Silvia Ortiz Echániz, Una religiosidad popular: el espiritualismo trinitario mariano, México, INAH (Científica, 220), 2003.

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DA31601Con diferente portada pero con el mismo contenido, ha aparecido, la primera reimpresión, un tanto retrasada por cierto, de este libro de Silvia Ortiz Echániz al que aquí nos referiremos. La primera edición tuvo su aparición en 1991, dicho trabajo, curiosamente nunca reseñado a pesar de su relevancia, pues constituye uno de los estudios clásicos sobre el tema convertido, desde su primera edición, en un libro obligado de consulta para los interesados en los espiritismos y espiritualismos, y para todos aquellos estudiosos del campo religioso en México e incluso para los que desean profundizar en aspectos más particulares de la cultura mexicana.

Se trata de un libro cuya seriedad está respaldada por la obtención del premio Fray Bernardino de Sahagún otorgado en 1991 por el Instituto Nacional de Antropología e Historia a los trabajos sobre Etnología y Antropología Social que destacan por su calidad académica.

Como se nos hace saber en este libro y de hecho ya se tenía noticia de ello por trabajos previos, el espiritualismo trinitaria mariano constituye una de las manifestaciones religiosas más importantes de México dentro del marco de la religiosidad popular. Este credo, como nos confirma la autora, surgió en la Ciudad de México en el año de 1866, favorecido por la libertad de ideas fomentadas por las Leyes de Reforma, entre un grupo de ferrocarrileros y algunos marginados urbanos. La religiosidad popular mencionada, ha conservado su radio de acción principalmente entre los sectores marginales y lejos de decrecer, se ha extendido por toda la República e incluso traspasado fronteras gracias a los migrantes mexicanos que se instalan en Estados Unidos de Norteamérica. Es entre estos grupos de la población donde el espiritualismo trinitario mariano hoy día se practica, ya que además de las ceremonias propias del credo, la curación de enfermedades por medio de procedimientos mágico-religiosos, así como por el trance y la posesión de espíritus, intercalados con la práctica de la llamada medicina tradicional mexicana, constituye uno de los sistemas médicos más solicitados del país.

Caracteriza a esta religiosidad popular, de visos mesiánicos y milenaristas la fundación de templos o casas de oración, en donde se practican, además de las mencionadas curaciones, las actividades de tipo religioso propias de este grupo.

Como es sabido, el espiritualismo trinitaria mariano atrajo la atención de los investigadores dedicados a los estudios de la religión, en la década de los sesenta y sobre todo, despertó el interés de aquéllos dedicados a la antropología médica. Fue por ese periodo que apareció el artículo de Isabel Kelly sobre este grupo. Dicha autora, por cierto, fue además la primera en mencionarlos en la región de La Laguna, en el norte del país. Igualmente, en esa misma década, presentó Isabel Lagarriga su tesis de maestría sobre los espiritualistas trinitarios marianos en el estado de Veracruz y una década después su libro sobre el tema. A ese trabajo le siguieron las investigaciones de Kaja Finkler y de Michael Kearney. La primera, dedicó su estudio al estado de Hidalgo, y el segundo se concentró en la frontera mexicoestadounidense.

Esos estudios estuvieron dedicados a los espiritualistas trinitarios marianos en diversas partes del país, incluyendo la frontera norte y si bien Carmen Anzures, también en los años setenta, se refirió a este grupo en la Ciudad de México, en cierto modo lo tocó de manera tangencial ya que su atención estuvo más centrada en la medicina tradicional, sus sincretismos y conflictos.

Era necesario, entonces, conocer en forma más extensa a este grupo religioso en la Ciudad de México, cuna de su fundación. Ese vacío vino a llenarlo Silvia Ortiz, quien inició su trabajo por los mismos años en los que salieron las publicaciones previas al libro que ahora nos ocupa y en el que, si bien se mencionan, sobre todo en listados, los templos de otras partes de la República, el interés central de esta obra recae en la mencionada Ciudad de México y algunas de sus delegaciones.

Todo esto, se encuentra bien descrito por la autora, del primero al cuarto capítulo en los que, a través de un panorama histórico introduce al lector en el origen, fundación y surgimiento del grupo religioso que nos ocupa, así como en el desarrollo del pensamiento que caracteriza a su religiosidad y a las disgregaciones que ha tenido. Además el libro incluye los temas siguientes: la práctica del espiritualismo trinitaria mariano en la Ciudad de México, la curación, localización y especificidad de este grupo religioso, su cosmovisión y por último, el espiritualismo en la estructura social. Tal temática se desarrolla a lo largo de sus 295 páginas que también incluyen: una bibliografía así como cuadros, figuras, anexos y fotografías. En esta reseña le dedicaremos más atención a aquéllos puntos del libro que nos parecen más relevantes.

Antes que nada es necesario señalar que la cuantificación de los templos y sus adherentes es una tarea difícil de llevar a cabo. Los censos, por un lado, carecen de una pregunta específica sobre esta religiosidad y por otra parte, sus seguidores, a veces se identifican con -el llamado por ellos- “Pueblo Bendito de Israel” al que en su imaginario atribuyen su origen. Igualmente se identifican, en ocasiones, con el catolicismo, pues consideran pertenecer también a este credo del que no se sienten alejados. Además, los templos espiritualistas surgen de manera espontánea y muchos no se registran debidamente. Curiosamente, los integrantes de este grupo, sostienen una contabilidad empírica de sus adeptos y de este modo consideran que cuentan con 8 millones de seguidores en el país. Ortiz consultó en 1971 los archivos del entonces Departamento de Cultos Religiosos de la División General de Gobierno de la Secretaría de Gobernación y encontró estos templos registrados desde 1926 en toda la República, percatándose de que es en la Ciudad de México donde se concentra el mayor número de ellos. Existían cerca de 100 templos registrados en la fecha en que llevó a cabo su investigación. De esta manera, en su libro nos presenta un panorama bastante útil de la extensión de este credo.

El espiritualismo trinitaria mariano constituye un fenómeno complejo, que puede ser analizado desde distintos ángulos entre los cuales destacan: el histórico, el de la religiosidad popular, el de la antropología médica, y en el hecho de tener visos de ser un movimiento contestatario. Igualmente no puede dejarse de lado que se trata de una manifestación social con su propia dinámica de adaptación y cambio.

Veamos algunas de las principales aportaciones de la obra que reseñamos en el análisis que se desprende de la forma como trata estos aspectos.

Desde el punto de vista histórico debemos hacer hincapié que en trabajos previos al libro que nos ocupa, sólo aparecían datos vagos en cuanto al origen del grupo y de su fundador. Se hablaba de Roque Rojas y de su identificación con el profeta Elías. Se tenían noticias no muy bien fundamentadas en relación a que este líder carismático había sido ex seminarista y juez en Iztapalapa. Se mencionaba también la creencia en el Gran Jehová y una Trilogía Divina conformada por Moisés, Jesús y el padre Elías o Roque Rojas. Asimismo se señalaba que profesaban la creencia en la Virgen María y en una extensa gama de seres espirituales con los que los integrantes de la jerarquía religiosa de este grupo decían entrar en contacto constante.

A nuestro parecer, el gran mérito del libro consiste en que Silvia Ortiz localiza en la Ciudad de México, entre los depositarios de la tradición de este credo, el archivo histórico del grupo, mismo que analiza acuciosamente en su obra. Así, puede reconstruir de manera fidedigna, los orígenes del espiritualismo trinitaria mariano en nuestro país, sus ramificaciones y logra conocer en detalle la genealogía de su líder fundador, Roque Rojas Esparza, al que ya nos referimos anteriormente.

La autora, entonces, tiene el mérito de ser la primera en dar a conocer cómo ocurrió la fundación del espiritualismo trinitaria mariano a partir de la Iglesia Mexicana Patriarcal de Elías (denominada así por su fundador), de la cual posteriormente se derivaría el espiritualismo trinitaria mariano. En esa forma, nos señala cómo este líder, Roque Rojas Esparza, cuyos datos genealógicos nos proporciona en detalle, se reivindica de origen judío por vía paterna e indígena por el lado materno y nos informa cómo fue fundada dicha iglesia dividida en siete sellos o ramificaciones y cómo Roque Rojas lo hizo después de una revelación, basándose en el Apocalipsis de San Juan. Igualmente, se menciona en el libro que la nueva iglesia incluyó de modo innovador entre los miembros de su jerarquía religiosa, además de doce hombres como sacerdotes a igual número de mujeres que también integrarían el cuerpo sacerdotal. A lo largo del texto se muestran interesantes fotografías procedentes del mismo archivo, en las que aparecen, Roque Rojas y algunos de los primeros sacerdotes y sacerdotisas de esa Iglesia.

La autora nos señala que fue precisamente en la rama del VI Sello, dirigida por Damiana Oviedo, donde poco a poco se acuñó el término que hoy da nombre al grupo o sea, el de Espiritualismo Trinitario Mariano. Nos refiere que fue a través de esta sacerdotisa que dicho grupo empezó a tener contacto con grupos espíritas del país, ya que el espiritismo se encontraba en boga por ese tiempo, no sólo en México sino en gran parte de América y Europa.

Después de este contacto entra en auge el sello antes mencionado, el cual logró imponer su nombre sobre los demás y hacer que así se designara posteriormente a todo el grupo religioso y no sólo eso, sino que se empezaran a incluir en éste fenómenos propios del espiritismo kardeciano, fuente de la influencia que ya señalamos. Se integran así a sus prácticas: el trance, la posesión, la mediumnidad, la videncia, la clarividencia, la escritura automática y la sanación por medio de pases magnéticos.

Aunque los espiritualistas trinitarios marianos no se sienten ligados al espiritismo, en este caso como señalamos, al espiritismo kardeciano, su influencia queda manifiesta en los aspectos que acabamos de ennumerar y se hacen patentes en la jerarquía sacerdotal del grupo y sus funciones: curación a través de espíritus, recepción de videncias, fenómenos de clarividencia, escritura automática, contacto con espíritus de personas fallecidas e incluso, Ortiz encuentra también contacto con seres extraterrestres a través de la mediumnidad.

Gracias a otros trabajos de los autores citados en líneas anteriores se conocía la creencia de los espiritualistas trinitarios marianos en una tribu mítica, la de “los Macacehuas”, a la que pertenecen varios de los espíritus que descienden en el curso de algunas ceremonias. Incluso ya se habían hecho previamente referencias a Leonardo Piel Roja y a Jacinto el Totonaca, entre otros. Pero un aspecto importante de la obra de Silvia Ortiz, son los datos que obtuvo y pudo observar, los cuales, ciertamente, no se habían encontrado en otros templos del país, sobre la ceremonia llamada “desarrollo”, que en los templos por ella estudiados se convierte en un espectáculo lleno de teatralidad, dramatismo y reivindicación cuando varios de los adherentes en estado de trance (mismo que aprenden en el curso de dicha ceremonia, que dura de uno a dos años) sirven de receptáculo en el llamado a los espíritus de algunos héroes guerreros prehispánicos, conocido como “Bajada de los inditos”.

Igualmente es interesante el análisis que se nos presenta en este libro de la ceremonia llamada “La marca”, el rito de iniciación por excelencia de este grupo religioso, en el que el futuro integrante se compromete -en una ceremonia especial, ante el espíritu de Jesús, cuando éste desciende a través de uno de los médium, generalmente el o la guía del templo- a dedicarse de por vida al papel que en ese momento se le otorgue (sanación, videncia o cualquier otro) bajo la advertencia de que en caso de no cumplir con esta promesa será presa de varias penalidades.

Destaca igualmente en el libro, la descripción de las ceremonias de curación que en el caso de los templos estudiados por la autora, por ser de la Ciudad de México, son masivas. Martes y viernes se reúnen varias “facultades” (nombre que reciben los o las médium en los templos espiritualistas), para atender los problemas de salud de un gran número de feligreses, es decir, se dedican en esa ocasión a atender a “su parcela”, término que hace alusión al hecho de que cada curandero tiene asignado cierto número de fíeles al que denominan “su rebaño”, pues se consideran pastores de sus ovejas.

Lo importante es que en estas ocasiones además de pases magnéticos, la utilización de bálsamos, lociones y medicinas de patente, emplean grandes cantidades de hierbas para formar los ramos con los que limpian simbólicamente a quienes requieren de una curación. Dichas hierbas se venden esos días en todos los templos. En las recetas -algunas de ellas ejemplificadas en el libro- aparece también, corno ya lo dijimos, el empleo de medicinas de patente.

Ortiz presenta en su obra el sentido, color y utilización de las velas que se compran en los templos con alta demanda entre los asistentes. Las velas, por provenir de los templos, proporcionan poderes mágicos (para lograr amor, alejar enemigos y envidias, obtener dinero, etcétera).

Otro aspecto enfatizado por Silvia Ortiz en su trabajo son las llamadas “Operaciones espirituales” que emulan simbólicamente a las quirúrgicas realizadas por los médicos. El mérito aquí consiste en que la información sobre la Ciudad de México, se complementa con los datos recogidos en otras partes del país. De esta manera, los estudiosos pueden tener una información más completa sobre ceremonias de iniciación y procedimientos terapéuticos.

Igualmente el libro nos proporciona expresiones del léxico de este grupo y nos presenta las interpretaciones de las videncias registradas, así como las asociaciones que se presentan con las problemáticas propias del sector social al que los feligreses de este credo pertenecen. Se nos dan a conocer pequeños libros editados por el grupo y leídos por los fieles y los tipos de oraciones utilizadas.

Otro de los méritos del libro es el incluir, además de las fotografías mencionadas del acervo histórico del grupo, fotos que pudieron lograrse durante la realización del trabajo de campo. Ortiz integra en su investigación sus propias fotografías del grupo y además nos presenta lo captado por la lente de destacados artistas de la cámara como Mariana Yampolsky y Alfonso Muñoz, quienes lograron fotos excelentes de algunas ceremonias, lo cual nos ayuda a adentrarnos visualmente a las vivencias de los espiritualistas.

Por último, deseamos mencionar el enfoque diacrónico y sincrónico que la autora utiliza para presentarnos el proceso de la creación y desarrollo del espiritualismo trinitario mariano, una religiosidad popular que como decíamos líneas anteriores, es una de las más importantes del país, con una permanencia de ciento treinta y siete años. La lectura de su obra nos hace comprender precisamente, el porqué de esa permanencia.

No obstante, consideramos que para una próxima edición, deberán presentarse, cosa que en esta publicación no se hace, las nuevas modalidades que ha adquirido el espiritualismo trinitaria mariano, como son sus expresiones en sociedades indígenas o la incorporación en algunos templos de otras religiones, como sucede en la actualidad con la santería, práctica a la que la misma autora se ha referido en otros trabajos.

Autora: Isabel Lagarriga Attias, Dirección de Etnología y Antropología Social, INAH.

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