Leticia Reina Aoyama (coord.), Economía contra sociedad. El Istmo de Tehuantepec 1907-1986, México, Nueva Imagen, 1994, 350 pp. + fotos, cuadros y gráficas.

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DA510001Los libros resultan ser como las personas: es difícil que todo nos guste de ellas. Algo siempre nos encanta, algún rasgo hasta nos molesta o enerva, otro más nos parece apenas tolerable.

Con esa perspectiva haré mis comentarios al libro que hoy nos convoca. Empezaré por el título: me parece inadecuado, porque no refleja el sentido de la obra. Le queda chico al contenido. Pareciera que se trata sólo de medidas económicas que afrentan a la sociedad -en este caso la istmeña- y ciertamente, al deambular por las calles y las páginas, la realidad y el propio libro nos dicen mucho más.

En efecto los estudios que integran el libro hablan no sólo de economía sino de una serie de intentos de modernización que a lo largo del siglo se han impuesto a la región y acabaron fracasando total o parcialmente. No se trata, pues, de economías que por sí solas agredan a la gente, sino de políticas provenientes de fuera, que violentan la naturaleza local, ocasionando todo tipo de efectos sociales y políticos, muchos claramente indeseables.

Creo sinceramente que las preguntas que plantea Leticia Reina Aoyama en su introducción son pertinentes y que, a lo largo de los trabajos, realiza un importante esfuerzo por esclarecerlas. “¿Por qué -se pregunta la coordinadora del estudio- siendo el Istmo una de las regiones más ricas del estado de Oaxaca, cada día hay más desempleo, pobreza y violencia? ¿Por qué se encuentran deteriorados algunos nichos ecológicos? ¿Por qué no se ha explotado todo el potencial económico y estratégico de la región? ¿Por qué de tiempo en tiempo se elaboran planes de desarrollo para el Istmo y éstos nunca llegan a cumplir sus objetivos?”

El primer trabajo nos ubica en una perspectiva que abarca desde 1907 hasta 1940. Hace un recorrido amplio sobre la errática economía istmeña sometida al influjo de eventos históricos como la construcción del ferrocarril transístmico, los reflujos de la Revolución o la resaca del Canal de Panamá.

Los tiempos modernos desde el cardenismo hasta 1986 son abordados por sendos estudios sobre el sector agropecuario y sobre la industria, la pesca, la ganadería, etc., en los que se reúne y analiza información valiosa y consistente.

Los temas son analizados a partir de información no sólo importante sino novedosa, que refleja el afán de indagar en fuentes originales, y por tanto, de ofrecer una visión bien sustentada en estadísticas confiables. A esta virtud añadiría una más: es tangible un compromiso político e ideológico, que rebasa el horizonte de las minucias partidarias, en tanto refleja una honda preocupación por el destino profundo de los pueblos del Istmo oaxaqueño.

En el conjunto de los rasgos que me gustaron, uno me parece sustantivo: hay propuestas. Rareza que en los trabajos académicos nativos es meritoria, puesto que ha sido justamente la imposición fuereña de grandes sueños lo que ha subyugado el destino istmeño. Por ello, es congruente y positivo el planteo de opciones que den sentido y visión al diagnóstico en la investigación; y que al interior surjan proposiciones y posiciones.

No todas las propuestas del libro me resultan sensatas y será menester discutirlas en otra ocasión, pero el hecho mismo de expresarlas es el mejor antídoto para que no se repitan los despropósitos que narra la investigación.

Es verdad que no existe proyecto propio en el Istmo. De ahí la imposición sistemática de grandes intentos modernizadores y sus efectos complejos. Sin embargo, tal acontecimiento no es exclusivo del Istmo; por tanto, la importancia del libro radica, a mi juicio, en que llama la atención hacia un fenómeno de envergadura nacional.

En consecuencia es la carencia de proyecto propio lo que ocasiona en nuestro país, como en el Istmo, la imposición de modernidades que se tornan dogmáticas, por no emerger de nuestra realidad específica. Así como en el Istmo, estos ejercicios de dominación acaban por provocar considerables fracasos por parte de quienes los instrumentaron (quizá con las mejores intenciones) y agravios crecientes a los pobladores -que terminan sufragando los costos del despropósito.

En el libro que nos ocupa hay una gran ausente: la sociedad istmeña. Se recorre el mundo de los proyectos modernizadores, sus éxitos, fracasos, rasgos centralizadores, vicios institucionales, eventos políticos nacionales. Pero ¿y los istmeños?, ¿dónde están?, ¿por qué se pierde el pulso de una comunidad que ha mostrado una vitalidad intensa y que ciertamente ha reaccionado ante las oleadas modernizadoras absorbiendo, repeliendo o confrontando sus repercusiones políticas, económicas y sociales?

El tiempo es siempre enemigo de las investigaciones. Nuestros autores terminaron el libro en 1986, y de entonces a la fecha sin duda se han intensificado los contenidos adversos de la modernidad reciente. Inclusive todo indica que se acrecentará dicha adversidad.

¿Qué hacer? El libro esboza una posible vía útil para quienes detectamos la amenaza no sólo en el Istmo o en Oaxaca sino en todo el país: generar proyectos propios emanados de la entraña de la sociedad, aptos para comprender y aprovechar el cambio que nos entorna, pero asentados en la identidad de lo propio. Afianzar en lo interno, en lo profundo, las potencias de nuestro rostro exterior.

El libro permite dimensionar al reto del Istmo y también de la nación. Nos compromete políticamente a desplegar una militancia activa, para ser partícipes activos del perfil del México que queremos cincelar a golpes de identidad, a golpes de historia nuestra.

Reto inmenso, sin duda: queremos saber a donde vamos y decidirlo nosotros. Como la Reina de Corazones, la modernidad dogmática no comprende, y como a Alicia, nos quiere hacer correr vertiginosamente, dos veces más de lo que seamos capaces, sólo para permanecer en el mismo sitio. Sin embargo, las realidades acaban por alcanzarnos.

El libro que comentamos posibilita visualizar la magnitud del desafío. Nos recuerda que esta vez tendremos que volver a correr dos veces más de lo posible, pero esta vez, deberemos decidir el rumbo nosotros mismos si queremos llegar a algún lado.

Autor: Armando Labra, Colegio de Economistas.

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