Raúl Marín Álvarez, Azúcar morena: las compañías negreras en el tráfico de esclavos hacia América, 1592-1868, México, Facultad de Estudios Superiores Acatlán-UNAM, 2014, 284 pp.

DA70R02Al escuchar la palabra esclavo de inmediato viene a nuestra memoria una serie de imágenes monstruosas, escenas desgarradoras del trato inhumano que millones de personas han sufrido alrededor del mundo. La brutalidad de la captura, trasporte y destino de hombres, mujeres y niños es una historia profundamente deplorable. Este libro aborda en particular la esclavitud de la raza negra procedente de África, mano de obra destinada a una amplia gama de actividades económicas. Los conquistadores exportaron a los esclavos para realizar los primeros asentamientos de fieles en las islas del Caribe. Desde La Española se emprendió una extensa campaña con el fin de imponer el modelo de una economía esclavista, proceso del que da cuenta Azúcar morena…

Raúl Marín ofrece un libro original que trata un problema historiográfico de gran relevancia y actualidad. El autor hace un estudio minucioso desde la perspectiva de los actores principales: los negreros, empresarios españoles; los promotores, la Corona Española, en sociedad con otras potencias (inglesas, francesas y holandesas) y, sobre todo, de la incuantificable cantidad de hombres y mujeres africanos que fueron forzados a incorporarse a los procesos productivos en América. A pesar de que el periodo que se estudia (época colonial y siglo XIX) puede parecernos lejano, en realidad ésta es una investigación contemporánea debido a las nuevas modalidades que ha adquirido la esclavitud y la amplia gama de servidumbre. Es bien conocido el tráfico de enormes corrientes migratorias, hombres y mujeres expulsados por la pobreza, la violencia y la guerra; se trata de uno de los problemas sociales más graves en nuestros días, y este trabajo tiene la virtud de analizar las causas y estructuras del esclavismo que se han dado a lo largo de la historia.

El propósito del libro es “analizar las diferentes estrategias políticas, financieras y comerciales que los empresarios mineros cubanos” utilizaron para organizar las compañías y sostener el comercio de esclavos en una extensa etapa. En ocho capítulos, el autor analiza la manera en que se fue constituyendo el tráfico, los principales empresarios que participaban, los respaldos políticos y el enriquecimiento de las potencias europeas, la importancia demográfica de los forzados en el Caribe, los tratados internacionales, su inoperancia y la decadencia del sistema negrero durante el siglo XIX. En cada uno de los capítulos se hace un análisis pormenorizado de los principales problemas y se dejan abiertas algunas preguntas para futuras investigaciones. Todo ello da como resultado una historia sugerente que reviste gran interés por su aporte historiográfico.

Para construir esta historia, el autor realizó una búsqueda exhaustiva en archivos de diversos países, como Cuba, España y México. La valiosa información recopilada lo ayudó a resolver numerosos problemas. Y la combinación de documentos, noticias periodísticas y atinada bibliografía fueron herramientas indispensables para seguir el hilo de la trama. En este sentido, Marín no sólo se conformó con el discurso político y pautas legales, sino que fue más allá en sus pesquisas. Escribió que “la entrada de los buques negreros en los puertos cubanos también sirvió para disimular el contrabando que realizaban de otras mercancías”. Es decir, que la economía ilegal ampliaba su margen y multiplicaba sus beneficios.

Quizá uno de los aspectos más reveladores de Azúcar morena es la descripción de una extensa red de complicidad que se establecía en el comercio esclavista; los mongos, traficantes de negros, contrataban a los cazadores, que se encargaban de capturar a sus presas en las comunidades africanas; de manera legal o clandestina, eran arrastrados por diversos caminos y alojados en barracones, todo con el fin de acarrear su mercancía humana a los puertos africanos de Guinea, Níger, Angola y el Congo, entre otros. Así se iniciaba el comercio triangular que unía a Europa, África y América. El tráfico requería de tripulaciones experimentadas y buques confeccionados con los adelantos de la arquitectura naval; capitanes de barco instruidos que alcanzaron fama por un comercio indigno. Los prisioneros habitaban hasta el último espacio disponible en las embarcaciones, muchos morían en la travesía y los sobrevivientes eran subastados al llegar a su destino.

Raúl Marín hace referencia del catalán Pedro Blanco, quien se convirtió en uno de los principales negreros de Cuba. Afirma que trabajó en un ingenio azucarero, cerca de Matanzas, se vinculó a la oligarquía e incluso invirtió para adquirir veloces clippers, estadounidenses, con el fin de ir en busca de los esclavos al río Gallinas. La evasión de las tropas inglesas, la promoción de guerras tribales, el intercambio de mercancías básicas y baratijas constituyeron un modelo que consiguió un buen éxito para comerciar a más de seis mil esclavos al año. Los sobrinos, Fernando y Julio Blanco, con la fortuna acumulada, se convirtieron en “honorables comerciantes” que establecieron sucursales en diversas ciudades como Londres, Madrid y La Habana.

Es preciso apuntar que la abolicionista Inglaterra y algunos de los antiesclavistas radicales de Estados Unidos de América participaban y se beneficiaban del tráfico negrero. De hecho, existía una brecha muy amplia entre las ideas que se pregonaban en favor de los derechos humanos y el enriquecimiento deshonesto que muchos empresarios realizaban.

Los esclavos en América, y en particular en México, eran la mano de obra de las plantaciones dedicadas al cultivo de la caña de azúcar, café, algodón, minería, obrajes, ganadería y servicio doméstico en general. Es vital tener en cuenta que los negros africanos forman parte de nuestra herencia debido al mestizaje que se dio con esa raza, tanto en términos biológicos como culturales. Como afirma el antropólogo Jesús Serna, cada vez conocemos mejor la “africanía”, en la religión y la magia, en el gusto en los colores y en su aplicación en el decorado de las casas, en las formas de cocinar, en la música y los bailes, la africanización de los indígenas y la indigenización de los africanos.

Azúcar morena es un libro dirigido a un público amplio, no sólo a los especialistas e historiadores. El texto tiene la virtud de que los alumnos podrán aprovechar su contenido en distintas asignaturas. Pero a la vez los académicos podrán enriquecer su conocimiento sobre este sistema económico en particular. Así mismo, el público en general encontrará una lectura amena que aborda uno de los problemas más crueles y vergonzosos en el desarrollo de la humanidad.

Eduardo Flores Clair
Dirección de Estudios Históricos, INAH.

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