En torno al Coloquio Mesoamérica y nuestra memoria del doctor Paul Kirchhoff

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En 1993 el Seminario de Historia, Filosofía y Sociología de la Antropología Mexicana dio la bienvenida a los colegas reunidos para celebrar su primer coloquio. 1 Hoy, y a nombre de este mismo seminario, me da mucho gusto darles la bienvenida a este segundo coloquio, titulado “Mesoamérica: una polémica científica, un dilema histórico”.

Cabe recordar que este coloquio se celebra en el marco de las Jornadas Académicas de la Dirección de Etnología y Antropología Social (DEAS). Desde hace siete años esta dirección ha sido sede de nuestras reuniones mensuales y fue bien recibido por su comunidad académica. Por el apoyo al evento que ahora se inaugura, queremos dar gracias al director de la DEAS, José Iñigo Aguilar y su subdirectora Leticia Rojas. Nuestro agradecimiento va asimismo a la colaboración de la Universidad Iberoamericana y la hospitalidad de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, quien, de nuevo, se ofreció como sede de este segundo coloquio del seminario.

Los organizadores de este evento (Ignacio Rodríguez, Carlos García Mora, Fernando López Aguilar y Mechthild Rutsch), agradecemos en especial a los colegas quienes con entusiasmo acogieron nuestra invitación y se han tomado el trabajo de preparar una ponencia original para esta ocasión. Nuestro agradecimiento va también al colega arqueólogo, Noél Morelos, hábil dibujante y ya tradicional ilustrador de nuestros volúmenes, y a Emelina Paniagua por el diseño de programa y cartel. Gracias también a las personas que, de una u otra forma, han apoyado la realización de este evento.

En segundo lugar, quiero hacer alusión a lo que ha sido este seminario de largo nombre. Nació en 1990 de la idea y de la necesidad de crear un espacio de discusión académica e interdisciplinaria de trabajos originales aportados por colegas interesados en su temática. A siete años de distancia de esta primera idea podemos decir hoy que no hemos naufragado. En realidad, pienso que la sobrevivencia de nuestro seminario es un milagro. Cierto, somos un grupo pequeño, un “núcleo duro” (como diría Andrés Medina), de colegas arqueólogos, antropólogos físicos y sociales, etnólogos, historiadores y (a veces) lingüistas, quienes hemos puesto nuestro empeño en sobrevivir como seminario a épocas de excelencias más aparentes que reales, de “puntitis” diversas y de megaproyectos de dudoso beneficio; tiempos además, en los que el patrimonio cultural debe ganarse la vida y justificar económicamente su existencia.

A pesar de esta lógica que hoy existe y se ha impuesto en la mayoría de nuestros centros de trabajo, seguimos apostando a una visión y un pequeño espacio alterno que permite encontrarnos para discutir acerca de malestares, académicos y políticos, de adelantos y retrocesos, visiones nuevas y en confrontación de la antropología y ciencias afines. En nuestro trabajo pervive el recuerdo de sesiones polémicas, a veces difíciles en su dinámica, pero siempre iluminadoras en su crítica y la multiplicidad de puntos de vista expresados. Es decir, somos una pequeña comunidad de discusión, más no de opinión. El espíritu coloquial del seminario se reafirma en la “transmisión informal” de los brindis acostumbrados después de cada sesión. Si anteriormente dije que la supervivencia del seminario me parece un milagro, debo añadir que en gran parte esto se debe a este espacio lúdico, aparte la tenacidad de sus integrantes por encontrar, a pesar de todo, un camino común. Pero más que la tenacidad creo, se debe al buen humor que siempre aflora y que con frecuencia ha provocado muchas risas.

Así y entre colegas de diversas instituciones ocupadas de la antropología mexicana, hemos seguido con la convicción de que el pensamiento y el pensar alrededor del pensar es, ayer como hoy, el mejor recurso y condición de posibilidad para confrontar nuestros puntos de vista, nuestras prácticas. Esto exige un enfoque que rebasa territorios disciplinarios estrictos, posiciones políticos invariables e inflexibles, aún en ocasiones, incluir temas como el de género, terreno difícil y espinoso. Creo coincidir con mis colegas si digo que somos hoy sobrevivientes de la esperanza -tal vez vana, pero no obstante rectora- que nos impulsa traspasar los límites de tabúes, mitos fundadores, prácticas irreflexivas, para mantener y recobrar el gusto, el goce y el placer por ejercer nuestra profesión.

A este espacio hacemos desde aquí y desde ya, una cordial invitación a todo y toda colega interesado en conocer o compartirlo. Nos movemos en él de manera amistosa aunque crítica y poco nos importan los títulos, pero mucho nos importa derribar el mito de que la calidad y seriedad científicas se oponen y desmerecen al humor y al espíritu lúdico. No pretendemos ser trampolín político para nadie. Nos parece pues, más importante un espíritu crítico que una defensa de estructuras verticales y generalmente acostumbradas. Nos importa impulsar espacios nuevos, la revisita de lugares y conceptualizaciones comunes, reconocernos en nuestra historia, nuestro presente, nuestra filosofía, nuestra sociología institucional y de gremio. Esto último me lleva hablar del propósito de este coloquio. Su espíritu, al igual que el del seminario, es de debate respetuoso.

La historia muy a menudo nos señala que las mejores ideas salen de pláticas informales, de compartir una taza de café o de un viaje común. Cómo llegó a plantearse la temática de este coloquio tiene múltiples facetas. Una de ellas que persiste en mi recuerdo son las pláticas con mis colegas, en especial con Carlos García Mora e Ignacio Rodríguez, acerca de la importancia central del concepto Mesoamérica para la antropología mexicana. En algunas ocasiones también tocamos este asunto en las sesiones del seminario; al respecto recuerdo intervenciones y opiniones de todos sus miembros. Para mi caso personal confluyó la importancia de este concepto con el análisis de la obra del doctor Paul Kirchhoff. Y, ya entrado en la organización de este evento, hubo voces que propusieron un segundo coloquio acerca de este tema tan fundamental en la antropología mexicana.

Quisimos alternar las intervenciones entre colegas que argumentarán en favor del concepto de Mesoamérica y otros más, quienes con base en su conocimiento y sus experiencias, argumentaran sus límites y limitaciones actuales. Este espíritu, nos parece, es condición de posibilidad para lograr una polémica variada y nutrida con intervenciones del público y pensada en retroalimentar las diversas posiciones que aquí se asumirán.

En gran parte de la cultura política de la vida nacional, existe una connotación de la palabra “discusión” y de la palabra “debate”. Con frecuencia, estas palabras se asocian con “pelea” o “pleito”. De hecho, la primera reacción de varios colegas, al enterarse de nuestro planteamiento, fue en este mismo sentido. Más, creemos que tal asociación pertenece a la irreflexividad del sentido común. Haremos bien en desecharlo. Contradecir a la convicción de otro no es, ni debe ser, conflicto personal, falta de respeto o desprecio.

Al contrario, contradecir, muchas veces no sólo es necesario para clarificar la posición propia, sino que resulta una conditio sine qua non de un conocimiento científico que siempre será perfectible; siempre es público, con todo y sus posibles limitaciones, debe ser abierto y antidogmático, históricamente analítico. A propósito de lo mismo, y en ocasión de la publicación de las ponencias y discusión del Seminario sobre Etnología de América Media, cuyas ponencias son encabezadas por el Mesoamérica…..de Kirchhoff, Sol Tax escribió en su introducción:

Los científicos también intentan ser caballeros, y la cortesía común en una discusión es buena y necesaria. Pero la falsa cortesía que inhibe la crítica abierta, es fatal […] Nuestro único temor es que alguien sea temeroso para corregirnos -que alguien, quien podría ayudarnos con su conocimiento, se calle a causa del temor de ofender- que a alguien se le olvide que la única autoridad que la ciencia y la comunidad científica puede respetar es la autoridad del conocimiento.2

Que quede claro: la invitación para apoyar este coloquio con una ponencia original, no fue aceptada por todos los colegas invitados. Sus razones tendrán, pero hay que aclarar que todos aquellos colegas a quienes por razones de espacio y de tiempo no se pudo invitar, serán bienvenidos para intervenir desde el público y en la sesión de debate general que seguirá a las cuatro ponencias de cada uno de estos días. El cometido del seminario y de este coloquio, ha sido el ser semillero de reflexividad colectiva de nuestros conceptos, nuestra práctica, nuestra historia, nuestra identidad…

Así, lo que reconocimos ayer como valioso, puede hoy dejar de serlo. Hay que verlo con seriedad: con más frecuencia de lo que muchas veces estamos dispuestos admitir, nos ganan las vías acostumbradas de la tradición heredada. Como demostró Howard Margulis,3 en la historia de la ciencia tal proceso psicológico ha resultado muchas veces de utilidad, pues los procesos universales de cognición dependen de las tradiciones que nos anteceden. No obstante, lo que Thomas S. Kuhn llamó un cambio o una ruptura paradigmática, depende de un cambio en las creencias acostumbradas y de una ruptura con los hábitos mentales (y a veces demasiado) familiares. Los hábitos mentales son, en muchos de sus rasgos, parecidos a los hábitos físicos, inconscientes y con frecuencia compulsivos. Y, a propósito del concepto de Mesoamérica, ¿acaso estamos ante un hábito mental de la antropología mexicana, coercitivo y claustrofílico, inconsciente de sus orígenes, que hoy por hoy resulta obsoleto? ¿O es que debemos retomar la tradición como una conceptualización central de la antropología mexicana, un Mesoamérica más allá de fronteras étnicas estrictas, para convertirlo en un concepto académico y político de la subversión de malestares que hoy nos aquejan? Al respecto, y durante los tres días del coloquio, escucharemos argumentos, emitidos desde la experiencia de las diferentes disciplinas antropológicas.

Dicho esto a nombre de mis colegas del seminario, quiero ahora referirme, a título personal y de manera breve, al contexto teórico del concepto Mesoamérica y al doctor Paul Kirchhoff.

El 12 de septiembre pasado se cumplieron 25 años desde la muerte del doctor Paul Kirchhoff, y casi 55 de su famoso trabajo de síntesis Mesoamérica, sus límites geográficos, composición étnica y caracteres culturales. Intercambiar opiniones acerca de la vigencia de este concepto es uno de los mejores homenajes que podemos ofrecer a quien, al decir de Carlos García Mora, fue un “longevo instigador”.4

Al tiempo me pareció útil incluir en la carpeta de la mesa de publicaciones una traducción del obituario que Kirchhoff dedicó a su maestro Robert von Heine-Geldern,5 fue escrito poco antes de su muerte acaecida en 1972 y es su última publicación en alemán. De este texto Gerdt Kutscher escribió que fue un “auto de fe” de Kirchhoff.6 El artículo habla de sus convicciones teóricas, su búsqueda, su pasión y trayectoria de investigador y, por ello, arroja luz también al contexto conceptual más amplio de Mesoamérica, concepto nacido al amparo de la historia cultural alemana.7

Esta escuela o más bien dicho, escuelas diversas participaron de aquélla pretensión filosófica, científica y educativa alemana, imperante desde mediados del siglo pasado, a la que Fritz Ringer, en analogía al análisis weberiano de la sociedad china, ha tipificado como de los “mandarines alemanes”.8 O sea, la pugna por una ciencia unificada, humanista, pero elitista a la vez y, la mayor de las veces, eurocéntrica.

Si bien tal vocación tiene diversas raíces y determinantes, baste decir aquí que la historia cultural se basa en un proyecto universal de historia. Según la famosa divisa del historiador Ranke: “En su esencia la investigación histórica es universal.” En otras palabras “La historia es universal, o no es nada.” Éste es el enfoque que suscribieron, en mayor o menor grado, los antropólogos, filólogos y etnólogos alemanes “clásicos” que han trabajado en México, desde Eduard Seler pasando por Hermann Beyer y Franz Boas hasta Paul Kirchhoff.9 Este último estuvo consciente de esta tradición y comentó varias veces a su hijo Martín “Yo soy del siglo pasado”10

Por consiguiente, las escuelas de historia cultural que se desarrollaron al abrigo de esta educación y filosofía general, en antropología perseguían, ciertamente, un enfoque histórico de los procesos culturales, cosa que, durante los años veinte, las opondrá al funcionalismo sincrónico británico.

En etnología y, en especial en las diversas teorías acerca de las formas, círculos, complejos o provincias culturales, la historia cultural intenta, en última instancia, una reconstrucción histórica del desarrollo cultural mundial, aun de aquellas partes del mundo que carecen de fuentes escritas, mediante la comprobación de interrelaciones en el espacio y en el tiempo. Así, Koppers decía de la labor de Frobenius que éste, mediante los círculos culturales por él establecidos en Africa oriental había restaurado la dignidad histórica de las culturas africanas.11 En esta medida, el énfasis en la historia y su reconstrucción posible, es un elemento subversivo nuclear, que permite rebasar al elitismo y eurocentrismo presente en varios de sus exponentes.

En general, el difusionismo no siempre asigna a las interrelaciones culturales valor de hechos absolutos, pero sí un hipotético origen, como fue, en el caso de Europa, el círculo helenístico o el complejo grecorromano.

En el nivel espacial y el histórico, el continente americano ejercía un atractivo especial para los europeos. Tal interés hunde sus raíces en el siglo XVIII y confluye tanto con la geografía como la antropogeografía y, más tarde, a principios de este siglo, con la prehistoria. Por ello no es casual que el imaginario y la jerga científica de la historia cultural alemana comparten mucho con estas ciencias duras o semiduras. Entre otras, fundamenta la polémica entre el historiador Fritz Graebner y el autodidacta Leo Frobenius, quien aboga por diseñar métodos análogos a la biología. No obstante, es común a todos los historiadores culturales un conocimiento enciclopédico de hechos culturales mundiales y sus posibles relaciones. La concepción de ciencia que defendían los seguidores de la historia cultural apostaba a un mejoramiento y un progreso mediante más y mejores datos, tanto arqueológicos como etnológicos. En su concepción ambas disciplinas debían complementarse y el análisis de los datos requería un método muy preciso y concienzudo, conforme a la distribución de rasgos registrados sobre planos o mapas (caso de Frobenius, Schmidt, etcétera) primero, y, más tarde, mediante el análisis estadístico (caso de Kroeber y otros).

La amplia conciencia histórica y empirista que fundamenta esta cultura científica, rechaza al evolucionismo etnológico especulativo (cf. la crítica de Boas) y considera como aberración los estudios sincrónicos británicos (cf. polémicas de los años veinte).

Paul Kirchhoff presenta su tesis de doctorado en 1927. Con base en fuentes etnohistóricas y contemporáneas analiza la organización social y el parentesco de las tribus subandinas de América del Sur, a fin de delimitar con más precisión la “provincia cultural de la Amazonia”. Como él mismo dice en la introducción de su tesis, espera que este trabajo pueda proseguirse más tarde, abarcando toda la parte sur del continente americano.12 Es interesante notar aquí que Kirchhoff enfoca esta provincia cultural apoyándose ocasionalmente en datos y hechos culturales comparables en el contorno mundial. Así, en este texto y los siguientes, Kirchhoff comparte la visión enciclopédica y mundial de la historia cultural alemana. Así, Kirchhoff aun en su último texto publicado, el citado obituario, de manera penetrante y sintética como solía escribir, concienzudo y fundamentado como pocos en su argumentación, escribe un alegato contra la estrechez de miras que muy a menudo nos suele asaltar al estar inclinados con atención sobre un problema particular.

Todo problema singular, no obstante cuán local o limitado nos pueda parecer en un inicio, debe ser enfrentado desde esta perspectiva mundial, so pena de ignorar lo más importante.

Sin embargo, su orientación teórica se encamina bajo una variante de la historia cultural alemana, como él mismo dice, la etnosociología. Su maestro, Fritz Krause, lo había iniciado en los problemas del continente americano y, más específicamente, en la estructura social de sus sociedades.

En 1935 Kirchhoff conoce de forma directa parte del territorio y las sociedades que había estudiado hasta entonces por las fuentes disponibles.13 Diez años después de la presentación de su tesis doctoral, o sea en febrero de 1937, inicia sus actividades de docente e investigador en México14 Para entonces, Paul Kirchhoff ya había estudiado con Malinowski en Londres, con Rivet en París y tuvo relaciones de correspondencia con la mayoría de los entonces eminentes antropólogos en el medio internacional. Entre éstos estuvo Franz Boas, quien en más de una ocasión le socorrió mediante sus buenos oficios y quien tuvo una alta opinión de él, considerando que Kirchhoff era de las “mejores promesas jóvenes entre los antropólogos alemanes”15 En 1939 y como resultado del XXVII Congreso Internacional de Americanistas celebrado en la Ciudad de México, Kirchhoff se hace cargo de la coordinación del Comité Internacional para el estudio de la distribución cultural en América, con sede en el Instituto Panamericano de Geografía e Historia.16 En la misma época encabeza en el Museo Nacional el equipo formado por el ingeniero Robert Weitlaner y el historiador Wigberto Jiménez Moreno para reunir los rasgos determinantes, como dice Kirchhoff, de la “superárea cultural Mesoamérica”. Para entonces el ayudante de etnólogo, Ricardo Pozas, escribe en su informe mensual de mayo de 1942 lo siguiente:

formulé un proyecto que tiene por objeto el de unificar los títulos y subtítulos que deberán llevar las tarjetas donde se anoten los datos etnográficos que se toman de las fuentes antiguas, para reconstruir la historia de los grupos indígenas; dicho proyecto fue entregado a los profesores W. Jiménez Moreno, Weitlaner y Kirchhoff, quienes lo han empezado a discutir.17

Y Weitlaner mismo anota:

En colaboración con los profesores W. Jiménez Moreno y P. Kirchhoff, el suscrito empezó a hacer una selección de rasgos culturales para preparar una lista de dichos elementos y que se van a llevar los etnólogos al campo, anotando la presencia o ausencia de cada rasgo. Este sistema de investigaciones tendrá como finalidad la elaboración de áreas culturales en México, su estratificación y su interpretación histórica muy semejante a los trabajos que la Universidad de California en Berkeley llevó a cabo bajo la dirección de Kroeber, Gifford, Klimek, etcétera. Como se trata probablemente de seleccionar unos dos o tres mil rasgos no espero terminar esta tarea sino hasta principios de la estación de las expediciones del invierno.18

Frente a la amplitud de esta tarea se entiende por qué Kirchhoff siempre calificó a su trabajo, escrito un año más tarde, como provisional, como sincrónico y, en ese sentido, deficiente.19 También se comprenderá la preeminencia teórica de la historia cultural alemana y estadounidense bajo la cual se concibió al concepto del área cultural Mesoamérica.

Hoy, al debatir acerca de este concepto, haríamos bien, creo, en tener presentes dos asuntos adicionales:

1. Los orígenes teóricos-conceptuales de un antropólogo no son “pecados originales”, (como se ha querido manejar en la ENAH y otros lugares de encuentro y de docencia antropológica). Más bien, contienen elementos diversos que pueden retomarse y debatirse. No siempre son cuerpos unificados y cerrados.

2. Tales orígenes no prejuzgan de manera categórica una orientación política y, a veces, y de ningún modo la prejuzgan.

Me parece que confirman esta tesis los ejemplos -“cuasi-paradigmáticos”- por una parte del etnólogo Fritz Krause (1881-1963), quien hizo trabajo de campo en Brasil en 1908 y más tarde estuvo interesado sobre todo en las “provincias culturales” de América del norte y fue director del Museo de Leipzig de 1927 hasta 1945.20 Durante el régimen nazi fue miembro del partido fascista y en nombre de los ideales de éste boicoteó las publicaciones del judío Franz Boas en Alemania. Por otra parte está el caso de su alumno y candidato a doctor, Paul Kirchhoff, quien durante toda su vida suscribió actividades políticas de la izquierda. Si la importancia de su actividad política se juzga por la reacción del “estado de derecho” para entonces existente en diversas naciones, la de Paul Kirchhoff fue importante, incómoda y subversiva. Tan es así que le costó en 1932 el veto del gobierno alemán e inglés para trabajar en África o en Oceanía, en julio de 1939 el gobierno alemán le revoca su nacionalidad y en diciembre de ese año desconoce también su título doctoral que la Facultad de Filosofía de la Universidad de Leipzig le había otorgado en 1931.21 No obstante, durante mucho tiempo, Paul Kirchhoff mantuvo la esperanza de volver Alemania y trabajar en actividades políticas de la izquierda.22 A pesar de cierto reconocimiento que la obra etnológica de Kirchhoff tuvo en el medio internacional, en México fue obligado a jubilarse a los 65 años, por considerarse que había producido “demasiado poco”. Este argumento fue, desde luego, extraoficial, pero conocido en el medio. La razón fundamental para la descalificación de la obra de Kirchhoff en México, a pesar de su síntesis nodal del concepto Mesoamérica, fue y sigue siendo su pertenencia a la escuela difusionista y su incómoda búsqueda del origen de las culturas mesoamericanas en Asia -diametralmente contrapuesta a la utilidad ideológica de la “provincia cultural” Mesoamérica-. Hubieron otras manifestaciones de rechazo de la obra de Kirchhoff, por ejemplo la reacción que suscitó la edición de las conferencias dictadas por él en la Universidad Iberoamericana en 1971, un año antes de su muerte.23 Al respecto, Alfonso Villa Rojas acusa a Kirchhoff de haber renegado del “concepto de objetividad que es tan fundamental en toda investigación”,24 sin advertir siquiera que la propia memoria de Kirchhoff y de sus tesis son totalmente escindidas: una, la de Mesoamérica ha sido ampliamente aceptada, mientras la otra, relativa al origen asiático de las “altas culturas” del continente americano, ha sido y sigue siendo, objeto de un rechazo tajante.25 La memoria de la obra y los aportes de Kirchhoff constituye un caso ambivalente en México. Más de un colega es víctima del desconcierto ante las “incomodidades” conceptuales de su antiguo maestro, quien, encima de todo, no ofrece explicación alguna entre la aparente incongruencia entre sus convicciones y militancia políticas izquierdistas y sus conceptualizaciones aparentemente derechistas. Para una antropología guiada por el signo del nacionalismo mexicano, éste es asunto difícil de desentrañar.

Como sea, en cuanto al primer punto enunciado, me parece que la reivindicación metodológica de la historia cultural en general que apoya y sostiene una visión mundial de la etnología sigue vigente, así como su énfasis en los procesos históricos. Ésta es la visión y la pasión que encierra al último artículo escrito por Kirchhoff, quien fue el primer sintetizador del concepto Mesoamérica. También se deja ver la amargura y la sensación de fracaso que este investigador expresa a propósito de este y otros trabajos, ya que ninguno de sus alumnos había continuado esta tarea.

Si nuestro seminario ha hecho hincapié en el estudio de la historia de la antropología mexicana y de su historia conceptual, es justamente porque estamos convencidos de que muchas veces la inconsciencia acerca de nuestros propios orígenes nos arrastra a prejuicios poco dignos y que, desde el horizonte de hoy, debemos interrogar, reformular o aun desechar, para encontrar las preguntas que puedan acercarnos a estas nuevas respuestas que hoy en día necesitamos.

Como sea que resulte la argumentación particular de cada uno de los ponentes que escucharemos, el mismo hecho de volver a la discusión de Mesoamérica, constituye una revisión y un diálogo con antropólogos como Kirchhoff, quienes se atrevieron a ser caminantes de fronteras, a estar en la encrucijada de dos mundos teóricos, culturales y políticos, y aún históricos.

Autora: Mechthild Rutsch, Dirección de Etnología y Antropología Social del INAH. Seminario de Historia, Filosofía y Sociología de la Antropología Mexicana.

  1. Coloquio “La Historia de la Antropología en México: Fuentes y Transmisión”, celebrado del 5 al 7 de julio 1993. Las ponencias de este coloquio fueron publicadas en La historia de la antropología en México: fuentes y transmisión, México, Universidad Iberoamericana/INI/Plaza y Valdés, México, 1996. []
  2. Sol Tax (ed.), Heritage of Conquest. The Ethnology of Middle America, New York, Cooper Square Publishers Inc., 1968, pp.8-9. []
  3. Howard Margulis, Paradigms and Barriers. How Habits of Mind Govern Scientific Beliefs, Chicago y Londres, The University of Chicago Press, 1993. []
  4. Carlos Garcia Mora, “Paul Kirchhoff, el instigador”, en Antropología y Marxismo, año I, núm.1, México, 1979, pps. 7-10. []
  5. Paul Kirchhoff, “Robert von Heine-Geldern”, Zeitschrift für Ethnologie, 94(2),1969, pp.163-168. []
  6. Gerdt Kutscher, “Paul Kirchhoff (17 august 1900- 12, september 1972)”, Zeitschrift für Ethnologie-98 (2), Berlin, 1973, pp. 167-176. []
  7. Cf. Luis Vázquez y Mechthild Rutsch, “México en la imagen de la ciencia y las teorías de la historia cultural alemana” en Ludis Vitalis, Revista de filosofía de las ciencias de la vida, (5)1,1997, pp.115-178. []
  8. Fritz K., Ringer, The decline of the German Mandarins. The German Academic Community, 1890-1933, Estados Unidos, Wesleyan University Press. University Press of New England Hanover and London, 1990 (1969). []
  9. La idea de lo universal se nutre desde luego de herencias de la Ilustración. Hoy, tal idea y a la luz de la influencia del postmodernismo en antropología (con su insistencia en el conocimiento “local”, “situado” o “particular”), parece anacrónica o aun puede adquirir un tinte reaccionario. Sin embargo, haremos bien en recordar que el sujeto de referencia tanto de ésta como de aquélla historia, en última instancia, sigue siendo Occidente, Europa y los países llamados del Centro. []
  10. Comentario personal de Martín Kirchhoff, julio 1996. []
  11. W. Koppers, “Das Problem der Universalgeschichte im Lichte von Ethnologie und Prähistorie “, Anthropos. Internationale Zeitschrift für Völker- und Sprachforschung, 52, Sonderabdruck, Fribourg, Suiza, 1957. []
  12. Paul Kirchhoff, “Die Verwandtschaftsorganisation der Urwaldstämme Südamerikas”, en Zeitschfrif für Ethnologie, año 63, no.1-4, Julius Springer, Berlin, 1931, p. 86. []
  13. En 1935 Kirchhoff, junto con su primera esposa Johanna Faulhaber, realiza trabajo de campo en el territorio de la Guajira/Colombia y en Venezuela por cuatro meses como miembro del Comité Etnológico del Museo de Philadelphia. (Agradezco las fotocopias de documentos proporcionados por la doctora Johanna Faulhaber). []
  14. El primer curso “El origen de las clases sociales y el Estado” que Kirchhoff impartió en México, tomó lugar a partir del 22 de febrero en el salón 11 del Museo, salón entonces dedicado a Etnografía Colonial y de la República, bajo la curaduría de Antonio Cortés. Archivo Histórico del Museo Nacional de Antropología, 104, 1937,153 /154. Fue publicado con el título “Etnología, materialismo histórico y método dialéctico” en Antropología y Marxismo, año 1, núm. 1, México, 1979, pp.11-38. []
  15. Comentario personal de la Doctora Johanna Faulhaber, 1998. []
  16. Instituto Panamericano de Geografía e Historia, International Committee for the Study of Culture Distributions in America, Recommendations for the standardization of Culture Distribution Studies, México, 1941 (edición trilingüe). Este Comité estuvo compuesto, además de los miembros mexicanos, por Hooton (Cambridge, Mass.), Kroeber (Berkeley), Linné (Stockholm), Rivet (Paris), Sauer (Berkeley), Serrano (Buenos Aires) y Steward (Washington). []
  17. Archivo Histórico del Museo Nacional de Antropología, v. 126, fjs. 183 y 184, 1942. []
  18. Archivo Histórico del Museo Nacional de Antropología, v. 126, fjs. 185/186, 1942. []
  19. Cf. el prólogo que Kirchhoff escribió en 1960 para la segunda edición en español de su artículo, publicado como suplemento de la revista Tlatoani, no.3, ENAH, México. []
  20. BAZA Biographisches Archiv zur Anthropologie (BAZA), Geschäftsstelle Berthold Riese Universidad de Bonn. []
  21. Cf. Fischer, Hans, Völkerkunde im Nationalsozialismus. Aspekte de Anpassung, Affinität und Behauptung einer wissenschaftlichen Disziplin. Hamburger Beiträge zur Wissenschaftsgeschichte Band 7. Dietrich Reimer Verlag Berlin-Hamburg, 1990: 69/70. Información proporcionada por el Archivo Histórico de la Universidad de Leipzig, Phil.Fak.Prom.842, Blatt 1 y 41. []
  22. Comentario de la doctora Johanna Faulhaber. []
  23. Teresa Rojas Rabiela, Paul Kirchhoff: principios estructuales en el México Antiguo, 1983 (reproducción del curso dictado en 1971). []
  24. Alfonso Villa Rojas, “El origen asiático de las altas culturas mesoamericanas según Kirchhoff”, en Estudios de la Cultura Náhuatl, vol.19, México, Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM, 1989, p. 289. []
  25. Con frecuencia, en el medio mexicano, esta última tesis ha sido silenciada o ridiculizada, considerándola como una especie de “demencia senil”. []

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