David Lagunas, Hablar de otros, México, Plaza y Valdés, 2004.

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DA35601Los prestigiados editores Plaza y Valdés cobijan el libro Hablar de otros de 221 páginas terminadas de imprimir, en la Ciudad de México, en septiembre de 2004. Su autor, David Lagunas, es antropólogo de Barcelona actualmente adscrito al área de Antropología Social de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México; es especialista en identidad y minorías culturales en contextos urbanos.

Del libro, me atrajo el subtítulo –Miradas y voces del mundo tepehua-, universo que he vivido sin que pueda vanagloriarme de que lo haya podido interpretar cabalmente. El poblado Huehuetla, en el estado de Hidalgo, objeto del análisis de Lagunas, lo visité en 1952, año en que recorrí la región para localizar comunidades tepehuas escogiendo para el estudio un sitio con predominio absoluto del idioma en cuestión. Entonces en Huehuetla los mestizos dominaban el comercio mientras que los tepehuas ocupaban un barrio donde refugiaban su cultura ancestral, su idioma era estudiado por una estadounidense del Instituto Lingüístico de Verano. Ahora Huehuetla me interesó para completar mi conocimiento de ese grupo que convive con vecinos de otros idiomas en un área de interinfluencias totonacas, otomíes y nahuas.

Hablar de otros me parece título acertado desde la perspectiva antropológica ya que el etnólogo analiza grupos humanos ajenos al propio, pero ocurre que en el momento en que cesa la descripción del grupo éste queda congelado aunque sigue dentro de un mundo cambiante. Por eso, Lagunas advierte que “los tepehuas continúan existiendo presentando nuevos problemas y nuevas creaciones que siempre sorprenden”. Lagunas presiente que carece de punto de referencia temporal porque éste es su primer acercamiento al grupo, de ahí su excitativa de que el objeto de la vida académica es generar guías metodológicas cada vez más perfectas aplicables, pero con ello se dejan menores oportunidades a la realidad social, no proporcionándose ningún margen de maniobra y creatividad, agregando que podría perderse de vista los sujetos de quienes se habla. Esta excitativa no me resulta comprensible quizá porque su lenguaje no es claro debido a que su texto fue traducido del catalán al castellano o quizá porque él mismo escribió en la lengua cervantina. Sea lo que sea, me resultan incomprensibles muchas de sus ideas y conceptos ya que sus enfoques tienden a establecer una nueva etnografía.

Las dos líneas finales del libro son contundentes: “Esta ha sido la pretensión de este trabajo: acercarse a los sujetos y de manera colaborativa construir, por medio del diálogo, una etnografía no convencional”. Declaración revolucionaria, pues una etnografía no convencional nos remite a la convencional que ha tenido su metodología para aprisionar la cultura del pueblo seleccionado. Si el barcelonés busca otra etnografía, entonces se enfrenta a la ortodoxa. Se acerca al mundo tepehua utilizando textos de tres informantes tepehuas de Huehuetla. Con esos textos establece el diálogo que llama colaborativa, en vez de decir colaborador. Para mí resulta muy limitado atenerse a tres vecinos de Huehuetla que pueden reflejar la cultura. Son textos recopilados en castellano; en la lengua materna se logra la captura de conceptos que no siempre traslucen al castellano.

En el prólogo, James W. Dow especifica: “El acercamiento de Lagunas es inequívocamente textual en su orientación y discurre a través de las ideas de la escuela textual en antropología cultural”. “Los textualistas emplean el lenguaje para fusionar al lector con la realidad cultural de otros”. Confieso que ignoraba esta nueva escuela cuya aplicación por parte de Lagunas me deja convencido de que es una moda en busca de incautos. Más adelante, el prólogo enfatiza que este libro “es una colección fascinante de textos que contribuyen al conocimiento narrativo antropológico”. Acepto que la narrativa de los informantes sea valiosa, pero no me fascinaron. Las conversaciones de don Julio, de don José y de doña Margarita -cada uno transmitiendo sus múltiples vivencias-, son textos acotados, comentados por el investigador.

El texto difícil de comprender es el del curandero don José porque es muy deficiente su castellano; su hogar tiene televisor a colores. De don José acota el antropólogo en la página 181: “A través de don José descubrimos los residuos de una antigua cultura de reciprocidad, que como Concepto está situado en la base filosófica de la sociedad tepehua, aunque esté cada día más influenciado por el individualismo y el materialismo modernos”. Este sistema al que se refiere el barcelonés es el de “mano vuelta” común en las comunidades indígenas. Hay momentos en que Lagunas recurre a los comentarios o informes de tepehuas que han estudiado en escuelas superiores y proporcionan datos de la historia cultural de su Huchuetla como son los de la ceremonia llamada la costumbre. Realmente no se capta la realidad cultural de Huehuetla con tres textos.

En vez de realizar un retrato de Huehuetla, en la primera parte del libro que antecede a los textos, Lagunas demuestra su erudición antropológica diciendo en la página 51: “Tal suerte de entropía cultural, designada en ocasiones como el “melting pot global cultural”, “creolización cultural”, “hibridación”, “occidentalización” (Eriksen, 2001:296), la complejidad de conexiones y desconexiones, de todas las hibridaciones y heterogeneidades culturales de que podemos ser testigos a nuestro alrededor, plantea una nueva problemática para la antropología”.

En el segundo párrafo de esta misma página informa que la región otomí-tepehua ha entrado a una progresiva mundialización de manera que “la televisión se constituiría en amplificador cultural en los procesos de recreación imaginativa de las culturas llamadas tradicionales”. No me parece acertado considerar la televisión como un amplificador sino más bien como destructor.

Otro párrafo, a la vuelta de la página 51 sentencia que “sigue siendo tentador para cualquier investigador en antropología el repliegue hacia los lugares comunes de la Antropología como una vía de escape a las incertezas de la postmodernidad”. En vez de incertezas del femenino antiguo, debe escribirse incertidumbres. Su fraseología requiere exégetas y no quiero acudir a ellos, prefiero quedarme en la incomprensión. Son más demoledoras las frases de Augé al decir que la moderna comunicación sustituye al lenguaje y el espectáculo al paisaje. Nos quedamos sin gozar del paisaje, de la naturaleza ante tantas fastuosidades electrónicas… pago de la modernidad.

Autor: Roberto Williams García, Centro INAH-XALAPA

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