CHICHÉN ITZÁ: RUINAS EN CONSTRUCCIÓN

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Con la designación, el año pasado, de Chichén Itzá como una de las siete “nuevas maravillas del mundo” por parte de la fundación New Open World, el turismo en este sitio arqueológico ha aumentado cerca del 75 por ciento. Si el proceso de selección de las “siete maravillas” —a través de una elección popular internacional y campañas políticas nacionalistas— era bastante problemático en varios niveles, las consecuencias son todavía mayores. Durante las semanas previas a la elección, en latas de Coca-Cola, anuncios en Pemex y tarjetas telefónicas se promovía al Castillo de Chichén Itzá como si fuera un candidato político. Sus rivales no representaban otras ideologías o partidos políticos, sino otros nacionalismos, y en varios casos correspondían a otros sitios arqueológicos, como los monolitos de la Isla de Pascua y la ciudad de Machu Pichu. Una batalla entre ruinas. Una competencia entre naciones, con sus ruinas arqueológicas tomando el papel que los equipos de fútbol o ejércitos militares juegan normalmente. Si el éxito de Chichén Itzá representa un verdadero triunfo para el sitio es algo que no queda muy claro. El aumento en el número de turistas implica aún más presión para un sitio ya bastante saturado de visitantes. El INAH debió establecer estrategias diversas, entre ellas la extensión del horario para que más turistas lograran visitar la zona arqueológica. Ya no hay acceso a ciertas áreas, como el interior y la cumbre del Castillo, en parte por razones de preservación. La cantidad de turistas en los meses recientes no tiene precedente, y representa un capítulo más actual de un largo proceso para construir un sitio turístico, didáctico y nacionalista, por encima (y como representación) de la ciudad antigua. El dossier fotográfico Chichén Itzá: ruinas en construcción es una revisión breve de algunos momentos claves en esa historia.

Mucho antes del espectáculo de Luciano Pavarotti cantando frente al Templo de los Guerreros (19 de abril de 1997) y las latas de Coke adornadas con el perfil del Castillo, el gobernador revolucionario Felipe Carrillo Puerto inauguró en 1922 una carretera de Dzitas a Chichén. Anteriormente, los trabajos de escritores, arqueólogos y fotógrafos habían despertado el interés del público en las ruinas, pero éstas resultaban bastante inaccesibles. La inauguración del camino coincide con el inicio de los trabajos de excavación y reconstrucción de la Carnegie Institution of Washington. Mientras Sylvanus G. Morley y el equipo Carnegie trabajaba en las excavaciones, los empleados del gobierno mexicano avanzaban en la restauración del Castillo, el Juego de Pelota y el Templo de los Jaguares.

Aunque ambos grupos trabajaban de manera coordinada, sus motivos eran distintos. Para Carrillo Puerto el sitio funcionaría como fuente de orgullo para la población local, un potente símbolo de la grandeza maya y como antídoto contra siglos de opresión. Para la Institución Carnegie los fines eran diplomáticos, estéticos e interdisciplinarios. En palabras de Alfred Kidder, jefe de su Departamento de Investigaciones Históricas:

El proyecto de Chichén Itzá ha sido diferente a la mayoría de las tareas arqueológicas en el sentido de que desde el principio el doctor Morley ha luchado por tres objetivos definitivos en lugar de un solo objetivo más común: la recuperación de objetos e información. En cambio, Morley ha trabajado de una manera calculada para crear confianza por parte del gobierno y pueblo mexicano en agencias científicas extranjeras, para manejar el sitio de una manera en que se volviera testimonio permanente de los logros artísticos de los mayas, y para desarrollar a Chichén Itzá como punto focal para investigaciones relacionadas.

[The Chichen Itza project has differed from most archeological undertakings in the New World in that from its inception Dr. Morley has striven for three definite objectives over and above the usual one of recovering specimens and information. These may be stated as follows: to conduct the work in a manner calculated to create a feeling of confidence by the Mexican government and people in the good faith of foreign scientific agencies; to handle the site in such a way as to make it a permanent record of the artistic achievement of the Maya; and to develop Chichen Itza as a focal point for correlated researches]. 1

Aunque Kidder no lo menciona, la confianza en arqueólogos extranjeros se tornó una cuestión crítica cuando se descubrió que Edward H. Thompson, dueño del sitio, se había llevado de contrabando a Harvard objetos de Chichén Itzá. El proceso legal contra Thompson no fue concluido hasta 1944, nueve años después de su muerte.2 La desconfianza generada por el caso Thompson implicaba que la institución Carnegie debía demostrar su honradez. El segundo objetivo, presentar las ruinas como “registro permanente del logro artístico de los mayas” [permanent record of the artistic achievement of the Mayas], está dirigido no al gobierno o pueblo de México, sino al turista internacional, dado que el turismo era visto como una manera de fortalecer la arqueología. Otra vez las palabras de Alfred Kidder:

Si se puede mantener Chichén Itzá como lugar interesante y bello, va a volverse, sin duda, una Meca turística y un recurso valioso para la arqueología, que necesita, como cualquier otra ciencia, sus aparadores. No se puede anticipar que el público entenderá sus fines más rebuscados, pero hay que cultivar el interés del público —y eventualmente cultivar el entendimiento del público— si la arqueología va a avanzar, ya que es desde el público de donde viene, a final de cuentas, todo el apoyo, para los esfuerzos de ciencia.

[If Chichén Itzá can be kept both interesting and beautiful, it will without question become a Mecca of travel, and, incidentally, a most valuable asset for archeology which, like every other science, needs its “show-windows”. Its more recondite aims the public cannot, in the beginning, be expected to grasp; but public interest must be aroused and eventual public understanding must be achieved if archeology is to go forward; for from the public comes, in the last analysis, all support for scientific endeavor].3

La presencia de turistas se vuelve una estrategia para avanzar en los fines arqueológicos. Claro, los arqueólogos nunca anticiparon la actual cantidad de visitantes, más de un millón por año antes de que el sitio recibiera la designación de “Maravilla del Mundo. ” Eso es consecuencia de factores no previstos, como la comercialización de vuelos internacionales y la creación de Cancún en lo que antes era una zona costera con poca población.

Sylvanus G. Morley, jefe del proyecto Chichén Itzá de la Institución Carnegie, funcionaba como científico, administrador y publicista. Muchas de sus ideas sobre la sociedad maya están fuera de moda en la comunidad arqueológica,4 pero su trabajo como promotor de los mayas en la imaginación del público sigue siendo relevante. No sólo publicó textos académicos como The Inscriptions of Peten,5 sino también artículos para la revista National Geographic y otras publicaciones populares.6 También era consultor de diseño para el Teatro Fisher en Detroit, un cine estilo neo-maya con réplicas arqueológicas no solamente de Chichén Itzá, sino de Copál, Palenque y Quirigua, pericos vivos, árboles tropicales y peces exóticos en el vestíbulo. Ya dentro de la sala, réplicas de los atlantes de Chichén Itzá servían de apoyo a las butacas. El objetivo de esos esfuerzos fue el propósito esencial de Kidder: “cultivar el interés del público”.

Las fotografías que integran este dossier ofrecen vistas de Chichén Itzá en distintos momentos a lo largo de casi un siglo. Las fotos, como imágenes estáticas de un proceso de cambio, fijan momentos específicos en un juego complejo con el tiempo. Cualquier ruina funciona como manifestación concreta de la entropía, en la que el tiempo se presenta como agente de deterioro, y una gran parte de su encanto procede precisamente de eso. El proceso de restauración preserva del deterioro, pero tiene que dejar visible el registro del tiempo, los signos del daño. Réplicas de edificios antiguos, como la Villa Getty en Malibú, por ejemplo, pueden presentar las estructuras como si fueran nuevas porque éstas no reclaman ninguna autenticidad, pero las ruinas deben mantener signos del desgaste provocado por el paso de los siglos. La clave en la restauración del sitio arqueológico es el balance entre presencia y ausencia, entre reconstrucción y ruina.

Desafortunadamente, las primeras fotos de Chichén Itzá, los daguerrotipos de Frederick Catherwood, desaparecieron hace más de 150 años en un incendio en Nueva York. Poca gente pudo ver estas imágenes, pero tuvieron enorme impacto a través de los grabados (basados en los daguerrotipos) que acompañaron el texto de su compañero de viaje, John Lloyd Stephens. Antes de la época del turismo moderno, el texto de Stephens y las reproducciones de las fotos de Catherwood despertaron el interés del público angloparlante. En la primera imagen de este dossier, fotografiada en 1860 por Claude Desiré Charnay, vemos el Castillo antes de que se realizara alguna reconstrucción o excavación. Las imágenes que se muestran a continuación documentan estos procesos, por lo cual podemos ver andamios rústicos, camionetas y rieles, la infraestructura y los obreros que trataban de crear la Meca turística anticipada por Kidder. En el museo de sitio, las maquetas, imágenes enmarcadas y artefactos se mezclan en una cornucopia maya. Afuera del recinto, la acumulación de monolitos, serpientes y atlantes forman rompecabezas precolombinos, formando un escenario ideal para tantos y tan variados discursos: de los nacionalistas a los new age, de los mayistas a los spring breakers. El dossier cierra con un par de tarjetas postales, el medio más común para la circulación de imágenes de las ruinas en la época anterior a la fotografía digital. A través del correo, las postales llevan a todas partes del mundo imágenes de Chichén Itzá y sus bellas estructuras, impulsando aún más el turismo.

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Autor: Jesse Lerner, Agradezco la ayuda de Gabriela Núñez y Marcelo Silva, del módulo de consulta de la Fototeca Nacional-Sistema Nacional de Fototecas del INAH.

  1. Alfred V. Kidder, “Division of Historical Research. The Chichen Itza Project”, en Carnegie Institution of Washington Yearbook, núm. 29, Washington, D.C., Carnegie Institution of Washington, 1930, p. 96. []
  2. Para mayor información sobre el caso Thompson, véase Clemency Chase Coggins, “Dredging the Cenote”, en Clemency Chase Coggins (ed.), Artifacts from the Cenote of Sacrifice, Chichen Itza, Yucatan, Cambridge, Peabody Museum of Archaeology and Ethnology/Harvard University, 1992, pp. 9-32; Jesse Lerner, “Thompson en el cenote sagrado”, en Alquimia, núm. 13, septiembre-diciembre 2001, pp. 23-26. []
  3. Alfred V. Kidder, op. cit., p. 99. []
  4. Jeremy A. Sabloff, The New Archaeology and the Ancient Maya, Nueva York, W.H. Freeman (Scientific American Library), 1990. []
  5. Sylvanus Griswold Morley, The Inscriptions of Peten, 5 vols., Washington, D.C., Carnegie Institution of Washington (pub. 437), 1938. []
  6. Sylvanus Griswold Morley, “The Foremost Intellectual Achievement of Ancient America, the Hieroglyphic Inscriptions on the Monuments in the Ruined Cities of Mexico, Guatemala and Honduras are Yielding the Secrets of the Maya Civilization”, en National Geographic Magazine, vol. 41, núm. 2, february 1922, pp. 109-130. []

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