Mark P. Leone. Hacia una arqueología crítica

Para citar este artículo

Este ensayo tiene como objetivo analizar aspectos centrales de la arqueología crítica, enfoque teórico y metodológico insuficientemente abordado en la tradición arqueológica mexicana, y revalorar el potencial que posee esta perspectiva teórica en la investigación de contextos coloniales y del México independiente. Derivada de la Escuela de Frankfurt, la aplicación de la teoría crítica en la arqueología estadounidense, particularmente en contextos del mundo moderno, ha comprobado ser una aproximación exitosa para abordar temas como la ideología.

También se busca invitar a la autorreflexión —propuesta por los arqueólogos críticos— a cuestionar el quehacer arqueológico a través de un análisis fincado en la obra de Mark P. Leone, uno de los arqueólogos más relevantes y —hasta cierto punto— controversiales en el desarrollo de la arqueología histórica del capitalismo y las arqueologías posprocesuales.

Para ilustrar estas ideas se presentará una revisión de algunos textos ejemplares de su pensamiento teórico; que son “buenos para pensar” el quehacer de la arqueología mexicana y nos invitan a reflexionar de manera crítica sobre los lineamientos de investigación y conservación de sitios, así como acerca del papel que juegan las interpretaciones sobre el pasado, particularmente el pasado reciente.1 Con el propósito de abordar esta temática, además de los textos citados, nos apoyamos en el trabajo de otros autores que son de gran utilidad en relación con las cuestiones epistemológicas a propósito de Leone y de la arqueología posprocesual.

Mark P. Leone

Obtuvo el doctorado en Antropología en 1968, en la Universidad de Arizona, y actualmente es profesor del Departamento de Antropología de la Universidad de Maryland. Su interés principal es la aplicación de la teoría crítica a la arqueología, particularmente a la arqueología histórica. Ha sido director del Proyecto Annapolis desde 1981, dedicado a estudiar la relación entre interpretación del público y políticas arqueológicas, que además busca establecer un compromiso con la arqueología pública al alentar a las personas a criticar, responder y desafiar nuestros motivos en la interpretación del pasado; este proceso funciona como una suerte de piedra angular para lograr el cambio social a través de un discurso activo y crítico.

Es autor, coautor y editor de numerosos artículos y libros, y además ha participado en exposiciones como “Flash of the Spirit, the Archaeology of African American Religion” y “The Maryland Black Experience as Understood Through Archaeology”. 2

En algún momento de su vida académica perteneció a la tradición procesualista, posición teórica plasmada en sus primeros trabajos, en los que retoma nociones de Lewis Binford, Kent Flannery y James Deetz. Además de poseer una herencia en materia de arqueología procesual, este último fue de los primeros en incursionar en el campo de la arqueología histórica.3 Dicho autor ejerció una profunda influencia en Leone mediante su tesis sobre el Orden Georgiano, que se convirtió en la rutina de un trabajo ejemplar que después sería retomada por su alumno Parker B. Potter, y que sin duda ha creado una importante escuela arqueológica en Estados Unidos.

Como expondremos en el análisis de su obra, no obstante la importante influencia procesual al inicio de su producción académica, Leone ya esbozaba ideas relacionadas con la búsqueda de significados ocultos en la cultura material, trabajos además influenciados por el marxismo en cuanto a su interés por estudiar el capitalismo y las relaciones sociales de producción.

Si bien es cierto que Althusser influyó en la vida académica temprana de Leone, nuestro autor volvió su cabeza hacia los teóricos críticos que estudiaban la expansión de la cultura del consumo entre 1920 y 1930, en pleno fascismo y nazismo emergente. Su interés era confrontar aspectos no racionales de la vida capitalista y aspiraron a analizar la explotación y las mecánicas de dominación. Los teóricos críticos creían que su misión era la de realizar una “crítica cultural
contemplativa”, que contrastaba directamente con la ciencia objetiva que asumía una división entre el analista y el objeto de estudio.4

Sobre la teoría crítica

La teoría crítica surge en el Instituto de Investigación Social del cual emergió la Escuela de Frankfurt, como una reacción al pensamiento filosófico positivista que imperaba en Europa en la década de 1920. Interesados por demostrar que el positivismo era inapropiado para las ciencias sociales como la economía, historia y sociología, pusieron énfasis en el estudio de la ideología como la fuerza principal
que mantenía la dominación, como el factor principal en el proceso de emancipación. Una parte considerable de sus miembros la constituían judíos exiliados, como Theodor Adorno, quien desarrolló un método analítico que se distinguía por el escepticismo y la dialéctica negativa, la cual buscaba las bases ideológicas del cientismo. En contraste, en sus últimos trabajos, Leone retomó la obra de Bordieu, Derrida y Foucault principalmente.5

De la teoría crítica se desprende la autorreflexión, el papel del académico en el mundo social, y la necesidad de hacer historia crítica para crear conciencia sobre las raíces ideológicas. Para Leone, Potter y Shackel, “la arqueología es una práctica estructurada inevitablemente por el contexto académico y social contemporáneos”. Su interés surge a partir de examinar la manera en que la arqueología y la historia se presentan a los turistas en la ciudad de Annápolis, Maryland, y concluye que dichas presentaciones, reproducen ideologías contemporáneas que “divinizan” el pasado colonial.6

En un texto inédito, Orser señala que Leone integra el concepto de hegemonía de Antonio Gramsci, propuesta que otorga menos crédito a la producción ideológica dominante y más a la tensión siempre presente entre grupos dominantes y de resistencia; dentro de una sociedad hegemónica, los grupos subordinados aceptan el orden básico social de la clase dominante. Bajo esta perspectiva, éstos impactan en la distribución del poder pero raramente luchan por su validez y circunstancias. La autorreflexión puede ser apropiada desde cualquier perspectiva teórica y muchos arqueólogos no marxistas la toman directamente a partir de la formulación de la teoría crítica de Leone.7

Arqueología pública

Uno de los objetivos cognitivos planteados por Leone en 1978, y que marcarán su carrera académica al menos hasta los albores del presente siglo, es conocer el quehacer de la arqueología. Más precisamente, en cuanto a qué hace el público y la nación con la arqueología —específicamente en Estados Unidos—, con la inversión millonaria destinada a estas investigaciones: “[…] en ausencia de una historia intelectual arqueológica, es apropiado plantear la pregunta no sobre qué dicen los arqueólogos a ellos mismos o al público, sino qué hace el público con la arqueología. Una nación que gasta millones de dólares cada año en arqueología, ¿qué obtiene de esta inversión?”.8

Leone considera como respuesta a estas preguntas que debe haber algo tangible que regrese la arqueología al público, más allá de las monografías, artículos, convenciones profesionales y la docencia. Leone reconoce las aportaciones que han tenido en la disciplina los arqueólogos procesuales para resolver objetivos cognitivos específicos, sobre todo en el campo de la arqueología prehistórica. No obstante, el reconocimiento ostensible al trabajo de Binford, Flannery y Longacre, entre otros, marca una separación de los mismos y señala que el éxito de los arqueólogos con orientación procesual, se debe a que “utilizan modelos que pueden ser ajustados para acomodar los datos que tienen a la mano, para la explicación de un problema específico”.9

La pregunta sobre el quehacer del público con la arqueología puede ser abordado desde la crítica de Leone, a lo que considera “la sustanciación empírica de la mitología nacional”, para lo cual recurre a tres casos: Williamsburg colonial, Nauvoo —un pueblo mormón abandonado durante el siglo XIX— y la fortaleza francesa en Louisburg, en Canadá. En todos los casos participaron arqueólogos competentes, y al final lo que quedó fue una auténtica polaroid de una interpretación del siglo XVIII construida desde el presente.

Parecería que a partir de este momento Leone esboza una línea hacia la importancia de la interpretación. Señala que estos escenarios recreados proveen un entorno empírico para el visitante donde el contexto original de significado ya no está. Estas extraordinarias recreaciones pueden lograrse a través del uso de materiales arqueológicos; dado que los significados son difíciles de “recrear” y “recapturar” de manera precisa, un nuevo conjunto de significados son reinterpretados e impuestos en los artefactos mismos. Los significados e interpretaciones que reciben los turistas son creados por los administradores y técnicos del lugar.

El uso que se da al pasado estadounidense es producto de la manipulación que hace nuestra cultura sobre la historia en los casos mencionados para sustentar un mito nacional, omitiendo aspectos de la sociedad —tales como suciedad, degradación y miseria— comunes al siglo XVIII. En este sentido retoma a Marx para argumentar que, como científicos, debemos estar al pendiente de lo que hemos estado realizando, quiénes son nuestros “amos” y a quiénes servimos. Leone reconoce que las culturas poseen un conjunto de técnicas disponibles para reconstruir la historia, como en el caso de películas y programas de televisión basados en temáticas arqueológicas, para lo cual —aunque no se opone a este “servicio” que brinda la arqueología— debemos estar conscientes del uso que se ha dado a la disciplina, en ocasiones para enviar mensajes equívocos o distorsionados del pasado.10

Sin embargo, al reconocer que las culturas tienen estos conjuntos de técnicas a su disposición para reconstruir la historia, nosotros como arqueólogos proveemos “cuentos de hadas” a cada hombre para que participen en ellas, no sólo como espectadores sino como creadores:

No existe nada malo en este principio [que los sitios como Williamsburg sustenten la mitología nacional]; sin embargo, usted puede coincidir o no con la facultad que posee cada pedazo de mitología en cada caso. Debemos darnos cuenta de que todos estos cientos de sitios son solo un ejemplo de cómo nuestra cultura manipula la historia. Las culturas poseen una serie de técnicas a su disposición para reconstruir la historia. Nosotros proveemos cuentos de hadas vivientes para cada hombre —nosotros incluidos— para participar en ellas, no como espectadores sino como creadores.11

A mi parecer, y analizando en repetidas ocasiones esta cita dentro de su contexto, considero que puede tener “dos interpretaciones”. La primera está relacionada con el “extraño” o distorsionado uso que se le da a los datos arqueológicos, de tal suerte que quien los interpreta y participa en ellos con el fin de sustentar la ideología nacional crea “cuentos de hadas”, entendiendo esto como una crítica a la labor arqueológica. No obstante, sigo preguntándome si nuestro autor se referirá a que los arqueólogos, incluido él mismo, también creamos cuentos de hadas… La cita está abierta a la interpretación.

La arqueología crítica es la crítica a la función y el uso del conocimiento sobre el pasado; destaca que quienes se consideran arqueólogos críticos tienden a argumentar que el conocimiento arqueológico no es necesariamente neutral, porque la manera en que éste se difunde es a través del filtro del arqueólogo. Los arqueólogos excavan sitios y recuperan artefactos, y luego son convocados para que los interpreten; como todo individuo vivo en sociedades activas, los arqueólogos experimentan e interpretan el mundo en formas distintas, y sus interpretaciones pueden —y quizás siempre lo hacen— reflejar sus personalidades hasta un cierto punto.12

Las perspectivas más importantes de la arqueología crítica es que los arqueólogos están imbuidos en instituciones estatales influidas ideológicamente, como la academia o el manejo de recursos culturales. Consecuentemente, están entrenados para reproducir la ideología dominante. Sin embargo, ocupan una posición desde la cual pueden lanzar ataques hacia esas ideologías que se ponen en práctica. Leone, Potter y Shakel argumentan que en los recorridos arqueológicos [en sitios turísticos] el concepto de emancipación está orientado a crear conciencia contemporánea sustancialmente sobre las desigualdades de clase, por ejemplo.13

Esta postura se ha enfocado hacia la manera en que las elites cultivaban las prácticas que legitiman la desigualdad, a través de los utensilios usados en la mesa. Éstos refuerzan los modales que distinguen a la elite de la clase trabajadora en la víspera de la revolución de las 13 colonias de Norteamérica, y así los grupos de poder abarcaban o admitían dichas conductas para habilitar su control precario en el movimiento revolucionario. En este contexto, se intenta buscar la manera en cómo la ideología dominante, reflejada en prácticas y creencias, modeló tanto la dominación de clase como de resistencia.14

En otro texto Leone señala que el sistema capitalista es una manera de interpretar el pasado, donde la cultura material, además de tener una conexión con la condición actual de nuestra sociedad, tiene la capacidad para “iluminar” el presente.15 El sistema capitalista es uno de los objetivos de su investigación que le permite interpretar el pasado. El objetivo cognitivo central de esta obra es buscar las maneras de utilizar la arqueología histórica para estudiar procesos relevantes a la economía dominante occidental de la historia reciente. Sin embargo, lo que más interesa a Leone es la manera en que las personas manejan este conflicto; es decir, la ideología como creadora de significados que permite sostener resistencia sin violencia:

[…] cómo la sociedad capitalista busca maneras para lidiar con el conflicto. Dado que el racismo y la esclavitud son condiciones sociales que permiten la creación y explotación de fuerzas de trabajo grandes y legalmente homogéneas, es importante conocer cómo estas prácticas fueron mantenidas sin una violencia continua […] El concepto utilizado para contender con estas cuestiones es la ideología. Su papel central es el de crear un mundo de significados, creíble en diversas formas para aquellos que lo habitan […].16

El papel de la conciencia es una marca constante en el trabajo del autor, como pieza integradora y desprendida de su noción a partir de la teoría crítica. Para él, ningún conocimiento arqueológico es neutral. En este sentido, la arqueología crítica busca un llamado a la “reflexividad” a los significados personales de las interpretaciones que realizamos como arqueólogos, como una conciencia sobre la manera en que usamos la información recolectada, y cómo el uso refleja nuestras actitudes personales, motivos y experiencias. De esta manera, la arqueología crítica intenta mediar entre el pasado y el presente para demostrar la importancia de las interpretaciones realizadas desde el presente.17

La arqueología crítica se enfoca hacia el estudio de la cultura, pero también del capitalismo, entendiéndolos como dos conceptos diferentes. Dado que nuestra disciplina es el producto de la sociedad capitalista, requerimos de una perspectiva reflexiva o crítica para aproximarnos al estudio de estos contextos. 18 La manera en que Leone propone transformar esta realidad social es a través de la conciencia y abogar persistentemente en favor de los marginados.19

En una de sus más recientes publicaciones, Leone enfatiza que la arqueología es una práctica política y su propósito es recuperar la verdad sobre el pasado: “La arqueología es una práctica política y el propósito de representarla como una actividad que recupera la verdad sobre el pasado es un objetivo político también, y como tal los arqueólogos debemos tener un objetivo político por lo cual una arqueología crítica debe contener una crítica cultural contemporánea […]”.20

Quisiera agregar, a manera de síntesis, que para el autor el objetivo de la arqueología crítica es considerar a esta disciplina como una intervención desde el presente enfocada a las estructuras de poder, observando el pasado como un sitio de conflicto ideológico —una postura consistente con el concepto de ideología planteado por Althusser y Foucault—. Asume que el objetivo central de investigación en la arqueología crítica es la clase, el poder y el conflicto “en sus interpretaciones” dentro del pensamiento marxista, especialmente el que derivó de la Escuela de Frankfurt, que proporcionaron las bases para este campo teórico. La arqueología es una práctica política y el propósito de representarla como una actividad que recupera la verdad sobre el pasado es en sí mismo un propósito político.21

Un mundo de significados

Materialista-idealista subjetivo, el trabajo de Leone propone que lo social debe ser comprendido y los significados dependen de los sujetos que interpretan, así como de los significados elaborados por la ideología. Difiere así de la causalidad propuesta por la Nueva Arqueología, y señala que la arqueología es un producto del presente usado por el presente, por lo cual “debemos estudiar el uso de la cultura material en el presente”.22

Toma sus bases fundacionales del marxismo, su núcleo duro se deriva de la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt, para poder abordar la cuestión ideológica. De acuerdo con lo señalado por el autor, lo material constituye la base para su estudio y no niega una realidad donde existen aspectos relacionados con el conflicto de clase. En este sentido, la realidad es una realidad social, y su enfoque está en la ideología y la interpretación. La realidad está constituida por significados, pero las interpretaciones dependen de quien las realiza. Dada la importancia de hacer una arqueología pública, la realidad en este sentido depende de lo que digan los intérpretes, es decir, una ontología con enfoque emic.

El papel central de la ideología es crear un “mundo de muchos significados negociados”, que son creíbles en diversas formas para aquellos que están inmersos en ella; la ideología esconde las relaciones de explotación y desigualdad que existen en la vida cotidiana del trabajador.23

Leone señala que la arqueología crítica forma parte, junto con la simbólica y la estructural, de la teoría posprocesual. Las tres concuerdan con lo postulado por Hodder sobre la naturaleza de esta posición teórica en referencia a las aportaciones que ha tenido para plantear la existencia de vínculos sistemáticos entre lo material y lo ideal.24 La visión que sostiene la teoría crítica proviene de la tradición idealista alemana con perspectiva marxista, cuyos mayores exponentes son Adorno, Marcuse y Horkheimer, entre otros. Leone incorpora el enfoque materialista de la historia como ideología a la arqueología crítica, y postula que al interpretar el pasado podemos ayudar a crear conciencia “sobre la historicidad ideológica de las personas”.25 “¿Debe la arqueología crítica ser una arqueología marxista? En este ensayo nos enfocaremos hacia las bases para una arqueología crítica dentro del pensamiento marxista, específicamente aquel derivado de los filósofos de la Escuela de Frankfurt y aquellos asociados estrechamente con ellos, quienes proveyeron de ideas fundacionales a la arqueología crítica”.26

Dentro de la arqueología crítica, existe concretamente la apreciación por el significado de la acción social, donde los individuos tienen la habilidad de “modelar” la historia cotidiana. Hay un énfasis en el significado y los individuos dan diversos grados de significado a los eventos diarios que ocurren a lo largo de sus vidas. La gente no sólo reacciona a su entorno físico y social como miembros de grupos culturales, sino que “tienen agencia para actuar dentro de un conjunto de conductas construidas culturalmente acordadas”. El conocimiento está matizado y no es necesariamente concreto. “Lo que para algunas personas es verdadero, para otras resulta falso”.27

De la arqueología posprocesual retoma el interés por estudiar las significaciones que podrán tener soportes materiales y cuya existencia no solamente se reconoce, sino que es el objeto de estudio. Pero algo crucial son las significaciones que siempre significan algo para alguien; ello asume y privilegia el papel del sujeto como constructor del mundo, e indirectamente una postura ideal subjetiva. No se niega la importancia de una determinación material, sino que no se le considera como particularmente eficaz. Retoma lo que un crítico llamaba “la democracia de factores”, donde todo puede ser causa de todo, en función del ángulo desde el que se observe. Los modelos que buscan significados de la acción tienden a ubicar sólo las secuencias accidentales o contextuales y no se comprometen causalmente. Cuando lo hacen, privilegian las ideas sobre los factores materiales.28

En “Critical Archaeology: Politics Past and Present”, Leone define la noción de ideología como fundamental en la formación de los individuos en la vida moderna, donde aquélla es una parte de la realidad social. La ideología es algo institucionalizado, y los arqueólogos: “Vemos la ideología como aquello institucionalizado, operando a través de la inscripción y registros documentales que los arqueólogos históricos utilizan de forma productiva […] y la consideramos como un factor que naturaliza la acción del poder así como su acceso al mismo […] La teoría crítica conlleva procedimientos para describir la ideología como una parte de la realidad social […]”.29

En “Georgian Order and Merchant Capitalism”, Leone retoma los trabajos de Glassie y Deetz sobre la cultura material de Nueva Inglaterra y el efecto que producen sus cambios en la cultura local.30 Los campos de la cultura material reflejan la estructura mental, y por ello es necesario conocer el contexto local del uso y el significado si buscamos comprender la cultura material y el orden mental que la produjo. La comprensión y la autorreflexión permitirá crear conciencia y deslegitimar condiciones que se consideran “naturales” o “dadas por hecho “. A partir de una conciencia desde el presente sobre las condiciones del pasado, los agentes pueden transformar las condiciones que se viven en el presente.

La “iluminación” o conciencia de la realidad social puede ser un vehículo para llevar el cambio sin violencia. De tal manera que el conocimiento sobre las causas del racismo, “estampas de inferioridad”, y el lenguaje que produce miedo y odios puede ser el medio para deshacer estas realidades. Para ello es necesario rastrear las raíces y causas de las condiciones actuales, incluyendo sus relaciones ancestrales. Esto permitirá explicarlas y cambiarlas, buscar los orígenes del grupo que pudo ser responsable de las condiciones modernas, considerándolo también el responsable de transformarlas.31

Interpretación

“El papel que juega el análisis deriva de la percepción y consideración crítica de las contradicciones que aparentan ser naturales. En otras palabras, el análisis es necesario para sobreponernos a la acción que ejerce la ideología, y una aproximación crítica a la sociedad se define por el rigor analítico requerido para penetrar en la ideología y comprender la realidad social contradictoria que encierra”.32

Para ilustrar su epistemología, Leone y colaboradores recurren a lo planteado por Gauss, quien señala que: “la teoría marxista de la sociedad, si se construye adecuadamente, puede brindarnos claramente un conocimiento sobre la sociedad pero no se ajusta fácilmente a ninguna de las categorías aceptadas del conocimiento”. Y argumentan que:

Obviamente no es una ciencia formal como la lógica o las matemáticas o una destreza o habilidad práctica […] no obstante ninguna parecería ser correcta y estrictamente interpretada como una teoría empírica como aquellas encontradas en las ciencias naturales […] El Marxismo más bien es un nuevo y radical tipo de teoría, y para dar un recuento filosófico adecuado de sus elementos destacables, requiere de revisiones drásticas en perspectivas tradicionales sobre la naturaleza del conocimiento.33

En este sentido, se esboza lo que Dilthey llamó las ciencias del espíritu, abogando por un separatismo metodológico a finales del siglo XIX. Dado que a Leone le interesa la interpretación, la empatía o ponerse en el lugar del otro, estudiar los significados, lo social está constituido por significados y por ello requiere de una metodología distinta: “Somos al mismo tiempo objeto y sujeto de estudio”. La teoría crítica tiene argumentos para el separatismo porque insiste en que las leyes son algo reaccionario y dado que lo social es distinto a lo que estudian las ciencias naturales, requiere un método distinto.34

Dada la ontología de Leone —quien, como ya señalamos, está interesado en la interrelación entre lo material y lo ideal—, no puede enfocarse ni en lo uno ni en lo otro, sino en la construcción específica de los dos aspectos. En ese sentido, no busca explicar sino comprender; es decir, verstehen. Ya que el mundo de lo social no puede ser explicado y sólo comprendido en términos de simpatía, su metodología hace énfasis en encontrar el punto de vista del actor, donde se construye el verstehen. Leone asume que lo social está constituido de significados que no están en la naturaleza, por lo que sólo un método específico puede abarcar lo social, de ahí la postura separatista. Este método no nos puede proporcionar certezas, únicamente aproximaciones.

La arqueología crítica se enfoca al escepticismo crítico, la autoreflexión, o reflexividad en el presente. Este análisis crítico se describe como dialéctico porque el analista considera el conocimiento por un lado, y las condiciones políticas de la producción del conocimiento y la economía para realizar dicha empresa por el otro, y ambos existen en relación al otro. El pronunciamiento tácito es que la arqueología está imbricada en conflictos políticos, lo sepamos o no, y que esos conflictos son en ocasiones tan sutiles como invisibles, cuando no se les considera cuidadosamente en el análisis. La arqueología crítica toma los procedimientos para describir la ideología como una parte de la realidad social: “[…] las aproximaciones críticas se han vuelto programáticas para los arqueólogos históricos que estudian el género, e ideologías basadas en cuestiones raciales y de clase que se originaron en el pasado y que dieron pie a las categorías presentes, con las que vivimos”.35

La manera de hacer arqueología crítica y de llegar a la interpretación es colocar a la arqueología en espacios públicos, a través de lo que se ha denominado “arqueología pública”:

[…] en nuevas formas y considerar como una responsabilidad para con el público y como constituyente para la arqueología. Si la arqueología crítica debiera ser por diseño una intervención en el presente, esa intervención frecuentemente ha tomado la forma de interpretación pública y diseminación de resultados […] entrando en diálogo con las comunidades […] La Arqueología Pública usualmente significa utilizar algunos medios que provean acceso visual directo a los nuevos resultados de una excavación. La práctica se ha convertido en una exposición fugaz al público, a las opiniones de las comunidades locales y una cita ocasional por parte del arqueólogo”.36

Aunque no hay un enfoque monolítico de la Escuela de Frankfurt, sino numerosos académicos, una perspectiva que prevalece es el uso de la dialéctica como un método analítico para entender y criticar la ideología:

No obstante que no existe una perspectiva monolítica de la “Escuela de Frankfurt”, sino numerosos académicos de diversas generaciones, una perspectiva que se ha mantenido, es el uso de la dialéctica como un método analítico para entender y criticar la ideología. Los miembros de esta escuela de pensamiento estaban muy preocupados por integrar una crítica del racionalismo tecnológico-científico o del instrumentalismo y la implementación de esta ideología en todas las esferas de la vida, sociales y políticas.37

Ilustraremos con una cita secundaria de Marquart, retomada por Leone en el mismo trabajo: “El dialéctico asume que el aparente mundo natural es contradictorio. Las personas perciben el mundo sólo en términos de estructuras que tienen significado para ellos”. El papel que juega el análisis se encuentra en la percepción y consideración crítica de las contradicciones aparentemente naturales. El análisis es necesario para vencer la acción de la ideología, y un acercamiento crítico de la sociedad es definido por el rigor analítico requerido para penetrar la ideología y comprender la realidad social que encierra. Por esta razón, el posmarxismo surge como un “movimiento intelectual” que se aleja del materialismo dialéctico y ha reclamado para sí, un lugar en la interpretación de la cultura, cubriendo varias posiciones. La base epistemológica y metodológica de esta posición teórica confronta la adherencia estricta del marxismo ortodoxo a la dialéctica, encontrando mayor afinidad con el surrealismo, el posestructuralismo y tendencias posmodernas para elaborar estrategias interpretativas contingentes, obtenidas de formas difusas de datos; la dialéctica es empleada entonces por los arqueólogos como una heurística. Dado que la ideología es difícil de abordar como algo separado de la mente, es fácil proyectarla como cultura, igualarla con la falsa conciencia y así privilegiar la posición de antropólogos y arqueólogos para entender la realidad social.38

De la arqueología crítica y la cualidad recursiva de la cultura material, como es la capacidad que poseen los objetos para enseñar a sus usuarios maneras de pensar y comportarse, Potter desprende una rutina de trabajo a partir del “Proyecto Annapolis” de Leone, y que bien podría considerarse un proyecto ejemplar: “La arqueología crítica específica que Leone ha desarrollado para Annapolis es una estrategia constituida por tres segmentos que permite realizar investigación arqueológica auto consciente y relevante para aproximarnos a la vida americana moderna.”39

Dentro de esta rutina de trabajo, la primera estrategia es realizar una etnografía que intenta explorar aspectos ideológicos de la vida en la comunidad donde se realizará una investigación arqueológica. La segunda es la investigación arqueológica y análisis de artefactos “[…] dedicado a descubrir las raíces de las ideologías identificadas por la etnografía, cuya meta es dar historias a esas ideologías, demostrando que al tener un origen no son naturales ni inevitables sino culturales”. Por último, se debe llevar a cabo un “programa de interpretación pública que revele la ideología fragmentada, con el propósito de demostrar que ciertos aspectos de la vida contemporánea, que generalmente son tomados como dados por hecho, pueden ser cuestionados y desafiados en lugar de ser simplemente aceptados como inmutables”.

Con el fin de estudiar la ideología como objetivo cognitivo, particularmente la ideología del capitalismo, Potter retoma de Leone la cualidad recursiva de la cultura material, que permite enseñar y comunicar la ideología a la gente. Para ilustrar esta idea, quisiera cerrar con la siguiente cita:

[…] la cualidad recursiva de la cultura material, como aquí se define, es lo que hace de la cultura material un instrumento potencialmente poderoso para comunicar y enseñar la ideología […] este tipo de enseñanza es un proceso que toma lugar en el presente tal como lo hizo en el pasado […] un análisis arqueológico de la cultura material, argumentando que a través de este proceso de ser usada por la gente, la cerámica utilizada como servicio de mesa enseñó ideología en Annapolis durante el siglo XVIII.40

Ideología interpretada a partir de la cultura material

Concluiremos este ensayo con el caso empírico “Spirit Management among Americans of African Descent”, donde el autor expone de manera ejemplar la rutina de trabajo de la arqueología crítica.41 Es de particular interés señalar la importancia de los significados atribuidos a los objetos, inferidos a partir de la integración de datos obtenidos de tres etapas de investigación, en las cuales se insertan la etnografía, el registro histórico y el análisis de materiales arqueológicos.

El texto se enfoca a establecer el uso que hacen del Hoodoo, conjunto de creencias derivadas de la tradición religiosa del oeste de África, los estadounidenses de ascendencia africana. El patrón de las prácticas religiosas es una variante del bodo y se concentra en la existencia de un espíritu que la mayor parte del tiempo es pasivo, pero puede ser dirigido por seres humanos:

Asumimos que los restos materiales que reportamos y los documentos primarios que citamos, reflejan el Mundo de significados para aquellos que los hicieron y utilizaron. El material arqueológico no es al azar, ni tampoco el registro de la discusión de los objetos dejados por antiguos esclavos. También asumimos que los objetos empleados en la tradición religiosa que estamos reconstruyendo a partir de la arqueología y los registros, jugó un papel activo en el funcionamiento de la cultura.42

La investigación se deriva de la premisa de la poca información que existe sobre el patrón de estas tradiciones religiosas, como prácticas y sobre los objetos que las acompañaban o que buscaban “efectos”, para lo cual los autores realizan una descripción formal de los mismos. Para Leone, estas preguntas podrían transformarse en respuestas claras si los arqueólogos supieran cuál combinación de información permitiera remitirlas o posarlas. El proyecto recuperó una buena cantidad de pesquisas para responder a estas preguntas. En un punto central, la investigación parte del hecho de que ni el material arqueológico ni el registro de los objetos dejado por los antiguos esclavos es al azar, es decir que conlleva una intención. Los arqueólogos identificaron patrones espaciales y temporales de los cache —conjunto de objetos que mantienen una relación entre sí, que fueron recolectados, depositados y enterrados de manera intencional y encontrada en la manera exacta en que éstos fueron depositados—. Sin embargo, para Leone el desafío de la investigación era en realidad enfocarse en aquellos que dudan de la habilidad de la arqueología para comentar algo sobre el campo en que se sitúan las prácticas religiosas.

Una contribución importante, derivada del proyecto, es la rutina de trabajo que permitió conocer la constitución de un cache, la manera de registrarlo, la procedencia de los materiales y responder a una pregunta “enterrada” o “escondida”, que de vuelta nos lleva al mundo de los significados: ¿cómo se determina el significado de los objetos?: “[…] sigue siendo importante establecer un método que permita trasladar un descubrimiento arqueológico episódico, acompañado por una identificación científica seredipituous hacia un patrón general”.43

A partir de la asociación de hallazgos arqueológicos como botellas, huesos de animal, cabello y alfileres, así como por su colocación en lugares específicos, se logró identificar un patrón. Estos objetos —contrastados con entrevistas e información documental, recabada a partir del testimonio de antiguos esclavos y sus descendientes— permitieron a Leone conocer su uso, ya fuera para proteger, para causar daño y efectuar conjuros. De este trabajo se desprende la siguiente conclusión:

Los conjuros malignos pudieron haber sido preparados para el amo, para el señor y al control de la larga subordinación que sabemos existió […] los conjuros pueden lastimar, matar, inflingir enfermedad, llevar a la locura o impedir el descanso de una persona. Por ello, ahora entendemos el rango completo de significados de los conjuros malignos y de protección o benignos […] La extensión de nuestro trabajo era entrar en un dominio sugerido por la literatura académica, pero proscrito por el prejuicio: el conjuro […] el patrón usado para conjurar es el más esperable a encontrar en el registro arqueológico […] Dado que el conjuro era un conjunto de metáforas extendidas, asumimos que nuestras distinciones nunca pueden ser precisas. No obstante, se puede otorgar significado a un número de objetos basados en la similitud […].44

No obstante que los resultados derivaron en la identificación de la construcción de ideologías y supervivencia de tradiciones y significados inmersos en la cultura material, reproducidos a través de los objetos y su colocación acordes al ritual, el trabajo es en su mayor parte descriptivo y se sumerge en el campo de la explicación; se enfoca hacia cómo determinados objetos eran utilizados para curar o hacer conjuros. La información documental y de tradición oral permitió concluir lo siguiente:

[…] hemos mostrado que el Hoodoo era usado para conjurar, protejer y castigar ocasionalmente. Hemos mostrado que una serie de objetos eran también usados para curar, invocar fortuna y prevenir daños […] había un patrón de prácticas religiosas llamadas Hoodoo derivadas de África. Era un sistema de creencias fragmentado derivado del Voodoo cuyas prácticas sobrevivieron […] fue practicado de 1702 a 1920 […] con objetos específicos en lugares específicos, cuyos propósitos han sido comprendidos […]. 45

Sin duda este trabajo es ejemplar en tanto que logra aproximarse al estudio de la sobrevivencia de rituales mágicos Hoodoo en un mundo dominado por una supremacía blanca. La mayor aportación a este campo es sin duda, la reconstrucción de dichas prácticas a partir de la cultura material, la tradición oral y los documentos como líneas de investigación que permiten resolver un problema arqueológico derivado de la teoría crítica “[…] donde la habilidad de los blancos para match y supervisar estaba incitada porque era una ciudad densamente construida, y donde los blancos eran el grupo dominante en el sentido virtual, uno puede asumir entonces que el mundo del Hoodoo fue disminuido aquí porque obviamente no era cristiano. Nuestros descubrimientos arqueológicos demuestran lo contrario”.46

Al final, este artículo muestra un caso empírico bien logrado a partir de la arqueología crítica de la autorreflexión sobre una ideología dominante y prácticas que subyacen en estos contextos. Permite adentrarse al texto que yace detrás de lo material, a la ideología y al ejercicio del poder a partir de las distintas fuentes de evidencia; sin duda para lograr esto y para llegar a un nivel interpretativo, Leone demuestra la necesidad de analizar aspectos físicos, de forma y función de los materiales arqueológicos, la importancia de los objetos, y su asociación. Asimismo, muestra la importancia de considerar los contextos arqueológicos, la asociación de los objetos en un determinado tiempo y espacio, lo que permite aproximarse a los significados otorgados a esos contextos y conjuntos de artefactos, para así llegar a un nivel interpretativo.

No obstante, la interpretación se delega a una de tipo emic por parte de los informantes. Sugerimos que el estudio de la ideología y la interpretación de significados es “bueno para pensar” en nuestro quehacer arqueológico. Recomendamos altamente su lectura.

Reflexión final

En el caso concreto de la arqueología del capitalismo, Leone ha realizado importantes aportaciones para el estudio de sociedades inmersas en este modo de producción, bajo la noción de cultura. Esta concepción facilita de manera importante los sitios y poblaciones marginadas del capitalismo, señalando además rasgos distintivos que esperamos encontrar en la cultura material. A esto sumamos una importante contribución para el estudio de comunidades inmersas en este contexto histórico y la manera en que podemos identificar estrategias contra hegemónicas bajo la noción de nichos de evasión.

En relación con el uso que da el público a la arqueología, consideramos que la invitación a realizar una autocrítica por parte de los arqueólogos es importante, evaluando así para qué y para quién trabajamos. En el caso particular de las reconstrucciones que se hacen de los sitios arqueológicos, es importante la crítica hacia las interpretaciones que se hacen del pasado. En este sentido, nos llama poderosamente la atención el hecho de que los sitios y la información arqueológica, a veces distorsionada, no se alejan del discurso nacionalista, de las motivaciones personales y académicas de quien la proporciona o interpreta. De tal manera que el campo de la investigación es reemplazado por una serie de reconstrucciones hipotéticas que terminan siendo “disneylandias” del pasado remoto y reciente, cuyo propósito es resaltar y sostener mitos de la gloria ancestral.

No obstante esta aportación significativa para aproximarnos al patrimonio, deseamos sostener nuestro punto de vista en cuanto a que consideramos vaga y difusa la manera en que debemos abordarlo, ya que bajo el manto de la interpretación, cualquiera que se haga, puede ser válida. En este sentido, y a pesar de la relevancia que puede tener la participación del público en las interpretaciones del pasado, ¿cuál es entonces el papel de la arqueología?, ¿quién es el responsable de investigar, cuidar y reconstruir los procesos que operaron en el pasado?

La siguiente pregunta proviene del área ontológica. Dada una ontología mixta, ¿cómo es posible mediar lo material con las ideas? Si bien consideramos importante la noción de ideología como constructora y legitimadora de un modo de producción dominante como el capitalismo, ¿es posible abordar esta noción desde la cultura material? ¿Los objetos esconden significados? De ser esto cierto, ¿cómo es que a través de la arqueología podemos sumergirnos en esta red de significados y desentrañarlos? Para ello, citamos el siguiente ejemplo basado en el jardín de Paca:

Considero que los jardines intentaban ser demostraciones, como las demostraciones científicas, de las reglas de la naturaleza observadas y duplicadas. Se intentó que fueran experimentos públicos […] Muy posiblemente fueron intentos de mostrar que sus constructores entendían la naturaleza y por ende, el orden social […] porque muchos personajes de la época pertenecientes a la clase alta patrocinaron la Revolución, los jardines quizás representan el último esfuerzo para enmascarar la cada vez mayor pérdida de poder y argumentar el poder para ellos mismos como hombres que podían mediar entre la ley de la naturaleza y la ley natural de la sociedad. Los diversos instrumentos utilizados en asociación con los jardines […] todos sugieren que éstos fueron considerados como el lugar para observar y duplicar la precisión del universo. Eran sitios para observar y demostrar una habilidad para duplicar las leyes de la naturaleza. 47

Esta premisa deriva de la tesis conocida como el Orden Georgiano de Virginia, cuyo argumento original fue desarrollado por James Deetz en 1977 y retomado por Mark Leone. Según Hicks y Horning, este trabajo se basa en la premisa de la transformación que sufrieron edificios tradicionales a formas acordes con la cosmovisión georgiana, la cual destaca el orden, lo racional y simétrico.48 Estos conceptos “son considerados como fundamentales en la generación de un cambio en la organización del espacio en el periodo que abarca de mediados a finales del siglo XVIII”.

Pero, ¿existe una manera de saber si los visitantes de este jardín estaban conscientes de la enseñanza emitida por las elites? ¿No creen que alguien debería comunicarles el mensaje que se esperaba aprendieran? ¿Cómo podemos evaluar esta interpretación? ¿Existe algo en la cultura material que lo corrobore? Abusando de los ejemplos, incluimos otra cita para ejemplificar el sustento ontológico —en este caso de Potter, quien retoma el trabajo de Leone—, sobre el uso que dan los capitalistas a la Loza Crema durante el siglo XVIII como medio de transmisión de una ideología de poder:

[…] la idea de que al utilizar el mismo tipo de platos que la gente acaudalada hace a la clase media más como aquella de clase alta, es el mensaje vulgar transmitido por Wedgewood [el productor británico de Loza Crema] para vender platos y forjar su fortuna […] La idea de que la Loza Crema enseñaba a sus usuarios a ser miembros manejables de la sociedad, que el servicio de mesa entrenaba a la gente a trabajar para los capitalistas, es una inferencia más que un hecho histórico, pero tiene sustento en la cultura material.

¿No creen que alguien debería notificarle al productor y usuarios sobre los mensajes que se buscan transmitir? ¿Podemos considerar como “vulgar” la estrategia de mercadotecnia usada por el productor por querer vender su loza utilizando a la reina Catalina como usuaria de esta vajilla en su corte imperial? Quizás Wedgewood estaba más interesado en hacer una fortuna como buen capitalista, fabricando platos en un proceso productivo masivo y de bajo costo, que implica por supuesto una homogenización del producto. ¡Quizá no buscó la manera en que su producción fuera lo suficientemente eficiente para transmitir el mensaje al trabajador o usuario a través de sus platos! Dado que en este campo lo que interesa es la interpretación y buscar que el público realice las propias, ¿con cuál interpretación nos quedamos? ¿Cuál es válida? ¿Acaso podrían serlo todas mientras no se disponga de algún método para evaluarlas?

Al asumir que existe una realidad social y que la ideología es lo que permite estudiarla, que construye un mundo de significados que pueden ser interpretados, y con un enfoque emic, nuestra pregunta es ¿cómo es posible congeniar esto?

Esta situación conduce a la ausencia de una metodología de evaluación, dado que en el campo de la interpretación no es posible corroborar. Se inserta dentro de la arqueología posprocesual, aunque distingue su posición de la arqueología estructural y simbólica. Para Leone, la arqueología es una posición política y tiene el poder de cambiar ideologías dominantes que legitiman categorías y prejuicios cultural e históricamente construidos.

En este sentido, Wilke señala que “debemos prestar atención a la manera en se crean las fuentes de información y elementos de resolución temporal y escalar, que pueden proveer con un marco general para evaluar qué preguntas de investigación es apropiado cuestionar a partir de nuestras fuentes materiales”;49 sin duda hay aquí una clave en nuestro camino hacia la interpretación.

Leone deja al descubierto tres puntos: 1) incluso en el campo de la interpretación, los atributos físicos de los artefactos y su análisis contextual es una parte inherente a la investigación arqueológica; 2) en ocasiones, la explicación sobrepasa la interpretación y la ciencia no ha lugar, y 3) la búsqueda de patrones constituyen una parte fundamental en la rutina de trabajo del autor.

No obstante el merecido reconocimiento a su trabajo, el cual ha realizado aportaciones de suma relevancia a la arqueología histórica —como es el estudio arqueológico del capitalismo, aspectos inherentes a la cultura inmersa en este modo de producción, ideología, la autorreflexión por parte de los colegas y la crítica al desarrollo de la arqueología, así como la importancia de realizar aproximaciones emic, por ejemplo—, parecería que en el campo de la interpretación, de no lograrse con éxito sobre una base sostenible, constituye una herramienta “buena para pensar”.

Nuestro problema es claro: abordar el estudio de contextos arqueológicos capitalistas del pasado reciente, con todas sus aristas culturales con una base material. Esto a partir de una autorreflexión desde la teoría crítica que permita abordar otros aspectos de la cultura y las sociedades humanas, con el propósito de interpretar y entender las ideologías y la intención que subyace a la producción de la cultura material.

Consideramos que en los trabajos revisados el autor no brinda una metodología de evaluación, y parecería que existen tantas interpretaciones como intérpretes basadas en contextos locales. Por ello concluimos con unas preguntas: bajo este esquema, ¿quién —y cómo— puede realizar una interpretación adecuada? ¿Cuáles son los límites de la interpretación? ¿Dónde queda el trabajo de los arqueólogos para explicar —y en su caso interpretar— el pasado? Parecería que todo depende de quién interpreta. Por ello es necesario que, como arqueólogos, incursionemos al campo de la interpretación a partir de preguntas de investigación concisas y objetivos cognitivos claros, con una posición crítica y reflexiva que permita mirar hacia la ideología del pasado desde el presente, y así abordar el mundo de los significados y la materialidad.

La arqueología crítica nos invita a la autorreflexión sobre nuestra labor como estudiosos del pasado, sobre las motivaciones que conducen a la investigación y protección de sitios. Esta autorreflexión se puede extender hacia los lineamientos para demarcar lo que debemos investigar, qué regiones y periodos, cómo debemos hacerlo y para quién. En este sentido vale la pena enfatizar el papel que juega la arqueología pública, y su importancia en el campo de la interpretación y conservación de los vestigios del pasado, pues parecería que sin la participación del público en el proceso interpretativo y de difusión nuestra tarea como especialistas y protectores del patrimonio está prácticamente perdida. Esto enfatiza la importancia que debemos dar a sitios del pasado reciente que han recibido poca atención por parte de especialistas, y que sin duda constituyen contextos “ideales” para plantear preguntas relacionadas con las ideologías que prevalecen en el presente, como la relacionada con los conceptos de colonialismo, etnicidad, género, marginación y pobreza. De ahí la importancia de considerar críticamente el quehacer arqueológico y orientar nuestra mirada hacia otros pasados para reorientar nuestro presente.

Bibliografía

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Autora: Verónica Velásquez S.H., Escuela Nacional de Antropología e Historia/Universidad de Sheffield, Reino Unido. Agradezco los comentarios del Dr. Manuel Gándara.

  1. De Mark P. Leone pueden consultarse, por ejemplo: “Archaeology as the Science of Technology: Mormon Town Plans and Fences”, en Robert L. Schuyler (ed.), Historical Archaeology: A Guide to Substantive and Theoretical Contributions, 1978, pp. 191-200; “Interpreting Ideology in Historical Archaeology: Using the Rules of Perspective in the William Paca Garden in Annapolis, Maryland”, en C. Tilley y D. Miller (eds.), Ideology, Representation, and Power in Prehistory, 1984, pp. 25-35; “Epilogue: Middle-Range Theory in Historical Archaeology”, en Suzanne M. Spencer-Wood (ed.), Consumer Choice in Historical Archaeology, 1987, pp. 397-410; “Setting some Terms for Historical Archaeologies of Capitalism”, en Mark P. Leone y Parker B. Potter Jr. (eds.), Historical Archaeologies of Capitalism, 1999. Véase también Mark P. Leone, Parker B. Potter Jr. y Paul A. Shackel, “Toward a Critical Archaeology”, en Current Anthropology, vol. 28, núm. 3, 1987, pp. 283-302; Matthew M. Palus, Mark P. Leone y Matthew D. Cochran, “Critical Archaeology: Politics Past and Present”, en Martin Hall y Stephen W. Silliman (eds.), Historical Archaeology, Londres, 2006, pp. 84-104. []
  2. Sus actividades académicas a detalle pueden consultarse en la página web de la Universidad de Maryland [http://www.bsos.umd.edu/anth/faculty/mleone/]. []
  3. James Deetz, In Small Things Forgotten, 1977. []
  4. Charles E. Orser Jr., Encyclopedia of Historical Archaeology, 2002, pp. 336-337. []
  5. Charles E. Orser Jr., op. cit., p. 202. Matthew M. Palus, Mark P. Leone y Matthew D. Cochran, op. cit. []
  6. Charles E. Orser, op. cit., p. 307. []
  7. Idem. []
  8. Mark P. Leone, op. cit., 1978, p. 192. []
  9. Idem. Cabe destacar que no obstante esta separación del procesualismo arqueológico, en un artículo de 1987 retoma el concepto planteado por Binford para la arqueología sobre las teorías de rango medio. Por extraño que parezca, el paralelismo que propone Leone con respecto al uso de la analogía etnográfica y registro arqueológico con la arqueología histórica, en cuanto a separar los documentos del registro arqueológico, parece convincente. []
  10. Ibidem, pp. 193-194. []
  11. Mark P. Leone, op. cit. 1978, p. 173 (todas las traducciones son de la autora). []
  12. Charles E. Orser Jr., op. cit., p. 337. []
  13. Mark P. Leone, Parker B. Potter Jr. y Paul A. Shackel, op. cit. []
  14. Charles E. Orser Jr., op. cit., p. 337. []
  15. Mark P. Leone, op. cit., 1999, p. 3. []
  16. Ibidem, p. 6. []
  17. Charles E. Orser Jr., op. cit., pp. 336-37. []
  18. Mark P. Leone, op. cit., 1999, p. 7. []
  19. Charles E. Orser Jr., op. cit., 10-11. []
  20. Matthew M. Palus, Mark P. Leone y Matthew D. Cochran, op. cit., 2006, p. 86. []
  21. Ibidem, pp. 84-86. []
  22. Mark P. Leone, op. cit. 1978, p. 195. []
  23. Mark P. Leone, op. cit., 1999, p. 6. []
  24. Ian Hodder, Interpretación en arqueología, 1988, p. 173. []
  25. Ibidem, pp. 184-185. []
  26. Matthew M. Palus, Mark P. Leone y Matthew D. Cochran, op. cit., 2006, p. 85. []
  27. Charles E. Orser Jr., op. cit., pp. 445-446. []
  28. Manuel Gándara, “El análisis de posiciones teóricas: aplicaciones a la arqueología social”, en Boletín de Antropología Americana, núm. 27, 1995, p. 16. []
  29. Matthew M. Palus, Mark P. Leone y Matthew D. Cochran, op. cit., 2006, pp. 84-85. []
  30. Mark P. Leone, “Where is Culture to be Found for Historical Archaeologists?”, en Mark P. Leone y Parker B. Potter Jr. (eds.), The Recovering of Meaning, 2003, pp. v-xxi. []
  31. Mark P. Leone y George C. Logan, “Tourism with Racism in Mind: Annapolis, Maryland Examines African American Past through Collaborative Research”, en E. Chambers (ed.), Tourism and Culture: An Applied Perspective, 1997. []
  32. M. Palus, Mark P. Leone y Matthew D. Cochran, op. cit., 2006, pp. 87-88. []
  33. Mark P. Leone, Parker B. Potter Jr. y Paul A. Shackel, op. cit., 1987, p. 1. []
  34. Manuel Gándara, comunicación personal 2006. []
  35. M. Palus, Mark P. Leone y Matthew D. Cochran, op. cit., 2006, pp. 84-85. []
  36. Ibidem, p. 92. []
  37. Ibidem, p. 88. []
  38. Ibidem, pp. 89-91. []
  39. Parker B. Potter Jr., “Critical Archaeology: In the Ground and on the Street”, en Historical Archaeology, núm. 6, 1992, pp. 117-129. []
  40. Ibidem. []
  41. Mark P. Leone, Gladys-Marie Fry y Timothy Ruppel, “Spirit Management among Americans of African Descent”, en Charles E. Orser Jr. (ed.), Race and the Archaeology of Identity, 2001, pp. 143-157. []
  42. Ibidem, p. 143. []
  43. Ibidem, pp. 143-144 []
  44. Ibidem, pp. 155-156. []
  45. Mark P. Leone, Gladys-Marie Fry y Timothy Ruppel, op. cit., 2001, p. 157. []
  46. Idem. []
  47. Mark P. Leone, op. cit., 2003, p. 255. []
  48. Dan Hicks y Audrey Horning, “Historical Archaeology and Buildings”, en Dan Hicks y Mary Beaudry (eds.), The Cambridge Companion to Historical Archaeology, 2006, p. 279. []
  49. Laurie A. Wilkie, “Documentary Archaeology”, en Dan Hicks y Mary Beaudry (eds.), The Cambridge Companion to Historical Archaeology, 2006, p. 33. []

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