René Acuña (ed.), Bocabulario de maya thant [;] Codex vindobonensis N. S. 3833 [;] facsímil y transcripción crítica anotada, México, D. F., Centro de Estudios Mayas, Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM (Fuentes para el estudio de la cultura maya, 10), 666 pp. + facsímil del manuscrito original que ocupa 204 páginas sin numeración propia.

Para citar este artículo

DA508001Este es el más reciente de una ya larga lista de documentos coloniales de suma importancia para el conocimiento de las lenguas y la historia del México colonial que ha salido de la péndola del insigne filólogo universitario René Acuña. Se trata de una edición del manuscrito también conocido como el “vocabulario de Viena”, puesto que el original se encuentra en la Biblioteca Nacional de Austria de esa ciudad, donde ha estado desde 1916. Un facsímil de este manuscrito se publicó en Austria en 1972 (Mengin, 1972), y una versión invertida maya-español fue publicada en 1978 (Heatch, 1978),1 pero ésta es la primera publicación que contiene, además del facsímil, una transcripción del mismo.2 La edición consta de una “Introducción” (pp. 13-36), la “Transcripción crítica anotada” (pp. 37-635), el “Facsímile” (204 páginas sin numeración propia entre las páginas 50 y 51), la “Bibliografía” (pp. 637-642), un “Glosario (pp. 643-662), y un “índice analítico” (pp. 663-666).

El Bocabulario de maya than es un vocabulario bilingüe español-maya yucateco de autor anónimo que ocupa 199 folios. Según los cálculos del editor, contiene alrededor de 14 000 entradas y unas 40 000 acepciones en maya (p. 16). La biblioteca donde reposa propone una fecha el Bocabulario en la segunda mitad del siglo XVII, opinión compartida por autoridades como Alfredo Barrera Vásquez y Emst Mengin (p. 23). En cambio, Ralph L. Roys lo consideró de las primeras décadas del siglo XVII (p. 23) y Eulalia Guzmán, investigadora de la SEP en los archivos europeos quien “descubrió” el manuscrito para los investigadores mexicanos, consideró que su caligrafía tiene características de escritura de fines del XVI o principios del XVII (Priego de Arjona, 1939, apud Barrera Vásquez et al., 1980, p. 23a). Acuña, basándose en las filigranas del papel -círculos coronados-, en los cambios en la ortografía del español de una más antigua que sirvió como base del orden alfabético originalmente riguroso, y en el desconocimiento tanto del español como del maya de parte de los amanuenses,3 cree que es una copia, hecha a finales del XVII o principios del XVIII, de otro manuscrito más antiguo, inclinándose por la fecha más reciente (pp. 18, 20). Acuña cree, sin embargo, que el prototipo fue compuesto en la segunda mitad del siglo XVI (p. 18) y que fue utilizado como fuente para otras obras de importancia para la lexicografía del maya colonial: el calepino maya de Motul (Ciudad Real, 1984),4 el diccionario español-maya de Motul (anónimo, s.f.) y el diccionario de San Francisco (Michelon, 1976). Esta fecha temprana, consistente con la conclusión de Heath de Zapata (1965), se basa en el orden de entradas (que, como ya se dijo, implica una ortografía original más arcaica), en la falta de referencias a artes y ejemplos ilustrativos que implicarían la existencia de una literatura eclesiástica ya desarrollada, en la riqueza de vocablos que se refieren a varios campos léxicos como, por ejemplo, las nociones de religión yucateca antigua, y en la morfología.5 Propone que se elaboró en Maní, puesto que ese centro importante de franciscanos se menciona once veces en el texto.

El facsímil, de letra menuda, es de calidad desigual pero nunca fácil de leer. Algunos planos son borrosos, otros más nítidos, unos claros, otros oscuros, algunos tienen buen nivel de contraste, otros no. Mucho más legible, en cambio, es el facsímil que publicó Mengin (1972), tanto por la calidad superior de la impresión (el de Acuña tiene los puntos muy abiertos, fácilmente visibles sin lupa) como por el hecho de haberse publicado en tamaño natural, puesto que en la edición de Acuña, se redujo 20%. La única ventaja que ofrece este nuevo facsímil es que incluye, además del manuscrito entero de Viena, la hoja 199 faltante, que Acuña descubrió en 1977 extraviada en la Colección Garrett de la Biblioteca Firestone de la Universidad de Princeton.6 Por desgracia, la nueva hoja está mal colocada: las reproducciones de los folios 198 verso y 199 verso están intercambiadas. Llama mucho la atención que ni en el caso del manuscrito de Viena ni en el de la hoja de Princeton se reconoce el permiso de las instituciones que poseen dichos documentos para incluirlos en esta edición.

La transcripción que ofrece Acuña intenta ser crítica. En sus propias palabras:

Se respetan, hasta el límite de lo tolerable, los textos español y maya y, cuando se alteran o corrigen los mismos, o se interpolan entradas omitidas por los copistas, tales cambios van acusados por visibles corchetes ([]) y, en general, acompañados al pie por una nota justificante. […] Debo advertir […] que he introducido, sin notas justificantes, un sistema de puntuación conforme a mi entendimiento personal de los textos y, además, que mi transcripción de los textos mayas es analítica (p. 27).

En otras palabras, Acuña ha metido mucho su cuchara. Si bien lo hace con el afán de facilitar la comprensión de un documento seriamente adulterado por los errores de los copistas, quiere decir que el usuario tendrá que cuidarse para distinguir entre lo que dice el manuscrito y lo que dice el editor. Afortunadamente, la presencia del facsímil permite hacerlo. Por ejemplo, Acuña no dice nada acerca de su manera de transcribir el texto maya. Sólo al examinar el facsímil, se descubre que ha hecho dos sustituciones: la c con h herida, , que se usó para representar la africada alveopalatal eyectiva /c´/, se transcribe corno chh, y la c al revés, , que se usaba para representar la africada alveolar eyectiva /c´/, se transcribe como dz.

Para poder juzgar mejor el tipo de operaciones editoriales no señaladas pero hechas en esta edición, cotejé la transcripción de la hoja 50 con el facsímil correspondiente.7 Encontré que acentúa el español según las reglas actuales, normaliza el uso de mayúsculas, cambia la v a u, y usa cursivas para una palabra en español que parece ser un préstamo del maya. Hay una serie de entradas relacionadas con la forma chuy, que frecuentemente se escribe como chuy. Acuña corrige esta forma, con una nota al respecto, la primera vez que aparece, pero en las otras entradas relacionadas hace la corrección en silencio. También hay cambios leves, pero no señalados, en el texto español; algunos son correcciones (casecha cosecha) pero otros tienen motivos menos obvios (coso o contraecho de pierna co[j]o y contraecho de pierna, señalando la corrección únicamente en la primera palabra). Curiosamente, agrega la expresión [.1.], una abreviatura del latín vel´o´, en muchos casos donde el manuscrito original simplemente tiene una lista de equivalencias posibles del español en el yucateco, separadas por comas. Este tipo de cambios artificialmente arcaizantes me parece totalmente gratuito. Además, el uso de esa abreviatura fue significativo en algunos vocabularios novohispanos. Por Oemplo, luan de Cordoua (1578, Aviso XII) dice que:

Es necessario que se aduierta, que donde quiera que entre dos dictiones ó verbos se hallare este. 1. se da a entender por el, el verbo ó diction q[ue] precedio, v.g. Tóniaquelahuel lóba, 1. quelanal lóba. 1. quelacol lóba. 1. quelatil lóba, todos estos quieren dezir vsar el barrer y no tienen mas que vn verbo que es tónia, de manera que en cada. 1. destos se incluye el verbo precedente. De donde le saca, que aunque las comas, cisuras, ó cerillas q[ue] esta [n] entre vn vocablo y otro son para distinguir el vno del otro, sie[m]pre el. 1. en los mas lugares se adelanta, porque significa y quiere dezir q[ue] refíere la diction ó vocablo precedente, como consta en el exemplo puesto.

Por lo tanto, la decisión de poner [.1.] en lugar de comas merece una justificación o, por lo menos, una aclaración que diga que la distinción no es significativa. En mi opinión, sería conveniente describir todas las operaciones editoriales de este tipo de manera más explícita en la introducción.

Quizás el aspecto más llamativo de está edición es el aparato crítico. Va nutrido con casi 4 000 notas. Allí es donde Acuña explica y justifica sus modificaciones del texto original, requeridas debidas a los muchos errores de los copistas, a quienes califica como “ignaros”, “incompetentes” e “ignorantes”; opina que “se limitaron […] a transcribir malamente lo que malamente entendían” (p. 24) y que “su gruesa ignorancia de las lenguas que trasladaban está a la vista” (p. 18). Para hacer sus correcciones, Acuña acude sobre todo al calepino maya de Motul (Ciudad Real, 1984), pero también a otras fuentes como el diccionario Cordemex (Barrera V. et al., 1980), el diccionario español-maya de Motul (anónimo, s.f.), y el diccionario de San Francisco (Michelon, 1976). Corrige la ortografía, repara lapsus calami, suple texto elidido y comenta sobre el significado literal del maya. Si bien las notas están sobrepobladas con conjeturas, inferencias, reconstrucciones y lecturas discrecionales, éstas hacen una contribución importante al entendimiento cabal de este texto tan viciado, por lo cual Acuña merece nuestro agradecimiento.

Thomas C. Smith Stark, Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios, El Colegio de México.

Bibliografía

Anónimo, Diccionario maya de Motul, manuscrito custodiado por la Biblioteca John Carter Brown, Providencia, Rhode Island. [Según Acuña (Ciudad Real, 1984, p. XIV), existe otra copia idéntica en la Sociedad Hispánica de Nueva York, donde está atribuida a Alonso de la Solana.]

Barrera Vásquez, Alfredo et al., Diccionario maya Cordemex[;] maya-espaíiol[;] español-maya, Mérida, Ediciones Cordemex, 1980.

Ciudad Real, Antonio de, Calepino maya de Motul, edición de René Acuña, 2 tomos, Filología: Gramáticas y diccionarios, México, Instituto de Investigaciones Filológicas, Universidad Nacional Autónoma de México, 1984.

Cordoua, luan de, Vocabvlario en lengva çapoteca, Pedro Charte y Antonio Ricardo, México, 1578.

Heath de Zapata, Dorothy Andrews, “Estudio comparativo para determinar cuál es el diccionario maya más antiguo”, en Revista de la Universidad de Yucatán, año 8, vol. 7,1965, pp. 134-142. Reproducido en parte en Heath de Zapata, 1978.

Heath de Zapata, Dorothy Andrews, Vocabulario de mayathan, Coordinado con el Diccionario de Motul, Introducción de José Díaz-Bolio, Área Maya/Mayan Area, s.l., 1978.

Mengin, Ernst (ed.), Bocabulario de mayathan[;] das Wörterbuch der yukatekischen Mayasprache [;] vollständige Faksimile-Ausgabe des Codex vindobonensis S.N. 3833 der Österreichischen Nationalbibliothek, Bibliotheca lingüística americana, 1. Akademische Druck-u. Verlagsanstalt, Graz, 1972.

Michelon, Oscar (ed.), Diccionario de San Francisco, Bibliotheca lingüística americana, 2. Akademisch Druck-u. Verlagsanstalt, Graz, 1976.

Priego de Arjona, Mireya, “Un nuevo vocabulario español-maya”, nota presentada al Congreso Internacional de Americanistas, en su XXVII sesión, verificada en la ciudad de México del 5 al 15 de agosto de 1939, y publicada en Boletín de bibliografía yucateca, núm. 10, noviembre-diciembre, 1939.

Autor: Thomas C. Smith Stark, Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios, El Colegio de México.

  1. Incomprensiblemente, Acuña no hace ninguna mención de esta curiosa edición. []
  2. Acuña tampoco menciona la existencia de otra transcripción hecha por Barrera Vásquez, con la cooperación de Heath de Zapata, que se hizo “como trabajo preliminar para una edición anotada y a su vez invertida en una segunda parte, que el entonces director del Instituto Nacional Indigenista don Alfonso Caso se había comprometido a publicar, pero nunca cumplió su compromiso ni devolvió los originales”. (Barrera Vásquez et al., 1980: 25a; también mencionada por Heath de Zapata, 1978:5, que evidentemente es la versión invertida aludida.). []
  3. Acuña nunca expresa claramente su opinión sobre la identidad y lengua de los amanuenses. Aparentemente lo que quiere decir con la afirmación tan estrafalaria de que no entendían ni el español ni el maya es que, además de ser descuidados, no dominaban el español y que la modalidad escrita y las diferencias provocadas por un siglo de cambios en su lengua materna, el maya, provocaron otros problemas. Sin embargo, la fluidez, el estilo y la soltura de la escritura hacen evidente que los que la produjeron tenían amplia experiencia con la palabra escrita. []
  4. Acuña se burla del gran mayista J. E. S. Thompson por haber sugerido que el vocabulario de Viena podría haberse basado, en parte, en el diccionario de Motul (p. 23). []
  5. En realidad, Acuña simplemente enumera los tipos de evidencias en que se basa su fechamiento del manuscrito, pero no desarrolla sus argumentos de manera explícita. Por ejemplo, no dice cuáles aspectos de la morfología se pueden interpretar como indicativos de la fecha de composición ni por qué. []
  6. En la “introducción” (p. 17), Acuña da la impresión de que no había podido conseguir la placa fotográfica correspondiente, motivo de cierta invectiva mordaz en contra de los funcionarios de la Biblioteca Firestone, si bien merecida cuando preparaba esas líneas, ociosa y poco elegante en la versión publicada. []
  7. Curiosamente, en la “Introducción” Acuña dice que “los textos, facsímil y transcripción anotada, se presentan por separado en volúmenes que, de haber dependido de la voluntad del presente editor; habrían sido sin duda manuales” (p. 28). Pero, por consideraciones económicas (Sergio Reyes, comunicación personal), a fin de cuentas todo se publico en un solo volumen. Además, el facsímil está orientado de manera apaisada, lo cual hace que el cotejo con la transcripción sea bastante incómodo. []

Los comentarios están cerrados.