Cuauhtémoc Velasco Ávila, Pacificar o negociar. Los acuerdos de paz con apaches y comanches en las provincias internas de Nueva España, 1784-1792, México, INAH, 2015, 530 pp.

DA70R01Al acordar la paz con los militares españoles, los comanches los invitaron a proceder con la ceremonia o ritual de “enterrar la guerra”. Para ello, cada bando hacía su propio hoyo, seguido del intercambio de dos caballos vivos, dos fusiles cargados, dos lanzas, dos adargas y dos arcos con sus respectivos carcajes o aljabas de flechas para depositarlos al fondo de cada excavación y así taparlas con la tierra, después de lo cual debían pasarse encontradamente por encima, lo que significaba, no sólo la terminación de sus rivalidades sino, además, que a partir de ese momento cada bando podía caminar libre y con seguridad por los territorios de sus antiguos enemigos.

Los españoles se felicitaban y se preparaban para fomentar los “cambalaches”, organizar las ferias con la palabra dada de ser justos en sus precios para cambiar pieles por tabaco, tranquilidad por confianza, caballos por textiles, prisioneros por prisioneros, cazadores por agricultores, esperanzas por mezcal, muertes por amistad, territorio por zarapes, insignias y banderas españolas por el compromiso de defender al rey de España, siempre con la esperanza de que esto último no fuera solamente ante los enemigos regionales, sino sobre todo ante las ambiciones inglesas y francesas merodeadoras por aquellas tierras.

Cuauhtémoc Velasco nos entrega un libro lleno de interesantes descripciones sobre la vida y la política de una parte del inmenso territorio del norte de Nueva España. Su idea central es resaltar las complejas negociaciones entre militares españoles y los grupos indígenas de aquellos territorios en un contexto bélico lleno de incomprensiones en la medida del mutuo desconocimiento.

Tema poco tratado en la historiografía mexicana. Con esta investigación podemos conocer las concepciones que los militares responsables de la región tenían de los diferentes grupos indígenas y, por medio de sus documentos (informes, diarios, cartas, etcétera), acercarnos a la manera en que observaban las formas de vida y las costumbres de los indios, su organización política, a sus líderes y personajes relevantes, las maneras de hacer la guerra y la paz. En este último punto destaca como el principal interés del autor dar a conocer los tratados de paz formalizados con los comanches de Texas y Nuevo México, así como con los apaches mezcaleros y lipanes del sur de Texas y norte de Coahuila.

El autor reconoce los tratados de paz como un punto clave de la política borbónica en sus relaciones con los grupos hostiles del septentrión novohispano. De esta forma, nos presenta esos convenios como parte de una nueva época, de una nueva política que intentó distanciarse de las concepciones más belicistas o evangelizadoras, que buscó dar los primeros pasos en la construcción de una postura que en su centro tenía la creencia de que debía tratar a esos grupos indígenas como si fueran “naciones” y, consecuentemente, otorgarle al desarrollo de las actividades comerciales —y económicas en general— un mayor peso en la formación de sus alianzas y la geopolítica respectiva.

El libro es la culminación de una parte de una investigación sumamente ambiciosa, que por momentos corre el riesgo de convertirse en un libro pesado y farragoso por la cantidad de nombres y lugares, pero el doctor Velasco salva ese peligro con el manejo de un intenso hilo argumental al que se integran muy bien los personajes y los tiempos narrativos. Aquí también aparece la importancia del recurso del uso de los documentos, del “regresar a las fuentes primarias”, como el mismo autor nos dice. Recurso que tiene como objetivo situarnos al mismo nivel de la trascendencia de los acontecimientos, para obtener un mayor involucramiento en los discursos de la época. Los documentos son clave para hacernos sentir testigos de los momentos sobresalientes de esta historia.

Pacificar o negociar… tiene dos partes, la primera es un bien construido ensayo, y la segunda, un grupo de documentos “excepcionales”. El ensayo identifica hechos y personajes, así como exhibe “los cimientos y los andamios de las reflexiones” del autor. Las cuales, como él mismo nos manifiesta, se convierten en su aspiración por participar en la discusión historiográfica sobre lo que considera “el difícil tema de las ‘otredades’”. La segunda parte es el rescate de documentos poco conocidos o inéditos pertinentes al tema. Esta selección de documentos tiene dos objetivos: el primero, recuperar descripciones, conceptos, expresiones sobre los indígenas; en pocas palabras: aportar herramientas que permitan construir un imaginario de quiénes y cómo eran, cómo vivían, qué comían. El segundo objetivo: acercarnos a las concepciones de la política fronteriza, a sus contradicciones, personajes, mecanismo burocráticos y, a través de estos testigos de papel, percibir las concepciones que de sí mismos tenían los oficiales españoles al narrar algunas particularidades de los indios. Es el caso de Bernardo de Gálvez, el experimentado militar y virrey de Nueva España, que al escribir unas líneas relativas al mecanismo de elección de los líderes apaches nos dice —con un poco de celo— que para la elección de sus capitanes este grupo jamás parte de la adulación ni del cohecho, entre ellos no hay nobleza heredada, tampoco existe el favor o la fortuna que se imponga, por lo que entre ellos siempre preside en esta elección la utilidad pública.

Ahora tenemos conocimiento de la existencia y el liderazgo del jefe comanche Ecueracapa, de los jefes apaches Zapato Tuerto, Cuervo Verde, Volante, El Quemado, Bigotes el Bermejo, Montera Blanca, entre otros. O el papel político desempeñado por los grupos wichitas del oriente texano, como los tahuacanos, izcanís, huecos y tahuayaces en relación con las negociaciones de paz con los siempre respetados comanches. Tampoco podemos desconocer la triste actuación de militares como Juan de Ugalde, o la del virrey Manuel Antonio Flores Maldonado, belicistas de corazón, reunidos por las circunstancias y el contexto novohispano. O la fuerte y clara postura de Jacobo Ugarte y Loyola en pro de negociaciones diplomáticas con las naciones indias bajo el principio de que “una mala paz trae menos perjuicios que una buena guerra”.

Rescatar documentos es una labor fundamental de los historiadores, para realizarla no basta con meterse de lleno en archivos y bibliotecas, además hay que someterlos a la crítica, al juicio imparcial, a la explicación de su existencia, a la identificación de lugares, personajes y contextos, lo que requiere de tiempo e infinidad de reflexiones. Pacificar y negociar… tiene todo esto, y se agradece. Ahora bien, se podrá discutir sobre el tema o la manera de realizar este trabajo, estar de acuerdo o rebatir sus ideas, lo que es un hecho es que este libro logró elaborar un retrato social de la vida y la política en el norte novohispano.

Si algo me queda claro después de haber leído Pacificar o negociar… es que acabo de conocer uno de esos títulos que deberá estar presente en aquellas bibliotecas relativas al norte de México y en aquellas bibliotecas que se preocupan por tener en sus catálogos buenos libros de historia en general.

Edgar O. Gutiérrez
Dirección de Estudios Históricos, INAH.

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