Susana Velasco Korndörffer, Divorcio. Una mirada psicoanalítica a un fenómeno social en aumento, México, Editores de Textos Mexicanos, 2017, 223 pp.

DA75R0701Dentro del ámbito mexicano, tocar un tema tabú como el divorcio es de suyo importante, trascendente y fundamental en estos tiempos de grandes quiebres e incertidumbres entre los géneros, los individuos, las familias y la vida misma. Por ello, vale la pena pensar por qué resulta importante abordar el tema desde una perspectiva histórica, cultural y no solamente individual y psicoanalítica de cada caso o pareja disuelta.

Al analizar Divorcio. Una mirada psicoanalítica a un fenómeno social en aumento, es notable que se trata de un libro participativo donde un cuadro de la pintora Irma Grizá abre el portal e invita a su lectura; la reprografía del cuadro es de Martirene Alcántara, destacada fotógrafa, y el diseño de ésta es de Deborah Stockder. Es decir, todo él es producto de un importante equipo de mujeres que han estado cerca de la vida de Susana Velasco. Ahora bien, el reto es analizar un texto de psicoanálisis desde una perspectiva histórica, y con ello, someterlo a las diferentes ópticas externas, fuera del propio círculo de su conocimiento.

Las otras lecturas pueden abrevarse desde la historia social y cultural, o bien, desde la historia de las mentalidades, para revisar profundamente algunas relaciones inter y transpersonales, aunado a las formas de pensar los problemas cotidianos que nos brinda esta obra. Es un bien documentado material y notable el escuchar su voz en un tema delicado realizado con acordes sonoros, de notas que reverberan al unísono en cada episodio, renglón y análisis que presenta.

Por ello, me atrevo a decir que este libro no es sólo para especialistas, a pesar de que provenga de una tesis doctoral, sino que abre el espacio para comprender y contextualizar el divorcio desde la época prehispánica hasta la contemporánea, al señalar cómo vivían los indígenas ese tipo de uniones y diferencias sociales antes de la llegada de los españoles; así como comprender lo que sucedió durante la Conquista y la arraigada presencia de la Iglesia católica en nuestro país, en un sincretismo sin antecedentes; hasta la impronta de un Estado laico, revolucionario y posrevolucionario, cuando el mismo Venustiano Carranza propuso la figura del divorcio para disolver de manera civil un enlace matrimonial que no funcionara.

Es importante señalar que justo fue en los “fabulosos” años veinte, el momento en que hubo más autoviudas, e incluso un autoviudo o uxoricida (Carlos Nagore), porque el divorcio como figura social no estaba interiorizado como opción de vida, sobre todo para las mujeres, pues generaba un gran desprestigio y un gran deshonor para aquellas que optaban por éste. Las mujeres “atrevidas” eran marcadas, señaladas, relegadas de la sociedad, a menos que fueran esas grandes figuras del cine nacional como Dolores del Río o la misma Doña, María Félix; las demás eran mancilladas y proscritas por sus parientes y su entorno inmediato. Que no nos extrañe, pues aún ahora hay grandes escollos para las mujeres que logran disolver el vínculo civil, pues en muchos casos les quitan los hijos o no les dan una pensión económica adecuada, e incluso ahora, tienen que mantener a los maridos, si ellas son más sólidas económicamente. Aunado a todo esto se evidencia un desprecio social, familiar y de los amigos cercanos, en particular con la mujer.

En general, en aquellos años el divorcio no era una opción ni siquiera para las mujeres que sufrían vejaciones por parte de sus maridos, con infidelidades, maltratos y abusos físicos o mentales, entre otros. Esa posibilidad empezó a aparecer hasta tiempo después, integrándose poco a poco en la vida familiar. Como lo señaló la historiadora Margarita Carbó en su momento, las estructuras políticas y económicas de una sociedad se pueden ajustar a los cambios mucho más rápidamente que los imaginarios y el inconsciente colectivo o individual. Esas variaciones son mucho más lentas, y lo han sido aún más; tal es el caso de las mujeres y el tema del divorcio. A la fecha, me atrevo a decir que quienes nos hemos atrevido a hacerlo, hemos sentido el peso social y familiar, el rechazo y el cuestionamiento, como lo señala en su libro de manera magistral la autora. Es decir, un concierto de voces que resuenan en el ambiente y no se ajustan incluso ahora que hay nuevos acuerdos sociales. Esto genera desafíos en el medio instrumental sonoro, como una disonancia imperdonable.

Justo es dentro ese marco histórico-social que la doctora Velasco realiza su gran aportación, porque lo encuadra en el contexto urbano mexicano y así arriba a los modelos de análisis que propone, lo cual es muy propositivo en cuanto “aperturas” a nuevas vetas de entendimiento de las formas en que se internaliza el matrimonio, así como los diversos enfoques que se utilizan hoy en la terapia de parejas, y nos presenta la consultoría de una visión psicoanalítica, además de la sistémica y la estratégico- estructural, entre otras (p. 38). En su texto observamos las propuestas del célebre Sigmund Freud como eje sustancial, lo cual es evidente, y lo coloca junto con autores más contemporáneos que enriquecen esa visión de la necesidad terapéutica. La habilidad que muestra la doctora Susana Velasco para armonizar y llevar a cabo ese concierto de voces desde diferentes vetas de análisis, develan la información que proviene del universo críptico del especialista, pero ella nos deja escuchar en una senda musical reconocible con un lenguaje claro, conciso, inteligible —y añadiría yo, muy audible—, algunos de los elementos vinculados al inconsciente, que nos lleva u orilla a las rupturas duras, difíciles y dolorosas que significa el divorcio. Ahí es donde podemos escuchar esas disonancias ante los retos psicosociales: desamor, adicciones, infelicidad crónica, tristeza cultural, narcisismo, devaluación, vergüenza, desprecio, rabia, duelo, culpa, fracaso, en vías de buscar la reparación. Así, de aquel concierto que creímos que sería a cuatro manos, nos percatamos que será sólo a dos, lo cual hay que ajustar de manera clara y contundente en las vidas de hombres y mujeres, por lo que se lee en las páginas escritas con gran noción del tema y que proviene de un claro vínculo con los pacientes.

Aportar estadísticas claras de este problema social en aumento es una manera cuantitativa de espejear en un mundo de fantasía al que pensamos accedíamos con el compañero o compañera de vida, y nos señala cómo interfiere una serie de elementos no resueltos ni analizados por los pacientes que, en su momento, los llevaron a proyectar deseos inacabados de sus padres y madres, de las ausencias de ellos, de las expectativas familiares o personales, de los elementos que interfieren en el mundo competitivo entre los géneros (tema al que le dedica un capítulo), donde la mujer cambia a pasos agigantados, con fuerza, intención y destino, pero que a veces el compañero no comprende, apoya o refuerza, y sólo la requiere a modo de “coro” de su pieza musical, y no como primera voz. Lo que lleva al quiebre de la pareja por distintos motivos que va anunciando y analizando la autora, como cuando nos muestra la poca satisfacción que crea la mujer en el hombre o la competencia que lo obliga a establecer este nuevo cambio de roles, y la desilusión de algunos de ellos por no llenar las expectativas de un rol eminentemente de productividad económica, de una libido no correspondida o de deseos reprimidos, con ausencias y presencias de Eros y Tánatos, que sobreviven más allá de las generaciones. Es decir, si lo viéramos en términos musicales, el rompimiento de aquel instrumento que pensamos que nos llevaría a tocar las mejores tonadas y hacer las mejores composiciones, no logramos afinarlo, nos desentonó y, por ende, fue imposible ejecutar la pieza, lo que nos llevó a abandonar esa posibilidad musical de ser “felices” con nuestras armonías y melodías. Dejamos la polifonía, el dueto y nos quedamos siendo solistas de nuevo, con un gran dejo de nostalgia, insatisfacción y dolor.

Lo que es posible ver con los 12 reveladores casos que presenta la doctora Velasco, que son fruto de entrevistas acotadas y muy bien transitadas, producto de la historia oral como herramienta, muestra lo que en cada uno de ellos dejó de funcionar o siguió proyectándose en la relación a pocos años del matrimonio; aunque también hay casos de una larga duración, pero que finalizaron “porque el divorcio es una solución para ser más feliz…”, como nos lo presenta. O bien, podríamos pensar: por lo menos que sean menos infelices las parejas. Es decir, al dejar aquellas notas musicales terribles, reconocerse incapaces de tocar aquel chelo o piano, y poder voltear a otro instrumento, tal vez para hacer nuevas y mejores composiciones, piezas musicales o simples melodías que nos dejen volar de nuevo a otros rumbos musicales-vivenciales para sentirnos mejor.

Los casos analizados son de suyo muy atractivos porque además están presentes las voces masculinas, que son mucho más difíciles de conocer, ahí escuchamos al tenor, al contratenor, al barítono y al bajo, como voces principales. Pensamos en que aún hay mucha mayor reserva por parte de los varones —aunque parece que cada vez es menor—, para acudir al diván o a una terapia para comprender qué pasa con ellos, su entorno y su psique, en determinados momentos del concierto de su vida.

Debo confesar que tuve que poner resistencia para no ir a ese apartado de inmediato, pues me parecía tan atractivo conocer las historias de esos hombres y mujeres, que tuve una fuerte curiosidad por iniciar ahí la lectura; pero me discipliné y logré leer antes el apartado metodológico y conceptual rico en términos, conceptos y funciones, para comprender la urdimbre analítica. Era la partitura principal para poder leer la composición que realizó Susana Velasco, y lograr escuchar mejor los compases que nos muestra.

Sustancial, importante, trascedente, de lectura ágil y maravillosamente humana, empática, amorosa y comprensiva de los eventos más drásticos o terribles, que permiten que uno se acerque a los comentarios que ella realiza de cada caso con un deleite y tiento que da paso a comprender los tiempos, los ritmos y las formas de cada uno de los actores de las rupturas. Así, con el tempo a veces moderato, otras andante, allegretto o el allegro moderato, encontramos a los personajes con hijos, sin ellos, con padres posesivos o controladores, con madres o parientes castrantes, con las necesidades de autodefinición o de sacudir los miedos, las inseguridades que los lleva a ser infieles o a querer evitar la intimidad, sobre todo la sensación de amor y desamor. Con firmeza, pero de manera clara, atemperada y muy afinada —como lo es la autora—, muestra esa veta que ha permeado la ruptura de una relación que creíamos de por vida.

También muestra las opciones para transitar por una nueva partitura para construir otra notación musical, que se denota en aquellos que han participado en un proceso terapéutico y tienen más herramientas de análisis pues comprenden mejor sus responsabilidades en el caso de las rupturas, detectan mejor sus carencias o necesidades intrínsecas e inconscientes; y con ello inciden de manera más clara en las formas que visualizan como posibilidades para rehacer o no su vida de pareja, a diferencia de los que no han llevado a cabo un trabajo terapéutico. Es notable que aquellos que recibieron terapia individual o de pareja, han observado mejor la condición que los llevó a la ruptura, y en un intento por no repetir de la misma manera esos errores o esas actitudes del inconsciente profundo, del ego, del ello, del yo y el súper yo, pueden avanzar sin poner del todo en el otro la culpa, la incapacidad, la responsabilidad de lo que son nuestros actos o la ausencia de estos mismos.

La polifonía de esa fuga suena mucho mejor al comprender las posibles causas y los posibles efectos del contrapunto, gracias a los procesos terapéuticos. Los que no pasaron por dichos procesos se hacen evidentes en la entrevista (tal vez sería importante haber anotado el tiempo que llevaban asistiendo a terapia para connotar la importancia del trabajo psicoanalítico), ya que cuentan con menos herramientas de comprensión y análisis. En síntesis, con sus casos la doctora Velasco profundiza lo que sucede con las parejas en el contexto urbano-mexicano, de una clase media, media alta, con estudios en su mayoría, con trabajo las mujeres, con proyectos casi todos los varones, con hijos o sin ellos, pero detecta cómo las secuelas profundas del divorcio aún pesan en el imaginario social.

Divorcio, divorcio, divorcio, palabra con notas musicales proscritas, altisonantes, en tantas familias católicas o no, de recursos o no, de trabajadores manuales o intelectuales, que cobra mayor importancia en el país, con secuelas en los hijos, por las que la doctora Velasco muestra la necesidad de conservar la pareja parental aunque se haya disuelto la matrimonial. Es una palabra que circula y resuena con mayor afluencia, facilidad, develando la autora qué tan necesario es acudir a un especialista antes que la depresión, la incapacidad física o mental nos abrume e inmovilice. Sobre todo, evitar que Tánatos permita el ejercicio de la violencia física, verbal y moral. Hemos avanzado en comprender que las formas terapéuticas del análisis nos enseñan a ser capaces de modificarnos.

Me permito pensar que con ello se cifra la esperanza del hoy en los jóvenes y del mañana de nuestros niños, para que puedan observarse, contactar sus emociones, y con ello sean capaces de generar nuevas tonadas, melodías, y por ende, versiones de la música en pareja, de una más sana intimidad, que rompan conscientemente con las conductas heredadas, los mandatos del pasado; y con ayuda de los especialistas, así de empáticos, generosos y comprensivos como la doctora Susana Velasco, se logre un mejor presente-futuro con una mejor salud social, como lo señala la autora, que derive en mejores y más comprensivas relaciones interpersonales.

Que la música del deleite responsable mueva al mundo, que sane, que impida el olvido y que este problema de índole social que crece día con día se pueda modificar. Que con libros como éste, de lectura profunda pero accesible, llevemos mejor nuestras vidas; que nuestros jóvenes cometan menos o diferentes errores, pero sobre todo, que los lleve a entender esos errores u omisiones, los cuales son permisibles, analizables y corregibles, siempre bajo la mirada de los expertos que día a día mejoran sus perspectivas de análisis en una sociedad urgida de encontrar mejores caminos, mejores tonadas, mejores acordes musicales para tocar primero a dos y después a cuatro manos, sin desvanecerse ni morir en el intento. Todo ello es necesario y justo para generar una mejor pieza musical, que suene y resuene en la cotidianeidad por y con una calidad de vida mejor.

Rebeca Monroy Nasr
Dirección de Estudios Históricos, INAH.

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