, Ángel Fernández, Fernando Luengas, Armando Marcos [sic], la explosión de Televisa en el fútbol, era lo que le gustaba al mexicano en aquél entonces. Y luego llegaron a hacer equipos de fútbol en Timilpan, las ligas de fútbol (ibid)

Epílogo

Timilpan permaneció en el olvido y en un completo estancamiento por muchos años, debido a que la mayoría de la gente era muy pobre y la riqueza se concentraba en manos de algunas personas. Esto empujó a muchos de sus habitantes a salir en búsqueda de una alternativa para su futuro. En los años cincuenta, la ciudad de México atrajo a muchos campesinos de esa región de Jilotepec y de entonces a la fecha, sólo se ha ido acortando el tiempo de recorrido -no la distancia- sin que el flujo migratorio haya disminuido. También es notable el número de quienes cada año se añaden al torrente migratorio internacional, principalmente encauzado hacia California, en los Estados Unidos.

En la actualidad pueden observarse los efectos de la migración, por tanto, del contacto con otras formas de vida y de uso del espacio social de convivencia. En varias localidades del municipio se aprecia la construcción de casas con estilos diferentes al tradicional; incluso, algunos migrantes “braceros” se han traído los planos de casas tipo americano, los cuales han reproducido casi fielmente. Asimismo, puede observarse el tránsito de vehículos tipo suburban.

Pero después de los años de residencia en la ciudad de México o en el extranjero ¿qué percepción tienen de su pueblo de origen los timilpenses que emigraron de éste?, ¿qué recuerdos se les vienen a la memoria?, ¿cómo lo ven a la distancia de los años pasados fuera de él? Los habitantes saben quién ha salido y quien ha vuelto al pueblo, pero suelen reservarse de señalar al exemigrado. Además, siempre hay lugar y ocasión para la nostalgia y el retorno real o imaginario a la tierra primigenia: se vuelve cada año para la fiesta patronal de San Andrés Apóstol, o para el año nuevo, o para el cumpleaños o el “santo” de los padres o los abuelos, el bautizo o la “presentación al templo” de los niños y las niñas más pequeños; o para mostrar con orgullo el título profesional obtenido en la capital. Hay lugar para los recuerdos, las fantasías y los sueños:

De pequeñas, mis hijas -nacidas ya en el Distrito Federal- iban felices y encantadas a Timilpan; pero ahora, ellas dicen que cuando termine una casita que estoy haciendo allá, van a ir pero con sus amigos de acá de la ciudad; dicen que van a hacer sus lunadas, carnes asadas. Acá en la ciudad de México, con sus compañeros y amigos, en su medio, ellas son felices.

A mi todavía me gusta ir a caminar por todos esos lugares, ésos montes, ésas lomas, ésas colinas a la salida del sol y a la muerte de la tarde. Tengo una fotografía preciosa, que tomé en un atardecer, después de que cayó una granizada con la tierra todavía húmeda; la humedad de la tierra que le da un matiz muy hermoso al paisaje; pero ya no hay granizo.

Pensar en Timilpan, y no asociarlo a los montes y la laguna se me hace imposible. El Monte de Encinos de mi niñez, casi selvático, parte de la sierra de San Andrés, por el sur de la llanada y la laguna -de la “llamada” laguna de Huapango, porque queda ya muy poco de ella porque se hizo la roturación y se introdujo el cultivo- lo recorrí en gran parte. La laguna ¡no se diga!; sobre todo en este tiempo – en agosto – que está llena, y: ¡hay aves allá!

Hay una huella muy agradable en todos mis recuerdos: el asentamiento primitivo de aquél entonces, sus calles empedradas, la iglesia y la escuela, las tienditas y los oratorios en manos de los indígenas, aborígenes. Todavía está el oratorio Nzzititíi arriba, en la lomita que se toma por el camino que sube a un lado de la escuela secundaria. Es el oratorio mejor conservado, donde se venera al Señor de La Piedad; y adelante del panteón, no sé si todavía exista el oratorio Nantza.

¡Ah! los paisanos: pues ¡pobrecitos!; hay personas adultas que se salieron y jamás volvieron; y la mayoría de los hijos de mis amigos ya no quieren ir a Timilpan (Entrevista núm. 5)

Bibliografía

Ávila Palafox Ricardo, ¿Revolución en el Estado de México?, México, INAH, (Divulgación), 1988.

Consejo Estatal de Población, Migración neta decenal y tasa neta de migración según municipio, 1950-1990, Estado de México, Consejo Estatal de Población, Departamento de Desarrollo y Dinámica Poblacional, Enero de 1995.

____________, La población de los municipios de México 1950-1990, cuadro 15, México, 1990, pp. 28-30.

De Olaguibel Manuel, Onomatología del Estado de México. Edición facsimilar de la de 1894 preparada por Mario Olguin, Biblioteca Enciclopédica del Estado de México, 1975.

González Flores, Maximino, Timilpan. Monografía municipal, Gobierno del Estado de México (1981-1987).

Herrera, Ligia, “Niveles de desarrollo económico y distribución de la población. El caso del Estado de México”, en La investigación demográfica en México, México, Conacyt, 1982.

Hurtado G., pbro. Arnulfo, Monografía de Timilpan, Estado de México, 22 de mayo de 1941.

Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, Estado de México. Censo General de Población y Vivienda, México, INEGI, 1990.

Macazaga Ordoño César, Nombres geográficos de México, México, Editorial Innovación, 1979.

Millán, Saúl (coord.), Región Mazahua-Otomí. Diagnóstico Sociodemográfico, México, Instituto Nacional Indigenista, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 1994.

Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas, Atlas de Desarrollo Urbano en México, México, 1981, pp. 276 y 277.

Soustelle Jacques, La familia otomí-pame del México central, México, CEMCA/FCE, 1993, pp. 23-24.

Autora: María García Lascurain, Escuela Nacional de Antropología e Historia, INAH.

  1. Este documento es parte del trabajo para la tesis de maestría en antropología social de la ENAH. Dato del censo de 1970 del Consejo Nacional de Población: La población de los municipios de México 1950-1990, Cuadro 15, México, pp. 28-30. En otros documentos se señala una superficie de 179.4 Km2 (cf. Maximino González Flores). []
  2. Para informarse más detalladamente con respecto al origen del culto de la “Preciosa Sangre de Cristo” en Timilpan, consúltese el libro del pbro. Arnulfo Hurtado G.,1941. []
  3. Esta laguna da lugar al Distrito de Riego de Arroyozarco (NO) (cf. SAHOP, 1981). []
  4. El pesthó se emplea para el lavado de ropa, cobijas y utensilios de cocina. []
  5. Timilpan pertenece a la región de las tierras frías, con clima subtropical de altura, con estación seca muy prolongada; y en la bisagra la montaña y el llano se forma precisamente el corredor de vientos contra alisios. Según Soustelle (op.cit.: 21-39), muchos autores (Motolinía, Torquemada, Ixtlilxóchitl, y otros) plantean que de todos los habitantes de México, los otomíes son los que viven en las grandes altitudes. Montañeses típicos que se caracterizan por su resistencia a las noches glaciales y a los trastornos respiratorios provocados por la altura y el fuerte contraste de temperatura entre el día y la noche. Su adaptación funcional con el medio que proviene de siglos, pues su hábitat son las tierras frías de la Sierra de las Cruces, que separa a los valles de México y Toluca. []
  6. Estas dos porciones perfectamente delimitadas comprenden, por el lado nortenoroeste, una extensa planicie -conocida por los lugareños como el Llano-, que en tiempos primitivos fue ocupada por una laguna que se extendía probablemente hasta el valle de Jilotepec; por el lado sur, una cadena montañosa que forma parte de la Sierra de San Andrés. Ésta se prolonga, por el noreste, hasta la Sierra de Jilotepec; por el oriente, hasta los cerros y montes del municipio de Chapa de Mota y de San Bartolo Morelos; por el sureste hasta los cerros y montes de Atlacomulco, llegando en forma no continua hasta el elevado cerro de Jocotitlán conocido con el nombre de Cerro Viejo, con un pequeño valle donde se localizan los pueblos de Yondejé, Santiaguito Maxdá y Santiago Acutzilapan; por el occidente, se extiende hasta los cerros y montes de Acambay; por el noreste llega hasta la pequeña sierra que tiene como centro el elevado Cerro de Ñadó, situado al suroeste de la población de Aculco. Jacques Soustelle (op.cit.; 23:24) sostiene que toda la toponimia indígena refleja esta oposición: Salazar se llama tebat’a, “llano frío” y Chapa de Mota, nyât’ö, “cima de cerro”. []
  7. “Timilpan, pueblo o cabecera municipal del municipio del mismo nombre Timilpan o Temilpan: en la sementera de piedras, de tetl: piedra; milli, sementera, y pa: en”. Se presenta este topónimo usando el jeroglífico milli = igual a Ixtlahua: tierra llana, y en cada extremo un tetl piedra. (cf. Maximinio González Flores, Timilpan. Monografía municipal, Gobierno del Estado de México, 1981-1987). Se conoce también como “viga” al palo que arrastra la yunta por la tierra, cuando marca los surcos antes de la siembra; de ahí surge probablemente el sentido figurado del nombre de Timilpan como “las vigas [o surcos] sin labrar”. Quizá no deba descartarse entonces la coincidencia con el significado que se asignó a la palabra Huapango o Huepanco es: huepantli ( uepantli) que significa madera para labrar; co indica lugar; es decir: “donde hay madera para labrar” (cf. M. de Olaguibel); o Huapango de huapalli = tabla o duela de madera; pantli significa hilera; y co: lugar. (cf. Al respecto, cabe destacar que la laguna de Huapango está próxima a la inmensa zona boscosa de la Sierra de San Andrés; y por otra parte, entre los timilpenses hay quienes piensan que el asentamiento original de Timilpan se hallaba sobre el actual Barrio Zaragoza, próximo a la citada laguna. []
  8. El suelo agrietado en la localidad “La Campesina” resume un suceso del pasado que aún se mantiene vivo en el relato de los habitantes; y también ha despertado preocupación o interés entre los científicos y visitantes de San Andrés, debido a que el municipio de Timilpan y otros municipios vecinos como el de Acambay están ubicados sobre la falla telúrica denominada “Acambay-Oxochoacán-Zapopán”, cuya intensidad sísmica potencial va de los 5 a los 7° M; habiéndose alcanzado ya niveles máximos de hasta 7, 9 y 10° M en el noreste, donde se localizan los municipios mencionados (cf. SAHOP; 1981 : 276 : 277). []
  9. En 1990, sólo el 8.6 por ciento de las personas mayores de cinco años hablaban alguna lengua indígena en Timilpan; de éstas, la mayoría hablaban también español. Dos terceras partes de los hablantes de lengua indígena son mayores de 50 años, y el 90 por ciento de ellos conoce también el español. (cf. INEGI, op.cit.; Saúl Millán, 1994). []
  10. Información de campo proporcionada por José Martínez, carpintero y campesino de Timilpan. Las palabras fueron transcritas de manera literal. []
  11. La construcción de la carretera Panamericana que corre de Toluca hasta la autopista México-Querétaro, empleó a los habitantes de Jocotitlán, Atlacomulco, Timilpan, Acambay Aculco, y otros municipios. []
  12. Corrales pertenece al estado de Hidalgo. De este punto los autobuses seguían a Jilotepec y luego hasta Timilpan. []
  13. cf. Consejo Nacional de Población, 1990; y Consejo Estatal de Población, 1995. Es interesante observar que para 1990 cuatro municipios conurbados: Netzahualcóyotl, Ecatepec, Naucalpan y Tlalnepantla, acumulaban nada menos que el 40 por ciento de la población total del Estado de México; y que en los 27 municipios mexiquenses localizados en el AMCM habitaban 6 811 941 personas, es decir: el 69.4 por ciento de dicha metrópolis (INEGI, op.cit.). Por otra parte, si se consideran las tasas de crecimiento total, natural y social lo que se obtiene es un panorama de fuertes contrastes: mientras en las décadas de los cuarenta y los cincuenta las tasas de crecimiento natural eran altas (de 2.5 y 3.2, respectivamente), el crecimiento por migración presentaba cifras negativas (de -0.6 y -0.1 por ciento) para cada uno de los periodos señalados; en cambio, en la siguiente década de 1960 a 1970, las tasas se invirtieron a: 2.6 por ciento de crecimiento natural frente a un 5.0 por ciento de crecimiento social. (ibid). []
  14. Según el Bando Municipal del Ayuntamiento Constitucional de Timilpan, para el período 1994-1996, el territorio del municipio en su aspecto administrativo y político estaba dividido en 14 localidades: la cabecera municipal, y cinco barrios que son: Hidalgo, Morelos, Iturbide, Ocampo y Zaragoza; dos poblados: Santiaguito Maxdá y Yondejé; dos rancherías: Palmito y Rincón de Bucio; cuatro comunidades agrarias: Agua Bendita, Cañada de los Lobos, Huapango y San Nicolás. []
  15. De 1930 a 1950 Timilpan aumentó su población en 2 704 habitantes, equivalente a un aumento relativo de 42 por ciento; en cambio, de 1950 a 1970, solo se sumaron 377 personas a su población total lo que significó apenas un 4.1 por ciento más. El contraste entre los dos periodos, probablemente sea resultado de dos fenómenos: 1) una baja en la morbilidad debido al control epidemiológico y de enfermedades que prácticamente hasta casi la segunda década del siglo diezmaban a la población, en el primer período; 2) tendencia a la migración como resultado del crecimiento de población y la insuficiencia de tierras; aunado a la apertura de las vías de comunicación que acercaron a Timilpan a la ciudad de México. (cf. INEGI, op.cit.; Consejo Estatal de Población, op.cit.;). []
  16. Baste señalar sin embargo dos datos que de alguna manera reflejan el impacto del proceso migratorio; éstos son: por un lado, la disminución en el número de personas económicamente activas que entre 1970 a 1990 pasa de un 39.1 a 35.7 por ciento respectivamente; por el otro, un cambio radical en la composición de la Población Económicamente Activa (PEA), pues mientras en 1970 el 76.3 por ciento se inscribía en el sector primario, 9.3 por ciento en el secundario y 12 por ciento en el terciario; para 1990, dichas cifras se habían modificado a: 48.5, 22.7 y 26.8 por ciento respectivamente, en cada uno de los tres sectores mencionados. (cf. INEGI, op.cit.;). []
  17. La zona de desarrollo “medio bajo” prácticamente rodea a la ciudad de Toluca y se extiende por las rutas mejor comunicadas del occidente del estado (carreteras: Toluca-Taxco, al sur; Toluca-Querétaro, al norte, y Toluca-Morelia, al oeste) y representa el grupo más numeroso (61 municipios). []
  18. Cabe destacar que en los municipios conurbados de Atizapán de Zaragoza, Cuautitlán y Tultitlán, en el AMCM, tres calles tiene por nombre Timilpan, lo cual tal vez no deba tomarse sólo como un dato curioso producto de la casualidad []

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