Alejandra Ramos, La Etnohistoria andina antes de su consolidación. Confluencias disciplinares y propuestas teórico-metodológicas, Buenos Aires, Sociedad Argentina de Antropología, 2011.

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DA56R1Alejandra Ramos nos presenta un libro muy útil, sobre todo para aquellos interesados en los estudios andinos. Basado en la tesis de licenciatura en antropología, presentada por la autora en la Universidad de Buenos Aires el año 2010, este libro centra su atención en dos de los principales investigadores y difusores de la etnohistoria andina: John H. Rowe (1918-2004) y John V. Murra (1916-2006).

En el primer capítulo, la autora presenta los antecedentes de este tipo de investigaciones:1 no es su objetivo realizar un recuento de las etapas del desarrollo etnohistórico en los Andes, ni hacer bio-bibliografías de los investigadores mencionados. Ramos se interesa por las formas en las que el conocimiento se produce, sus antecedentes e influencias, sus motivaciones y límites. Para ello plantea dos objetivos principales: 1) “caracterizar el clima académico y las investigaciones contemporáneas a los años formativos de Murra y Rowe”, y 2) “establecer de qué manera las investigaciones de Murra y Rowe han contribuido a una renovación de las formas de investigación” (p. 17). Si bien a primera vista esto puede parecer bastante simple, en realidad, y debido al poco interés que los especialistas han tenido en comprender las influencias de los autores que leen, muestran cuán importante es comprender el contexto en el cual se insertan estas investigaciones (y estos investigadores).

En el segundo capítulo se contextualiza el estado de las investigaciones y de los investigadores durante las primeras décadas del siglo XX, enfatizando las relaciones que se formaron entre investigadores e instituciones. La autora llama la atención sobre el conflicto que se desarrolló en torno a las figuras de Max Uhle y Julio C. Tello con respecto a la importancia que estos dos personajes tuvieron en el desarrollo de la arqueología peruana (pp. 35-39). Tiene razón Ramos en caracterizar esa pugna como “disputas por espacios de poder en un marco de cambios más generales en la política nacional [peruana]” (p. 38). A su vez, nos muestra el desarrollo que tuvieron los centros académicos (las universidades de Berkeley y la de Chicago) que acogieron a los investigadores estudiados. Tanto los tipos de enseñanza como las grandes figuras que albergaban estas universidades influyeron en las técnicas, métodos y preocupaciones teóricas que Rowe y Murra tuvieron a lo largo de su vida2 (pp. 39-43).

Debido principalmente, creo yo, a razones de carácter, la vida de Rowe no es muy conocida y en cierta manera es prescindible para entender sus trabajos; en cambio, así sea a grandes rasgos, la trayectoria vital de Murra es fundamental para comprender sus investigaciones. Con esta consideración preliminar (p. 47), la autora presenta el cuerpo del texto: dos sendos y bastante completos análisis biográficos (en el sentido de desarrollo vital e intelectual) y temáticos de cada uno de los autores.

John H. Rowe estuvo influenciado desde temprano por la formación arqueológica debido a sus padres (su padre había tenido experiencia práctica de excavación, mientras su madre era especialista en historia del arte). Su acercamiento a las civilizaciones andinas también fue bastante temprano, pues habría leído en sus primeros años de adolescencia los libros de Markham, Bingham y Means (pp. 52-53). Formado en arqueología clásica en la Brown University, Rowe tenía desde un inicio la intención de estudiar junto a Alfred Kroeber en California, pero debido a motivos familiares continuó sus estudios en Harvard, obteniendo su doctorado en 1947. Por iniciativa del propio Kroeber, Rowe es contratado en Berkeley un año más tarde, continuando en esta universidad el resto de su vida cadémica.

En cuanto al análisis de su obra, la autora divide su producción3 en cinco aspectos generales: a) aportes a la cronología inca (pp. 62-70); b) conocimientos lingüísticos y aplicación (pp. 70 – 75); c) construcción de un marco teórico para la arqueología andina (pp. 75-85); d) teoría y método de la antropología (pp. 86-89), y e) arte, tradición y rebelión (pp. 90-99). En general, Rowe es extremadamente popular por los puntos a) y c): su cronología sobre los incas así como su división de las “culturas” prehispánicas (en horizontes y periodos intermedios) son enseñadas en todos los colegios del Perú. Sus aportes lingüísticos han sido opacados por su gran interés en el desarrollo de certidumbres cronológicas, así como por su preocupación, más tardía, por la continuidad cultural de los incas, que de acuerdo a él, seguía manifestándose entre las elites cuzqueñas.

John V. Murra tuvo una vida bastante singular, sobre todo para los académicos del establishment latinoamericano. En primer lugar, no nació con ese nombre. Pasó su infancia y temprana juventud entre el fútbol y los libros, aprendiendo idiomas y siendo metido preso por sus relaciones comunistas. Al acabar el bachillerato en Rumania, su padre decidió que viajara a Estados Unidos a estudiar en la ciudad donde vivía su hermano. Obtuvo un primer título en la universidad de Chicago, se casó con su primera esposa, descubrió la antropología y se fue a pelear en la Guerra Civil española (pp. 103-106). De vuelta a Estados Unidos, completó sus estudios de antropología y tuvo su primer contacto con las sociedades andinas: “Se busca arqueólogo que sepa castellano para el Ecuador”. Pasó así a integrar la expedición dirigida por Donald Collier, conservador del Museo Field de Chicago, y gracias a esa experiencia fue invitado a escribir dos artículos en el recordado Handbook of South American Indians (pp. 103-108). En 1955, y gracias a su psicoanalista — quien además fue su compañero de batallón en España—, presenta su tesis doctoral sobre la organización económica del estado inca (p. 110).

La trayectoria académica de Murra tuvo dos importantes facetas, ambas muy relacionadas entre sí: los proyectos institucionales (y la enseñanza) y la publicación (y uso) de fuentes. En el primer caso, la enseñanza en distintas universidades4 promovió nuevas vocaciones y reforzó intereses. Formó parte, entre otros, del Instituto de Estudios Peruanos, del Institute of Andean Research, de la American Society for Ethnohistory, y de la American Ethnological Society (pp. 112-114). En el caso de las publicaciones, el impacto que ha tenido ha sido enorme. Como señala Ana María Lorandi (citada en la p. 115): “Sólo un libro, un artículo y la edición de las Visitas han servido para revolucionar en las investigaciones sobre el mundo andino. [.] Con un sólo libro, un artículo y la edición de documentos no hubiera pasado los ridículos controles académicos que ese mismo mundo académico se ha impuesto a sí mismo en la actualidad.”

En el aspecto del análisis de su obra5, la autora ha dividido las investigaciones de Murra en cinco aspectos: a) continuidad cultural andina pre-incaica (pp. 117-120); b) base socioeconómica del Estado inca (pp. 120-130); c) nuevos tipos de documentos (pp. 130-135); d) el proyecto Huánuco (pp. 135-144), y d) etnohistoria (pp. 144-146). En este caso podemos ver, con más claridad que con Rowe, el desarrollo progresivo del pensamiento de Murra con respecto a las sociedades andinas. Esto es destacable, pues una de las más importantes diferencias entre ambos se refiere al tema de estudio: Rowe se centra en los incas, mientras Murra prefiere investigar a las sociedades integrantes del colectivo que llegó a ser el Tahuantinsuyu. Murra, entonces, va a impactar fuertemente entre los investigadores por dos puntos importantes: el uso de categorías y modelos de la antropología para la lectura de documentos administrativos históricos (pp. 130-135). Asimismo, es en el proyecto realizado en Huánuco Pampa en el que las estrategias metodológicas por él incentivadas (excavación arqueológica, investigación histórica y etnografías) se verán plasmadas (pp. 135-144). Justamente, de estas estrategias se desprendería su visión de lo que la Etnohistoria sería: un instrumento articulador (p. 145).

Entre las conclusiones principales, Ramos señala la importancia (y la necesidad) que supone analizar a los autores y su obra, comprendiendo sus objetivos y metodologías, así como ver el desarrollo de su pensamiento, en busca de cambios y continuidades (p. 153). Las diferencias entre ambos investigadores se basan sobre todo en el desarrollo personal que ambos tuvieron en su vida (p. 160), mientras los puntos comunes se establecen en relación con la caracterización de lo que significó el desarrollo de la civilización andina, entendida por ambos como un logro (p. 158). Ambos tuvieron, a su vez, una concepción muy cercana de la validez de la investigación multidisciplinaria en antropología (p. 159).

Encontramos un libro interesante, con buena intención argumental y buen trabajo de fuentes. Alejandra Ramos, presenta un libro útil para aquellos que se inician en los estudios andinos, o que quieran conocer con mayor profundidad el desarrollo académico de los investigadores más importantes para el mundo andino. Considero que este tipo de investigaciones son fundamentales porque sirven para los no iniciados que encuentran dificultades en encontrar los textos y comprender la construcción argumental de ellos. Contextualizar el desarrollo académico de los “fundadores” de la etnohistoria andina (es discutible la influencia de Rowe, y de Murra mismo, en, por ejemplo, Ecuador) demuestra las interconexiones de este tipo de estudios con el desarrollo antropológico (e histórico, aunque de menor manera) mundial. Contexto mundial, desarrollo personal y propuestas interdisciplinarias son los puntos temáticos que resalta el texto de Ramos y que son fundamentales para comprender a cualquier investigador.

Autor: Gonzalo Zavala Córdova, Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

  1. En todo momento nos referimos a los estudios andinos cuando hablemos de investigaciones o investigadores. El desarrollo de los estudios antropológicos e históricos fue distinto en todos los países del área andina (tal vez muy similares para el caso peruano y boliviano), y al que tuvo México. []
  2. Cabe anotar que Rowe no estudió en la universidad californiana: más bien, trabajó la mayor parte de su vida académica en Berkeley. En cambio, Murra estudió en Chicago además de haberse iniciado en la enseñanza remplazando a sus profesores. []
  3. Ramos no ha analizado la totalidad de la obra de Rowe (ni de Murra). Esto se debe a motivos metodológicos (repeticiones de argumentos, reimpresiones, temáticas diferentes al tema que le ocupa, reseñas, etcétera). Para el balance ha utilizado, de las 325 publicaciones registradas de Rowe, 24 textos considerados básicos (p. 61). []
  4. Entre ellas se cuentan el Vassar College, la Universidad de Puerto Rico, la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Perú, Cornell University, la Universidad de París X Nanterre, entre otras (pp. 110-114). []
  5. Como en el caso de Rowe, Alejandra Ramos ha seleccionado 22 trabajos, además de la edición de las Visitas, para ocuparse del periodo y la temática que le preocupa (pp. 115-117). []

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