Una vuelta al populismo “clásico”: el caso de Hugo Chávez Frías

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De hecho, no hay palabras neutras
Pierre Bourdieu

El análisis ideológico del discurso político del comandante Hugo Chávez Frías, representa un desafío por las complejidades que se derivan de su tendencia a la desmesura y disgresión, exuberancia que demanda del investigador un particular cuidado y rigor para no perder el análisis en lo accesorio, en aquellos elementos que poco o nada dicen de lo que constituye el núcleo de nuestra investigación: los fundamentos ideológicos de su discurso político. Por otra parte, desde el punto de vista formal, no se trata de un discurso estático, sino dinámico, que con frecuencia usa elementos diversos, dependiendo de la coyuntura o el escenario en que su emisor se desenvuelve. En el desarrollo de la investigación se trabajó con un volumen importante de la producción discursiva del comandante Chávez,1 lo que permitió hacer énfasis en aquellos elementos que giran siempre en su discurso, y de ese modo, precisar su centro gravitatorio, la vertiente no evolutiva, recurrente, que revela las categorías ideológicas que le son fundamentales.

El artículo se inicia con una exposición sumaria de las categorías que hemos utilizado para llevar a cabo el análisis, las relaciones entre ellas y algunos aspectos metodológicos que nos sirvieron de referencia y guiaron el estudio. Luego, como elemento central, se encuentra la descripción de los factores constitutivos del discurso político del comandante Chávez y su relación con el populismo “clásico” latinoamericano, para finalizar con algunos apuntes de crítica ideológica y una síntesis o balance de lo abordado.

Ideología y discurso político

La ideología es un concepto controvertido. En ocasiones, se hacen de él valoraciones negativas que no se corresponden con la importancia del mismo dentro de las ciencias sociales, y específicamente en el ámbito de la ciencia política. No pretendemos aquí, obviamente, zanjar estas cuestiones, simplemente ofrecemos la perspectiva desde la cual hemos abordado esta investigación. En este sentido, comprendemos la ideología como un sistema de creencias o representaciones sociales, que constituye una cierta manera de pensar e interpretar la realidad social, una forma de conocimiento social, que opera bajo esquemas cognitivos no sólo personales o como un producto “espontáneo” y único de la mente individual, sino marcados socialmente.2

Asimismo, estos sistemas de creencias que tienen una dimensión individual y social, que se articulan en el seno de grupos determinados3 y que están relacionados a la noción de poder,4 hacen que la ideología se vincule a las estructuras sociales en las cuales actúa y, por lo tanto, con las que crea formas dialécticas de influjo mutuo.5 “Los sujetos ideológicos son portadores de contenidos que no les pertenecen, que los desbordan y que corresponden a una dimensión de la práctica social”.6 Y en esta dinámica, la ideología tiene siempre un sentido partidario, una vocación a la acción.7

Por otra parte, la relación entre ideología y discurso político es consustancial: es en el lenguaje donde uno y otro toman cuerpo, y vida.8 El discurso político pertenece al espacio de lo público, es argumentativo, expresa los intereses del hablante y cumple diversas funciones: informa, comunica, define y explica, ataca, justifica, propone cambios o se opone a ellos, intenta convencer mediante puntos de vista y concepciones de la vida y del mundo, construye hechos.9

Podemos mencionar que en lo general, las ideologías se reproducen por prácticas sociales y, en particular, por medio del discurso.10 Tanto en un plano como en otro, encontramos al individuo (el hablante) como factor fundamental. Por ello, “el sujeto ideológico es un sujeto retórico, es decir, la gente utiliza la ideología para pensar y discutir el mundo social y, por su parte, la ideología determina a su vez la naturaleza de tales argumentos y la forma retórica que adquieren”.11

De modo que hay una conexión fundamental entre sujeto, ideología y discurso político; como lo advierte Lo Monaco “la creencia es el estado mental donde mejor se aprecia el vínculo entre pensamiento y habla, en general, y entre pensamiento y acción, en particular”.12 Ahora bien, sobre la producción de este tipo de discurso es necesario apuntar que se trata de un

complejo proceso social y cognitivo en el cual los modelos mentales subyacentes están proyectados sobre las estructuras del discurso: por ejemplo, modelos mentales de acontecimientos se proyectan sobre estructuras semánticas y modelos mentales de contexto, sobre la gran cantidad de estructuras variables del discurso.13

Sobre esas estructuras semánticas y lexicales que, en una perspectiva comparada,14 nos han permitido establecer confluencias con ese tipo ideal que llamamos populismo “clásico” latinoamericano es donde metodológicamente nos hemos detenido en nuestro análisis; y donde hemos encontrado nuestros referentes empíricos en el análisis del discurso, los indicadores y propiedades observables de las definiciones operacionales, de las categorías que conforman nuestra tipología.15

Antes de continuar es necesario destacar dos aspectos de interés dentro de la dinámica ideológica. Primero, hay una búsqueda por influir que orienta y es inherente al discurso cuando es portavoz de lo ideológico, por lo cual “los hablantes quieren cambiar la mentalidad de los receptores de un modo que sea consistente con las creencias, intenciones y objetivos de los primeros”.16 Segundo, frecuentemente, existe entre el líder y su grupo un proceso de influencia ideológica bidireccional que afecta el discurso y hace de éste la expresión de esas estructuras sociales que aludía Mannheim. Por ello, “el discurso de elite que no expresa opiniones populares probablemente no produzca un movimiento popular”.17

El populismo “clásico” latinoamericano

Como muchos fenómenos dentro del ámbito del estudio de las ideas políticas y la ideología, el populismo concita numerosas divergencias en la búsqueda de definiciones y elaboraciones teóricas que den cuenta de él. A este respecto, existe un amplio abanico de consideraciones y opiniones de investigadores y estudiosos, que van desde el escepticismo y la desconfianza en el empleo del término18 hasta visiones globales que lo asocian a un sinnúmero de movimientos sociales, a veces democráticos y otras no, en países dispares entre sí, tanto en lo sociopolítico como en lo económico y lo geográfico.

Aquí nos aproximamos al fenómeno del populismo desde una perspectiva latinoamericana, sin aspiraciones totalizantes. El énfasis es puesto en aquellas conceptualizaciones desarrolladas sobre la base del análisis de las manifestaciones históricas del fenómeno en América Latina.19

En principio, podríamos afirmar que tradicionalmente el populismo gira en torno a tres fórmulas: la primacía de la “voluntad del pueblo”, una relación directa entre líder y masa, y el antagonismo entre lo nacional y lo extranjero, particularmente en el plano económico. También, manifiesta continuamente una retórica antielitista, que mitifica y exalta al pueblo,20 y otorga al hombre común un papel central en la sociedad.21

Este populismo “clásico” se desarrolló sobre la base de la construcción de identidades políticas antagónicas y excluyentes22 (pueblo-oligarquía), en medio de la incorporación de nuevos sectores sociales al escenario político, luego de hacer crisis los regímenes oligárquicos y sus instituciones.23 En este sentido, y queremos resaltarlo, Incisa advierte que “el populismo es el recurso natural de una sociedad en crisis, dividida entre el sector tradicional y el sector moderno”.24

Estos sectores sociales emergentes, populares y de clases medias, demandaban, por una parte, mayor integración al sistema político y, por la otra, forzaban una participación más amplia en la economía nacional.25 No obstante, en su búsqueda por ampliar la participación de las masas o el pueblo, el populismo

prefirió la movilización y la ocupación de espacios públicos antes que los canales institucionales (…) Lo propio del populismo, en sus rasgos clásicos latinoamericanos, era su incompatibilidad con los compromisos y arreglos institucionales exigidos por las democracias liberales.26

De acuerdo con Werz, y he aquí lo capital, podríamos caracterizar el discurso populista de la siguiente manera: equiparación entre individuo, pueblo y nación; el pueblo aparece como una comunidad no dividida por clases sociales; el discurso es de tipo personalista alrededor de una figura que personifica el interés nacional; los problemas políticos se transforman en cuestiones éticas;27 el Estado es un instrumento de liberación (nacional); el líder es el vínculo entre los marginados y la nación y goza de veneración; el discurso observa rasgos antiinstitucionales, antidemocráticos y antiliberales; la condena y rechazo al capitalismo y al socialismo da paso a la reivindicación de posturas intermedias o “terceristas”; la sociedad queda dividida de forma maniquea: todos los partidarios de un lado y los restantes se convierten en adversarios (traidores a la patria). Asimismo, los movimientos populistas poseen y escenifican sus propios mitos.28

El discurso político del comandante Chávez y los nudos del populismo “clásico” latinoamericano

Estos elementos ideológicos, mencionados anteriormente, propios del discurso populista “clásico” latinoamericano, se encuentran presentes en el discurso político del comandante Chávez. Así, en el orden económico, éste no parece distinguir entre capitalismo, liberalismo o neoliberalismo. Por el contrario, son categorías que aparecen en su discurso político como una misma idea, amenazante, ligada a una propuesta hegemónica y contraria al interés y naturaleza de los pueblos latinoamericanos. Se presentan como formas “salvajes” de relaciones, que producen pobreza y miseria, especialmente en el “tercer mundo”. Pero la crítica y el rechazo no sólo se centran en el plano económico, sino involucra la condena a sus instituciones políticas, que se consideran un artificio:

En Venezuela se está reflejando esa crisis del modelo de acumulación del capital, de lo que se conoce como la democracia liberal burguesa que tiene 200 años desde la Revolución Francesa, que aquí se quiso copiar con el mismo esquema: un parlamento que no sirve para nada, sino para saquear, que no representa a nadie; un poder ejecutivo monárquico, centro del poder de los partidos y más allá de los partidos, y especialmente de los enclaves económicos.29

Al capitalismo y a las relaciones que le son inherentes se les observa con desconfianza, son moralmente cuestionables, un juego vulgar de especulación que enriquece a unos pocos en detrimento de la mayoría (el pueblo), por lo que se intenta buscar formas colectivistas o estatistas de “corregir” esos desequilibrios. En esa búsqueda de introducir cambios sociales, con frecuencia se adoptan concepciones éticas y morales que no encuentran fundamento en la lógica económica de una sociedad moderna, como lo recoge un documento contentivo de las medidas económicas que planeaba implementar el grupo liderado por el comandante Chávez tras el intento de golpe de Estado de febrero de 1992:

El trabajador es un ser humano y por tanto creativo. No debe ser considerado como una herramienta. Ésta es una de las bases de la felicidad de los trabajadores, luego debe participar también en el proceso de gestión de la actividad productiva: el cuánto producir está restringido por el cómo producir. En fin, nuestro crecimiento y desarrollo industrial deben fundamentarse en los siguientes principios: una preferencia por aquellas tecnologías que ahorran capital y generan empleo; una preferencia por tecnologías de pequeña escala que respondan al tamaño de nuestro mercado; una preferencia por tecnologías apropiadas para la producción de bienes de consumo masivo, en lugar de bienes de lujo; una tecnología que requiera escasa capacitación o pequeñas modificaciones en la capacidad de los artesanos y trabajadores del sector manufacturero.30

Igualmente, los sentimientos antiimperialistas se articulan con esta vocación anticapitalista y antiliberal, en virtud de que constituyen la lógica respuesta (defensiva) a las pretensiones del capital internacional de vulnerar la soberanía y los intereses de Venezuela. La encarnación de tales amenazas obviamente son los Estados Unidos, ante el cual se desata una retórica inamistosa o de velado enfrentamiento,31 como lo expresa el programa de gobierno del MBR-200, el grupo de complotados liderado por Chávez:

En el plano continental, luchar por una auténtica integración, tal como lo pensó Bolívar, para fortalecernos frente al poder de las grandes potencias con claridad total frente al fenómeno de la interdependencia, rechazando la unidad de iniciativa Bush, cuyo objetivo fundamental es el de disponer de este gran mercado para colocar sus excedentes, que cada vez tienen menos cabida en Europa.32

Estos antagonismos y la ausencia de una vocación socialista dogmática, programática o doctrinal, terminan generando contradicciones que intentan superarse con propuestas “terceristas” o intermedias. La manera de presentar esta “tercera vía” puede ser distinta, pero no el contenido; en ocasiones sencillamente se establece el contraste, la antítesis, como lo expresa el comandante Chávez en 1995:

No creemos en este paradigma del mundo capitalista occidental, democrático burgués. Tampoco creemos en el caído paradigma de la Unión Soviética: el comunismo, la sociedad sin clases, sin Estado, la igualdad absoluta. Eso no existe. Entonces ante esa realidad nosotros hemos planteado, después de pensarlo y analizarlo, la necesidad de rescatar lo nuestro.33

Podemos observar, por el contrario, en un sentido dialéctico, una especie de síntesis de ambos paradigmas, como lo manifiesta el comandante Chávez en 1998: “El proyecto que nosotros estamos diseñando, inventando, seguramente tiene elementos del socialismo, del capitalismo, del ser humano. Desde ese punto de vista, por ejemplo, el modelo económico lo hemos llamado humanista.”34

De manera más reciente, durante su discurso de toma de posesión, el 2 de febrero de 1999, el comandante Chávez lo ha explicado en los siguientes términos:

El proyecto nuestro no es un proyecto estatista. No, tampoco es extremo neoliberal. Nosotros estamos buscando un punto intermedio, tanto Estado como sea necesario y tanto mercado como sea posible. La mano invisible del mercado y la mano visible del Estado.35

Otro de los elementos del discurso político del comandante Chávez que lo vincula con el populismo clásico es el antagonismo con “la oligarquía”, que bien pudiéramos interpretarlo como una alusión a la clase política y económica venezolana usufructuaria del poder en el pasado inmediato. Esta “clase oligárquica” sería la responsable de la marginación económica y política del resto de la sociedad (“el pueblo”), con lo que se establece -en la mejor tradición peronista- una división maniquea de la sociedad en términos de revolucionarios y contrarrevolucionarios, patriotas y traidores, etcétera.

La referencia a esta clase oligárquica opresora es constante en el discurso político del comandante Chávez y forma parte de los primeros elementos de su ideario. Desde el comienzo de su actividad política, Chávez incorpora la figura del general venezolano Ezequiel Zamora y frases e ideas del contexto de la Guerra Federal del siglo XIX (así, por ejemplo, el estribillo de la Federación: “elección popular, tierras y hombres libres, horror a la oligarquía”). Y este elemento se ha mantenido dentro de su discurso, como lo manifiesta la misiva en la cual responde a la carta abierta que le dirigiera la Conferencia Episcopal Venezolana:

En este momento histórico crucial para Venezuela, personificadores del Viejo Orden oligárquico (unidos sólo para que todos los negocios dependan de su arbitrio) acuerdan que lo esencial es dejarlo todo igual (…) Están ciegos: no quieren ver que estamos saliendo de una larga noche… no quieren ver que es imposible construir el edificio de la Venezuela posible sobre el terreno movedizo del pantano…; no quieren ver que estamos en combate denodado contra los sistemas de las oligarquías.36

Quedan por señalar algunos elementos. Uno de ellos es la utilización de una suerte de entidad metafísica y homogénea que reúne atributos totalizantes del ser nacional: “el pueblo”. Obviamente se trata de una categoría más o menos asociada a sectores deprimidos o marginales, pero que no representa un grupo socioeconómico claro. El pueblo termina siendo un todo uniforme, antítesis de la oligarquía, sinónimo de la nación. En tanto razón y ser de lo nacional, se le presume virtuoso y “lleno de gloria”; las miserias en las que pueda caer no son más que el producto del engaño de los enemigos.37 En todo caso, nación y pueblo, consustanciados, suponen el gran motor de la historia: “Creo que hay motivo para sentirnos optimistas, ha renacido un pueblo; ¡y qué pueblo, caramba!, un pueblo que ha hecho historia, un pueblo glorioso. Ustedes, el pueblo venezolano, reconozcámoslo y alegrémonos.”38

Finalmente, como en las fórmulas populistas clásicas del subcontinente, aparece el líder carismático, paternalista, justificadamente autoritario, el alter ego del pueblo, el instrumento mesiánico que libera los poderes míticos de la nación:

Mi vida, en lo adelante, dedicada estará, como Presidente de la República, como uno más de la batalla, como primer soldado de esta batalla, dedicada de lleno, todos los días y todas las noches, en la tarea hermosa que ustedes me han asignado. Porque, queridos amigos, yo estoy aquí, con esta banda tricolor en el pecho, y con esta majestad presidencial, no por mí mismo, no, yo soy producto de unas circunstancias; yo apenas soy, como diría Bolívar, una débil paja arrastrado por el huracán revolucionario. Así lo decía Bolívar en Angostura. Yo estoy empujado por un huracán, hermoso huracán, huracán que construirá una Venezuela nueva, y ese huracán no es otro que el pueblo de Venezuela. Así que yo desde hoy me convierto en instrumento de ustedes; yo apenas soy y cumpliré el mandato que ustedes me han dado (…) Prepárense ustedes para gobernar.39

Apuntes de crítica ideológica: globalización y modernidad a contracorriente

El análisis ideológico del discurso político del comandante Hugo Chávez Frías nos parece un rico insumo para el estudio del contexto sociopolítico actual de Venezuela, en el cual se enmarca. Por ello, nos proponemos aportar algunas visiones generales (hipótesis de trabajo) orientadas a explorar estructuras sociales, conflictos y problemáticas que se podrían estar “expresando” o reflejando en formas ideológicas como las que presenta el discurso político del comandante Hugo Chávez Frías. Se trata de un abordaje esquemático, cuyo propósito es estimular una discusión que contribuya a llenar el inexplicable vacío existente en esta materia.

Concretamente, lo que sigue es una aproximación a la posible relación existente entre nuestro objeto de estudio, el discurso político del comandante Hugo Chávez, y dos procesos con grandes implicaciones en la coyuntura actual de Venezuela: las tensiones desatadas por los procesos de globalización y modernización. En este punto, nuestra premisa es -con Mannheim y Van Dick- que las construcciones ideológicas guardan correspondencia con los escenarios sociales en que se desarrollan, que son hechos sociales unidos a la noción de grupo y que crean con la realidad formas dialécticas de influjo mutuo. Es así como “las relaciones objetivas de poder tienden a reproducirse en relaciones de poder simbólico”, y el poder simbólico no es más que el “poder de hacer cosas con las palabras”.40

La globalización y la modernización41

Dentro de la tradición weberiana, la modernidad representa, como tipo ideal, un cierto estadio de desarrollo que supone la existencia de una industrialización sólida, una tecnificación en los distintos procesos productivos, un ordenamiento sociopolítico y un sentido común con base en la racionalidad formal y material, espacios públicos dominados por las nociones de ciudadanía y democracia y un sentido de la evolución de carácter acumulativo.42

Asimismo, en esta lógica, el mundo moderno supondría, en la economía, la existencia de empresas productivas, eficientes y competitivas; y en lo político, aparatos estatales organizados y eficaces. Sin embargo, en Venezuela -como en América Latina, en general- la modernización, así entendida, ha sido hasta ahora un proceso fallido y lleno de contramarchas. Los intentos por alcanzarla han estado llenos de grandes contradicciones y ella misma se ha vuelto inaccesible para muchos sectores sociales de nuestros países, quienes la conciben como “un proyecto polémico o desconfiable”; con lo cual, en parte, se niega la idea de linealidad y se da origen a una compleja estructura social poliforme.43

Contrario a lo que la modernidad debería suponer y como fuente de relaciones sociales potencialmente generadoras de conflictos, la modernización terminó siendo en América Latina -y desde luego en Venezuela- una “expansión restringida del mercado, democratización para minorías, renovación de las ideas pero con baja eficacia en los procesos sociales”.44

En este sentido, la modernización supuso para Venezuela y el resto de los países del subcontinente enormes costes con resultados no siempre satisfactorios para la sociedad en su conjunto; en cierta forma estimuló un proceso de exclusión en el que, al margen de posturas valorativas o consideraciones morales, pocos ganaban y muchos perdían, creándose tensiones entre unos sectores y otros.

La globalización, a pesar de no ser un fenómeno reciente, posee en la contemporaneidad elementos distintivos que permiten un abordaje particular.45 Las fuerzas y tendencias hacia la homogeneización y la “hegemonía” de patrones que supone, aun sin alcanzar estos estados de uniformidad y geocentrismo, tienen importantes implicaciones, algunas de ellas capitales para la comprensión del hecho político. La globalización, entendida como aquí lo hacemos, ha representado un cambio dentro de la política mundial, quebrando paradigmas tejidos alrededor del sistema de estados-nación.

Y es un hecho: las naciones ya no están solas en la política internacional, comparten el escenario global con un número creciente de influyentes actores globales (empresas multinacionales, organizaciones inter y suprarregionales, organizaciones no gubernamentales y particulares que se inmiscuyen cada vez más en la política global e interna de los Estados). Las líneas divisorias entre la política interior y exterior se desvanecen; el Estado traza fronteras, los procesos de globalización, las disuelven, las perforan.46

Las consecuencias del proceso, obviamente, no están únicamente sobre las estructuras de los estados-nación, sino que van más allá involucrando diversas actividades y sectores cobijadas por aquél.47 Así como la capacidad de acción de los Estados nacionales mengua, los partidos, los sindicatos y en general los actores políticos clásicos sufren iguales consecuencias; las certezas que daba pertenecer a una nación se difuminan; aumenta el bienestar al diversificarse el consumo, pero se engendra inestabilidad en el trabajo y diversas perturbaciones subjetivas.48

Los resultados de la encuesta de Latinobarómetro de 1997, ofrecen pistas capitales sobre las implicaciones del fenómeno en la cultura política. De acuerdo con los resultados, “el aumento del autoritarismo en la cultura política va asociado a la convicción de los ciudadanos de que sus gobiernos cada vez disponen de menos poder”.49 Manifestaciones de ello podrían ser no sólo la incredulidad en las instituciones políticas como vía para aplacar las crecientes desigualdades,50 sino también los estallidos erráticos de las bases sociales.

Evidentemente, la capacidad de generar consenso alrededor de procesos de cambio que intentan insertarse en los nuevos paradigmas supone una tarea titánica, y a la luz de la evidencia histórica lo que tenemos en los países de la América Latina son sociedades divididas económica, política y socialmente. La magnitud de la desconfianza y el miedo a la exclusión no hacen más que profundizar la brecha. Y estos miedos además de que se expresan dentro de sectores sociales específicos, también se manifiestan en los estados-nación, de cuyo seno, haciendo eco con esos sectores sociales situados a los “márgenes” de la modernidad y la globalización, se articulan movimientos políticos de oposición y cuestionamiento, de irrupción y fractura.

De la sociedad escindida al populismo integrador

Es importante tener presente las características y las interpretaciones históricas que se han hecho del surgimiento del fenómeno populista en su versión “clásica” y las relaciones que, en lo ideológico, tiene con éste el discurso político del comandante Hugo Chávez. Como sabemos, el populismo es una forma de nacionalismo que históricamente surgió durante procesos de modernización en los que chocaban intereses antagónicos de sectores sociales divididos (sociedad dual). Por otra parte, en lo político, sus escenarios tradicionales fueron los de democracias restringidas que enfrentaban la presión de una alta tasa de movilización social, la cual estimuló la formación de una alianza socialmente heterogénea (populista) contra el dominio oligárquico.51

Con respecto al plano internacional, los intereses enfrentados de esta sociedad dual se manifestaron antagónicamente en posiciones de apertura (sector agroexportador) o proteccionistas (desarrollismo). Todos éstos son elementos que encuentran correspondencias con las tensiones y conflictos actuales que enfrentan las sociedades latinoamericanas y, particularmente, la venezolana; son elementos que crean puentes ideológicos con discursos políticos como los del comandante Hugo Chávez.52

Desde esta perspectiva, cada uno de los aspectos señalados representa amenazas y conflictos frente a los cuales las sociedades -o cuando menos algunos sectores de ellas- reaccionan, buscan alternativas, se aferran a las tradiciones o se identifican con liderazgos (caudillos militares, líderes carismáticos) y fórmulas ideológicas (populismo, nacionalismo) que tienen un sentido determinado en una coyuntura histórica. Por ello, si se nos permite, sostendríamos la hipótesis de que hay una dinámica de relaciones y conflictos en el medio sociopolítico en el que aparece el discurso estudiado que lo articula y le da un sentido y una lógica. A fin de cuentas, este discurso y su portavoz ha constituido una oferta electoral respaldada por una mayoría sustancial de los electores venezolanos durante varios procesos de escrutinio entre 1998 y el año 2000. Lamentablemente, escapa al objetivo y a las posibilidades de este artículo ir más allá.

A modo de síntesis

Con base en los elementos de análisis manejados en la investigación, consideramos que hay evidencia suficiente para afirmar que el discurso político del comandante Hugo Chávez Frías observa en sus formas y contenidos elementos que, desde el punto de vista ideológico, lo vinculan con posiciones discursivas plenamente inscritas dentro del tipo ideal que conocemos como populismo “clásico” latinoamericano.

Asimismo, pensamos que existe una relación (y una lógica que le da sentido a la misma) entre los fundamentos ideológicos del discurso político del comandante Hugo Chávez y la crisis que generan en la sociedad venezolana (particularmente en cuanto desafío de cambio) los procesos de modernización y globalización. En este sentido, dados los elementos que comparte con el populismo “clásico” latinoamericano y el carácter defensivo que comporta respecto a estos dos fenómenos, se podría concebir el discurso político del comandante Chávez, bajo un esquema de cambio-continuidad, como una propuesta ideológica más bien de corte conservador.

Desde luego, la dinámica política y los cambios en el contexto irán dejando ver su impacto sobre este discurso; ya recientemente, luego de los eventos del 11 de septiembre, tenemos algunas evidencias. Obviamente, las transformaciones que puedan suscitarse rebasan las posibilidades de este análisis. No obstante, a este respecto, nos parece que la experiencia histórica del fenómeno del populismo puede aquí también aportar ricos insumos para el análisis y la discusión de la situación venezolana; incluso, el desenlace de las tensiones sociopolíticas descritas será seguramente un elemento para establecer nuevas comparaciones.

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Autor: Jorge Lazo Cividanes, Candidato a doctor en Ciencia Política por la Universidad de Salamanca.

  1. Este artículo se basa en una investigación del autor presentada a finales de 2000 como trabajo de grado en la maestría de Ciencia Política de la Universidad Simón Bolívar. Se analizaron 23 documentos (entrevistas, alocuciones, cartas, proyectos, manifiestos y testimonios) correspondientes a un periodo comprendido entre 1992 y 2000. []
  2. A. Oropeza, “El problema de la representación social de la democracia en Venezuela”, en Revista Venezolana de Ciencia Política, núm. 14, 1998, p. 19; T. van Dijk, Ideología, 1999, p. 44. []
  3. T. van Dijk, op. cit., 1999, p. 72. []
  4. T. Eagleton, Ideología. Una introducción, 1997, p. 24. []
  5. K. Mannheim, Ideología y utopía. Introducción a la sociología del conocimiento, 1958, p. 350. []
  6. A. Ramos Jiménez, Una ciencia política latinoamericana, 1985, p. 156. []
  7. Herbert McClosky define ideología como “sistemas de creencias explícitas, integradas y coherentes, que justifican el ejercicio del poder, explican y juzgan los acontecimientos históricos, identifican lo que está bien y lo que está mal en política, definen las relaciones entre la política y otros campos de actividad y suministran una guía para la acción”, en N. Bobbio, N. Matteucci y G. Pasquino, Diccionario de política, 1998, p. 758. []
  8. Voloshinov afirma que “en la palabra se ponen en funcionamiento los innumerables hilos ideológicos que traspasan todas las zonas de la comunicación social”, en Bolívar y Kohn, El discurso político venezolano, 1999, p. 56. Igualmente Hernández apunta que “el lenguaje no es un simple reflejo de la realidad ni ésta un simple producto del lenguaje. Entre ambos existe una relación dialéctica, en la que tanto la realidad social como las prácticas sociales son transformadas en determinados grados de conciencia mediante la producción de reproducciones y conceptos, que a su vez, sustentan determinadas concepciones del mundo las cuales se formulan los distintos sectores sociales no necesariamente deben interpretarse, en nuestro criterio, como demandas de mayor participación política sino, probablemente, como demandas de aspiraciones socioeconómicas no satisfechas”. []
  9. A. Bolívar y C. Kohn, El discurso político venezolano, 1999, p. 17. []
  10. Siguiendo a Van Dijk, entenderemos por discurso el “producto logrado o en desarrollo del acto comunicativo, a saber, su resultado escrito o auditivo tal como se lo pone socialmente a disposición de los receptores para que lo interpreten”, en T. van Dijk, op. cit., 1999, p. 247. []
  11. A. Bolívar y C. Kohn, op. cit., 1999, p. 70. []
  12. Ibidem, p. 36. []
  13. T. van Dijk, op. cit., 1999, p. 396. []
  14. “Todas las ciencias necesitan comparar, lo cual supone que se evalúe qué fenómenos se parecen más o menos en cuestión de grado (o sea, diferencias cuantitativas) o de tipo (diferencias cualitativas)”, en G. King, R. Kehoane y S. Verba, El diseño de la investigación social, 1995, p. 15. Aquí nos hemos inclinado por evaluar el fenómeno según el primer criterio (qué tanto se parece) en sus aspectos cualitativos (de tipo). []
  15. G. Sartori, La política, 1995, p. 16. []
  16. T. van Dijk, op. cit., 1999, p. 328. []
  17. Ibidem, p. 222. []
  18. Es el caso de Aníbal Quijano, para quien el “populismo es un término que respecto de la experiencia política latinoamericana fue siempre pantanoso y no es seguro que alguna vez deje de serlo. Sería mejor abandonarlo. Sin embargo, tan arraigado está en el vocabulario latinoamericano, sea periodístico o académico, que es inevitable”, en F. Burbano de Lara, El fantasma del populismo. Aproximación a un tema (siempre) actual, 1998, p. 172. []
  19. Sánchez Parga advierte que “si abandonamos el registro histórico y nos atenemos a la fenomenología política, casi toda la política sería populista, sobre todo en sus momentos más fuertes e intensos de las campañas electorales”. Por ello, propone un uso históricamente contextualizado del concepto (Burbano de Lara, op. cit., 1998, p. 151). []
  20. Como lo destaca Incisa, “el pueblo es asumido como mito, más allá de una exacta definición terminológica, a nivel lírico y emotivo”, en N. Bobbio, N. Matteucci y G. Pasquino, op. cit., 1998, p. 151. []
  21. F. Vallespín, “El populismo”, en R. García y J. Paniagua, Introducción a la ciencia política, 1991, p. 433. []
  22. “La retórica populista fragmenta maniqueamente el campo político entre el pueblo y la oligarquía, y atribuye a estos sujetos posturas morales y éticas irreconciliables, sobre las cuales se diseñan estrategias excluyentes”, en F. Burbano de Lara, op. cit., 1998, p. 151. []
  23. Ibidem, p. 17. []
  24. N. Bobbio, N. Matteucci y G. Pasquino, op. cit., 1998, p. 1251. []
  25. A pesar de las tensiones y conflictos que se derivan del proceso, el populismo -como lo explica Wills- excluye la lucha de clases, “es fundamentalmente conciliador y espera transformar el stablishment; raramente es revolucionario”, en N. Bobbio, N. Matteucci y G. Pasquino, op. cit., 1998, p. 1250. []
  26. F. Burbano de Lara, op. cit., 1998, p. 11. []
  27. Para Wills, “el populismo es moralista en lugar de programático […] La lógica y la efectividad son estimuladas menos que una actitud correcta y una combinación espiritual”, en N. Bobbio, N. Matteucci y G. Pasquino, op. cit., 1998. []
  28. N. Werz, Pensamiento sociopolítico moderno en América Latina, 1995, p. 89. []
  29. A. Blanco Muñoz, Habla el comandante, 1998, p. 362. []
  30. A. Garrido, La historia secreta de la revolución bolivariana, 2000, p. 260. []
  31. Hay una serie de hechos inamistosos de parte del gobierno del presidente Hugo Chávez hacia Estados Unidos (el rechazo a la ayuda militar norteamericana luego de la catástrofe natural del estado Vargas, las ausencias de la marina venezolana en las maniobras “Unitas” y de la Fuerza Aérea en las competencias “Red Flag”, el desalojo de la oficina norteamericana de enlace militar de las instalaciones del Fuerte Tiuna, entre otros). Más atrás en el tiempo, varios documentos preparados por el movimiento militar conspirativo que lideró expresan posiciones similares, como uno dirigido a las FFAA en el que se asegura que las negociaciones limítrofes con Colombia (adelantadas en esa época) tienen como telón de fondo los intereses imperialistas de Estados Unidos sobre el petróleo venezolano (A. Garrido, op. cit., 2000, p. 197). Recientemente, el presidente Chávez ha criticado la campaña militar norteamericana en Afganistán por sus consecuencias sobre la población civil. []
  32. A. Garrido, op. cit., 2000, p. 242. []
  33. A. Blanco Muñoz, op. cit., 1998, p. 95. []
  34. Ibidem, 1998, p. 611. []
  35. Discurso de toma de posesión, Venezuela analítica, archivos en red, 2 de febrero, 1999. []
  36. Entrevista al comandante Hugo Chávez, en semanario Quinto Día, 19 al 26 de mayo, 1999. []
  37. “Durante años el pueblo ha estado dependiendo del demagogo de turno que dice tú vota por mí que yo te doy, dando y dando, ese es el mensaje populista. Este mensaje ha colocado una especie de capa de pasividad, de flojera sobre un pueblo que es heroico”, en A. Zago, La rebelión de los Ángeles, 1998, p. 54. []
  38. Alocución presidencial del 25 de marzo de 1999. []
  39. Discurso presidencial del 2 de febrero de 1999. []
  40. P. Bourdieu, Choses dites, 1987. []
  41. Entenderemos por modernización un proceso sociopolítico que trata de ir construyendo la modernidad (García Canclini, Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad, 1998, p. 19). []
  42. Ibidem, 1998, pp. 20-22. []
  43. Werz apunta que “las sociedades latinoamericanas, construidas de manera plural, siguen en fuerte medida las pautas de reglas multiétnicas de comportamiento. Allí coexisten mentalidades y percepciones del desarrollo provenientes de épocas muy diversas. Hasta ahora, no ha podido imponerse ninguna regla que provoque la transformación de la sociedad en su totalidad” (Pensamiento sociopolítico moderno en América Latina, 1995, p. 29). Por su parte, García Canclini concibe hoy a América Latina “como una articulación más compleja de tradiciones y modernidades (diversas, desiguales), un continente heterogéneo formado por países donde, en cada uno, coexisten múltiples lógicas de desarrollo” op. cit., 1998, p. 23). []
  44. N. García Canclini, op. cit., 1998, p. 67. []
  45. Aquí entendemos la globalización como un fenómeno asociado a la modernidad y el desarrollo exponencial de las tecnologías, no queriendo desconocer las indudables experiencias, episodios y antecedentes del fenómeno que involucran referencias temporales distantes en el tiempo. Básicamente, hacemos uso del término para referirnos no sólo al proceso de “expansión y complejización de interrelaciones entre diferentes pueblos del mundo, sus instituciones y sus culturas, así como el desarrollo de una creciente conciencia de globalización” (D. Mato, Crítica de la modernidad, globalización y construcción de identidades, 1995, p. 21). []
  46. D. Messner, “La transformación del Estado y la política en el proceso de globalización”, en Nueva Sociedad, núm. 163, 1999, p. 73. []
  47. Para una descripción más detallada de consecuencias políticas y sociales de la globalización (especialmente en lo relativo a la minimización del Estado, el socavamiento de la soberanía, el surgimiento de una sociedad mundial no estatal, la polarización socio-económica y la despolitización de las sociedades), véase A. Méndez y W. Morales, “Globalización en América Latina: ajustes, desajustes y perspectivas”, en Cuestiones Políticas, núm. 24, enero-junio, pp. 93-114. []
  48. N. García Canclini, op. cit., 1999, p. 56. []
  49. Ibidem, p. 59. []
  50. Nótese que L. Gómez Calcaño y N. Arenas observan que “el populismo es contrario al desarraigo. La emergencia de Chávez y la popularidad que despierta se emparenta sin duda con una sensación de abandono, de pérdida de piso que los sectores más empobrecidos de la población han debido estar sintiendo ante el estravío de referenciales protectores como el Estado y los partidos políticos” (“¿Modernización autoritaria o actualización del populismo? La transición política venezolana”, ponencia presentada en el 50 Congreso Internacional de Americanistas, Varsovia, 2000, p. 15). []
  51. En este sentido, la decadencia institucional que en los últimos años experimentó la democracia venezolana y la forma de dominio cupular del bipartidismo podrían interpretarse como rasgos de un sistema político devenido en oligárquico; a pesar de esto, los reclamos que al respecto formulan los distintos sectores sociales no necesariamente deben interpretarse, en nuestro criterio, como demandas de mayor participación política sino, probablemente, como demandas de aspiraciones socioeconómicas no satisfechas. []
  52. Particularmente, en el contexto de los conflictos descritos, nos parece interesante la distinción que hace G. Barrios-Ferrer sobre el populismo del comandante Hugo Chávez como “una variedad de populismo descendente o defensivo, a diferencia de otros movimientos populistas latinoamericanos que han tenido por característica primordial la de ser aglutinadores de clases sociales en ascenso” (“Política venezolana de fin de siglo”, en Revista Meridiano CERI, núm. 26, abril 1999, p. 9). []

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