OBITUARIO. Bruna Radelli

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El 2 de noviembre de 2009, la comunidad antropológica, lingüística y de la logogenia sufrió una irreparable pérdida con el fallecimiento de Bruna Radelli, profesora investigadora de la Dirección de Lingüística del INAH desde 1975.

Bruna Radelli, italiana de nacimiento, llegó a México en 1971 después de haber recorrido países tan diversos como Madagascar, Turquía, Colombia, Bolivia y Namibia, entre otros. Inició sus estudios en la Escuela Nacional de Antropología (ENAH) en 1972 no tan jovencita, pues ya había concluido la carrera de física en Italia y estaba al final de su trigésima vuelta al sol. Por eso en la entrevista que sostuviera con Eduardo Matos Moctezuma para su ingreso a la ENAH la sugerencia era que les diera oportunidad a los jóvenes, pues el aspirante de menor edad de esa generación era un anciano al lado de Bruna, quien tenía una vitalidad y una energía inagotables, además de una sed de conocimiento, mismas que conservó hasta los últimos momentos de su vida.

A pesar de pertenecer a la misma generación de Bruna, las autoras de estas líneas iniciamos contacto con ella al iniciar la especialidad de lingüística (quinto semestre de la carrera), y esa relación fue cambiando de simples compañeras de clase a una muy fuerte amistad. No era extraña esa relación cercana entre compañeros de generación, pues aunque comparada con las otras éramos la de más alto índice poblacional en la historia de la especialidad, para nosotros constituía toda una familia de seis integrantes: Bruna Radelli, Gabriela Coronado, Martha Muntzel, Rafael Lara, Joel Ordaz y Susana Cuevas.

En efecto, Bruna contagio de su vitalidad a todos los integrantes de la generación, a quienes nos animó no sólo a concluir la licenciatura, sino a continuar en nuestra formación con el afán de conocer y prepararnos más. Con excepción de Joel Ordaz, que había rebasado el medio siglo de vida y estudiaba lingüística con el propósito de rehabilitarse de una embolia, todos los demás continuamos con la maestría y concluimos el doctorado en la década de 1980. En gran parte gracias a Bruna, quien, como ya lo mencionamos, tenía una enorme energía y necesidad de conocer.

Claramente recordamos el salón “Nicolás León” (actual sala de cómputo de la Dirección de Lingüística en el Museo Nacional de Antropología), asignado a la especialidad de lingüística por ser uno de los más pequeños de la antigua ENAH. En ese salón, donde sólo cabían 14 alumnos, era difícil disimular el cabeceo provocado por la pesadez de la digestión y el calor de la tarde. Bruna Radelli y Gabriela Coronado se encargaban de que eso no sucediera, pues sus acaloradas discusiones en los temas lingüísticos nos mantenían al resto muy atentos. En los semestres de la licenciatura, dentro de la especialidad de lingüística, Bruna siempre estuvo atenta a la planta de maestros, buscando a los expertos en los diferentes temas de la lingüística para solicitarles que impartieran cátedra de las materias básicas a nuestra generación. Los estudiantes de generaciones anteriores se vieron beneficiados por esta iniciativa. De hecho, Bruna terminó la carrera un año antes de todos nosotros debido a que adelantó algunas materias. Obtuvo el grado en 1975 con la tesis “Los posesivos del español”.

Por su gran inquietud intelectual, una vez concluida la licenciatura y al no contar con opciones para continuar con su formación académica, Bruna Radelli junto con Mariscela Amador (egresada también de la ENAH de una generación anterior), establecieron las bases y tramitaron ante la sep, con el apoyo del profesor Leonardo Manrique, el Programa de Maestría en Lingüística de la ENAH. Como parte de ese programa se logró establecer asimismo un convenio con El Colegio de México, para que los alumnos de la maestría de la ENAH pudieran cursar las materias ofrecidas en el doctorado en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de esa institución (CELL-Colmex), y los alumnos del doctorado del CELL-Colmex cursaran las materias ofrecidas en la maestría de la ENAH, obteniendo cada quien los créditos correspondientes a su grado. Para muchas de las materias del programa de maestría/doctorado, varios compañeros nos reuníamos en la casa de Bruna para estudiar juntos. Recuerdo mucho los ejercicios y las horas de estudio para la clase de Lógica, que Bruna disfrutaba mucho. Durante la maestría ya no sólo éramos compañeras que compartían horas de estudio, sino que disfrutábamos ya de una amistad.

Para los cursos que la ENAH ofrecía, Bruna invitó a John Daly (también recién fallecido) para impartir el curso de Gramática Generativa. Con él Bruna descubrió la veta de la Gramática Generativa de Noam Chomsky, que la llevaría a la formulación de todos sus aportes teóricos a la lingüística y a la creación de la logogenia. Para obtener el grado de maestra por la ENAH, en 1982 Bruna Radelli presentó la tesis “La estructura básica de la oración en chino”, en coautoría con Chen Zhiyuan.

Desde sus primeras investigaciones mostró gran dedicación a la comprensión de la naturaleza del lenguaje humano, que fue incrementándose con los conocimientos que adquirió en la maestría, por lo que decidió ingresar al doctorado del cell-Colmex, donde obtuvo el grado en 1984, mediante la defensa de la tesis “La ambigüedad: un rasgo significativo para el análisis sintáctico”.

Su formación institucional concluyó en esa fecha, pero no así su búsqueda de conocimientos que le permitieran lograr aportes teóricos a la lingüística; siempre se mantuvo al tanto de diferentes propuestas, como las de Noam Chomsky, a su teoría, y las de muchos otros autores que seguían o atacaban la Gramática Generativa. Su producción académica fue vasta y siempre sobre temas de teoría lingüística.

Su entrega a la investigación la hacía involucrarse al cien por ciento en cualquier tipo de actividad académica, y por eso cuando la invitaron a impartir cursos de lingüística, —principalmente de gramática— a los maestros de la Normal de Especialización de Campeche y de Villahermosa, en Tabasco, no sólo se dedicó a la docencia sino a indagar más acerca de la problemática de los niños, para que los maestros adquirieran el conocimiento necesario e indispensable sobre la naturaleza del lenguaje y su labor rindiera frutos.

El punto de partida para el desarrollo de la teoría de la logogenia surgió durante estos cursos.

Con los maestros del SEIEM (Sistema de Educación Integral del Estado de México) logró consolidar los principios de la logogenia, teoría por medio de la cual los niños sordos adquirirían el español. Trabajó tanto con los docentes, preparándolos en la aplicación de la nueva teoría, como con los niños sordos en la adquisición de la competencia lingüística del español.

Su trabajo de investigación y el desarrollo de la teoría los mantuvo a la par de la instrucción de los maestros y el trabajo directo con los niños. Estuvo comisionada en las escuelas especiales de Ecatepec y Naucalpan, Estado de México, para tal efecto.

Sus conocimientos no se quedaron sólo en México, sino que trascendieron a Italia, principalmente en la Universidad de Venecia, en donde formó a varios lingüistas logogenistas, al igual que a maestros de educación especial, para que los niños sordos adquieran de la competencia lingüística del italiano. Creó entonces la Cooperativa de Logogenistas en Italia y la Red de Logogenia en México.

Entre las estancias en Campeche y Tabasco, que generalmente eran durante el verano, también se trasladaba a Totonicapán, Guatemala, donde impartió cursos de lingüística, principalmente de gramática, a maestros hablantes de quiché, para quienes preparó materiales para la enseñanza de la matemática maya.

Bruna siempre fue un miembro activo de la Dirección de Lingüística del INAH, institución que siempre puso al frente en todo lo que ella realizaba; en cualquier lugar académico donde ella jugaba algún papel (ENAH, CELL-Colmex, Escuelas de Especialización, etcétera), siempre buscaba mejorar su ambiente físico y laboral, ofreciendo lo mejor de sí misma y proporcionando mejores oportunidades a colegas y alumnos, desde su estilo muy personal de demandar justicia y el cumplimiento de derechos. Así, tan importantes eran las plantas que adornaban y alegraban el espacio de trabajo, como el hecho de que todos contaran con las mismas oportunidades de desarrollo intelectual.

Sus ratos de esparcimiento los llenaba con lecturas de ciencia ficción, también el cine le apasionaba, de igual forma que la política en general y las discusiones sobre reflexiones filosóficas. De la comida mexicana le encantaban los tacos, pero nunca pudo comer las salsas picantes.

Como maestra y colega Bruna nos transmitió muchos de sus conocimientos, directamente a través de cursos o en las discusiones que recurrentemente sosteníamos sobre diversos temas, principalmente de lingüística, política internacional, cine, etcétera.

Como amiga, a lo largo de más de tres décadas nos dejó una huella indeleble, tierna y firme de amor, solidaridad, comprensión. Nos mostró una forma muy singular de ver el mundo, de entender situaciones diversas de las transformaciones sociales, de la convivencia y de la amistad.

Su ausencia nos deja a todos los que la conocimos un hueco en el corazón, y con sus aportes teóricos nos deja una gran herencia a la comunidad de lingüistas, logogenistas y en general a la humanidad.

Gracias Bruna.
Martha Muntzel y Susana Cuevas

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