¿Estamos listos en México para defender nuestros maíces? Agricultores y consumidores en la encrucijada

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Agricultores y consumidores de maíces se encuentran una vez más, en la historia agraria de México, en la encrucijada de defender o dejar perder la cultura de la milpa. Hoy en día, bajo el modelo actual de desarrollo y bajo las políticas agrarias nacionales, los pequeños y medianos agricultores no pueden competir con los precios internacionales de productos básicos; no pueden invertir tanto trabajo para el control de malezas; no pueden controlar adecuadamente la proliferación de plagas.1 El conjunto de estos factores, junto con la distribución tan aleatoria de la precipitación pluvial, provocan que tanto la alta diversidad agrícola como la superficie cultivada hayan venido disminuyendo. En general, actualmente las familias cultivan pequeñas parcelas con baja agrodiversidad. Si bien es cierto que el tamaño y las características de la riqueza de los cultivos de la milpa dependen de una dinámica ecológica (cambios climáticos, reducción en la edad de la vegetación, erosión), también lo es que, para entender la pérdida de la agrodiversidad tenemos que analizar el contexto socio-económico (estructura y dinámica de la organización familiar y fuerza de trabajo, necesidades de consumo, desarrollo de mercado de productos y laboral, estructura de precios, principalmente), las políticas de desarrollo (falta de créditos y de subsidios, falta de planteamientos agrícolas por muchas organizaciones políticas, falta de programas que incentiven la agrodiversidad y la conservación de suelos y aguas) y la dinámica cultural (cosmovisión, significados, símbolos, diversidad en la alimentación, entre otros).

Por otro lado, en los campos de los grandes agricultores, encontramos de manera creciente amplias superficies de monocultivos, básicamente de maíz y/o de productos agrícolas de exportación. El factor que ha llevado a esta especialización ha sido básicamente el comportamiento del mercado y la política desarrollada a la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Todavía en la década de 1990 los grandes productores del norte sembraban varios cultivos, pero el mercado y, en algunos casos, la presencia de plagas fueron llevando a la especialización productiva de hoy.

En este artículo, con base en un extenso trabajo de campo analizaré esta problemática en dos estados altamente contrastantes (Oaxaca y Sinaloa), con el fin de vislumbrar las posibilidades para la defensa del maíz como un bien común a nivel nacional. Frente a esta situación del campo mexicano, los dilemas expresados por los agricultores —al igual que las propuestas y opiniones de los consumidores— son fundamentales para tomar en consideración con el fin de construir caminos alternativos a la actual política agraria.

¿Realmente estamos listos para defender nuestros maíces? Múltiples actores sociales, tales como organizaciones indígenas y campesinas a lo largo de nuestro país, asociaciones de grandes y medianos agricultores en ciertas regiones, inclusive del norte y noroeste, asociaciones civiles, científicos sociales y naturales, así como grupos de consumidores organizados se han proclamado en manifestaciones, manifiestos, declaraciones en los medios de comunicación, expresiones culturales, escritos y recomendaciones a las distintas instancias gubernamentales, en el sentido de que tendrían que velar por los intereses de la mayoría de los agricultores y consumidores. El maíz es un patrimonio que incluye una riqueza genética que debería ser considerada como un baluarte social y económico para las futuras generaciones. Sin embargo, ni esta riqueza genética en sí, ni todo el cúmulo de manifestaciones, ha sido suficiente para establecer claramente los lineamientos de resguardo en el Régimen de Protección Especial del Maíz. Desde el año 2000 se han venido consolidando paulatinamente acciones colectivas en torno a la defensa del grano, el cual a lo largo de la historia agraria se ha convertido en un bien cultural, alimenticio, económico-productivo y, finalmente, en un bien político común.

Estas manifestaciones iniciadas en la Sierra Norte de Juárez, en el estado de Oaxaca, se fueron extendiendo al resto de los estados. Paulatinamente, las organizaciones indígenas y campesinas se fueron adhiriendo al movimiento que partía de la defensa de los maíces nativos y que se pronunciaba claramente contra el cultivo de maíz transgénico en el campo mexicano. Organizaciones zapotecas, ñuu s’avi, mixes, chinantecas, ojitecas, nahuas veracruzanas, nahuas guerrerenses, nahuas poblanas, tenek, huicholas, rarámuri, p´urhépechas, mestizas se han expresado en marchas, escritos, cartas, poemas, canciones y en diversos eventos en defensa de sus maíces. Sin embargo, en general muchas organizaciones no han podido mantener y extender su fuerza en las poblaciones y comunidades donde se encuentran. Esto lo relaciono con siete graves problemáticas que aquejan a las organizaciones, las cuales se expresan en distintos momentos: a) la falta de posibilidades de mantener un programa comunitario en torno al maíz por las vulnerabilidades ecológicas y económicas que los pobladores enfrentan día con día; b) la falta de información y de valoración, por un lado, de la conservación de los maíces nativos y, por otro lado, del significado de las implicaciones biológicas, ecológicas, sociales y económicas de la pérdida de la agrodiversidad y de la introducción del maíz transgénico entre los diversos actores sociales (maestros, autoridades, comerciantes, ganaderos, mismos productores); c) el contexto de alta vulnerabilidad vivida por las organizaciones debido a factores políticos y económicos; d) el éxodo rural que ha provocado cambios estructurales internos (desde la composición y dinámica de los grupos domésticos hasta dinámicas comunitarias) y transformaciones organizacionales regionales; e) el mayor control del narcotráfico sobre comunidades, lo que ha suscitado una mayor violencia y enfrentamientos entre grupos; f) las políticas agrarias que desestabilizan el campo mexicano, minando los recursos básicos, tales como semillas, suelos, aguas que repercuten en escenarios agrícolas desestabilizados y dependientes del Estado (míseros subsidios como Procampo) y de las compañías transnacionales (paquetes de agroquímicos, semillas, maquinarias, graneros, circuitos comerciales); y g) el despojo territorial que las comunidades rurales están viviendo.

Estos factores se interrelacionan en dinámicas distintas según el contexto cultural, político y económico de la región, pero resultan escenarios complejos que desmovilizan a las organizaciones a distintos tiempos. Por ello procederé a analizar estos siete factores y sus interdependencias en dos escenarios contrastantes, tanto por su cultura como por su economía: Oaxaca y Sinaloa. Presentaré las opiniones, los intereses y las acciones de los productores en las dos regiones. Segundo, discutiré las opiniones e intereses de los consumidores de maíz, en particular de tortillas, en las dos zonas de estudio. Finalmente, mostraré la vulnerabilidad de las organizaciones y de los movimientos que luchan por la defensa de sus maíces y por la prohibición de la introducción de la siembra del maíz transgénico en sus tierras.

Agricultores: discursos sobre la defensa de los maíces nativos y sobre la oposición a la siembra del maíz transgénico

Agricultores del norte

En Sinaloa, el paisaje agrícola está dominado por grandes superficies maiceras y de producción hortícola para exportación. Los grandes agricultores combinan, por lo general, estas dos actividades, aunque algunos se especializan únicamente en la producción hortícola. Para ello la mayoría combina tierras propias con tierras rentadas en los ejidos, logrando extensiones entre 150 y 1 000 ha de maíz y entre 100 y 400 ha de productos hortícolas. El otro componente del paisaje está cubierto por medianos y pequeños agricultores. Los medianos, cuyos cultivos llegan a ocupar entre 40 y 150 ha, todavía se dedican principalmente a las actividades agrícolas. Mientras los pequeños ejidatarios, aquellos que tienen menos de 40 ha y cuyos familiares masculinos y/o jóvenes han migrado, muchos rentan sus tierras y migran o se convierten en los trabajadores asalariados (desde tractoristas hasta jornaleros) de los grandes agricultores. En algunas planicies de temporal, los pequeños ejidatarios cultivan hasta 15 ha con diversas poblaciones de maíces y de cultivos asociados (particularmente en los municipios de Concordia y de El Fuerte). En cambio, en las sierras nororientales, los pequeños ejidatarios cultivan muy pequeñas parcelas (entre 2 y 4 ha de maíz) sólo para un autoconsumo que cubre entre dos y cuatro meses. Son mayormente migrantes hacia los campos sonorenses o sinaloenses, o hacia Estados Unidos. Un factor importante es que a toda escala podemos encontrar la “ayuda” con la siembra de enervantes.

Estos distintos escenarios agrarios en Sinaloa están bajo una misma política agraria nacional. Mientras los grandes productores tienen acceso directo o indirecto a subsidios para la producción (Procampo) y para la comercialización (a través de Aserca), los pequeños productores sólo tienen acceso a Procampo, que se toma “a cuenta” en la renta de sus parcelas. Sin embargo, además de estas diferencias entre los productores, también hay contrastes en términos políticos. Los subsidios para la comercialización están negociados por grupos según el poder que pueden detentar, dependiendo del contexto de abastecimiento del maíz. Sin embargo, aunque se valore a nivel nacional la alta producción de los estados del norte (principalmente Sinaloa), ya que surten en algunos años hasta 80% del consumo total nacional de maíz blanco, el gobierno federal siempre amenaza con abrir los aranceles para una mayor importación de maíz de Estados Unidos o inclusive de otras partes (en 2012 de Sudáfrica). Este doble papel indefinido del gobierno federal, cosecha tras cosecha, provoca las movilizaciones y plantones en el norte para obtener mejores condiciones de producción, pero sobre todo para asegurar adecuados canales de comercialización. La correlación de fuerzas entonces está definida, tanto a nivel federal como de las distintas asociaciones agrícolas, de los fideicomisos, de las industrias transnacionales transformadoras y comercializadoras como Maseca y Minsa, y las empresas transnacionales comercializadoras como Cargill y Corn Products International (CPI) en Sinaloa.

En este escenario, plantear programas de maíces nativos está fuera de la lógica de los grandes productores. Inclusive, muchos de los grandes y medianos productores entrevistados menosprecian la importancia de los maíces nativos debido a sus bajos rendimientos. Un agricultor que cultiva grandes extensiones de maíz nos comenta:

¿Qué? ¿Cuáles variedades?, ¿las criollas que le dicen? Pues no, con eso no se hace nada, ¿para qué quieren saber eso? Nadie va a estar interesado en ellas. Creo que los indios allá lejos, tienen pero no salen de jodidos. Aquí con riego, nadie se interesa por esas variedades criollas, como le dicen. Aquí todos sembramos maíces híbridos, sí, todos comprados, según como uno quiera, unos compran a DuPont, otros a Pioneer, otros a otras, y así cada quien lo que le convence.

Igualmente, los funcionarios de la Sagarpa no consideran las superficies de las poblaciones de maíces nativos en el norte: “¿Tener estadísticas de las variedades criollas? No, no tenemos, bueno tenemos superficie de maíz rústico, ahí están esas variedades que ustedes dicen. Pero no, no hay un listado de variedades ni de sus superficies diferenciadas. Pero es muy poquito, son puñitos de maíces, ni para qué gastar tiempo […]”.

Estas aseveraciones contrastan con las poblaciones de maíces cultivadas en zonas no irrigadas, las cuales además son áreas secas, deslavadas, con suelos pobres de nutrientes, pero que llegan a producir entre 800 y 1 200 kg por hectárea cuando tienen años con buena precipitación. Los habitantes de estas pequeñas comunidades empobrecidas siguen cultivando 12 poblaciones de maíces nativos por diversas virtudes que cada una presenta (tabla 1). Estas poblaciones son locales o híbridas ya criollizadas (es decir, híbridas que se han cruzado a lo largo de generaciones con las poblaciones nativas). Los habitantes cuentan que hubo programas de introducción de maíces que no tuvieron continuidad, por lo que ya no hubo una línea pura. Las semillas introducidas se mezclaron con las semillas propias. En este caso encontramos al maíz conocido como “costeño Culiacán”, al “Carrasco” y al “quitalhambre”. El resto de las poblaciones son reconocidas como originarias de la región. Los habitantes valoran la población del maíz llamada “maizón” o “maíz blanco”, el cual es utilizado para hacer las tradicionales empanadas conocidas como “coricos”. Es un maíz blando, blanco, de crecimiento rápido (se necesitan 60 días para tener grano), con una mazorca grande (20 cm), muy suave para desgranar (ver tabla 1 para todas las virtudes y desventajas mencionadas para cada variedad).

Si bien los pequeños productores de las sierras de Choix y de las planicies temporaleras de El Fuerte y de Concordia han mantenido estas poblaciones de maíces nativos, éstas son cultivadas en pequeñas superficies, comparadas con los medianos y grandes maiceros de riego. Por esto mismo, con los malos temporales, los productores han perdido el acervo de semillas: “De antes, teníamos siempre cinco variedades de maíz: el 8 carreras, el chapalote, el pinolero, el maizón, el amarillo y el dulce amarilloso. Pero ahora ya hemos perdido varias, casi no hay semilla. El dulce amarilloso ya no conozco quién lo tenga, yo creo que ya se perdió y así con las otras, se irán perdiendo si ya no se tiene dinero para sembrarlas” (mujer mayo de Choix).

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Los habitantes de comunidades antiguamente pertenecientes a los mayo ya no basan su economía a partir del cultivo del maíz.

No vivimos del maíz, ¿sabe? ¿Cómo cree que aquí podemos vivir de eso? Los que tienen riego, esos sí pueden hacer harto dinero del maíz, además el gobierno los favorece, pero nosotros aquí, sin riego, en malas tierras, tierras de secano, no podemos pensar que de ahí podemos vivir. Si el maíz está tan barato. Sólo sembramos porque nos gusta, para las empanadas, para el gusto de comer elote fresco, nuestro, pero no por negocio. Le metemos más de lo que sacamos, eso sí es así, pero el gobierno no ve eso (hombre mayo de Choix).

La migración es un factor que empuja a los jóvenes a abandonar la agricultura por la baja remuneración de su trabajo agrícola. En este sentido, plantearles programas para la recuperación de semillas criollas queda totalmente fuera de su lógica. Los hombres y mujeres mayores de 50 años estaban interesados en realizar bancos de germoplasma para la conservación de sus maíces. Sin embargo, no podrían cultivar mayores superficies debido a la escasez de mano de obra. Estas contradicciones se podrían resolver con programas que incentivaran la siembra de variedades criollas, ya sea a través de la producción, o a través de la creación de mercados diferenciados que les otorgaran un sobreprecio.

Por ejemplo, en las pequeñas planicies de los municipios de El Fuerte y de Concordia algunas familias campesinas han podido conservar varias razas de maíces y de productos asociados porque pueden vivir de ello y porque reciben apoyos de pequeños programas de la Sagarpa.

Tengo unos 40 años trabajando el maíz y no se me contamina, porque una variedad va breve tempranera arriba, tardío en medio, otra tempranera y otro tardío y no gana un tiempo y produce buena cosecha y no se contamina ninguna, todo se da bien. El productivo más tempranero por aquí está […] éste es el maíz burrito y es especial para hacerse pinoles, coricos, gorditas. Éste es la misma calidad nomás que éste es de color rojo y éste es de color azul. Todos estos maíces son de los que yo tengo en mi campo. Éste, el nombre es el maíz huesito, pero responde como chapalote, se hace como palomita, igual. Tengo 20 razas de maíz, eso es mi trabajo. Siembro cacahuate, jamaica, jícama y toda cuestión de caña, plátano, árboles frutales, de todo aparte de la producción de maíces. El azafrán también es producto que yo traigo de allá, para hacer guisos para la sopa (entrevista en la Feria de Diversidad Biológica organizada por el Sistema Nacional de Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura, en el parque Xochitla, 2012, Proyecto “Impactos sociales, económicos y culturales de la posible introducción de maíz genéticamente modificados en México”, coordinado por las doctoras Michelle Chauvet y Elena Lazos).

Hasta ahora, las causas que explican esta fragilidad de los maíces nativos se encuentran más en el ámbito económico. Sin embargo, el segundo factor planteado en la introducción, es decir, la mala información y la inexistente comunicación de la valoración de la riqueza de germoplasma, provoca que muchos de los productores entrevistados (ya sea, grandes, medianos o pequeños), en general no le otorguen un valor a la conservación de sus maíces, a excepción de las comunidades indígenas de las sierras o de las comunidades mestizas de las planicies, que sí continúan con su siembra. El resto de los agricultores, a pesar de que algunos reconocen muchas virtudes o ventajas de los nativos sobre los híbridos, y a pesar de expresar el miedo a la dependencia de compañías transnacionales para la adquisición de la semilla, no considera importante la existencia de programas de maíces criollos. “Bueno, pues sí que traigan programas, allá la gente más necesitada es lo que puede allá sembrarlos. Aquí (municipio de Los Mochis) no los necesitamos, pues mejor es tener los otros, con riego. Mejor hay que pelear por riego, que se reparta bien, ahí sí, eso sí nos convendría.”

La desvaloración de los maíces nativos tiene su origen mismo en la desvaloración de la propia cultura indígena y de la cultura de la milpa. Si la siembra de maíces criollos se asocia con pobreza y marginalidad, es claro que la valoración de éstos lleve la carga de estos estigmas formulados desde hace centenares de años en nuestro país. Por el contrario, si la siembra de variedades mejoradas y de maíces híbridos se asocia con riqueza y progreso, éstos gozan de un prestigio, a pesar que muchas veces se externalizan grandes desventajas (la dependencia de una tecnología extranjera, la vulnerabilidad por las plagas).

Por tanto, la interrelación entre la falta de políticas adecuadas para incentivar la siembra de maíces nativos, el éxodo rural que crea vacíos institucionales formales e informales en las comunidades y en los grandes poblados sinaloenses, así como la institucionalización del narcotráfico en todos los niveles que compite con la siembra marginalizada de maíz, crean escenarios donde no se valoran económicamente los maíces nativos, aunque puedan ser considerados importantes por su eficiencia ecológica, por su sabor y por su uso exclusivo en la manufactura de “coricos” y de las codiciadas tortillas blancas.

En cuanto a las percepciones sobre la introducción del cultivo del maíz transgénico en Sinaloa, tenemos una gran divergencia entre 2002 (cuando hicimos las primeras entrevistas) y 2005 (con el anuncio de la construcción de una fábrica de etanol a partir del maíz). En un lapso de tres años encontramos escenarios completamente diferentes. En 2002 muy pocos de los grandes agricultores estaban familiarizados con la información sobre el maíz transgénico. Únicamente los presidentes de la Fundación Produce, el presidente de la Confederación de Asociaciones Agrícolas del Estado de Sinaloa (CAADES), los asesores de las asociaciones estaban ya familiarizados con las “bondades y virtudes” prometidas por Monsanto para el maíz transgénico. Sin embargo, seguían considerando que en general no les resolvería su eje problemático. Tenemos que recordar que los agricultores sinaloenses pasaron de rendimientos de 2.96 ton/ha en 1990, a 9.08 ton/ha en 2004 (figura 1) y a 15 ton/ha en 2012. Simplemente, los rendimientos se duplicaron en un lapso de tres años (entre 1990 y 1993): pasaron de 2.96 ton/ha a 6.29 ton/ha (figura 1). Este aumento espectacular se debió a la introducción de semillas mejoradas por las grandes transnacionales (Pioneer, DuPont, Monsanto), al riego sostenido para el maíz (cuatro a cinco riegos durante el ciclo) y a las fuertes cantidades de fertilizantes químicos que permiten altas densidades de siembra. Por tanto, su mayor problema era, y es todavía, encontrar canales adecuados de comercialización y encontrar vías de financiamiento para la compra del paquete tecnológico. Su problema no reside en la baja productividad, por el contrario, su problema neurálgico reside en la comercialización y formas financiables de la distribución de su producto. Esta situación provoca que los productores no se preocupen tanto por una mayor productividad, pues ya la han logrado. Están preocupados por haber logrado una gran producción sin tener los canales de comer-

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cialización subsidiados ni asegurados política y económicamente. Estos vacíos institucionales en la comercialización han sido aprovechados por las transnacionales. En particular, Cargill y Maseca se han concentrado en el acopio del maíz, brindando facilidades crediticias, adelantos y/o mejores precios en ciertos periodos, con el fin de garantizar la comercialización en sus propias manos. Sin embargo, también ejercen presión para comprar a los precios que se establecen por su propio interés y mantienen bajo una constante amenaza a los productores por una posible importación de maíz del extranjero (de Sudáfrica en 2012).

Desde finales de 2005 la mayoría de los grandes y medianos agricultores tenían ya conocimiento de los transgénicos. Muchos habían ya visitado los campos de Monsanto en Estados Unidos, viajes ofrecidos por la misma compañía para mostrar las ventajas de los transgénicos. Pero sobre todo, el espejismo de una nueva ruta comercializadora, la industria del bioetanol a partir del maíz. Esto atraía definitivamente a la mayoría de los agricultores para elevar su productividad, “debido al uso del maíz transgénico, así como nos explicaron en Monsanto”. Por tanto, el discurso de la mayoría ahora se centraba en los “beneficios” del cultivo del maíz transgénico en la industria del bioetanol. “¿Cómo vas a negar el progreso? Creo que México tiene que seguir el progreso y no hay que preocuparnos, pues ya dijeron que el maíz transgénico no es peligroso, ya lo probaron, de eso estamos convencidos. Y ahora será para la industria del bioetanol. Ya no hay petróleo, entonces ese es el futuro y Sinaloa no puede quedarse atrás. Debe demostrar que aquí sí trabajamos” (presidente de la Asociación de Agricultores de Sinaloa).

Sin embargo, no todos los grandes y medianos productores se iban con el espejismo de la siembra del maíz transgénico. Uno de los grandes productores, el señor Paredes nos comenta:

[…] lo que ahorita tenemos principalmente es la renta de la tierra, que al gobierno federal le ha dado por no considerarla pero bueno es un costo, yo tengo aquí, semanalmente yo estoy sacando costos. Aquí tengo unos de esta semana de maíz, que son los avances. Nosotros estamos manejando más o menos 600 hectáreas de maíz y aquí está, andábamos en 800, como lo combinamos con las legumbres y, pues la verdad, no está muy atractivo la siembra del maíz, tenemos que irle dando paso a otras cosas, bajándole y subiendo un poco en legumbres que es donde tenemos la posibilidad.

La política agraria en Sinaloa se basa en la siembra del maíz blanco para ser consumido por la población nacional y la reconversión del maíz blanco en el maíz amarillo para ser usado en la industria. Sin embargo, estos programas de reconversión, a pesar de tener subsidios y apoyos gubernamentales importantes, han fracasado. Los grandes agricultores han preferido continuar la siembra del maíz blanco. Esto se debe a la falta de confianza en las políticas agrarias federales, e inclusive señalan las incongruencias de la política agraria. Por un lado, el gobierno federal incentiva a los grandes productores para lograr aumentar su productividad a través del subsidio a los fertilizantes, pero en los subsidios a la comercialización los desincentiva. Los subsidios se dan para rendimientos de 11 ton/ha, y si un productor llega a 14 ton/ha sólo le pagan la cuota máxima fijada en 11 (entrevista en diciembre de 2005).

Bueno la semilla sí ha subido, afortunadamente la semilla ha ido con la inflación, son 3%, 4% lo que sube. Donde sí se ha disparado es en el amoniaco, el gobierno a su vez ha tenido esta facultad de subsidio de $145 por tonelada. Por un lado, alzan el amoniaco; por otro, lo bajan porque si la tonelada subió de 3 000 y pico a 6 000 que es casi el 100%, le dan $145 por tonelada, ahí le están bajando $1 600 del subsidio, entonces si cuesta $3 000 la hectárea menos $1 500, son $1500; entonces prácticamente se viene quedando uno como antes.

La comercialización es aparte, de comercialización son $350 por tonelada, este apoyo es por la logística concretamente y en el caso del apoyo a la fertilización son $145 por tonelada, de tal forma que el gobierno apoya al productor con $445 por tonelada, pero con un máximo de hasta 11 toneladas, más no, el que produce 14 toneladas ni modo, no recibe más (entrevista con el señor Paredes)

Estas incongruencias de las políticas federales son analizadas y discutidas por los agricultores en diferentes espacios de la CAADES. Pero todos apuntan hacia una desconfianza. Por eso mismo la cuestión de producir más era una pregunta que los propios productores contestaban´: ¿para qué? Esto los alejaba de una lucha por la introducción del maíz transgénico. “Para qué queremos maíz transgénico, para qué queremos más productividad, según ellos [los ingenieros de Monsanto], si luego no nos dan más apoyo, el subsidio no es parejo, se queda en las 11 toneladas por hectárea.” Esta desconfianza y estas incongruencias se vieron profundizadas porque en años recientes, el “espejismo” del bioetanol a partir del maíz se esfumó; la política federal dictó la prohibición del uso del maíz en la industria del bioetanol.

Actualmente el discurso de Monsanto para favorecer el cultivo del maíz transgénico gira en torno al ahorro económico que los productores tendrían en el uso de insecticidas para el control de plagas (el gusano cogollero). Sin embargo, a decir, por varios grandes y medianos agricultores estas plagas no constituyen una amenaza de pérdidas importantes en el cultivo del maíz. Por tanto, el ahorro de insecticidas no sería significativo.

Agricultores del sur

En Oaxaca, el paisaje agrícola está dominado por pequeñas superficies maiceras. El minifundio va de 0.5 a 3 ha por familia; aunque en las pocas llanuras oaxaqueñas, las familias cultivan hasta 15 ha. Mientras que el rendimiento promedio en las sierras es de 800 kg/ ha, en los llanos es de entre 3 y 5 ton/ha, pero con un alto uso de agroquímicos (casi 40% de los costos productivos).

En las sierras, varios productores combinan parcelas en distintos pisos ecológicos. Complementan una producción de maíces de tierras frías con maíces de tierras templadas y calientes. Los sistemas productivos son diversos. En las partes altas las tierras descansan entre dos y cuatro años, en función de la presión sobre la tierra. En estas partes sólo existe una cosecha de ciclo largo; en cambio, en las partes bajas templadas y calientes las tierras no descansan, se practica el arado con yunta o tractor, y coexisten dos cosechas anuales (ciclo corto 0-I y ciclo largo P-V), siempre y cuando no haya problemas de fertilidad. En las sierras hemos encontrado un total de 15 poblaciones de maíces nativos. Los productores escogen entre dos y cuatro variedades para su milpa, lo cual depende de varios factores: ambientales (resistencia a heladas y vientos, tipos de suelos, ambientes microclimáticos), económicos (rendimientos y productividades) y culturales (tipo de productos que quieren consumir). Por ello los agricultores señalan las ventajas y desventajas de cada cultivar y con respecto a toda una matriz de decisiones seleccionan el maíz a sembrar.2

En algunas partes llanas hacia el sur, los agricultores usan yunta y tractor. Debido a programas de desarrollo rural, los ejidatarios recibieron créditos para la compra de chapoleadoras, sembradoras, cosechadoras y desgranadoras mecanizadas. En esta zona cultivan híbridos de maíz comprados a empresas trasnacionales: Cargill 343, VS 536, HC 881-882, Asgrow y Pioneer. Teniendo mayores superficies de estos híbridos, la mayoría de estos ejidatarios recibe apoyo de Procampo. Por ejemplo, 80% de los ejidatarios del Papaloapan (Oaxaca) cuentan con Procampo. Esto contrasta con la situación de la sierra, ya que los productores han tenido créditos de forma aislada y sólo la mitad de ellos dispone de tales apoyos. Por tanto, los procesos migratorios presentan marcadas diferencias. En las sierras de nuestros entrevistados, tres cuartas partes de las familias zapotecas y mixes cuentan con al menos un miembro migrante en la familia, pero pueden llegar a tener cuatro migrantes por familia; en las zonas bajas de la Sierra Norte, 35% de las familias mixes y mestizas tienen, en general, un miembro migrante.3 Esto repercute en las actividades agrícolas y de conservación. Por ejemplo, en Santa Cruz Yagavila, la mitad de la población ha migrado hacia el norte de México, Estados Unidos y Canadá. En 2003 se registraron 700 habitantes, representando la mitad de la población de una década anterior. Se impone una sanción fuerte si no cooperan con el tequio. Si una persona abandona su cargo, para no perder su terreno tiene que pagar entre 6 mil y 7 mil pesos. Si dejan los cargos por migración, los habitantes se reúnen para embargar sus tierras. Si regresan tienen que pagar por no haber hecho tequio. Y a pesar de todas estas sanciones, la migración continúa. Por el contrario, en comunidades como en San Miguel Villa Talea de Castro, Ixtlán, cuya migración ha sido alta y básicamente hacia Los Ángeles y Washington, acordaron no embargar tierras a los que no hicieran tequio. Los comuneros de San Miguel pensaban que como eran tantos y partían tan lejos, no se podía exigir las mismas condiciones del tequio. Simplemente decidieron que cuando regresaran tendrían que hacerlo.

En estos diversos escenarios, plantear programas de maíces nativos fue considerado de manera muy contrastante y ha variado mucho desde 2001. Antes de esta fecha, es decir, antes de las discusiones sobre la contaminación de los maíces nativos por el maíz transgénico, algunas organizaciones campesinas e indígenas, tales como CIPO-RFM, no veían la necesidad de tener dichos programas; actualmente, en cambio, plantean su importancia. Sin embargo, todavía hasta 2004 no realizaban programas comunitarios de rescate de maíces. En otras organizaciones no se veía ni antes ni ahora la importancia de rescatar los maíces criollos: “¿Maíz? ¿Qué quieren saber del maíz, si a nadie le importa? Las comunidades ya ni siembran, ni nada. Las tierras son malas para el maíz. No, nosotros no hacemos programas de maíz. En cambio, nosotros tenemos programas de vivienda, repartimos costales de cemento o láminas para el techo. A las mujeres les compramos una camioneta para que comercialicen sus tlayudas” (Heriberto Pasos, MULT).

Existen comunidades que quisieran continuar sembrando maíces nativos, mas por los bajos precios no lo siguen haciendo. “Sale mejor comprar que sembrar” es una frase bastante repetida en la región. Además, la milpa se vio fuertemente diezmada primero con el reemplazo por el café y más tarde, con la baja del precio del café. Por ejemplo, en San Miguel Villa Talea de Castro un agricultor nos comenta:

Ya no se siembra mucho maíz, sólo 70% de la comunidad y es sólo para autoconsumo, ahora el café es el que mueve a la gente. Se siembra frijol delgado en cañadas hondas porque requiere de mucho calor. Ni el maíz, ni el frijol representan ganancias. Ora la gente prefiere vender café para comprar maíz. La Organización de Pueblos Indígenas Solidarios (OPIS) es la única que trabaja aquí ayudando a vender el café orgánico que se produce en la zona.

Por el contrario, en otras comunidades que han estado apoyadas por diversas ONG de la ciudad de Oaxaca, se plantea la importancia de continuar con la siembra de las variedades criollas de maíces y de diversos cultivos asociados al maíz (frijoles y calabazas, principalmente). Por ejemplo, en la comunidad de Santa Cruz Yagavila, la cual ha estado asesorada por el Grupo Mesófilo, A.C., los comuneros y pequeños propietarios plantearon:

Aquí la gente quiere seguir trabajando con el criollo porque es el más importante. La Semarnat en pláticas en Ixtlán les ha hablado sobre transgénicos, dicen las autoridades que es bueno.

El maíz transgénico creo que vienen de Estados Unidos para acabar con los criollos” “Un helicóptero pasó cerquita y regaron el maíz en el monte, ese tiempo era de sequía. No lo recogieron, allí se quedó. Después dijeron en el radio que era transgénico.

Igualmente, en Santa María Zoogochi, donde también han estado trabajando varias asociaciones civiles (Grupo Mesófilo, la Coordinadora Estatal de Productores de Café Orgánico y la Organización de Médicos Indígenas de la Sierra Juárez de Oaxaca), los pobladores nos comentan:

Se ha tenido información de lo transgénico por la Unosjo y por la radio. En la entrevista con las autoridades se comentó que el maíz transgénico no es recomendable porque está contaminado. Lo que se debe hacer es mantener al criollo. Es el acuerdo que tenemos los del sector de Ixtlán. Se necesita tecnificar para producir mejor maíz criollo. Sobre el oro vive el indio pero no nos damos cuenta.

Pasó un helicóptero tirando maíz y varios fueron a recogerlo, los de Yagavila lo llevaron al laboratorio.

Lo que hace falta es atención con abono orgánico. Ya hacemos abonera con desperdicio y lo depositamos mata por mata.

Inclusive en algunas comunidades, por el trabajo de la Asociación de Servicios Mixe, los ancianos se han dado a la tarea de rescatar cuentos, mitos y leyendas sobre el origen del maíz. Así, en la comunidad mixe de Santa María Alotepec don Adelfo Regino nos contó el origen del maíz para los mixes:

En la concepción del mixe hay un cuento de un “Condoy,” personaje padre y señor de los mixes y quien protege. Antes los mixes estaban hambrientos, aislados, desnudos. Y Condoy llegó, los empezó a guiar. Se encontró un pueblo que necesitaba comer. Al Cempoaltepetl (cerro de las 20 divinidades) los mixes piden comida.

Condoy sabe que hay maíz y está custodiado por dos serpientes. Tiene una hermana nahual, Tajuf. Piensa que ella se mueve bajo tierra. Le pide que recoja el maíz en el Cempoaltepetl; ella roba el grano, corazón de la vida de los mixes.

Al anochecer Condoy se preocupa porque su hermana no regresa. Aparece en Coatlán, con la cara hinchada y resplandeciente, se acerca y vomita el maíz. Desde entonces los mixes cultivamos maíz.

En este sentido, los planteamientos para la conservación de los maíces y la oposición para el cultivo del maíz transgénico dependen mucho de la información recibida y de la comunicación de la problemática entre los productores. Observamos, en general, que en las comunidades donde no ha habido la influencia de ONG o de ciertas organizaciones campesinas e indígenas, los pobladores carecen de la información necesaria para saber lo que es el maíz transgénico, y la valoración y rescate de los maíces nativos y de cultivos asociados en las milpas, varían mucho entre los diversos sectores comunitarios, además de estar sujetos a una alta vulnerabilidad económica y cultural. En cambio, en las comunidades con una fuerte presencia de ONG y de organizaciones campesinas e indígenas los pobladores tienden a tener una mayor información y tratan de comunicársela. Inclusive, en algunas zonas comentaron haber conocido la problemática de los maíces transgénicos a través de la radio comunitaria.

En cuanto a mantener una lucha constante y a mantener informada al resto de las comunidades, las organizaciones se enfrentan a situaciones muy vulnerables. Por una parte sufren de fuerte represión por parte de caciques y autoridades estatales,4 altas vulnerabilidades sociales (organizativas, principalmente) y económicas (altas tasas de migración, pobreza, bajos precios del maíz), violencia entre comunidades por la mala definición de sus linderos, deficiencias en la educación (analfabetismo). Estas situaciones de fragilidad y procesos complejos de violencia e inestabilidad social llevan a tambalear programas iniciados. Por ejemplo, Santa María Zoogochi tuvo problemas con Yagavila por delimitación de tierras. “Antes no nos podíamos ver, nos aventábamos piedras”. Por tanto, el cipo no podía trabajar en las dos comunidades. En este sentido, los problemas de linderos eran prioritarios; antes que cualquier programa de rescate de maíces. Igualmente, existe tensión en las comunidades por el paso de Procede: “Procede todavía no pasa por esta comunidad, pero no lo vamos a aceptar. Reforma es una comunidad agraria y así se va a quedar. La cabecera está en Juquila.”

El mantener en pie a la organización requiere de esfuerzos enormes frente a la política represiva del estado de Oaxaca. Después de la militarización en el estado, varias asociaciones (CIPO-RFM) fueron amenazadas y fragmentadas, varios líderes fueron golpeados y encarcelados. En este sentido, mantener la lucha por la defensa de sus maíces no solamente depende del ámbito organizativo, sino que todo un cúmulo de factores interviene y obstaculiza el tratar de mantener su lucha. Por tanto, los productores han planteado trabajar conjuntamente con los consumidores y por ello nos interesamos en ese mundo, con el fin de conocer sus demandas e intereses con respecto a los maíces nativos.

Consumidores: discursos sobre la defensa de los maíces nativos y sobre la oposición a la siembra del maíz transgénico

Consideramos importante conocer las opiniones y las acciones de los consumidores de maíz. Si queremos lograr cambios fundamentales en los modelos de alimentación, tenemos que entender todos los circuitos y los nodos que intervienen en las redes alimenticias, desde los productores, los manufactureros, las industrias a pequeña escala, las transnacionales alimentarias, los consumidores, las autoridades y leyes sobre alimentación y consumo. Por tanto, decidimos entrevistar a una parte de los consumidores de tortillas que acudieran a la compra de las mismas en tortillerías. Fueron entrevistados mientras esperaban en la fila. Nuestro objetivo para entrevistar a los consumidores era entender las razones para acudir a cierta tortillería, los conocimientos expresados por los consumidores acerca del origen y de la calidad del maíz, la información acerca del maíz transgénico y las exigencias y demandas como consumidores de tortillas. Nuestras preguntas tornaron alrededor de la calidad de la tortilla y del origen del maíz, por un lado, y del conocimiento que tenían acerca de los maíces nativos y acerca del maíz transgénico, por el otro.

Consumidores del norte

Los consumidores del norte fueron entrevistados en tres ciudades: Culiacán, Los Mochis y Leyva. Primero tenemos que saber que Maseca tiene el monopolio de las tortillerías en Sinaloa. Casi todas las tortillerías se surten de harina Maseca, a través de créditos para la compra de maquinaria. Hace alrededor de 15 años, otra empresa nacional (Minsa) tenía, al igual que Maseca, el control del monopolio de las tortillerías. Por un problema grave en la calidad de la harina Minsa perdió el mercado en el norte. Poco a poco lo ha ido recuperando, pero Maseca tiene el control del estado. En todo Culiacán sólo encontramos tres tortillerías que fabricaban tortillas con maíz nixtamalizado. Por tanto, es lógico que la mayoría de los consumidores prefiera la tortillería en cuestión con base en el criterio distancia. Las personas prefieren no desplazarse para la compra de tortillas. “La que está en la esquina”, “la que me quede cerquita” eran opiniones altamente recurridas por los consumidores. El segundo criterio era la calidad de la tortilla (sabor, olor, conservación). Algunas personas se quejaban de la higiene de algunas tortillerías. Casi todos estaban resignados a comer tortillas Maseca.

En este sentido, el cuestionario aplicado en Sinaloa era mucho más sencillo que en Oaxaca, ya que siempre nos interesaba conocer los intereses de los consumidores acerca de la conservación de los maíces nativos. Sin embargo, como en las ciudades sinaloenses no se consumen los maíces criollos, toda esta información no podía ser proporcionada.

En cuanto al conocimiento sobre los transgénicos, asombra que sólo 10 de 84 consumidores hayan oído hablar sobre el maíz transgénico. Se habían enterado por la radio, básicamente. Las asociaciones no han jugado un papel importante en la difusión de la información sobre diversos temas agropecuarios de alto interés.

Consumidores del sur

La mayor parte fueron consumidores de tortillas de la tortillería (109 entrevistas en diversas ciudades); pues tenemos pocas entrevistas de consumidores de tortilla hecha a mano (10 entrevistas en el mercado de Oaxaca y de Juchitán). Algunas tortilleras venden en los mercados; pero muchas otras acuden directamente a los domicilios. En este sentido, es difícil entrevistar a los consumidores de tortillas hechas a mano, debido a que hay un menor número accesible y, por lo mismo, no hay filas largas para esperar ser atendidos. Esto dificulta aún más realizar la entrevista. En Oaxaca sólo entrevistamos en las ciudades, como la misma ciudad capital, Tlaxiaco, Juxtlahuaca, Juchitán, Ixtepec, San Mateo del Mar y Tehuantepec.

La mayor parte de los consumidores (95%) prefiere comer tortillas hechas a mano. Este criterio les da la seguridad que la tortilla es “de excelente calidad,” “natural,” “nutritiva”, aunque paradójicamente no se preocupan por el origen del maíz. Muy pocos consumidores se preguntaban por el origen del maíz. Únicamente 15% sabía que era de “origen campesino”, con lo cual querían decir que eran maíces nativos cultivados por campesinos. Pero muy pocos se preguntaban por el tipo de maíz utilizado para su tortilla. Es decir, los consumidores no compran tortillas diferenciadas por las variedades de maíces con las cuales se elaboran las tortillas. La gran excepción se encuentra en la ciudad de Oaxaca, en la tortillería “Itanoni”, donde los consumidores llegan a comprar tortillas y diferencian las variedades de maíces utilizadas.

Los consumidores de tortillas hechas a mano no son constantes en exigir siempre tortillas hechas a mano. El precio y la distancia para adquirirlas son los dos factores más importantes para determinar su consumo. “Son más sabrosas, pero hay que tener más gasto, no siempre se puede comprar”. “Nos queda lejos el mercado, no siempre puede uno venir hasta acá, sólo de cuando en cuando, además sí son más caras, pero lo sabroso cuesta más, ¿verdad?”.

En este sentido, el precio refleja el trabajo invertido en las tortillas a mano y no en la variedad de maíz utilizada. Para algunos productos, tales como para las tlayudas y para los totopos, se parte de que siempre se hacen con los mismos maíces, bolita y zapalote, respectivamente. Sin embargo, las tortilleras cuando no encuentran estas variedades de maíces recurren a la compra de maíz blanco en las tiendas de los mercados, principalmente. “Luego uno no encuentra del maíz que uno quiere, ento’ces compra uno lo que encuentra. Prefiero ir al mercado a comprarlo, pero si no también en los pueblos, en Diconsa me agarra más fácil.”

En cuanto al consumo de tortillas en tortillerías, los consumidores acuden al mismo expendio por diversas razones, desde la cercanía del comercio, la rapidez con que despachan, la limpieza hasta la textura y conservación de la tortilla (tabla 2): “Me gusta venir aquí,

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porque siempre está todo limpio, y luego nos despachan rapidito, ya uno no pierde tiempo”. “Aquí vengo sólo porque está a la vuelta de mi casa, no tengo tiempo para andar viendo por otros lados”. “La tortilla de aquí sale buena, no se hace dura, está hecha de maíz y no de Maseca”.

Muy pocos consumidores se interesan por conocer el origen del maíz con el cual están hechas las tortillas. Contradictoriamente, la mayoría dijo que quería tener una etiqueta que dijera el origen del maíz.

En el criterio de la calidad de la tortilla se incluye el color, la textura, la conservación, el sabor, “lo calientito.” Por esto mismo, en el sabor y la textura puede estar reflejado que la tortilla esté hecha de maíz y no de harina. Otros criterios no incluidos en la tabla, y mencionados por uno o dos consumidores, fueron el económico y la condición de que fuera realizada con harina de Maseca. Sin embargo, aunque la mayoría de los consumidores selecciona la tortillería por la cercanía a su hogar o a su oficina, muchos mencionaron la calidad de la tortilla. Inclusive, si sumamos el criterio de calidad de la tortilla con el criterio que buscan que sea una tortilla de maíz nixtamalizado, tenemos el mismo número que los consumidores que mencionaron la distancia. Por tanto, podemos concluir que en las ciudades visitadas de Oaxaca los consumidores sí quieren una buena calidad de la tortilla, basada en que sea de maíz nixtamalizado y no de harina. Tan sólo una persona de las 109 entrevistadas prefirió comprar tortillas de Maseca.

En cuanto al origen del maíz, 16 personas mencionaron conocerlo. Las respuestas oscilaban desde que “eran del campo”, “criollas” hasta decir que no se producían en Oaxaca, sino que venían de otros lados de la república, mencionando a Puebla, Jalisco o al norte. Hubo dos personas que aseguraron que el maíz venía de China. Al preguntarles si quisieran tener esa información, la mayoría (87 personas) está interesada por conocer el origen por diversas razones: higiene, salud, tipo de transporte. Varios de los que contestaron que no quisieran tener la información, 7 de 22, preguntan para qué se quiere saber el origen, puesto que si el maíz está cultivado por los campesinos tiene que estar en buen estado. Existe como una confianza en el producto del campesino. Pero el resto simplemente no quiere saberlo porque no cambiaría su actitud. “Mientras no me haga daño, para qué tanto saber?”. “Aunque me haga daño, pues no puedo cambiar nada, luego qué?”, opiniones de algunos consumidores.

Frente al conocimiento de los maíces transgénicos, observamos que todavía en 2003 había una absoluta desinformación. De las 109 personas entrevistadas, 84 ignoraban el significado del maíz transgénico y nunca habían oído hablar de él. De 25 personas que habían escuchado hablar de los transgénicos, la mayoría son hombres jóvenes, de 15 a 25 años de edad.

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Sin embargo, aunque sólo fueran 25 personas que habían oído hablar del maíz transgénico o de los cultivos transgénicos, la mayoría manifestó su interés en saber qué era y cuáles eran las consecuencias de ingerirlo. Estos consumidores compraban desde uno hasta ocho kilos de tortilla para ser consumidos en un día.

A manera de conclusiones: controversias y contextos

Sobre el oro vive el indio, pero no nos damos cuenta
(zapoteco de Santa María Zoogochi, Oaxaca)

La información y la comunicación sobre la conservación y protección de los maíces nativos son procesos fundamentales para la concertación de acciones. Mientras no haya la información suficiente, los pobladores sinaloenses y oaxaqueños seguirán desconociendo las discusiones internacionales sobre la importancia de la conservación de los recursos genéticos y de las amenazas por la introducción del cultivo de los transgénicos en México. La única fuente de información en Sinaloa eran las propias empresas transnacionales, particularmente Monsanto. Las visitas guiadas a los campos de Monsanto fueron detonadores para lograr un cambio de percepción y de actitudes de muchos productores maiceros sinaloenses. Aunque los agricultores tuvieran claro que el eje de su problema era la falta de canales de comercialización y no la baja productividad, ellos, después de sus visitas, caían en los discursos de “progreso y modernidad” declarados en la publicidad del uso de la biotecnología por las empresas transnacionales.

En cambio, en Oaxaca, la información sobre la contaminación de los maíces nativos por el maíz transgénico circuló por las radios comunitarias de la Sierra Norte de Juárez. En las entrevistas, el papel jugado por asociaciones civiles fue claro. En todas aquellas comunidades donde hubiera un trabajo agrícola por organizaciones civiles e indígenas, los pobladores tenían más ideas sobre la problemática de la conservación de sus maíces y de los posibles riesgos de la introducción del maíz transgénico. Aunque los pobladores no pudieran expresar toda la información de manera clara, y aunque hubiera confusiones y tergiversaciones de la información, los pobladores pudieron opinar y reflexionar sobre su futuro agrícola y alimenticio. Sin embargo, esta información no fue extensiva a todas las sierras y valles de Oaxaca, por lo que muchas comunidades quedaron sin tener un espacio de discusión sobre la importancia de la conservación de sus maíces nativos.

Las prioridades de las organizaciones indígenas y de las comunidades se tejen a contrapunteo y en destiempo, por lo que aun si pudieron tener un espacio de reflexión sobre su futuro agrícola, las organizaciones visitadas no pudieron concretar sus preocupaciones maiceras en programas de conservación a largo plazo. Las vulnerabilidades sociales y económicas, la fragilidad política, la represión en el campo, el narcotráfico, la reestructuración cultural y el alto flujo migratorio van forjando el marco donde viven las comunidades. Estos procesos deben entenderse para analizar los movimientos comunitarios por la defensa de sus maíces.

En cuanto al consumidor, ni en Sinaloa ni en Oaxaca existen organizaciones de consumidores que exijan mejores calidades nutricionales de los alimentos que componen su canasta básica. Si bien encontramos un porcentaje importante de consumidores que elijen la tortillería por la calidad de la tortilla, el origen y la calidad del maíz no llegan a constituir parámetros de exigencia. En este sentido, falta información sobre la importancia del consumo de maíces nativos.

Tanto los agricultores de Sinaloa como los de Oaxaca expresaron la falta de compromiso institucional por parte de las políticas agrarias federales. Exigen políticas a largo plazo y no que cambien año con año, pues esto provoca gran incertidumbre. Exigen una política de subsidios para lograr tener precios un poco más justos, que permitan tener una vida digna. Mientras la soberanía alimentaria con base en productos cultivados por los agricultores sinaloenses y oaxaqueños no se construya en el propio discurso de los productores, la importancia de la soberanía alimentaria no podrá permear las discusiones en los foros de los consumidores. Se necesitan espacios de reflexión entre consumidores y productores con el fin de defender política, económica y culturalmente al maíz como un bien común.

Bibliografía

Ashby, Jacqueline et al., “Farmer Participation in Technology Development: Work with Crop Varieties”, en R. Chambers, A. Pacey y L. A. Thrupp (eds.), Farmer First: Farmer Innovation and Agricultural Research, Londres, Intermediate Technology, 1989.

Bunch, Roland, Two Ears of Corn: A Guide to People-centered Agricultural Improvement, Oklahoma, World Neighbors, 1985.

Lazos Chavero, Elena, “Du maïs à l’orange: transformation de la structure agraire. Développement et crise agricole d’une région mexicaine (Oxkutzcab, Yucatan”, tesis de doctorado, École des Hautes Études en Sciences Sociales, París, 1992.

____________, “La invención de los transgénicos: ¿nuevas relaciones entre sociedad y cultura?”, en Nueva Antropología, vol. XXI, núm. 68, 2008, pp. 9-36.

Ribeiro, Silvia, “El poder corporativo y las nuevas generaciones de transgénicos”, en C. Heineke (ed.), La vida en venta: transgénicos, patentes y biodiversidad, El Salvador, Heinrich Böll, 2002, pp. 113-147.

Schejtman, Alejandro, “Oaxaca y Sinaloa: campesinos y empresarios en dos polos contrastantes de la estructura agraria”, en Economía Mexicana (Serie Temática I, Sector Agropecuario), 1983, pp. 159-179.

Terán Silvia y Christian Rasmussen, La milpa de los mayas, Mérida, Daniola, 1994.

Wellhaussen, E., L. Roberts y E. Hernández-Xolocotzi, Races of Maize in Mexico, Cambridge, Bussey Institution, 1952.

Autora: Elena Lazos, Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM.

  1. Hasta hace dos décadas, para las milpas mayas actuales, se reportan en total 32 especies con 95 variantes (Silvia Terán y Christian Rasmussen, La milpa de los mayas, 1994, pp. 223-227) y para el sur de Yucatán se encontraron en las milpas mayas un total de 18 especies con nueve poblaciones de maíces y 32 variedades de hortalizas, flores y tubérculos (Elena Lazos Chavero, “Du maïs à l’orange: transformation de la structure agraire. Développement et crise agricole d’une région mexicaine (Oxkutzcab, Yucatan”, tesis de doctorado, 1992, p. 218). Con esta riqueza se lograba que las familias obtuvieran una cosecha de cultivos tiernos y maduros a lo largo del año. []
  2. Véanse tablas de los maíces nativos en Elena Lazos Chavero, “La invención de los transgénicos: ¿nuevas relaciones entre sociedad y cultura?”, en Nueva Antropología, vol. XXI, núm. 68, 2008, pp. 9-36. []
  3. Datos a partir de 128 entrevistas realizadas entre 2002 y 2004. []
  4. En San Isidro Reforma los comuneros y ejidatarios se organizaron con Transparencia A.C., CIPO y UNOSJO (Unión de Organizaciones de la Sierra Juárez de Oaxaca) en 1990, en torno a sus peticiones para hacer caminos que les permitieran mejorar las comunicaciones entre las poblaciones de esta parte de la sierra. La primera vez que se organizaron hubo problemas porque el gobierno del estado argumentaba que era mucho dinero para la compostura del camino. A la mitad, les quitaron el presupuesto y el camino llegó apenas a San Juan Yaé. Con cipo “hace poco que nos integramos Los Pueblos Unidos del Rincón que lo integraron 10 comunidades que querían transporte público y no privado en manos de cacique. Al gobierno no le gustó la unión, desarticularon todo y entonces nos unimos a CIPO. Los caciques no querían perder su poder del monopolio de los camiones y las autoridades de Oaxaca estaban metidas”. []

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