El culto de los cerros en la provincia de Xilotepec-Chiapan

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En este trabajo pretendemos abordar la cuestión del culto indígena de los cerros en la porción sur de la antigua provincia de Xilotepec.1 Cronológicamente en la parte final de la época prehispánica y a la vez correlacionar esa información con la obtenida en el registro de algunas fiestas actuales en honor a la Santa Cruz.

En el ámbito prehispánico la religión estuvo profusamente ligada a la naturaleza y en ese sentido determinadas cumbres alcanzaron el rango de lugares sagrados. De acuerdo con la cosmovisión indígena2 en los cerros habitaban los tlaloques o pequeños ayudantes de Tláloc, ahí se generaban las nubes y las lluvias, lo mismo que los ríos; además, se les consideraba como una especie de recipiente que almacenaba agua en su interior y solían ser referentes del horizonte visual, así como puntos o marcadores del curso anual del sol, es decir, el calendario (cf. Broda, 1971; 1982; 1989 y 1991).

Ocupación prehispánica en algunos cerros

Los reconocimientos de superficie llevados a cabo dentro del proyecto La Provincia de Jilotepec,3 han permitido determinar que los asentamientos prehispánicos de la región se localizan principalmente en tres enclaves ecológicos, a saber:

1. La sierra. Conformada por las estribaciones de la serranía de Monte Bajo, con macizos que sobrepasan los 3000 msnm. En este caso la cubierta vegetal se caracteriza por bosques mixtos de encinos-pinos.

2. Las barrancas. Situadas entre los 2 200 y 2 400 msnm, corresponden a una serie de cañadas formadas a partir de los escurrimientos de las montañas; su rumbo general es hacia el oriente y desaguan en la presa de Taxhimay.4

3. Los valles intermontanos. Son terrenos con una topografía más o menos llana; se distribuyen entre macizos montañosos y suelen presentar algunas elevaciones aisladas. Su altura fluctúa entre los 2 400 y 2 600 msnm y en este tipo de enclaves es común la presencia de espejos de agua (Sánchez, 1995).

En relación a los sitios arqueológicos localizados en las cimas más notables, hasta el momento han sido registrados los siguientes: el observatorio y Chapa el Viejo en el municipio de Chapa de Mota; Canalejas y los Ídolos en los municipios de Jilotepec y Soyaniquilpan, respectivamente. Además, diferentes informantes han señalado la presencia de otros asentamientos en la serranía de Jilotepec, así como en los cerros de Benú, El Caballero, Las Palomas, Buenavista y Los Baños en Chapa de Mota.

El Observatorio.5

En la parte superior del cerro de Las Ánimas, que constituye una de las mayores elevaciones de la Sierra de las Cruces con 3100 msnm, se localiza el sitio número 003 registrado por el proyecto Atlas Arqueológico Nacional (Moguel y Martínez, 1988).

El asentamiento está emplazado en la porción sureste y se conforma por dos montículos de medianas dimensiones, erigidos con rocas amorfas ígneas cementadas con tierra y piedras pequeñas. Asimismo, se tienen los restos de lo que al parecer fue una escalinata construida con bloques de basalto.

Por otro lado, cabe mencionar la presencia de peñas en la cara sur del cerro, las que pudieron haber tenido una participación importante en la determinación de la ocupación prehispánica del lugar. A la vez, debe subrayarse la posición estratégica de esta prominencia natural, pues desde su parte meridional se obtiene un excelente dominio visual del paisaje, distinguiéndose en días despejados lugares lejanos como la Sierra Nevada y el Ajusco, además su eje oeste-este está alineado con el cerro Jorobas de Huehuetoca.

En superficie no detectamos materiales culturales, empero el guardabosques conserva algunas piezas del sitio como vasijas Tláloc miniatura6 y navajillas de obsidiana. Este tipo cerámico ha sido reportado en otras elevaciones naturales del centro de México: cerro de La Malinche (García Mol, 1968); cerro del Caballete, en Huizquilucan (Garibay, 1957); Los Volcanes (Müller, 1978); Cerro Gordo, Teotihuacan (Müller, op. cit.); Cerro de San Miguel, Sierra de las Cruces (Weitlaner, comunicación verbal a Müller en 1942; en Müller, 1978); San Bernabé, Cerro del Judío (Francisco Rivas, comunicación personal, 1997), así como en el Valle del Mezquital (Fernando López, comunicación personal, 1997).

De manera particular para la región de Jilotepec, Müller (1948) reportó en los años cuarenta cerámica similar en el santuario de Canalejas. Cronológicamente esta alfarería se ubica en el Posclásico temprano, es decir, se asocia a la época Tolteca (Müller, 1978).

Chapa el Viejo

Dentro de la misma cordillera de la que forma parte el cerro de Las Ánimas, se localiza Chapa el Viejo,7 a 2.3 Km en línea recta al suroeste del Observatorio y a una altura de 3080 msnm. En este caso el asentamiento prehispánico es más extenso que el anterior y las estructuras exhiben un mejor tratamiento, lo que indica una mayor cantidad de fuerza de trabajo invertida en su construcción.

Hasta el momento hemos determinado que el sitio se compone de tres conjuntos arquitectónicos enclavados en pleno bosque. El primero se ubica en la parte más alta del cerro y está integrado por una gran plataforma de nivelación -con paramentos cuyas alturas oscilan entre los 3 y 6 m -orientada de este a oeste.

De la plataforma desplantan tres montículos; el primero se localiza en el extremo oriente y apenas rebasa el metro de altura; a corta distancia, con rumbo oeste, se erige el segundo, con 2 m de altura y 8 por 8 m de base; el tercer montículo es el de mayores dimensiones, con 5 m de altura y 20 por 20 m en planta. El sistema constructivo consiste en rocas basálticas unidas con tierra, algunas de ellas fueron faceteadas.

El conjunto dos se ubica a 200 m al oeste del anterior -sobre la misma cota de nivel-, se distingue por la presencia de un montículo de 4 m de altura por 12 de diámetro y tiene el mismo sistema de construcción antes descrito. A unos 30 m al oriente se encuentra una pequeña estructura de 4 por 3 m de base por un metro de altura, a la par, en el sector sur detectamos un pequeño muro con rumbo este-oeste.

El conjunto tres se sitúa al noreste del primero, aproximadamente a 500 m y a unos 30 m por debajo de la cumbre de la montaña. Ambos grupos se conectan por una vereda que en algunos tramos exhibe un empedrado delimitado por muretes en sus lados y que posiblemente sea de origen prehispánico. Aquí el elemento principal es una plataforma escalonada de tres cuerpos y orientada de norte a sur. A corta distancia se encuentra una estructura muy destruida -rumbo hacia el sur- de aproximadamente 4 m de altura y orientada de NE a SW.

En relación con los materiales culturales debemos señalar que las mismas condiciones ecológicas del bosque producen una constante descomposición y acumulación de hojas, formando una gruesa capa de humus que dificulta la localización de cerámica y lítica, no obstante fue posible recolectar algunos de esos materiales.8

En resumen, los materiales culturales indican la presencia de cerámica Azteca III y Texcoco, o sea se sitúan en el Posclásico tardío correlacionándose con algunos de los tipos identificados por Müller (1948) para esta área. Otra característica del sitio es la presencia de una cruz erigida sobre una pequeña ermita, la cual es venerada el 8 de mayo como veremos más adelante.

Canalejas

Hacia el noreste del actual pueblo de Canalejas se localiza el cerro Xhindenxhi, que en otomí significa “cebollita”, y que en su parte superior alberga un santuario católico. La construcción inició en 1897 y concluyó en 1942 (Huitrón, 1986), la obra es totalmente de cantera y de estilo arquitectónico ecléctico.

En el santuario se venera la imagen guadalupana de la virgen de la Piedrita, pintada sobre una roca ígnea. La información bibliográfica indica que este lugar de culto católico fue también un sitio arqueológico con cerámica tipo Los Volcanes, lápidas con representaciones de Tláloc y una cueva acondicionada, que se ubica en el sur del cerro (cf. Anónimo, s.f.; Müller, 1948).

En relación con este sitio Müller (op. cit.:52) apuntó:

Al visitar el cerro de Canalejas, se encontró una gran plataforma artificial en la cima, sobre la cual se ha edificado una iglesia. En la parte posterior al derribar un árbol grande, se encontraron nueve piedras labradas con la cara de Tlaloca grabada sobre una cara. Debajo se descubrieron sesenta y cinco vasijas pequeñas de la cerámica de los “Volcanes”, jarritas con cara de Tláloc, con decoración al pastillaje, ranuras y abultamientos. Hoy día en el Valle de Toluca y lugares vecinos existen restos de este culto, aún cuando se usan unas vasijas pequeñas de forma humana o de animal, que se fabrican en Metepec, y que se llaman “Huehues”.

En los recorridos de superficie realizados por el proyecto Jilotepec no se detectaron evidencias arqueológicas en el lugar y ello se explica por el hecho de que la construcción católica debió haber alterado y destruido contextos prehispánicos. Empero llama la atención que algunos lugareños conservan piezas arqueológicas, como es el caso del profesor Agustín Lugo, cuya colección está conformada por varios fragmentos de vasijas Tláloc, malacates lisos e incisos e instrumentos de obsidiana; es necesario aclarar que los materiales proceden del ojo de agua localizado en el poblado de Canalejas, el mismo coleccionista indicó que en el santuario del cerro se han encontrado piezas arqueológicas y que anteriormente había ahí unas esculturas de tepetate.

Al hacer referencia a los grupos otomíes de la región, el citado informante nos comentó que “Tenían la costumbre de no construir, vivían en el cerro, eran cazadores de conejos. Sus casas eran de zacatón con madera y en ocasiones dormían en zanjas” (Agustín Lugo, comunicación personal, 1996).

Los Ídolos

El cerro de San Agustín, conocido localmente como Los Ídolos, se encuentra a 2 Km al noreste del poblado de San Francisco Soyaniquilpan y su altura es de 2 650 msnm. En el extremo sureste de la cúspide destacan tres afloramientos de rocas basálticas alineadas con un rumbo poniente-oriente y en la segunda de esas formaciones los lugareños han extraído “ídolos”.

En el reconocimiento de superficie practicado en esa sección localizamos bajo las rocas del afloramiento central algunos fragmentos de cerámica monócroma alisada, correlacionada con las llamadas vasijas Tláloc.

La fiesta de la Santa Cruz

Como vimos anteriormente, la región presenta evidencias claras del culto prehispánico de los cerros, a continuación nos ocuparemos de la fiesta actual de la Santa Cruz en el área de Xilotepec-Chiapan.

Dentro del ciclo anual de fiestas relacionadas con el culto a Tláloc y a los cerros, Broda (1982) ha distinguido tres aspectos:

1. Durante la época seca del año se sacrificaban niños con el fin de conjurar las lluvias (I Atlacahualco y IV Huey Tozoztli).

2. En la temporada de lluvias, que principiaba en el mes indígena de VI Etzalcualiztli, los sacerdotes de Tláloc efectuaban ritos para garantizar el desenlace vigoroso de las lluvias.

3. La transición entre las lluvias (xopan) y secas (tonalco), coincidía con la cosecha del maíz, había dos ceremonias importantes dedicadas al culto de los cerros: en octubre (XIII Tepeilhuitl) y en diciembre (XVI Atemoztli).

Actualmente la fiesta de la Santa Cruz ese encuentra difundida en México y en ella están inmersos aspectos rituales prehispánicos con fuerte interacción de elementos del catolicismo popular. Por ejemplo, en Citlala, Guerrero, las manifestaciones religiosas en honor a la Santa Cruz inician el 24 de abril y concluyen el 2 de mayo con una ceremonia, donde participa toda la comunidad, en el cerro Cruztenco (Olivera, 1979). En la misma región de la montaña está Petlacala, ahí se ha registrado una importante ceremonia de petición de lluvias llevada a cabo en diferentes espacios liminales9 entre el 1 y el 3 de junio (Villela, 1994).

En el centro de México encontramos la región otomí de Huixquilucan, Estado de México; Garibay (op. cit.) comenta que en el cerro de La Capilla -que se levanta a una altura superior a los 3 000 msnnm- se venera el 3 de mayo una cruz de madera llamada localmente makata. El día de la celebración:

[la cruz] Es llevada en procesión por una gran parte del valle, y antes era paseada por todos los viejos adoratorios de las montañas circundantes. Al llegar a la capilla se le hace su función de acuerdo con las leyes litúrgicas y se le presentan las ofrendas de la totalidad de los indios de la región y de muchas de regiones extrañas, casi exclusivamente otomíes o de filiación otomiana, que en el caso son los mazahuas de Ixtlahuaca y pueblos de su demarcación que suelen venir y, según mis noticias, venías antes en mayor número. En esta fiesta hay danzas religiosas, venidas de varias regiones y una gran concurrencia que en alguno de los últimos años calculé en unos cinco mil indios, todos otomíes (idem: 14).

En la región de Ixtlahuaca, vecina occidental de la provincia de Jilotepec, en el cerro de la Cruz, Tepexpan, se erige en su parte superior una construcción católica de finales del siglo pasado, que constituye un importante santuario regional. Ahí, el 3 de mayo y el 15 de octubre se congregan grupos mazahuas y otomíes para venerar a la Santa Cruz (Sánchez Alaniz, notas de campo, 1992 y 1996).

La fiesta de la Santa Cruz en Chapa de Mota

En el municipio de Chapa de Mota, los días 7 y 8 de mayo se lleva a cabo una celebración religiosa relacionado de la Santa Cruz y de san Miguel Arcángel. El último domingo de abril es bajada la cruz de madera situada en la cumbre del cerro de Chapa el Viejo, la cual retorna a su sitio original el 8 de mayo.

En el poblado de Tenjay y la cruz permanece en la casa del mayordomo, el 7 de mayo es exhibida en la iglesia de la comunidad y acompañada de un baile denominado “Danzadores de San Miguel”. En esta danza participa un nutrido grupo de infantes cuyas edades fluctúan entre los cinco y catorce años, que ataviados con capas rojas y penachos de plumas de avestruz forman dos hileras paralelas dispuestas por parejas que sostienen un arco de papeles multicolores, en tanto cuatro músicos -tambor, guitarra y dos violines- acompañan el ritual.10 A las 18 horas se hace una procesión para trasladar la cruz a la iglesia de la cabecera junto con la imagen del arcángel san Miguel.11

El 8 de mayo por la mañana se realiza una misa en honor a la cruz y después una procesión para subirla al cerro de Chapa el Viejo. Un grupo de niños forma una cadena de papeles multicolores que acompañan a la cruz en todo su trayecto. Los cargadores son dos personas adultas que sostienen todo el tiempo la cruza en posición horizontal, asimismo tres músicos acompañan el ritual y un adulto se encarga de los rezos y oraciones a “la Santa Cruz de la montaña”.

Sólo hacen cuatro las paradas: la primera es en la capilla de Benú ubicada al suroeste del centro de la cabecera; la segunda en un oratorio situado en Xhoñe, donde se resguarda una pequeña imagen de san Miguel, el símbolo cristiano se introduce al inmueble y al salir se le arrojan flores silvestres y se disparan cohetes. En la parte media del cerro de Chapa el Viejo, hacia la ladera oeste, se efectúa brevemente la tercera parada y la última tiene lugar en el paraje del conjunto tres del sitio arqueológico.

Finalmente, a las 13 horas la cruz arriba a una pequeña ermita donde permanecerá todo el año. En este sitio aguardan algunas personas la llegada de la procesión y antes de que sea colocada la cruz se reza un rosario. En este lugar se venden alimentos, dulces, cervezas y otras bebidas; las personas que asisten comúnmente suelen llevar comida, y el convivio se realiza en grupos de familias nucleares y algunas más numerosas. Al atardecer las personas descienden a sus comunidades en grupos reducidos.

Por otro lado, el 28 de septiembre por la noche se realiza la fiesta patronal en San Miguel Chapa de Mota, la cual tiene un carácter más occidental, cuenta con una amplia participación social.

Ese día a las 21 horas se oficia misa y, al concluir, las imágenes de san Miguel y san Rafael se llevan a la calle, acompañadas de música y cohetes; en el centro del pueblo se encuentran con las imágenes de san Miguel de Xhoñe y la virgen de La Esperanza, se reverencian y posteriormente todos los santos ingresan a la iglesia. Al otro día por la mañana se efectúan primeras comuniones y bautizos.

Discusión

La información presentada se encuentra aún en proceso, por tanto los resultados tienen un carácter preliminar. No obstante, podemos adelantar algunas consideraciones generales.

1. Al parecer en Mesoamérica una práctica común en las diversas sociedades que la conformaron fue el culto de los cerros, lo que resulta coherente con la cosmovisión prehispánica. Así, las montañas fueron sacralizadas debido a que en ellas se producían los truenos, las nubes y las lluvias, además de constituir el hábitat de los tlaloques.

Las lluvias poseían un carácter dual puesto que podrían ser benéficas o nocivas al hombre. El equilibrio de éstas hacía posible la fertilización y desarrollo de las plantas indispensables para la manutención de los hombres. En reciprocidad, el género humano tenía la obligación de agradecer estos favores a los dioses por medio de ofrendas y ceremonias practicadas en diferentes épocas del año.

2. En la región de la antigua provincia de Xilotepec-Chiapan se han localizado, en algunas de las cimas prominentes, evidencias de ocupación prehispánica. Se puede establecer una distinción en lo que respecta a ese tipo de manifestaciones culturales. De tal forma, Chapa el Viejo constituye un asentamiento extenso y complejo, en tanto que otros como el Observatorio ofrecen un carácter elemental en lo relativo a construcciones arquitectónicas. En el cerro de Los Ídolos la información indica que el sitio constituyó un espacio liminal donde se depositaban ofrendas bajo las peñas. Canalejas, al parecer, fue un enclave importante con restos arquitectónicos y ofrendas ceremoniales.

3. La información cerámica indica que los sitios enclavados en los cerros se ubican en el Posclásico, tanto temprano como tardío.

4. En el aspecto de la distribución espacial, los sitios de Chapa el Viejo, el Observatorio y Los Ídolos se emplazan en el sector oriental o sureste, que concuerda con los datos de los adoratorios prehispánicos localizados en el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl (Iwanizawski, 1986). Al respecto, cabe señalar que dentro de la cosmovisión prehispánica del centro de México dicho punto cardinal se asociaba con el tlalocan.

5. En la región de estudio las evidencias de ofrendas a los dioses del agua no se limitan exclusivamente a los cerros, pues por ejemplo manantiales como los de Canalejas y San Francisco Soyaniquilpan han proporcionado vasijas Tláloc.

6. El ritual relacionado con la cruz y el arcángel san Miguel, efectuado en Chapa de Mota el 8 de mayo y el 28 y 29 de septiembre, indica un referente con el ciclo agrícola cuyo génesis debe buscarse en la época prehispánica. Así, la primera de esas fiestas marca el inicio de la temporada de lluvias y pudiera estar correlacionada con la fiesta mexica de Huey Tozoztli. La segunda se sitúa en la época de transición de lluvias-secas relacionada con la cosecha de cultivos como el maíz; su contraparte prehispánica pudiera corresponder con la fiesta de Tepeilhuitl.

7. Es en la ceremonia del 8 de mayo de Chapa de Mota que encontramos un mayor número de elementos de comparación con la fiesta prehispánica de Huey Tozoztli; donde los mexica solían subir en procesión al cerro Tláloc y ofrecían niños y comida en el adoratorio de esa deidad (cf. Durán, 1995). En nuestros días, la población sube en procesión a un espacio ritual que al mismo tiempo se localiza dentro de un sitio arqueológico; además, dentro de esta celebración los niños asumen un papel destacado.

Bibliografía

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Villela, Samuel, “Pidiendo vida: petición de lluvias en Petlacala, Guerrero”, en Antropología, Boletín Oficial del INAH, núm. 41, 1994, pp. 38-48.

Autor: José Ignacio Sánchez Alaniz, Dirección de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos, INAH.

  1. En la época prehispánica la región de Xilotepec-Chiapan fue uno de los principales enclaves otomíes, además de constituir una de las provincias septentrionales de la Triple Alianza. Geográficamente se ubica hacia el Suroeste de Hidalgo, noroeste del Estado de México y el sur de Querétaro. Dentro del amplio territorio ocupado por esta provincia nos hemos circunscrito a la porción meridional, o sea al municipio de Chapa de Mota y en menor grado a los de Jilotepec y Soyaniquilpan. []
  2. Seguimos aquí el concepto de cosmovisión propuesto por Broda (1991: 462), quien señala: “Por cosmovisión entendemos la visión estructurada en la cual los antiguos mesoamericanos combinaban de manera coherente sus nociones sobre el medio ambiente en que vivían, y sobre el comos en que situaban la vida del hombre…” []
  3. Este proyecto, coordinado por la doctora Rosa Brambila, dio inicio a finales de 1994 con el apoyo financiero del Conacyt. []
  4. La presa de Taxhimay se encuentra en los límites de los estados de México e Hidalgo, en el municipio de Villa del Carbón, y sus aguas son aprovechadas básicamente por los habitantes de la Región de Tepeji del Río. []
  5. El sitio lleva ese nombre debido a que en la cumbre del cerro se encuentra un observatorio construido por la Sociedad Mexicana de Astronomía en la década de los años setenta. []
  6. De acuerdo con Müller (1978) esta cerámica es alisada y pulida, con cuello tubular y con efigie de Tlaloc como elemento decorativo. Por otra parte, Fernando López (comunicación personal, 1997) me informó que el análisis físico-químico al que fueron sometidas vasijas similares del Valle del Mezquital indicó que los restos de pintura observados en ellas son del tipo “azul maya”. []
  7. Este cerro constituye una de las múltiples elevaciones de la Sierra de las Cruces, misma que desde su arranque en la esquina suroccidental de la Cuenca de México -y siguiendo un rumbo S.E-NW- solamente se interrumpe justo en el macizo montañoso en el cual está integrado Chapa el Viejo. De este modo, la zona viene a ser una puerta o paso natural, que en un sentido este-oeste hace posible la conexión entre el norte de la Cuenca de México y la franja septentrional del Valle de Toluca. []
  8. La cerámica recuperada es monócroma: color rojo y café; bícroma pulida: negro sobre naranja y negro sobre rojo con diseños geométricos; negro sobre café obscuro con diseños consistentes en círculos; también se obtuvo un tiesto polícromo en color negro y naranja sobre rojo. Las formas corresponden a ollas, cajetes y comales y en lítica los escasos instrumentos recuperados consisten en lascas y navajillas de obsidiana verde y gris. []
  9. Se entiende por espacio liminal la confluencia entre los espacios sagrados y los profanos, donde se produce la gestión e intermediación entre los hombres y los seres sobrenaturales (Leach, citado pr Villela, 1994). []
  10. De manera paralela en el poblado de Benú otro grupo de infantes realiza el mismo tipo de danza en el exterior de la iglesia local. []
  11. En la parroquia de la cabecera municipal se guardan permanentemente en el altar dos esculturas en bulto de los arcángeles san Miguel y san Rafael. En la fiesta de la Santa Cruz estos santos son “prestados” a las iglesias de Tenjay y Benú, respectivamente, volviendo a su sitio original, en procesión el 7 de mayo por la tarde. []

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