Pilar Gonzalbo Aizpuru (dir.), Historia de la vida cotidiana en México, vols. I, II y III, México, El Colegio de México/FCE, 2004/2005.

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DA410601Quienes hemos seguido con interés la aparición de la serie de libros de la Historia de la vida cotidiana en México no dudamos de la importancia de estos tres tomos que reseño. Al buscar las raíces de la preocupación por lo cotidiano, ese campo de estudio se vigorizó a partir de la mitad del siglo XIX, cuando los pensadores requerían conocer lo real-social, o los datos de la vida.

Al leer estos tres libros obtuve un panorama general de la forma en que se estudia la vida cotidiana por los historiadores. No obstante, no pude aclarar mi primera duda, ¿cómo se construye este tema o área de conocimiento, de qué manera están interconectadas las categorías que permiten construir lo cotidiano en épocas pasadas? Es decir, ¿acaso es el tema el que da sentido a la obra, es una propuesta teórica, o se construyó a partir de las fuentes? ¿O tan sólo es una obra colectiva enmarcada como una forma distinta de historiar? Insisto, no pude encontrar respuesta a la cuestión de cuál de estos asuntos es la variable independiente y de qué manera el conjunto diverso de etapas, sucesos y acontecimientos crea una obra así definida como lo cotidiano de la historia.

En contraste con lo que intentan realizar los historiadores, en los orígenes de la antropología social se determinó la necesidad de narrar con la etnografía los imponderables de la vida cotidiana, que se refería a la descripción de las costumbres, prácticas, ideas, que reproducirían lo cotidiano. Con los métodos propios del trabajo de campo de la antropología se mostrarían las vicisitudes entre lo frecuente y lo situacional de la vida con un doble objetivo: por un lado, para entender las formas peculiares en que los habitantes de una cultura resuelven los avatares de la vida; y por el otro, para que esa información sea comparable con la de otras culturas y entender lo peculiar de lo general.

A lo largo de los tres tomos aquí reseñados queda claro la forma en que cada historiador alcanza a historiar lo que llama vida cotidiana, desde la época prehispánica hasta el siglo XVIII. Es evidente que las fuentes para la historia crecen en la medida en que nos acercamos a lo contemporáneo. En contraste, entre más nos alejamos de nuestro tiempo se crea la necesidad de utilizar la narrativa para esclarecer los acontecimientos cuando escasean las fuentes.

El trabajo de los distintos historiadores aquí presentados es una muestra del vigor de esta disciplina científica, y a la vez ejemplo de las propias limitaciones de este mismo oficio al acometer un objetivo de investigación en ocasiones insuficientemente documentado. Tal y como señalan algunos autores, en ciertas épocas de nuestra historia abundan los textos religiosos que fueron el núcleo de la producción hispana, y que en su aparente permanencia y monotonía no aportan nada al tema de lo cotidiano. No obstante, los autores que estudian el barroco en general se enfocan sobre todo en el proceso de urbanización, dado el aumento demográfico, la emigración del campo a la ciudad y el interés del Estado absolutista por la centralización del poder, por lo que para ellos la ciudad se convierte en el centro de todos los acontecimientos.

En los tres volúmenes encontramos artículos de calidad variopinta. Algunos de ellos construyen el tema cotidiano a partir del esclarecimiento de eventos poco conocidos, fruto de investigaciones arqueológicas recientes, como la vida urbana en Teotihuacan, los olmecas de San Lorenzo o los mayas en el Clásico a través del análisis de la cultura material. Aquí las fuentes toman un papel preponderante.

En cambio, otros autores toman lo cotidiano como sinónimo del acontecimiento soterrado y oculto en la gran historia. Como ejemplos de ello tenemos los textos de la vida en el valle de México durante la hegemonía mexica: la casa, el cuerpo y las emociones; la cortesía, los afectos y la sexualidad; o bien la homosexualidad y la prostitución entre los nahuas; o la vida de puertas adentro: la casa habitación, ajuares domésticos; la embriaguez, las pulquerías; los remedios contra la enfermedad; las piedades fúnebres en el ámbito maya. Aquí vemos el despliegue del talento de historiar, pues ante la evidente escasez de fuentes los autores se valen de la narrativa y del uso de la imaginación histórica, en el sentido positivo del término.

Como estos temas son difíciles de hallar en las fuentes, el talento del oficiante nos permite imaginar los hechos con cierta aproximación. Pues de lo contrario se convertirán en asuntos imposibles de escudriñar ante la falta de evidencias objetivas.

Por último, encuentro un tercer tipo de trabajos más interesados en describir el producto del cambio cultural. Es decir, la historia del encuentro de los dos mundos, del cambio cultural que se sucede y de lo que los historiadores de la vida económica llaman la estructuración de una subsunción formal a una real y de la imposición de un tipo de cultura sobre otra para crear un mestizaje cultural. En estos trabajos encontramos la cocina del encuentro cultural de lo que siglos adelante se convertirá en lo característico de la cultura mexicana. Lo que tanto historiadores, sociólogos y antropólogos han definido como el mestizaje cultural. Los textos de la educación y el cambio tecnológico; el ámbito civil, el orden y las personas, o bien la nobleza indígena en la Nueva España; el abasto urbano; la invención de lo cotidiano; cultura material en Zacatecas; el espejo de la vida; plata cincelada y terciopelo carmesí.

En este tercer grupo de investigaciones el objetivo se centra en una instrucción teórica que debe ser evidenciada. Ésta es: ¿cómo se subvierte la vida anterior a un nuevo orden colonial? Aquí los investigadores despliegan sus artes para describir fielmente las maneras cotidianas de cómo se asimila, resiste y contiende el nuevo orden social, jurídico y político. Las descripciones de este apartado están plagadas de una construcción teórica que otorga plena coherencia al discurso, se narra estrictamente todo aquello que es evidencia del cambio en el statu quo anterior y se describen las formas cotidianas, tanto de dominación de unos como de resistencia de los otros. Así es posible narrar la esperanza de un futuro distinto o el cambio en el sentido de la muerte. Aquí se demuestra que la Conquista fue más un esfuerzo cotidiano que una gran empresa colosal. Es posible describirlo como un proceso de prácticas rutinarias que instauraba un nuevo orden.

En el segundo volumen hay una excesiva concentración de trabajos relacionados con la interacción social dentro del marco de algunas instituciones. Para muchos de los autores buena parte de la vida cotidiana de muchos individuos se desarrollaba dentro de algunas instituciones como las cofradías, los gremios, las provincias religiosas y los cabildos eclesiásticos y civiles. No obstante, algunos otros trabajos se enfocan en el surgimiento de la estructura corporativa que desde la llamada “ciudad barroca” limaba muchas asperezas entre los individuos y la institución. Queda claro en estos trabajos que el rumor y la denuncia ya desde esos tiempos actuaban como mecanismos de control a falta de oficiales formales. Es decir, encontramos ya en estos trabajos que la estabilidad social se aseguraba por medio de pactos o acuerdos a partir de procesos de negociación.

Los autores encuentran sentido al hacer historia de la vida cotidiana al describirnos acerca de los gustos y los temores que dejan huella en las costumbres y en las creencias. Lo logran a través de analizar los componentes de la cultura material y al enfocarse en las relaciones personales. Es por ello que enfatizan las descripciones de los objetos de uso diario y su simbolismo para indicar la calidad de vida de esa sociedad, y la influencia que va teniendo cada vez más el orden religioso y político que intenta regular las manifestaciones de una nueva estructura política.

La lectura de los volúmenes me deja una sensación de frecuente deja vu o sensación de lo “ya leído” al percibir la naturaleza intertextual de lo ya conocido desde un punto de vista distinto. A través de la narrativa queda claro que el text is context bound, but context is boundless (todo texto está delimitado por un contexto, el contexto no está delimitado).

Es posible afirmar la gran creatividad de la profesión histórica a través del montaje que se crea en estas obras Es una estrategia de fragmentación y recomposición de la realidad a través de un juego con las posibilidades de su representación, donde el objetivo no necesariamente es representar, sino construir o cambiar la realidad.

Hay sin duda un intento posmoderno por integrar el pasado, y también otro poscolonial para referir los orígenes de la vida cotidiana a partir de la crítica a la historia de bronce que realizan los autores. También hay una suma de esfuerzos por hacer de estas micro-historias una forma válida del conocimiento y de la reflexión.

Me queda la imagen a partir de la lectura que en lo que toca a este territorio ahora llamado México, lo cotidiano está asociado a una amplia memoria que guarda estilos de vida de gran diversidad. En lo que se señala como cotidiano cabe no sólo la oposición entre lo rural y lo urbano, también los distintos pasados históricos y la mezcla de creencias y rituales. Lo cotidiano se sitúa como la repetición y monotonía, opuesto a lo extraordinario y único a partir de atravesar lo privado y público.

En el esfuerzo colectivo de describir cómo se mezclan lo trivial y heroico, lo divino, cósmico e intrascendente, se resume la búsqueda del encuentro de lo cotidiano con la historia y los lectores evaluarán su efectividad. En la opinión de este lector el resultado es ambiguo. No todo lo escrito es cotidiano, ni de todo se puede hacer historia.

No obstante hay pasajes brillantes en los textos. En algunos trabajos no se consigue expresar fielmente la vida cotidiana, y creo que se debe a distintas razones. Por un lado, porque el concepto de lo cotidiano está construido más como noción descriptiva que analítica.

Por el otro, porque no está del todo claro qué importancia tiene el contexto en los eventos narrados, es decir, no hay suficiente interconexión entre la macrohistoria con la microhistoria. Y, por último, porque nunca está explícito si el tema de lo cotidiano se definiría como la narración de eventos y sucesos que tienen que ver con sujetos sin historia; o si más bien se definen por enfocarse en lo subalterno en oposición a lo hegemónico: acaso es tan sólo una mirada distinta de los mismos acontecimientos ya narrados.

Este esfuerzo histórico representa un logro polémico y por ello es celebrable. Es un referente que propone seguidores y contrarios, pero en estricto sentido abre la discusión a las nuevas formas de interpretación de los episodios históricos. Justamente como se señala: “un esfuerzo colectivo que busca abrir caminos para la comprensión de lo cotidiano en todas las épocas de nuestra historia”.

No obstante, es necesario revisar críticamente esta obra para describir su eficiencia al articular los núcleos micro (la vida cotidiana) y macro (los grandes movimientos sociales) y proponer en el futuro una suerte de historia total, es decir, intertextual que relacione con virtuosismo todos los niveles. Debo señalar que algunos textos no sólo lo consiguen sino que nos enseñan sendas por las cuales transitar. Estos autores lo logran porque se valen de la intertextualidad mediante el uso de la historia oral, la microhistoria, historia de las mentalidades, sin olvidar las perspectivas globales a partir de objetos de estudio que por mucho tiempo han estado silenciados, como la historia de las mujeres, creencias, del cuerpo, del hombre, del alcohol, entre muchas otras.

Estos volúmenes son, valiéndose de la metáfora, una obra de jazz. Tienen ritmo y grandes improvisaciones, pero carece de estructura formal, teórica y metodológica. Representa una forma de muchas posibles para referirnos al tiempo como necesidad y privilegio de conocer lo cotidiano de la historia.

Bibliografía

Burke, Peter, La Revolución historigráfica francesa. La Escuela de los Anales: 1929-1989, Barcelona, Gedisa, 1993 (1990).

Le Wolf, Jacques, Roger Chartier y Jacques Revel, (eds.), La nueva historia, Bilbao, Mensajero, 1988.

Pons, María Cristina, “La novela histórica: aproximaciones hacia su conceptualización y dinámica de cambio”, en Memorias del olvido, la novela histórica de fines del siglo XX, Siglo XXI, 1996.

Wolf, Erick, Europa y la gente sin historia, México, FCE, 1987.

Autor: Alejandro A. González Villarruel, Museo Nacional de Antropología, INAH.

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