Luis Vázquez León, Historia de la etnología. La antropología sociocultural mexicana, México, Primer Círculo, 2014.

DA68R02Hay dos formas de adentrarse en la historia de la antropología mexicana: una desde una visión crítica para distinguir las debilidades argumentativas de viejos paradigmas, y otra desde la mirada que busca revalorar enfoques teóricos poco comprendidos o descripciones etnológicas anquilosadas u olvidadas. En Historia de la etnología. La antropología sociocultural mexicana, Luis Vázquez León se aboca precisamente en conjugar tanto la visión crítica como el rescate de textos de autores ya conocidos como Manuel Gamio, Moisés Sáenz, Ricardo Pozas, Gonzalo Aguirre Beltrán, Ángel Palerm, Guillermo Bonfil Batalla y Arturo Warman, como de intelectuales ya olvidados o poco comprendidos por las políticas que rigen las modas teóricas y las lecturas de autores afamados por las academias: José Mariano Mociño, Francisco Xavier Clavijero, Francisco Pimentel y Andrés Molina Enríquez.

Es una Historia de la etnología que hace referencia clara y explícita a la ya clásica propuesta didáctica y sintética de Ángel Palerm Vich de publicar sus lecciones de etnología (treinta en total) impartidas en 1966 en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. En esta obra Palerm repasa, con el modesto título de Introducción a la teoría etnológica, desde los primeros acercamientos de la antropología (los precursores) hasta los principales paradigmas de la misma, es decir, los enfoques diacrónicos y sincrónicos de la antropología inglesa y francesa principalmente.1 Debido al evidente éxito que tuvo este texto (se agotó a pesar de los 6 000 ejemplares del tiraje), Palerm buscó la forma de corregir y aumentar esta primera publicación en 1980, con un cuarto tema que llevaría el título de “contemporáneos”. Sin embargo, la vida no le alcanzó para terminar el proyecto. A pesar de ello, en 1987, y de manera póstuma, aparece una nueva edición del mismo libro con el título Teoría etnológica.2

De este legado de Palerm se afianza Vázquez León, aunque bajo un formato distinto al de su predecesor, pues no sólo busca reflexionar sobre distintos temas y momentos teóricos de la etnología de forma lineal como aparecen en las dos ediciones, sino detenerse en once prominentes intelectuales de la antropología mexicana que, a su modo y de manera distinta, fueron personajes de la academia decisivos en la conformación de un proyecto de nación durante el periodo independentista y durante el siglo XX, cuando la antropología mexicana se robustece con figuras insignes que fundaron y dirigieron los departamentos, escuelas e institutos dedicados a la antropología. El enfoque sociocultural está enmarcado, de acuerdo con Vázquez León, por “el problema del indio”, es decir, una preocupación de carácter social surgido por la misma configuración étnica del México posindependiente y posrevolucionario. Bajo esta antropología sociocultural (gubernamental, como se había conocido hasta entonces) han coincidido varios antropólogos en distintas épocas y bajo distintas ópticas con la finalidad de resolver este “problema” y, de paso, diseñar los contornos de una nación multicultural y pluriétnica como la mexicana.

Esta obra se puede leer como una trama donde los personajes invariablemente se acercaban y se alejaban en torno a las características de la nación y el legado de la cultura indígena en esta misma construcción de un país. Por ejemplo, en la obra de Francisco Xavier Clavijero, en su ardua y empeñosa defensa de la “cultura mexicana”, frente a los desdeñosos adjetivos y juicios políticamente incorrectos que el etnólogo De Pauw lanza contra las culturas de América, ya aparece desde el siglo XIX la noción de cultura referida a una civilización y, por lo tanto, determinante en la conformación de una nación que perdurará hasta el siguiente siglo. Los ecos de esta defensa a ultranza del siglo XIX se dejan escuchar a lo largo de la historia de la antropología mexicana, con algunas diferencias importantes en torno a la clásica polémica de integrarlos, diferenciarlos y, por lo tanto, de fomentar políticas especiales para el desarrollo de los pueblos indígenas (Gamio y Aguirre Beltrán), o bien, apostar por una completa ciudadanización de los indígenas, ajena a toda política de discriminación positiva hacia ellos, como advertía de manera lúcida Moisés Sáenz. De esta noción de cultura se desprenderán las premisas del pensamiento antropológico para distinguir lo indígena en términos raciales (Pimentel) o en términos de clase (Molina Enríquez y Ricardo Pozas); para diferenciar la cultura oriental o la civilización mesoamericana en oposición a la cultura o civilización occidental (Molina Enríquez y Bonfil Batalla).

El libro está confeccionado con presentaciones sucintas que permiten contextualizar las obras de los autores representativos de este momento medular de la antropología mexicana, seguidas con selecciones de textos poco valorados o conocidos de los once autores convocados. Por ejemplo, de José Mariano Mociño y Losada (1757-1819) se reproducen los pasajes de una etnografía poco conocida entre los antropólogos, no así entre los biólogos mexicanos, de los indígenas de Nutka: “Sistemas de gobierno de tais o soberano y sumo sacerdote; de las creencias religiosas; su culto, supersticiones y sus ritos sepulcrales”. De Andrés Molina Enríquez (1868-1940), el autor aprovecha para reeditar el texto poco leído titulado “Datos de nuestra historia lejana. Los derechos territoriales de las tribus indígenas”, para demostrar que fue Molina Enríquez el primero en hablar de los derechos territoriales de los indígenas. Hay que decir que la selección de los textos de los otros autores no son tan desconocidos, por ejemplo, cuando le toca el turno a Gonzalo Aguirre Beltrán (1908-1996), el texto seleccionado es “El proceso de aculturación. Integración sociocultural”; o cuando se aborda a Guillermo Bonfil Batalla (1935-1991), Vázquez León decide reproducir el último capítulo de su muy conocido ensayo México Profundo, titulado “El país que hoy tenemos”.

Sin embargo, en las presentaciones biográficas que realiza Luis Vázquez León aparece esta revisión crítica de la trayectoria de cada uno de los autores. En efecto, con gran agudeza se van exponiendo detalles del acontecer político y cultural de las construcciones de la literatura antropológica, lo que permite hacer una lectura distinta a los textos o artículos de los intelectuales aludidos. Por ejemplo, el mismo Vázquez León se decanta marxista humanista y parlemiano. Al hacerlo, apuesta por una antropología crítica ligada a la formación de la antropología de la ENAH (donde Palerm era maestro) y diferenciada de la antropología ligada al poder. Como parte de esta reflexión el autor habla de su propia trayectoria para enfatizar que en México se han enfrentado desde un inicio dos posturas intelectuales claramente diferenciadas: una antropología crítica, que en su momento se ejercía de manera abierta en la ENAH, frente a una antropología gubernamental, oficialista.: “Nunca he hablado de ello, excepto con algunos colegas cercanos, pero ahora juzgo importante hacerlo. La impronta común de la ENAH es algo central para mi interpretación. Y Palerm fue un fiel representante de una antropología crítica característica de esa escuela, aunque a ésta ni la generalizaría ni la convertiría en una reificación, algo así como ‘el sello de la ENAH”.

Aunque el autor no siempre lo hace de manera explícita, en las presentaciones biográficas de cada uno de los autores elegidos se presentarán los vaivenes del tránsito hacia una antropología crítica a una antropología oficialista. Desde el primer autor, José Mariano Mociño y Losada, nos queda claro que era un etnógrafo adelantado a su tiempo al reparar en las costumbres, rituales y organización política de los indígenas de Nutka en lo que ahora es Vancouver, donde pasó más tiempo que el mismo Franz Boas entre los kwakiutl. Sin embargo, también queda en evidencia que, a diferencia de este último, Mociño no iba sólo con el interés académico; formaba parte de las expediciones coloniales donde se acostumbraba cargar con un naturalista como parte de sus reconocimientos de las tierras prontas a ocupar, es decir, todo parece indicar que llevaba consigo la credencial de pertenecer a un imperio con la intención de ocupar las tierras, pero también de cambiar o integrar a sus habitantes a la llamada civilización.

Hay ejemplos de cómo algunos de estos prominentes antropólogos como Manuel Gamio, en contraste con Andrés Molina Enríquez y Moisés Sáenz, lograron “manipular su doble constitución”, es decir, mantenerse como intelectuales encargados de los asuntos indígenas ocupando puestos clave en las políticas de desarrollo e integración, y como investigadores, profesores y constructores del pensamiento teórico. De acuerdo con la investigación biográfica de Vázquez León, en el contexto de esta ambivalencia —en la cual los antropólogos mexicanos seguimos inmersos3— algunos de los personajes forjadores de la antropología mexicana, como Sáenz, terminaron sin mayores reconocimientos por la posición crítica en torno al “problema del indio”, y por lo tanto, contraria a los dictados de la antropología gubernamental.

Más que una recriminación por este doble frente de la antropología mexicana, el libro demuestra que es parte de una situación histórica e inherente a una preocupación teórica central y decisiva de cómo resolver el problema de la pobreza en México y definir las peculiaridades de una nación caracterizada por la diversidad cultural. Para Vázquez León, estos once ilustres del pensamiento antropológico son representativos del desarrollo de una de las principales temáticas que, sin duda, vinculó el quehacer antropológico con los laberintos de la política. Queda a nosotros preguntarnos qué papel juegan actualmente los antropólogos en un país donde los indígenas siguen inmersos en la pobreza extrema. ¿Está abierta la brecha que abrieron estos intelectuales donde buena parte de la academia sigue enmarañada con las mismas preocupaciones de antaño?

Concluyo diciendo que hacer una antropología de la antropología no es tarea fácil. Se requiere, además de tiempo, de cierta agudeza para identificar aquellos escritos que resultan representativos de posturas teóricas que han sido decisivas en la historia del pensamiento antropológico en México y que, por ciertas circunstancias políticas, han pasado desapercibidas. Me parece que Luis Vázquez asumió este reto, identificando textos que deben ser revalorados en su justa medida y bajo un lente crítico.

Andrés Oseguera M.
Escuela Nacional de Antropología
e Historia del Norte de México, INAH.

  1. Ángel Palerm Vich, Introducción a la teoría etnológica, México, Universidad Iberoamericana- Instituto de Ciencias Sociales, 1967. []
  2. Ángel Palerm Vich, Teoría etnológica, México, Universidad Autónoma de Querétaro, 1987. []
  3. Luis Vázquez León, “Ciento cuatro años de antropología mexicana”, en Diario de Campo, México, INAH, enero-marzo de 2014, p. 17. []

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