Guilhem Olivier (coord.) y Miguel León-Portilla (pról.), Viaje a la Huasteca con Guy Stresser-Péan, México, CEMCA/FCE (Sección de Obras de Antropología), 2008.

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DA45701En una de las memorables páginas de sus Ensayos,1 Montaigne observó que “para juzgar a un hombre hay que seguir sus huellas larga y minuciosamente a fin de ver si la circunstancia se mantiene siempre como su propio fundamento”. Es evidente que esta acertada reflexión prioriza la voluntad y la disciplina en el quehacer cotidiano, valores caros a las tareas de la inteligencia, considerada como expresión superlativa de alegría. Honrados, participamos esta tarde en una fiesta del conocimiento, convocados por las profundas huellas intelectuales, la constancia y la vocación humanista del doctor Guy Stresser-Péan, “uno de los grandes personajes de la antropología mexicana”, como justamente lo define el doctor Miguel León Portilla en el prólogo del libro que hoy presentamos.

Viaje a la Huasteca… es una obra que precisa de diferentes lecturas. Los cuarenta y cuatro ensayos y reportes que la integran develan importantes aspectos relativos a la configuración cultural de Mesoamérica, agrupados en tres grandes capítulos. Reúnen —en cada caso— contribuciones etnológicas, arqueológicas y etnohistóricas. En un cuarto apartado se documentan las investigaciones realizadas en México y en América central (entre 1936 y 1977) en el marco de la Misión Arqueológica y Etnológica Francesa, empresa intelectual que alcanza especial relevancia bajo la dirección de nuestro autor. El libro incluye una amplia introducción de Guilhem Olivier, estudioso de las aportaciones antropológicas de Stresser-Péan, quien realizó un destacado esfuerzo antologal con el auxilio de la señora Claude Stresser-Péan y de un eficiente equipo de traductores integrado por Érika Gil Lozada, Haydée Silva, Angélica Torres, Josefina Anaya y Jean Hennequein. La edición se adiciona con el DVD Fiesta huasteca: volador y danza colorada, filme que el doctor Stresser-Péan realizara en 1953, acción pionera del cine etnográfico en México. Presenta, asimismo, más de 50 fotografías de excelente factura artística y documental.

Un contexto cronológico, noticioso e ideacional de primera importancia es el apartado inicial del libro, en el que se incluyen fragmentos de las entrevistas que Stresser-Péan concediera a Guilhem Olivier entre 2003 y 2004. Este material es relevante no solamente como registro y rememoración de las experiencias del destacado etnólogo en la Huasteca (desde su llegada a México, hace 72 años), sino en tanto reúne testimonios para la historia regional, apuntes de hipótesis sobresalientes, comentarios sobre el desarrollo de la antropología mexicana y noticias biográficas. De manera especial, destaco el punto de vista que Stresser-Péan plantea en ese apartado, en relación con la religiosidad popular indígena. Explica que abordó el análisis del sincretismo hasta el final de su estudio sobre la evangelización de los indios de la sierra de Puebla, y en este sentido argumenta con razón que “tratar este problema exige un profundo conocimiento de las creencias y de las prácticas religiosas actuales de estos indios y la posibilidad de situarlas como fruto de una evolución de pensamiento continua a través de los siglos […]”. Después de señalar que los totonacos “son, antes que nada, cristianos” y que “se sentirán muy contrariados de que pudiéramos dudar de su autenticidad y de la sinceridad de sus creencias” (p. 64), Stresser-Péan se pronuncia contra los autores que ven en la religiosidad indígena expresiones paganas; ejemplificando su opinión con el estudio que William Madsen realizara entre los nahuas de Milpa Alta en los años cincuenta. Escribe que estas manifestaciones religiosas son “una forma de catolicismo popular y no un recuerdo de la época prehispánica”. En contraparte, indica que los indígenas nahuas, totonacas, tepehuas y otomíes de la sierra de Puebla “permanecieron aislados en los cerros, viviendo en un medio natural muy difícil y en un ambiente social indígena muy particular. Lo que debió llevarlos a conservar mucha de la información de sus creencias anteriores sin que, para ellos, se trate de una supervivencia de paganismo, sino más bien de la supervivencia del pensamiento indígena antiguo”. Con esta observación el autor enmienda sus anteriores perspectivas, según se aprecia, por ejemplo, en el artículo “Los indios tepehuas de Huehuetla” (pp. 97-116) que escribiera en colaboración con Robert Gessain, originalmente publicado en 1953. En esta óptica, debemos a Guy Stresser-Péan un amplio estudio sobre la cristianización de los indígenas en México, desarrollado a partir del análisis del sincretismo que opera en la sierra de Puebla.2 Esta es una pesquisa de sumo interés que propicia agudas interrogantes y múltiples disensos.

En su texto introductorio Guilhem Olivier destaca cuatro de los aspectos fundamentales que caracterizan el quehacer intelectual y la obra del doctor Stresser-Péan. En primer término el enfoque pluridisciplinario que privilegia sus estudios. Anota que su “amplia curiosidad científica” y su “erudición sin igual” le llevó “a establecer conexiones indispensables entre diferentes disciplinas” (p. 18). Olivier cita a propósito, y con pertinencia, la frase con la que Dominique Michellet calificara a nuestro autor: “un sabio en un mundo que ya casi no tiene más que científicos”. Esta formación humanista, que trasciende las asfixiantes trincheras de la especialización extrema, se cimienta en buena medida en la fructífera vinculación académica que Guy Stresser-Péan tendría con Marcel Mauss, George Dumézil y Paul Rivet, figuras tutelares de la etnología. “En este sentido —apunta con certidumbre Olivier— es el heredero de una tradición científica en donde se hicieron famosos autores como el barón de Humboldt, Eduard Seler, Konrad Theodor Preuss, Hermann Beyer, Alfonso Caso, Paul Kirchhoff, Eric S. Thompson, Alfonso Villa Rojas o Robert Barlow” (p. 17), nómina formidable a la que deben sumarse, por lo menos, los nombres de Manuel Gamio, Miguel León Portilla, José Alcina Franch, Pedro Carrasco, Barbro Dahlgren, Ángel Palerm, Eduardo Matos, Johanna Broda y Alfredo López Austin. Tal como se explica en el texto introductorio, “los trabajos de Guy Stresser-Péan evidencia la posibilidad de conciliar los datos de la historia colonial con la información etnográfica contemporánea” (p. 21).

En el limitado marco de este apunte es imposible detallar la riqueza informativa y las pistas heurísticas advertidas en los más de 40 artículos que integran el libro. Prejuiciado por mis intereses temáticos, disfruté particularmente la lectura de las páginas dedicadas a los rituales entre los huastecos (estudio en el que el autor subraya el ciclo vital de las deidades indígenas), la monografía etnográfica sobre los tepehuas de Huehuetla (escrita en colaboración con Robert Gessain), el revelador análisis en torno a las creencias sobre el ahorcamiento entre los mayas de Yucatán, Guatemala y la Huasteca (Ixtab, Maximón y Judas son los personajes centrales, en este texto preñado de sugerentes reflexiones). Extiendo esta opinión a los comentarios que formula respecto a la situación religiosa de los indígenas del México contemporáneo relativas a las prácticas y creencias que “logran insertarse en el marco del cristianismo” apostando de manera acrítica por los efectos “de la instrucción y la penetración de las ideas modernas (pp. 326-327). Otros ensayos de lectura enriquecedora son los referidos a las fuentes antiguas sobre la Huasteca y la frontera noreste de Mesoamérica. En ese orden de ideas, la preocupación de Stresser-Péan por las paupérrimas condiciones de vida de las comunidades indígenas está presente en su estudio sobre los problemas agrarios de la Huasteca (a partir de la región de Tampico), originalmente publicado en 1967.

Observadas en un amplio cuadrante temporal, son evidentes las transformaciones en los estudios antropológicos mesoamericanos en los últimos setenta años. Viaje a la Huasteca… es una ventana inmejorable para documentar los alcances, limitaciones, problemas y reformulaciones concernientes a este hecho relevante en el campo del conocimiento. En esta perspectiva es pertinente anotar que el concepto de Mesoamérica espera todavía un ejercicio de definición operativa capaz de integrar un complejo conjunto de tradiciones culturales en permanente dinámica, como sucede en el caso de las mitologías. Una nueva lectura de los anteriores teoremas implica considerar los planos interactuantes de la diacronía y la sincronía, es decir, mirar el pasado como una suma de situaciones a las que atribuimos un sentido; examinar el presente como circunstancia (o momento) en el que se producen los sucesos; y avizorar el futuro en tanto reflexión de lo posible, partiendo de lo que existió y de lo que existe, siempre en la perspectiva que corresponde a los procesos culturales y a las configuraciones étnicas. Al observar lo anterior no olvido advertir la problemática que resulta de enunciar este planteamiento, frente a su aplicación a la realidad concreta. En otras palabras, la articulación de un marco temporal (establecido a partir de la modernidad) con los tiempos diferenciales. De acuerdo con este orden de ideas, es evidente que la cosmovisión mesoamericana (a cuyo estudio contribuye este libro) denota simultáneamente discontinuidad espacial (referida a las variantes étnicas) y continuidad temporal por cuanto hace al encadenamiento dialéctico manifiesto en las representaciones colectivas configuradas en las diferentes etapas del proceso civilizatorio. Se trata de complejas manifestaciones ideológicas anudadas en la urdimbre de narraciones míticas de distinto origen y temporalidad. Viaje a la Huasteca… coadyuva a identificar los distintos elementos significantes que las condensan; contribuye a especificar las relaciones internas que mantienen entre sí, aportando elementos para la explicación de la gramática simbólica examinada en diversas contribuciones arqueológicas y etnográficas en torno a las deidades mesoamericanas.

Más allá de su perfil analítico propio de la antropología con propósitos museográficos, es éste un libro de lectura obligatoria para los estudiosos de los procesos que singularizan las dinámicas culturales de la Huasteca. Obra de consulta que invita a reflexionar sobre la imperiosa necesidad de trascender los análisis de extrema especialización que, en su afán del particularismo, oscurecen la visión de conjunto, imprescindible para comprender la historia cultural mesoamericana.

Autor: Félix Báez-Jorge, Universidad Veracruzana. Texto leído en la presentación de Viaje a la Huasteca… en la Librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica, 21 de agosto de 2008. Participaron también Miguel León Portilla, Guilhem Olivier y Claude Stresser-Péan.

  1. Michel de Montaigne, Ensayos, t. II, Barcelona, Orbis, 1985. []
  2. G. Stresser-Péan, Le soleil-Drew et le Christ. La christianisation des Indies du Mexique, París, L’Harmattan, 2005. []

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