María Rodríguez-Shadow, Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México, Toluca, Universidad Autónoma del Estado de México, 2003.

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DA32901Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México es un esfuerzo por resaltar el papel significativo de las mujeres en la vida cotidiana y en la historia económica de las comunidades, en este caso de Mora, en la zona rural del norte de Nuevo México, Estados Unidos. El libro busca mostrar la situación de las mujeres en Mora, comprender el porqué de la opresión femenina y además encontrar estrategias para su erradicación.

Una de las voces femeninas de Mora dice: “… El trabajo que le corresponde a los maridos es llevar el dinero a la casa y el de las esposas es el de mantener la casa limpia y tener la comida caliente para cuando él llegue cansado del trabajo” (secretaria y ama de casa de 20 años).

¿Cómo se llega a un pensamiento así? ¿Qué existe detrás de una afirmación de esta naturaleza? ¿Qué valor se le da a las actividades masculinas? ¿Cuál a la doble jornada femenina? ¿Qué impacto tiene la ideología dominante sobre la percepción que las mujeres tienen de sí mismas?

Estas interrogantes son respondidas en esta obra cuyo fundamental esfuerzo es resaltar el papel significativo de las mujeres en la vida cotidiana y en la historia económica de las comunidades, en este caso de Mora, en la zona rural del norte de Nuevo México.

Actualmente, la antropología ha dejado de lado la construcción de teorías de gran alcance, pues se ha reflexionado en que no hay algo que se pueda llamar experiencias universales; existen similitudes pero sobre todo existen realidades particulares. Es así que ahora se pone hincapié en analizar más de cerca la relevancia del contexto específico para la definición de las relaciones en las comunidades: de género, de etnicidad, de trabajo y la valoración social que se hace de éste.

A partir de la teoría de género se replantea la forma de entender o visualizar cuestiones fundamentales de la organización social, económica y política, como el sistema de parentesco y matrimonio. La importancia del concepto de género en el campo de la antropología se basa en el hecho de evidenciar que las diferencias sexuales son el resultado de una construcción social que se extiende a múltiples espacios, cuya dimensión simbólica tiene estrecha relación con el proceso de construcción de identidades.

El estudio de la identidad implica un esfuerzo por comprender esas prácticas simbólicas que son elementos en movimiento, que nunca dejan de concretarse y que están determinadas por el contexto específico, temporal, geográfico y personal, en este caso de la comunidad de Mora en Nuevo México.

Contrario a lo que se había afirmado de esta población, en el libro se demuestra que esta comunidad tiene rasgos visibles de cultura mexicana, normas de comportamiento y valores impregnados de lo mexicano con una gran significación simbólica, pues implica el derecho inalienable de un pueblo conquistado a conservar sus raíces.

La conquista y el despojo, la discriminación y el prejuicio, hicieron que estos mexicanos conservaran no sólo los rasgos distintivos de su mestizaje étnico, sino también todos los elementos determinantes de su identidad cultural: religión, lengua, tradiciones, costumbres, símbolos y mitos que, plasmados en su original visión del mundo, provocaron que siguieran viviendo, sintiendo y pensando como mexicanos.

Esta investigación logra profundizar en las identidades que existen al interior de la comunidad, sin que se vea a este grupo (mexicanos en Estados Unidos) como una masa compacta, como si no tuvieran género. Presenta una visión integral en donde la identidad es entendida como un conjunto de prácticas -materiales y simbólicas-, estructuradas culturalmente y organizadas desde un lugar social particular, que origina distintas dimensiones de identificación: de género, de etnicidad, de trabajo.

La identidad femenina -explica la autora- no surge del hecho mismo de ser mujer, sino de las determinaciones sociales que impone el hecho de serlo, es decir, de lo que significa ser obrera, campesina, artesana o intelectual, desde un lugar definido por su sexo, y al mismo tiempo determinado por la pertenencia a un grupo étnico específico (P. 18).

Las identidades femeninas, de etnicidad y trabajo hacen alusión a una identidad colectiva, donde el individuo liga su personalidad a la colectividad a través de estereotipos sociales. Éstos se explican ampliamente en el segundo capítulo, en donde se abordan los elementos que conforman la identidad de las mujeres de Mora. La autora muestra, a través del examen de las opiniones de las mujeres sobre el matrimonio, la maternidad, la virginidad, la fidelidad, el trabajo, la religión, la cultura y sus auto-percepciones, que el pensamiento de las morenas está impregnado de la ideología dominante y de los modelos sociales imperantes.

Es así que se logra visualizar el sexismo impregnado en el pensamiento de las moreñas, quienes han interiorizado una serie de opiniones, creencias y prejuicios sobre la supuesta inferioridad natural femenina.

Acertadamente, la doctora Rodríguez Shadow afirma que

La transformación de las instancias identitarias femeninas puede ser posible si se modifican ciertas imágenes, elementos ideológicos y espacios en los que se mueven las mujeres como actores sociales, uno de ellos privilegiaría la toma de conciencia del significado social del trabajo que realizan y su carácter de imprescindibilidad. (p. 92).

Cambiar las representaciones e ideologías sobre el trabajo de las mujeres, traería la desestructuración del orden existente que las define como sujetos secundarios.

A partir del examen del lenguaje, el territorio, las tradiciones culinarias, las creencias religiosas, los valores tradicionales y los gustos musicales, la doctora constata en el tercer capítulo que la identidad puede abordarse no sólo a partir de las supuestas diferencias objetivas entre los grupos, sino también mediante las representaciones culturales y las prácticas sociales que a partir de esas diferencias realizan los actores pertenecientes a una comunidad particular.

Es así que las imágenes de identificación están constituidas por las fiestas, símbolos, rituales y acciones colectivas a través de las cuales se produce la expresión, reafirmación y reproducción de la identidad de este grupo.

Las identidades de género también se reflejan en cómo se divide el trabajo: a) quién realiza cada labor, b) la naturaleza de las tareas, e) el valor simbólico que se otorga a las actividades; en suma, la organización de la producción, la reproducción, la distribución y el consumo. El género es un principio básico de organización del trabajo, y se podrá ver en el último capítulo cómo la estructura de trabajo basada en el género condiciona otras cosas.

La autora describe la participación femenina en el mercado de trabajo y en su intervención en las labores reproductivas (en el hogar), analizando el significado que adoptan esas actividades en la vida de las moreñas y la forma en la que estas prácticas (y sus representaciones sociales) contribuyen a configurar una identidad femenina.

De igual manera, señala el papel significativo de las mujeres en la vida cotidiana, pero sin dejar de reconocer que ellas han estado ausentes, enajenadas en los procesos que han determinado el desarrollo y la evolución de su entorno social. Es así que el trabajo impregna y condiciona las estrategias matrimoniales, el tipo de relaciones en el seno doméstico, la forma de representar el mundo, de expresar sus sentimientos y por tanto su identidad. Concluye que a las actividades femeninas (de doble jornada de trabajo muchas veces) se les otorga poco valor en la comunidad.

El libro está sustentado en una vasta investigación bibliográfica y hemerográfica, así como en un año de trabajo de campo, tiempo en el que la autora realizó un serio estudio etnográfico a través de la observación participante, entrevistas estructuradas y la aplicación de cuestionarios.

La obra constituye un estudio de caso, que se puede generalizar a otras comunidades en donde aún persisten mecanismos de subordinación hacia las mujeres. Pues el fin es reconocer la tarea de las mujeres en el desarrollo y la evolución de su entorno social, superando con ello las limitaciones que se les imponen.

María J. Rodríguez-Shadow logra esclarecer el doble proceso sociocultural y psicológico que lleva a la construcción de la identidad, con la esperanza de que los resultados de este trabajo produzcan entre las mujeres de Mora una fase de toma de conciencia y por tanto, una transformación de las relaciones de poder.

Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México es pues una aportación fundamental a la historia de los mexicanos en Estados Unidos de Norteamérica y, más aún, sobre el pensamiento de las mujeres que como minoría (genérica y étnica) viven en una sociedad que las oprime y explota.

Aunque esta obra se sueñe integral, pueden observarse algunas cuestiones que quedaron sin tocar. Muy poco es lo que se dice en relación al papel de las mujeres desempeñado en la dimensión de lo religioso. No se menciona cuál es su papel en la organización de las ceremonias y rituales que se realizan en la Morada, ni tampoco se habla de su intervención en las asociaciones religiosas locales.

La autora olvidó mencionar cuáles han sido las relaciones de las moreñas con la institución religiosa dominante en la comunidad, la Iglesia católica. Recordemos que Mora constituye un enclave católico inmerso en un mundo predominantemente protestante.

Esta omisión es extraña, tomando en cuenta que la autora ha publicado varios ensayos (por ejemplo “Women’s Prayers: The Aesthetics and Meaning of Female Votive Paintings in Chalma”), y por lo menos una obra completa dedicada al estudio de las manifestaciones de la religión popular: El pueblo del Señor: Fiestas y Peregrinaciones del Santuario de Chalma.

No obstante estas omisiones y otras que no viene al caso mencionar, la obra en su conjunto cumple con los objetivos propuestos; es interesante, teórica y metodológicamente congruente y representa una investigación novedosa. Alguien comentó acertadamente que hay pocas antropólogas mexicanos que se hayan aventurado a realizar trabajo de campo durante un año, más allá de las fronteras políticas de nuestro país.

Autora: Miriam López Hernández, Escuela Nacional de Antropología e Historia.

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