Laura Herrera Serna (coord), Antología de la Independencia de México formada de los almanaques, años nuevos, calendarios y guías de forasteros, 1822-1910, México, INAH. (Historia, Serie Enlace), 2012.

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DA63R1Desde hace algunos años Laura Herrera Serna emprendió un proyecto que buscaba crear un catálogo analítico y sistematizado de dos de los fondos bibliográficos más importantes del país que se encuentran bajo custodia del INAH: el de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, ubicado en el Museo Nacional de Antropología e Historia, y el de la Biblioteca Manuel Orozco y Berra que se localiza en el edificio de la Dirección de Estudios Históricos.

Uno de los primeros frutos de ese esfuerzo fue una recopilación de 58 artículos y 30 ilustraciones sobre la Independencia, los cuales aparecieron en publicaciones periódicas anuales como almanaques, años nuevos, calendarios, diarios y guías de forasteros. Los textos que se ofrecen en la Antología de la Independencia fueron editados entre 1822 y 1910. Herrera Serna menciona que el objetivo de su compilación es mostrar, por un lado, que las formas y los géneros reflejan las tendencias ideológicas o partidistas que se produjeron en determinada época y, por el otro, que las transformaciones en los contenidos cívicos constituyen una expresión identitaria del país con respecto al contexto internacional. A través de los artículos se puede constatar la labor de los editores de la ciudad de México, quienes buscaban educar al pueblo para que obtuviera plena “ciudadanía”, es decir, que actuara conforme a las leyes y conociera cuáles eran sus derechos y obligaciones.

La autora explica que compiló el contenido de los calendarios, almanaques, diarios, años nuevos y guías de forasteros, debido a que éstos, y sobre todo los calendarios, constituyeron la “literatura popular” por excelencia en el México del siglo XIX y de las primeras décadas del XX, de tal forma que este tipo de publicaciones se convierte en una veta excepcional para entender la manera en la que se difundió un determinado tipo de cultura, de conocimiento y de ideología, motivo por el que no debe sorprender que en sus títulos se reflejaran, en ciertos momentos, las luchas políticas que se llevaban a cabo entre las distintas facciones.

La popularidad de este tipo de impresos era producto de su bajo costo y del hecho de que en ellas colaboraban las personalidades literarias de la época. Así, por ejemplo, Laura Herrera encontró trabajos de José Joaquín Fernández de Lizardi, Domingo Revilla, Juan Díaz Covarrubias, Manuel Payno, Guillermo Prieto, Vicente Riva Palacio y otros escritores más. En gran medida, el alcance de estas publicaciones son gracias a que en la década de 1840 se produjo un auge de la empresa editorial propiciado por varios factores: la apertura del comercio, la facilidad de importar imprentas, la variedad de productos tipográficos y la presencia de empresarios que tenían una mentalidad moderna.

Las publicaciones periódicas que se presentan en la Antología de la Independencia… tuvieron distintas condiciones de desarrollo. De acuerdo con la investigadora, los calendarios comenzaron a circular desde el siglo XVI, pero sería en el XIX cuando alcanzaron su mayor auge, convirtiéndose en medios de divulgación de ideas políticas. Estos impresos serían sustituidos por cromos. Los almanaques compartían ciertas características con los calendarios, pero fueron evolucionando hasta convertirse en enciclopedias o libros de consulta. Las guías de forasteros también guardan un estrecho vínculo con las peculiaridades del calendario.

Se tienen noticias de que la primera guía fue publicada en 1753 por Felipe de Zúñiga y Ontiveros, quien buscaba informar sobre la organización religiosa, política, civil y militar de la ciudad de México, así como de sus instituciones, estadísticas y servicios. Ya en el siglo XIX se les da el calificativo de turísticas. Los años nuevos empezaron a circular en 1837 y su primer editor fue Mariano Galván. Las obras estaban planeadas para que fueran perdurables y un conducto de la producción literaria de la época. Así, las obras podían ser leídas y guardadas para disponer de ellas posteriormente. Este tipo de publicaciones desaparecerían con el transcurso de los años.

Los textos antologados fueron divididos en varios rubros, por ejemplo, “Biografía” contiene seis artículos: uno dedicado a José María Morelos, uno a Vicente Guerrero y cuatro a Agustín de Iturbide. Algo que llama la atención es que no se encuentra ninguna biografía de Miguel Hidalgo, quien es nombrado el padre de la patria. Es importante recordar que en el siglo XIX las figuras de Hidalgo e Iturbide fueron utilizadas como estandartes políticos de los grupos en el poder, razón por la cual se ponía mayor énfasis en las hazañas de cada uno y se trataba de excluir al otro. En determinados momentos Hidalgo tendría preponderancia sobre Iturbide y de la misma manera Iturbide sobre Hidalgo.

Algunos autores, sobre todo en la década de 1840, trataron de presentar una visión integral de la Independencia, en la cual cada uno de los personajes no se explicaba sin el otro. Sin embargo, el triunfo de los liberales sobre el Imperio, en 1867, propiciaría que Hidalgo se convirtiera en la figura central de la guerra independentista y ocupara el pedestal más alto en el altar de la patria, desplazando la figura de Iturbide al bando de los traidores de la nación. En este contexto, llama la atención que las biografías de Iturbide lo presentaran como el gran artífice de la guerra de Independencia, tal vez por el hecho de que en los años en que se publicaron los trabajos imperaba una visión integradora. Así, en el Calendario de J. M. Lara para el año de 1839, arreglado al meridiano de México. Primer se mencionaba que Iturbide, desde el mismo comienzo de la lucha armada, tenía el deseo de liberar a su patria y que si había combatido a los insurgentes se debía a que consideraba que ellos no entendían que la insurrección debía tener como único fin la Independencia, sino que sólo buscaban destruir y devastar. Subrayando que el mayor éxito de Iturbide había sido el Plan de Iguala, pues constituía una “obra de inteligencia y sabiduría”.

En el Calendario de Galván de 1840 se indicaba que si bien no existía una manera de justificar su conducta en la defensa del partido que había abrazado, debido a que había incurrido en actos inclementes, injustos y vejatorios, no se podía negar que la Independencia de México había sido consecuencia de su “sagacidad política” y de su gran “talento de combinación” para reunir los intereses de todos los grupos. Un aspecto que el autor de la biografía resalta es que Iturbide no buscara “enseñorarse” (sic) de su obra, sino que, por el contrario, sucumbió ante ella.

En el Calendario de A. D. Solórzano, para el año de 1851. Segundo se incluyó una biografía de Iturbide escrita por Bernardina M. Lueme, quien se dedicó a defender al personaje de aquellos “hombres injustos e inconsiderados” que lo presentaban como “la persona más mal inclinada, como a la más ignorante, viciosa, cruel y sanguinaria, destructora y destituida de todo sentimiento de honor, de patriotismo y de humanidad”. Ella manifestaba que era el momento preciso para que sus “irreconciliables enemigos” dejaran de acusarlo y lo admitieran como el “libertador de los mexicanos y padre de la independencia”. Asimismo, insistía en que los mexicanos debían considerarlo como el libertador de la patria, y condenó a aquellos que buscaban la anexión a Estados Unidos. En este tenor, no debe sorprender que terminara su texto preguntando a sus lectores: “¿Seréis indiferentes a la suerte que os preparan y quieren legar a vuestros hijos?”.

La biografía revelaba que las heridas todavía se encontraban frescas, no debemos olvidar que apenas habían pasado tres años de la intervención estadounidense, cuyo resultado había sido la perdida de la mitad del territorio. Es evidente que la autora apelaba a la figura de un hombre fuerte que había logrado sacar a la nación del marasmo en el que se encontraba y que las luchas ideológicas no conducirían a ningún puerto seguro. La posibilidad de ser anexados por Estados Unidos se hace visible en el discurso, así como la importancia de lograr la unidad nacional.

A diferencia de las biografías, en las poesías recopiladas por Laura Herrera se observa que Miguel Hidalgo es el personaje que recibió mayor atención, pues diez de las 26 poesías que se publican están dedicadas a este personaje. El resto de las composiciones se referían a José María Morelos (cinco), Agustín de Iturbide (cuatro), la Patria (tres), la Virgen de Guadalupe (dos), Ignacio Allende (una) y Josefa Ortiz de Domínguez (una). Entre los autores de los poemas se encontraban escritores como Juan Díaz Covarrubias, Francisco Granados Maldonado, Eduardo Gómez Haro, Vicente Riva Palacio, Ignacio Pérez Salazar, Federico Escobedo y Tinoco, Francisco Neve, José María Bustillos, Ignacio Rodríguez Galván y Mariano Bejarano. Algunas de las poesías son de una gran manufactura y reproducen las ideologías políticas de sus autores. Así, por ejemplo, en el poema intitulado “A la libertad” de Juan Díaz Covarrubias, publicado en Calendario de Hidalgo para el año de 1858. Arreglado al meridiano de México, se presenta a Hidalgo como el “anciano” que conduce a su pueblo en su búsqueda de libertad, tal como se observa en las siguientes estrofas:

Reinaba aquí un silencio tristísimo y
profundo,
Las brisas remedaban lamentos al
pasar…
Cuando el mismo polvo de esclavitud
inmundo
Miraron de un coloso la frente
levantar…
¡Oh anciano de Dolores! Si allá tras el
planeta
Donde gira ese mundo de dichas y
virtud,
Se escuchan mis cantares perdidos de
poeta,
Recoge mis suspiros de amor y
gratitud.
¡Ay del monarca que en la suerte fía
Y oprime al pueblo con sangrienta
mano
Sin escuchar el ¡ay! de su agonía
Viviendo al par de su placer liviano!
¡Ay del monarca cuando llegue el día
En que ese pueblo grande y soberano
Recuerde la amargura de sus penas
Y estrelle contra el trono sus cadenas!

El poeta juega con la idea de la opresión y la esclavitud que son destruidas por el héroe, pero también enfatiza que el pueblo es capaz de acabar con los monarcas que no escuchan sus necesidades. La presencia de la palabra soberanía constituía un indicativo de la tendencia política del autor, quien creía que las monarquías desaparecerían para dar paso a las repúblicas, sistema político que en México se llevaba a cabo, por lo que ya no era posible el establecimiento de un imperio. El poema enmarcaba la guerra civil que envolvió a liberales contra conservadores, quienes postulaban la necesidad de establecer un modelo político distinto: el de la monarquía. Una visión parecida es retratada en la “Octava” de Francisco Granados Maldonado, publicada en Calendario de Hidalgo para el año de 1857. Arreglado al meridiano de México, quien decía que:

Al tremolar Hidalgo su bandera,
La América infeliz alzó su frente;
Tembló de espanto el déspota
insolente;
Del fanatismo apagó la hoguera.
La ciencia entonces levantóse ufana,
Del error disipando la neblina,
Cual la luz de la aurora peregrina
Cuando trae en Oriente a la mañana.
Los blasones aztecas levantaron
Otra vez sus escudos esplendentes,
Y los hijos de México valientes,
Libres delante del mundo se llamaron.

Al igual que Díaz Covarrubias, Granados presentaba a un héroe que vencía al despotismo que oprimía a los “valientes” hijos de México. En este caso el poeta contrapone principios para evidenciar los valores que enarbolaban los bandos políticos que se encontraban en lucha. Así, al fanatismo se oponía la ciencia, al error la luz, al despotismo la libertad, a la esclavitud la libertad. La mención de lo indígena, representado en los aztecas, evidenciaba la existencia de un pasado glorioso que debía ser rescatado en la lucha que se preparaba a futuro y tendría que llevar al triunfo a una de las facciones políticas: la liberal, que desde su perspectiva constituía la esencia del país. En “Hidalgo”, poesía de la que no se conoce el autor y apareció en el Calendario de Hidalgo para el año de 1857. Arreglado al meridiano de México, se mencionaba que:

Permite que te nombre
Mi labio con asombro,
Excelso padre que le diste un día
Vida a la libertad bajo el escombro
De esclavitud horrible;
Permite que sensible
De adoración suspiros te consagre
El lacerado pecho.
¡Hidalgo! Desde el éter
Sobre sus ejes de macizo oro
El sol jamás mirará,
Un hombre hasta la altura
A que te alzaste tú, otra criatura
A tan alto llegar no les es posible.

La composición enfatizaba la idea de Hidalgo como el “padre de la patria”, pues era el hombre que había logrado liberar al país de la esclavitud “horrible” en la que se encontraba, por tal razón se le debían prodigar numerosos elogios. Es de destacar que se le conciba como la figura central de la historia moderna de México, idea que reflejaba que el autor era partidario del liberalismo y que, al igual que otros de sus contemporáneos, fincaba el nacimiento del país en el grito de Dolores. Los versos donde se afirma que nadie más “a tan alto llegar no les es posible” contribuían, de alguna manera, a empequeñecer a Iturbide, pues sin mencionarlo se le desplazaba del altar patrio. Un poema que resulta peculiar es el denominado “El grito del aniversario”, cuyo autor se desconoce y fue publicado en Calendario liberal, arreglado al meridiano político de la federación para el año de 1852. Primer. Por el licenciado Don Liberato Garabato Panzacola. Defensor y abogado del pueblo, en el que se decía:

El majestuoso estallido
El repique soñoliento
De las campanas, y el frío
Os anuncia, mexicanos,
De la aurora el grato brillo.
Poned los huesos de punta;
Sus, que a gozar os convido.
¡Jesús! ¡que lucida tropa
Terror del yankee enemigo!
De las huestes de Morelos
Son veteranos preciso,
Ca responden cien vecinas
Si son tropas de improviso.

Allí va ñor Juan el sastre
Y el carpintero Perico…
Más nada importa que en México
Todos son todo de un brinco.
¡Oh! qué trajes tan vistosos
¡Qué ejército tan invicto!
Más siendo soldados gratis
Gratis será su vestido.

En este caso, se utilizó el grito de Independencia, desde un tono burlesco, para mostrar las deficiencias del país en materia militar. La alusión a los yankees denotaba que las heridas de la guerra de 1847 seguían abiertas y que a pesar de los acontecimientos pasados no se había logrado cambiar la situación, pues el ejército estaba formado por soldados de “improviso”; es decir, hombres que fueron tomados de leva. Un ejército en el que sus elementos carecían hasta de ropa no podía salir victorioso, y menos derrotar a los estadounidenses, situación que se explicaba cuando se tomaba en cuenta que en México “son todo de un brinco”.

Como se mencionó, las poesías dedicadas a Iturbide son escasas. En la intitulada “Iturbide”, de la cual no se conoce el autor y fue editada en Calendario de Iturbide para el año de 1857. Arreglado al meridiano de México, se indicaba:

Empero pues, bajo tu rico manto
América querida,
Veré tu semblante de paloma;
Y con la frente erguida
Al hijo cantaré que amaste tanto.
¡Salud por vez segunda
A ti, grande Iturbide!
A ti que de lo eterno te fue dada,
La predestinación que el hombre
ignora,
A ti que el rango de altísima señora
A la esclava elevaste,
Que tres siglos gimiera abandonada.

El autor atribuye a Iturbide los mismos rasgos que los poetas anteriores otorgaron al cura Hidalgo, el héroe que logró liberar a una patria que había sido oprimida durante tres siglos. El autor le confiere el papel de predestinado, con lo que de manera implícita se le concedía mayor importancia que a Hidalgo, pues él había sido el verdadero libertador del país.

En la recopilación se presentan cinco narraciones históricas, tres de ellas dedicadas a Iturbide y no se halla ninguna para Hidalgo o algún otro insurgente. Entre las narraciones de Iturbide resulta de interés la de 1848, publicada por D. Revilla en el Año Nuevo. Presente amistoso dedicado a las señoritas mejicanas. El autor presentaba al personaje como un “genio”, que por diversas causas no había logrado completar la Independencia del país. Él había preferido abdicar antes que comprometer a la patria, situación que evidenciaba su dignidad, pues prefirió el bien del país antes que favorecer su amor propio. De igual manera, estaba convencido de que si Iturbide hubiera precedido a Hidalgo y Allende, su celebridad sería mayúscula, pero reconocía que en lo moral era menor que los dos personajes anteriores. Sin embargo, era igual o superior a Aldama, Abasolo, Jiménez y otros más.

Lo relevante del escrito de Revilla es que hizo un ejercicio de comparación de las virtudes de Iturbide con respecto a otros personajes con la intención de enfatizarlas. Así, afirmaba que como militar superaba a la mayoría de los insurgentes porque tenía la resolución e inteligencia de Hidalgo, la capacidad de Allende, Abasolo, Matamoros, Ascencio, Negrete, Márquez Donado y Bucelli; el valor de los Bravo, Cortázar, Filisola y Herrera; la sangre fría de Nicolás Bravo, Loaces y Bustamante; el arrojo de Galeana y Mina; la capacidad política de Parres, Apodaca y O’Donoju; y la constancia de Guerrero y Victoria.

La biografía deja en claro que Agustín de Iturbide fue un personaje al que los independentistas le tenían respeto y los realistas sentían “temor”, “despecho” y “odio” hacia su persona. Se podrían cuestionar sus acciones en la guerra, pero el acto de liberar al país en 1821 bastaba para “purificarlo”. Al autor no le quedaba la menor duda de que Iturbide era el “general verdaderamente nacional que ha tenido México”, debido a que era un “hombre de acción” y de rápidas decisiones en “el gabinete y en el campo de batalla”, lo cual ocasionó que todas sus empresas se vieran coronadas por el éxito.

En la Antología de la Independencia… se presentan narraciones de tono romántico que fueron escritas, algunas de ellas, por personajes como Guillermo Prieto, Pablo Jesús Villaseñor, Eduardo Emiliano Zárate, N. Navarro, Manuel Payno y José Ramón Pacheco. También se incluye un drama, un discurso, un sermón y una editorial. El corpus de narraciones, poesías, biografías y discursos que Laura Herrera conjunta constituye una fuente importante y original para revisitar la producción escrita en el siglo XIX sobre la Independencia de México. Es digno de elogio el esfuerzo de la autora, pues reproduce materiales a los que no se tiene fácil acceso y que pueden ayudar a delinear la manera en la que se difundió y construyó un imaginario popular de la guerra de Independencia, y en específico de las figuras centrales de la contienda: Hidalgo e Iturbide. Estos dos personajes se convirtieron en estandarte de los grupos políticos, y la glorificación de uno representaba la depreciación del otro.

Autora: Beatriz Lucía Cano Sánchez, Dirección de Estudios Históricos, INAH.

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