Fotografías

Fotógrafos y obras de las portadas de Dimensión Antropológica

Desde el número 23 de Dimensión Antropológica sus portadas tuvieron un cambio de diseño que vino a mejorar su presentación, con todo y algunas dudas iniciales al respecto. Esta idea del director de la revista fue apoyada por el comité editorial, y desde la edición del volumen 23 el nuevo diseño de portada incluyó la obra fotográfica de un autor para cada número, resultando del todo positiva, porque no sólo contribuyó a hacerla más identificable y atractiva para los lectores, sino también a estimular el mayor concurso de colaboradores y con ello a mejorarla y lograr una mayor regularidad en su aparición.

Los primeros fotógrafos en ilustrar las cubiertas de la revista fueron Francisco Mata y Eniac Martínez, quienes acreditan una larga trayectoria como reporteros gráficos en el diario La Jornada, que les sirvió de escuela y catapulta para incursionar en nuevos y muy personales horizontes creativos. En al año 2000 editaron el excelente catálogo de fotografía panorámica Litorales, que da cuenta no sólo de su sólido oficio para ajustar su trabajo a este formato poco común, sino sobre todo de su gran sensibilidad para tratar el tema de la vida cotidiana alrededor de las costas mexicanas, desde la península bajacaliforniana hasta el Caribe quintanarroense, con toda su diversidad cultural.

Los volúmenes 23 y 25 de la revista incluyeron imágenes de ese catálogo, y fueron ilustrados por Francisco Mata, quien retrata un fragmento ribereño de San Francisco del Mar, Oaxaca (1999), y otro de la región marina de Celestún, Yucatán (1999). Estas fotografías se distinguen por abarcar la inmensidad y la soledad de la naturaleza marina, con la notoria ausencia del hombre. La foto de la región oaxaqueña denota la presencia de la actividad pesquera que tal vez se realizó en algún momento, o que se practica de manera irregular debido a las inclemencias del tiempo. En la segunda foto, de la región yucateca, la soledad resulta aún mayor, por tratarse de una especie de manglar o estero, tal vez en otro momento tierra firme, inundada con el transcurrir milenario por los efectos del meteorito caído en Chicxulub. Cielo, tierra y mar, los tres componentes básicos de la ancestral cosmología oaxaqueña y maya, quedan plasmados en esas dos fotografías en toda su inconmensurabilidad.

El mar como representación sublime se remonta a los tiempos más antiguos y es natural que prevalezca ese interés en la actualidad, como lo deja patente Eniac Martínez al retratar la zona marina de Banco Chinchorro (1999), del caribeño estado de Quintana Roo, que sirve para ilustrar la portada del número 24 de Dimensión Antropológica. En ella el hombre ya convive con la naturaleza y se adapta a ella para sobrevivir, sin importar que viva o cohabite en los límites entre cielo y mar. La ausencia de tierra firme en el inabarcable horizonte retratado no impide la presencia humana, como un componente más de esa naturaleza. Esa cohabitación hombre-naturaleza la reafirma la editora y fotógrafa Zazil Sandoval en su impresión panorámica sobre el río Suchiate ―que ilustra la cubierta del número 26 de la revista―, donde el río se muestra ya como un medio de comunicación pluvial entre los pueblos ribereños. Se trata de una bellísima imagen tomada a contraluz, que dispone de una profundidad y de distintos planos, organizados en una armonía de claroscuros.

El tema del mar y de lo acuífero es rebasado ya en el número 27 de la revista, ilustrada en esta ocasión con dos impresiones del pintor y fotógrafo de origen francés Eric Jervaise, avecinado en la ciudad de México desde hace más de veinte años. Seducido por los contrastes, el marcado movimiento y la aglomeración urbana del centro histórico de la capital del país, Jervaise se ha valido de sus amplios conocimientos técnicos y de su talento para explotar el recurso de la foto hiperpanorámica, realizada con una cámara especial de lente movible giratorio de 140 grados, fabricada en el siglo XIX y restaurada por él mismo. Peatones, ambulantes y lugares de comercio o de andar son los motivos que retrata, sacando el mayor provecho de una intuición marcadamente manifiesta para capturar el momento oportuno e irrepetible que caracteriza cada uno de sus trabajos. “Ritmo latino, un aire de los cincuenta” y “Saliendo de casa de Mariana Yampolsky”, se titulan las dos obras que ilustran la portada del volumen, y que reflejan esa maestría técnica y artística de Jervaise para rescatar la proyección estética de la vida cotidiana de nuestra megaciudad.

Otro francés también avecinado en México fue invitado para ilustrar el volumen 28 de Dimensión Antropológica. Se trata de Michel Zabé, más conocido por su trabajo orientado hacia la etnología y sobre todo hacia la arqueología prehispánica, quien con su particular visión dota de nuevas lecturas a los objetos motivo de su registro. “Mujeres masai” es el título de su foto en este número 28, donde las mujeres de la etnia keniana se muestran en todo su esplendor celebratorio, reafirmando de esta forma la principal característica cultural de este grupo africano, reconocido entre los pocos que han sobrevivido al colonialismo inglés, manteniendo sus tradiciones identitarias.

El volumen 29 de la revista da un giro nuevo en su imagen de cubierta, ilustrada esta vez por Cannon Bernáldez, joven y entusiasta fotógrafa, cuyo talento fue premiado recientemente en la Bienal de Fotografía 2006, organizada por el Centro de la Imagen de Conaculta. Los temas de Cannon son urbanos y de la vida cotidiana, pero cargados de una proyección muy personal e íntima, en los que a través de los objetos y/o circunstancias retratadas se perciben los más diversos estados de ánimo. Su obra tomada de la serie Diario refleja esa inquietud y necesidad personal, por proyectar mediante un ambiente urbano un estado de melancolía ante la huella y las marcas del tiempo.

En ese mismo sentido temático se ubican las imágenes de Pedro Montalvo, incluidas en los números 30 y 31 de la revista. “El pasado” se llama la primera foto, y en ella se capta la presencia en un primer plano ―cargada a la izquierda― de una pareja de jóvenes, en actitud meditabunda y nostálgica, acentuada por el tipo de vestimenta y peinados que les caracterizan.

La foto y los personajes pueden parecer del pasado, aunque su actitud resulte atemporal. Cualquier pareja puede reflejarse en esta imagen, que lo mismo nos puede significar la solidaridad, el abandono, la tristeza, la ilusión o la melancolía. La otra imagen de Montalvo es “8 a.m. Chapultepec”, que proyecta los mismos valores anteriores, pero ahora a través del paisaje matutino del popular bosque defeño, con su lago al fondo en línea de horizonte, que rompe y armoniza con las verticales sombras y perfiles arbóreos, situadas a contraluz del conjunto de boscoso del primer plano.

El volumen 32 lo ilustra Irma Villalobos, quien se ha venido especializando en la fotografía digital mediante la superposición de imágenes, en donde conjuga lo arquitectónico con el desnudo femenino. El binomio arte-naturaleza dota así de una nueva sintaxis a su obra fotográfica, que en proyección posmoderna alterna con diversos contextos visuales, entre los que se puede distinguir un marcado gusto por el desnudo clásico y la arquitectura nouveau, en sus aspectos fragmentarios o macros En esa conjunción destaca también la intencionalidad matérica por resaltar los contrastes y armonías de superficies, como la delicada y suave piel femenina, o la rugosa, polvosa y rasposa piel de paredes y ornamentos de las viejas casonas burguesas, en feliz y sensual confrontación compositiva.

Antonio Herrero nos ilustra con su obra los volúmenes 33 y 36, y en sus fotografías se expresa un interés por el sentido popular y cotidiano de la vida en la ciudad de México, al retratar a diversos personajes en sus variados y sencillos oficios en la vía pública. Su primera foto registra a un pintor de postes y semáforos en plena faena laboral, pero con la particularidad de que el personaje asemeja una figura circense del trapecio, por la condición en como aparece desarrollando su trabajo, acentuada por la toma fotográfica en contrapicada. El primer plano en que aparece el sujeto se conjuga con las diagonales de la estructura sobre las que pisa, logrando una atractiva composición con el fondo casi plano del inmenso y claro cielo. La segunda fotografía nos relata otra escena urbana, y nos hace recordar el famoso ensayo El poder del centro de Rudolf Arnheim, por destacar precisamente la formalidad compositiva de esta forma geométrica; la arquitectura urbana que contiene este elemento es tomada aquí como pretexto por Herrero, para lograr una magnífica toma de distintos y variados planos circulares, en plena armonía con los juegos de luz y los personajes que ahí aparecen.

Las fotografías incluidas en las portadas de los volúmenes 34, 35 y 37 tienen un punto en común: se trata de imágenes de paisaje, y por la profesión de sus autores y su carácter son de contenido etnográfico o de testimonio histórico, cualidad que sin embargo no les resta valor estético. La primera de ellas es de Johannes Neurath y se titula “Vista de la Mesa del Nayar”, que como lo indica su nombre, retrata el amplio valle de la región nayarita, con sus montañas y llanuras, donde conviven coras y huicholes, sujetos de los distintos estudios que componen este número monográfico. La imagen que sigue es de Arturo Soberón, y en el mismo sentido que la anterior refiere la “Explanada de la Recoleta en Sucre”, de Chuquisaca, Bolivia, en su atardecer campirano que inspira a la quietud y a la reflexión. La tercera foto es de José G. Benítez Muro, quien seducido por las aportaciones de su maestro Miguel Covarrubias, lo emula fotografiando pasajes ya míticos del Pacífico sur. Con su foto titulada “Bali, playa Den Pasar”, recuerda y homenajea al ilustre dibujante y antropólogo.

Cierran estos comentarios con el número 38 de Dimensión Antropológica, ilustrado con una imagen de los años veinte del pasado siglo de Hugo Brehme, protagonista de la historia de la fotografía mexicana y modelo inspirador de personajes como Gabriel Figueroa y Manuel Álvarez Bravo. Aunque la mayor parte de la obra del fotógrafo alemán es calificada por la crítica especializada de pictorialista y costumbrista, sujeta a la demanda comercial, también es cierto que muchas otras de sus imágenes ―como la seleccionada en este caso para la revista― denotan otro tipo de propósitos que dejan entrever las inclinaciones estéticas de su autor y de la época que le tocó vivir. Tal es el caso de la foto aludida, que nos induce a recordar las palabras de su compatriota, el pintor romántico Caspar David Friedrich: “El arte no debe en modo alguno proponerse el engaño […]; la imagen sólo debe insinuar, y, ante todo, excitar espiritualmente y entregar a la fantasía un espacio para su libre juego, pues el cuadro no debe pretender la representación de la naturaleza, sino sólo recordarla. La del paisajista no es la fiel representación del aire, el agua, los peñascos y los árboles, sino que es su alma, su sentimiento, lo que ha de reflejarse.” Y esto es precisamente los que nos proyecta la foto sin título de Brehme, con su paisaje desolado, ruinoso y melancólico, que ilustra la portada del volumen 38 de Dimensión Antropológica.

Finalmente, esperamos que los comentarios de este breve ensayo contribuyan a despertar un mayor interés por la obra de cada uno de los fotógrafos participantes.

Benigno Casas
Editor
14 de mayo del 2007