Algunos enfoques teóricos para el estudio de la identidad étnica individual en el medio urbano

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La importancia de la migración indígena hacia los centros urbanos ha merecido desde hace ya varias décadas una amplia gama de estudios dedicados a los diversos aspectos de este fenómeno, desde la inserción de los inmigrantes en el mercado laboral hasta la recreación de algunas prácticas culturales y formas organizativas propias que favorecen la conservación de la identidad étnica. Sin embargo, estos estudios siempre se refirieron a la primera generación de inmigrantes, a pesar de la presencia de la segunda y, en algunos casos, incluso la tercera generación nacida y educada en la ciudad.1

En efecto, a diferencia de algunos países con nutrida inmigración de extranjeros, portadores de culturas distintas respecto de la del país de llegada (por ejemplo, Estados Unidos, Francia o Inglaterra), donde existe una abundante bibliografía sobre la problemática de integración, asimilación y conservación de la cultura de origen por parte de sus descendientes (algunas veces varias generaciones), en México no se ha estudiado, con la profundidad que merece el caso, a la segunda generación de inmigrantes indígenas que residen en los centros urbanos. El escaso interés por la problemática mencionada se debió probablemente a la creencia de que los hijos de indígenas, puesto que nacieron en la ciudad, quedaban de inmediato asimilados a la cultura nacional urbana; es decir, la migración tenía como consecuencia un distanciamiento significativo, cuando no un corte definitivo, de las raíces y la tradición cultural étnica en la generación de los hijos.

Los pocos estudios realizados en la última década sobre los inmigrantes indígenas en los centros urbanos, que incorporan la problemática cultural e identitaria étnica de sus hijos, 2 aportan datos interesantes sobre las formas de identificación de éstos con las comunidades de origen de sus padres y mencionan algunos factores que intervienen en este proceso. Pese a ello, tomar como objeto de estudio al grupo no permite captar las eventuales diferencias individuales en cuanto a grados y maneras de identificación con lo étnico, ni tampoco detectar los casos de una posible pérdida de la identidad étnica en algunas personas. Nuestro trabajo acerca de la identidad étnica de los hijos de inmigrantes indígenas en el área metropolitana de la Ciudad de México, 3 donde analizamos los procesos de identificación y construcción de la identidad étnica individual, es un intento por cubrir esta laguna.

En este artículo se discuten algunos planteamientos teóricos que consideramos imprescindibles para abordar el análisis de la problemática identitaria étnica de los hijos de inmigrantes indígenas en el medio urbano. El estudio de la identidad étnica individual en un espacio distinto del territorio original, el proceso de su formación y los factores que influyen en su transmisión, obliga a recurrir a enfoques teóricos multidisciplinarios para dar cuenta de la complejidad de dichos procesos. El examen de los diferentes aspectos que intervienen en el análisis se apoya en los resultados de la investigación nuestra ya mencionada.

El concepto de identidad: las identidades personal y social

Si bien la identidad del individuo es una sola, la noción de identidad tiene dos dimensiones, estrechamente interconectadas: la identidad personal y la identidad social, por lo que a menudo se utiliza el término “identidad individual”, que incluye a ambas y distingue también a la identidad colectiva o grupal. La identidad personal se define con los términos que describen los atributos específicos del individuo, por ejemplo sus características psíquicas, capacidades, gustos, intereses intelectuales y el aspecto exterior o la imagen fotográfica que tienen los demás de él, así como una biografía única que lo diferencia de los demás; en cambio, la identidad social se compone de conceptos que definen la pertenencia del individuo a diferentes grupos sociales formales e informales. 4

Si bien algunos autores consideran que el concepto de identidad es aplicable sólo a un sujeto individual, el consenso más general señala que la identidad colectiva es la condición de emergencia de las identidades individuales, en la medida en que éstas son el resultado de las interrelaciones dentro de un grupo o colectivo social. 5

Debido a la estrecha relación entre ambas dimensiones de la identidad, el desarrollo del concepto de identidad personal gracias a las aportaciones de la psicología clínica, en especial las de Erik Erikson, ha tenido una gran relevancia para los trabajos sobre la identidad social en general, pero también en su expresión étnica por lo que toca a los procesos de identificación o el papel de la ideología y su relación con la identidad. 6 Otras aportaciones esenciales provienen de los campos de la psicología social y la sociología para el estudio de la identidad social del individuo, y de la antropología para el de la identidad étnica.

Fue Freud el primero en constatar el papel que desempeña “el otro” en la vida de un individuo (como modelo, objeto, asociado o adversario), de manera que la psicología individual desde un principio se presentó al mismo tiempo en la forma de una psicología social en el sentido amplio. 7 Erikson, quien sigue la línea de interpretación freudiana, subraya la relación estrecha entre ambos tipos de identidad al utilizar el término “identidad psicosocial” cuando se refiere a ellos en su libro Identidad. Juventud y crisis.8

Al señalar que las identidades personal y social son dos fenómenos distintos pero no separados de la identidad, los psicólogos sociales de la escuela inglesa de Bristol proponen hablar del sentimiento de identidad para enfatizar su carácter subjetivo. El sentimiento de identidad personal se refiere a las características relevantes que hacen del sujeto una persona única e inconfundible y que permiten establecer la diferencia entre “yo” y “los otros”; la identidad personal asegura al individuo el sentimiento de continuidad, coherencia y lo excepcional de la propia persona. A su vez, el sentimiento de identidad social alude a un conjunto de autodefiniciones del individuo que se refieren a sus categorizaciones sociales, por medio de las cuales el individuo describe su persona al determinar la diferenciación entre “nosotros” y “los otros”. 9

Ahora bien, esta distinción opera en diferentes planos en función de las múltiples pertenencias y roles que son el producto de las interrelaciones del individuo, lo que infunde a la identidad un carácter pluridimensional. Cada individuo integra, de manera sintética, la pluralidad de referencias identificatorias ligadas a su historia, sin que la identidad multidimensional pierda por ello su unidad. 10 Devereux describe el carácter pluridimensional de la identidad social como una diversidad de “círculos de pertenencia” concéntricos, que corresponden a distintos tipos de identidad (o “identidades de clase”) que posee un individuo y que actualiza en los contextos apropiados; en este sentido, también compara la identidad con una caja de herramientas que se utilizan según sean las necesidades del momento. Si bien los distintos tipos de identidad están integrados en principio en un todo más o menos coherente y funcional, Devereux habla de la posibilidad de que la persona destaque una dimensión de su identidad (fenómeno de “hipercatectización”), de manera que anule o eclipse las demás, o que lo hagan los otros, como fue el caso de los judíos despojados por los nazis de las demás identidades excepto la judía. 11 Esta constatación también puede aplicarse a los indígenas quienes, en un momento dado y con determinados propósitos, pueden destacar su identidad étnica; empero, por el contrario, también pueden ser considerados por otros deliberadamente como “indios” con el fin de opacar otras clases de identidades de estas personas para fines económicos, políticos o ideológicos.

Precisa Giménez que cuanto más amplia sea la red de pertenencias sociales de un individuo, mayor será su especificidad identitaria (los individuos pertenecen a una familia, un grupo étnico, una nación, una clase social, una profesión, una categoría de género y ocupación o un partido político, por ejemplo).

La pertenencia social implica la inclusión de la personalidad individual en una colectividad hacia la cual experimenta un sentimiento de lealtad. Esta inclusión se realiza generalmente mediante la asunción de algún rol dentro de la colectividad considerada […] pero sobre todo, mediante la apropiación e interiorización al menos parcial del complejo simbólico cultural que funge como emblema de la colectividad en cuestión. 12

El carácter estructural de la identidad, en la que se integran las diferentes clases de identidades o roles en un todo coherente y funcional, permite hablar de identidades mixtas y no de una “doble identidad” o dos identidades que se enfrentan y entre las cuales los individuos se sienten desgarrados, lo que explicaría sus eventuales conflictos o su inestabilidad psicológica o social. Según Cuche, el individuo que participa de varias culturas construye, a partir de estos diferentes materiales, su identidad única, sincrética, y hace de ellas una síntesis original: “la fuente de conflictos o problemas hay que buscarla en el contexto social más amplio de las interacciones de cada persona”. 13 La comprensión de esta característica de la identidad es de gran importancia para situar de manera adecuada la problemática identitaria de las personas con un doble referente cultural, como es el caso de la segunda generación de inmigrantes indígenas.

La distinción entre las dos dimensiones de la identidad y la comprensión de la relación estrecha entre ellas, por una parte, así como de la relación entre la identidad individual y la colectiva por otra, son fundamentales para abordar el análisis de la identidad étnica de los individuos; es decir, un tipo de identidad social que hace de ellos miembros de un grupo o una colectividad (comunidad) étnica específica y que se traduce en la diferenciación “nosotros” y “los otros”. Lo anterior tiene una importante consecuencia teórica y metodológica para un estudio antropológico de la problemática identitaria, ya que no se puede analizar un tipo de identidad sin aludir al otro. En relación particular con la identidad étnica, cuya formación tiene lugar desde la niñez, su construcción sigue un proceso paralelo al de la formación de la identidad personal del individuo. En este sentido son de gran importancia algunas aportaciones provenientes del campo de la psicología para entender el proceso de formación de la identidad en general y los procesos de identificación en particular.

Erikson y el concepto de “crisis de identidad”

La noción de identidad, o de modo más preciso el concepto de “crisis de identidad”, apareció en la psicología clínica con Erikson, psicoanalista y antropólogo, pero tiene raíces en diferentes corrientes de pensamiento y distintos campos que se interesaron por el individuo, como la antropología, la psicología, el psicoanálisis, la sociología y la filosofía.

Las aportaciones hechas en este campo por Erikson14 son de importancia particular para el análisis de la identidad étnica de los hijos de inmigrantes por dos razones: por un lado, este autor centra su atención en la formación y la problemática identitaria de la juventud y, por otro, es el primero en analizar las crisis de la identidad cultural con base en sus estudios sobre los procesos identitarios en grupos sociales minoritarios o dominados. 15 Dichos estudios le permiten elaborar el concepto de crisis de la identidad cultural y crear bases para el análisis de los conflictos suscitados por las contradicciones de un doble referente cultural y por el tipo de relaciones asimétricas entre los grupos en contacto.

Varios de los conceptos que aparecen en la obra de Erikson los había desarrollado antes Freud; por ejemplo, la noción de identificación entendida como proceso, mientras que la identidad se concibe como un producto de las diferentes identificaciones del sujeto; asimismo, el énfasis en el papel que desempeña el otro en la vida de un sujeto permitió establecer la relación entre la identidad personal y la social; otros elementos retomados con posteridad se refieren a la importancia de las ligas afectivas, el acento concedido a la percepción de sí del sujeto y el peso del inconsciente sobre los deseos y las elecciones de éste. 16

El principal campo de estudio de Erikson constituye el análisis de los procesos de identificación en los adolescentes. Para este autor, el proceso de construcción de la identidad se limita en esencia al proceso de crecimiento del adolescente y consiste en identificaciones con personas más cercanas. En algún momento de la adolescencia el individuo pasa por una crisis específica llamada precisamente la “crisis de identidad”; es cuando el joven se formula la pregunta “quién soy”, lo que significa que la identificación definitiva consigo mismo no está alcanzada o está perturbada. En esta etapa puede aparecer también el problema de la “confusión de la identidad”, cuyo esclarecimiento puede buscarse por medios destructivos y llevar a una identidad negativa. La crisis de la identidad se resuelve sólo mediante nuevas identificaciones con sujetos de la misma edad y figuras rectoras no pertenecientes a la familia. 17

La identidad final que aparece entonces al término de la adolescencia es la resultante de diferentes procesos de identificación del sujeto. No se trata de una simple suma de identificaciones pasadas, sino el producto de una selección de estas identificaciones que participan en la construcción de una configuración nueva que encierra todas las identidades significantes, pero las transforma de manera que se crea un ente razonablemente coherente y específico. 18

Para Erikson, la identidad es una estructura o el producto único de un proceso de identificaciones múltiples; si bien no se descartan los cambios de la identidad propios de la época de la vida, el autor acentúa el aspecto de la continuidad: la persona “ha de experimentar la continuidad entre lo que ha sido en la infancia y lo que promete ser en el futuro, entre lo que ella percibe como ser ella misma y lo que percibe que otros ven en ella y esperan de ella”. 19

La corriente de interaccionismo simbólico

Una segunda fuente teórica particularmente esencial para el desarrollo del concepto de identidad fue la corriente del interaccionismo simbólico, iniciada por la psicología social estadounidense de orientación cognitivista y encabezada por G. Mead de la Escuela de Chicago en el decenio de 930. Esta corriente “analiza la identidad como objeto, efecto y materia de interacción y se concentra en los mecanismos de percepción, definición e interpretación de sí mismo y los demás en las situaciones mutuas de interacción”. 20 En otras palabras, la identidad emerge y se afirma sólo en la medida en que se confronta con otras identidades en el proceso de interacción social, es decir, en condiciones de intersubjetividad. 21

En esencia, para Mead, estas interacciones estaban concebidas de manera inicial en el ámbito de la comunicación, pero las aportaciones posteriores, en particular las de Goffman, 22 sitúan la problemática de la identidad en un contexto sociológico. Según este autor, la identidad se crea en el proceso de la interacción social como resultado de este proceso, bajo todos los aspectos y circunstancias, de modo que lo que somos depende de la percepción que de nosotros tiene el otro. Para Goffman, la vida social es un vasto escenario donde los individuos —actores— se enfrentan respetando los rituales y las líneas de conducta instituidas para preservar, mediante técnicas defensivas, sus caras o roles (relación face to face). En estas interacciones la identidad es “negociada”, es una especie de transacción por la que el individuo está siempre dispuesto a reajustar su identidad a cambio de la credibilidad y la aceptación social. Se trata de una identidad cambiante, efímera, dependiente de la aceptación y el reconocimiento social; una máscara que se pone en función de las circunstancias.

Entre los aportes de la corriente del interaccionismo simbólico hay varios conceptos de interés para un estudio sobre la identidad étnica individual; por ejemplo, la importancia de la afectividad en la comprensión de los hechos sociales (ya planteada por Freud), sentimiento que desempeña un papel de gran peso cuando se trata de relaciones entre padres e hijos. No menos importante es la comparación que interviene en todas las interacciones: el sujeto se compara con otros y trata de encontrar semejanzas y diferencias de manera de poder situarse y evaluarse con relación al consenso social que lo rodea. 23

Melucci desarrolla más la idea según la cual la autoidentificación de la persona debe ser reconocida por los demás para fundar su identidad; en otras palabras, la posibilidad de distinguirse de los demás deben reconocerla los demás; por lo tanto, “la unidad de la persona, producida y mantenida a través de la auto-identificación, se apoya a su vez en la pertenencia a un grupo, en la posibilidad de situarse en el interior de un sistema de relaciones”. 24

Como lo señala Giménez:

….la identidad de un determinado actor resulta, en un momento dado de una especie de transacción entre auto-y hetero-reconocimiento. [….] De aquí se infiere que, propiamente hablando, la identidad no es un atributo, una esencia o una propiedad intrínseca del sujeto, sino que tiene un carácter intersubjetivo y relacional. Es la auto-percepción de un sujeto en relación con los otros; a lo que corresponde, a su vez, el reconocimiento y la “aprobación” de los otros sujetos. En suma, la identidad de un actor social emerge y se afirma sólo en la confrontación con otras identidades en el proceso de interacción social, la cual frecuentemente implica relación desigual, y por ende, luchas y contradicciones”.25

No obstante, como lo señala Melucci, el reconocimiento por otros no coincide necesariamente con la autodefinición identitaria de la persona. Esto ocurre con frecuencia en casos de personas pertenecientes a minorías étnicas, con distintos grados de asimilación, sobre todo si poseen un fenotipo distinto del que predomina en la sociedad dominante, lo que puede incluso afectar el tipo de interacciones que desarrollan los individuos. La contradicción entre la autopercepción de una persona y su percepción por otros puede ser insalvable cuando se trata, por ejemplo, de la adscripción étnica. 26

La tendencia reciente en los estudios sobre la identidad, como es el caso de la escuela de psicología social de Bristol y los estudiosos franceses, quienes aplican el enfoque de estrategias identitarias al análisis de la identidad, es la que privilegia la importancia de las formas de autopercepción y la autodefinición del individuo en cuanto a su identidad personal y social (visión de sí mismo), y no la percepción por otros. De acuerdo con esta propuesta, la identidad individual es una realidad subjetiva, cambiante y dependiente del contexto social también cambiante, como un producto social y proyecto al mismo tiempo. 27

El enfoque de estrategias identitarias

El enfoque teórico que permite acercarnos al análisis de estos procesos es el de las estrategias identitarias, formulado en Francia en la década de los noventa por los científicos sociales interesados en la problemática de la identidad.

Este enfoque, de tipo interaccionista, pone el acento en los procesos y tiende a concebir las identidades como estrategias identitarias, justamente para subrayar su carácter relacional y dinámico. 28 El enfoque reúne los principales puntos de consenso que definen el estado actual de la reflexión a propósito de la identidad:

La perspectiva dinámica para abordar la identidad, considerada como el producto de un proceso que integra las diferentes experiencias del individuo a lo largo de su vida.

La importancia de la interacción entre el sujeto y el mundo que lo rodea sobre la génesis y la dinámica de la identidad, es decir, otros individuos, los grupos o las estructuras sociales; esta interacción se sitúa no sólo en el nivel interindividual, sino también en los planos estructural y superestructural.

La concepción de la identidad, en términos de estrategias identitarias, consiste en considerar que los individuos y los grupos tienen una cierta capacidad de acción sobre la elección de su grupo de pertenencia o referencia, esto es, sobre una parte de la definición de sí. Las estrategias identitarias se definen como

procedimientos puestos en práctica (de manera consciente o inconsciente) por un actor (individual o colectivo) para obtener una o varias finalidades, definidas explícitamente o ubicadas en el nivel del inconsciente; son procedimientos elaborados en función de la situación de la interacción, es decir, en función de las diferentes determinaciones “socio-históricas, culturales, psicológicas” de esta situación. 29

Se considera que una de las finalidades estratégicas esenciales para el individuo es el reconocimiento de su existencia en el sistema social, lo que implica a la vez que el sistema le reconozca su pertenencia y un lugar específico y que la persona resienta subjetivamente este reconocimiento. En otras palabras, el individuo trata de hacerse aceptar, reconocer y valorar por el medio social a través de comportamientos conscientes e inconscientes. Este proceso interactivo requiere una adaptación constante de los actores, una especie de “táctica”: los actores reaccionan en función de la representación que se hacen de lo que está en juego, de los fines que persiguen, pero siempre también en función del estado del sistema en el cual están implicados y que les hace reaccionar en uno u otro sentido. 30

Si bien se acepta que los individuos tienen una cierta libertad en la elección de su grupo de pertenencia (o de referencia), lo que significa un cierto margen de libertad en la elección de su identidad, esto no quiere decir que sean del todo libres para definir su identidad de acuerdo con sus intereses del momento o para manipularla a su conveniencia; las estrategias deben necesariamente tener en cuenta la situación social, las relaciones de fuerza y las maniobras de los demás. Lo anterior no implica en todos los casos una conciencia clara de los fines perseguidos por los sujetos; más bien puede tratarse en buena medida de procedimientos inconscientes. De manera más general, el concepto de estrategia puede explicar las variaciones identitarias y hace aparecer la relatividad de los fenómenos de identificación. La identidad se construye, se deconstruye y se reconstruye según las circunstancias; cada cambio social la obliga a reformularse de manera diferente. 31

La identidad étnica

Siguiendo a Cardoso de Oliveira, la identidad étnica es un tipo de identidad social que se transmite sobre todo mediante mecanismos ideológicos y se expresa y renueva de forma permanente en el nivel de la vida cotidiana. En este proceso la identidad individual se articula con la identidad del grupo de pertenencia que transmite al individuo la memoria histórica, la visión del mundo y la vida y su ubicación dentro de ellos. 32

Por otra parte, el rasgo esencial de la identidad es que por obligación tiene como contraparte la alteridad, sin la cual no existiría, es decir, surge por oposición en el contacto entre distintos grupos étnicos, o entre éstos y sociedades nacionales en las que están inmersos. La identidad étnica es resultado de este vínculo, es relacional, como lo demostró Barth, 33 y a la vez es una “identidad contrastante”; tal característica constituye la esencia de la identidad étnica, la base sobre la cual ésta se define. 34

Las identidades étnicas se distinguen de otras identidades colectivas por el hecho de que sus portadores son unidades sociales culturalmente diferenciadas, constituidas como “grupos involuntarios”. Esto es, se trata de pertenencias que el actor social no elige, pues no se elige la familia, etnia o clase social donde se va a nacer. 35 Se trata también de identidades orientadas hacia el pasado, que rinden lealtad a una tradición basada en el pasado ancestral (que puede ser inventado), religión, lengua y otras tradiciones culturales. En el caso de las etnias indígenas se subraya, además, “su origen pre-estatal o pre-moderno, su fuerte territorialización y el primado de los ritos religiosos tradicionales como núcleo fuerte de identidad”. 36

Sin embargo, la identidad indígena también está constituida por la heterodefinición impuesta por “los otros” y se percibe como una condición social inferiorizada y estigmatizada, lo que implica comportamientos y actitudes específicos tanto de los indígenas, portadores del estigma, como de los otros hacia ellos. 37 Este tipo de interacción crea, en los términos de Cardoso de Oliveira, un tipo específico de “cultura de contacto” que produce preconceptos y estereotipos que consumen ambos grupos y que puede llevar a los sujetos pertenecientes al grupo minoritario a ocultar su identidad para eludir la discriminación; más aún, en los casos extremos, el modelo de relaciones de tipo discriminatorio puede producir en ellos una identidad negativa. Esta “manipulación” o fluctuación de la identidad étnica, según sean el interés y las circunstancias, se desarrolla conforme al grado de distancia y conflicto entre los grupos étnicos en contacto. 38

Otro efecto importante de la discriminación para el grupo subordinado es que la identidad estigmatizada crea en los individuos una mentalidad de dominados, de manera que se asumen como tales y aceptan su posición de inferioridad frente a los otros. Esta actitud, resultado de siglos de opresión, es la que lleva a buscar la asimilación al grupo dominante. Por otra parte, en la medida en que la interacción entre los grupos en contacto se realiza dentro del marco de las instituciones del grupo mayoritario, la identidad étnica puede representar una desventaja, lo que hace más difícil su mantenimiento para el grupo dominado. Esta situación puede llevar al cambio de identidad étnica o su pérdida en favor de otra identidad por intereses e incentivos diversos. 39

La recreación de la identidad étnica y la discriminación

La manera en que las relaciones interétnicas asimétricas repercuten sobre los comportamientos del grupo subordinado afecta por fuerza los procesos identitarios étnicos de la población en cuestión. Si bien estas relaciones se plantean en términos generales entre los grupos étnicos y la sociedad nacional dominante, sus efectos —estereotipos y prejuicios hacia las culturas y personas indígenas— alteran los contactos cotidianos que los migrantes establecen en el medio urbano y tienen diversas expresiones en la vida cotidiana.

Los diversos actos de discriminación que enfrentan los migrantes son compartidos por sus hijos desde la edad más temprana,40 por lo que los jóvenes tratan muchas veces de ocultar sus orígenes para evitar las agresiones. La discriminación afecta de diferentes maneras el proceso de formación de la identidad étnica en los hijos: por una parte, puede limitar la transmisión cultural por parte de los padres (la transmisión del idioma, por ejemplo, para que el acento no delate sus orígenes) y, por otra, influir en la manera en que los hijos se sitúen frente a sus orígenes étnicos. En este sentido pueden observarse dos respuestas: el estigma puede favorecer el debilitamiento o incluso la negación de la identidad étnica vista como un estorbo o, por lo contrario, favorecer su reforzamiento. Sin embargo, hay que precisar que si bien la discriminación y el racismo no son factores determinantes en el proceso de formación de la identidad étnica, pueden tener mucho peso en las autodefiniciones identitarias de las personas, dependiendo de las experiencias y las expectativas de cada individuo. 41

La asimetría en las relaciones étnicas repercute también en grado considerable en el proceso de socialización de los hijos marcado por las diferencias culturales entre ambas comunidades y la posición subordinada de los grupos étnicos y la cultura indígena en la sociedad nacional. Lo anterior puede influir en la aceptación de la identidad indígena por los hijos. Ahora bien, dentro del proceso general de socialización, hay que distinguir dos aspectos: el aprendizaje de las normas, reglas y valores propios de la sociedad nacional y transmitidos en primer lugar por las instituciones de enseñanza, y la enculturación, proceso en el cual el individuo se vincula con el conjunto de significaciones colectivas de su grupo cultural que le presentan la familia y el grupo de referencia. El proceso de socialización intercultural implica entonces la influencia de dos culturas sobre la construcción de las representaciones y sobre el aprendizaje de las normas y conductas, lo que supone que las personas, en determinadas circunstancias, deben elegir entre los valores y los modelos culturales que se les inculcan. Esta elección no se toma con libertad, toda vez que la relación asimétrica entre ambos grupos, que trasciende a sus culturas, hace que las influencias culturales no tengan el mismo peso y las presiones de todo tipo hagan prevalecer las influencias de la cultura dominante. Las presiones culturales se ejercen en particular sobre los adolescentes (edad en la que se define su identidad) y pueden ser fuente de conflictos y contradicciones que lleven a la adopción de diferentes estrategias, desde la desvalorización de la cultura y renuncia de la identidad étnica (la asimilación completa) hasta la aceptación pasiva del estatus de inferioridad, aunque también pueden buscar la valorización y la reivindicación de la diferencia o la integración en ambas culturas. 42

Nuestros datos de campo confirman esta influencia desigual de las dos culturas, la mexicana y la indígena, en la socialización de los hijos de inmigrantes indígenas nacidos en la ciudad. La influencia del medio social urbano, de los medios de comunicación (en particular la televisión), pero sobre todo de la escuela, instrumento de socialización por excelencia en la cultura nacional, se impone sobre la influencia de la cultura indígena que se les transmite en el hogar. Un ejemplo muy significativo de ello es la oposición de muchos hijos a aprender o usar el idioma de los padres, incluso si lo entienden. También los propios padres no insisten en enseñarlo, creyendo que puede dejarles un acento o una pronunciación que haga notar su origen indígena y los exponga a posibles actos de discriminación. A diferencia de los jóvenes que crecen en una comunidad indígena, los hijos de migrantes adquieren la cultura nacional al nacer y educarse en la ciudad de manera natural; no sucede lo mismo con la cultura étnica cuyas adquisición y conservación están sujetas a varias condiciones: dependen no sólo del tipo de transmisión cultural recibida en el medio familiar, sino también de una decisión personal que se relaciona con la estrategia identitaria y el proyecto de vida de cada persona. 43

Hasta ahora se han analizado los aspectos vinculados con el contexto externo en que tienen lugar los procesos de identificación étnica; el objetivo es tratar de demostrar el peso que representan y cómo pueden influir en la formación de esta identidad. Veamos ahora algunos factores internos, primordiales para el proceso de formación de la identidad étnica individual y la especificidad de la situación de los hijos nacidos en la ciudad.

La identidad étnica y el territorio

La relación del individuo con su grupo de pertenencia, indispensable para la formación de su identidad étnica, como resultado de la articulación de la identidad individual y la del grupo a la que alude Cardoso, tiene lugar en un espacio concreto: el territorio étnico. Este proceso necesariamente se modifica (o incluso se puede rescindir) al separarse los individuos de sus comunidades de origen, como sucede en los casos de migración.

En efecto, se ha sostenido que el sentimiento de identidad étnica de la persona guarda estrecha relación con el arraigo, lo que implica referencias específicas al pasado que le confieren el sentimiento de continuidad en el tiempo y el espacio. Quedar “cortado” o “despojado” del propio pasado debido a cambios culturales bruscos o la migración podría tener influencia en el sentimiento de identidad de la persona o la identidad de sus hijos. 44

El análisis de la problemática identitaria en situación migratoria plantea entonces el problema de la relación de los migrantes con los lugares de origen y de destino. El territorio o espacio físico que dejan atrás está lleno de significados propios de la cultura del grupo, muchos de ellos difíciles o imposibles de ser trasladados o reproducidos en el nuevo medio. Por otra parte, se están integrando al espacio urbano e incorporando formas de vida y costumbres urbanas, esto es, el proceso de aculturación tiene como consecuencia determinados grados de asimilación a la cultura nacional y urbana, lo que a su vez supone una reorganización o reacomodo de la cultura original. En algunos casos el proceso de aculturación puede desembocar, debido a la separación de la comunidad, en una pérdida de la identidad étnica por medio de la asimilación total (por la vía de la incorporación) a la sociedad dominante, según el modelo propuesto por Horowitz. 45

Sin embargo, la migración no siempre implica la escisión o la pérdida del territorio. Los estudios más recientes sobre la conservación de las identidades étnicas en situaciones de migración precisan el tipo de relación que los individuos, en general, y los migrantes, en particular, mantienen con el territorio de origen, como lo explica esta propuesta de Giménez. 46

El territorio como un espacio de inscripción de la cultura y un marco en el que se da la distribución de instituciones y prácticas culturales espacialmente localizadas, puede ser apropiado de modo subjetivo como objeto de representación y de apego afectivo, y en este sentido es el símbolo de pertenencia socio-territorial y, por lo tanto, símbolo de identidad. Es decir, el espacio queda interiorizado por los sujetos (individuales o colectivos) e integrado a su propio sistema cultural. De una realidad “externa”, el territorio pasa a ser una realidad “interna”. Lo anterior permite entender que la separación física del territorio no implica por fuerza la separación en términos simbólicos y subjetivos. 47

Si bien este puede ser el caso de muchos migrantes, la situación se torna más compleja cuando se trata de la formación de la identidad étnica en los individuos que nacieron fuera del territorio étnico, y por lo tanto no lo tienen “interiorizado” como sus padres, en los términos propuestos por Giménez. En efecto, el principal cambio que se percibe en la segunda generación es que aumenta la distancia respecto de la comunidad étnica, tanto en el sentido físico como en el simbólico, ya que los hijos de inmigrantes, en algunos casos, ni siquiera conocen la comunidad de origen de sus padres o la conocen muy poco. En consecuencia, se modifican algunos de los principales factores que intervienen en la formación de la identidad étnica en los individuos nacidos fuera de la comunidad. La transmisión cultural, la conciencia de las raíces y el sentimiento de pertenencia a la comunidad étnica pueden adquirirse sobre todo (o únicamente) a través de las interacciones con los familiares y, en ocasiones, los miembros de la comunidad que residen en la ciudad, de quienes reciben los principales elementos de la identidad colectiva. En este proceso de identificación étnica de los hijos es fundamental el papel de sus padres y depende del proyecto que tengan para ellos: mantenerlos dentro del ámbito étnico o apoyar ante todo su integración a la sociedad nacional, opciones que no necesariamente se excluyen.

No obstante, el contacto directo con la comunidad territorial como referente cultural original no deja de tener un significado particularmente importante para la formación de la identidad étnica en los hijos. Lo confirman los casos en los que tuvo lugar este contacto de manera continua o prolongada, lo que creó un profundo sentimiento de pertenencia en los hijos. A ello contribuyó sin duda la convivencia con los familiares y, sobre todo, los abuelos que constituyen un verdadero puente entre los nietos y la cultura étnica, más que sus propios padres quienes no siempre se empeñan en la transmisión cultural por las razones ya citadas. 48

La identidad étnica y la cultura

Al hablar de la identidad étnica y los procesos de asimilación, a la vez que de su contraparte que son la conservación y la recreación de la cultura e identidad étnica en el medio urbano, es importante esclarecer la relación entre la identidad étnica y la cultura. De hecho, al hablar sobre la identidad étnica muchas veces se alude de forma permanente a la cultura o se utiliza el término de identidad cultural como sinónimo de aquélla, lo que no debe llevar a confundir estos dos conceptos que están relacionados de manera estrecha. Como señala Cuche, en un caso extremo puede haber cultura sin una conciencia identitaria, mientras que las estrategias identitarias pueden manipular e incluso modificar una cultura de manera que no tenga demasiada continuidad con lo que era originalmente. En términos generales, la cultura se relaciona en gran parte con procesos inconscientes, en tanto que la identidad se refiere a una norma de pertenencia, necesariamente consciente, ya que está fundada en las oposiciones simbólicas nosotros-ellos. 49

La separación entre identidad y cultura se observa con claridad en el caso de la segunda generación de inmigrantes indígenas. Su sentimiento de pertenencia a la comunidad étnica de sus padres no depende siempre del conocimiento de los elementos culturales étnicos (por ejemplo, el idioma), aunque este conocimiento sin duda favorece la adscripción al grupo. En efecto, se conocen casos de jóvenes que no se identifican con lo étnico a pesar de poseer un conocimiento relativamente amplio de las costumbres e incluso el idioma y, al revés, algunas personas afirman su pertenencia a la comunidad étnica de origen a pesar de tener conocimientos más limitados, con base en otros factores, por ejemplo, afectivos y biológicos. 50

Proceso de identificación étnica

Como se ha observado, el proceso de formación de la identidad étnica de los hijos de inmigrantes que nacen y crecen fuera del territorio étnico tiene características distintas respecto del mismo proceso que vivieron sus padres, quienes la adquirieron de manera natural de su colectividad. De acuerdo con nuestra propuesta basada en los planteamientos de Erikson, la formación de la identidad étnica en los jóvenes sigue en gran proporción las etapas de formación de su identidad personal, en la medida en que se trata de un aspecto del proceso de identificación en general que posee distintas fases de acuerdo con la edad de los hijos.

Los planteamientos de Erikson acerca del proceso de construcción de la identidad personal en los adolescentes, permiten entender la relación entre el desarrollo de la identidad personal y la étnica en un joven que enfrenta el problema de su autodefinición como persona. Si se toma en cuenta que la identificación con lo étnico pasa por la familia y que la identificación con otras personas fuera del círculo familiar, indispensable para construir la identidad personal, que implica un alejamiento de la familia, significa asimismo el alejamiento de lo étnico, se advierte la complejidad del proceso de formación de la identidad étnica en los jóvenes. 51 Veamos algunos factores que pueden influir en este proceso de distintas maneras.

En tanto que la identificación con lo étnico ocurre, en primer lugar, a través de los padres, el tipo de relación entre padres e hijos es de enorme relevancia para que esta identificación tenga lugar. La violencia, los conflictos, el alcoholismo, la falta de comunicación y el autoritarismo son factores que pueden limitar o impedir una buena identificación debido al rechazo de determinadas actitudes de los padres por parte de los hijos. A su vez, las buenas relaciones afectivas, la comprensión y la comunicación favorecen casi siempre esta identificación. Evidentemente este proceso es más complejo y contradictorio, y depende de una conjunción de muchos factores y la forma personal de enfrentar la realidad por cada individuo.

Además de los factores intrínsecos de la familia, intervienen en el proceso los factores externos subrayados con anterioridad. En virtud de la percepción de las diferencias culturales (y fenotípicas) y la identidad atribuida, acompañada con frecuencia de actitudes discriminatorias, la identificación con lo étnico pude tener vaivenes según sea la edad de los hijos. Pasada la crisis de identidad, la identificación con lo étnico puede seguir su curso, incluso con más fuerza, sobre todo si la relación padres-hijos es positiva y se observa una amplia transmisión cultural en el hogar. Pero no siempre es así y algunas personas, al construir su identidad personal, se sitúan de manera crítica frente a sus orígenes étnicos y pueden alejarse de ellos, sin negar por ello sus “raíces” indígenas. 52

Por último, interviene en el proceso de identificación étnica el factor personal, es decir, el proyecto de vida e identidad del individuo. Si bien, como lo precisa Giménez, los grupos étnicos son grupos involuntarios y por lo tanto la pertenencia a ellos no está sujeta a una elección por parte de sus miembros, los hijos nacidos en el medio urbano tienen un margen de libertad para elegir o no la pertenencia a la comunidad étnica de sus padres.

Las diferencias en los grados de identificación con lo étnico o la negación de esta identificación en un grupo de individuos que crecieron en condiciones de vida similares se explican, por una parte, por la forma personal de procesar las diversas experiencias de vida y, en particular, la manera de situarse frente a sus orígenes y la tradición cultural étnica, el tipo de inserción en la sociedad urbana o la percepción de la discriminación; por otra parte, estas diferencias se deben a las diferentes expectativas o proyectos de vida de los individuos que se reflejan en la elección de su pertenencia étnica en función de una estrategia acorde con sus intereses, aunque esta decisión pueda ser en buena medida inconsciente.

Aquí es importante tener en cuenta que las estrategias identitarias no siempre son fáciles de reconocer en una investigación, a menos que sea posible establecer un seguimiento suficientemente largo para registrar los posibles cambios de identidad en función de las circunstancias cambiantes. De la misma forma que la identidad personal se capta sobre todo en los momentos de crisis, los individuos pueden acudir a determinadas estrategias cuando sus relaciones o situaciones vitales se experimentan de manera crítica o conflictiva; entonces adoptan las conductas ofensivas (afirmación, busca de valorización) o defensivas (repliegue, aislamiento, duda, reacciones de interiorización) que los llevan a replantear sus círculos de pertenencia, incluida su propia pertenencia étnica.

Conclusiones

El estudio de la identidad étnica individual en la segunda generación de migrantes indígenas implica la necesidad de acudir a enfoques teóricos interdisciplinarios para dar cuenta de la complejidad del proceso de identificación de los hijos nacidos en el medio urbano y de la diferencia entre la manera en que se construye la identidad étnica en la ciudad y en la comunidad.

El concepto de “crisis de identidad” en los adolescentes de Erikson, la relación entre la identidad personal y la social, la interacción social y la génesis de la identidad, y las estrategias identitarias son algunas herramientas teóricas que, en nuestra propuesta, permiten analizar la problemática de la identidad étnica de los hijos de inmigrantes indígenas y demostrar su especificidad.

En efecto, nacer en un hogar indígena fuera del territorio étnico modifica los principales parámetros que intervienen en la formación de la identidad étnica de los jóvenes: por un lado se modifica su relación con la comunidad étnica y sus miembros y, por lo tanto, la manera en que sucede la transmisión de la identidad; por otro, desde edad muy temprana tiene lugar la influencia del medio urbano y la identificación con la cultura y sociedad nacional que se impone sobre las influencias culturales étnicas. En este proceso desempeñan un papel importante las diversas experiencias de discriminación y racismo que tengan los jóvenes, que pueden modificar de distintas maneras su identificación étnica.

Los factores anteriores, analizados dentro del enfoque de estrategias identitarias, permiten explicar las variaciones en las formas y grados de identificación étnica de las personas en la medida que reflejan la forma de procesar las experiencias de cada quien en función de su proyecto de vida personal.

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Autora: Marta Romer, Dirección de Etnología y Antropología Social.

  1. Los términos de segunda, tercera y cuarta generación fueron establecidos por la Escuela de Chicago en la década de 1920, para designar a las generaciones de hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes a Estados Unidos, llamadas también con el término general de “segundas generaciones”. Dichos términos se siguen empleando habitualmente para analizar los procesos de integración económica, social y cultural de los descendientes de inmigrantes a la sociedad donde nacieron, y los grados de conservación y recreación de la cultura e identidad de origen. []
  2. Maya Lorena Pérez Ruiz (“La identidad entre fronteras”, en Guillermo Bonfil (coord.), Nuevas identidades culturales en México, 1993), en un trabajo sobre un grupo de migrantes mazahuas en Ciudad Juárez, menciona la problemática étnica de sus hijos, quienes en la ciudad se sienten mazahuas y así los considera la población urbana, mientras que en la comunidad de origen de sus padres se los considera “urbanos” por haber incorporado una serie de elementos culturales ajenos a la cultura étnica; esto permite a la autora examinar la diferente percepción de la frontera étnica que tienen los emigrantes y los que residen en la comunidad. Los trabajos de Martha Sánchez Gómez (“Procesos de reproducción de la identidad étnica en la segunda generación de migrantes”, en Raquel Barceló y Martha Sánchez (coords.), Diversidad étnica y conflicto en América Latina, 1998) y Cristina Oehmichen (“Mujeres indígenas migrantes en el proceso de cambio cultural. Análisis de las normas de control social y relaciones de género en la comunidad extraterritorial”, 2001) analizan los distintos grados de identificación étnica entre jóvenes de segunda generación de migrantes, unos zapotecos y otros mazahuas, originarios de comunidades distintas, y explican los factores que causan estas diferencias (sobre todo el tipo de contacto con la comunidad de origen y el grado de socialización en la cultura étnica). []
  3. Marta Romer, “¿Quién soy? La identidad étnica en la generación de los hijos de migrantes indígenas en la zona metropolitana de la Ciudad de México”, 2003. []
  4. Malgorzata Melchior, Spoleczna tozsamosc jednostki, 1990. []
  5. Gilberto Giménez, “La identidad social o el retorno del sujeto en sociología”, en Versión, 1992, Roberto Cardoso de Oliveira, Etnicidad y estructura social, 1992. []
  6. Roberto Cardoso de Oliveira, op. cit., pp. 21y ss. []
  7. Sigmund Freud, 921, en Carmel Camilleri et al., Stratégies identitaires, 1999, p. 9. []
  8. Erik Erikson, Identidad. Juventud y crisis, 990, p. 116. []
  9. Malgorzata Melchior, op. cit., p. 44. []
  10. Denys Cuche, La notion de culture dans les sciences sociales, 1996. []
  11. George Devereux, Etnopsicoanálisis complementarista, 1975. []
  12. Gilberto Giménez, “Materiales para una teoría de las identidades sociales”, en Frontera Norte, 1997, p. 13. []
  13. Denys Cuche, op. cit., p. 91. []
  14. Erik Erikson, op. cit. []
  15. Erik Erikson (op. cit.), con base en sus estudios sobre los problemas identitarios entre la población negra de Estados Unidos, elabora el concepto de identidad étnica “entregada” (surrended identity) que puede recuperarse cuando las condiciones lo permitan; asimismo, el análisis de la integración a la sociedad estadounidense de un joven indígena sioux le permite desarrollar el concepto de crisis de la identidad cultural. Roberto Cardoso de Oliveira (“Identidad étnica, identificación y manipulación”, en América Indígena, 1971, pp. 923-953) retoma el sentido de la identidad “entregada” en su concepto de “manipulación” de la identidad étnica. []
  16. Carmel Camilleri, op. cit. []
  17. Erik Erikson, op. cit., p. 78. []
  18. Ibidem, p. 138. []
  19. Idem. []
  20. Malgorzata Melchior, op. cit., p. 36. []
  21. Gilberto Giménez, op. cit., 1992. []
  22. Erwin Goffman, La presentación de la persona en la vida cotidiana, 1981. []
  23. Malgorzata Melchior, op. cit. []
  24. Alberto Melucci, “Identitá e azione colletiva”, en L. Balbo et al., Complessità sociale e identità, 1985, p. 151. []
  25. Gilberto Giménez, op. cit., 1997, p. 14. []
  26. Como lo demuestran algunos estudios realizados sobre los hijos de migrantes indígenas en la Ciudad de México (Cristina Oehmichen , op. cit., 2001, Marta Romer, op. cit., 2003), sucede que la percepción que tienen los demás de una persona y la identidad que le atribuyen no coinciden con su sentimiento de identidad o la autodefinición identitaria. Por ejemplo, algunos individuos pertenecientes a la segunda generación de migrantes indígenas no se autoidentifican como indígenas (sobre todo cuando son hijos de matrimonios mixtos, indígena y mestizo), pero son vistos y tratados como tales por los demás y, al revés, otros que reconocen su pertenencia étnica indígena se los considera como mestizos debido a su alto grado de asimilación a la sociedad urbana. []
  27. Malgorzata Melchior, op. cit. []
  28. Carmel Camilleri et al., op. cit., p. 20. []
  29. Ibidem, p. 24. []
  30. Idem. []
  31. Denys Cuche , op. cit., p. 94. []
  32. Roberto Cardoso de Oliveira, op. cit., 1971. []
  33. Fredrik Barth, Los grupos étnicos y sus fronteras, 1969. []
  34. Roberto Cardoso de Oliveira, op. cit., 1992, p. 23. []
  35. Gilberto Giménez, “Comunidades primordiales y modernización en México”, en Gilberto Giménez y Ricardo Pozas (coords.), Modernización e identidades sociales, 1994, p. 70. []
  36. Ibidem, p. 171. []
  37. Erwin Goffman, Estigma. La identidad deteriorada, 1980. []
  38. Roberto Cardoso de Oliveira, op. cit., 971, p. 941. []
  39. Fredrik Barth, op. cit., p. 174. []
  40. Los actos de discriminación y racismo, expresados en burlas, humillaciones y agresiones verbales e incluso físicas acompañan a los hijos de inmigrantes indígenas en la ciudad desde la niñez: en la vecindad donde viven, la calle, la escuela e incluso la universidad y el trabajo. El origen oaxaqueño (aunque sólo sea de uno de los padres), el fenotipo indígena o un ligero acento o pronunciación distinta del español pueden causar el rechazo de sus compañeros con diferentes grados de violencia (Marta Romer, op. cit., 1998). []
  41. Idem. []
  42. H. Malewska-Peyre, “Les enjeux de la socialisation”, en H. Malewska-Peyre y Pierre Tap (coords.), La socialisation de l’enfance á l’adolescence, 1991. []
  43. Marta Romer, op. cit. []
  44. Malgorzata Melchior, op. cit. []
  45. L. Horowitz Donald, “Ethnic identity”, en N. Glazer y D. Moynihan (eds.), Ethnicity, theory and experience, 1975. []
  46. Gilberto Giménez, “Territorio, cultura e identidades. La región sociocultural”, en Estudios sobre las culturas contemporáneas, 1999. []
  47. Ibidem, pp. 33-34. []
  48. Marta Romer, op. cit. []
  49. Denys Cuche, op. cit. []
  50. Marta Romer, op. cit. []
  51. Partimos aquí del supuesto que las familias indígenas radicadas en la Ciudad de México no forman una comunidad territorial como los guetos en algunos países con nutrida población de inmigrantes y, por lo tanto, los modelos externos a la familia con los que los adolescentes pueden identificarse se encuentran en general fuera del medio étnico. []
  52. Marta Romer, op. cit. []

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