REPRESENTACIONES DE LA RISA EN LA FOTOGRAFÍA DE LOS INICIOS DEL SIGLO XX

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I

En los primeros sesenta años de la fotografía en México (1840- 1900), la mayoría de los retratados por el novedoso aparato mostraba el rostro serio, adusto, como si al sonreír temiera romper el orden social establecido por las reglas en los gabinetes y estudios fotográficos. Por supuesto, hay excepciones, pero la fotografía del siglo XIX, en general, muestra hombres y mujeres circunspectos, imperturbables y atentos a la inmovilidad que suponía que estaban esperando el disparo del obturador. ¿En qué momento se comenzó a solicitar “una sonrisa para la cámara”?, ¿o la habitual frase de “sonrían…”? Es posible que la distensión de los retratados se haya producido a partir del desarrollo de la fotografía de prensa a finales del siglo XIX, y sobre todo a partir de la centuria siguiente.

El presente texto constituye un breve acercamiento histórico a la representación de la sonrisa en fotografías de los primeros años del siglo XX. El propósito es mostrar el contexto social de este gesto en las imágenes capturadas por los fotógrafos de prensa, así como examinar las reacciones de júbilo en algunas tomas.1

Uno de los pensadores que ha discurrido sobre la risa, Henry Bergson, señala que “lo cómico es inconsciente. Se torna invisible para sí mismo y es visible para todo el mundo […]”.2 Me parece que, al registrar la risa en una toma en la primera década del siglo XX en México, ésta se hace visible entre quienes observan las imágenes atesoradas en álbumes familiares o en reproducciones individuales. Más tarde, en décadas sucesivas, las imágenes de individuos sonrientes aparecerán con frecuencia en periódicos y semanarios.

Precisamente, la labor de los primeros fotógrafos de prensa tuvo como propósito capturar una de las representaciones humanas por antonomasia: la risa. ¿Cuándo se incorpora la sonrisa al repertorio del retrato individual o colectivo? Sin duda, su aparición en esta técnica constituye un elemento condicionado por la historia.

II

Como lo ha demostrado la investigadora Patricia Massé, los primeros retratos fotográficos tienen como referente iconográfico a la pintura decimonónica academicista.3 Las tomas capturadas en los gabinetes de Antíoco Cruces y Luis Campa, de los hermanos Valleto, y de Octaviano de la Mora, entre otros profesionales de la lente de estudio, siguen las convenciones plásticas de la pintura, entre ellas la pose y vestimenta del sujeto-objetivo, el decorado o escenografía, el atrezzo. Aun cuando el retrato de la segunda mitad del siglo XIX hereda esos artificios pictóricos, Cruces y Campa incorporaron una actitud distinta, al propiciar el esbozo de sonrisas suaves en sus modelos. Al respecto, Massé señala que: “[un modelo sonriente] es uno de los tempranos ejemplos que está revelando la experiencia de la instantaneidad fotográfica, además de que parece haber estado al margen de la presión y la prisa durante la sesión de la pose”.4

En este tipo de retrato decimonónico se encuentran algunos ejemplos de sujetos que ante la cámara muestran risas mesuradas, sobre todo los infantes. En el caso de los niños, la sonrisa se torna más natural y cálida, como puede observarse en algunas tarjetas de visita.

Ahora bien, es pertinente preguntar: ¿de qué manera se traspasa la visión del retrato pictórico hacia la fotografía de la prensa? Es decir, ¿cómo se transita de una visión gráfica a los códigos de la fotografía instantánea? Desde los primeros años del siglo XX, la fotografía de prensa comenzó a separarse de su referente decimonónico. Se sabe que los estudios o gabinetes eran representantes de la opulencia, la distinción y el orden. Pero el contexto de la fotografía destinada a las publicaciones periódicas va a modificar el escenario. Así, se canjea el espacio cerrado del estudio por los escenarios “naturales”: la calle, las plazas y los interiores y exteriores de edificios civiles y religiosos.

La fotografía de la primera década del siglo en el país comenzó a registrar la risa, aunque, como ya se ha mencionado, no necesariamente se hizo visible de súbito para los lectores de periódicos y de semanarios. Cabe señalar que al principio, la sonrisa va a ser más frecuente en los retratos del mundo del espectáculo o en temas frívolos de vodevil o de teatro, como en aquellas imágenes de actrices, de tiples o de las coristas del Bataclán; por otra parte, también encontraremos representaciones de eventos literario musico-literarios, como la imagen de una muchacha de pie ante el piano Steinway, seguramente agradeciendo al público sus aplausos. De igual manera, las expresiones de alegría eran muy socorrida en las imágenes relacionadas con los deportes y la Fiesta Brava, quizá por su condición recreativa o de jolgorio, como en retratos de equipos de futbol.

En ciertos casos, inspira cierta suspicacia que en momentos de penuria y de violencia de la vorágine revolucionaria, entre 1911 y 1915, la sonrisa aparezca en tomas colectivas capturadas por fotógrafos de la prensa, aunque debe subrayarse que éstas difícilmente eran seleccionadas para su publicación. En las imágenes de este lapso se observan soldados federales, soldaderas, individuos vestidos de civil; incluso, acompañantes de quien fuera presidente provisional en 1911, Francisco León de la Barra: empleados de la burocracia, entre otros, con sonrisas francas que la cámara captó.

Cabe señalar que la mayoría de los retratados era consciente de que se estaba capturando una imagen, situación que puede inferirse por la mirada frontal hacia la lente; los menos permanecen distraídos y quizá no perciben el momento exacto del disparo del obturador. En las composiciones descritas algunos retratados se ríen, pero ¿de qué? Como lo ha advertido George Minois, “la historia de la risa es al mismo tiempo una historia de lo festivo que plantea problemas de diferente índole”.5 En efecto, ese movimiento gestual tiene un aspecto individual y uno colectivo. Un aspecto ligado a la celebración y uno cuya raíz es la ruptura del marco social. Una imagen muy sugerente es la de la soldadera en el techo del convoy del tren, que esboza una sonrisa amplia. Pese a las tribulaciones que implicaba viajar con la tropa de los ejércitos federales, la mujer ríe de manera espontánea y efusiva.

La idea de la risa como “transgresión del orden” en las representaciones fotográficas puede deducirse de una imagen que se capturó en ocasión de la presentación de un cañón Hotchkiss del ejército federal, publicada en un semanario capitalino en 1914.6

El sujeto principal es, desde luego, el artefacto que se observa en el centro de la composición. A su alrededor, una fila de nueve o diez soldados de artillería, en una actitud más de comparsa. Un poco alejados, dos sujetos con vestimenta y sombrero civil, atestiguando el acto. Lo desgarbado y raído de los uniformes contrasta con el poderío del cañón. Sin embargo, lo notable es que el semanario publicó una versión que muestra a los militares con rostros serios. No obstante, en el archivo de Agustín Casasola se resguarda el negativo de una imagen tomada probablemente segundos antes o después de la publicada en la revista. Se trata de la misma ocasión, el mismo momento, con los mismos elementos compositivos y quizás el mismo fotógrafo, pero los soldados proyectan una actitud relajada y, dos de ellos, una sonrisa franca. El editor de la publicación eligió eliminar el retrato que describimos, y en cambio, decidió publicar el de los rostros serios.

Es preciso señalar que la fotografía permite destacar aspectos de la realidad que a simple vista escapan a la visión natural del ojo humano. Con procedimientos como la ampliación, podemos distinguir elementos que tradicionalmente no son tomados en cuenta con la visión natural.

En el contexto de la fotografía de la Revolución destaca la toma de un prisionero zapatista rodeado por militares y personas diversas, algunas de las cuales sonríen por algún motivo insondable. Cabe dudar que esta imagen se haya publicado en medio alguno ya que, como señala el investigador Ariel Arnal, la prensa de la época no se hacía eco de retratos que dignificaran al zapatismo. Una primera lectura dota de sustancial hidalguía al cautivo por su porte: “la actitud y estatura del prisionero se impone, a pesar de su condición de reo”.7 En efecto, no se ha encontrado esta foto en página alguna. Sin embargo, en una lectura distinta, las sonrisas castrenses conforman una atmósfera relajada. La representación de la risa resta dramatismo y establece un tono festivo, de diversión, lo cual coadyuvaba al discurso de estigma, y probablemente de burla, hacia el zapatismo, empleado en la prensa de aquellos años. De cualquier manera, persiste la duda de la razón por la que no se publicó; y podríamos aventurar la hipótesis de que diarios y hebdomadarios proscribían las sonrisas debido a su connotación de insolencia y antisolemnidad.

Finalmente, más allá de la iconografía “revolucionaria”, existen escenas que dan cuenta de la vida cotidiana y del día a día que se vivió durante las décadas de 1910 a 1930. Por ejemplo, la serie de seis retratos del diputado Luis Navarro, datada en 1917, un divertimento visual, incluidas las sonrisas. O la toma que captura una novatada, en la que un estudiante universitario es obligado a sonreír en condiciones adversas de escarnio y de afrenta.

III

Para concluir, debe recordarse que la representación de la sonrisa en la fotografía mexicana tiene su antecedente en las tarjetas de visita, de mediados del siglo XIX, y que comenzó a multiplicarse, en la década de 1900, con los retratos colectivos registrados por profesionales de la lente de publicaciones metropolitanas. Las fotografías de prensa otorgarán un estatus distinto a este tipo de representación de la condición humana.

A la par de este contexto, también comenzó a operar un procedimiento de empatía con la cámara fotográfica. No será extraño que para principios del siglo XX, en el fotoperiodismo se incorpore la risa en el repertorio gráfico. Al parecer, los rostros serios son una especie de alegoría del respeto y el orden. Los códigos de la pintura decimonónica así lo instituían.

Es posible que, en algunos casos, el fotógrafo de prensa influyera decisivamente en las personas que retrataba; pero en otros, los retratados esbozaban sonrisas, probablemente con un propósito contestatario o de desafío a la cámara y al operador. En resumen, la risa es producto de goces efímeros, quizá de chistes momentáneos o de fugaces situaciones en las que priva la diversión o el muy mexicano “relajo”. Su aparición se desarrolló, desde entonces, hasta llegar a la fotografía vernácula de nuestro tiempo, en la que frecuentemente se solicita a los retratados que “sonrían”. Así, los fotógrafos de prensa de principios del siglo XX comenzaron a cambiar la percepción de los rostros sonrientes en el imaginario gráfico de nuestro tiempo.

DA79CB01Fotografía 1. Tarjeta de visita, niños, ca. 1890. © Núm. Inv. 453120. Secretaría de Cultura-INAH-Sinafo-FN-México. Reproducción autorizada por el INAH (Colección Felipe Teixidor).

DA79CB02Fotografía 2. Actriz Isabel Navarro, 1911. © Núm. Inv. 23020. Secretaría de Cultura-INAH-Sinafo-FN-México. Reproducción autorizada por el INAH (Colección Casasola).

DA79CB03Fotografía 3. Coristas norteamericanas, ca. 1925. © Núm. Inv. 6231. Secretaría de Cultura-INAH-Sinafo-FN-México. Reproducción autorizada por el INAH (Colección Casasola).

DA79CB04Fotografía 4. Mujer no identificada, ca. 1928. © Núm. Inv. 97723. Secretaría de Cultura-INAH-Sinafo-FN-México. Reproducción autorizada por el INAH (Colección Casasola).

DA79CB05Fotografía 5. Sara Gómez, pianista, ca. 1926. © Núm. Inv. 23057. Secretaría de Cultura-INAH-Sinafo-FN-México. Reproducción autorizada por el INAH (Colección Casasola).

DA79CB06Fotografía 6. Selección mexicana de futbol, ca. 1930. © Núm. Inv. 11110. Secretaría de Cultura-INAH-Sinafo-FN-México. Reproducción autorizada por el INAH (Colección Casasola).

DA79CB07Fotografía 7. Soldados federales, 1913. © Núm. Inv. 37798. Secretaría de Cultura-INAH-Sinafo-FN-México. Reproducción autorizada por el INAH (Colección Casasola).

DA79CB08Fotografía 8. © Francisco León de la Barra, expresidente de México, y otros acompañantes, ca. 1912. Núm. Inv. 36634. Secretaría de Cultura-INAH-Sinafo-FN-México. Reproducción autorizada por el INAH (Colección Casasola).

DA79CB09Fotografía 9. Soldado con dos soldaderas, ca. 1916. © Núm. Inv. 186664. Secretaría de Cultura-INAH-Sinafo-FN-México. Reproducción autorizada por el INAH (Colección Casasola).

DA79CB010Fotografía 10. Soldados federales y soldaderas en el techo de tren, ca. 1914. © Núm. Inv. 543243. Secretaría de Cultura-INAH-Sinafo-FN-México. Reproducción autorizada por el INAH (Colección Casasola).

DA79CB011Fotografía 11. Soldados federales con cañón Hotchkiss, 1914. © Núm. Inv. 35186. Secretaría de Cultura-INAH-Sinafo-FN-México. Reproducción autorizada por el INAH (Colección Casasola).

DA79CB012Fotografía 12. Prisionero zapatista, 1913. © Núm. Inv. 6031. Secretaría de Cultura-INAH-Sinafo-FN-México. Reproducción autorizada por el INAH (Colección Casasola).

DA79CB013Fotografía 13. Serie de seis retratos del diputado Luis Navarro, 1917. © Núm. Inv. 23032. Secretaría de Cultura-INAH-Sinafo-FN-México. Reproducción autorizada por el INAH (Colección Casasola).

DA79CB014Fotografía 14. Soldados en barra de cantina. © Núm. Inv. 197938. Secretaría de Cultura-INAH-Sinafo-FN-México. Reproducción autorizada por el INAH (Colección Casasola).

DA79CB015Fotografía 15. Novatadas de estudiantes. © Núm. Inv. 210722. Secretaría de Cultura- INAH-Sinafo-FN-México. Reproducción autorizada por el INAH (Colección Casasola).

DA79CB016Fotografía 16. Fotógrafos de la prensa en Xochimilco, 1913. © Núm. Inv. 276191. Secretaría de Cultura-INAH-Sinafo-FN-México. Reproducción autorizada por el INAH (Colección Casasola).

DA79CB017Fotografía 17. Familiares y amigas del fotógrafo Gerónimo Hernández, ca. 1930. © Núm. Inv. 150277. Secretaría de Cultura- INAH-Sinafo-FN-México. Reproducción autorizada por el INAH (Colección Casasola).

DA79CB018Fotografía 18. Niño muestra sus zapatos, ca. 1930. © Núm. Inv. 6376. Secretaría de Cultura-INAH-Sinafo-FN-México. Reproducción autorizada por el INAH (Colección Casasola).

Sobre el autor
Daniel Escorza Rodríguez
Fototeca Nacional del INAH.


Citas

  1. El acercamiento al tema de las “emociones y sentimientos” en la representación fotográfica quedará fuera por el momento, pues se ha demostrado que el tópico no es nuevo. Por ejemplo, la investigadora británica Andrea Noble realizó ya una aproximación a la noción del llanto y de la memoria en la fotografía de la Revolución
    Mexicana tomando como base la imagen de Francisco Villa llorando ante la tumba de Francisco I. Madero (“Fotografía, memoria y llanto en la Revolución Mexicana”, ponencia presentada el 23 de julio de 2009, en el 53 Congreso Internacional de Americanistas, Universidad Iberoamericana, México, D. F.). []
  2. Henry Louis Bergson, Introducción a la metafísica. La risa, 5 ed., México, Porrúa (Sepan Cuántos, 491), 2009, p. 70. []
  3. Patricia Massé Zendejas, Simulacro y elegancia en tarjetas de visita. Fotografías de Cruces y Campa, México, INAH, 1998, p. 102. []
  4. Ibidem, p. 77. []
  5. Georges Minois, Historia de la risa y de la burla. De la Antigüedad a la Edad Media, Jorge Brash (trad.), México, Ficticia / Universidad Veracruzana, 2015, p. 23. []
  6. Una versión de esta fotografía se publicó en el semanario La Ilustración Semanal del 18 de mayo de 1914. []
  7. Ariel Arnal se ha ocupado de esta foto en Atila de tinta y plata. Fotografía del zapatismo en la prensa de la Ciudad de México entre 1910 y 1915, México, INAH, 2011. Véase también John Mraz, Fotografiar la Revolución mexicana. Compromisos e iconos, México, INAH, 2010, p. 97. []

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