Estudio etnohistórico acerca del origen de los mexicaneros (hablantes del náhuatl) de la sierra Madre Occidental

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Los mexicaneros (hablantes del náhuatl)
de la sierra Madre Occidental

Los mexicaneros son los hablantes más septentrionales de una variante de la lengua náhuatl, de la familia yuto-azteca. En la actualidad sólo cuentan con tres centros político-religiosos: Santa Cruz de Güejolota (Acaponeta), ubicado al norte del estado de Nayarit; San Agustín de San Buenaventura y San Pedro Jícoras -o Jícora, o Jícori-, ambos localizados al extremo sur del estado de Durango, en el municipio de Mezquital. Los mexicaneros conviven mezclados con indígenas de otras etnias: coras y huicholes, en el primer caso; coras y tepehuanes, en el segundo; y tepehuanes, en el tercero.

Las rancherías, en donde se habla náhuatl, correspondientes a cada una de estas comunidades -aunque no necesariamente en términos jurídicos de tenencia de la tierra comunal- son (en Santa Cruz de Güejolota): La Laguna, Cuero de Cochi, El Durazno y El Arco; (en San Buenaventura) Las Norias, Cucharitas, Techalote, Tepalcates, Las Cruces y Berenjena; (en San Pedro Jícoras) Agua Fría, Pino Real, Tierras Azules, Cangrejo Chico, Coamostita, Metatita, Agua Seca, La Tinaja, Chaltihuitillo, Yerbaníz y El Carrizal, las cuales totalizaban, en 1991, 543 habitantes.1

También se habla náhuatl en la ranchería mexicanera de Copales, correspondiente a la comunidad indígena de San Juan Bautista (Rosamorada).

DA260201Mapa 1. Región mexicanera, a partir de Margarita Castro, “Un estudio sobre la trayectoria histórico-lingüística del mexicanero de San Pedro Jícora”, 1995, p. 94, mapa 5, quie, a su vez, se basa en L. Valiñas, “El náhuatl de la periferia occidental y de la costa del Pacífico”, 1981, p. 10, mapa 2.

1. San Pedro Jícori*
2. San Buenaventura
3. Santa Cruz
4. Ranchería de Agua Fría
5. Ranchería de Copales

* También Jícora, Jícoras, Xícora, Xícori

De acuerdo con el Censo General de Población y Vivienda del año 2000,2 tomando en consideración los 157 hablantes de náhuatl de los municipios de Acaponeta, Huajicori, El Nayar y Rosamorada (en Nayarit) y los 592 del municipio de Mezquital (en Durango), se obtiene un total de 749 mexicaneros. Es posible que algunos de los restantes 1 265 hablantes de náhuatl de Nayarit y de los 280 de Durango, residentes en otros municipios, también sean mexicaneros. Pero la mayoría de ellos son nahuas del estado de Guerrero, que han inmigrado a la región con el objetivo de vender sus artesanías en los centros turísticos y comerciales.

* * *

Todos los estudios publicados hasta ahora sobre este grupo indígena han tenido como centro a San Pedro Jícoras, quizás porque el acceso a las otras dos comunidades presenta mayores dificultades y riesgos. Sólo se cuenta con un artículo sobre los mexicaneros de Santa Cruz, dos sobre los de San Buenaventura3 y un borrador de tesis sobre los del primer poblado.4 Recientemente en una tesis doctoral5 se plantean ciertas referencias comparativas con respecto a los mexicaneros de San Buenaventura, si bien la información en que se basa la argumentación corresponde a San Pedro Jícoras.

Esta situación contrasta con el interés que los mexicaneros despertaron en los etnógrafos clásicos. Desde el viaje de Lumholtz por la sierra Madre Occidental hacia el sur en 1895, este autor hace referencia a los mexicaneros de San Pedro6 y proporciona la primera descripción de un mitote familiar en la ranchería de Pueblo Viejo (hoy San Andrés Milpillas Grande), destacando el uso del arco musical tawitol.

En 1907 Preuss concluye su expedición a Nayarit en San Pedro Jícora y publica cuatro artículos sobre las características culturales de esta población. Allí narra su experiencia etnográfica7 y trata aspectos de la mitología, como la Estrella de la Mañana,8 la diosa de la Tierra y de la Luna9 y la versión local del mito de Cristo.10 Sin embargo, el corpus textual que este antropólogo logró reunir se perdió en un cuarenta por ciento durante la Segunda Guerra Mundial, de tal manera que Ziehm sólo pudo publicar póstumamente tres gruesos volúmenes sobre mitos y leyendas,11 cuentos y bufonadas12 y rezos y cantos.13 Ziehm incluye, en el tercer volumen, un largo y notable ensayo sobre “La música de las tres tribus que Preuss visitó”, en el que combina su propia experiencia etnográfica con la información recopilada por su predecesor.14

En 1980 Sánchez Olmedo publica su Etnografía de la Sierra Madre Occidental: tepehuanes y mexicaneros. De hecho, sólo dedica escasas 18 páginas a los mexicaneros y su tratamiento es descuidado e impreciso. Para este autor, tanto la ideología como la organización política de San Pedro Jícoras es resultado de la influencia de las culturas española, cora y tepehuana, de tal manera que de la tradición náhuatl a estos indígenas posiblemente sólo les quedó la lengua. Con base en la estrofa del canto de las Pachitas que menciona “De Tlaxcala hemos venido, de Tlaxcala para acá, a bailar carnestolendas, como hacemos por allá”, deduce apresuradamente que los mexicaneros son originarios de aquella región del centro de México. Se debe aclarar que variantes literarias de dicho verso también son cantadas por los coras en varias de sus comunidades durante la fiesta de las Pachitas y nadie se ha atrevido a plantear que los coras proceden de Tlaxcala.

Por esas fechas, Benítez15 aborda en tono periodístico y ameno a los mexicaneros de San Pedro Jícoras, destacando la fiesta de las Pachitas (carnaval) y el xuravet (mitote). Sus descripciones son interesantes, no sólo por el ágil estilo literario, sino también por las imágenes fotográficas que las acompañan. Luego se presentan versiones abreviadas de sesenta mitos mexicaneros, originalmente registrados por Preuss y editados por Ziehm, traducidos del alemán por Mariana Frenk-Westheim. Finalmente, Benítez repite la socorrida versión de que estos indígenas son unos exiliados tlaxcaltecas.

Sobre la publicación parcial en español del primer tomo de los textos obtenidos por Preuss en 1907,16 se debe destacar que Frenk-Westheim originalmente rechazó la solicitud de verterlos del alemán al castellano, señalando que debía realizarse una traducción directa del náhuatl.17 Pero, ante la insistencia de Juan Rulfo -en ese entonces jefe de publicaciones del Instituto Nacional Indigenista- y, sobre todo, ante el argumento de que por el momento no se podía lograr dicha versión directa, enfrentó, con las reservas del caso, la empresa. El que se haya excluido el nombre de Elsa Ziehm de la portada del libro -hecho que desagradó en manera extrema a la editora y traductora al alemán de dichos textos- tampoco fue responsabilidad de Frenk-Westheim, sino un descuido imperdonable del INI.18

Con base en los cuentos número 10, 11, 12 y 13 de Preuss19 -referidos al diluvio, o fin del mundo, y a la creación- Valiñas20 busca mostrar la interrelación entre la forma de la lengua (su sistema) y el relato (la expresión concreta), por lo que se enfoca en analizar el aspecto verbal de la narración. Para su análisis se basa en las categorías propuestas por Todorov21 de modo, tiempo y visión.

Con motivo del vigésimo aniversario del actual Museo Nacional de Antropología, su Departamento de Etnografía organizó en 1984 el encuentro “Los nahuas de hoy”. Villanueva, entonces curador de la Sala Cora-huichol y familiarizado con el náhuatl de Xochimilco (Nativitas), participó con una ponencia sobre la “Etnografía de los mexicaneros de la Sierra Sur de Durango”.22 Con fines museográficos, Villanueva había realizado una prospección en la comunidad de San Pedro Jícoras y las rancherías de Pino Real, Agua Caliente, Huazamotita, La Tinaja y Agua Fría. Con base en la información recabada también publicó un artículo sobre “Los nahuas de Durango. El xurawet”.23 Ambos textos son apretadas síntesis etnográficas; no obstante su generalidad, Villanueva esclarece, entre otros puntos, la existencia de la poliginia sororal, la migración a la costa del actual estado de Nayarit y a Estados Unidos y la vinculación del costumbre con el ciclo de vida; incluye, asimismo, una somera descripción del xuravet y un conjunto de mitos sobre la creación de dicha ceremonia.

La primera monografía etnográfica contemporánea sobre los mexicaneros se debe a Alvarado,24 quien, a través de la relación entre la oralidad y el ritual, intenta aproximarse a la cosmovisión de los mexicaneros de San Pedro Jícoras. Pero es imprescindible aclarar que, aunque esta autora menciona ciertos cantos ejecutados durante el xuravet, no proporciona la mínima referencia textual acerca de ellos; más aún, ni siquiera indica el idioma en que se enuncian. Sólo presenta dos oraciones recitadas durante “el dar parte” y cuatro relatos míticos, algunos recopilados en castellano. Luego se ampliará dicho estudio -refiriéndose al sistema ritual en su integridad- y la nueva versión será presentada como tesis doctoral.25 En particular, se añade el tratamiento de los rituales del ciclo de vida y se presenta una descripción más detallada de los rituales comunales de la cabecera; también se incorpora un capítulo sobre las sesiones chamánicas y otro sobre el cuerpo humano. Llama la atención que Alvarado, en sus dos trabajos, se haya negado a tomar en cuenta en lo absoluto -sin una justificación académica coherente- los cantos del xuravet registrados por Preuss en 1907 y editados y comentados por Ziehm,26 a partir de la situación etnográfica de las décadas de 1960 y 1970.

En la literatura contemporánea, el aspecto lingüístico de los mexicaneros ha sido tratado por Valiñas, De la Cruz, Castro y Canger.27

Hipótesis sobre el origen de los mexicaneros

El problema del origen de los mexicaneros es una de las cuestiones que ha concentrado la atención de los especialistas contemporáneos. Weigand, en su ensayo “Consideraciones sobre la arqueología y la etnohistoria de los mexicaneros, los tecuales, los coras, los huicholes y los caxcanes de Nayarit, Jalisco y Zacatecas”28 engloba acríticamente a los mexicaneros con las poblaciones nahuas que fueron introducidas desde el siglo XVI en el extremo oriental del Gran Nayar, en la región de Colotlán, para plantear -sin indicar las fuentes documentales en que se basa- que:

Los españoles los ubicaron en los presidios, o en asentamientos parecidos a presidios, situados en puntos estratégicos a lo largo de la violenta y mal definida frontera con los coras y tepehuanes que no habían sido conquistados hasta ese momento. La mayoría de los mexicaneros era de origen tlaxcalteca. El asentamiento más importante en el oeste estaba (y está) en San Blas (San Blasito), que domina con la vista la mejor ruta a las planicies de Acaponeta entre los coras del norte y los tepehuanes de las montañas situadas al extremo sur -una doble frontera. […] En estas localidades, los mexicaneros se establecieron prontamente y, después de que los nayaritas fueron finalmente conquistados en 1722 […] se les olvidaron [a los españoles].29

Así, de nuevo sin aclarar las fuentes para su postura, Weigand llega a sostener que los mexicaneros son un ejemplo clásico de indios “fronterizos”, frente a todos los demás indios de la región alrededor del Gran Nayar, que eran “flecheros”.30

En el encuentro “Los nahuas de hoy”, Wigberto Jiménez Moreno planteó de manera oral la hipótesis de que “…los mexicaneros son los restos de los antiguos cascanes de habla nahua”.31

Valiñas, a partir de un análisis de las peculiaridades lingüísticas del náhuatl de los mexicaneros, echa por tierra la hipótesis de Weigand sobre su pretendido origen tlaxcalteca. Su propuesta corresponde literalmente al título de su artículo: “Los mexicaneros de Durango no son de Tlaxcala”.32 Por otra parte, Valiñas apunta los siguientes hechos:

a) Lingüísticamente, el mexicanero es occidental [no del centro de México] y fuertemente parecido al de la costa de Michoacán. Las semejanzas involucran lo que se puede considerar como innovaciones compartidas. Esto permite proponer dos posibles explicaciones: 1) contactos entre ambas variantes o 2) tener el mismo origen […].

b) Culturalmente, los mexicaneros poseen una cultura plenamente nayarita. Su mitología, ritualidad y parafernalia son muy similares a las de los grupos coras y tepehuanos del sur. […].

d) Las actuales comunidades mexicaneras no siempre lo fueron. Por ejemplo, Pennington (1969), en su obra sobre los tepehuanos, considera a San Pedro Jícora como comunidad tepehuana, y a San Buenaventura y Santa Cruz como coras.

Considerando lo anterior, creo que se pueden [proponer] dos hipótesis posibles:

Los mexicaneros son grupos nahuas originarios de la sierra del Nayar, pero por diversas razones no fueron registrados.

Los mexicaneros llegaron durante la Colonia a la zona. Esto involucra tres posibilidades:

a) Eran grupos nahuas de Occidente (de Jalisco o Zacatecas) que fueron llevados por los españoles a los pueblos fronterizos del Nayar y más tarde emigraron a la sierra.

b) Era gente de habla náhuatl occidental (de Nayarit) que, por diversas razones, emigró hacia la sierra del Nayar.

c) Eran originalmente hablantes de otras lenguas (cora, tepehuana, huaynamota, o huichola) que fueron nahuatlizados con la variante de Occidente.33

En su tesis de licenciatura -cuando todavía planteaba a los mexicaneros como parte de una región “…dividida políticamente por los estados de Zacatecas, Jalisco, Nayarit y Durango”-34 Alvarado sostenía que

…las divisiones políticas no son culturales, ya que el Gran Nayar [en el siglo XVIII] estaba constituido por hablantes de lengua cora y mexicana. En algunos pueblos convivían ambas poblaciones, como Guaynamota, y en otros eran exclusivamente mexicanos, como San Pedro Yxcatán. La doctrina y las confesiones se daban por algunos padres en lengua mexicana o cora, ésta correspondía al poblado que habitaban. […] De manera que tanto en la región del Gran Nayar y del obispado de Guadalaxara existían asentamientos de habla mexicana, hecho que podría sugerir varias cosas con respecto a la población mexicanera asentada actualmente en la zona…35

Definitivamente, entre las propuestas que plantea Valiñas sobre el origen de la población hablante de mexicanero, me inclino por dos: una, donde los mexicaneros como grupos nahuas que siempre habitaron la zona [¿de San Pedro Jícoras?] y por su reducido número permanecieron desapercibidos; y otra, donde los mexicaneros son grupos de nahuas de occidente que se introdujeron en la sierra. La primera propuesta es muy factible, ya que actualmente los mexicaneros permanecen en el anonimato, salvo por algunas cuantas menciones, sin existir un trabajo de investigación serio [sic]. Y la segunda, me lo indica la existencia de hablantes de mexicano en el Nayar y el Obispado de Guadalaxara, donde incluso grupos como los caxcanes hablaban el mexicano.36

Aquí Alvarado desdeña infundadamente, quizás por su desconocimiento del idioma alemán, los estudios de Preuss y Ziehm sobre los mexicaneros, al postular la inexistencia de trabajos de investigación serios sobre este grupo etnolingüístico. Por otra parte, se contradice al plantear -en su segunda propuesta- a los indígenas del Gran Nayar del siglo XVIII como posibles antecesores de los mexicaneros contemporáneos y, de manera simultánea, sugerir que los hablantes del mexicano “se introdujeron en la sierra”, pues manifiestamente los hablantes del náhuatl del Gran Nayar ya estaban en la región serrana en el siglo XVIII.

Desde una perspectiva lingüística, Castro, en su estudio sobre la trayectoria histórico-lingüística del náhuatl de los mexicaneros, plantea que “…la existencia de hablantes del náhuatl en la frontera Durango-Nayarit, […] no ha sido suficientemente documentada”.37 Pero “…la ubicación noroeste de estos mexicaneros no es algo nuevo, sino que es muy remota su existencia en la región”.38 Así, para Castro, “…queda demostrada la trayectoria lingüística del mexicanero que se habla en Durango a partir del periodo colonial a nuestros días, como proveniente del náhuatl, o la también llamada lengua mexicana que se hablaba en occidente […] como una variante distinta a la del centro…”.39 Por lo que concluye que “…el mexicanero tiene sus raíces lingüísticas en una variante náhuatl de occidente y geográficamente no ha modificado mucho su ubicación, ya que desde el protonáhuatl hasta nuestros días se le puede localizar en esa zona noroeste de México”.40

La tesis de maestría de Alvarado está dedicada al problema del origen de los mexicaneros,41 dada la importancia del problema.42 En el capítulo sobre “La etnohistoria”43 pretende “…ubicar el lugar de los mexicaneros contemporáneos como grupo minoritario de la Sierra Madre Occidental, el cual no aparece como protagonista en la región, siendo su mención muy tardía”.44 Concluye que “…los mexicaneros como tales se encuentran perdidos en la información de la delimitación política y religiosa, al existir mención de sus pueblos en época tardía. […] no existen menciones a grupos hablantes de náhuatl, ya que siempre se hace referencia a esta lengua por la evangelización o por los hablantes de náhuatl corrupto”.45 Aunque mantiene la pregunta de si “¿Existieron los mexicaneros bajo otro nombre en la época colonial?”.46

En su tesis doctoral Alvarado vuelve a plantearse, entre otras preguntas, si “… ¿los mexicaneros son refugiados en la sierra bajo otro nombre? [… O si] Durante la época colonial, ¿los mexicaneros pueden identificarse con un grupo que ha pasado desapercibido?”.47 Pero sostiene categóricamente que “…no existe ninguna mención de los mexicaneros en la historia de la región”.48 Concluye, así, que

…el náhuatl de los mexicaneros es una lengua [del área dialectal periférica occidental] hablada [desde] antes de la Conquista, pero se ignora actualmente por qué los mexicaneros que habitan en la sierra, hablan precisamente esta variante del náhuatl.49

Ante esta afirmación de Alvarado sobre “La falta de pistas históricas sobre los mexicaneros…”,50 Calvo plantea que

Hay muchas fuentes que Alvarado no ha tomado en consideración y que son útiles aquí. De entrada, la descripción de Arregui (1946 [1621]) acerca de la que se convertirá posteriormente en la región de los mexicaneros. Él describe con la mayor precisión los grupos de la zona: “…y estos Yndios [de Colotlán] se comunican con los de Guaximic y con otra nación convecina que se llama Guaramota [sic], jente que quando quiere es cristiana y quando quiere no…” (ibidem: 116-117). De esta manera, Guazamota se identifica con una “nación”, es decir un grupo específico, pero permeable (“en comunicación”) y que manifiesta ya una estrategia hábil de simulación en relación con los españoles. Sin embargo, estamos en 1621: nada indica que haya una continuidad entre estos Guazamota y los mexicaneros del siglo XIX.

Declaro tener mucha reticencia a reconocerlos, como muchos dicen, como descendientes de tlaxcaltecas o mexicas trasplantados. […] Quedaría una hipótesis: estaríamos en presencia de una fusión, de una forma de etnogénesis más o menos exitosa. Si se toma apoyo en la antroponimia, se trata de nombres de diversos linajes; tal como son expuestos por Alvarado, para San Pedro [Jícoras] (2001: 134), se trata de Reyes, de la Cruz, Villa, Javier, de Jesús, Victoriano, Paulino. Es decir, se trata de nombres que corresponden a las prácticas antroponímicas indígenas coloniales, de ninguna forma españolas o mestizas. Por lo que, si ha habido etnogénesis, aquí parece que solamente ha habido presencia de indígenas. […]

En síntesis, para mí, sobre un fondo ‘chichimec’ (de ahí la importancia de la flecha, de la pluma y del venado en su ritual), mezclando elementos coras y tepehuanes, se han añadido aportes más recientes (y no homogéneos geográficamente) mexicas y españoles.51

Los tecualmes de las misiones jesuíticas del siglo XVIII

Está fuera de cualquier lógica que un grupo nativo etnolingüístico hubiera pasado desapercibido tanto a las rigurosas inspecciones de los misioneros franciscanos y jesuitas, como a las de los militares que tenían a su cargo el control ideológico y represivo de la región. Ya no se está en aquella situación hasta cierto punto confusa del siglo XVI, sino en el contexto de una administración con declaradas exigencias de eficiencia, dados los conflictos entre los diferentes actores coloniales involucrados -reino español, virreinato novohispano, obispados, intendencias y órdenes religiosas-, los cuales exigían permanentemente informes pormenorizados sobre sus dominios. Además, el asunto de las lenguas indígenas de los habitantes de las diferentes misiones serranas había cobrado relevancia no sólo para la predicación, sino también para la administración de los sacramentos, en particular el de la confesión. Hubo misioneros -como el jesuita José de Ortega y el franciscano Rudesindo Angles- que trabajaron en la región por tres décadas y ascendieron de simples predicadores a comisarios de todas las misiones, de las cuales tuvieron conocimiento puntual; igual situación se encuentra en el caso de los militares, como Antonio Serratos, quien de humilde soldado llegó a ser comandante de la provincia.

La búsqueda del origen de la población mexicanera debe tener como supuestos, por una parte, que estos indígenas no habitaban durante el siglo XVIII en la zona en que se les encontraba a finales del siglo XIX y, por otra, que ya vivían en la región occidental novohispana-novogallega-novovizcaína desde tiempo atrás. El hecho es que, en su reciente afán por mantener analíticamente a los mexicaneros fuera de la región cultural del Gran Nayar, Alvarado52 ha desdeñando las fuentes sobre las misiones jesuíticas del siglo XVIII y los documentos franciscanos acerca de los movimientos de población en la región que nos ocupa. Sin embargo, sí se dispone de información suficiente para añadir congruentemente la hipótesis de que los mexicaneros son descendientes de los hablantes de náhuatl existentes en por lo menos dos de dichas misiones y, en particular, de los tecualmes congregados, tras su sujeción en 1722, en la bocasierra al sur-oriente del río San Pedro.

Después de la reducción oficial de los coras, cuando se retiró el capitán Juan Flores de San Pedro hacia Zacatecas, el 14 de marzo de 1722, aclaraba que:

…quedando sujetos y reducidos mil y mas de trescientas personas en dichos cinco pueblos [San Francisco Xavier de Valero; Jesús María y Joseph con su barrio de Guadalupe; Santa Theresa de Miraflores; Santa Gertrudis y San Francisco de Paula] y los que tengo noticia se me han refugiado en los pueblos circunvecinos pasan de mas de quinientos faltándome tan solamente para concluir en el todo esta conquista la nación Tecualme y entre ellos algunos coras y nayaritas que se refugiaron con ellos por la fama que tienen de ser éstos muy valientes por la muerte que hicieron al capitan [Francisco] Bracamonte y sus [7] soldados [en 1701]…53

El padre Ortega también dejó testimonio de que cinco meses después de la toma militar de La Mesa, en 1722, como no habían acudido a “dar la obediencia”,

DA260202Mapa 2. Provincia jesuítica del Nayarit, a partir de J. Meyer, El gran Nayar, 1989, p. 294, quien a su vez, se basa en P. Gerhard, La frontera norte de la Nueva España, 1996 (1982), p. 143.

…determinó el Governador passar à la Conquista de los Tecualmes situados en esta Serranía, aunque son de Nación distinta de los Coras, con quienes solo para pervertirles se unian, tratandoles familiarmente, por tener sus Rancherías inmediatas à las suyas, y manteniendose assi rebeldes con la ayuda de sus consejos.54

En el “Informe de las misiones nayares del Rosario y San Juan, extendido por el padre José Javier García” el 3 de octubre de 1745, el jesuita señala que en el año de 1722

…aviendo entrado a esta sierra del Nayarit, por la parte del poniente, con copia de tropas militares el capitán don Luis de Ahumada, a la reducción o conquista de la nación cora, […] llegó a un paraje que oi se llama San Pedro Ichcatán, donde, […] sin mucha resistencia [los indios coras] rindieron la obediencia y se dieron de paz en el dicho paraje. Y juntos assí que estuvieron […] el dicho capitán don Luis de Ahumada […] los sacó a un pueblo llamado Santa Fee, administración de reverendos Padres de San Francisco, distante siete leguas del paraje de San Pedro; y, dejándolos allí, passó a la Meza del Tonati, donde se hallaba ya el governador [Juan Flores de San Pedro], quien bajó y les señaló la tierra en que se’avía de fundar el pueblo, con título de San Juan. Está este sitio, en el poniente, a las orillas del río Grande de San Pedro…55

La reducción de los tecualmes la dirigió personalmente el gobernador Flores de San Pedro a la mitad de junio de 1722, en las rancherías dispersas por las barrancas, de tal manera que

…no tardaron en reducirse casi todos: con estos, con los que sacaron de Tonalisco, y con los coras que cogió el Capitán Don Luis de Ahumada, se formaron dos Pueblos, uno de Coras, y otro de Tecualmes, mediando solo entre los dos el caudaloso rio de San Pedro. Al primero se le dio el nombre de San Juan Bautista; al segundo el del glorioso Principe de los Apostoles [, San Pedro]…56

De hecho, en las fuentes a los tecualmes se les encuentra confinados en la misión de Ixcatán. Así, de acuerdo con el “Informe veridico y fiel del Nayarit y de sus misiones” de 1727,

En todo el Nayarit se hablan dos lenguas: una regional llamada cora, y mexicana la otra, menos en San Juan [sic] de Ychcatan donde ninguno entiende, de los indios, sino la mexicana. Se devide la nación Nayarítica en dos naciones: unos se llaman coras, otros tecualmes, entre sí sumamente opuestas, y así los unos como otros son gentiles.57

Aunque esta oposición no impedía que eventualmente se aliaran para intentar liberarse del dominio colonial, como se expresa en la carta del padre Francisco de Isasi acerca de la rebelión de 1730.58 Pero los tecualmes se ubicaban en Ixcatán, tal como se infiere de lo informado por el misionero del vecino pueblo de Rosario.59

Con respecto a los infieles que se habían refugiado en el pueblo de Huajimic,

…se añadió la formación de un nuevo pueblo en Guaynamota; a quien se dio el nombre de San Ignacio. Se fundó, por la mayor parte, de nayaritas refugiados en Huaximique; de donde los sacó la prudencia y valor del capitán don Cristóbal del Muro; Después de una controversia sobre la división de territorios [con el Alcalde Mayor de Ostotipaquillo], se adjudicó al Nayarit…60

A ellos se refiere la nota aparecida en la Gaceta de México:

Guadalajara. Febrero 18 de 1722.- El Señor Presidente [de la Audiencia de Guadalajara] D. Thomas Terán de los Ríos, ha dado aviso á su Exc. de aver bajado mas de 100 Familias de Indios Nayaritas, á dar la obediencia á su Mag. pidiendo el Baptismo, y que se les señalen Pueblos, para vivir en nuestra Santa Fé, y dicho Señor Presidente les ha señalado el pueblo de Guaynamota de su Jurisdiccion, donde el Exc. Señor Virrey ha mandado acogerlos, y asegurarlos…61

Así, queda claro que en la Provicia del Nayarit en dos de sus misiones se hablaba el náhuatl, a saber, en Ixcatán y en Huaynamota. En este sentido, en el “Asiento de las misiones” de 1738 se indica que la misión de San Ignacio de Huaynamota “Es de lengua cora, aunque hay algunos mexicanos”;62 mientras que en el “Informe de las misiones del Rosario y de San Juan (1745)” se expone que el pueblo “…de Yscatán, [está] habitado de los tequalmes, nación distinta de la de nuestros coras”.63 Asimismo en 1745 el padre Francisco de Isasi se queja ante el Provincial de que el visitador Gregorio Hernaez haya trasladado al padre Salvador [Bustamante] a la misión de Jesús María, quitándolo “…de su propio pueblo [Ixcatán] donde administraba con tanta satisfacción en su propia lengua mexicana que es la que ahi corre…”.64 El padre José de Ortega informa en 1745 que tal medida causó “…tan sensible pesadumbre a mi padre [Salvador Bustamante] que tan gloriosamente ha gastado tantos años [sic] y perdido la salud en poner aquel pueblo tan sosegado siendo aquella nacion Tecuala tan indomita tan barbara…”.65 El mismo padre Isasi aclara ese año “…los que son pueblos de lengua mexicana como en el todo lo es el de Ixcatan y en la mayor parte de este de Guaynamota…”.66

De esta manera, en 1750 se establece que “En la misión de Guaynamota […] está el padre Joseph de Abarca [… quien] no ha podido aprender ni un vocablo ni en el mexicano ni en el cora…”.67 El mismo año, el padre Ortega precisa que en la misión de Ixcatán y la del Rosario, en la medida en que “…la nación de los tecualmes que tiene su lenguaje mexicano no se aviene con los Coras del Rosario, era menester que el padre aprendiera esas dos lenguas.68 De tal manera que

…el Padre [Joaquín] del Pozo [en San Pedro Ixcatán] sabe ya el mexicano que es el necesario para su pueblo por ser todos Tecualmes y hablar todos la mexicana. [Por su parte,] El padre [Joseph] Rincón [en la misión de La Mesa] aunque sabe la mexicana en que predica, entiende más bien la Cora para confesar sus indios todos….69

En 1756 el padre Thadeo Antonio de el Rivero le informaba al capitán Antonio Serratos que “Aunque en este pueblo [de Ixcatan], que ay presidio no se ha descubierto cosa [de idolatrías], en mi concepto no es porque no lo aiga, sino por el summo sigilo, y secreto con que los tecoalmes hasen sus cosas…”.70

Las misiones franciscanas
del Nayarit a finales del siglo XVIII

Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, las misiones del Nayarit pasaron a cargo de los franciscanos. Durante su detallada inspección en 1768 y 1769, ordenada por el obispo de Guadalajara, el cura de Huejuquilla la Alta, José Antonio Bugarín, consigna que en San Pedro “Izcatlan” fray Marcos Satarain de la Provincia seráfica de Santiago de Xalisco

Presento sus licencias de confesar en lengua Castellana, que por el tiempo de su voluntad le concedio el ilustrísimo señor Texada de buena memoria el año pasado de setecientos cincueta y seis años con facultad de poder confesar hombres y mujeres, y por tener la suficiente ydoneidad y estar aplicandose al estudio de la lengua Mexicana que entiende competentemente y que tambien hablan los indios de esta mision, por no tener la refrenda de Su Señoría Ilustrísima el señor obispo autual mi señor se las refrende…71

Asimismo, en la misión de Huaynamota, fray Joseph Ennriquez del Castillo, de la misma provincia franciscana,

Presento […] sus licencias solamente de confesar en lengua castellana, refrendadas por su Señoría Ilustrísima el señor obispo mi señor a tres de maio de setecientos cincuenta y siete años, las que di por visitadas reserbando a su Señoría Ilustrísima la providencia que convenga en horden al oficio y cargo de misionero por no saver la lengua Mexicana que hablan los indios de esta mision.72

Pero la vigencia del náhuatl como lingua franca queda confirmada con el testimonio correspondiente a la misión de La Mesa del Tonati:

…con el fin de ynstruirme mexor en el particular [de no cumplir con el precepto anual de confesarse y comulgar] hice mandar llamar a mi precencia al indio gobernador del pueblo, alcaldes, rexidores y justisiales, con horden de que traxeran en su compañia a todos los que pudieran como lo hicieron y haviendo comparesido fui de uno en uno exsaminando a los más de ellos en la doctrina cristiana en lengua mexicana a los mui torpes y a otros en la castellana y en la misma fueron respondiendo a las preguntas…73

De tal manera que estableció, entre otras reglas,

…que a todos los indios que supieren hablar la lengua Mexicana que son los mas estando vien ynstruidos en la doctrina cristiana les administre el sacramento de la Penitencia y el de la Eucaristia no solo anualmente quando corre el precepto sino otras veces que por devosion quieran haserlo…74

De igual manera, en la misión de Santa Teresa, se indica que fray Joseph Saucedo

No presento […] sus licensias de predicar y confesar […] y yo dicho comisario atendiendo al ofisio en que se halla dicho padre y que se va aplicando á aprender el ydioma Chora que hablan estos yndios y que tambien entiende el Mexicano que hablan muchos, le consedi las nesesarias para administrarles los Santos Sacramentos a los susodichos como mexor lugar haia en derecho y por el tiempo de la voluntad de Su Señoría Ilustrísima.75

En la misión de San Francisco de Paula

Presentó dicho Padre Misionero Frai Francisco Pasos sus Licencias de predicar y Comfesar hombres y mugeres en lengua Castellana y Mexicana y de administrar los Santos Sacramentos refrendadas Vltimamente en el pueblo de Amacueca por el Señor Visitador Dr. D, Matheo Joseph de Artiaga á ocho de Febrero de setesientos setenta [sic] y siete…76

Por el contrario, en la misión de Jesus Maria y Joseph se sugiere que sólo se habla la lengua cora,77 al igual que en la de El Rosario y San Juan Corapan.78

La nueva administración franciscana conformó una gran misión que incluía el Nayarit viejo, esto es, las misiones de la parte occidental del río San Pedro y del río Santiago, junto con el Nayarit nuevo, a saber, las misiones que fueron establecidas por los jesuitas entre 1722 y 1767, excepto Huaynamota, que también había sido anteriormente misión seráfica. Las primeras eran San Juan Baptista de Tonalisco, San Blas y Santa Fe (con sus visitas San Juan Bautista y San Diego); las segundas eran Santísima Trinidad de La Mesa, Jesús María y José (con su visita San Francisco), San Juan Peyotán (con su visita Santa Rosa), San Ignacio Huaynamota, Nuestra Señora del Rosario (con su visita San Juan Corapan), San Pedro Ixcatán y Santa Teresa (con su visita Nuestra Señora de los Dolores). En la instrucción de julio de 1777 sobre la misión de San Pedro Ixcatán, fray Antonio Cuebas señala que

Los Ranchos ó Rancherías que había en esta referida Mision [además del pueblo]; son del tenor siguiente: Maguiloya, Ellimon, el Zapote, Nopelis, Pipinguata, Otatita, Aguaquanta, Guibel […] Las naciones que componian á estas rancherias: eran Indios Tecualmes, Mulatos, Coyotes, que las dos naciones vltimas que tengo referidas se agregaban con los indios Tecualmes…79

La identificación de los tecualmes con los mexicanos vuelve a ser confirmada en la referencia del Comisario franciscano sobre las misiones del Nayarit, quien indica en 1800 que

Las Naciones de los Yndios de estas Misiones son Coras, y Mexicanos, que con el cuidado de los RR. PP. Misioneros, y el exercicio de los Maestros de Escuela, que para el efecto se han puesto de razon se van consiguiendo muchos adelantos en la Lengua Castellana.80

Una afirmación semejante se incluye en el informe de 1804.81 Asimismo el Marqués de Branciforte había comunicado en 1794

Que ya se han establecido escuelas de lengua castellana en las Misiones de la Mesa, Jesús María, San Francisco y Guaynamota, concurriendo diariamente los muchachos, y contribuyendo sus padres con maíz, frijol, chile y manteca para el maestro, a quien de la Comunidad se pagan también cuatro pesos mensuales…82

La misión de San Pedro “Yscatlan” contaba en 1769 con 404 habitantes83 y, de acuerdo con el informe del soldado español Diego Roman, sus indios tenían, entre otras ocupaciones, “…yrse a trabajar a las minas de San Francisco [Tinamache,] yr a las salinas á cargar sal para venderla en las demas misiones ó sacarla para varias partes de tierra adentro donde van con sus viajes…”.84 Asimismo, se indica que

…los indios de esta mision con los de las demas tiene vastante comersio, de carne, sal, frutas varias como son platanos, caña, sandia, melon, algun mais, cueros, gallinas huevos y otras varias cosas que venden por ser estos indios mui tratantes y sus tierras fertiles y abastesidas de frutas que les vienen á comprar a una á dos, y a tres cargas que de las dichas misiones suelen sacar para fuera cada indio que entra y que este comersio lo mas es, por dinero de plata sellada y algunas veses por algunas mulas cavallos ó mais que quando suele aqui haver escases les traen los otros. […] que tambien comersian del mismo modo con los pueblos confinantes con la mision que son por el lado del poniente San Diego, San Blas, Santa Fe Coyutan, Paramita, San Juan Mescaltitan. Y por el lado del sur el pueblo de Tepique las minas de San Francisco y otros que siguen por dicho viento algo mas retirados pero que todos entran á comprarles miel, sera y frutas y que quando no vienen, van estos a venderlo dicho por alla. […] que las grangerias yndustriosas que estos indios tienen son algunas sillas, de carriso que hasen algunos sapatos, gamusas y dos herreros que ay y se ocupan en haser machetes y hachas para venderles a los demas. […] que las indias de esta mision se ocupan en hilar, y texer lana y algodon para vestirse y para venderse los unos a los otros algunos texidos, y que asi ellos como ellas se visten mexor que los de las otras misiones y aunque los de otras partes porque las susodichas tienen las mas naguas de sarga y ellos camisas y calsones de paño y de tripe con ojales de plata y franjas…85

Los desplazamientos de poblaciones durante
la guerra independentista (1811-1821)

Durante su primera etapa, la Guerra de Independencia tuvo como uno de sus escenarios más violentos el Occidente mexicano y -como era costumbre- las confrontaciones armadas se exacerbaron en la región serrana. El franciscano español Rudesindo Angles había llegado al Nayarit en 1793 y en el momento de la rebelión independentista fungía como Comisario de las misiones de aquella provincia. A diferencia de otros miembros de la orden seráfica -como los del convento de La Cruz de Tepic-,86 él tomó partido declaradamente por el bando realista, de tal manera que participó directamente utilizando todos sus recursos ideológicos e incluso llegó a dirigir las confrontaciones armadas contrainsurgentes. De hecho, Marcelino Miramontes, el enviado de Hidalgo a la sierra, “…fue aprisionado por […] Angles y entregado a la tropa que se encontraba en Guasamota”.87

Su informe al obispo de Guadalajara del 29 de marzo de 1812 es una joya historiográfica. Destaca, por un lado, que tanto Huaynamota como Ixcatán eran entonces presidios con guarnición militar; por otro, la vinculación en los hechos bélicos de los realistas de la sierra del Nayarit con los de Durango, más que con los de la Nueva Galicia. Así, Angles indica que

…a principios de enero de mil ochocientos once se presentaron por la entrada de Huainamota más de seiscientos insurgentes enviados por [el padre José María] Mercado, que tuvieron un combate con los veinte soldados nuestros en el rancho de la comunidad de Jesús María, de los que murieron cuatro y veinte de los insurgentes. Los soldados que quedaron de Huainamota se retiraron por Jesús María y San Juan Peyotán con el comandante [Miguel] Ochoa y yo y los de Iscatán y Santa Teresa por la altura de dicha Sierra [hacia el Mezquital], aterrorizados de las voces vagas de que los enemigos que iban a entrar al mismo tiempo por Iscatán, eran más de dos mil, cuando no eran más de cuatrocientos, al mando de un capitán Carrasco.88

…pero a principios de junio, estos pueblos que no se habían subordinado y andaban errantes por los montes, atacaron al pueblo de San Pedro Izcatán, a donde residía el padre europeo fray Juan Bautista Zaragoza, y este misionero, con algunos vecinos e indios de la del Rosario, (que no las divide mas que un río) les mató seis de los principales y los demás se dispersaron.89

A pocos días me manifestó el padre Zaragoza la necesidad que había de resguardar el importantísimo punto de su misión [de Ixcatán], a donde bajé con seis soldados del comandante Ochoa que estaban en la mía [de la Mesa del Nayar] y en menos de ocho días acuartelé ciento veinte hombres para sostener aquel puerto […]. …los insurgentes, en número de más de mil y quinientos estaban acampados en la Hacienda de San Lorenzo, seis leguas distante de dicha misión, y […] los más días amenazaban atacarnos. […] Pero viendo que se aumentaba el número de insurgentes en el plan de Tierra Caliente, y que a nosotros nos faltaban armas para la poca gente que teníamos, nos replegamos con todas las familias de vecinos y como veinte y cinco de indios al punto de Santa Teresa…90

Tanto Ixcatán como La Mesa fueron tomados por los insurgentes y en el mes de septiembre Angles regresa “…con diez y ocho veteranos, veinte y cinco vecinos con seis escopetas, y otras tantas lanzas y cuchillos y quince indios flecheros…”, pero es derrotado en La Cebolleta. Así, “De resultas de esta desgraciada acción, no nos quedó otro arbitrio que retirarnos otra vez por Santa Teresa a San Francisco del Mezquital, quedando toda la Provincia [del Nayarit] nuevamente en completa insurrección.91

En el informe del Comisario fray Ignacio Rico de 1824, se consigna que

La misión de San Pedro Ixcatán después de la rebolución pasada conocida pr. Insurrección, el R. P. Angles pr. Orden superior del Gobierno la fundó, y se reunió con muchos afanes las familias de los pueblos destruidos Rosario y San Juan Corapa, á ella, por ser mejor su posición local, excelente agua camino R[ea]l, muy antiguo pr. ser garganta, y punto de defensa inexpugnable de toda esta Pro[vinci]a […] y otras ventajas y utilidades de qe, goza ésta, y carecen los otros dos pueblos […] De esta Misión de Ixcatán se administran los sacramentos á los otros tres pueblos de Santa Fee, San Diego y San Juan Bautista.92

Más adelante aclararía el padre Rico que “Los hijos de los pueblos destruidos, […] por orden del Gobierno han fundado la misión de Ixcatán…”.93

Si se indica que fue difícil congregar a quienes habían huido de la destrucción de los pueblos de Rosario y San Juan Corapan -y, se entiende, que se encontraban en las proximidades-, para repoblar el de San Pedro Ixcatán, debe haber sido mucho más dificultoso hacer regresar a las familias de tecualmes hablantes del mexicano que se habían refugiado en los más alejados territorios norteños, en la frontera de Durango. El que se afirme que, durante el periodo de la guerra de Independencia, se ha “…fundado la misión de San Pedro Ixcatán”94 implica que ésta había quedado totalmente deshecha y despoblada. Por lo demás, no se menciona en las fuentes que los tecualmes hayan retornado y no se debe olvidar “…qe. todo se perdió y destruyó”95 y que las escaramuzas armadas en el Nayarit fueron constantes por casi una década, pues “…en la sierra se concentró la oposición [a los realistas]”,96 de tal manera que “La rebelión en la Sierra continuó hasta la consumación de la Independencia”.97

En el “Padrón estadístico que comprende todas las misiones y sus Pueblos de visita de la Pro[vinci]a. de S[eñ]or. San José del Nayarit” de junio de 1824, la “Misión de San Pedro Ixcatán” aparece solamente con un total de 18 personas, entre “matrimonios, viudos, viudas, doncellas, solteros y párvulos” y únicamente con cuatro familias.98 Pero en el informe de fray Rafael Ibarra, del 6 de diciembre de 1826, ya se indica que “San Pedro Ixcatán tiene 168 habitantes en 45 casas […] Despoblados: Rosario, San Juan Corapa, San Blas”.99

Más de un siglo después, cuando en 1939, con su encomienda de investigación etnomusicológica, Téllez Girón llegó a San Pedro Ixcatán, éste ya era un pueblo de coras y mestizos.100 Téllez Girón indagó que las letras de los cantos de Las Pachitas

…no están en lengua cora. Los indios dicen “Las palabras de El Mexicano [de veintiseis estrofas] están en mexicanero y las de El Papaqui [de cuarenta estrofas], en castilla”. Al decir ellos “mexicanero” se refieren al lenguaje usado por ciertos grupos de indios que habitan en determinados puntos de la sierra, a los cuales llaman “mexicaneros”; ellos aseguran que aunque estos indios proceden de la misma familia racial que los coras, constituyen un grupo en cierta forma diferente y cuyo lenguaje no comprenden.101

Gregorio Flores, el informante de más confianza

Con toda claridad me dio a entender que los coras vienen aprendiendo por tradición oral estos cantos desde tiempo inmemorial, pero sin saber ninguno de ellos el significado de las palabras. Hay además la circunstancia de que ninguno de los “vecinos” [mestizos] que viven en Ixcatán desde hace muchos años, ha podido saber nada sobre el particular, no obstante que algunos de ellos han tenido curiosidad por aclarar este enigma. […] Cuando me convencí de que ni en Ixcatán ni en Corapan encontraría quien me proporcionara una traducción de los textos de Las Pachitas, procuré investigar en qué lugar viven los “mexicaneros”. Varias personas me informaron que posiblemente los encontraría en Rosarito.102

Sobre este punto Téllez Girón aclara que

El regreso lo efectué [desde Santa Teresa] pasando por los pueblos de Dolores y Rosarito, en donde creí podría encontrar algún “mexicanero” que quisiera proporcionarme la traducción de los textos de las Pachitas. En ambos lugares fui informado de que allí no hay tal clase de indígenas, […] Pero además debo decir que encontré esos dos pueblos casi totalmente abandonados…103

Algunas consecuencias del reino de Lozada (1856-1873)

Entre 1856 y 1873 las comunidades indígenas serranas, en alianza política y militar con los mestizos de la costa y el altiplano de Tepic, lograron una situación de autonomía, al formar parte del movimiento encabezado por Manuel Lozada (1828-1873).

DA260203Mapa 3. El territorio lozadeño, a partir de J. Meyer, “El reino de Lozada…”, 1984 (1973), p. 241.

Lozada tuvo bajo su dirección (siempre directiva, jamás imperativa) a los tepehuanes de Santa María Ocotán, San Francisco y Quiviquinta, a los de Santiago Teneraca y a los de Tasquaringa [sic], a los huicholes que se distribuyen entre los cuatro pueblos situados a lo largo del río Chapalagana [Tensompan, Santa Catarina Cuexcomatitán, San Sebastián Teponahuastán y San Andrés Cohamiata], a los coras de Santa Teresa, Huazamota, Jesús María, Mesa del Nayar y San Juan Peyotán. […] En torno a uno de sus pueblos, Guaynamota, se dieron los últimos combates. […] Fuera de estos tres linajes [indígenas], desde luego no solidarios, tras Lozada fueron pueblos mezclados como Pueblo Viejo, Durango, donde hay aztecas y tepehuanes, Nostic, formado por aztecas que desde hace mucho tiempo olvidaron su lengua, Milpillas Chico, San Francisco y otros más donde los coras, los huicholes y los tepehuanes coexisten tranquilamente. Todo sin hablar de los “poblanos”, indios venidos no se sabe de dónde y así llamados en las comunidades que los acogieron.104

DA260204Figura 1. Sello del Juzgado de Huazamota. Archivo de Ramón Corona, Legajo 10, 1873, apud J. Meyer, La tierra de Manuel Lozada, 1989, p. 356.

La situación durante ese periodo de más de tres lustros no fue homogénea, pues hubo altibajos provocados principalmente por la situación política y militar nacional y regional. Sin embargo, una constante fue la restitución de las tierras comunales usurpadas por las haciendas. Por otra parte, en la región serrana indígena se refundó el ritual comunal, bajo una versión que mezclaba las tradiciones aborígenes con los cultos tridentinos implantados por los misioneros jesuitas y franciscanos.105

A finales de 1872, el gobierno federal decidió terminar por la vía militar la “insoportable política agraria” del régimen lozadista. A principios de 1873 los contingentes lozadeños decidieron lanzarse a la toma simultánea de Guadalajara, Zacatecas y Mazatlán y -entre otras causas, debido a su estrategia de fragmentación y dispersión militar, así como a que salieron a combatir fuera de los terrenos que conocían- fracasaron en el intento. Lozada fue hecho prisionero en junio de 1873 y poco después fue fusilado sumariamente en las afueras de Tepic.

Este movimiento fue, sobre todo, una confederación de pueblos divididos entre sí y cuyo único denominador común era el jefe que había sabido unirlos. […] Todos estos pueblos dependen finalmente […] de sus jefes; sin ellos nada es posible y la asamblea de estos jefes toma las decisiones. En el hundimiento de la confederación, la responsabilidad, en primera instancia, recae en los jefes. Su actitud, además, fue contraria a la de los pueblos. Dejaron de luchar para defender los intereses de sus pueblos y se hicieron caciques en el sentido moderno de la palabra, es decir, se pusieron del lado de la administración [gubernamental] para explotar a sus hermanos.106

Los hablantes de náhuatl continuaban en Huaynamota, tras el fusilamiento de Lozada. De hecho el cabecilla cora Dionisio Gerónimo, convertido por las circunstancias al lado del gobierno federal, había informado al general Ramón Corona el 12 de junio de 1873 que “… barios de los auciliares toda bia handan en campaña, por razón que el pueblo de Huaynamota esta muy rebelde no quiere ponerse a disposeción del Supremo Gobierno…”.107 El presbítero J. Buenaventura Méndez le aclaraba a dicho general el 18 de septiembre de ese año que “…los pueblos, Mesa, Sta. Teresa, San Francisco y Jesús María son legitimos Coras […] los de mas pueblos son castellanos, berdad és, que Huaynamota és mejicano, pero todos saben muy bien el castellano y sólo en las juntas hablan en su idioma natal”.108

Pero Dionisio Gerónimo añadiría que

El pueblo de Huaynamota no quiere someterse á esta Cabesera [de la Mesa del Nayarit] como ciempre lo á hecho, sino vivir independiente de toda clase de autoridades porque ni aun la Eclesiastica han querido obedeser. Todos estos pueblos [congregados en torno a la autoridad de La Mesa del Tonati] estan con la idea de haser una representacion al Supremo Gobierno, con el fin de arrancar de raíz al referido Pueblo, pues por él han venido muchos males á este Cañon…109

No se ha encontrado información sobre si la amenaza del jefe cora Dionisio Gerónimo contra sus ex compañeros lozadeños de Huaynamota se llegó a cumplir, pero en enero de 1874 “Familias del pueblo [de Huaynamota] son desterradas a Yucatán”.110 De tal manera que 28 años después el antropólogo checo-norteamericano Aleš Hrdlicka, en un informe sobre las danzas de Huaynamota, presenciadas en octubre de 1902, no habla ya sino de coras,111 quienes deben haber repoblado en buena parte el sitio. Hrdlicka en su listado de los pueblos coras incluye a

Iauchke, or Nayar, on the famous Mesa de Tonate, Chuisete, or Jesus Maria, on a portion of the western border of the river of the same name, and Kwaimaluse, or Santa Teresa, on the highland in the northwestern part of the Cora country. Lesser villages are Washilap, or Dolores, Wainamota, Wasamota (formely Tepehuane, at present probably a mixed population), Kwarata, or San Francisco, and Diskatan [Ixcatán].112

Por su relación académica con Lumholtz -ya que éste lo había introducido a la sierra Madre Occidental en 1898-, Hrdlicka estaba consciente de la presencia de hablantes del náhuatl en la región, de tal manera que si los hubiera encontrado en Huaynamota, seguramente los hubiera reportado. De hecho, aclara que “…some Tepehuane are settled with Indians speaking the Nahua and somes whites in Pueblo Viejo, Pueblo Nuevo, and Milpillas Grande, with Milpillas Chico, in [el territorio de] Tepic”.113

Sin embargo, todavía a mediados del siglo XX quedaban algunos hablantes de náhuatl en Huaynamota, pero esta lengua se había convertido en una reliquia que sólo se utilizaba esporádicamente para la comunicación con el sanctum sanctorum local. El testimonio de Tereso Martínez Robles en este sentido es elocuente y conmovedor. Él había nacido en ese poblado en 1939 de padre huichol y de madre cora. Su recuerdo se refiere aproximadamente a 1950:

Cuando ese santito [el señor de Huaynamota] se encaprichaba, se enojaba, que no quería salir [para la procesión de la Semana Santa], se hacía pesado, no lo podían sacar. Entonces mandaban hablar a mi tío Timo [Eutimio Martínez], a mi tío Alejo Martínez, a Quin [Joaquín] Taizán, a Enemesio [Mecho] Taizán y a Toño Mijares. Eran cinco nomás los señores que lo hacían entender. A nadie más le hacía caso el santito, a nadie más le comprendía.

Ellos le reprochaban al santito, como enojados le hablaban a la imagen. Le hablaban en un idioma de indios, pero ése no era huichol ni cora. Nomás ellos conocían ese idioma. Esa lengua la usaban nomás cuando necesitaban hacer entender al patrón. Entre ellos esos señores hablaban como hablamos yo y tú. Esos viejitos sí eran muy viejitos, eran indios de a tiro legítimos.

En Semana Santa yo me borraba desde chiquillo -era Judío-, ponía oreja a lo que decían los viejitos.

De esta manera, como en 1873 en Huaynamota el náhuatl se usaba exclusivamente en las reuniones políticas y 75 años después era una lengua en el último momento de su existencia -recordada tan sólo por cinco ancianos y empleada únicamente para plegarias especiales-, se puede suponer que en 1902 Hrdlicka no tuvo conocimiento de su existencia porque ya no era una lengua de uso común, sino que se había convertido en un código cuasi-esotérico.

Nueva hipótesis: los mexicaneros son
descendientes de los tecualmes del siglo XVIII

En la carta geográfica de la “Sierra de el Nayarit, ya nuevo Reyno de Toledo con sus confines, conquistada año 1722 y administrada por los Missioneros de la Compañia de Jesus”, delineada por el padre Salvador Ignacio Bustamante S.J. en 1745,114 aparece claro el panorama étnico de la región del Nayarit. Dentro del territorio de las misiones ignacianas, en la parte norteña, se aclara “Nayaritas Coras”, en relación con las inmediatas poblaciones de “Xicora”, “S. Francisco Ocotan” y “Sta. Ma. Ocotan”, clasificadas bajo el nombre de “Tepeguanes”. Al lado oriental de la delimitación jesuítica aparece la denominación “Guicholes”. Pero en la esquina surponiente, abajo de los pueblos de “Corapa” e “Iscatan” se indica la anotación “3ra guerra con los Tecualmes” con dos flechas entrecruzadas apuntando hacia el oriente. Esta leyenda cobra sentido al tomar en cuenta las referencias iconográficas y textuales sobre la primera guerra -la de la conquista tonatina de 1722-, la segunda guerra de 1724 -en la que se sublevaron Santa Gertrudis, La Mesa, Santa Teresa y Rosario- y, por último, la tercera, que corresponde al levantamiento de los tecualmes de 1731. De esta manera, queda establecido que, a mediados del siglo XVIII, los nayaritas-coras, mayoritarios en las misiones del Nayarit, convivían no sin cierta hostilidad con una minoría de tecualmes -a quienes las fuentes documentales de esa época establecen como hablantes del “mexicano”- en la región de la bocasierra del río San Pedro.

DA260205Mapa 4. Sierra del Nayarit, ya nuevo Reyno de Toledo con sus confines, conquistada año 1722, y administrada por los Missioneros de la Compañía de Jesús. Fuente: Bustamante S. J., 1745, apud The Bancroft Library M-M1716, vol. 10: 6. Courtesy of the Bancroft Library, University of California, Berkeley.

Por lo demás, las misiones del Nayarit delimitaban -en lo referente a “naciones” indias- al oriente con los huicholes y al norte con los tepehuanes, sin que se indique la existencia de algún otro grupo etnolingüístico en aquella frontera septentrional. De haber existido allí otra “nación”, sin duda hubiera sido consignada.

En este punto es claro el informe del franciscano Arias de Saavedra, misionero en el convento de Nuestra Señora de la Asunción de Acaponeta desde 1656, con tres años de experiencia previa como auxiliar, y cuyas noticias se fundamentan en entrevistas a indios gentiles y apóstatas que bajaban de la sierra, a “españoles y mestizos que habían entrado la sierra adentro”, así como en sus propias entradas a la sierra “acompañado de algunos indios cristianos de su nación”, “hasta el río que llaman de San Pedro y ranchería que llaman de Soaitita”:

Está cercada la nación Cora Nayalyta de la nación tepehuana la cual empieza desde un pueblo que llaman San Joseph de esta Doctrina de Acaponeta y luego se sigue Chybichynta, Mylpillas Grandes, Pueblo de Lajas, Thenara, Yoynary, Mylpillas Chicas, Mesquitán, Santa María Ocotán, San Francisco Ocotán, Moroata, Nyara, Sán Antonio Huasamota [, etcétera]; esta nación cristiana [los tepehuanes] y dichos pueblos cercan desde el norte al medio día a la de los Choras Nayalytas…115

Un siglo más tarde, en el capítulo correspondiente a la “Tepehuana austral y occidental” de la pormenorizada visita pastoral del obispo de Durango, no se hace referencia a otro grupo indígena sino a los tepehuanes.116 Y, en específico, se señala para 1763:

Jícara. Este pueblo de indios tepehuanes, su titular es San Pedro, dista del Mezquital cincuenta y cinco leguas, tiene su situación en una formidable y espantosa quebrada del río de Guazamota, de donde dista doce leguas al norte, río arriba, sus familias son veinticinco, personas setenta y nueve […] agregué en propiedad este pueblo de Jícara a Guazamota, y los indios me lo rogaron, y los separé de su cabecera antigua, El Mezquital, aunque la más acertada providencia sería despoblarlos de aquel sitio tan sumamente incómodo y que se bajaran a otro de los pueblos de Guazamota, especialmente al de San Bernabé, que tiene pocas gentes, y está en mejor paraje y ya cercano a Guazamota, pero como los indios tanto apetecen vivir sin sujeción y a su modo, para ellos es más apreciable lo más retirado y escondido.117

Acerca de Huazamota, se añade:

Guazamota. Este pueblo de indios tepehuanes, su titular es Santa María, es cabecera, su cura doctrinero que está interino es religioso franciscano, […] vive temeroso el pobre doctrinero no se subleven y rompan contra él [los indios], son cerrados y poco les penetra la doctrina cristiana […] y como no sabe la lengua el doctrinero [que siendo ya allí antiguo, extrañé no les entendiera], así confesiones como doctrina, reconocí superficial, […] están aquellos indios de los más atrasados en doctrina del obispado; […] el pueblo de Guazamota tiene familias treinta y seis, con ciento cincuenta y tres personas, […] su temperamento es caliente y el de los demás pueblos de esta feligresía. […] confina con el Nayarit, dista del primer pueblo que se nombra San Juan Peyotán medio día de camino, al sur, es la puerta por donde se entra a esta provincia, reducida este siglo, toca al obispado de Guadalajara, están sus pueblos al cuidado de los religiosos de la compañía de Jesús.118

* * *

Durante la coyuntura de la reducción en 1722 los tecualmes habían dado refugio a los coras fugitivos, como lo expresa el capitán Juan Flores de San Pedro: “…deseando llegar a la nación de los tecualmes por tener noticia haberse ido de ella a refugiar muchos de estos gentiles [coras]”.119 La hostilidad, ya en la época jesuítica, de los coras de Corapan hacia los Tecualmes de Ixcatán quizás quede explicada si se recuerda que el territorio de los segundos había sido, en las últimas décadas previas a la reducción, el suelo de los primeros. Esa porción territorial era precisamente la tierra más fértil de todo el Nayarit y la “garganta” (entrada-salida) más importante hacia la región costera. En la estancia de Huamiloyan (Maguiloya), en el cañón del río Santiago, los jesuitas establecieron, durante su administración, uno de sus ranchos ganaderos.120

Se tienen noticias de las relaciones comerciales y matrimoniales entre Huaynamota e Ixcatán durante el siglo XVIII, pues en 1769 el español Gregorio Jurado aclaró que “…los indios […] de este pueblo [de Huaynamota] suelen yr á comprarles con dinero a los del pueblo de Yscatlan alguna fruta de la que alla tienen para llevarla a vender a otras partes que lo ordinario que les compran es platano grande y pequeño”.121 Por su parte, Joseph Matheo de Miramontes Altamirano indicó

…que todos los indios de las mi[si]ones [del Nayarit] unos con otros tienen buena correspondencia y se llevan vien y que todos son de la nasion Chora a esepcion de los del pueblo de Yscatlan que son de la Tequalme y que estos de esta mision [de Huaynamota] tienen a los dichos Tequalmes por de menos esfera porque quando algun hijo suio casa con alguna yndia de dicho pueblo de Yscatlan muestran sentimiento y algun genero de afrenta.122

De esta manera, los hablantes de mexicano de Huaynamota no se consideraban de la misma nación que los tequalmes de Ixcatán e incluso juzgaban a los segundos como sus inferiores.

Por otra parte, queda claro que los tecualmes tenían una antigua lengua propia, pero la fueron sustituyendo por el náhuatl, ya que así lo indicó el español Diego Román: “…los yndios de esta mision [de San Pedro “Yscatlan”] son de nasion Tequalme cuia lengua se va ya extinguiendo y han tomado la Mexicana, y que todas las demas misiones son Choras”.123 Igualmente el soldado Francisco Antonio aclaró

…que todos los yndios de las siete misiones [del Nayarit] tienen union y amistad y que todos son de una misma rasa y hablan una misma lengua, menos los del pueblo de San Pedro Yscatlan que hablan la lengua Tequalme aunque ya se va extinguiendo tanto que solos los viexos, han quedado hablandola y todos los mosos se han aplicado á hablar la Mexicana.124

En este sentido, el soldado Patrisio Gabriel Gallardo reiteró

…que todos los indios de las misiones […] son de una rasa aunque antiguamente se mesclaron con ellos algunos tepeguanes pero que ya no ay memoria de ellos, y que el pueblo de Yscatlan es de yndios Tequalmes que hablan distinta lengua, aunque ya se va exterminando y redusiendose á hablar la Mexicana.125

En el proceso indagatorio sobre las idolatrías encontradas en 1768 en las misiones del Nayarit, “Juan de Dios, yndio del pueblo de San Pedro Yscatan” declaró

…que los que concurrieron al mitote fue casi todo el pueblo y algunas mugeres y es cierto que el viejo Juan Antonio ya difunto canto dansando unos versos en lengua Tequalme pero que como y en su pueblo todos los mas han olvidado ese ydioma no entendieron lo que contava el viexo…126

Por su parte, “Francisco Cortes alias el Tortugo” añadió

…que fabricaron el ydolo de unas flechas y lo llebaron a poner a la cueva del zerro de la Petaquilla y que en el arrollo de Atotonilco se vailaban los mithotes en que usavan el rito de poner sobre un tapeste un tecomate con mescal expremido con el qual asperseava con un carriso que se ponia en la voca Juan Antonio Zalcedo y que se ponia tambien unas raises de amole con el qual se labavan las mugeres la cavesa y que lo dicho lo hasian para pedir al ydolo sanidad y buenas cosechas que el sacerdote de este ydolo era Juan de Dios que el ydolo llamaban algunos el Teguit en lengua Tequalme que en Mexicana es lo mismo que diablo o Tacatecolot que lo mas del pueblo le tributaba flechas…127

En ese proceso contra las idolatrías, “Maria Marcela que es muger de Juan Diego ambos del pueblo de Yscatan, representa de edad sesenta y tantos años…”, por lo tanto tenía alrededor de veinte años de edad al tiempo de la conquista de 1722, declaró que

…si se valian de ella muchas veses para lavar a las criaturas resien nasidas y que ella lo hasia solamente por quitarles la sangre conque nasian y que a un nieto suio tambien lo labo con el mismo fin y que para ello traia la agua de una cienega y proferia una forma de palabras que aunque repitio muchas veses no pudieron aqui escrevirse por su obscurisima pronunsiasion pero en lengua Mexicana explico que la substansia de ellas era deprecar á los dioses de sus antiguos que le dieran á aquella criatura salud y fuersas para que se criara…128

Sobre esta indígena, el subteniente Sebastián Salcedo declaró que “…Marsela era sacerdotisa que baptisava a las criaturas en una laguna vajo de una forma ygnota en lengua tequalme”.129 Al referirse a ese asunto de las idolatrías, el comandante Vicente Cañaveral Ponce de León indicaría que

…como sacerdotiza tenia ella [Marcela de Ixcatán] el particular ministerio de bautizar a los recién nacidos de su pueblo, echándoles agua desde la cabeza, acompañada en su lengua tecualme de estas palabras: Nimemigua, Papaneleocheche, Yore perec tacaguia, tavargeo Pericq Guacoyen Tabaic vayahuic, que por ser del idioma antiguo de antes de la conquista sólo entienden tal cual viejo o vieja y no se le encuentra ajustada traducción al castellano, mexicano ni cora, pero parece ser su equivalente: “Dios Madre, y nació esta criatura, y se ha empezado alimentar de la leche materna, bajo de tu protección la pongo para que se crie feliz y preserve de daño, acuérdate de la ciénega de donde vino esta agua…130

Por lo demás, esta fórmula “bautismal” de los tecualmes es casi idéntica en contenido a la referida por fray José Antonio Navarro para los coras:

…para solemnizar una seremonia que hacian remedando el bautismo, […] llevaban á la criatura al paraje compuesto, y luego que llegaban tomaba la Sacerdotiza á la criatura, y se iba con ella para la agua de donde tomaba una vasija, y la derramaba sobre el Infante, diciendo en lengua Cora, ó Tepehuana, unas palabras, que en nuestra español sonaban de esta manera: Diosa Madre, esta criatura que ha nacido, y comienza á criarse vajo tu protecion, se encomienda, para que se crie con la leche materna, acuerdate de la sienega ó fuente (hay se expresa la parte de donde era la agua) de donde es esta agua.131

El énfasis de los soldados de los presidios del Nayarit sobre la existencia del tecualme como idioma en extinción en San Pedro Ixcatán hacia 1768 radica quizás en lo reciente y dramático de los procesos anti-idolátricos en los que presenciaron las referencias a las antiguas fórmulas rituales en dicha lengua. Pero el hecho es que ya nadie las comprendía plenamente y desde su reducción, hacía 46 años, la lengua que declararon reiteradamente para ese pueblo los misioneros jesuitas fue el mexicano.

Aun cuando los informes franciscanos de 1800 y 1804 sólo señalan en lo general que “Las Naciones de los Yndios de estas Misiones son Coras, y Mexicanos”, en el expediente “Sobre las Misiones del Nayarit”, elaborado por fray José Antonio Navarro y remitido por fray Vicente Pau al vicario general del obispado de Guadalajara, Juan José de los Rios, el 29 de noviembre de 1790 se había precisado que

…la lengua de esta Mission [de San Pedro Ixcatán] es Mexicana […] Esta Mission tiene de Padron ochenta, y seis Yndios, setenta, y tres Indias, treinta, y dos muchachos, y veinte, y una muchachas; tiene tambien seis vecinos mulatos, cinco mugeres, doce muchachos, y cinco muchachas.132

Sin embargo, para el caso de la Misión de Huaynamota se indicaba -sorprendentemente- que “la lengua es Cora”.133

En 1812 el franciscano Angles hizo la aclaración de que “Los indios de Huainamota e Izcatán abrazaron desde el principio el motín independentista, saliendo fuera de la Provincia [del Nayarit] a agavillarse con los insurgentes, de los cuales han perecido los más en las facciones”.134 Sin embargo, informa que en 1811 huyeron con los realistas hacia Santa Teresa 25 familias de indios de Ixcatán. Por lo que prácticamente salieron refugiados más de la mitad de los 212 hablantes de mexicano censados en 1790 en dicha misión.

No se ha encontrado información sobre si las 25 familias de indios de Ixcatán -tradicionalmente hablantes de náhuatl- que abandonaron el poblado y partieron para Santa Teresa y probablemente luego -tras la derrota realista en La Cebolleta- hacia San Francisco del Mezquital, hayan retornado. La grave situación de esa microrregión en los primeros años de la guerra de Independencia sugeriría que abandonaron definitivamente esa población. Lo mismo sucedió con la vecina misión de Cuyutlán, que fue totalmente despoblada y algunos de sus antiguos moradores fundaron en 1814 el pueblo de Rosamorada.135

La recepción de los tecualmes-mexicanos en territorio tepehuán pudo haber estado propiciada, por una parte, debido a la alianza que habían establecido las autoridades militares de Durango con los combatientes realistas de las misiones del Nayarit y también por la despoblación coyuntural de varios puntos de la zona sureña tepehuana. La emigración, obligada en aquel entonces por las situaciones bélicas -desde un clima caliente a uno frío- sigue siendo una situación corriente entre los grupos indígenas serranos; éste es el caso en la actualidad de las migraciones individuales y familiares de los coras de Santa Teresa y los de Rosarito y Corapan en un sentido y en otro. De hecho, Santa Teresa está próximo a la actual zona mexicanera y Corapan está junto a San Pedro Ixcatán. Pero a la postre, los hablantes de náhuatl terminaron por asentarse en áreas calientes,136 en los cañones del río San Pedro y del río Jesús María.

Un detalle que no debe ser pasado por alto es que el poblado de Xicora ya existía en la región de Mezquital137 y en algunas fuentes posteriores se le denomina San Pedro Gicaras,138 o San Pedro de Xícaras139 y éste era precisamente el nombre del santo epónimo de Ixcatán, cuando los tecualmes abandonaron su pueblo en 1811. Es lógico que en la búsqueda de su nuevo asentamiento esa identificación nominal haya gravitado a partir del recuerdo de su santo patrón.

La hipótesis principal que se desprende de todos estos datos es que los mexicaneros son los descendientes de los tecualmes, hablantes del náhuatl, que se desplazaron precipitadamente en 1811 desde la zona de Ixcatán hacia Santa Teresa, protegidos por el franciscano Rudesindo Angles y las tropas realistas; tal como lo hicieron los soldados, es lógico que las 25 familias de dichos indios tecualmes hayan avanzado hacia la zona tepehuana de San Francisco del Mezquital, contando con el amparo de las autoridades de Durango, que operaban al unísono con los seguidores de Angles.

El hecho de que los mexicaneros contemporáneos no se reconozcan como tecualmes tiene una explicación. Casi 200 años después de su exilio hacia la región limítrofe de Durango y Nayarit es difícil que permanezca el recuerdo de su origen en San Pedro Ixcatán, o al menos que sus antepasados hayan estado proclives a manifestarlo. En la coyuntura de 1811, quienes habían permanecido en la misión eran los “conservadores”, pues los “contestatarios” se habían incorporado a las fuerzas insurgentes y -tal como lo indica Angles- perecieron en su mayoría durante los combates fuera de su región. De esta manera, las 25 familias de tecualmes que emigraron y fueron acogidas en la zona tepehuana, dominada por los realistas, lo que menos deseaban era ser identificadas como indómitos-bárbaros-revoltosos-tecualmes.

En este sentido, se deben tener presentes los acontecimientos de “…la sublevación intentada por los indios del pueblo de Tepic y otros de la Nueva Galicia [, a finales de 1800 y principios de 1801]”,140 “…un alboroto de tal manera mayúsculo, que puso en pie de guerra a delegados, capitanes, marineros, alcaldes, alguaciles, jueces, magistrados, ministros y hasta el mismísimo rey…”.141 En dicho movimiento, lidereado -al menos de manera nominal- por el Indio Mariano, Máscara de Oro, San Pedro Ixcatán había sido una de las comunidades indígenas convocadas -la única de las ex misiones jesuíticas- y una de las poblaciones conjuradas.142 De hecho, fueron procesados su gobernador, Miguel Alonso, y otros cinco indios de dicha comunidad.143 Es lógico, así, que los indígenas desplazados hayan preferido a la postre el etnónimo de mexicaneros, el cual, en un tono neutral, los identificaba exclusivamente con su lengua.

La hipótesis del origen de los mexicaneros en la misión de San Pedro Ixcatán se ve confirmada por el hecho de que, de los cuatro grupos etnolingüísticos del Gran Nayar, solamente los coras y los mexicaneros celebran la temporada del carnaval con los cantos de las Pachitas, los cuales incluyen una buena cantidad de textos en náhuatl.144 La mención, insistente y reiterada, a Gualalo -la virgen de Guadalupe- remite la introducción de dichos cantos en el periodo jesuítico; sería poco probable que los franciscanos, a partir de 1767, hubieran propiciado un culto tan abrumador a la advocación guadalupana, de la cual habían sido tenaces detractores.

* * *

Por otra parte, al final de la etapa jesuítica, muchos de los coras eran hasta cierto punto bilingües y trilingües, esto es, también eran hablantes del mexicano y en menor medida del castellano.145 No sólo eran capaces de responder satisfactoriamente los interrogatorios doctrinarios en dichas lenguas, sino que, como realizaban frecuentemente viajes comerciales por las comarcas del derredor, deben haber estado familiarizados con la lingua franca nativa de aquella época. Por lo que no se debe descartar la hipótesis secundaria de que algunos coras -principalmente de Santa Teresa y La Mesa del Tonati- también se hayan desplazado durante los disturbios de la Guerra de Independencia hacia la región tepehuana y a la postre -quizás debido a matrimonios interétnicos- hayan abandonado la lengua cora.

En la relación de las “Temporalidades”146 confiscadas a los jesuitas durante su expulsión en 1767, se enlistan en las bibliotecas misionales del Nayarit las siguientes obras: Santa Teresa de Jesús, Elementos de lengua mexicana (ff. 72, 102 y 207v); Arte de la lengua mexicana (ff. 73, 102v y 209); San Pedro Ixcatán, Tomo de lengua mexicana (f. 245); Santísima Trinidad [de la Mesa del Tonati], Vocabulario mexicano (ff. 10v y 96v); y Santa Rita, Vocabulario mexicano y castellano (ff. 60, 101v y 189v).

Además, como resultado de las confiscaciones de las misiones jesuíticas, en el Real de San Francisco Tinamachi se encontraban depositados en 1774 los siguientes libros: un Arte de lengua mexicana escrita por el padre Betancourt, otro de Vázquez, otro de lengua mexicana por el padre Horacio Carochi y un Arte mexicana del padre Rincón (ff. 246v y 247).

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Tampoco se puede desechar inicialmente otra hipótesis secundaria de que algunos “indios flecheros”, “hablantes de lengua mexicana”, de la jurisdicción de Acaponeta se hayan trasladado hacia la actual zona de los mexicaneros. Aquí es fundamental el informe de 1792 de Fernando Cambre, en respuesta a la solicitud del virrey Revillagigedo acerca de en qué lugares de la Nueva España había y cuántos efectivos tenían las compañías de indios flecheros:

DA260206
DA260207

[…]
Todas estas compañías son soldados desde su conquista, según noticias que adquirió el subdelegado […]. Los servicios que han hecho son el haber dado guardia y defendido el Puerto de Teacapan en el tiempo que desembarcaron los ingleses y llegaron hasta Acaponeta,147 y también salieron a la conquista del Nayarit [en 1722], por cuya causa se nombran fronterizos…148

De esta manera, a finales del siglo XVIII, los indígenas de San Diego de Alcalá, Huajicori, Quiviquinta y San Francisco del Caimán eran hablantes del náhuatl; en tanto que los habitantes de Milpillas y San Buenaventura -poblados que a finales del siglo XIX contaban con hablantes del náhuatl- entonces eran solamente hablantes de la lengua tepehuana y cora, respectivamente.

En la medida en que en el informe militar de 1792 se indica que estos indios flecheros “son soldados desde su conquista” (en el siglo XVI) y que “salieron a la conquista del Nayarit” (en 1722), se deduce que se trataba fundamentalmente de “indios mansos” y conversos, que ya habían abandonado -aparentemente, por lo menos- sus tradiciones aborígenes. Pero se trataba de indios flecheros nativos de la región, ya que se habla de que fungían con tal encomienda “desde su conquista”, y no de nahuatlatos llevados desde el Anáhuac o de sus descendientes.

Si bien había varios grupos hablantes de náhuatl durante el siglo XVIII, tanto en la provincia del Nayarit como en las áreas que la circundaban hacia el poniente, no todos estuvieron sujetos al mismo tipo de constricciones. Los indios flecheros de la zona de Acaponeta eran requeridos de vez en cuando por las autoridades militares y sólo durante la coyuntura de la conquista del Nayarit en 1722 fueron obligados a permanecer en alerta dentro de sus poblados, en espera de cualquier orden de sus superiores. Por el contrario, los hablantes del náhuatl de Ixcatán y Huaynamota desde 1722 hasta 1767 estuvieron sujetos al doble régimen de misión jesuítica y presidio militar, lo que les impuso una situación de “encapsulamiento”. Luego, con la administración franciscana a partir de 1767, continúa -por lo menos en la intención- su confinación residencial, la cual no impedía sus afanes viajeros con fines comerciales.

De esta manera, aunque todos los hablantes de náhuatl de la región -pero en especial los de la zona nayarita- hubieran estado expuestos a una posible emigración hacia la zona tepehuana durante la guerra de Independencia, quienes estaban proclives a mantener una identidad en medio del nuevo contexto étnico eran los expulsados de las misiones jesuíticas, ya que ellos habían adoptado un esprit de corp comunitario más fuerte. Además, los únicos que eran considerados durante el siglo XVIII como una “nación” a parte eran los tecualmes de Ixcatán. Es más probable, de esta manera, que los antepasados de los mexicaneros sean los exiliados de Ixcatán -de quienes consta históricamente su desplazamiento hacia el norte. En un segundo término estarían los posibles refugiados de La Mesa del Tonati y Santa Teresa y luego los posibles huidos de Huaynamota en 1873.

Por otra parte, en la medida en que el aspecto central de la tradición cultural mexicanera reside en su versión particular de las ceremonias del mitote, lo más probable es que estos indígenas sean descendientes de poblaciones que ya practicaban dicho ritual en el siglo XVIII, como es el caso de los tecualmes de Ixcatán, los coras bilingües de Santa Teresa y La Mesa del Tonati y los hablantes de mexicano de Huaynamota. Sería menos probable que los hablantes de náhuatl de la región de Acaponeta (San Diego, Huajicori, Quiviquinta y San Francisco del Caimán) se hubieran incorporado a la zona tepehuana y, una vez asentados allí, se hubieran “aculturado” adquiriendo la tradición del mitote y la hubieran llegado a sostener como una marca de diferencia con respecto a los tepehuanes, por lo menos en lo que concierne a los cargos del mitote comunal.

* * *

Además, la hipótesis de una emigración de los mexicaneros desde el norte149 pierde sustento, en la medida en que -si bien los tepehuanes, los coras y los huicholes habitan tanto en tierras frías como calientes- “…los mexicaneros se localizan solamente en tierras calientes”.150 De hecho, “La distribución espacial de los asentamientos de la comunidad [de San Pedro Jícoras] está claramente definida. La población hablante de mexicanero se ubica al sur de la comunidad y los hablantes de tepehuano al norte…”.151 De tal manera que “…los mexicaneros de San Pedro consideran que son parte del lado bajo del territorio comunitario”.152 Asimismo, “La reconstrucción de los topónimos en náhuatl que designan los espacios habitados de la comunidad de San Pedro sugiere que los mexicaneros están más vinculados al lado bajo de la comunidad”.153 Entonces, ¿cómo compaginar un supuesto origen norteño de un grupo que se considera “de abajo” y “del sur”?

Aunque “La división en dos lados distintos casi no se percibe en el territorio de San Buenaventura”, ya que “La población de lengua náhuatl habita casi todo el territorio. [Sin embargo,] Al sur del poblado se encuentra el caserío de los coras. Los tepehuanes ocupan algunas casas al norte, los tepehuanes y los mestizos al poniente…”.154

En lo referente a la distribución espacial interétnica, no se debe omitir que existen rancherías de mexicaneros en tierras frías y que la cabecera comunal de Santa Cruz de Güejolota corresponde a un clima templado. Asimismo, la única comunidad mexicanera que manifiesta un modelo claro de mitades es San Pedro -la más norteña-oriental-, ya que en San Buenaventura el patrón residencial se presenta mezclado, aunque todavía se trasluce el patrón binario. En el caso de Santa Cruz -asentamiento poblado por mexicaneros emigrados de San Pedro Jícora y San Buenventura durante la Revolución mexicana (1910-1917), devastado por la Guerra Cristera (1926-1929) y alterado profundamente por la violencia del narcotráfico de finales del siglo XX- el patrón de distribución étnica presenta a los mexicanos distribuidos por todo el territorio, pero los huicholes se ubican tendencialmente al nor-oriente y los coras viven en el sur-poniente.155

De esta manera, en la interrelación regional inconsciente los mexicaneros de San Pedro Jícoras expresan una transformación estructural del lugar de los coras, de tal manera que se ubican simbólicamente en el lado sur-abajo con respecto a los tepehuanes, que quedarían en el lado norte-arriba; al igual que los coras se colocan en el lado poniente-abajo con respecto a los huicholes, quienes se sitúan en el lado oriente-arriba.156 No se debe perder de vista que la cuatripartición jerarquizada del espacio en las culturas del Gran Nayar implica su transformación hacia un modelo binario, de tal forma que el oriente queda asimilado con el norte y el sur con el poniente.157

No obstante los intermatrimonios con los sanbueneros y que los mexicaneros de Santa Cruz soliciten al santo patrón de aquéllos para que visite su templo en las festividades, el hecho, por una parte, del asentamiento de esta comunidad en clima templado y, por otra, la conseja de que allí habitaban mexicaneros antes de la inmigración de los sanpedreños y sanbueneros a principios del siglo XX, exigen la hipótesis de que algunos mexicaneros de Santa Cruz puedan tener un origen distinto -dentro del rango de las hipótesis planteadas previamente- con respecto al de las otras dos comunidades más norteñas.

* * *

El apunte de Preuss sobre los entierros permite vislumbrar que los mexicaneros se reconocían como advenedizos en la región que ocupaban a principios del siglo XX:

Las cuevas pueden ser consideradas una especie de archivo familiar. […] Visité un número considerable de estas cuevas que normalmente se ubican en lugares de difícil acceso […] Algunas tienen las entradas amuralladas, y los habitantes del pueblo [de San Pedro Jícora] ya no saben a quién pertenecen muchas de ellas. Inclusive creen que eran de un pueblo diferente, al igual que los esqueletos que se encuentran en algunas de las cuevas que no tienen ofrendas.158

Sin embargo, Preuss cree, sin aportar ningún argumento, “…que los esqueletos son de los antepasados de los mexicaneros”.159

Asimismo, en 1895 Lumholtz encontró que en San Pedro sí habitaban solamente aztecas; pero “De ese lugar hacia el sur, los encontré mezclados con tepehuanes y coras”.160 Indica que Pueblo Nuevo estuvo habitado antiguamente por los aztecas…”161 y que en Milpillas Grande la “…población se compone de tepehuanes, aztecas y mexicanos [mestizos]”;162 en tanto que Pueblo Viejo está “…habitado principalmente por indios aztecas, que desde hace años se han mezclado mucho con los tepehuanes”,163 de tal manera que “Únicamente los viejos hablan el náhuatl bien y la influencia tepehuana se hace sentir hasta en la antigua religión del pueblo”.164 Se trataba, pues, de una minoría mexicanera en el contexto del área tepehuana en el sur de Durango y del área cora en el norte del territorio de Tepic. La respuesta que se le dio al etnólogo noruego permite deducir la impresión de sentirse por principio asediados por el gobierno:

En una reunión que tuve con ellos [en Pueblo Viejo], llevado de mi deseo de agradarles, díjeles que el gobierno mexicano tenía mucho interés en saber si se desarrollaban en población ó estaban próximos á acabar, a lo que el más ladino repuso riendo: ¡Por supuesto que quieren saber cuándo podrán acabar con nosotros!165

Los etnógrafos clásicos los denominan, más que con el etnónimo de mexicaneros, como “mexicanos”, “aztecas” o “nahuas”. Pero, en cualquiera de los casos, los mexicaneros no pueden ser clasificados como nahuas, ya que su tradición cultural corresponde a la matriz de los grupos de la sierra Madre Occidental, con arraigo en la región por lo menos desde el siglo XVI. Se trata de indígenas serranos que abandonaron su lengua nativa -posiblemente una variante del huichol- a fines del siglo XVII y durante la primera mitad del siglo XVIII. Adoptaron como una piel la lingua franca de aquella época, que era el náhuatl regional del occidente, la cual manejaban de tiempo atrás, conservando -como carne y hueso- todo su bagaje cultural serrano-occidental.

* * *

Por lo que respecta a los hablantes de “mexicano” de Huaynamota, destaca el hecho de que -a diferencia de los tecualmes de Ixcatán- las fuentes coloniales no los designen como “nación” específica. Aunque desde el siglo XVIII está claro que su náhuatl no correspondía con el del centro de México, como lo aclara el jesuita José de Abarca en 1750, quien indica que “…aquí tienen los indios dos lenguajes, uno que llaman Cora y otra mexicana aunque entre otros terminos que la de Mexico…”.166 Tampoco señalan las fuentes jesuíticas que el mexicano de Huaynamota fuera distinto al de Ixcatán. Los hablantes de mexicano de aquel poblado fueron en parte exterminados por la deportación gubernamental postlozadeña hacia Yucatán y es posible que algunos lograran escapar hacia el norte, asentándose en donde ya vivían los descendientes de los tecualmes, o en otras localidades. Quienes permanecieron en el lugar terminaron transformándose en “mestizos” hablantes del castellano.

Tanto en el caso de Ixcatán, abandonado durante la guerra de Independencia, como en el de Huaynamota, parcialmente despoblado como consecuencia de la guerra lozadeña, una vez que fueron desplazados los hablantes del “mexicano”, ambos asentamientos fueron ocupados prontamente por los coras. Si bien, en los dos casos a la postre estos indígenas fueron desalojados por los mestizos: a partir de la Reforma Agraria cardenista en caso de Ixcatán. A finales del siglo XX los huicholes también terminaron por establecer asentamientos en dichos puntos.

* * *

La búsqueda de los orígenes de todo grupo étnico se encuadra siempre en un marco temporal relativo. En este primer intento por esclarecer la procedencia de los mexicaneros, está fuera de propósito indagar el anterior comienzo de los tecualmes, tema que hemos derivado a un artículo específico.

Después de este recorrido por los datos acerca de la historia de los tecualmes del siglo XVIII -en tanto antecesores de los mexicaneros del siglo XIX al XXI- los postulados de Leroi-Gourhan mantienen plena validez en el caso que tratamos:

“Basta fijarnos en la historia de cualquier grupo humano durante algunos siglos para notar la extrema imprecisión que rodea a sus comienzos…”.167 Al intentar la reconstrucción histórica se impone el hecho de “…la independencia real de los diversos elementos de eso que llamamos pueblo [lengua, tecnología, mitología, etcétera]”.168 Por lo demás, “…los elementos del conjunto son divergentes”169 y existe una “…discontinuidad de la evolución de los diversos elementos…”.170 “…no hay unidad étnica fija, sino aconteceres sucesivos…”.171 “La etnia […] es más devenir que pasado. Los rasgos de origen, del grupo lejano que creó la unidad política, se han difuminado, si no borrado completamente. La masa de hombres dispares, para llegar a ser un pueblo, tiende a unificarse sucesivamente en los planos lingüístico, social, técnico y antropológico. […] Para que un pueblo […] llegue a tener un paralelismo completo de todos sus elementos, requiere una duración de su estabilidad política tanto mayor cuanto mayor extensión alcance, pero esta estabilidad no se ha producido nunca en la historia; y lo que vemos como un mosaico de brochazos desiguales es el resultado de esos esfuerzos interrumpidos siempre por una revolución política. […] …la unificación es tanto más rápida cuanto más limitado y aislado en el espacio está el grupo”.172 Pero siempre “…esta personalidad [étnica] es imprecisa, cargada de vestigios de todos los elementos que se han amalgamado en el esfuerzo inicial”.173

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Autores: Jesús Jáuregui, Secretaría Técnica, INAH.; Laura Magriñá, Centro INAH Nayarit.

  1. La referencia de Santa Cruz de Güejolota y San Buenaventura está basada en Mayra Rodríguez, comunicación personal; el dato de San Pedro Jícoras es de Neira Alvarado, Oralidad y ritual. “El dar parte” en el xuravét de San Pedro Jícoras, Durango, 1996 (1994), pp. 50-51. []
  2. INEGI, XII Censo General de Población y Vivienda 2000. Tabulados básicos. Nayarit, t. 1, 2001, pp. 177-180 y XII Censo General de Población y Vivienda 2000. Tabulados básicos. Durango, t. 1, 2001, pp. 276-282. []
  3. Mayra Rodríguez, “La semana santa en Santa Cruz de Güejolota”, en Jesús Jáuregui y Johannes Neurath, (coords.), La semana santa en el Gran Nayar, I: coras y mexicaneros, en prensa, 2001 (1996); “La semana santa en San Buenaventura”, en op. cit., en prensa, 2001 (1997); “‘El costumbre’ de los mexicaneros de San Agustín Buenaventura”, en Águila, venado y serpiente. Simbolismo y ritual en el Gran Nayar, Johannes Neurath y Jesús Jáuregui (coords.), en prensa, 2002 (1998). []
  4. Mayra Rodríguez, “Las ceremonias agrícolas y patronales en la comunidad mexicanera de Santa Cruz de Güejolota, Nayarit”, tesis de licenciatura en Antropología social (borrador), 2000. []
  5. Neira Alvarado, “Lier la vie défaire la mort. Le système rituel des Mexicanero (Mexique)”, tesis doctoral, 2001. []
  6. Carl Lumholtz, El México desconocido (edición facsimilar), 2 tt., 1981 (1902). []
  7. Konrad T. Preuss, “Una visita a los mexicaneros de la sierra Madre Occidental”, en J. Jáuregui y J. Neurath (comps.), Fiesta, literatura y magia en el Nayarit. Ensayos sobre coras, huicholes y mexicaneros, 1998 (1908). []
  8. Konrad T. Preuss, “El concepto de Estrella de la Mañana según los textos recogidos entre los mexicaneros del estado de Durango”, México, en J. Jáuregui y J. Neurath (comps.), Fiesta, literatura y magia en el Nayarit. Ensayos sobre coras, huicholes y mexicaneros, 1998 (1925a). []
  9. Konrad T. Preuss, “La diosa de la Tierra y de la Luna de los antiguos mexicanos en el mito actual”, en J. Jáuregui y J. Neurath (comps.), Fiesta, literatura y magia en el Nayarit. Ensayos sobre coras, huicholes y mexicaneros, 1998 (1925b). []
  10. Konrad T. Preuss, “El mito de Cristo y otros mitos solares de los mexicaneros (texto, traducción y comentarios)”, en Jáuregui y J. Neurath (comps.), Fiesta, literatura y magia en el Nayarit. Ensayos sobre coras, huicholes y mexicaneros, 1998 (1928). []
  11. Konrad T. Preuss, Nahua-Texte aus San Pedro Jicora in Durango. Erstel Teil: Mythen und Sagen. Aufgezeichnet von […]. Aus dem Nachlass übersetzt und herausgegeben von Elsa Ziehm. Mit einem Geleitwort von Gerdt Kutscher, 1968. []
  12. Konrad T. Preuss, Nahua-Texte aus San Pedro Jicora in Durango. Zweiter Teil: Märchen und Schwänke. Aufgezeichnet von […]. Aus dem Nachlass übersetzt und herausgegeben von Elsa Ziehm, 1971. []
  13. Konrad T. Preuss, Nahua-Texte aus San Pedro Jicora in Durango. Dritter Teil: Gebete und Gesänge. Aufgezeichnet von […]. Aus dem Nachlass übersetzt und herausgegeben von Elsa Ziehm. Mit einen Kapitel über die Musik der drei von Preuss besuchten Stämme, 1976. []
  14. Apud Konrad T. Preuss, ibidem, pp. 195-277. []
  15. Fernando Benítez, Los indios de México, V, 1980. []
  16. Konrad T. Preuss, Mitos y cuentos nahuas de la Sierra Madre Occidental, 1982 (1968). []
  17. Frenk-Westheim, comunicación personal. []
  18. Idem. []
  19. Konrad T. Preuss, Mitos y cuentos nahuas…, 1982 (1968). []
  20. Leopoldo Valiñas, “Notas lingüísticas sobre el diluvio y la creación (dos relatos mexicaneros)”, en Tlalocan, XI, 1989. []
  21. Svetan Todorov, ¿Qué es el estructuralismo? Poética, 1975 (1968). []
  22. Plácido Villanueva, “Etnografía de los mexicaneros de la Sierra Sur de Durango”, en Primer encuentro nahua: los nahuas de hoy, 1989 (1984). []
  23. Plácido Villanueva, “Los nahuas de Durango. El xurawet”, en Estudios nahuas, 1988. []
  24. Neira Alvarado, Oralidad y ritual. “El dar parte” en el xuravét de San Pedro Jícoras, Durango, 1996 (1994). []
  25. Neira Alvarado, “Lier la vie défaire la mort…”, 2001. []
  26. Elsa Ziehm, “Musik der drei von Preuss besuchten Stämme”, en Nahua-Texte aus San Pedro Jicora in Durango. Dritter Teil: Gebete und Gesänge. Aufgezeichnet von […]. Aus dem Nachlass übersetzt und herausgegeben von Elsa Ziehm, 1976. []
  27. Leopoldo Valiñas, “El náhuatl de la periferia occidental y de la costa del Pacífico”, tesis de licencitura, 1981 y “Notas lingüísticas sobre el diluvio…”, 1989; Francisco Javier de la Cruz, Vocabulario “mexicano”-español, 1985; Margarita Castro, “Un estudio sobre la trayectoria histórico-lingüística del mexicanero de San Pedro Jícora”, tesis de maestría, 1995; Una Canger, “Nahuatl en Durango-Nayarit”, en Memorias. IV Encuentro internacional de Lingüística en el Noroeste. Tomo I: lenguas indígenas, 1998, “Stress in Nahuatl of Durango. Whose Stress?”, en Uto-Aztecan: Structural, Temporal and Geographic Perspectives. Papers in Memory of Wick R. Miller by the Friends of Uto-Aztecan, 2000 y Mexicanero de la sierra Madre Occidental, 2001. []
  28. Philip C. Weigand, “Consideraciones sobre la arqueología y la etnohistoria de los mexicaneros, los tecuales, los coras, los huicholes y los caxcanes de Nayarit, Jalisco y Zacatecas”, en Ensayos sobre el Gran Nayar. Entre coras, huicholes y tepehuanos, 1992 (1979). []
  29. Ibidem, p. 178. []
  30. Ibidem, p. 179. []
  31. Apud Plácido Villanueva, “Etnografía de los mexicaneros…”, en op. cit., 1989 (1984), p. 165 y “Los nahuas de Durango…”, 1988, p. 167. []
  32. Leopoldo Valiñas, “Los mexicaneros de Durango no son de Tlaxcala”, en Primeras jornadas de etnohistoria. Memorias, 1988, 1991 (1988). []
  33. Leopoldo Valiñas, “El náhuatl del Occidente: balance sobre sus investigaciones y perspectivas tanto lingüísticas como históricas”, en Antropología e historia del Occidente de México. XXIV Mesa Redonda de la Sociedad Mexicana de Antropología, 1998, pp. 182-183. []
  34. Neira Alvarado, Oralidad y ritual…, 1996 (1994), p. 28. []
  35. Ibidem, pp. 42-43. []
  36. Ibidem, p. 44. []
  37. Margarita Castro, “Un estudio sobre la trayectoria…”, 1995, p. 77. []
  38. Ibidem, p. 78. []
  39. Ibidem, p. 79. []
  40. Ibidem, pp. 79-80. []
  41. Neira Alvarado, Los “mexicaneros en el norte de México: una aproximación interdisciplinaria”, tesis de maestría, 1998, p. 5. []
  42. Ibidem, p. 39. []
  43. Ibidem, pp. 39-80. []
  44. Ibidem, p. 40. []
  45. Ibidem, p. 79. []
  46. Ibidem, p. 97. []
  47. Neira Alvarado, 2001, p. 17. []
  48. Idem. []
  49. Ibidem, p. 38. []
  50. Ibidem, p. 59. []
  51. Thomas Calvo, “Sur les mexicaneros”, 2002. []
  52. Neira Alvarado, “Lier la vie défaire la mort….”, 2001. []
  53. Apud Salvador Reynoso (ed.), Autos hechos por el Capitán don Juan Flores de San Pedro, sobre la reducción, conversión y conquista de los gentiles de la Provincia del Nayarit en 1722, 1964 (1722), p. 55. []
  54. José de Ortega S. J., “Libro I. Maravillosa reducción, y Conquista de la Provincia de San Joseph del Gran Nayar, nuevo Reino de Toledo”, en Apostólicos afanes de la Compañía de Jesús en su provincia de México (edición facsimilar), 1996 (1754), p. 201. []
  55. Apud Jean Meyer, El Gran Nayar, 1989, pp. 81-82. []
  56. José de Ortega S. J., “Libro I. Maravillosa reducción, y Conquista…”, 1996 (1754), p. 202. []
  57. Christobal Lauria S. J., apud Jean Meyer, El Gran Nayar, 1989, p. 48. []
  58. Apud Jean Meyer, El Gran Nayar, 1989, pp. 70-71. []
  59. Joseph Xavier García S. J., apud Jean Meyer, op. cit., pp. 72-73. []
  60. Francisco Javier Alegre S. J., Historia de la Provincia de la Compañía de Jesús de Nueva España. Tomo IV, libros 9-10 (años 1676-1766), 1960 (1844 [1771]), p. 298. []
  61. Apud Salvador Gutiérrez Contreras, Los coras y el rey Nayarit,1974 (1722), p. 248. []
  62. Apud Jean Meyer, El Gran Nayar, 1989, p. 78. []
  63. Ibidem, p. 88. []
  64. Ibidem, p. 96. []
  65. Ibidem, p. 103. []
  66. Ibidem, p. 98. []
  67. Joseph de Ortega S. J., apud Jean Meyer, El Gran Nayar, 1989, p. 115. []
  68. Apud Jean Meyer, El Gran Nayar, 1989, p. 117. []
  69. Joseph de Ortega S. J., apud Jean Meyer, El Gran Nayar, 1989, p. 114. []
  70. Apud Jean Meyer, El Gran Nayar, 1989, p. 155. []
  71. José Antonio Bugarín, Visita a las misiones del Nayarit 1768-1769, 1993 (1769), p. 220. []
  72. Ibidem, p. 198. []
  73. Ibidem, p. 58. []
  74. Ibidem, p. 59. []
  75. Ibidem, p. 127. []
  76. Ibidem, p. 154. []
  77. Ibidem, p. 177. []
  78. Ibidem, p. 247. []
  79. Apud Jean Meyer, El Gran Nayar, 1989, p. 214. []
  80. Fray Juan Bautista Zaragoza, apud Jean Meyer, op. cit., 1989, p. 273. []
  81. Apud Jean Meyer, op. cit., p. 275. []
  82. Ibidem, p. 251. []
  83. Apud José Antonio Bugarín, Visita a las misiones…, 1993 (1769), p. 219. []
  84. Ibidem, p. 222. []
  85. Ibidem, pp. 223-224. []
  86. Apud Jean Meyer, De cantón de Tepic a estado de Nayarit, 1990, pp. 107-108. []
  87. José María Muriá y Pedro López González, “Antecedentes coloniales e insurgentes”, en Nayarit: de séptimo cantón a estado libre y soberano, 1990, p. 19. []
  88. Apud Jean Meyer, De cantón de Tepic…, 1990 (1812), p. 113. []
  89. Ibidem, pp. 113-114. []
  90. Ibidem, p. 114. []
  91. Ibidem, p. 115. []
  92. Apud Jean Meyer, El Gran Nayar, 1989 (1824), p. 283. []
  93. Ibidem, p. 289. []
  94. Idem. []
  95. Idem. []
  96. José María Muriá y Pedro López González, “Antecedentes coloniales e insurgentes”, en Nayarit: de séptimo cantón…, 1990, p. 20. []
  97. Salvador Gutiérrez, Los coras y el rey Nayarit, 1974, p. 213. []
  98. Apud Jean Meyer, El Gran Nayar, 1989, p. 282. []
  99. Ibidem, p. 290. []
  100. Roberto Téllez Girón, “Informe sobre la investigación folklórico-musical realizada en la región de los coras del estado de Nayarit. Enero a mayo de 1939”, en Investigación folklórica en México. Materiales, vol. II, 1964, p. 39. []
  101. Ibidem, p. 81. []
  102. Ibidem, pp. 82-83. []
  103. Ibidem, p. 167. []
  104. Jean Meyer, “El reino de Lozada en Tepic (1856-1873)”, en Esperando a Lozada, 1984 (1973), pp. 250-251. []
  105. Philip E. Coyle, Náyari History, Politics and Violence. From Flowers to Ash, 2001 (1997), pp. 87-95. []
  106. Jean Meyer, “El reino de Lozada en Tepic…, 1984 (1973), pp. 250-251. []
  107. Apud Jean Meyer, La tierra de Manuel Lozada, 1989, p. 351. []
  108. Apud ibidem, p. 354. []
  109. Ibidem, pp. 355-356. []
  110. Apud Jean Meyer, De cantón de Tepic…, 1990, p. 139. []
  111. Ales Hrdlicka, “Danzas coras”, en Música y danzas del Gran Nayar, 1993 (1904), pp. 13-14. []
  112. Ale¼s Hrdlicka, Physiological and Medical Observations among the Indians of Southwes-tern United States and Northern Mexico, 1908, pp. 11-12. []
  113. Ibidem, p. 11. []
  114. Bancroft Library, M. M. 1716 (ant. 716), doc. 10; apud E. J. Burrus, La obra cartográfica de la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús, 1967, II: mapa 20. []
  115. Apud Thomas Calvo, Los albores de un nuevo mundo: siglos XVI y XVII, 1990 (1673), p. 290. []
  116. Pedro Tamarón y Romeral, Demostración del vastísimo Obispado de la Nueva Viscaya-1765; Durango, Sinaloa, Sonora, Arizona, Nuevo México, Chihuahua y porciones de Texas, Coahuila y Zacatecas, 1937, (1759-1765), pp. 57-74. []
  117. Ibidem, pp. 58-59. []
  118. Ibidem, pp. 59-60. []
  119. Apud Salvador Reynoso (ed.), Autos hechos por el capitán don Juan Flores de San Pedro sobre la reducción, conversión y conquista de los gentiles de la Provincia del Nayarit en 1722, 1964 (1722), p. 50. []
  120. Apud Jean Meyer, El Gran Nayar, 1989, p. 246. []
  121. Apud José Antonio Bugarín, Visita a las misiones…, 1993 (1769), p. 262. []
  122. Ibidem, p. 211. []
  123. Ibidem, p. 227. []
  124. Ibidem, p. 135. []
  125. Ibidem, p. 140. []
  126. Ibidem, p. 96. []
  127. Ibidem, p. 107. []
  128. Ibidem, pp. 99-100. []
  129. Ibidem, p. 89. []
  130. Apud Jean Meyer, El Gran Nayar, 1989, pp. 184-185. []
  131. Ibidem, p. 238. []
  132. Archivo de la Catedral de Guadalajara, Tepic, caja 2. []
  133. Idem. []
  134. Apud Jean Meyer, De cantón de Tepic…, 1990, p. 117. []
  135. Apud Jean Meyer, La tierra de Manuel Lozada, 1989, pp. 42-43. []
  136. Neira Alvarado, “Lier la vie défaire la mort…”, 2001, pp. 60, 73. []
  137. Cf. mapa de Salvador Bustamante S. J., “Sierra de el Nayarit, ya nuevo Reyno de Toledo con sus confines, conquistada año 1722, y administrada por los Missioneros de la Compañía de Jesús”, en E. J. Burrus S. J., La obra cartográfica…, 1967, t. II, mapa 20. []
  138. Apud José Antonio Bugarín, Visita a las misiones…, 1993 (1769), p. 132. []
  139. Ibidem, p. 164. []
  140. Juan López, “Rebeliones indígenas: de la Conquista a la Insurgencia”, en La rebelión del indio Mariano. Un movimiento insurgente en la Nueva Galicia, en 1801; y documentos procesales, 1985, p. XVI. []
  141. Ibidem, p. X. []
  142. Ibidem, p. XI, XIII. []
  143. Apud Juan López, “Rebeliones indígenas: de la Conquista…”, 1985 (1801), pp. 271-278. []
  144. Konrad T. Preuss, Nahua-texte aus San Pedro Jicora in Durango. Dritter Teil…, 1976, pp. 115-181; Roberto Téllez Girón, “Informe sobre la investigación…”, 1964, passim; Fernando Benítez, “Nostalgia del paraiso”, en Los indios de México, III, 1970, pp. 344-349; Elsa Ziehm, “Musik der drei von Preuss…”, 1976; Fernando Benítez, Los indios de México, 1980, pp. 266-271; Jesús Jáuregui y Adriana Guzmán, “Las pachitas en Yaujqueé (La Mesa del Nayar)”, 1994; Jesús Jáuregui, “La fiesta de las pachitas en Rosarito (Yauatsaka)”, 1998; Philip E. Coyle, Náyari History…, 2001, pp. 138-147. []
  145. Apud José Antonio Bugarín, Visita a las misiones…, 1993 (1769), pp. 58, 127. []
  146. Archivo General de la Nación, vol. 218. []
  147. En los años de 1688 y 1689. Apud Néstor Chávez Gradilla, “Piratas en Acaponeta y en las costas de la Nueva Galicia”, en Breve bosquejo histórico descriptivo de la ciudad de Acaponeta y de los pueblos y lugares circunvecinos del norte del estado de Nayarit. Libro segundo, 1991, pp. 135-136. []
  148. Apud G.A.S. (ed.), “Las tropas de indios flecheros en Nueva España en 1792”, en Boletín del Archivo General de la Nación, IX, 4, 1938 (1792), pp. 744-745. []
  149. Tal como queda sugerida en las tesis de Margarita Castro, “Un estudio sobre la trayectoria…”, 1995, y Neira Alvarado, “Los mexicaneros en el norte de México…”, 1998. []
  150. Neira Alvarado, “Lier la vie défaire…”, 2001, p. 60. []
  151. Neira Alvarado, Oralidad y ritual…, 1996 (1994), p. 48. []
  152. Neira Alvarado, “Lier la vie défaire…”, 2001, p. 71. []
  153. Ibidem, p. 69. []
  154. Ibidem, p. 72. []
  155. Mayra Rodríguez, comunicación personal. []
  156. Jesús Jáuregui, “La vía de los cargos…”, 2000. []
  157. Jesús Jáuregui, “El chanaka de los coras, el tsikuri de los huicholes y el tamoanchan de los mexicas”, en Flechadores de estrellas. Nuevas aportaciones a la etnología de los coras y huicholes, 2003, pp. 251-285. []
  158. Konrad T. Preuss, “Una visita a los mexicaneros…”, 1998 [1908], p. 207. []
  159. Idem. []
  160. Carl Lumholtz, El México desconocido…, 1981 (1904) [1902], t. I, p. 461. []
  161. Ibidem, p. 443. []
  162. Ibidem, p. 458. []
  163. Ibidem, p. 460. []
  164. Ibidem, p. 461. []
  165. Idem. []
  166. Apud Jean Meyer, El Gran Nayar, 1989, p. 113. []
  167. André Leroi-Gourhan, El medio y la técnica (Evolución y técnica, II), 1989 (1945), p. 271. []
  168. Ibidem, p. 272. []
  169. Ibidem, p. 271. []
  170. Idem. []
  171. André Leroi-Gourhan, op. cit., 1989 (1945), p. 274. []
  172. Ibidem, p. 273. []
  173. Ibidem, p. 274. []

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