Conservar y revitalizar: consideraciones sobre la situación lingüística de yaquis y mayos

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En el simposio fue evidente el entusiasmo de los lingüistas por ayudar al rescate de las lenguas mediante la concientización tanto de los propios hablantes, que a veces no se dan cuenta de la inminencia de la desaparición de su lengua, como de los miembros de las sociedades dominantes. Éstos pueden ser convencidos del valor que tienen las lenguas minoritarias y de la importancia de su mantenimiento, ya que de su existencia depende en gran parte la riqueza cultural de los pueblos. 1 

A pesar del discurso oficial, la política del lenguaje en México se ha caracterizado por tratar de imponer el uso del español en las comunidades indígenas del país, a costa de las lenguas nativas. El reconocimiento de éstas y la llamada educación bilingüe no han pasado, hasta ahora, de ser letra muerta en la Constitución mexicana y otros reglamentos, o en el mejor de los casos, políticas sin resultados reales en la conservación de las lenguas indígenas del país. Sin embargo, con la entrada en vigor de la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas,2 aparentemente había otras condiciones en torno al conflicto lingüístico entre las lenguas indígenas y el español, aunque como señalan algunos académicos, dicha ley no contempla una serie de aspectos medulares para contrarrestar la dinámica del desplazamiento lingüístico que observan las lenguas indígenas, y mantiene lagunas en la puesta en marcha de las políticas públicas tendientes a la conservación y revitalización de las lenguas vernaculares habladas en nuestro país.3

Por otra parte, la discusión sobre el mantenimiento y desplazamiento lingüístico se ha centrado básicamente en ubicar el conflicto en el plano público, sobre todo en la escuela, por lo que las políticas reivindicativas casi siempre apuntan hacia ese espacio,4 sin que hasta ahora se reconozca la importancia de los sitios privados como arenas de lucha entre la lengua dominante y las lenguas subordinadas.5 Esta característica hay que tenerla muy presente al momento de plantear políticas alternativas para la conservación o rescate de las lenguas minorizadas.6

Ahora bien, aunque Flores sostiene que las políticas del lenguaje están en función de contextos más amplios, en donde las tendencias revitalizadoras responden a las luchas étnicas por el respeto a su integridad económica, política y sociocultural,7 los contextos regionales, los procesos de organización internos y la situación sociolingüística particular de cada grupo étnico, sobre todo en el plano de las ideologías lingüísticas, son de suma importancia para desarrollar cualquier intento de mantener la vitalidad de las lenguas indígenas en México, debido a que hasta ahora la respuesta del Estado a las exigencias indígenas ha frenado cualquier posibilidad real de una política nacional en favor de las lenguas minorizadas.

En el caso de las lenguas yaqui y mayo es notorio que el conflicto más intenso se ubica en los planos privados, ya que en los espacios públicos el español ha sido por demás dominante, únicamente con algunas salvedades, producto de la organización interna de ambos grupos, sobre todo de los yaquis o yoemem,8 quienes han logrado mantener el uso de su lengua materna en ciertos contextos públicos. Estas características son realmente tan importantes en los procesos de mantenimiento y desplazamiento de cada una de estas lenguas que han hecho que nos preguntemos si es posible conservar el yaqui y revitalizar el mayo.9

Público versus privado, o la lucha por los espacios

La sociolingüística en México se ha caracterizado por abordar el problema del conflicto lingüístico entre hablantes de lenguas con estatus diferenciados y particularmente en contextos públicos. Los académicos casi siempre discuten el problema entre los no indígenas, hablantes de español, y los hablantes de lenguas nativas. A partir de esta consideración centran su atención en aquellos espacios donde se hacen evidentes las luchas por los significados, como son las escuelas, las asambleas de ejidatarios, los mercados, etcétera.10 Por supuesto que éstos son de suma importancia para los procesos de contacto de lenguas, el problema estriba en que otros aspectos fundamentales han sido marginados al momento de analizar la dinámica del desplazamiento lingüístico, como es la relación indígena-indígena en una situación de bilingüismo y los espacios privados, en donde se dirime la persistencia de una lengua indígena o su eventual desaparición. El conflicto en lo privado implica la disputa cotidiana entre hablantes con diferentes actitudes hacia el español y la lengua nativa, aunque la comunicación en estos espacios no involucra necesariamente la relación entre indígenas, debido a que existen matrimonios mixtos dentro de las comunidades indígenas que incorporan a no indígenas o indígenas hablantes de lenguas diferentes y que generalmente utilizan el español para comunicarse.11

Incluso las propuestas para reivindicar las lenguas apuntan hacia los espacios públicos y dejan fuera los privados,12 como si la relación de lenguas en contacto sólo tuviera lugar en el ámbito público y en lo privado estuviera todo resuelto a favor de las lenguas subordinadas.

El incorporar lo privado y la relación entre indígenas en la discusión para ver la posibilidad de reivindicar las lenguas autóctonas permite tener una visión más cercana del problema del desplazamiento lingüístico. De otra manera no sería posible reconocer cuáles son los mecanismos de resistencia y de cambio que se dan al interior de las redes sociales de las comunidades indígenas en cuestión. Su conocimiento llevaría a proponer medidas para reforzar las formas de resistencia y a tratar de neutralizar, hasta donde es posible, las fuentes de transformación.

La situación sociolingüística en las regiones yaqui y mayo

Mientras que en la mayoría de las comunidades yaquis el bilingüismo es parte de la vida cotidiana de los miembros del grupo, con una alta incidencia de niños que aprenden el yaqui como primera lengua, en las comunidades mayos el español ha ganado terreno en las últimas décadas, lo que ha provocado que la gran mayoría de los niños autonombrados yoremem sean monolingües en español. De entrada eso marca la diferencia en la manera como cada grupo ha respondido al proceso de conflicto lingüístico con el español. El yaqui es la lengua que generalmente se habla en la casa, aunque el español ha ido ganando terreno en ese espacio vital para la supervivencia de la lengua indígena, eso determina que un número importante de adolescentes sean casi perfectos bilingües.

Ha sido tan radical ese cambio, que se ha dado una situación muy particular en la forma de comunicación de individuos con diferentes actitudes y usos de cada lengua. Por un lado los monolingües funcionales en mayo, quienes prefieren hablar en todo momento su lengua materna, aunque entienden el español, y los monolingües funcionales en español, pero que comprenden perfectamente el mayo. A la forma en que ellos se comunican lo hemos caracterizado como monolingüismo inverso, debido a que cada uno prefiere utilizar la variedad con la que se siente más identificado: uno habla en mayo y el otro contesta en español y a la inversa. En estos casos es poco común hacer cambio de código, debido a que cada uno tiene muy clara la forma de conversación con su interlocutor. Generalmente este tipo de comunicación se da entre personas de diferentes generaciones: por un lado los ancianos, más propensos a utilizar cotidianamente el mayo, y por el otro los jóvenes y niños que han crecido en espacios en donde el mayo es la lengua de mayor uso entre varios miembros de la familia, pero debido al estigma que significa el uso de la lengua vernácula tienen un fuerte rechazo a producir mensajes en ella. Esto es, son hablantes pasivos de la lengua nativa, pero se niegan rotundamente a utilizarla y prefieren en todo momento el uso del español. Eso no significa que rehacen totalmente su herencia yoreme, pero el estigma de hablar una lengua indígena ha sido fundamental en las últimas décadas, el cual se observa como un proceso generalizado en todas las comunidades mayos, lo que ha interrumpido súbitamente el uso de la lengua indígena en las últimas generaciones de quienes perciben su identidad étnica de forma particular, pero que ven la utilización del mayo de modo totalmente negativo, rechazando categóricamente la posibilidad de emplearla con quienes lo hacen de forma cotidiana.

Al respecto, Don Kulick13 señala que cuando aparece la primera generación de monolingües en la lengua dominante, se da el primer paso para una incipiente muerte de lengua de la comunidad nativa. En este sentido podemos afirmar que el mayo está claramente en una situación de este tipo. Una o dos generaciones recientes tienen al español como lengua materna, y la tendencia se encamina al desplazamiento total del mayo a favor de la lengua dominante.

La diferencia entre los procesos que han seguido yaquis y mayos es determinante en la vitalidad que tiene cada una de las lenguas, y la actitud de sus hablantes refleja las posibilidades de conservar una lengua o su potencial desaparición. El bilingüismo de los yaquis aparenta ser uno de los más estables en el norte de México, mientras el creciente monolingüismo en español de los yoremem es alarmante para el futuro del mayo. Los programas internos tendrán que ver con el tipo de procesos que cada grupo étnico ha seguido, sobre todo en los últimos tiempos, cuando las presiones externas se combinan con las internas para crear condiciones que hacen más difícil mantener en uso las lenguas nativas.

La arena de lucha en los espacios privados entre yaquis y mayos

Mientras los espacios públicos han sido cubiertos casi en su totalidad por el español en el área mayo, la lucha por mantener el uso de la lengua indígena se ha circunscrito a los ámbitos privados. La familia ya no representa el bastión de la lengua materna del grupo étnico. En las últimas generaciones, los cambios se han dejado sentir al interior de ella y la lucha ha cobrado mayor fuerza entre quienes se niegan a dejar de hablar el mayo y quienes promueven el uso cotidiano del español, aun en ámbitos donde la lengua vernácula tenía mayor presencia, como durante la celebración de fiestas religiosas.

Los mestizos han roto la barrera ideológica y geográfica que por mucho tiempo mantuvo segregado al grupo mayo casi hasta mediados del siglo XX. Con la llegada de un número creciente de mestizos en busca de tierras ejidales y para contratarse como jornaleros agrícolas, los pueblos yoremem modificaron sus figuras poblacionales con un incremento de los extraños que casi en todos los casos superan a los miembros del grupo étnico. En un principio los mayos se mantuvieron al margen, creando una barrera ideológica y geográfica a la expansión de quienes trataban de imponer su modelo económico, político y cultural, incluyendo el lingüístico. Eso les permitió seguir reproduciendo su cultura y su lengua, pero el germen del cambio ya estaba instalado en el interior de sus poblados. Con el paso del tiempo los mestizos dejaron sentir su influencia en ciertos sectores más propensos a incorporar el modelo mestizo en la sociedad indígena. Con ellos comenzó un proceso de cambio que día tras día sigue creciendo a costa de reducir los espacios de quienes mantienen ciertas tradiciones y costumbres, incluyendo la de hablar la lengua mayo. Hasta cierto punto, la ideología dominante rindió sus frutos, pues quienes la incorporaron a su propia ideología abogan para que el resto de sus congéneres también la retomen y modifiquen sus prácticas culturales y lingüísticas. Así fue como el conflicto pasó de los espacios públicos a los privados y con ello una mayor dificultad para el uso de la lengua mayo.

En el plano familiar hubo una primera generación que comenzó a utilizar más el español dentro de la casa hacia mediados del siglo XX. A sus hijos les enseñaron español como primera lengua, aunque entre ellos y con otras personas de su misma generación continuaran hablando en su lengua materna. Sólo debido a que algunos sectores de la familia o de sus redes sociales eran más resistentes al cambio, algunos aprendieran el mayo como segunda y simplificación de estructuras gramaticales. La lucha desigual ha traído consecuencias desfavorables para la lengua mayo, ya que sólo en ciertos sectores y contextos ésta es utilizada cotidianamente. Los sectores compactos ya no se concentran dentro de la familia; son grupos de hablantes de diferentes familias que procuran establecer sus interacciones cotidianas en su lengua materna, formando al interior una red social muy cerrada. Varios de ellos pertenecen a otras redes sociales en las cuales el español es la lengua dominante, y en algunos casos ellos mismos fueron activos innovadores en la incorporación del español en la vida familiar, aunque con el tiempo retomaron el mayo como la lengua de preferencia para comunicarse con otros miembros de la sociedad yoreme, en especial con aquellos más proclives a resistir el creciente bilingüismo del grupo étnico: los monolingües funcionales de mayo.

En este proceso ha habido una dinámica entre hablantes de la lengua nativa que ha resultado contraproducente para su vitalidad y posible continuidad. Aquellos hablantes que tuvieron al mayo como primera lengua y que tienen una perfecta competencia comunicativa critican la forma de hablar de aquellos que la aprendieron como segundo idioma. Esto hace que los segundos prefieran hablar y sólo hablan en mayo con quienes tienen las mismas características de competencia comunicativa, aunque esto tampoco es muy común.14 Lo más frecuente es el uso del español en el ámbito familiar, lo que trae consigo una fuerte carga hacia el desplazamiento de la lengua vernácula en este espacio, tradicionalmente considerado como uno de los baluartes para el mantenimiento de la lengua indígena.

Si bien dentro del grupo yaqui el bilingüismo es más estable, los procesos de desplazamiento lingüístico siguen una dinámica creciente, sobre todo en algunas de las comunidades de los ocho pueblos tradicionales consideradas como más castellanizadas. En estos lugares los cambios se han dejado sentir en las últimas décadas, producto de muchos factores, pero sobre todo de la internalización de la ideología dominante por parte de algunos miembros del grupo, particularmente de aquellos que pertenecen a familias muy conservadoras en el uso de la lengua nativa y comienzan a modificar los antiguos hábitos lingüísticos del resto de la familia y de su red social.

Aquí también el conflicto ha pasado de los contextos públicos a los privados, aunque dentro de la organización interna los diálogos en las reuniones con las autoridades tradicionales y en las ceremonias religiosas sigue predominando la utilización de la lengua yaqui. Su actitud contestataria hacia los mestizos los lleva a discutir entre ellos, primero en yaqui, cualquier asunto público, para que después uno de ellos se encargue de traducir al español su postura a las autoridades municipales, estatales o federales, con las que tienen que arreglar algún diferendo. Esto sucede en comunidades como Loma de Guamúchil, aun cuando dentro de las redes sociales familiares el uso del español siga un proceso creciente, sobre todo en las generaciones más jóvenes.

En los solares familiares se da la batalla más radical entre ambas lenguas. El bilingüismo de la mayoría de los yaquis viene cediendo terreno al uso cada vez más generalizado del español. Una cantidad considerable de jóvenes tienen actitudes contrarias a la utilización de la lengua materna del grupo, aun en contextos propicios para su uso. Eso de por sí es delicado en una sociedad dominada por el español y con tendencias cada vez más claras al desplazamiento de las lenguas indígenas, producto, en buena medida, de la globalización. Si bien la mayoría de los ocho pueblos tradicionales tiene un bilingüismo estable y los niños aprenden primero la lengua yaqui, los cambios en algunas de las comunidades más hispanizadas sirven como ondas expansivas hacia el resto. Esto se debe a los contactos permanentes que tienen los miembros del grupo, al funcionar como una confederación de pueblos yaquis, en la cual la movilidad e interacción es muy frecuente entre ellos y los cambios alguna manera, lo que está sucediendo en algunos poblados yaquis lo experimentaron anteriormente los mayos y está dando como resultado la probable muerte de esta lengua, por lo que de seguir esa tendencia los yaquis comenzarían a tener los mismos problemas que tienen actualmente sus vecinos yoremem.

Políticas del lenguaje para mantener al yaqui y al mayo

Al interior de ambos grupos no ha existido hasta ahora una política propia que enfrente el creciente uso del español en sus comunidades tradicionales y que promueva el uso de la lengua indígena en los espacios que ha venido ganando la lengua vehicular. Los esfuerzos por mantener ambas lenguas han llegado de parte de instituciones del Estado, como la escuela bilingüe y algunos de los promotores culturales de la Dirección General de Culturas Populares e Indígenas (DGCPI), sin que logren avances en ese sentido. La falta de una política generalizada y la idea de que fue en la escuela en donde los viejos aprendieron el español y por lo tanto debe ser la escuela el lugar en donde se revitalice la lengua materna, impide la puesta en práctica de movimientos internos para recuperar lo ya perdido o que está en vías de ocurrir.

En este proceso hay una diferencia importante entre yaquis y mayos. Primero, porque los yaquis no tienen el problema del desplazamiento lingüístico tan drástico como ocurre con los mayos. Segundo, porque los primeros cuentan con una fuerte organización interna que permitiría en algún momento promover el uso de la lengua materna al interior de las comunidades, cosa que hasta ahora no han hecho porque no sienten amenazada su lengua materna. Es más, existe un grupo de profesores y promotores culturales yaquis que están tratando de definir su propio alfabeto para promover el uso de la escritura. Sin embargo, no han logrado un acuerdo, además de que, otra vez, ven la defensa de la lengua materna a partir de un fenómeno escolarizado, con la promoción de la escritura yaqui, pero dejan de lado el aspecto más importante: la promoción del uso de la lengua yaqui al interior de las redes sociales de la comunidad, sobre todo dentro de la familia, en donde las diferentes generaciones han cambiado de alguna manera su actitud hacia ambas lenguas y con ello la presencia del español en espacios anteriormente dominados totalmente por la lengua nativa.

El promotor de la DGCPI de Loma de Guamúchil llevó a cabo un proyecto especial al darse cuenta que muchos niños yoemem ya no hablaban la lengua materna del grupo: impartió un curso que tenía la finalidad de promover la escritura yaqui, debido a que en ese lugar no existe una escuela bilingüe, por lo que los niños y jóvenes toman sus clases únicamente en español.15 En realidad resultó un curso para aprender yaqui debido a que la mayoría de sus alumnos no utilizaba ese idioma de manera cotidiana. Sin embargo, no tuvo se quiso reconocer la seria dificultad que representa el aumento de la finalidad de enseñar el yaqui como segunda lengua ni tampoco se quiso reconocer la seria dificultad que representa el aumento de monolingües en español en ese lugar, o en su defecto monolingües funcionales, ya que entienden la lengua vernácula pero no pueden comunicarse a través de ella. La falta de reconocimiento de este problema tal vez sea uno de los principales obstáculos para poder plantear políticas de conservación de la lengua yaqui desde el interior del grupo étnico.

Dentro de las comunidades mayos el problema es mucho más fuerte, dado que no existe ningún mecanismo al interior que hasta ahora permita la revitalización de la lengua, en franco proceso de ser sustituida por el español. Si bien este grupo tiene el mayor número de profesores bilingües de Sonora y Sinaloa, muchos de los cuales llegan a ser únicamente hablantes funcionales de la lengua indígena, en realidad no hay una política seria para revertir la dinámica del cambio. Incluso varios de los maestros son en realidad hablantes pasivos, pero acceden al magisterio por falta de docentes que manejen bien la lengua materna, además de que los niños no hablan mayo y eso les permite utilizar el español en todo momento. Por lo tanto no es necesario utilizar la lengua del grupo en el ámbito escolar, situación que sí ocurre en varias comunidades yaquis, en donde muchos niños sólo hablan el español hasta después de ingresar a la primaria. Además, el hecho de que exista una escuela bilingüe, e incluso un albergue indígena en una comunidad, no cambia en nada la situación del desplazamiento, ya que la mayoría de las poblaciones yoremem presentan el mismo proceso de sustitución de la lengua mayo, tengan o no una escuela llamada bilingüe.

Entre los pocos intentos por revertir el problema del desplazamiento del mayo se cuentan las actividades que han desarrollado los centros de cultura de El Júpare y Buaysiacobe, en Sonora. En esos lugares se han impartido talleres de lengua indígena para niños monolingües en español, pero éstos no han tenido continuidad y se enfrentan a la agobiante realidad del uso de la lengua dominante en casi todos los contextos de comunicación cotidianos. Por otro lado, han implementado folletos y juegos que incluyen parte del vocabulario de la lengua indígena, al mismo tiempo que han presentado documentos que señalan el problema de la pérdida de la lengua mayo, pero su radio de influencia resulta muy corto y no han pasado de ser meros intentos por revitalizar un idioma en franco proceso de muerte de la lengua.

A estas experiencias se suma la actividad de la radio del Instituto Nacional Indigenista, que transmite en mayo, yaqui, guarijío y español, pero con un número reducido de horas dedicadas a cada grupo y la lengua que hablan. La radio comenzó a funcionar en 1996, a la fecha no ha logrado competir con las radiodifusoras comerciales, las cuales transmiten totalmente en español y cuentan con un número mayor de radioescuchas en toda el área indígena.

A manera de conclusión

Ahora bien, ¿de dónde partir para tratar de implementar políticas internas que busquen conservar la lengua yaqui y revitalizar el idioma mayo? Ya que las políticas estatales evidentemente buscan lo contrario, primero es necesario que los hablantes nativos hagan causa común para llevar a cabo programas que permitan reivindicar el uso de la lengua indígena en contextos posibles, sobre todo en espacios privados. Es más fácil revertir el problema en estos contextos que en aquellos dominados por los mestizos, sobre todo los más públicos, como son la escuela, la clínica de salud o las reuniones de ejidatarios o cooperativistas. En el caso de los yaquis existen organizaciones internas que tiene importante prestigio dentro de las comunidades y que pueden ser quienes implementen políticas tendientes a utilizar con mayor frecuencia el yaqui al interior de las redes sociales familiares para revertir el proceso gradual de desplazamiento lingüístico que está experimentando la lengua de este grupo étnico.

Para los mayos es más difícil porque no quedan organizaciones de ese tipo. Únicamente se mantienen las organizaciones de promeseros, como los fiesteros, los fariseos o las autoridades de la Iglesia. Los espacios en que se reúnen estos grupos son los lugares donde la lengua mayo continúa vigente, aunque no del todo. En general, los miembros de estos grupos forman los sectores compactos que tienden a usar con frecuencia su lengua materna, por lo que serían los indicados para la implementación de políticas de revitalización del mayo. En este ejercicio, los hablantes pasivos tendrían más posibilidades de practicar el mayo y acceder a una mayor competencia. A su vez, el papel que pudieran jugar los maestros bilingües y los promotores culturales sería decisivo para reintegrar a la vida privada el uso de la lengua mayo. Mientras eso no suceda, el proceso gradual de desplazamiento del yaqui y la muerte del mayo seguirán su inexorable curso.

Bibliografía

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Autor: José Luis Moctezuma Zamarron, Dirección de Lingüística, INAH. Una primera versión de este trabajo se presentó en la Reunión anual de Los Amigos de las Lenguas Yutoaztecas, Universidad de Guadalajara, Chapala, Jalisco, 2000.

  1. Anita Herzfeld y Yolanda Lastra (eds.), Las causas sociales de la desaparición y mantenimiento de las lenguas en las naciones de América, 1999, pp. 1. []
  2. “Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas”, 2003. []
  3. José Luis Moctezuma, “Perspectiva de las políticas lingüísticas en México: la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas”, en Memorias del foro sobre Derechos Lingüísticos (en prensa). []
  4. Dora Pellicer, “Derechos lingüísticos y educación plural en México”, en Beatriz Garza Cuarón (coord.), Políticas lingüísticas en México, 1997, pp. 273-289; Dora Pellicer, “Derechos lingüísticos y supervivencia de las lenguas indígenas”, en Anita Herzfeld y Yolanda Lastra (eds.), Las causas sociales de la desaparición y mantenimiento de las lenguas en las naciones de América, 1999, pp. 1-19. []
  5. José Luis Moctezuma, De pascolas y venados. Adaptación, cambio y persistencia de las lenguas yaqui y mayo frente al español, 2001. []
  6. El concepto de lenguas minorizadas está tomado de Lourdes de León, “Lenguas minorizadas, justicia y legislación en México y en Estados Unidos”, en Lourdes de León (coord.), Costumbres, leyes y movimiento indio en Oaxaca y Chiapas, 2001, pp. 203-228. []
  7. José Antonio Flores, Cuatreros somos y toindioma hablamos. Contactos y conflictos entre el náhuatl y el español del sur de México, 1999. []
  8. Yaqui y mayo se diferencian internamente por la elisión de la [r] intervocálica en algunas palabras, como al autonombrarse. Yaqui es yoeme en singular y yoemem en plural, mientras mayo es yoreme en singular y yoremem en plural. []
  9. Ver para ambas perspectivas a Nancy Dorian (ed.), Investigating Obsolescence. Studies in Language Contraction and Death, 1989 y a Joshua A. Fishman, Reversing Language shift, 1991. []
  10. José Antonio Flores, La interacción verbal de compra-venta en mercados otomíes, 1983; José Antonio Flores, “Elementos hacia un análisis crítico de la educación bilingüe-biculttural”, 1988; Héctor Muñoz y Enrique Hamel, “Aspectos sociolingüísticos de la educación para niños otomíes”, en Héctor Muñoz y Enrique Hamel (eds.), El conflicto lingüístico en una zona bilingüe de México, 1982, pp. 19-43; Héctor Muñoz, Sara Carrión y Lucina García, “La inconclusa transición al lenguaje escrito y la tradición escolar en la alfabetización de adultos mazahuas”, en Roberto Blancarte (coord.), Estado de México, perspectivas para la década de los 90’s, 1994, pp. 519-536. []
  11. José Luis Moctezuma, op. cit., 2001. []
  12. Beatriz Garza Cuarón y Yolanda Lastra, “Lenguas en peligro de extinción en México”, en Robert Robins, Eugenius Uhlenbeck y Beatriz Garza Cuarón (eds.), Lenguas en peligro, 1991, pp. 157-160. []
  13. Don Kulick, Language Shift and Cultural Reproduction: Socialization, Self, and Syncretism in a Papua New Guinean Village, 1992, p. 12. []
  14. Ver Jane H. Hill y Kenneth C. Hill, Hablando mexicano. La dinámica de una lengua sincrética en el centro de México, 1996. []
  15. Los miembros de la comunidad prefieren el sistema escolar monolingüe, el cual únicamente utiliza el español en el aula. []

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