Cómo crear una clase obrera marxista y antifascista: la participación del exilio alemán en la Universidad Obrera de México en las décadas de 1930 y 1940

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Resumen

Hacia 1942, México se había convertido en el segundo destino más importante del exilio comunista alemán después de Moscú, así como en un centro de actividades de Alemania Libre, la organización antifascista. Ello se explica por la actitud favorable del gobierno mexicano y por la colaboración establecida entre la comunidad exiliada y la izquierda local, encarnada en la figura de Vicente Lombardo Toledano. Este artículo trata de esa interacción, poco estudiada, y la ilustra con el caso de la Universidad Obrera de México (UOM), cuya fundación, en 1936, abrió una ventana a la recepción del marxismo en México. La participación en la UOM de Alfons Goldschmidt, László Radványi y André Simone confirmó el carácter de esta institución como refugio para exiliados políticos de izquierda, latinoamericanos y europeos, igualmente interesados en vincular cultura y acción política.
Palabras clave: exilio antifascista de habla alemana, Vicente Lombardo Toledano, Universidad Obrera, educación socialista, marxismo.


Abstract

In 1942 Mexico had become the second most important center of the German communist exile after Moscow, as well as scenario of the activities of the influential anti-fascist organization “Alemania Libre.” German-speaking exiles were able to benefit from the Mexican government’s sympathy and from their collaboration with the local left-wing scene, in particular with Vicente Lombardo Toledano. This collaboration, poorly researched to date, is the subject of this article. Special attention will be paid to the Universidad Obrera de México (UOM), founded in 1936 as a means to instilling political awareness among the working classes, thus shedding light on how Marxism was interpreted in Mexico. The presence of Alfons Goldschmidt, László Radványi, and André Simone in the UOM confirmed its character as a refuge for left-wing exiles, who whether Latin American or European,
were equally interested in bridging the gap between culture and political action.
Keywords: German anti-fascist exile, Vicente Lombardo Toledano, Universidad Obrera (Workers’ University), socialist education, Marxism.


En 1942, la oferta educativa de la Universidad Obrera de México (UOM) alcanzó un punto álgido en términos de la relevancia de sus cursos y calidad de su profesorado. Es posible que en toda América Latina no hubiera otro recinto donde pudiera escucharse de labios de varias de las lumbreras de la izquierda europea del momento —especialmente de habla alemana— qué acontecía exactamente en Europa y cuál era el significado cabal del fascismo. Así, hubo cursos impartidos por renombrados escritores alemanes como Anna Seghers y Ludwig Renn, por connotados periodistas checos como André Simone y Egon Erwin Kisch, y por activistas políticos como Leo Katz y Leo Zuckermann, quienes se habían destacado por su lucha en contra de la persecución del pueblo judío. Su presencia en la UOM fue parte de una circunstancia excepcional: México se había convertido, hacia 1942, en el segundo centro más importante del exilio comunista alemán después de Moscú.1

Los exiliados germanoparlantes —alrededor de un centenar de personas— llegaron a México bajo el amparo del asilo proporcionado al exilio republicano español durante la presidencia de Lázaro Cárdenas (1934-1940), siendo así beneficiarios de los mismos criterios que se utilizaron para justificar la acogida de cerca de veinte mil españoles republicanos, esto es, la solidaridad de México respecto de aquellos perseguidos por sus ideales políticos. Así, la Ciudad de México se tornó en escenario de las actividades de la organización antifascista Alemania Libre (1942-1946), cuya influencia se extendería a toda América Latina, mediante una gran variedad de eventos culturales, publicaciones y proyectos políticos.2 Ello tuvo lugar bajo el marco propicio del gobierno de Manuel Ávila Camacho (1940-1946), quien, no obstante el giro conservador que daría al rumbo del país, vio en el exilio germanoparlante un aliado idóneo para fortalecer el perfil anti-fascista de su política internacional, especialmente una vez que México entró a la Segunda Guerra Mundial —en mayo de 1942— del lado de los aliados.

Si prescindimos del marco gubernamental más o menos favorable, las actividades del exilio de habla alemana cayeron pronto bajo la órbita de la izquierda en México que, tras cruzar un periodo marcado por la represión y la ilegalidad, vivía una época de vigor desde mediados de la década de 1930. Mientras el comunismo se volvió nuevamente aceptable bajo la fórmula del frente popular, la Guerra civil española (1936-1939) sirvió como acicate para renovar los postulados progresistas de la Revolución mexicana y retomar así, en clave marxista, el proyecto de transformar el país. En este artículo, me concentraré en la relación establecida entre el exilio comunista de habla alemana y su aliado más importante en México, el líder sindical Vicente Lombardo Toledano, quien fungió como líder de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) tras su fundación en 1936, y quien encabezó la formación de una Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL) en 1938, con el propósito de reunir a todos los sindicatos del continente. Lombardo fue también director de la UOM, inaugurada en febrero de 1936, un par de semanas antes que la CTM. De ahí que la extensa red de contactos que existía en torno a Lombardo, puesta al servicio de los exiliados políticos en México, se convirtiera en una auténtica red de seguridad.

Como una muestra adicional de la gran vitalidad de las redes trasnacionales de la izquierda puede mencionarse el gran esfuerzo de coordinación que precedió la llegada de la mayoría de los exiliados de habla alemana en México, a principios de la década de 1940. En particular, Lombardo actuó como mediador ante el gobierno mexicano usando su influencia entre las autoridades para lograr la liberación y el traslado a México de alemanes o austriacos que habían terminado en campos de concentración franceses tras haber luchado en el bando republicano en España.3 Según Zogbaum, al prestar apoyo y proporcionar empleo a los exiliados alemanes, Lombardo aseguró implícitamente su propia supervivencia en un ambiente político que le era cada vez más adverso, una vez que el reformismo enarbolado por el presidente Cárdenas tocó a su fin con la llegada de Ávila Camacho al poder.4

Por tanto, la presencia en México de connotados miembros de la izquierda radical alemana resultó fundamental para que Lombardo pudiera apuntalar uno de sus proyectos más importantes: la Universidad Obrera, culminación de una larga serie de esfuerzos orientados a institucionalizar una oferta educativa dirigida a las masas trabajadoras. Así, Lombardo pudo establecer un vínculo estrecho con el húngaro László Radványi, antiguo director de la Marxistischer Arbeiterschule (MASCH) que, fundada en 1925, había sido el esfuerzo más acabado en torno a la educación popular llevado a cabo por el Partido Comunista Alemán (KPD, Kommunistische Partei Deutschlands) y que fue clausurada por la fuerza tras la llegada del nazismo al poder. Además, la experiencia de André Simone (seudónimo de Otto Katz), coordinador de las campañas propagandísticas del comunista Willi Münzenberg durante los años treinta en París, sirvió para fortalecer el currículum de la Universidad Obrera en temas de propaganda y periodismo. En suma, los exiliados de habla alemana cumplieron dos roles básicos en la UOM: primero, actuar como testigos privilegiados de los acontecimientos europeos recientes; segundo, satisfacer la gran curiosidad que entonces existía entre la izquierda mexicana acerca de la Unión Soviética, tomando en cuenta que muchos exiliados tenían también al respecto experiencias de primera mano.

Mediante el uso de fuentes inéditas, propongo analizar la contribución del exilio alemán al propósito principal de la UOM: la creación de una clase obrera intelectualmente activa y políticamente comprometida. El primer obstáculo para una investigación así, amén de que no existe todavía ningún estudio monográfico dedicado a la UOM, está relacionado con la pérdida de toda la documentación administrativa de ésta, lo cual dificulta enormemente la tarea de medir el impacto de sus actividades académicas. No obstante, una buena parte de la historia de la UOM puede reconstruirse a partir de los planes de estudio que sobrevivieron, así como a partir de documentos sueltos en el archivo personal de Lombardo.5 Creo importante también, tomando en cuenta cómo el movimiento obrero mexicano pasaría gradualmente de la alianza estratégica con el Estado a la subordinación respecto de los dictados del gobierno, no saltar inmediatamente a un veredicto de fracaso respecto de lo que era el propósito principal de la UOM: la creación de cuadros obreros que prosiguieran la obra de la Revolución mexicana. Prefiero concentrarme en la excepcionalidad del momento y subrayar el hecho de que, a partir de una actitud flexible y cosmopolita, la UOM fue el lugar donde varias figuras destacadas de la izquierda europea pudieron retomar sus proyectos políticos y culturales.

La educación socialista en México: polémicas y proyectos

Para la izquierda —o, más bien, izquierdas— en México, la segunda mitad de la década de los treinta marcó el inicio de un resurgimiento, tras años de oscuridad. Durante el gobierno del Jefe Máximo, Plutarco Elías Calles (1924-1928), así como en el periodo dominado por él, conocido como el Maximato (1928-1934), las reformas sociales habían sido sacrificadas en aras de centralizar el poder en torno al recién creado partido oficial, así como de hacer frente a la inestabilidad provocada por la Gran Depresión. Ello se reflejó tanto en la reducción del apoyo gubernamental al movimiento obrero así como en la represión ejercida en contra del Partido Comunista, declarado ilegal en 1929 —situación marginal en la que permanecería hasta 1935.6

La nominación de Lázaro Cárdenas como candidato presidencial en 1933, así como su elección en 1934, fueron un intento deliberado de la clase política de virar el rumbo político.7 Las esperanzas que Cárdenas despertó respecto de revivir tanto la reforma agraria como de reanudar el apoyo al movimiento obrero, hallaron plena expresión una vez que el michoacano aseguró su independencia política respecto del expresidente Calles. Una buena forma de ilustrar la conquista gradual del apoyo que logró Cárdenas de la izquierda concierne al propio Partido Comunista Mexicano (PCM). Radicalizado tanto por la represión gubernamental como por la adopción de la política de “clase contra clase” enarbolada por la Internacional Comunista (IC o Comintern) entre 1928 y 1933, el PCM tomó inicialmente la postura de “ni Calles ni Cárdenas”.8 Sin embargo, una serie de circunstancias llevaron al PCM a decidirse por Cárdenas: por un lado, la estrategia del frente popular —alianzas multipartidistas y multiclasistas— propuesta por la Comintern a mediados de 1934, en respuesta al auge del fascismo en Europa; por el otro, la necesidad de hacer frente a lo que se percibía como fascismo doméstico, encarnado en las “camisas doradas” de Acción Revolucionaria Mexicanista, organización ultranacionalista y anticomunista. A ello se sumaría el fuerte impacto que la Guerra civil española tuvo en la izquierda, comprometida con la causa de la República, frecuentemente comparada con la Revolución mexicana.9

La relación entre Cárdenas y la izquierda se estableció en la base del quid pro quo, en cuanto el presidente necesitaba de una gran base de apoyo para sacar adelante el programa de su gobierno. La izquierda mexicana a grandes rasgos, según propone Carr, se dividía en tres grandes tradiciones: el comunismo, el nacionalismo revolucionario y el “lombardismo”, las cuales, si bien coincidían en el deseo de echar a andar un proyecto socialista, luchaban por llevarlo a cabo, en el caso comunista, con la mayor independencia posible respecto del Estado y la burguesía o, en el caso de las dos últimas tradiciones, mediante una búsqueda constante de convergencias con el gobierno y el partido oficial.10 El cardenismo fue, para la izquierda mexicana, una historia de encuentros y desencuentros: no sólo fue una época de florecimiento para el PCM y también para el “lombardismo”, una vez que Vicente Lombardo se convirtió en líder de la central sindical más importante del país, la Confederación de Trabajadores de México (CTM), fundada el 21 de febrero de 1936. También fue una época marcada por la lucha política e intensos debates propiciados, por ejemplo, por el asilo otorgado a León Trotsky, el enemigo número uno de Stalin, entre 1937 y 1940. Como reflejo de las tensiones y de la creatividad de la izquierda de la época, hay pocos ejemplos más elocuentes que el de la Universidad Obrera.

La historia de la UOM comenzó, simbólicamente hablando, en diciembre de 1934, una vez que el artículo 3 de la Constitución estipuló que “la educación que imparta el Estado será socialista, y, además de excluir toda doctrina religiosa, combatirá el fanatismo y los prejuicios” para “crear en la juventud un concepto racional y exacto del Universo y de la vida social”.11 La literatura sobre la educación socialista en México suele resaltar la distancia entre teoría y práctica, comenzando por la confusión ideológica en torno al significado de “socialismo” en el contexto de un Estado carente de la infraestructura necesaria para ejecutar un profundo cambio educativo, y obligado desde el principio a “suavizar” el proyecto mediante concesiones hechas a grupos de derecha y a la Iglesia.12 Prescindiendo de juicios a posteriori respecto de la reforma educativa, importa destacar que la creación de la UOM fue —en el caso específico de Lombardo Toledano— una variación más, quizás la definitiva, sobre un mismo tema, presente desde los albores de su carrera política: ¿qué hacer para que la educación en México fuera verdaderamente popular, esto es, congruente con la emancipación que la Revolución había prometido al pueblo?

Cualquier discusión sobre las ideas de Lombardo respecto de la educación popular implica, por un lado, señalar grosso modo su trayectoria ideológica, pasando de la fe cristiana al marxismo y del idealismo al materialismo dialéctico; por el otro, según insiste Daniela Spenser, resaltar cómo la “centralidad del Estado” fue siempre la idea nodal de su pensamiento.13 Convencido de que sólo al Estado correspondía ejecutar y dirigir el cambio social, Lombardo creía también que “el verdadero gobierno de un país radica en su minoría culta”.14 Para alguien que comenzó a participar en la vida pública en momentos en que el caudillismo apenas comenzaba a ser domesticado por los engranajes del partido oficial, actuar implicaba una serie de dilemas cuando se trataba de llevar a la práctica propósitos loables como, por ejemplo, reducir la corrupción gubernamental, garantizar la primacía del bien general sobre los intereses individuales y dotar a los trabajadores de herramientas que les permitieran hacer valer sus derechos. ¿Cómo distinguir el Estado del gobierno en turno? ¿Y a las personas de las instituciones que decían representarlas? ¿Cuál debía ser la relación de los intelectuales con el gobierno, y cómo trazar la línea divisoria entre la colaboración y la subordinación? ¿Qué implicaría para el orden establecido que los trabajadores alcanzaran el pleno gozo de sus derechos? Los proyectos educativos de Lombardo fueron un intento, constreñido a las circunstancias del momento, de dar una respuesta, necesariamente parcial e incompleta, a estas preguntas.

Las primeras incursiones de Lombardo en el campo de la educación popular tuvieron lugar bajo la sombra de quienes fueron sus maestros, esto es, los miembros del Ateneo de la Juventud: entre otros, Antonio Caso, Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña y José Vasconcelos; ellos habían terminado con el dominio ideológico del positivismo en México, reformando el currículo de la Universidad y de la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) para darle cabida nuevamente a la filosofía y a las humanidades, dando fin a la preponderancia que antes habían tenido las ciencias naturales. De ahí que en 1916, como parte del grupo conocido como “los siete sabios”, Lombardo haya participado en la fundación de una Sociedad de Conferencias y Conciertos, una versión actualizada de la que había sido creada en 1907 por los intelectuales del Ateneo de México. Sus clases, que incluían temas como “la doctrina socialista y sus posibilidades en México”, estaban dirigidas a un público amplio y tenían el objetivo fundamental de crear cultura para ayudar al gobierno en la tarea de regenerar, moralizar y salvar al pueblo.15 El mismo espíritu guiaba a otro proyecto del Ateneo, la Universidad Popular Mexicana (UPM), vigente entre 1912 y 1922, y de la cual Lombardo se convirtió en secretario en 1917.16 A pesar del gran prestigio de su planta docente, la UPM fue perdiendo vigor, entre penurias económicas y vaivenes políticos, ante la dificultad constante de ir más allá de la clase media educada y establecer un diálogo duradero con las clases trabajadoras, a pesar de cursos como “El bolsheviquismo y la Revolución rusa”, impartido por Lombardo Toledano.17 A dos años de graduarse como abogado, Lombardo se hizo cargo del Departamento de Bibliotecas de la Secretaría de Educación Pública (SEP), parte de la “cruzada alfabetizadora” emprendida por el entonces secretario José Vasconcelos. En 1922, Lombardo fue recomendado por su maestro Antonio Caso, entonces rector de la Universidad, para el puesto de director de la ENP, nombramiento que le permitió compaginar su actividad docente con su militancia política como miembro de la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM). Así, Lombardo reorganizó el currículo para hacerlo “menos escolástico y más práctico”, e introdujo el servicio social en comunidades locales; sin embargo, su política de acercamiento entre obreros y estudiantes despertó reticencias, empezando por la de Vasconcelos, quien lamentó que el “obrerismo” hubiera convertido a la ENP en un foco de agitaciones.18 Al final, Vasconcelos se decidió por una política de mano dura, lo que llevó a la renuncia de Lombardo en agosto de 1923.

En esa ocasión, como subraya Spenser, Lombardo Toledano invocó la libertad de cátedra como un escudo para defenderse de las intromisiones del Estado, léase Vasconcelos, aunque luego volvería a invocar la autoridad de ese Estado para justificar el proyecto de educación socialista a nivel nacional. De ahí que las ideas de Lombardo pudieran resultar incómodas, especialmente a la hora de debatir y definir la autonomía universitaria, como sucedió en 1929, cuando su convicción de que había que unificar la enseñanza en todo el país bajo “una sola visión social”, aunadas a sus ataques en contra del imperialismo y la Iglesia católica, provocó resquemores entre sus estudiantes de la Facultad de Jurisprudencia.19 Pero el gran quiebre vino en septiembre de 1933, cuando tuvo lugar el Primer Congreso de Universitarios Mexicanos, en que se acordó que las instituciones educativas en México —como la Universidad Nacional— se comprometerían a sustituir el capitalismo por “un sistema que socialice los instrumentos y medios de la producción económica”. Además, se estipuló, la historia se explicaría dando “preferencia al hecho económico como factor de la sociedad moderna”, mientras que la ética sería enseñada como esfuerzo individual orientado al “advenimiento de una sociedad sin clases”.20 En esa ocasión, Antonio Caso alzó la voz en contra del proyecto y comenzó un debate con Lombardo, miembro del Comité Organizador, el cual fue retomado desde las páginas del periódico El Universal, una vez que la educación socialista entró en vigencia entre febrero y abril de 1935, tras la enmienda a la Constitución.

Un análisis de la llamada “polémica Caso-Lombardo” es útil para devolver la importancia a la cuestión de fondo: la “escuela mexicana”, como la llamaba Lombardo, acorde con los postulados de la Revolución en las cuestiones obrera y agraria, ¿podría surgir espontáneamente “desde abajo” o necesitaba primero, para poderse desenvolver, la ayuda “desde arriba”? La respuesta, lejos de ser absoluta, muestra una mezcla de ambas opciones, ajustada al panorama político del momento. La novedad, en esta ocasión, es que Lombardo se decidió por un nuevo marco ideológico para expresar sus inquietudes, en oposición al que su maestro Caso le había enseñado. Antes, en Lombardo coexistían el antimarxismo, por un lado, con el sindicalismo y la fascinación por la revolución, por el otro. Ahora, se proclamaba marxista y daba rienda suelta a su interés por el experimento soviético, aunque cabe añadir que no llegaría a comulgar plenamente con el comunismo. Así, en 1933, si una (enésima) Asociación Pro Cultura Nacional hubiera registrado a Caso y a Lombardo como miembros, maestro y alumno hubieran divergido radicalmente sobre lo que la Revolución había significado para la educación en México. Según Lombardo, se habían introducido cambios de corto alcance, puesto que ni la introducción de la educación laica en la Constitución de 1917 ni la cruzada en contra del positivismo emprendida en la Universidad habían servido para efectuar un cambio real en la estructura económica y política del país.21

Sin dejar de reconocer la valiosa labor emprendida por los miembros del Ateneo, Lombardo resentía que la filosofía idealista que ellos favorecían predominara en la Universidad, como en el caso del pensador Henri Bergson, capaz de negar a la razón humana la facultad de conocer la esencia de las cosas, afirmando que sólo la intuición —anterior a la naturaleza y de origen divino— tenía ese poder.22 Para Lombardo, ello implicaba hacer de la “categoría religiosa” la norma de una vida donde la historia era mero desenvolvimiento de un “plan divino” trazado de antemano y donde filosofar no tenía sentido más que como “ejercicio académico”; en cambio, argumentaba, era necesario que la filosofía actuara como “instrumento ideológico para mejorar la existencia humana”, haciendo a los hombres dueños de su destino.23 Por su parte, Caso creía que, al consagrar el materialismo histórico como credo de la Universidad, se atentaría en contra de la búsqueda constante de la verdad que le era característica, atándola de forma dogmática a una sola teoría —por más que Lombardo Toledano asegurara que “nuestra creencia científica de hoy, nosotros mismos nos encargaremos de corregirla mañana”—.24 Caso aceptaba que era preciso ayudar a las clases proletarias del país pero “sin preconizar el credo colectivo” y, sobre todo, sin sacrificar la libertad de enseñanza. Ésta, según Lombardo, no existía per se, pues “¿cuándo ha habido una institución que no preconice, abierta o subrepticiamente, una teoría social?”.25 Finalmente, prevaleció la posición de Caso, una vez que la huelga promovida por estudiantes católicos y profesores de la Facultad de Derecho llevó a la renuncia del rector Roberto Medellín y a que, a fines de 1933, el presidente Abelardo Rodríguez otorgara autonomía total a la Universidad.26

La segunda parte de la “polémica Caso-Lombardo” tuvo lugar a principios de 1935, ahora desde la prensa, y se centró en el marxismo, considerado como la base filosófica de la reforma al artículo 3 constitucional.27 Amén de una polémica filosófica entre una posición monista y otra dualista, se trató de una discusión sobre cuál era el móvil último de la conducta humana e incluso sobre la existencia de Dios. Por un lado, Caso aseguraba que “no es posible crear valores morales sobre fundamentos materiales”, o sea sin referencia a una divinidad y a un mundo sobrenatural, y estaba convencido de que “aún son suficientes los brazos de la cruz para colgar de ellos el destino humano”. Por el otro, Lombardo consideraba preciso “devolver al hombre la confianza en su propio ser” para “hacer del mundo el sitio permanente de la justicia, del amor y de la belleza”.28 Conforme la polémica se iba prolongando, los contrincantes cayeron presa de la pasión retórica, caricaturizándose mutuamente: Caso, visto por Lombardo, se convirtió en ” abanderado de la clase conservadora del país” e incluso en ” entusiasta fascista mexicano”, no sólo porque elogiaba a Giovanni Gentile, “inspirador de la obra de Mussolini”, sino porque seguía adhiriéndose a un modelo filosófico que “lo más que puede dar […] en el terreno de la doctrina social, es la encíclica rerum novarum, y en el campo de la lucha política el régimen fascista o el sistema nazi”.29 Lombardo, visto por Caso, se tornó en prototipo del “marxista criollo” cuyas ideas, descritas como una deformación del original (europeo), habían terminado por convertirse —irónicamente— en “una nueva religión”.30

A pesar de que las puertas de la Universidad Nacional se le habían cerrado, metafóricamente hablando, Lombardo siguió trabajando en pro de una educación superior de corte marxista —aunque insistiendo, a la manera de Spenser, que el marxismo de Lombardo “conjuntaba el humanismo liberal, el sindicalismo y un socialismo indefinido” que, más que subvertir al statu quo, remediaría las injusticias del sistema económico—.31 Estas inquietudes dieron lugar a la fundación de la Preparatoria Gabino Barreda, pronto convertida en Universidad Gabino Barreda (1934-1936), cuyo comité directivo estuvo formado por Vicente Lombardo y Francisco Centeno, con Alejandro Carrillo como secretario.32 Esta Universidad buscaba remediar la “desocupación creciente” entre quienes habían cursado carreras “clásicas” como abogacía, Medicina e Ingeniería, abriendo nuevos campos de trabajo con carreras como Bacteriología, Economía, Mecánica Dental e Ingeniería Municipal.33 Fue financiada parcialmente por el Estado y por la CROM y no formó parte del sistema de enseñanza estatal. Una de las facetas más importantes de su labor fue la creación de la editorial Futuro; allí se publicaron las revistas U. G. B. Revista de Cultura y Futuro, luego retomada por la UOM, así como títulos tales como La doctrina socialista y su interpretación en el Art. 3°, de Lombardo, o Marxismo y antimarxismo, “un volumen colectivo editado tras un ciclo de conferencias sobre el tema”.34

El 8 de febrero de 1936 fue inaugurada la UOM, que, con Lombardo como director y Carrillo como secretario, profundizó el objetivo original de la Universidad Gabino Barreda de formar profesionales “preparados para exigir un cambio del orden existente”, pero dando un paso adelante, proponiéndose inculcar a las clases trabajadoras de México “la conciencia de su misión histórica” mediante una institución educativa cuyos costos y currículo estuvieran plenamente a su alcance.35 Adentrarse en la historia de la UOM permite cuestionar la tesis de Alejandro Estrella, quien al enfocarse en la experiencia de la Universidad Nacional, sostiene que no fue sino hasta la década de 1960 que el marxismo logró una presencia duradera en la “filosofía académica mexicana”.36 En realidad, la gran relevancia de la UOM estriba en haber sido precisamente la continuación del proyecto de educación socialista en el ámbito de la educación superior, siendo además la beneficiaria principal del impulso dado por el exilio alemán a la recepción del marxismo en México en las décadas de 1930 y 1940. Aunque todavía queda mucho por hacer respecto del estudio sistemático del pensamiento de la izquierda mexicana, la UOM constituye una prueba adicional de su vitalidad, fortalecida además por el exilio intelectual europeo.

Viajeros y refugiados de la primera hora

Las primeras contribuciones de intelectuales alemanes a la difusión del pensamiento marxista en México tuvieron lugar antes de la coyuntura de la Segunda Guerra Mundial, como en el caso de Alfons Goldschmidt, Federico Bach (Fritz Sulzbacher), Otto Rühle y Alice Rühle-Gerstel. Uno de los primeros intelectuales occidentales en dar a conocer la experiencia soviética, Goldschmidt se forjó una sólida reputación como intelectual marxista (sin pertenecer al Partido Comunista) e inició una trayectoria de escritor y periodista trotamundos.37 En la Argentina coincidió con José Vasconcelos, quien lo invitó a venir como catedrático universitario a México, donde Goldschmidt radicó entre 1923 y 1925, para volver en 1928 como parte de un viaje por toda América. Tras haber huido de Alemania perseguido tanto por sus ideas como por su origen judío, Goldschmidt se estableció definitivamente en México en 1939, donde permaneció hasta su muerte en 1940.

En 1923, los cursos de economía política que Goldschmidt impartió en la Escuela de Altos Estudios, origen de la actual Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, fueron un gran éxito entre la crema y nata de la intelectualidad de la época, como consta en los registros de oyentes, pero su contrato no fue renovado, lo que se atribuye al recelo que las enseñanzas radicales de Goldschmidt habían despertado en las autoridades universitarias, de forma similar a lo que le había sucedido anteriormente en la Argentina.38 México ocupó un lugar muy importante en la obra de Goldschmidt, desde un primer libro de viajes titulado Mexiko (1925), pasando por Auf den Spuren der Azteken (1927) y culminando en el estudio Tierra y libertad. El desarrollo campesino de México (1940), donde dio rienda suelta a su gran interés por el indígena mexicano, su apreciación positiva de la Revolución mexicana y su optimismo respecto del gobierno de Lázaro Cárdenas.39

Goldschmidt tuvo una relación cercana con Jesús Silva Herzog, y con el propio Lombardo, como consta en una carta de 1938 en que, en aras de asegurarse un empleo que justificara su solicitud de asilo en México, Goldschmidt pidió a Lombardo que le facilitara una forma de proseguir su ” trabajo científico” en México.40 Antes de trasladarse a México, Goldschmidt vivió en Nueva York, donde fundó el Social Economic Laboratory, una institución educativa de orientación marxista y antifascista, y donde hizo una campaña intensiva para alertar sobre el antisemitismo en Alemania, como en el panfleto titulado Whiter Israel? (1934), prologado por Albert Einstein. Ya en México, Goldschmidt se convirtió en la figura central de la Liga Pro Cultura Alemana, fundada en 1938, la cual fue la primera asociación antifascista germano-parlante en México —y con quien Lombardo también colaboró estrechamente—.41 Goldschmidt escribió para las publicaciones periódicas más importantes de la izquierda mexicana y dio clases tanto en la Universidad Nacional como en la Universidad Obrera. Como consta en una carta que le escribió al presidente Cárdenas a fines de 1939, Goldschmidt era partidario de promover la cooperación académica entre México y Estados Unidos, la cual obraría como una especie de “scientific reconciliation”, necesaria en tiempos en que “men kill men by the millions”.42

Habiendo llegado a México en 1926 como representante del Socorro Rojo Internacional, organismo de ayuda a prisioneros políticos fundado por la Comintern, el suizo Federico Bach experimentó en carne propia todas las vicisitudes de la izquierda mexicana.43 En 1928, entre mexicanos como Jesús Silva Herzog, Daniel Cosío Villegas y Pablo Casanova, y extranjeros como Goldschmidt, Julio Antonio Mella y Víctor Raúl Haya de la Torre, Bach estuvo entre los fundadores de un primer Instituto de Investigaciones Económicas, cuyas actividades duraron poco más de un año.44 Después, Bach fue expulsado del Partido Comunista Mexicano —al que pertenecía— junto con Diego Rivera. No obstante, en julio de 1932, el gobierno incluyó a Bach en una lista de extranjeros dedicados a actividades comunistas y lo expulsó del país, aunque un grupo de académicos prestigiosos logró convencer al presidente Pascual Ortiz Rubio que se le permitiera regresar desde La Habana.45 Bach se naturalizó mexicano —vivió en México hasta su muerte en 1979— y se casó con una hija de Otto Rühle, y fue así el vínculo para que este renombrado líder obrero y representante del comunismo consejista (antibolchevique, antiestalinista) encontrara refugio en México en 1935, invitado oficialmente como asesor educativo del gobierno mexicano en la Secretaría de Educación Pública.46 Poco después, la intervención de Bach fue también crucial para que Trotsky pudiera hallar asilo en México, dando origen así a una gran polémica en la izquierda mexicana, con voces en contra, como la de Lombardo, y voces a favor, como las del propio Bach y de Rühle, quien fue parte de la Comisión Dewey que se reunió en la Ciudad de México en 1937 para analizar la veracidad de las acusaciones imputadas a Trotsky desde Moscú.47 Por lo demás, importa destacar la presencia en México, a partir de 1936, de la esposa de Rühle, la psicóloga y pedagoga checa —de habla alemana— Alice Rühle-Gerstel.

A pesar de su impecable trayectoria como intelectuales marxistas, México no fue para los Rühle una tierra prometida, sino escenario de un aislamiento creciente respecto de la izquierda local, a la que ellos consideraban mayoritariamente prosoviética, así como de una ruptura por motivos ideológicos con el propio Trotsky.48 En un principio, dada su reputación internacional como experto en el tema (por ejemplo, el clásico de Rühle de 1925, Die Seele des proletarischen Kindes, traducido al español como El alma del niño proletario en una edición madrileña de 1932), a Rühle se le encomendó la elaboración de un vasto programa de educación socialista para la SEP; sin embargo, de su estancia de poco más de un año en la Secretaría, concluida con un despido a mediados de 1938, sólo quedaron algunos trabajos: un texto de 1937 titulado “Educación y lucha de clases”, así como una serie de artículos publicados en El maestro rural.49 Rühle creía que el proyecto de educación socialista en México estaba viciado de raíz, no sólo porque estaba en contradicción con el modelo capitalista de la economía, sino por su cariz “estalinista”, esto es, porque la educación era controlada por el Estado y no por la clase obrera, cuyos líderes habían sido cooptados por el gobierno, aceptando así la hegemonía de la ideología nacionalista sobre la conciencia de clase.50 Si prescindimos de la profundidad de la crítica de Rühle, que en retrospectiva parece todavía más certera, la realidad es que chocaba frontalmente con la estrategia de la izquierda mexicana en esta época, incluyendo la del propio PCM, que consistía en buscar una convergencia con el Estado y el partido oficial.51

Alice Rühle-Gerstel contribuyó a la difusión de la filosofía marxista en México con la traducción y edición en 1938 de un texto fundamental, Manuscritos económicos-filosóficos (1844) de Marx, según ha demostrado Jorge Fuentes.52 En particular, es posible documentar cómo Rühle-Gerstel intentó compartir su amplia experiencia pedagógica con una audiencia mexicana, a partir de un texto prácticamente desconocido, titulado “Educación post-primaria para adultos”, escrito probablemente entre 1936 y 1938, cuando trabajaba en el Consejo Nacional de la Educación Superior y de la Investigación Científica de la sep.53 Allí, Rühle-Gerstel narró su experiencia como docente en la Universidad del Pueblo (Volkshochschule) de Dresde entre 1927 y 1933. Según cuenta, esta universidad había surgido de una de tantas “asociaciones pro-cultura popular” creadas por intelectuales liberales y socialistas moderados durante la República de Weimar en aras de lograr un acercamiento real entre las diversas capas sociales, superando el enfoque meramente “filantrópico” de la extensión universitaria. Como subraya Rühle-Gerstel, los círculos proletarios revolucionarios desconfiaban de este tipo de instituciones, a las que apodaban “universidades de entontecimiento del pueblo”, puesto que se valían de recursos que aquéllos consideraban insuficientes, como la libertad de cátedra o una supuesta neutralidad en cuestiones políticas y religiosas. Sin embargo, la Universidad del Pueblo de Dresde era excepcional ya que se atrevía a emplear “colaboradores de matiz más rojo”, como la propia Rühle-Gerstel, quien dio manos a la tarea de emancipar a sus alumnas de “prejuicios tradicionales y juicios equivocados”.54 En Dresde, Rühle-Gerstel notó el cambio palpable que la universidad había provocado en sus alumnos:

Pasando por la reivindicación ilusionaria de una “cultura superior” por dosis ínfimas, llegaron, en muchos casos, a “conocimientos superiores”, es decir, a la comprensión de su lugar y papel dentro de la sociedad, avistando las perspectivas desde las que exclusivamente se podrá hablar de una verdadera cultura para el pueblo, cultura que sería algo más que un atole diluido de la mesa de los ricos.55

La Universidad Obrera de México: un proyecto cosmopolita (1936-1941)

Desde el primer ciclo académico, la UOM se abocó directamente a lo que se suponía era una tarea esencial: cambiar la imagen que, entre negativa y pintoresca, los extranjeros —en particular los estadounidenses— tenían de México y de lo que significaba la Revolución de 1910. Por ello, una primera Escuela de Verano (julio-agosto de 1936) proponía ofrecer las herramientas para comprender el “Mexican puzzle” y su “advanced social experimentation”, mediante una serie de cursos dirigidos a los estudiantes progresistas y trabajadores intelectuales de otros países, combinando clases teóricas con trabajo de campo, tanto en sitios arqueológicos como en ejidos, fábricas y escuelas rurales.56 La planta docente contenía a destacadas figuras de la época: Ermilo Abreu Gómez y Agustín Yáñez, en literatura; Roberto Montenegro y Arqueles Vela, en artes plásticas, incluyendo una colaboración con la Liga de Artistas y Escritores Revolucionarios (LEAR); y Víctor Manuel Villaseñor, Alfonso Teja Zabre, Vicente Lombardo y Daniel Cosío Villegas en historia y economía. La calidad del profesorado era igualmente alta en los cursos regulares, mostrando cómo el proyecto de la UOM, ni improvisación ni novedad absoluta, fue un eslabón más en una larga cadena de coincidencias previas.57

Bajo la premisa de que “no basta ser explotado para constituirse en un factor revolucionario; es menester tener conciencia de que se es explotado”, el objetivo principal de la UOM fue despertar la conciencia de las clases obreras respecto de sus derechos, facilitándoles además el “know-how” necesario para la organización de sindicatos y cooperativas, así como para la edición de panfletos y publicaciones periódicas.58 El currículum, organizado en torno a la Escuela Superior Obrera Karl Marx, núcleo de la Universidad, tenía un enfoque universal: no sólo se impartían clases de economía e historia, sino también de física, psicología, química, biología y geografía.59 Se otorgaba una importancia especial a las lenguas “vivas” (inglés, ruso, francés y alemán), así como a la “profunda labor social” que debía realizar el arte: pintura, literatura, teatro, música y cine.60 Había un Instituto de la Revolución Mexicana, fenómeno histórico que se estudiaría de “forma científica” con las herramientas teóricas del materialismo dialéctico.61 Además, haciendo gala de una fe ilimitada en la posibilidad de unir teoría y práctica, había un buen número de departamentos orientados a resolver algunos de los problemas crónicos del país: rescatar a los pueblos indígenas de su atraso histórico “para incorporarlos en el proletariado”, librar una lucha en contra de las enfermedades tropicales, ayudar a la mujer a combinar el cuidado de la familia con la “defensa de sus intereses profesionales”, así como mejorar las viviendas de las clases populares en el campo y la ciudad.62 Amén de una multitud de eventos extracurriculares, como conferencias y periódicos murales, la labor de la UOM se complementaba con un “Museo de las Religiones”, el cual servía como recordatorio de que las “supersticiones” siempre habían servido para mantener el statu quo, mostrando cómo el destino de la Iglesia católica estaba inextricablemente ligado al del capitalismo.63 Esta oferta era accesible a cambio de un peso, monto de la inscripción para los alumnos.64

Desde 1936, el primer año de actividades, la UOM estableció un patrón que continuaría en los siguientes años, al combinar la crítica al capitalismo con la denuncia constante del fascismo, así como con un vivo interés por la experiencia de la Unión Soviética. Así, en ese año, Federico Bach apareció como director de la ” “Escuela de Cooperativismo” de la UOM (cargo que ocupó hasta 1939), y ofreció uno de los primeros cursos monográficos sobre “El imperialismo en la América Latina”, tema en el que el mexicano Jesús Silva Herzog y el exiliado hondureño Alfonso Guillén Zelaya se especializarían también.65 Otto Rühle, a quien sus simpatías por León Trotsky pronto le pondrían en las antípodas de Lombardo, ofreció un curso sobre “El marxismo y la educación” en 1936. Otro alemán, el fotógrafo Enrique Gutmann, ilustró diversas publicaciones de la UOM con sus fotomontajes, desde la revista Futuro hasta el folleto del curso de verano para extranjeros en 1937.66 Por último, como parte del personal europeo de la UOM, podrían añadirse los nombres de Demetrio Sokolov y de Froim Comarofsky. Sokolov, biólogo egresado de la Universidad de San Petersburgo, se había naturalizado mexicano en 1923 y, manteniéndose al margen de la política, trabajó como catedrático de ciencias biológicas en la Universidad Nacional, en el Instituto Politécnico y como director de la Escuela de Lenguas Vivas de la UOM.67 Comarofsky, docente del curso Historia de las Tres Internacionales en la UOM, había nacido en una modesta familia judía en un pueblo cosaco de Besarabia, a la orilla del mar Negro. Como miembro de la Juventud Comunista, había sufrido especialmente con las vicisitudes políticas de su patria chica, territorio disputado por Rumania y la Unión Soviética. Comarofsky llegó a México a mediados de los años veinte y estudió química en la UNAM; además, estableció un estrecho vínculo ideológico con Lombardo, a quien consideraba “maestro y dirigente máximo”.68

En 1937, la UOM amplió su radio de acción mediante la creación de una Escuela de Preparación Sindical que daría a los obreros herramientas concretas para la lucha sindical, la aparición de una publicación semanal en inglés titulada Mexican Labor News, así como la introducción de cursos por correspondencia. Y, como botón de muestra del deseo constante de la UOM de incidir en el debate público, está un curso ofrecido en 1937: “La democracia en el siglo XX: el Frente Popular”, a cargo de Víctor Manuel Villaseñor, reflejando los debates de la izquierda contemporánea, los cuales antecedieron la conversión del partido oficial, de Partido Nacional Revolucionario (PNR) a Partido de la Revolución Mexicana (PRM) a principios de 1938.69 Por lo demás, destaca el interés de la UOM en constituirse en una especie de mediador imparcial entre el gobierno y las clases trabajadoras: activo al parecer sólo en 1936, el Departamento de Investigaciones Sociales proponía elaborar, en caso de huelgas o demandas salariales, un estudio científico de la situación para que las partes en conflicto alcanzaran un acuerdo. Vigente entre 1937 y 1938, el Departamento Biotipológico se propuso realizar estudios científicos acerca del “estado fisiológico” de los distintos tipos de trabajadores del país, en aras de precisar cuáles eran los mejores métodos de trabajo y las medidas de higiene más adecuadas en el campo y la industria.70

“Para los fascistas, México es la España de América”: así afirmaba el texto del folleto en inglés que, en 1938, anunció la Escuela de Verano para extranjeros en la UOM. Como trasfondo, estaba la pasión que la Guerra civil española había despertado en la izquierda mexicana, una pasión que hermanaba las causas y motivos de la Revolución mexicana con los de la República española, dando lugar al primer gran momento del antifascismo mexicano.71 Según la UOM, México tenía una posición única como “vanguardia” de América Latina, considerando que países como Brasil, Perú, Uruguay, Bolivia, Argentina, Venezuela, Ecuador, Honduras, Guatemala, Salvador, Nicaragua, Cuba y República Dominicana se encontraban ya bajo regímenes pro o semifascistas, o bajo dictaduras militares sostenidas únicamente por la violencia, los intereses del imperialismo extranjero y la ayuda de agentes fascistas.72 De acuerdo con el folleto, la necesidad de salvar a un determinado país de una supuesta “amenaza comunista” había sido la justificación en varios golpes de Estado fascistas en la historia reciente, de ahí que la “Fascist International” pretendiera destruir el “bastión democrático” que México representaba en América Latina, atacando al régimen de Cárdenas y azuzando a reaccionarios locales. En consecuencia, el curso de verano de la UOM se proyectara como una escuela antifascista que invitaba a los sectores progresistas de Estados Unidos a trascender el mero “good will” y trabar así un conocimiento directo con la realidad de América Latina.73

Marcando un precedente que sería fundamental para los futuros miembros de “Alemania Libre”, la UOM se valió desde el principio de las voces del exilio para abrir una ventana privilegiada al destino histórico de un país específico, permitiendo así hacer una llamada de atención respecto de los “problemas que más interesan a los trabajadores mexicanos, a los de la América Latina y a los de los países coloniales y semicoloniales de todos los continentes”.74 De ahí que, en 1938, dos protagonistas de la oposición política en Cuba, el geógrafo Jorge A. Vivó y la diseñadora Clara Porset compartieran sus experiencias con los estudiantes extranjeros de la Escuela de Verano, y que la UOM ofreciera un curso llamado Fundamentos filosóficos del socialismo, a cargo del célebre comunista argentino Aníbal Ponce. En 1939, el comunista paraguayo Óscar Creydt fungió como docente de Economía política en la UOM y, un año después, el político y poeta nicaragüense Salomón de la Selva apareció dictando clases de literatura para extranjeros.75 Un ejemplo adicional de la pluralidad ideológica en la UOM concierne a los Rühle: en 1938, a pesar del distanciamiento entre la pareja y los círculos lombardistas, Alicia apareció por primera (y única) vez como docente de alemán, mientras que las ideas pedagógicas de su marido siguieron siendo estudiadas.76

La presidencia de Manuel Ávila Camacho (1940-1946) marcó el inicio del fin de la gran influencia que Vicente Lombardo Toledano tuvo en los altos círculos del gobierno mexicano, aunque nunca perdería su relevancia como figura política, lo que se debe también a su prestigio internacional. La actuación de Lombardo en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, como promotor de alianzas continentales y de un mayor entendimiento entre los países iberoamericanos, es inseparable de su rol como líder de la CTAL, que, fundada en 1938, celebró su primer congreso en la Ciudad de México en 1941. Si bien la CTAL había permanecido inicialmente al margen del conflicto, reflejando una cercanía con la posición de la Unión Soviética, mantenida mientras el Pacto entre Hitler y Stalin estuvo vigente (1939-1941), la invasión de la Unión Soviética por parte de Alemania supuso un cambio radical al seno de la CTAL.77 Para 1941, como muestra un discurso titulado “Cómo actúan los nazis en México” y pronunciado en un mitin multitudinario, Lombardo había consolidado su reputación como vocero del antifascismo en el país. Así, alertó sobre los peligros que él creía que el fascismo suponía para México: no sólo que los planes de dominio universal de Hitler se extendieran al continente americano, sino que “grupos fascistas criollos” como la Unión Nacional Sinarquista o el Partido Acción Nacional, fundados en 1937 y 1939 respectivamente, cobraran una mayor influencia en el país.78 Lombardo criticaba el enfoque “antiparlamentario, antidemocrático y antilibertario” de ambos grupos, proclives a la colaboración con “gachupines falangistas”, “alemanes nazis” y “fanáticos clericales” para realizar campañas en contra de aquellos que luchaban en pro de la Revolución mexicana, so pretexto de un supuesto “peligro comunista”.79 Por último, Lombardo se arrogaba implícitamente la voz de toda la izquierda mexicana —incluyendo al PCM— para reiterar que no había nadie en México que pretendiera instaurar un “gobierno del proletariado”, sino una clase obrera dispuesta a cooperar con el gobierno bajo la bandera de unidad nacional, siempre y cuando éste tomara una posición abiertamente antifascista, y que defendiera tanto los intereses económicos como la Constitución del país.80

De ahí que, en 1941, la estructura de la UOM se adaptara a las necesidades políticas del momento, introduciendo cursos trimestrales de “capacitación económica-social” para todos aquellos que quisieran profundizar en “los problemas de índole universal que la segunda guerra del mundo” había planteado en México y en el continente americano. Respecto del periodo 1940-1941, ante la pérdida quizá no irreparable de los planes de estudio originales, es muy probable que se haya mantenido el enfoque de 1939, describiendo a la guerra como parte de la “crisis general del sistema capitalista”, aunque dando un peso mayor a la Unión Soviética como enemiga declarada — ahora sí, tras la ruptura del Pacto Ribbentrop-Molotov— del fascismo.81

1942: un punto de quiebre

A unos cuantos días de que México le declarara la guerra al Eje, tras el hundimiento de varios buques petroleros a manos de torpedos alemanes, Vicente Lombardo escribió un texto contundente titulado Una intriga nazi contra la defensa del continente latinoamericano. La intriga en cuestión, según Lombardo, consistía en una campaña de difamación realizada en torno suyo respecto del viaje que hizo a Estados Unidos en febrero de 1942, en calidad de presidente de la CTAL. Se le atribuían una serie de diatribas en contra del gobierno de Estados Unidos, oscureciendo el hecho de que, en realidad, había ido allí para proponer un programa de lucha común para los trabajadores de todo el continente.82 Así, concluía Lombardo, sólo podía tratarse de un caso más de “propaganda nazi”, siendo ésta la principal interesada en bloquear la política de conciliación emprendida por la CTAL, proponiéndose “sublevar al pueblo” en contra de los gobiernos enemigos del “nazifascismo” así como destruir los “lazos de amistad” entre América Latina y Estados Unidos”. El caso es que, una vez que México entró a la guerra del lado de los aliados, la retórica de solidaridad intercontinental adquirió un fuerte impulso, siendo articulada por Lombardo no sólo en la CTAL sino también al seno de la propia UOM. A su vez, la posición internacional de Lombardo fortaleció su rol como mecenas del exilio antifascista lo que, a principios de la década de 1940, repercutió en beneficio del exilio comunista alemán, y del prestigio académico de la propia Universidad Obrera de México.

En el plan de estudios de la UOM para 1942, se señaló la necesidad de hacer frente a la “gran crisis histórica en que nos hallamos”, la cual imponía una nueva tarea a los trabajadores: “La defensa de la Patria y del continente americano, y la derrota del fascismo internacional”.83 Y nunca, como en ese año, pudo contar la planta docente de la UOM con un mayor número de personalidades destacadas que, con una mayoría de germano-hablantes, cumplió dos funciones básicas dentro de la institución: satisfacer la sed que existía de conocimientos respecto de la Unión Soviética y ofrecer un retrato veraz del fascismo en Alemania e Italia. Así, como he insistido a lo largo del trabajo, ello colocó a los miembros de esta segunda oleada de germano-hablantes en una línea de continuidad con el trabajo desempeñado por otros exiliados, latinoamericanos y europeos, dentro de la UOM. De todas formas, ningún país además de México recibió tanta atención en el currículo de la UOM como la que entonces se dedicó a Alemania, como consta en el siguiente curso de 1942:

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Al final del plan de estudios, una lista de biografías detallaba las trayectorias de los exiliados, destacando la contribución de muchos de ellos —antiguos combatientes de las Brigadas Internacionales— a la labor de la República Española, como en el caso de los escritores Ludwig Renn y Bodo Uhse, el activista político Walter Janka y los periodistas: alemanes como Georg Stibi y Rudolf Feistmann, austriacos como Leo Katz y Bruno Frei, y checos como André Simone y Egon Erwin Kisch.84 Se celebraba también la presencia en la UOM de Anna Seghers, “la mejor escritora de habla alemana” y presidenta del Club Heinrich Heine de México, antecedente directo de la organización “Alemania Libre” (Bewegung Freies Deutschland), y de Paul Westheim, “el mejor crítico de arte de Alemania” y posteriormente autor de varios libros sobre el arte de los antiguos mexicanos. Entre los suizos destacaron: por un lado, el arquitecto y urbanista Hannes Meyer, quien dictó una vasta serie de conferencias sobre “La U. R. S. S. de hoy” y que, entre 1942-1943 y 1946-1949, dirigió el Taller de Gráfica Popular, la asociación de artistas que retomó la labor de la LEAR a partir de 1937; por el otro, la periodista Gertrud Duby quien, tras un interés temprano por el zapatismo, se convirtió en experta de los pueblos indígenas del sureste mexicano, como los lacandones.85 La visión de los alemanes respecto del fascismo fue complementada por la de italianos, como Mario Montagnana y Francisco Frola, mientras que la parte hispano-hablante estuvo cubierta por el poeta chileno Pablo Neruda, autor de “numerosos poemas antifascistas”, el periodista costarricense Vicente Sáenz Rojas, docente de un curso sobre “La Guerra de Invasión de España”, así como por Wenceslao Roces, traductor de Marx al español y antiguo subsecretario de Educación en la República Española.86 La estructura de UOM se plegó para hacer frente a cuestiones prácticas: un nuevo cuerpo de exploradores contribuiría a la “organización deportivo-militar” de los sindicatos, mientras que la Escuela para Extranjeros cubriría las necesidades de los “extranjeros asilados”, ofreciendo cursos en inglés, francés y alemán.87

En particular, Lombardo estableció una estrecha relación de cooperación con dos exiliados: en primer lugar, con un viejo conocido suyo, André Simone (Otto Katz), periodista checo de habla alemana y origen judío.88 Al lado de Willi Münzenberg, Simone había participado en la edición de uno de los clásicos de la literatura antifascista, el Libro Pardo (Braunbuch über Reichstagsbrand und Hitlerterror) de 1933.89 En México, Simone fue redactor en jefe de uno de los proyectos más ambiciosos de “Alemania Libre”: la publicación en 1943 de El Libro Negro del Terror Nazi en Europa, cuyo mérito principal radica en haber sido una llamada de atención sobre los crímenes cometidos en contra del pueblo judío.90 La figura de Simone/Katz fue siempre objeto de controversias, tomando en cuenta su calidad de agente secreto soviético, y desde un principio se convirtió en blanco de los ataques de la “disidencia” al seno del exilio alemán, como en el caso del excomunista Gustav Regler.91 El caso es que Simone se convirtió en un colaborador asiduo de los proyectos educativos y editoriales de Lombardo, e incluso participó en actividades de la CTAL.92 En la UOM, André Simone dio una serie de conferencias con títulos como “Labor de agitación y de descomposición de los nazi-fascistas en el continente americano”, “Métodos de propaganda del nazi-fascismo” y “Cómo se lee y se hace un periódico”.93 Además, Simone se convirtió en colaborador del periódico El Popular, que habiendo surgido como órgano oficial de la CTM en 1938, se había convertido en un periódico independiente en 1941, con una clara línea lombardista.94 El Popular promovía un tipo de periodismo accesible para la clase trabajadora, en donde tenían cabida tanto la nota roja o deportiva como los artículos de fondo, a cargo de renombrados intelectuales locales o extranjeros, y que funcionaba adicionalmente como un escaparate para las actividades de la Universidad.

En segundo lugar, otro de los colaboradores más cercanos de Lombardo fue el húngaro Laszlo Radványi, cuya obra en México ha permanecido en la sombra, oculta quizás tras la fama de su mujer, la célebre escritora Seghers, y aparentemente justificada por el papel secundario que desempeñó en la organización “Alemania Libre”. En realidad, dentro de esta segunda oleada de exilio “alemán” no había nadie mejor preparado que Radványi en términos de educación proletaria, pues había sido el director de la Escuela Obrera de Berlín (Marxistischer Arbeiterschule, MASCH), fundada por el Partido Comunista Alemán a fines de 1925, con el propósito de promover la enseñanza de las bases teóricas del marxismo, así como su aplicación en todas las áreas de la vida y lucha proletarias. La MASCH alcanzó una gran popularidad en círculos comunistas y procomunistas, e incluso social-democráticos y burgueses: en el primer curso de 1925-1926 ofreció 19 asignaturas a los que asistieron 146 personas, mientras que para el de 1930-1931 la oferta se extendía a 200 cursos, con 4 000 participantes, éxito que llevó al KPD a fundar una treintena de establecimientos similares en las grandes ciudades de Alemania, así como a introducir cursos por correspondencia.95 La gran capacidad de convocatoria de MASCH se reflejó, sobre todo, en su planta docente, compuesta por varias de las grandes figuras de la izquierda en la época de Weimar como Alfons Goldschmidt, Egon Erwin Kisch, John Heartfield, Edwin Hoernle, Ludwig Renn, Walter Gropius y György Lukács, e incluso Albert Einstein llegó a dar clases sobre la teoría de la relatividad.96 Ante los constantes ataques por parte del partido nazi, Schmidt/Rádvanyi optó por el exilio en París, donde la MASCH, clausurada por la policía en 1933, fue revivida bajo el nombre de Universidad Libre Alemana (Freie Deutsche Volkhochschule) en 1935.97 Ésta, valiéndose de un enfoque menos politizado, dio acogida a intelectuales, científicos y artistas en el exilio, hasta el cierre obligado tras la ocupación alemana de Francia y el envío de Rádvanyi al campo de concentración Le Vernet, donde siguió dando cursos y aprendió español. Rádvanyi llegó a México el 30 de junio de 1941 y permaneció ahí hasta 1952.98

Incluso antes de que Rádvanyi llegara a México, la UOM había traducido y adaptado varios de los materiales de enseñanza de la MASCH, folletos que formaban parte de una serie titulada Marxistische Arbeiterschulung, editados originalmente por Hermann Duncker, Alfons Goldschmidt y Karl-August Wittfogel.99 Después de todo, la MASCH se posicionaba abiertamente en contra de una educación neutral y ofrecía una enseñanza que, usando palabras de Lombardo, tenía un “carácter esencialmente político” para crear trabajadores con “una conciencia de su clase y de su papel histórico”.100 Entre los lemas que guiaban la acción de MASCH estaba el de “Wissen ist Macht!” (Saber es Poder), palabras de Wilhelm Liebknecht, fundador del Partido Social-demócrata y padre de Karl, fundador del KPD, así como la frase de Lenin: “Sin teoría revolucionaria, no hay acción revolucionaria”.101 El currículo ofrecido permitiría a las clases trabajadoras no sólo conocer cuáles eran sus intereses sino cómo conseguirlos, ello mediante clases con títulos y temáticas como “Wie verteidigt sich der Proletarier vor Gericht?” (¿Cómo puede defenderse un proletario ante un tribunal?).102

Al incorporarse a la UOM en enero de 1942, Radványi llenó implíctamente el vacío que Goldschmidt, fallecido dos años atrás, había dejado en la institución.103 Al igual que su predecesor, Rádvanyi entabló amistad con Silva Herzog, quien seguramente desempeñó un papel crucial para que en 1944 Radványi se convirtiera en catedrático de Economía en la Universidad Nacional.104 En México, Rádvanyi trascendió la atención que antes había puesto exclusivamente en los estudios marxistas para interesarse en nuevos campos, lo cual no fue síntoma del abandono de sus ideales políticos, sino una ampliación de intereses previos. Según narra su hijo Pierre, Radványi se ocupó del tema de la opinión pública, de acuerdo con las encuestas popularizadas por una compañía americana fundada en 1935, el Instituto Gallup.105 En 1942, por encargo de Lombardo, Radványi fundó un Instituto de la Opinión Pública, el cual llevó a cabo una amplia gama de “mediciones por muestreo” sobre aspectos económicos, sociales y culturales de la población de México a lo largo de una década.106 Al dedicar sus esfuerzos a la obtención de datos objetivos, a partir de una muestra representativa y valiéndose de métodos científicos, sobre las características y situaciones de amplios grupos sociales, el propósito de Radványi era todo menos puramente académico. Como bien señalan Moreno y Sánchez, se trataba —ante todo— de influir en la elaboración de las políticas públicas y en la toma de decisiones del gobierno, lo cual siempre había sido una inquietud presente en la UOM.107 El trabajo de Rádvanyi, pionero e innovador, cayó en el olvido, y no fue sino hasta los años ochenta en que las encuestas regresaron a la vida política del país que, en los albores del multipartidismo, era más receptivo a la posibilidad de medir —de forma independiente— tanto el éxito de las políticas públicas como las percepciones de los gobernados.108 Como había dicho Radványi en 1942, “aunque un gobierno democrático no es un requisito para la existencia de la opinión pública, sí es una condición para su libre expresión”.109

Preparándose para la posguerra

En abril de 1943, Lombardo afirmó ante su audiencia en la UOM que “la victoria de las Naciones Unidas sobre las Potencias del Eje hará desaparecer el fascismo como régimen político […] pero no suprimirá la tendencia permanente del capital financiero hacia el establecimiento de la dictadura”.110 El único remedio, aseguraba, consistía en “la ampliación del sistema democrático hasta el límite compatible con el carácter privado de la propiedad”, exhortando a proseguir la lucha en contra de las “fuerzas antidemocráticas”. Lombardo presentó así, característicamente, una solución de compromiso que le permitiera extender su influencia política en la posguerra, una vez que las alianzas coyunturales que la participación de México en el conflicto bélico había hecho posible, llegaran a su fin. Ello incluía fortalecer su papel como líder obrero internacional; de ahí que en 1943 la estructura de la UOM se plegara a una colaboración directa con la CTAL, convirtiéndose en “centro de preparación de los cuadros del movimiento obrero sindical latinoamericano”.111 En 1944, apostando a la cercanía con América Latina, se abrió un “Instituto de Preparación para Trabajadores de América Latina”; además, anticipando el mundo bipolar de la Guerra fría, se inauguraron también el Centro de Estudios sobre Estados Unidos y un Centro de Estudios sobre la U. R. S. S., cuyo plan de estudios fue diseñado por Radványi.112

La labor latinoamericanista de la UOM es un tema que comienza a despertar interés. Como insiste Herrera, esta universidad fue un punto de encuentro para el sindicalismo mexicano, pero también el lugar donde se fraguaron los vínculos con los líderes obreros del continente, mediante “cartas, telegramas y comunicados de prensa” que propugnaron el respeto a los derechos políticos y laborales en la región.113 La UOM fue un referente en América Latina, en parte también por la gran labor editorial que emprendió, dando luz a muchas publicaciones de la CTAL e incluso de la CTM, y estableciendo vínculos con instituciones similares, como en el caso de la Universidad Obrera Argentina (UOA, fundada en 1938), que contaba con docentes de la calidad de Mario Bunge y Arturo Frondizi. Esta institución, orientada principalmente a formar técnicos, pugnaba por hacer valer “la importancia de la cultura sindical”, hasta que fue clausurada por la policía a fines de 1943.114 Dentro del propio México, la UOM fue también un referente, llegando a los rincones del país mediante el envío de materiales y la educación a distancia.115

El tema de la recepción de las enseñanzas de la UOM, prescindiendo de lo mucho que aún falta por investigar, es complejo. Una primera reflexión concierne a su gran flexibilidad como institución que, si bien fue capaz de incorporar a nuevos docentes (exiliados, por ejemplo) sin las trabas burocráticas de una universidad más impersonal, así como de adaptarse a las circunstancias de su presente con un desfile constante de nuevas Escuelas y Departamentos, es probable que haya tenido dificultades a la hora de llevar sus proyectos a su conclusión última. Una segunda reflexión lleva al tema, fundamental, del alumnado. Está el testimonio demoledor de Víctor Manuel Villaseñor, quien afirmó que “en la Universidad Obrera los obreros brillaban por su ausencia” y que predominaban los estudiantes de clase media que querían aprovecharse del bajo costo de la educación, fenómeno facilitado por el “verdadero boicot” que el liderazgo de la CTM había organizado en contra de la UOM.116 Sin embargo, los documentos que han sobrevivido de la Sociedad de Alumnos de la Universidad muestran una realidad más compleja, donde los estudiantes no eran necesariamente oportunistas o pasivos. A fines de 1940, entre los estudiantes de la UOM se creó el Grupo Cultural “Avanzada” en aras de realizar “propaganda” en pro de la UOM para que un “mayor número de trabajadores” pudiera aprovechar sus enseñanzas.117 En 1942, la Sociedad de Alumnos de la UOM puso a Lombardo al corriente de sus actividades en sindicatos y en las colonias populares de la ciudad, donde daban asesorías, organizaban escuelas nocturnas y distribuían materiales impresos por la UOM, ayudados por el profesor Isaac Libenson, comunista argentino.118 Por lo demás, como puede ilustrarse con un par de testimonios disímbolos, Lombardo tenía un gran carisma en la juventud izquierdista de la época: por un lado, el de Verna Carleton Millan, una americana avecindada en México, quien aseguraba que “if Vasconcelos was the idol of the students in 1929, Lombardo in 1939 is rapidly capturing a similar place”;119 por el otro, los recuerdos del historiador y economista Enrique Semo, quien tuvo su primer contacto con el marxismo durante su adolescencia al escuchar los “discursos kilométricos” de Lombardo, un “tribuno” que “te reducía por la palabra”.120

Una tercera reflexión concierne el tema del financiamiento y —por consiguiente— de la autonomía. Según Daniela Spenser, el subsidio anual que la UOM recibía del gobierno, como el de 1941, en reconocimiento al apoyo otorgado por Lombardo a la campaña presidencial de Ávila Camacho, era “una compensación por la fiel colaboración de su fundador con el gobierno en turno, no por su sustantiva contribución a la educación de la clase trabajadora”.121 El problema de tal afirmación es que reduce la trayectoria de la UOM a un juicio ad hominem, sin que baste la figura de Lombardo para explicar a la institución, su funcionamiento cotidiano e incluso su supervivencia hasta el día de hoy. Es cierto, como señala Spenser, que la UOM se convirtió en el “coto” de Lombardo, administrado por su familia y seguidores; es cierto, también, que la cooptación de intelectuales fue una característica del régimen de partido único en México, pero también los subsidios del gobierno llegaron a su fin.122

Una cuarta y última reflexión se refiere al carácter de la UOM como proyecto cosmopolita, considerando que los debates e interrogantes planteados en torno a la educación socialista, lejos de ser un asunto puramente mexicano, fueron una preocupación clave de la izquierda europea y latinoamericana. Ésta se vio confrontada al dilema de atraer a una población carente del ocio necesario para la adquisición de la cultura, así como de definir el tipo de cultura que podría traducirse en acción política. En este sentido, la llegada a México del exilio comunista alemán fue un eslabón más de un proceso, comenzado desde mediados de la década de 1920, de intercambio de ideas y expansión de redes políticas y académicas. Así, la historia de la UOM en las décadas de 1930 y 1940 muestra cómo el exilio alemán ni vino a sacar a México de un supuesto “purgatorio cultural” ni se vio confrontado a un país donde las ideologías políticas necesariamente devenían en “chirigota tropical”.123

Anexo I: organización y planta docente de la UOM (1938-1945) Sección

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Archivos consultados

Institut für Zeitgeschichte, Múnich, Alemania.

Fondo Histórico Vicente Lombardo Toledano, Universidad Obrera de México, Ciudad de México.

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Sobre la autora
Andrea Acle-Kreysing
Leipzig Universität, Alemania, e investigadora del Proyecto PAPIIT (IA400617) “Republicanos españoles en América Latina durante el franquismo 1939-1975”, DGAPA-UNAM.


Citas

  1. Daniela Gleizer, El exilio incómodo. México y los refugiados judíos, 1933-1945, 2012, pp. 196-198; Heidi Zogbaum, “Vicente Lombardo Toledano and the German Communist Exile, 1940-1947”, Journal of Iberian and Latin American Studies, vol. 11, núm. 3, 2005, p. 1. []
  2. Andrea Acle-Kreysing, “Shattered Dreams of Anti-fascist Unity: German Speaking Exiles in Mexico, Argentina and Bolivia, 1937-1945”, Contemporary European History, vol. 25, núm. 4, 2016, pp. 672-673. []
  3. Andrea Acle-Kreysing, “Antifascismo: un espacio de encuentro entre el exilio y la política nacional. El caso de Vicente Lombardo Toledano en México”, Revista de Indias, vol. 76, núm. 267, 2016, p. 593. []
  4. Heidi Zogbaum, op. cit., p. 2. []
  5. Agradezco a Enrique Gutiérrez de la Cruz haberme facilitado las copias de los planes de estudio de la Universidad Obrera, los cuales se conservan en la biblioteca de esta institución, así como un gran número de documentos del Fondo Histórico Vicente Lombardo Toledano (en adelante FHVLT). []
  6. John Lear, Picturing the Proletariat. Artists and Labor in Revolutionary Mexico, 1908-1940, 2017, pp. 160-161. []
  7. Ibidem, pp. 162-164. []
  8. Barry Carr, Marxism and Communism in Twentieth-Century Mexico, 1992, pp. 8-9. []
  9. Acle-Kreysing, “Antifascismo: un espacio…”, op. cit., pp. 583-584. []
  10. Barry Carr, op. cit., p. 6. []
  11. Vicente Lombardo Toledano, “Prólogo (1963)”, en Idealismo vs. materialismo dialéctico. Caso-Lombardo, 1975, p. 25. []
  12. El artículo fue regulado, de manera moderada, en 1939 y 1942, y fue derogado en 1945. Victoria Lerner, “Historia de la reforma educativa”, Historia Mexicana, vol. 29, núm. 1, 1979, pp. 109, 112-117. []
  13. Daniela Spenser, En combate. La vida de Vicente Lombardo Toledano, 2018, pp. 34-35, 71. []
  14. Vicente Lombardo Toledano, “Del patrimonio de la Universidad”, octubre de 1931, FHVLT, apud ibidem, p. 71. []
  15. Daniela Spenser, op. cit., pp. 34-35. El célebre grupo de “los siete sabios” estuvo compuesto por Lombardo Toledano, Manuel Gómez Morín, Alfonso Caso, Antonio Castro Leal, Alberto Vásquez del Mercado, Teófilo Olea y Leyva, y Jesús Moreno Vaca. []
  16. John Innes, “The Universidad Popular Mexicana”, The Americas, vol. 30, núm. 1, 1973, pp. 112-114. En 1916 se registró la participación de 15 000 personas en los eventos organizados durante el año. []
  17. De acuerdo con Melgar Bao (“Las universidades populares en América Latina, 1910-1925”, Estudios, núms. 11-12, 1999, p. 42), a principios del siglo XX, las universidades populares fueron un fenómeno extensivo a toda América Latina, “parte de una nueva cultura política popular en donde las nuevas élites intelectuales y obreras aprendieron a eslabonar política y pueblo”, ejemplificada también por la Universidad Popular González Prada, de Perú, o la Universidad Popular Alejandro Korn, en Argentina. []
  18. Daniela Spenser, op. cit., pp. 44-49, 72. En 1922, probablemente a iniciativa de Lombardo Toledano, se estableció la primera escuela de educación obrera de la CROM. También en ese año, Lombardo presidió la fundación del Grupo Solidario del Movimiento Obrero que pro moviendo un acercamiento con las clases trabajadoras, más allá del problema clásico de la difícil organización y la falta de recursos, logró enlistar a personajes como: Alfonso Caso, Daniel Cosío Villegas, Pedro Henríquez Ureña, Manuel Gómez Morín, José Clemente Orozco, Carlos Pellicer, Diego Rivera, Guillermo Toussaint, José Gorostiza, Lupe Rivas, etc. Véase “Lista de los miembros del G. S. M. O.”, s. f., FHVLT. []
  19. Daniela Spenser, op. cit., p. 72. []
  20. Vicente Lombardo Toledano, “Prólogo”, op. cit. []
  21. Ibidem, pp. 8-9. []
  22. Ibidem, p. 13. []
  23. Ibidem, pp. 15-16. []
  24. Antonio Caso, “El debate en la Universidad”, pp. 34-36, 60-62. Todos los textos concernientes a la polémica del Caso-Lombardo provienen de Vicente Lombardo Toledano, Idealismo vs. materialismo dialéctico. Caso-Lombardo, 1975. []
  25. Vicente Lombardo Toledano, “El debate en la Universidad”, pp. 52-56. []
  26. Alejandro Estrella, “La recepción del marxismo en el campo filosófico mexicano de los años treinta. Una interpretación desde la sociología de la filosofía”, Estudios Sociológicos, vol. 31, núm. 92, 2013, p. 563. []
  27. Una exposición rigurosa del contenido filosófico de la polémica se encuentra ibidem. []
  28. Antonio Caso, “El debate en la Universidad”, p. 76, y “Pompa fúnebre de un renegado claudicante”, p. 284; Vicente Lombardo, “El reclutamiento del espiritualismo”, pp. 100-102. []
  29. Vicente Lombardo Toledano, “La providencia divina a la vista”, p. 269; “Confesiones de un renegado”, pp. 264, 269, y “Mi espíritu se llena de gozo”, p. 171. []
  30. Antonio Caso, “La filosofía social y el materialismo histórico”, pp. 131, 133. []
  31. Daniela Spenser, op. cit., p. 89. []
  32. Jesús Nieto Sotelo, “La Universidad Gabino Barreda”, Antropología, Boletín Oficial del INAH, núm. 65, enero-marzo de 2002, p. 58; vid. del mismo autor Estatutos que regirán a la “Asociación Pro-Cultura Nacional”, México, Imprenta Mundial (Biblioteca de la UOM), 1933. []
  33. “La crisis actual y los profesionistas”, U. G. B. Revista de Cultura, núm. 1, octubre de 1935, pp. 80-81 apud ibidem. Al parecer, ésta no cumplió todas las expectativas de Lombardo, quien, a finales de 1934, envió junto con Xavier Icaza una propuesta a Francisco J. Múgica con la esperanza de que llegara a Lázaro Cárdenas, a punto de tomar posesión de la presidencia. Ahí sugerían que el Estado debía asumir un mayor control de la vida económica, política y cultural del país, llevando a cabo proyectos como la creación de la Universidad Socialista del Estado. Vid. Daniela Spenser, op. cit., pp. 93-94. []
  34. Jesús Nieto Sotelo, “La Universidad Gabino Barreda”, op. cit., p. 59. []
  35. Workers University of Mexico. Summer School for Foreigners. 1936 y Plan de estudios de la Universidad Obrera de México, 1936, p. 4 (Biblioteca de la Universidad Obrera, Ciudad de México). []
  36. Cfr. Alejandro Estrella, “La recepción del marxismo… “, op. cit., pp. 552, 575. []
  37. Wolfgang Kießling, “Vom Grunewald nach Woodstock über Moskau. Alfons Goldschmidt im USA-Exil”, en Thomas Koebner, Wulf Köpke, Claus-Dieter Kohn y Liselotte Maas (eds.), Politische Aspekte des Exils, 1990, pp. 106-198. []
  38. Manuel López de la Parra, El pensamiento político y económico de Alfons Goldschmidt (1879-1940), 2009, pp. 96-99, 102-103 y 107-108. Algo parecido le había ocurrido a Goldschmidt en la Universidad de Córdoba, Argentina, donde tuvo lugar un choque dramático entre la juventud que lo aclamaba y las autoridades universitarias que decidieron expulsarlo unilateralmente. Vid. Alfons Goldschmidt, Argentinien, 1923, pp. 93-97. []
  39. Acle-Kreysing, “El exilio antifascista de habla alemana en México durante la Segunda Guerra Mundial: una peculiar adopción del mito de la Revolución mexicana”, en Elena Díaz Silva, Aribert Reimann y Randal Sheppard (eds.), Horizontes del exilio. Nuevas aproximaciones a las experiencias de los exilios entre Europa y América Latina, 2018, pp. 169-195. []
  40. Carta de Alfons Goldschmidt a Vicente Lombardo (Nueva York, 1 de julio de 1938), FHVLT. []
  41. Fritz Pohle, Das mexikanische Exil, 1986, pp. 100, 112. []
  42. Carta de Alfons Goldschmidt a Lázaro Cárdenas (3 de septiembre de 1939), FHVLT. Goldschmidt pedía financiamiento para reactivar su Social Economic Laboratory, establecer contactos con universidades en ambos lados de la frontera para estimular el intercambio de profesores y estudiantes; además, proponía escribir en español una historia socioeconómica de Estados Unidos. []
  43. Óscar de Pablo Hammeken, “La rojería. Diccionario biográfico de la izquierda socialista mexicana”, Memoria, núm. 243, 2010, pp. 48. []
  44. Manuel López de la Parra, El pensamiento económico de Fritz Bach, 2005, p. 24. []
  45. Ibidem, pp. 36-37. []
  46. Rühle había estado ya en el país en 1930, experiencia que le llevó a preparar, dos años después, un libro titulado Imperialismus in Mexiko, el cual nunca fue publicado. Véase Fritz Pohle, “Otto Rühle und die educación socialista. Als Berater der mexikanischen Regierung im überseeischen Exil”, en Gerd Stecklina y Joachim Schille (eds.), Otto Rühle. Leben und Werk (1874-1943), 2003, p. 186. []
  47. Bach escribió una larga carta a Lombardo con motivo de un artículo que éste había publicado en Futuro, en contra del derecho de asilo para Trotsky en México. Lombardo argumentaba que el trotskismo, al oponerse a la construcción de frentes populares, provocaba la desunión de los sectores populares, facilitando así el ascenso del fascismo. Bach creía que el derecho de asilo debía mantenerse al margen de opiniones políticas, protegiendo el acceso que futuros revolucionarios pudieran tener a este derecho, “ya que la mayoría de los emigrados políticos son de la izquierda y, desgraciadamente, la mayoría de los gobiernos son de la derecha”. Además, sobre las purgas que Stalin había hecho de los antiguos líderes bolcheviques, Bach opinaba: “Es imposible creer que de todos los colaboradores íntimos de Lenin solamente uno haya quedado firme y todos los demás se hayan convertido en traidores” [todos aparece subrayado en el original]. Carta de Federico Bach a Vicente Lombardo (México, 23 de enero de 1937), FHVLT. []
  48. Lizette Jacinto, “Desde la otra orilla: Alice Rühle-Gerstel y Otto Rühle. La experiencia del exilio político de izquierda en México, 1935-1943”, Historia Mexicana, vol. 64, núm. 1, 2014, pp. 161-162. []
  49. Éste era el periódico oficial de la sep. Para la traducción de sus trabajos, Rühle contó con la ayuda de Mariana Frenk-Westheim. Fritz Pohle, “Otto Rühle…”, op. cit. pp. 184-185 y Peter Brunner, “Die Bibliothek und das Wirken von Alice und Otto Rühle in Mexiko”, en Stecklina y Schille (eds.), op. cit., pp. 165, 168. Según Jorge Fuentes, Otto Rühle contribuyó a la escritura de una célebre obra que Trotsky escribió en México, El pensamiento vivo de Karl Marx; no obstante, Trotsky sólo menciona en una nota al pie cómo Rühle le brindó ayuda con un excelente resumen del primer volumen de El capital, “base del sistema económico de Marx”. Vid. Jorge Fuentes Morúa, “El exilio alemán y la recepción del marxismo en México”, Pacarina del Sur, núm. 3, abril-junio de 2010, p. 11. []
  50. Lizette Jacinto, “Desde la otra orilla… “, op. cit., pp. 193-194; Fritz Pohle, “Otto Rühle… “, op. cit., p. 188. []
  51. Barry Carr, op. cit., p. 6. []
  52. En la Editorial América y con el argentino J. Harari como cotraductor, bajo el título Carlos Marx, economía política y filosofía. Relaciones de la economía política con el Estado, el Derecho, la Moral y la Vida Burguesa. Jorge Fuentes (“El exilio alemán… “, op. cit., pp. 12-13, 23-24) señala que se basaron en dos ediciones: la francesa, de J. Molitor (1937), y la alemana, de S. Landshut y J. P. Mayer (1932) —cercana a la socialdemocracia alemana—, una elección significativa, existiendo también otra versión, más cercana al marxismo soviético, publicada también en 1932 por el Instituto Marx-Engels-Lenin en Berlín. Rühle-Gerstel participó también en la selección de los escritos de Marx para la obra de Domingo P. de Toledo, México en la obra de Marx y Engels (México, FCE, 1939). []
  53. Legado de Otto Rühle y Alice Rühle-Gerstel en el Institut für Zeitgeschichte (Múnich, Alemania), ED 227, vol. 6. Es un recorte de un periódico o revista, cuyo título se desconoce. []
  54. Alice Rühle-Gerstel se refirió a las mujeres como “proletarias de sexo” en un artículo titulado “Historia del feminismo” (El Nacional, México, 5 de septiembre de 1936), ED 227, vol. 6. []
  55. Alice Rühle-Gerstel, “Educación post-primaria para adultos” [s. p. i.], p. 98. []
  56. Workers University of Mexico. Summer School for Foreigners, 1936, pp. 1-5. []
  57. Ibidem, pp. 6-8. Para un esquema detallado de la organización y planta docente de la UOM vid. el anexo 1. []
  58. Plan de estudios de la Universidad Obrera de México, 1936, p. 5. []
  59. La creación de la Escuela Superior Obrera Karl Marx “para enseñar el origen, el desarrollo y la crisis del régimen burgués y los medios para sustituir este régimen por el socialista” había sido proyectada por Lombardo desde 1933. Entonces buscaba hacerse del control de la CROM, depurándola de los abusos introducidos por el líder Luis N. Morones, poco antes de fundar una nueva central a fines de ese año, la Confederación General de Obreros y Campesinos de México (CGOCM), antecedente de la CTM. Vid. Daniela Spenser, op. cit., pp. 93-94. []
  60. Plan de estudios de la Universidad Obrera de México, 1936, p. 45. []
  61. Ibidem, p. 54. []
  62. Ibidem, pp. 40, 52-53. []
  63. Ibidem, pp. 60-61. []
  64. Ibidem, pp. 32, 64-65. En 1936, además de la inscripción, la colegiatura anual costaba 50 pesos, pagadera en diez mensualidades de 5 pesos cada una. En 1938, pertenecer a un sindicato ya no era requisito forzoso para ingresar a la UOM, pero sí facilitaba ser admitido “preferentemente”, también se detallaban derechos y deberes de los alumnos, quienes podían organizarse en sociedades y quienes se comprometían a contribuir a la “liberación” de la clase obrera. Vid. Universidad Obrera de México. [Plan de estudios], 1938, pp. 43-45. []
  65. Plan de estudios de la Universidad Obrera de México, 1936, pp. 11-12, 24-25; Plan de estudios de la Universidad Obrera de México, 1937, p. 12. []
  66. Junto con el escritor Ernst Toller, Gutmann fue uno de los fundadores de la Liga Pro Cultura Alemana en 1938. Fritz Pohle, Das mexikanische Exil, pp. 85-86. []
  67. En 1944, Sokolov fue víctima de una serie de calumnias respecto de sus lealtades políticas en el contexto de la guerra mundial, las cuales aparecieron en el periódico Excélsior. Sokolov rectificó su trayectoria frente a Ávila Camacho, apelando a las garantías que “un ciudadano honrado tiene derecho a gozar en un país democrático gobernado por régimen constitucional”, y mencionó que uno de sus hijos era aviador en el ejército de Estados Unidos. Vid. Telegrama del Prof. Demetrio Sokolov al presidente Gral. Manuel Ávila Camacho (México, D. F., 16 de junio de 1944); Carta de apoyo a Sokolov suscrita por los catedráticos Leopoldo Ancona, Manuel Chavarría, Guillermo Rocha y Antonio Ramírez Laguna al presidente Ávila Camacho (México, D. F., 16 de junio de 1944), FHVLT. []
  68. F. L. Comarofsky (Prof.), “Apuntes autobiográficos” (sin título en el original), FHVLT. Comarofsky asegura haberse encontrado entre los miembros fundadores de la Asociación Pro-Cultura Nacional, así como de la Preparatoria Gabino Barreda y, finalmente, de la Universidad del mismo nombre. []
  69. Víctor Manuel Villaseñor, Memorias de un hombre de izquierda, 1978, vol. I, pp. 408-409. Para Villaseñor, la creación del PRM que tenía “como puntal la participación de los sectores campesino, obrero, popular y militar del país”, traía aparejada “la liquidación del movimiento obrero y la consagración de su entrega al control político gubernamental”. []
  70. Plan de estudios de la Universidad Obrera de México, 1937, pp. 35-6. Al año siguiente se reportan los primeros trabajos del Departamento Biotipológico en el ingenio de Ayotla y entre los mineros de la región de Pachuca, y se anuncia además un estudio sobre la relación entre el salario mínimo y el valor energético de los alimentos en diversas regiones del país (Plan de estudios de la Universidad Obrera de México, 1938, pp. 33-34). []
  71. Summer School of the Workers University of Mexico, 1938, p. 8. []
  72. Sólo quedaban vestigios de una democracia, según el texto (ibídem) en Colombia, Panamá, Chile, Paraguay y Costa Rica. []
  73. Ibidem, pp. 9-10. []
  74. Ése era el énfasis fundamental de la UOM según el Plan de estudios de la Universidad Obrera de México, 1938, p. 7. []
  75. Workers University of Mexico. Summer School for Foreigners, 1938, p. 33; Universidad Obrera de México. [Plan de estudios], 1938, p. 10; Universidad Obrera de México. Plan de estudios, 1939, p. 10; Universidad Obrera de México. Summer School for Foreigners, 1940, p. 27. []
  76. Universidad Obrera de México. [Plan de estudios], 1938, pp. 16-17. En 1939, en el curso de Psicología de la “Escuela Superior Obrera Karl Marx”, a cargo de Ana María Reyna, se impartió una clase titulada: “El alma del niño en función del medio social: síntesis de Otto Rühle de las doctrinas psicológicas de Adler con la interpretación marxista de la sociedad”. Vid. Universidad Obrera de México. [Plan de estudios], 1939, p. 20. []
  77. Andrea Acle-Kreysing, “Antifascismo: un espacio…”, op. cit., pp. 590-591. []
  78. Vicente Lombardo Toledano, “Cómo actúan los nazis en México” (17 de noviembre de 1941), Obra histórico-cronológica, t. IV, vol. 6 (1941), pp. 34-35. []
  79. Ibidem, pp. 40-42, 55-56. Lombardo denunció también que el Partido Nazi tuviera una filial en México. De hecho, éste se había disuelto por cuenta propia en abril de 1941, a fin de evitar que el gobierno mexicano lo proscribiera y pudiera detener a sus miembros. Éste, tras un periodo de mayor o menor indiferencia, tomó cartas para reducir la influencia del nacionalsocialismo en México en gran parte debido a las presiones ejercidas por Estados Unidos. Véase Jürgen Müller, “El NSDAP en México: historia y percepciones, 1931-1940”, Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe, vol. 6, núm. 2, 1995. []
  80. Esto es, asegurar que México no dependiera económicamente de un modo absoluto de un solo país (Estados Unidos) y que se respetaran los artículos 3, 27, 123 y 130 de la Constitución —entre otras cosas, “una educación científica que explique […] lo que el pueblo de México quiere”. Ibidem, pp. 60-63. []
  81. Universidad Obrera de México. [Plan de estudios], 1939, p. 25. []
  82. Vicente Lombardo, Una intriga nazi contra la defensa del continente latinoamericano (13 de mayo de 1942), 1942, p. 14. []
  83. Universidad Obrera de México. Programa para 1942, pp. 3-4. []
  84. Ibidem, pp. 29-33. []
  85. Helga Prignitz-Poda, “Der tgp im Kreig. Hannes Mayer und Georg Stibi als Geschäftsführer der La Estampa Mexicana”, en Prignitz-Poda, Christina Adam, Ulrike Mühlschlegel y Monika Zessnik (eds.), Taller de Gráfica Popular. Plakate und Flugblätter zu Arbeiterbewegung und Gewerkschaften in Mexiko 1937-1986, 2002, pp. 18-20. Según muestra Gabriela Cano (“Gertude Duby y la historia de las mujeres zapatistas de la Revolución Mexicana”, Estudios Sociológicos, vol. 28, núm. 83, p. 593), fue Lombardo quien facilitó a Duby la participación en su primera excursión a Chiapas. []
  86. Universidad Obrera de México. Programa para 1942, pp. 11, 18, 32-33. []
  87. Ibidem, pp. 24, 29. []
  88. Según Heidi Zogbaum (op. cit., p. 6), Lombardo había coincidido con Katz en Moscú en 1935 y en París en 1938. []
  89. Este libro desmentía las acusaciones de Hitler sobre la supuesta culpa que los comunistas tenían respecto del incendio del Parlamento alemán, el cual había servido a Hitler como excusa para suspender las libertades civiles so pretexto de un estado de emergencia —y, de paso, sofocar a la oposición política. Vid. Anson Rabinbach, “Staging Antifascism: ‘The Brown Book of the Reichstag Fire and Hitler Terror’”, New German Critique, núm. 103, 2008, pp. 97-126. []
  90. Fritz Pohle, Das mexikanische Exil, p. 276; Andrea Acle-Kreysing, “Antifascismo: un espacio… “, p. 597. []
  91. Jeffrey Herf, ” East German Communists and the Jewish Question: The Case of Paul Merker”, Journal of Contemporary History, vol. 29, núm. 4, 1994, pp. 635-639. Katz murió ejecutado a fines de 1952, junto con varios comunistas checos, víctima de una purga política orquestada por Stalin. []
  92. Como consta en una carta de Lombardo a Lic. Miguel Alemán, secretario de Gobernación (México, D. F., 15 de julio de 1943, FHVLT), en la que pide que se le permita la salida del país a André Simone, quien lo acompañará como “asesor” a una reunión del Comité Central de la CTAL en La Habana, el día 26. O en otra carta del director de El Popular, Manuel O. Padrés, a Lic. Ezequiel Padilla, secretario de Relaciones Exteriores (México, D. F., 7 de febrero de 1944, FHVLT) solicitando que Otto Katz (André Simone) pudiera asistir a una reunión de la CTAL en Montevideo el día 25, en calidad de reportero. []
  93. Universidad Obrera de México. Programa para 1942, p. 8-10, 19. Como consta en la autobiografía de Juan Brom, los temas estudiados por Freie Jugend Mexiko, el grupo juvenil antifascista de habla alemana coordinado por “Alemania Libre”, eran bastantes similares. Vid. Juan Brom, De niño judío-alemán a comunista mexicano. Una autobiografía política, 2010, pp. 51-55, 62. []
  94. Juan Campos, El Popular. Una historia ignorada, 2011, pp. 199, 116 y 123-127. En la redacción de El Popular colaboraron, por ejemplo, dos escritores tan disímbolos como Octavio Paz y José Revueltas. []
  95. Joseph Olbrich, Geschichte der Erwachsenenbildung in Deutschland, 2011, pp. 196-198; Gabriele Gerhard-Sonnenberg, Marxistische Arbeiterbildung in der Weimarer Zeit, p. 95. []
  96. Gerhard-Sonnenberg, op. cit., p. 79; Lee Congdon, Exile and Social Thought: Hungarian Intellectuals in Germany and Austria, 1919-1933, 2014, pp. 84-85. []
  97. Joseph Olbrich, op. cit., p. 227. []
  98. Manuel López de la Parra, Laszlo Radvany (Johann Lorenz Schmidt). El hombre, el político, el economista, el maestro, 2009, p. 11; Pierre Radványi, Jenseits des Stroms. Erinnerungen an meiner Mutter Anna Seghers, p. 86. []
  99. Manuel López de la Parra, Lazlo Radványi…, op. cit., p. 38, y El pensamiento político…, op. cit., p. 71; Gabriele Gerhard-Sonnenberg, op. cit., pp. 110-112. Por ejemplo, las Seis lecciones marxistas de historia del movimiento obrero internacional de Duncker, Goldschmidt y Wittfogel fueron traducidas al español por Wenceslao Roces, publicadas en 1935 por la Editorial Cenit, y distribuidas en México por la Librería Ariel. []
  100. Universidad Obrera de México. Plan de estudios. 1939, p. 5. []
  101. Gabriele Gerhard-Sonnenberg, op .cit., 144, 149. []
  102. Ibidem, pp. 146-147, 164. []
  103. Manuel López de la Parra, Lazlo Radványi…, op. cit., pp. 90-91. []
  104. Ibidem, p. 44. []
  105. Pierre Radványi, op. cit., p. 103. []
  106. Laszlo Radványi a Vicente Lombardo (México, D. 8201F., 1 de diciembre de 1942, FHVLT), Radványi añade: “Estoy convencido de que nuestro Instituto podrá desempeñar un papel de extraordinaria importancia en el país, tanto desde el punto de vista cultural y científico, como desde el político, y puedo asegurarle de antemano el buen éxito de nuestro trabajo”. Sus investigaciones culminaron en un libro: Laszlo Radványi, Diez años de mediciones por muestreo de la vida económica, social y cultural de pueblo mexicano (México, Casa Editorial Las Ciencias Sociales, 1952). Vid. Manuel López de la Parra, Lazlo Radványi…, op. cit., p. 74. []
  107. Ibidem, p. 15-16. []
  108. Alejandro Moreno y Manuel Sánchez Castro, “A Lost Decade? László Radványi and the Origins of Public Opinion Research in Mexico, 1941-1952”, International Journal of Public Opinion Research, vol. 21, núm. 1, 2009, pp. 4, 21. []
  109. Expresó esto en una serie de conferencias sobre “La nueva ciencia de la opinión pública”, celebradas en el Palacio de Bellas Artes con motivo de la inauguración del Instituto de la Opinión Pública. Luego de que Radványi dejó México en 1952 para radicar en Berlín Oriental como catedrático de estudios económicos (Wirtschaftswissenschaft) en la Universidad Humboldt, sus estudios sobre opinión pública se estancaron completamente ante la atmósfera de control y dogmatismo político prevalente en los círculos académicos de Alemania Oriental. Ibidem, p. 8. []
  110. Vicente Lombardo, La Universidad Obrera de México y la educación política del proletariado (26 abril 1943), 1943, p. 5. []
  111. Ibidem, 1943, p. 23. []
  112. Universidad Obrera de México. Programa para 1944, pp. 8-10; “Proyecto para el Centro de Estudios Soviéticos”, firmado por el Dr. Laszlo Radvani, 1943, FHVLT. En febrero de 1943, Lombardo recibió un escrito en que los “abajo firmantes, ex-alumnos del Prof. Radványi durante el curso que este dictó el pasado año 1942 sobre el tema ‘Historia de los movimientos y teorías sociales’, desean recibir enseñanzas del mismo profesor sobre el tema ‘Economía política’ en el próximo año escolar”. Firmaron alrededor de 100 estudiantes, con una proporción significativa de mujeres. []
  113. Patricio Herrera González, “‘En favor de una patria de los trabajadores’. La Confederación de Trabajadores de América Latina y su lucha por la emancipación del continente, 1938-1953”, tesis doctoral, 2013, pp. 97-98. []
  114. Sobre la oferta educativa de la Universidad Obrera Argentina, vid. Simón Melidoni, Secretario General de la Universidad Obrera Argentina a Vicente Lombardo, Buenos Aires, Argentina, 19 de septiembre de 1941, FHVLT. De hecho, fue Alfonso Reyes quien reenvió a Lombardo una carta donde se le comunicaba el cierre de la UOA a manos de “un régimen semi-nazi” y se pedía el apoyo de los “amigos latinoamericanos”, esperando que pudiera hacer gestiones en su favor (Anónimo a Alfonso Reyes, Buenos Aires, 27 de diciembre de 1943, FHVLT). Para llenar el vacío dejado por la UOA, Bunge creó Minerva, una revista de filosofía que decía representar “los derechos de la razón en contra del irracionalismo contemporáneo” y escribió a Lombardo para pedir su colaboración (Mario Bunge a Vicente Lombardo, Buenos Aires, 23 de abril de 1944, FHVLT). []
  115. Por ejemplo, Lombardo recibía cartas como éstas: un minero chihuahuense que le pedía ingresar como alumno por correspondencia en la Escuela de Derecho Obrero (José Pilar Martínez Esmeralda a Vicente Lombardo, Sindicato Industrial de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana, Naica, Chihuahua, 13 de marzo de 1937, FHVLT); un maestro rural federal de Oaxaca que pedía que se le siguieran enviando los materiales de una clase de cooperativismo (Roberto Santiago Hernández a Vicente Lombardo, Tepantlali, Oaxaca, 12 de marzo de 1938, FHVLT); un maestro rural chiapaneco que “para servir mejor a la sociedad” solicitaba información “de los cursos que esa Universidad Obrera imparte a su alumnado” (Noel López Ricoy a Vicente Lombardo, Finca La Laguna, Tapachula, Chiapas, 12 de febrero de 1939, FHVLT). []
  116. Víctor Manuel Villaseñor, op. cit., pp. 396-397. Respecto de las opiniones de Villaseñor, es preciso considerar no sólo su animadversión hacia los llamados “5 lobitos” (Fernando Amilpa, Jesús Yuren, Alfonso Sanchez Madariaga, Luis Quintero y Fidel Velázquez, líder de la CTM a partir de 1941), sino su distanciamiento político del propio Lombardo hacia 1940. A pesar de que lo había admirado e incluso acompañado en su legendario viaje a la Unión Soviética en 1935, Villaseñor creía que Lombardo había errado al apoyar la candidatura de Ávila Camacho y que era demasiado tolerante con los “lobitos”. []
  117. Grupo Cultural “Avanzada”, de la Universidad Obrera de México (secretario general, Julio Campos Razo) a Vicente Lombardo, México, D. F., 29 de noviembre de 1940, FHVLT. []
  118. Ángel Miolan, secretario general de la Sociedad de Alumnos de la Universidad Obrera de México a Vicente Lombardo Toledano, México, D. F., 25 de mayo de 1942, FHVLT. En esa ocasión, fueron los estudiantes quienes exigieron que los apoyaran para la creación de “una cultura y una conciencia semi-militares” en caso de que la guerra hiciera necesario acudir a la defensa del país y del continente, y exigieron que se le retirara el subsidio a un equipo deportivo femenil, cuyos elementos no eran “verdaderos representantes de la cultura obrera”. []
  119. Verna Carleton Millan, Mexico Reborn, 1939, p. 238; Carleton concluye que “the change, I think, is certainly for the better”. []
  120. Shulamit Goldsmit Brindis, “Entrevista a Enrique Semo”, en Shulamit Goldsmit y Natalia Gurvich (coords.), Sobre el judaísmo mexicano. Diversas expresiones de activismo comunitario, 2009, p. 100. []
  121. Daniela Spenser, op. cit., pp. 218, 222. []
  122. En 1956, con motivo de su 20° aniversario, Lombardo organizó una campaña de apoyo para la UOM que, habiendo sido subsidiada por los gobiernos de Cárdenas, Ávila Camacho y parcialmente por el de Alemán, se hallaba entonces en condiciones económicas tales que “sólo con la cooperación de todos sus simpatizantes, amigos y ex-alumnos puede subsistir”. Vid. Lombardo a Federico Bach, México, 8 de febrero de 1956, FHVLT. []
  123. El término “purgatorio cultural” lo empleó Roces en un contexto diferente: “Yo no soy de los que piensan que los españoles llegamos a México a sacarlo del purgatorio cultural, sino que vinimos a incorporarnos aquí a una labor fundamental del pueblo mexicano…”. En Gabriel Vargas Lozano, “Filosofía y exilio (entrevista con Wenceslao Roces)” Dialéctica, núms. 14-15, 1984. El término “chirigota tropical” lo acuñó Caso, en su polémica con Lombardo, para referirse a la producción intelectual de los “marxistas criollos”. []

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