Inventario Antropológico, Anuario de la revista, Alteridades, México, UAM-Iztapalapa, vol. 4, 1998.

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DA151001En los últimos años, la investigación antropológica ha experimentado en México un notable crecimiento. Año tras año se publican numerosos artículos, libros y revistas concernientes a las distintas disciplinas antropológicas y se realiza una cantidad igualmente notable de eventos académicos al respecto, en los que se debaten los problemas más actuales. Esta actividad genera un abrumador cúmulo de información de complicado seguimiento. Si bien las bibliotecas y centros de información y documentación de instituciones docentes y de investigación cubren una parte considerable de la demanda de servicio que plantea la comunidad académica, los seculares problemas administrativos y de carácter presupuestal con los que operan estas instituciones, obliga a los usuarios potenciales a buscar otras fuentes de información y consulta actualizados, completos o, en su defecto, expeditos.

Recientemente se ha visto como una alternativa a esta demanda informativa, el acceso a bancos de datos y catálogos o índices digitalizados a través de Internet y medios análogos, los cuales, en efecto, en ocasiones proveen de información actualizada en el campo de la producción antropológica, sin embargo, por tratarse en su mayoría de fuentes que atienden una demanda internacional de muy amplio espectro y dimensión, éstas en contadas ocasiones se ocupan de compilar lo más relevante de la producción nacional. Con el propósito de cubrir este vacío informativo, que es una constante entre la comunidad académica interesada, por iniciativa del consejo editorial de la revista Alteridades fue creado el anuario Inventario Antropológico, cuyo objetivo principal consiste en “ser un importante mecanismo de comunicación e información para la comunidad antropológica mexicana y, al mismo tiempo, ofrecer a colegas en otros países y a especialistas de otras disciplinas científicas un panorama de la antropología que se está produciendo actualmente en México”.

En su más reciente entrega, Inventario Antropológico refrenda los objetivos que le dieron vida hace cuatro años, cuando apareció su primer número, al compilar y poner al alcance de la comunidad académica información actualizada relativa a la producción nacional reciente en el campo de las disciplinas antropológicas; con esta estimable labor, la publicación tiende a confirmarse como el más oportuno y completo instrumento de divulgación en su clase.

En esta oportunidad, como en sus números anteriores, acompañado de una presentación por parte de sus editores, el anuario presenta la información compilada dividida en varias secciones según la naturaleza de la misma. En la primera sección, denominada “Artículos de revisión”, se incluyen colaboraciones en las que se somete a revisión bibliográfica distintos temas del quehacer antropológico mexicano, entre las que se encuentran: “Religión entre los zoques: una revisión de los estudios y perspectivas antropológica”, de Miguel Lisbona Guillén; “Los estudios antropológicos (1970-1985) sobre los movimientos indígenas en México: una revisión bibliográfica”, de Laura R. Valladares, y “Bibliografía de la Sierra de Zongolica: principales trabajos y temas de la investigación antropológica”, de María Teresa Rodríguez.

El trabajo de Laura R. Valladares de la Cruz, por ejemplo, reconstruye la ruta inicial que tomaron los estudios antropológicos mexicanos a partir de la década de los setenta, en el análisis y debate empírico y conceptual relativo a los movimientos de resistencia indígenas. Somete a crítica, sobre todo, a las distintas corrientes de interpretación con las que en su momento se abordó el problema y evalúa las aportaciones de sus escudriñadores iniciadores. Visto en perspectiva, y como bien apunta la autora en sus conclusiones, el debate sobre la integración nacional de las etnias o comunidades indígenas ha evolucionado de una áspera discusión inicial entre analistas etnicistas y marxistas sobre el modelo conceptual de abordar el tema -discusión de la que, como sabemos, no han estado ausentes estridencias dogmáticas y posturas ambivalentes-, hacia un reconocimiento generalizado por abordar la cuestión indígena como parte de la agenda nacional y por ello inserta en la lucha de reivindicaciones sociales y económicas en las que lo indígena es parte de la problemática social. Una de las primeras lecciones que se derivan de la revisión que realiza Laura R. Valladares es el percatarse de que si en las discusiones iniciales sobre lo indígena y las propuestas formuladas para su solución se hubiese considerado en primera instancia el elemento irreductible de la tradición histórica, tanto nacional como indígena, muchas diferencias que tendieron a desviar o a empantanar posibles consensos habrían sido superadas.

A continuación, las secciones “Reseñas de obras” y “Reuniones, eventos, seminarios y proyectos” se encargan de informar y ofrecer puntos de vista autorales acerca de lo más reciente en publicaciones y eventos académicos. En la primera de ellas encontramos catorce reseñas de libros y dos más dedicadas a la revista Nueva Antropología. En la selección de los libros reseñados se nota un indudable esfuerzo por ofrecer un amplio y diverso espectro de lo producido en las distintas especialidades de las disciplinas antropológicas. Las reseñas por sí mismas, en cambio, presentan una calidad bastante dispareja que, a nuestro juicio, tiene que ver principalmente con dos aspectos: por un lado, el tradicional descuido en el que los editores del área académica han tenido el trabajo reseñístico, el cual al ser considerado una actividad de menor rango, no cuenta con criterios uniformes de formato o presentación y por lo tanto de calidad: “una arena en la cual entrenarse para las grandes lides académica”, como las concibió hacia mediados del siglo pasado el historiador norteamericano William H. Prescott. Así, una reseña bibliográfica no requiere normalmente de aparato crítico para su elaboración y puede ser de extensión muy variable. De tal forma no extraña, por otro lado, que esta situación se refleje a su vez en el mínimo valor curricular que se les asigna a las reseñas en los sistemas de evaluación académica. Sin embargo, hoy día gana terreno la tendencia a dividir las reseñas en dos tipos, independientemente del producto reseñado: críticas y de contenido. Las primeras señalan las virtudes, cualidades, innovaciones, defectos u omisiones de un trabajo, en forma debidamente argumentada y acompañada de reducido aparato crítico, con extensión mínima de ocho cuartillas y máxima de quince. Las segundas se limitan a exponer contenidos, con seis u ocho cuartillas de extensión. Es probable que si los editores que insertan reseñas con regularidad en las publicaciones académicas bajo su responsabilidad coinciden con este criterio, entonces las reseñas tiendan a convertirse en un mecanismo más de aportación académica.

La sección “Reuniones, eventos, seminarios y proyectos” se divide en dos partes; en la primera se comentan desde reuniones dirigidas a pequeños grupos de especialistas, hasta eventos de amplia difusión editorial y museográfica. Ciertamente la historia, la antropología y la arqueología siempre han tenido en el trabajo editorial y museográfico sus mejores instrumentos de difusión. El gran acierto de incluir en esta sección los eventos relacionados con las actividades mencionadas, seguramente incrementará el interés que los académicos han mostrado en los últimos años por las mismas, participando en la creación de nuevos lenguajes, formas y técnicas para hacer llegar a un amplio público el conocimiento generado. La única duda que surge es ¿qué sucede en otros medios como radio o televisión? En la segunda parte de esta sección se incluyen notas referentes a seminarios, programas y proyectos de investigación.

Enseguida encontramos una sección dedicada a la actividad docente o formativa en la que se da cuenta pormenorizada de varios programas de especialización académica. En este rubro llama la atención el documento que presentan Carlos Vázquez Olvera y Martha Durón de Benito titulado “Una revisión a la enseñanza de la museología y la museografía en la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía Manuel Castillo Negrete”. La museografía mexicana cuenta con reconocido prestigio en el ámbito internacional, prestigio que sin duda trascendió por vez primera las fronteras nacionales cuando en 1964 se inauguró el Museo Nacional de Antropología e Historia. El razonable equilibrio logrado en aquella ocasión entre proyecto arquitectónico, guión temático y proyecto museográfico permitieron la creación de un museo de carácter integral -recuérdese el recinto para instalar la Biblioteca Nacional de Antropología y el correspondiente para la Escuela Nacional de Antropología- que en su momento causó asombro.

La oportuna combinación de elementos que se dieron en el proyecto del Museo de Antropología obedeció a la presencia de varios hechos reales. En el campo de la museografía cabe destacar el empuje que esta disciplina había tenido desde los años cuarenta bajo el entusiasmo de Miguel Covarrubias y que desembocó una década después en la apertura de la carrera de museografía en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Muchos de sus maestros y egresados se incorporarían después al proyecto del museo enriqueciendo notablemente con su trabajo un aspecto de gran trascendencia. Al considerar este hecho resulta innegable que con la creación del Museo de Antropología surgió una tradición museográfica mexicana que ha estado en constante evolución hasta la fecha presente. Los breves pero ilustrativos antecedentes históricos que proporcionan los autores del presente ensayo confirman esta noción.

A más de 30 años de la inauguración del Museo de Antropología y a la luz de nueva información en todos los órdenes, diversos especialistas consideran pertinente hacer una revisión conceptual, tanto de sus contenidos históricos y didácticos, como de su planteamiento museográfico. La tarea evidentemente no es nada sencilla, en el ensayo se corre el riesgo de cometer errores como el lamentable desmantelamiento del Museo de Historia Natural, más conocido como “Museo del Chopo”.

Al igual que en sus números anteriores, en el presente, el anuario ofrece un útil listado de los grados de licenciatura, maestría y doctorado, otorgados en el campo de las disciplinas antropológicas por las instituciones nacionales en las que éstas se imparten. La información revela la actividad existente en cada una de las instituciones enlistadas, así como el perfil de los temas más favorecidos por los tesistas de los diferentes niveles. En este sentido llama la atención que el número de titulados sea mayor en aquellas instituciones en las que los aspirantes, al menos para los correspondientes al grado de licenciatura, tengan la alternativa de presentar una opción terminal distinta a la tesis. Esta situación desigual ha generado una necesaria discusión acerca de la paridad de parámetros de evaluación a académica que deben existir en los distintos planteles en donde se imparten le carreras de contenidos afines, con el propósito de que sus egresados ingresen al mercado de trabajo en igualdad de condiciones. Obviamente en esta rápida apreciación sólo se toma en cuenta lo que muestra la información del listado de grados, una apreciación más exacta tendría que considerar una serie de factores más estrechamente vinculados a elementos tales como la estructura académica y funcionamiento de cada plantel, así como su funcionamiento administrativo y otros.

Los dos últimos apartados corresponden al listado de la producción bibliográfica correspondientes a 1997. En el primero se incluyen los contenidos de diferentes revistas especializadas, de divulgación y estudiantiles, anuarios, boletines así como catálogos de exposiciones. En el segundo se da cuenta de las publicaciones antropológicas recientes.

El cumplimiento de la periodicidad ha sido tradicionalmente uno de los principales problemas que han enfrentado las publicaciones periódicas especializadas del país. En los últimos años, sin embargo, los editores responsables se han ido convenciendo de que la seriedad de una revista no sólo estriba en la calidad de sus contenidos, sino también en el cumplimiento exacto de su aparición periódica, amén de su cuidada presentación e impresión. Si bien muchos factores no están siempre dentro de su área de decisión -como por ejemplo, la calidad o seriedad de la imprenta con la que se trabaja, o los tiempos que consumen los dictámenes de las colaboraciones propuestas estos obstáculos se han ido venciendo de manera paulatina.

Finalmente, el número viene acompañado de un apéndice en el que se proporciona un directorio de instituciones antropológicas. Cabe resaltar que el formato de Inventario Antropológico es de media carta y aun así alcanza un total de 543 páginas, volumen que expresa la cantidad de información generada en el área de su interés. En caso de incrementarse la información originada por las disciplinas antropológicas en los próximos años, como señalan los indicadores, el anuario se verá en la necesidad de reestructurar su presentación, y quizá no pase mucho tiempo en que se edite en formato de disco compacto.

Autor: Arturo Soberón Mora, Dirección de Estudios Históricos-INAH.

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