La antropología física desde los márgenes: una forma de resistencia y de compromiso

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Una necesaria reflexión colectiva y profunda fue lo que impulsó a los organizadores del I Encuentro de Egresados de la ENAH a congregar a diferentes especialistas en antropología para hablar, en lo personal, sobre su campo de trabajo, así como para reflexionar sobre el quehacer antropológico actual y su papel frente a la problemática del país. Este artículo es producto de ese primer interés y se abundó gracias a las sugerencias de diversos compañeros a quienes interesó su discusión.

Acepté con gran interés precisamente por compartir una mirada y experiencia desde la antropología física, que aún hoy en día se presta para el debate y la toma de posición, toda vez que la variabilidad biológica de la especie humana, tanto para poblaciones antiguas como para las actuales, se debe explicar a partir de la biología pero llegar más allá de la biología, recurriendo a marcos socioculturales, económico-políticos e ideológicos. Muchas de las prácticas y los discursos constituidos como hegemónicos en este campo tienden a rechazar tales planteamientos, a veces descalificando su pertinencia antropofísica, por lo cual es posible advertirla como una propuesta inscrita en los márgenes.

Pensar y escribir sobre estos temas implica necesariamente reconstruir, desde una particular reflexión, la historia o el trayecto académico que hemos seguido, a fin de poder hablar hoy sobre lo que podemos hacer frente a la realidad convulsionada de nuestro país. Reto que, sin duda, implica iniciar un trabajo reflexivo de tono epistemológico, o para decirlo en palabras simples, un trabajo que implique pensar cómo lo hemos hecho; en mi caso, cuál es mi trayecto en la antropología física y para qué.

Más allá de que esta tarea se vea como un relato autobiográfico, con toda la problemática implícita ya discutida por Bourdieu, concuerdo con Lahire en que “hablar de sí y de su pasado, es hablar de las personas o grupos que se han frecuentado, de las instituciones por las que se ha pasado y que han dejado marcas subjetivas: en lo más personal se lee lo más impersonal, en lo más individual lo más colectivo”.1

Por añadidura diría que si bien una reflexión sobre nuestro quehacer académico implica una puesta de sí mismo en el terreno del análisis, esta tarea no necesariamente tendría que ser un acto pretencioso, sino más bien debe ser el desafío constante del investigador ante su propio rol y su implicación en el proceso de construcción de los datos. En todo caso, volver sobre nuestros pasos y sobre las ideas que hemos enarbolado con pasión, o en los marcos de lo establecido, exige traducirse —como lo ha apuntado Bourdieu— en una tarea de control epistemológico y de reflexividad que debe ser la impronta de todo proceso de investigación. Esta postura, sin embargo, no es la misma que he tenido desde que me formé como antropóloga física en la mitad de los años 70.

Estudié antropología física porque creí encontrar en ese espacio algunas respuestas interesantes a preguntas retóricas harto comunes pero importantes para mí, pues eran tema de cavilaciones personales porque venía de un colegio de monjas. Me interesaba el milagro de la vida, concretado en un cuerpo que evoluciona, se transforma y genera de nuevo vida. Por ello la antropología física, que tenía como objeto de estudio intrínseco la variabilidad biológica, podía brindarme el conocimiento necesario para entender dicha transformación del cuerpo a través del tiempo y el espacio.

En ese escenario setentero, en el que todavía se respiraba la crisis institucional universitaria, la ENAH, aún en el Museo de Antropología, se ofrecía a la sociedad para preparar a hijos de obreros y campesinos con un argumento clasista que enunciaba la recuperación de la educación y el patrimonio cultural para el pueblo. En todas sus especialidades, esta escuela vivía una batalla constante por las ideas, una convulsión interna que, de manera cercana, evidenciaba a los estudiantes recién ingresados una agitación externa mayor, que era la propia del país. Entonces aprendí que en el mundo existía una diferenciación fenotípica y genotípica, que desde luego se había mostrado como un avance científico importante, pero también tuvo un sentido y un uso específico dirigido para dominar y controlar, que poco a poco fui entendiendo.

Es preciso reconocer en este momento —a fin de explicar por qué hablo de la antropología física desde los márgenes como una propuesta de resistencia y compromiso— que todo conocimiento es un producto sociohistórico y todo investigador debe verse como sujeto situado. Tal vez sea necesario decir que estamos marcados por los procesos que vivimos y, en mi caso, cada descripción, reflexión y propuesta tiene su origen en esos años de formación. En cada cosa que escribo me he preocupado por desentrañar la significación que tiene, no sólo para solazarme, sino para analizar el contexto que provee la lógica de las ideas que hoy planteo.

Por ejemplo, en 1987, elaborando los borradores de mi tesis de licenciatura, escribí refiriéndome a esos años setenta:

La vida interna de la especialidad libraba su propia batalla cotidiana entre un discurso que miraba al hombre a través de los calibradores cefálicos y la morfología comparada (pero siempre desde esa limitante perspectiva descriptiva), y ese otro que manifestaba la necesidad de verlo más allá de su cuerpo, es decir, entender que sus posibilidades corporales le hacen tener la capacidad de imaginar, de socializarse, de generar una cultura; en definitiva lo hacen un ser social y cultural. Evidentemente esta propuesta exigía una toma de posición de los hacedores de la investigación antropofísica al tiempo que se dirigía a inaugurar una discusión sobre su objeto de estudio.2

Si bien este interés no se realizó en ese entonces, por primera vez, ya que en la especialidad tenemos una tendencia a la revisión y preocupación del objeto de estudio que ha dado como resultado propuestas que llevaron el título de “La Nueva Antropología Física” y más adelante “La más Nueva Antropología Física”,3 puedo afirmar que el cuestionamiento más crítico del quehacer antropofísico se generó bajo un movimiento teórico y práctico que, a mediados de los años 70, se conformó por estudiantes y profesores bajo el nombre de Seminario de Investigación en Antropología Física (SIAF). Desde éste se fueron construyendo nuevas interrogantes, formulaciones teóricas y conceptuales que marcaron distancia con los planteamientos tradicionales que seguían manteniendo los postulados centrales de una disciplina poco crítica, y que hasta entonces sólo alcanzaba a estudiar al hombre con el afán de diferenciarlo por razas y ubicarlo a distancia en la escala zoológica.

Desde el SIAF se plantearon nuevas formulaciones teóricas inspiradas en el materialismo histórico y la economía política, se puso en tela de juicio la estructura teórica y conceptual de la antropología física y la falta de claridad de su objeto de estudio. Dicho cuestionamiento puso de manifiesto que si bien el estudio de la variabilidad humana se había hecho tomando en cuenta dos grandes niveles de análisis —el filogenético para explicar la cercanía o distancia entre la especie humana y el resto de la escala zoológica, y el ontogenético poniendo atención en los diferentes estadios que comprenden el proceso de crecimiento y desarrollo, hasta el envejecimiento—, existía escaso interés por tratar de explicar las causas y los procesos que implicaba la variabilidad humana, en tanto sólo se habían desarrollado supuestos que apuntaban al medio ambiente y a la carga genética transmitida a través de la herencia como posibles factores de su origen.

Al visibilizar las causas y los procesos, la perspectiva crítica apuntaló la importancia de descubrir, historiar y comprobar la legalidad específica que rige las relaciones entre la sociedad y lo genético, morfoestructural, fisiológico y psíquico del hombre. La ambición teórica estaba en poner a la sociedad de clases en un orden mayor y a lo biológico (genético, morfoestructural, fisiológico y psíquico) como determinado por ésta.4

Sólo de esa manera se podría empezar a explicar cómo y por qué ocurre la variabilidad humana, alejándonos del eje descriptivo de la diferencia —que implicó la utilización de la métrica, entre otras cosas, para la discriminación y la dominación— y ubicándonos en el eje analítico de desigualdad social, para explicar la conformación corporal, las bajas tallas, la desnutrición y la enfermedad laboral, entre otras condiciones corporales, como producto de la lucha de clases.

Todavía recuerdo que estas ideas, puestas en marcha, nos situaban como en el vestíbulo de algo distinto por venir, y ante lo cual debíamos ponernos en otro estadio mental. Entonces teníamos muy en mente que cuando Marx escribió su Contribución a la crítica de la economía política terminó por destacar su punto de vista, en contraposición a la ideología de la filosofía alemana, y lo que en realidad estaba haciendo, según él, fue ajustar cuentas con su conciencia filosófica anterior. En un tono similar, los que integrábamos el SIAF, distanciándonos de los elementos tradicionales aprendidos en la AF, y poniendo a prueba las nuevas formulaciones, parafraseábamos a Marx: “Como decía Marx, que decía Dante, que decía en la puerta del Infierno: “déjese aquí cuanto sea recelo; mátese aquí cuanto sea vileza”.5

Aquellas ideas del SIAF se pusieron a prueba en estudios concretos,6 incluso por quienes no formaban parte del SIAF,7 en los cuales se proponía un nuevo corpus teórico que pretendía una mirada totalizadora: la distinción del ‘hombre’ —sujeto/objeto antropológico—, para ser aprehendido como sujeto social.8 Este planteamiento sirvió para abordar problemáticas de salud de grupos de trabajadores,9 en la incorporación de nuevos conceptos como proceso productivo y proceso salud/enfermedad, la noción de cuerpo como producto histórico, multideterminado que se va modelando según los procesos sociales,10 y la significación de la noción de resistencia política como resistencia física al estudiar a los cuerpos como fuerza de trabajo.11

También se sometieron al escrutinio de la comunidad antropofísica, la cual en términos generales respondió titubeante, pero también cuestionó y descalificó a menudo, subrayando que el marxismo hizo mucho daño y que las propuestas eran muy ideologizadas.

Quizá esta sea una de las principales razones por las que quien postula ideas relacionadas con el SIAF se encuentra un tanto en el margen. Por ello, desde hace tiempo vengo haciendo una revisión y análisis de lo que propongo. Una de las ideas que atañen a ese momento, en el que ni el recelo ni la vileza se dejaron de lado, ha sido reflexionada ahora, a distancia, advirtiendo en un claroscuro los aportes y sesgos, a fin de no quedarse en mera moda de pensamiento.

La nueva formulación del objeto de la antropología física —apuntada como el “estudio de las relaciones entre la sociedad y el desarrollo humano (genético, fisiológico, morfológico, y psíquico del hombre) determinados por mediaciones de carácter histórico”—12 fue apoyada por una perspectiva biosocial que teóricamente sonaba pertinente y necesaria, pero en la práctica mostró dificultades de operatividad, dado que la relación biosocial no se resolvía simplemente con la articulación de agregados sino con una debida síntesis teórica argumentada, susceptible de generarse al concebir relaciones conceptuales entre problemas.

Tanto la nueva definición de la antropología física como la teorización de algunos trabajos desde el materialismo histórico y la economía política fueron percibidos en el gremio como una sacudida momentánea que pronto pasó, pues en realidad los antropólogos físicos no estábamos preparados para problematizar la biología, teniendo como fondo explicativo la realidad social y tampoco teníamos la mirada ni la práctica entrenada para describir y analizar la biología jerarquizada por clases.13 Los elementos teóricos y conceptuales entonces disponibles eran pobres, y además se enfrentaban cotidianamente con una tradición intelectual que no se preocupaba por la teorización y, en el peor de los casos, no advertía que —de manera implícita— la práctica antropofísica comulgaba con el paradigma positivista, el cual ha impedido en buena medida la comprensión y aceptación de las miradas inclusivas que advierten resignificaciones de las principales nociones explicativas (cuerpo, trabajo, sujeto, población, sociedad, cultura, salud, enfermedad, representaciones, prácticas, etcétera) ante las nuevas problematizaciones que admiten la importancia de ser cuerpo y tener cuerpo.14 Pero además frente a teorizaciones de gran alcance que ubican el dilema central que hoy consideramos debe ser el punto de vista de toda reflexión antropológica:, poner atención en un circuito generado entre pensamiento- lenguaje-sentimiento-acción,15 de nociones y prácticas que refieren a la manera en qué los conjuntos sociales piensan, dicen, sienten y hacen respecto de cualquier fenómeno, lo que involucra una nueva formulación del individuo no sólo como reactor pasivo de los actos de un sistema, cualquiera que éste sea, sino como agente activo y sujeto de su propia historia. Si bien estos planteamientos hoy se escriben con cierta madurez, para ese momento simplemente se reconocieron como la perspectiva biosocial, y las más de las veces se cuestionó por el determinismo social. Por ello algunas propuestas gestadas ya desde entonces, y que mantuvieron una producción dentro de la antropología física, fueron más bien señaladas como “no antropofísicas”, argumentando que se ponía el acento en los aspectos sociales. Consideramos más bien que esas propuestas germinales de los años ochenta fueron recibidas por la antropología tradicional como subversivas e ideologizadas, y en consecuencia fueron marginadas.16 Además, los profesores que inspiraron la conformación del SIAF y muchos de los alumnos que los siguieron se fueron de la ENAH, lo cual en buena medida dejó de manera inconclusa la propuesta planteada. Desde esta perspectiva habrá que decir que mi obstinación por recuperar y repensar críticamente aquellas propuestas tiene que ver con mi propia situación como profesora del posgrado en antropología física, comprometida con la formación de nuevos cuadros. Por ello es preciso destacar los aportes y sesgos de este periodo creativo y cíclico, al que alude la propia crisis de la antropología física en México, y su respuesta desde el SIAF a fin de perfilar con claridad sus elementos.

Los aportes del SIAF son: 1) pugnar por una perspectiva crítica que presume la importancia de la función social de nuestra disciplina, aplicada desde un punto de vista de clase y que impulse la investigación éticamente responsable y políticamente comprometida. Cuestión que recupera el carácter “moral de la antropología”, cuyos objetivos han sido dar voz a las subculturas sumergidas, fragmentadas y silenciadas, visibilizando las causas y los procesos biológicos y sociales que involucran la variabilidad humana, para explicarla de manera integral. 2) La noción de sujeto como ser de clase significa reconocer su ubicación histórica y social. Vislumbrar, por primera vez, la importancia de la estructura social y las relaciones sociales para argumentar, con planteamientos sólidos, que lo biológico no puede explicarse si no es en una relación dialéctica con lo social. 3) El cuestionamiento sobre la explicación de la variabilidad humana como resultado de la capacidad o incapacidad de los grupos de adaptarse, pues el concepto de adaptación no muestra capacidad explicativa para visibilizar el conflicto, la interacción, las relaciones de clase, de dominación y de poder en las que se encuentran inmersos los grupos sociales. 4) Dejar en desuso la práctica de clasificación por “razas” como el objeto principal de investigación, que en su incursión al mundo indígena llamó la atención, considerando las situaciones de marginación, pobreza y enfermedad.17 5) Empezar a usar de manera explícita la noción de cuerpo como sustrato biológico moldeado por procesos sociales y como fuerza productiva. 6) La incorporación de nuevas problemáticas de estudio, como la relación entre salud y enfermedad, que importan por el impacto social y la vulnerabilidad de los grupos sociales. 7) La diversificación de los escenarios tomando en cuenta la cuestión industrial.18

Algunos sesgos importantes, desde la postura marxista, lamentablemente ideologizada y maniquea, en la antropología física, estuvieron vistos por su marcada distancia con la antropología general, lo cual significó no advertir la importancia que adquieren los procesos culturales en la conformación morfológica y en la noción, uso y función del cuerpo. Esta lejanía de su matriz antropológica pierde de vista la posibilidad de reflexionar sobre el cuerpo en su dimensión subjetiva, sobre las resignificaciones del concepto de cultura, sobre los conceptos de sujeto de investigación y sujeto investigador. Cuestiones que son el aporte de la crítica epistemológica que la antropología estadounidense ha hecho al reconocer su poder colonizador y su producción de conocimientos profundamente etnocéntricos. La incorporación de la perspectiva histórico-social a la disciplina, fundada en el cuestionamiento del paradigma positivista y de la función de dominación de la antropología estadounidense, trajo como resultado el destierro de la antropología, y con ello el alejamiento de toda la discusión y debate que al interior de la propia antropología nacional e internacional se había dado de manera fructífera, al develar un problema de naturaleza epistemológica que aún hoy en día nos mantiene ocupados. Éste es el reconocimiento de que, en las antropologías latinoamericanas, el “Otro” es parte constitutiva y problemática de sí mismo. Esto implica u na reflexión epistemológica, teórica y metodológica de gran envergadura, que lamentablemente no se ha dado en nuestro país. Pero sí se realiza al seno de la antropología estadounidense con renovados planteamientos, y desde la práctica de antropólogos cuyo lugar de origen era, precisamente, aquél en el que se desarrollaban las investigaciones.

Por ello resultaba imperativo reflexionar sobre el papel del antropólogo que, en esas circunstancias, es estudiante o profesionista, pero también informante y nativo. Esto constituye, a nuestro juicio, un material de notoria importancia para la reflexión del antropólogo comprometido y situado. La desantropologización19 impactó en el desconocimiento del avance de la teoría antropológica y sus diversas aproximaciones, generó un proceso de vuelta hacia la comodidad de la tradición al advertir la incapacidad teórica y práctica de poner a prueba la articulación biología/sociedad.

En la actualidad, hay una importante producción antropofísica que no ha reflexionado sobre los aportes y los sesgos de esa mirada histórico-social que sitúa, en un lugar de importancia, al análisis multidimensional de la variabilidad humana. Ello se debe a que, como tendencia, vemos que la comunidad antropofísica aún recurre a explicaciones de corte reduccionista y en concordancia con el paradigma biologicista dominante, cuya preocupación está más en la búsqueda de un máximo nivel de sofisticación en áreas como la biología genética y molecular, y también con el refinamiento de métodos estadísticos para la elaboración de diferentes modelos de análisis para diversos temas, a costa de soslayar los factores sociales, políticos y culturales necesarios para la explicación de las realidades heterogéneamente complejas que hoy vivimos.

Visibilizar estos elementos implica también una toma de posición al respecto, optando más por la búsqueda de perspectivas relacionales e incluyentes que marcando las diferencias. Hoy creo, con mayor claridad, que la investigación en antropología física debe compartir su matriz conceptual y teórica con la antropología médica, y desde luego debe crear objetos de estudio pensados desde una perspectiva multiteórica y relacional.

El compromiso, con el que termino el presente texto, subraya la propuesta de la línea de investigación Cuerpo y Poder que he desarrollado en el Posgrado en Antropología Física de la ENAH, y desde la cual se genera un proceso de resistencia ante la marginación de las propuestas que estudian la variabilidad humana con un enfoque sociocultural.

En dicha línea de investigación tengo el compromiso de:

• Contribuir en la preparación académica de antropólogos físicos situados y comprometidos con las realidades actuales, consolidando una línea de pensamiento que configure la antropología física crítica a partir de la revisión ontológica, epistémica y dialéctica del cuerpo, analizado no sólo como objeto de conocimiento o espacio donde se escriben significados culturales, sino como un campo perceptual que se construye social y culturalmente y que tiene una potencia creadora y una capacidad de negociar y renegociar su presencia a través de su actuar en el mundo. Para esto se tiene como orientación conceptual al cuerpo como experiencia y el cuerpo como agencia y, a la cultura como productora de salud, como determinante de enfermedad y como modeladora de la experiencia, a la que modifica y le adjudica sentido y significación.

• Promover la investigación bajo la noción epistemológica fundante de que no existe un cuerpo biológico sin historia y sin contexto. Para ello es necesario destacar los contextos laborales, marginales, de migración y movimiento sociopolítico que convierten a los grupos sociales en vulnerables.

• Estimular el estudio de las diferentes concepciones del cuerpo, su significado, sus usos sociales, así como las experiencias que perfilan cuerpos enfermos, en sufrimiento, violentados, alienados, sometidos, torturados disciplinados y diferenciados sexual y genéricamente. Asimismo profundizar en el estudio de las representaciones y prácticas de la enfermedad y el padecer, tomando en cuenta aspectos emocionales, cognitivos y conductuales, desde una perspectiva biosociocultural.

• Invitar a la reflexión y discusión de las consecuencias metodológicas y epistémicas del propio proceso de investigación efectuado desde los cuerpos. Es la inminente reflexión de la práctica antropológica que revalora la propia corporalidad del investigador y del investigado, sus percepciones sensoriales, gestualidad, kinestesis e imagen corporal, sus respuestas emitidas desde las representaciones y prácticas, como facetas fundamentales que intervienen en las relaciones sociales y en los saberes construidos, durante dicho proceso de investigación, en campo.

Dilucidar el problema de lo local y lo global, toda vez que se reconoce la importancia del estudio de los procesos microsociales (lo biológico y lo individual) en relación con procesos macrosociales tales como la globalización, el neoliberalismo, transformaciones socioeconómicas que implican una marcada estratificación social y de poder y, en consecuencia, generan movilizaciones y migraciones de los grupos sociales, que influyen de diversas maneras en la conformación y experiencia corporal y, en la expresión de problemas de salud de diversa índole.

En este texto quise reflexionar sobre una nueva manera de hacer y enseñar antropología física, tomando en cuenta ciertos procesos de resignificación sobre sus principales postulados. Por ello planteo reconocer la importancia que adquirieron las perspectivas histórico-sociales y la economía política aplicada a las investigaciones antropofísicas y el impulso que, desde 1990, se ha dado por antropologizar a la disciplina,20 lo cual significa incorporar a nuestro quehacer otros cuestionamientos y nuevas formulaciones, en los cuales adquiere importancia una nueva manera de ver el cuerpo y la cultura.

Los anteriores lineamientos los he venido poniendo a prueba para revelar el cuerpo inmerso en relaciones de poder21 y el estrés como metáfora que utilizan operadoras telefónicas para explicarse diversos procesos de cambio tecnológico.22 Estas ideas que dan forma a mi manera de ver el mundo me han impedido evadir una mínima reflexión crítica y una participación investigativa sobre problemas de salud tan importantes como el caso de histeria colectiva ocurrido entre más de 600 alumnas de un internado de religiosas.23

Un hecho cuya crudeza ha mostrado cómo las condiciones de pobreza, sujeción, disciplina y control económico del cuerpo, de sus fluidos y necesidades, pueden manifestarse como un “raro malestar” en cientos de niñas internadas en una institución educativa de religiosas, sin fines de lucro y con espíritu caritativo.24

Para concluir mencionaré que la idea de resistencia, planteada al inicio, está representada en la propuesta anterior, mientras el compromiso se vislumbra en la preparación de nuevos recursos humanos que apliquen de manera crítica los presupuestos enunciados, además de contribuir en la práctica al explicar —desde el punto de vista de los conjuntos en cuestión, pero con una mirada crítica— algunos procesos en los que incluso la cultura se conforma como ideología, ya que a menudo las realidades sociopolíticas y económicas se ocultan en pos de ciertas creencias culturales.

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Autora: Josefina Ramírez Velázquez, Escuela Nacional de Antropología e Historia, INAH.

  1. Bernard Lahire, “Sociología y autobiografía”, en Trabajo y Sociedad. Indagaciones sobre el trabajo, la cultura y las prácticas políticas en sociedades segmentadas, vol. XI, núm. 12 otoño de 2009. pp. 5-6. []
  2. Josefina Ramírez, “Los cuerpos olvidados. Investigación sobre el proceso laboral minero y sus repercusiones en la fuerza de trabajo. Un estudio de caso de los mineros de la Compañía Real del Monte y Pachuca”, 1991. []
  3. Sherwood Washburn, (1951). “The New Physical Anthropology”, en Transactions of the New York Academy of Sciences, serie II, vol. 13, núm. 7, 1951, pp. 298-304; Stanley Garn, “The Newer Physical Anthropology”, en American Anthropologist, vol. 64, núm. 5, 1962, pp. 917-918. []
  4. Raúl Murguía, “Diferenciación social de la proporcionalidad corporal”, 1981; Federico Dickinson y Raúl Murguía, “Consideraciones en torno al objeto de estudio de la antropología física”, en Estudios de Antropología Biológica, vol. I, 1982, pp. 51-64; Federico Dickinson, “Una discusión teórico-metodológica en antropología física. Elaboración de los lineamientos de una epigenética política”, 1983. []
  5. Carlos Marx, “Prólogo” a Contribución a la crítica de la economía política, 1978[1859]. []
  6. Raúl Murguía, op. cit., 1981; Alfonso Sandoval, “Estructura corporal y diferenciación social. Un estudio de adultos jóvenes de la ciudad de México”, 1983; Raúl Murguía, Federico Dickinson, Dolores Cervera y Guillermo Alonso, “Una realidad social: dos perspectivas teóricas de interés en la metodología de la investigación”, en Estudios de Antropología Biológica, vol. II, 1984, pp. 47-60; Josefina Ramírez, “Desgaste físico de la fuerza de trabajo y vida cotidiana de un grupo obrero: los mineros de Pachuca y Real del Monte”, en Avances de Antropología Física I, 1985, pp. 81-92. []
  7. Alonso Sandoval, “Hacia una historia genealógica de la antropología física”, en Estudios de Antropología Biológica, vol. I, 1982, pp. 25-50; del mismo autor, “Consideraciones sobre la pretendida articulación de lo biológico y lo social en antropología física”, en Estudios de Antropología Biológica, vol. II, 1984, pp. 15-26. []
  8. Raúl Murguía, op. cit., 1981; Federico Dickinson y Raúl Murguía, op. cit.; Federico Dickinson, op. cit. []
  9. Josefina Ramírez, “El cuerpo productivo. Una visión histórica”, en Estudios de Antropología Biológica, 1987, pp. 499-515. []
  10. Josefina Ramírez, op. cit., 1985, vol. I, pp. 81-92. []
  11. Josefina Ramírez, op. cit., 1991. []
  12. Federico Dickinson y Raúl Murguía, op. cit. []
  13. Sólo tuvo vigencia entre 1980 y 1984, de tal manera que el objeto de estudio y la perspectiva del materialismo histórico se quedó en pausa, fundamentalmente porque los principales proponentes se fueron del gremio y no hubo más interés en rediscutir los postulados del área, aunque ello no quiere decir que no hubiera interés, por parte de algunos académicos, por continuar madurando la propuesta. []
  14. Josefina Ramírez, “Nuevos retos en el estudio de la enfermedad”, en Estudios de Antropología Biológica, vol. XIII, 2007, pp. 863-883; de la misma autora, “Internadas de Chalco. Los efectos del poder en el cuerpo”, en Diario de Campo, núm. 94, septiembre-octubre 2007, pp. 34-41; también, “El reto de pensar la perspectiva cualitativa aplicada en antropología física”, en Estudios de Antropología Biológica, vol. XIV, 2009. []
  15. Circuito que por cierto no puede pensarse en un ordenamiento particular, sino dependiendo de las circunstancias y del momento histórico. []
  16. Esta es una de las razones por las que la propuesta biosocial, con sus revolucionarios planteamientos, no tuvo una tendencia generalizada en el gremio, aunque ello no quiere decir que, de manera individual y discontinua si se quiere, algunos académicos no nos hayamos dado a la tarea de madurar las propuestas y ponerlas a prueba. []
  17. Tales condiciones se representaban sin cambios importantes hasta la fecha, ya que la esperanza de vida sigue siendo inferior al resto de la población; hay altas tasas de desnutrición crónica; predominio de enfermedades infecciosas (infecciones intestinales, influenza, neumonía, tuberculosis pulmonar); mortalidad general, infantil, pre-escolar, escolar y materna superior a la de la población nacional. Lamentablemente aún hoy día el estudio de los grupos indígenas no se ha conformado como una importante tendencia de análisis en la disciplina. Por ello y por las condiciones de vulnerabilidad, es preciso impulsar su estudio. []
  18. Estos elementos que consideramos aportes, no necesariamente se constituyeron en tendencias analíticas consolidadas, no obstante, son importantes dado que forman parte germinal de las propuestas que estamos poniendo en marcha en la profesionalización de una nueva manera de abordar la antropología física. []
  19. En otros trabajos (Josefina Ramírez, “El trabajo etnográfico, un olvido de la antropología física”, en Estudios de Antropología Biológica, vol. X, 2001, pp. 635-653; Josefina Ramírez, op. cit., 2007) ya he abordado la idea de antropologización de la disciplina con una miraba básicamente metodológica; no obstante, es necesario reconocer la importancia de la formación de los alumnos con conocimientos sólidos en teoría antropológica y en teoría social. Lo importante de esta advertencia es que precisamente hoy en día en el posgrado de antropología física de la ENAH estamos atendiendo ese importante asunto. []
  20. Josefina Ramírez, op. cit., 2001 y 2009. []
  21. Josefina Ramírez, “El estudio de la salud, enfermedad y su atención en la globalización”, en Diario de Campo, Suplemento núm. 16, enero-febrero de 2002, pp. 8-11. []
  22. Josefina Ramírez, “El estrés como metáfora. Apuntes y resultados de un estudio antropológico con un grupo de operadoras telefónicas”, en Diario de Campo, núm. 4, 2006, en línea [http://www.antropologia.inah.gob.mx/pdf/pdf_diario/julio_06/ritos_4_06.pdf]; también, El estrés como metáfora. Estudio antropológico con un grupo de operadoras telefónicas, 2010. []
  23. Josefina Ramírez, op. cit., 2007. []
  24. Esta investigación que dirijo actualmente está financiada por el INAH con un enorme apoyo de la ENAH. []

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