ETNOGRAFIAR FOTOGRAFIANDO: CUIJLA EN IMÁGENES

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Al realizar una búsqueda de material fotográfico del estado de Guerrero (México) en el Archivo Técnico de Arqueología de la Coordinación Nacional de Arqueología del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), para presentarlo en una exposición conmemorativa de los 25 años del Centro INAH-Guerrero, me encontré con el expediente “Estudio antropológico de la población negra de Cuajinicuilapa de la Costa Chica de Guerrero”, Oct 10 de 1949. Tomo CCXXIII 1572.-1 ., donde se encontraba el texto original del doctor Gonzalo Aguirre Beltrán a propósito de su investigación en Cuijla —que así se conoce popularmente a dicha población1 y dio nombre al título de su obra—.2 Me sorprendió el percatarme de que en ese expediente se consignaba un total de 86 fotografías que acompañaban al mecanoescrito. Al consultar una reimpresión de ese libro, realizada en 1974, me di cuenta que se había publicado con 20 fotografías, además de 15 grabados de Alberto Beltrán que encabezaban cada capítulo. También me llamó la atención percibir que, en la edición de dicha obra realizada para la serie Lecturas mexicanas, núm. 90 (SEP/FCE), no había ninguna de esas imágenes,3 con lo cual los editores mutilaron la obra y quizá —recurriendo al argumento de reducir los costos—pusieron de manifiesto el cierto desinterés que hay por el estatuto de la fotografía etnográfica.

Esta situación motivó el presente trabajo, en cuanto a indagar qué motivos o temas fueron registrados por la lente del etnógrafo, en qué frecuencias y, eventualmente, formular hipótesis respecto al por qué algunas fueron publicadas en la obra citada y cuáles habrán sido los criterios o condicionantes para hacerlo o para omitir el resto.

Fotografía etnográfica, registro y memoria

Para la misma década en que el doctor Aguirre Beltrán realizó su investigación en Cuijla, los fotógrafos Raúl Estrada Discua y Enrique Hernández acompañaron a un grupo de investigadores del entonces joven Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, en un recorrido por las regiones indígenas de nuestro país, con el propósito de elaborar 46 monografías sobre nuestros grupos étnicos.4 Parte de este material fue expuesto en la primera exposición de fotografía etnográfica intitulada “México indígena”, y presentada en el Palacio de Bellas Artes en 1946. Una publicación reciente con dicho material (Universidad Nacional Autónoma de México, 1989) se intitula Signos de identidad.

El registro fotoetnográfico que llevaron a cabo estos fotógrafos viene antecedido por toda una trayectoria, en la cual se ha venido fincando ese tipo de registro como una parte complementaria a otras técnicas en la investigación antropológica.

En esta medida la labor del doctor Aguirre es también pionera en su campo al incorporar las imágenes fotográficas de los afromestizos —junto a los excelentes grabados de Beltrán— con una intencionalidad documental y descriptiva respecto a datos y patrones culturales. Uno de sus pocos juicios respecto al valor descriptivo y analítico de la imagen fotográfica la encontramos en la siguiente referencia: “Esta forma de llevar el cántaro sobre la cabeza se encuentra también en África negra; las fotografías que ilustran las numerosas obras etnográficas publicadas hasta la fecha son prueba irrefutable de nuestra afirmación”.5 Otra referencia, respecto a la costumbre entre las mujeres de cargar a los niños a horcajadas, es: “En las fotos que ilustran diversos trabajos etnográficos, más que en el texto de los mismos, es donde se hace patente este hábito motor”.6 De lo cual deducimos su convicción sobre la veracidad de la fotografía y su conocimiento del uso de dichas imágenes en la investigación etnográfica.

Barbro Dahlgren, por otra parte, efectuó su propio registro —también en esa misma década—, en lo que a nuestro juicio constituye uno de los “modelos” a seguir dentro del registro fotoetnográfico en México. Sus materiales los integró en un álbum intitulado “Expedición a la Mixteca Oax. Enero-febrero 1941”,7 el cual se encuentra en el Fondo Dahlgren del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM. Es interesante hacer notar lo depurado de la mirada, ya que nos remite a veces a detalles que pueden parecer nimios, como los amarres de las vigas de los techos, el canal de una viga que, a ras del suelo, sostiene una barda de varas. Y, por añadidura, las imágenes van acompañadas de una descripción —a veces al reverso—, su correspondiente pie de foto y la información anexa en su diario de campo.8 En todo caso habría que hablar de un “álbum de campo”, como complemento gráfico a la descripción escrita o a la información grabada en audio.

Es con estos antecedentes de conformación de una mirada interesada y técnicamente formada de los antropólogos mexicanos, que haremos un breve desglose de las imágenes aparecidas en Cuijla.

Las imágenes

El grupo de 20 fotografías publicadas ilustran el texto y se presentan en folios de papel cuché insertados a lo largo del libro. Las fotos originales, por su pequeño tamaño (1/2 postal), han debido ser tomadas con alguna cámara del tipo Retina, en negativo b/n de 35 mm y ampliadas en uno de los formatos populares en la época. No siempre están directamente vinculadas a los capítulos y texto en que se encuentran insertas; por ejemplo, las fotos 12 y 13 que se enfocan en los tipos físicos de un niño y una madre con su hijo, dentro del capítulo “8. La serranía, el ejido y la agricultura”. Tratando de encontrar una cierta coherencia en cuanto a los temas tratados, agrupamos esas 20 fotografías de la siguiente manera:

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En cuanto a las fotos depositadas en el expediente del Archivo Técnico, realizamos el siguiente agrupamiento, tratando de seguir la misma lógica clasificatoria:

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Del contraste entre las fotos del Archivo y las publicadas resultó algo llamativo. De las 20 imágenes publicadas, sólo cuatro se encontraban en el acervo del expediente, por lo cual las 82 restantes resultan inéditas. De las otras 16 publicadas en el libro, ninguna acompaña el mecanoescrito. ¿Dónde están o dónde quedaron? Suponemos que, como solía suceder en esos casos de los vericuetos editoriales, se extraviaron en algún cajón del editor y no fueron regresadas al autor, por lo cual sólo algunas de las que entregó el doctor Aguirre para publicarse, junto con su texto original, aparecen en el archivo.

De esa contrastación resultó el siguiente desglose:

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Más allá de este desglose formal de las imágenes, cabe hacer algunas consideraciones en cuanto a las fotos tomadas por el doctor Aguirre respecto a su temática y contenido etnográfico.

Por principio, habrá que mencionar que varias de las fotos del Archivo son recurrentes o variaciones de un mismo tema; así, las imágenes de madre-hijo, de algunos grupos familiares, el de una familia de “blancos” (fotografía 1) o están repetidas (una de las fotos de la reina estudiantil y sus damas), y es de suponer que se realizó una selección para incluir las mejores o las más apropiadas. Sin embargo, quedan varias más cuya temática no fue incorporada en la obra publicada y sí nos aporta cierta información desde su significación visual.

De las fotos de caseríos y redondos, tenemos un grupo grande de imágenes (nueve) que reflejan el hábitat y la disposición de las casas para formar los “compuestos” (fotografías 2 y 3),9 aunque el grabado de Beltrán que encabeza el capítulo 9 (Sociedad y gobierno) es más ilustrativa de la actividad dentro de dichos conglomerados. En la medida que este tipo de construcciones ha desaparecido y constituía uno de los rasgos más visibles de sus orígenes africanos, ese conjunto de fotografías adquiere relevancia al tornarse documento histórico sobre una presencia desaparecida.

Otro grupo de imágenes del Archivo complementarían esas fotos, para darnos una mejor panorámica del asentamiento de la población. Trátase de las que clasificamos como “En la plaza”, donde se muestran actividades lúdicas, al parecer un juego (fotografía 4), y de día de mercado (fotografía 5), así como una imagen de la capilla.

De las actividades productivas, además del par de fotos sobre la cosecha de ajonjolí —la principal actividad de agricultura comercial—,10 de la cual una fue publicada en el libro, tenemos una foto de niños como aguadores —también publicada— y otra de una mujer cosiendo a máquina, en lo que constituía una actividad complementaria a los ingresos familiares (fotografía 6).

Siendo la fotografía uno de los recursos más idóneos para la descripción de los tipos físicos dentro de la tradición antropológica,11 es notorio el interés del autor por tomar un número significativo de imágenes que den cuenta de la “negritud” y los tipos físicos de la población de Cuajinicuilapa. De las que se publicaron, tenemos una sobre las mujeres “blanquitas”, otras sobre el niño y la mujer “negros”, así como de madre e hijo como muestra de la “hibridación de la población local”; una más, la de la niña “aindiada”, las cuales se complementan con las fotos de la cuileña erguida que “lleva el cántaro sobre la cabeza” —correlacionada con el grabado que encabeza el capítulo 5 “Blancos, blanquitos y cuculustes”— y la del niño que es cargado “a horcajadas sobre la cadera”, para mostrarnos la conjunción de rasgos biológicos y culturales. Aunque aquí cabría destacar la ausencia, en el libro, de alguna de las cinco fotos del expediente en el Archivo que muestran a la población blanca o euro-mestiza,12 según los propios términos del etnógrafo.13

Otro grupo de imágenes que destacan dentro del expediente, por su número (23), son las mujeres, ya sea solas —una foto de perfil de una de ellas parece estar en la tónica del registro ortodoxo de los tipos físicos (fotografía 7) —, en parejas (fotografía 8) o con su prole (fotografías 9, 10 y 11), y se complementarían con las de fotos de grupos familiares (fotografías 12, 13), donde la presencia de varones adultos está muy disminuida. En este tenor, tenemos también la de hombres solos con sus hijos (fotografía 14).

Uno de los aspectos presentes en el expediente del Archivo, y que no tiene mucha presencia en la obra publicada, está relacionado con actividades festivas, de las cuales tenemos un grupo de siete imágenes posiblemente vinculadas, pues en dos de ellas vemos un grupo de varones en procesión (fotografía 15), tal vez hacia el palenque donde se llevaba a cabo la pelea de gallos (cinco fotos) que fue, suponemos, una de las principales actividades en ese renglón (fotografía 16).

Otra actividad festiva, como parte de un rito de paso, era la entrega del “presente” para la boda (fotografía 17), de la cual tenemos un par de imágenes, complementarias a la publicada en el libro.

Finalmente, mencionaremos el grupo de siete fotos de la reina estudiantil (fotografías 18 y 19), de quien sólo se publicó una, y que junto con las cinco de grupos escolares (fotografía 20) —en el libro aparecen otras dos que no son de este grupo— nos dan cuenta de la educación, una de las actividades en que se fincó la posibilidad de progreso de nuestros grupos étnicos, y que posteriormente formaría parte importante del ideario indigenista encabezado posteriormente por el mismo doctor Aguirre.

Breve recapitulación

Contrariamente a lo que suponíamos al iniciar nuestro acercamiento al material fotográfico del expediente del Archivo Técnico, la mayoría de las fotos publicadas en Cuijla no se encuentran ahí, ya que sólo cuatro de 86 fueron incorporadas a dicha obra. Por ello, además de constatar la mínima correlación que existe entre ambos grupos de imágenes, resultó evidente que las fotos del Archivo ameritarían un análisis por sí mismas, aunque siempre en referencia al texto del doctor Aguirre. A 53 años de publicada esa investigación, y en un afortunado encuentro con ese material, la mayor parte inédito, pensamos que sería pertinente proponer una reedición de esta obra que incluya una mayor proporción de las imágenes inéditas y puedan ser incorporadas al texto con una mayor vinculación en cuanto a sus contenidos y significaciones. O por lo menos presentar un grupo significativo de ellas, contextualizándolas e incidiendo en un análisis sobre sus significaciones, tanto etnográficas como en su contenido visual, lo cual pretendemos adelantar con este trabajo.

Hemos esbozado aquí un breve análisis del contenido e implicaciones etnográficas de las imágenes del Archivo y las publicadas, lo cual posibilita acercarnos a esa realidad fragmentada y detenida en el tiempo, que quedó plasmada en los referentes mencionados.

Podríamos resumir en cinco puntos lo aquí tratado:

1. El uso de la fotografía como registro etnográfico pionero entre los afromestizos de Cuijla.
2. A partir del contraste entre las imágenes publicadas y las del Archivo Técnico hemos discernido sobre los posibles criterios que permitieron la publicación de unas y el archivado de otras, así como sobre la forma de tratamiento de los temas.
3. Dentro del material en el expediente correspondiente del Archivo de la Secretaría Técnica se encuentra un grupo de imágenes que enriquecería la ilustración visual de las pautas etnográficas descritas en el Esbozo etnográfico…
4. La fotografía, como recurso mnemotécnico/visual, conforma un registro de fragmentos de realidad pretérita que ahora constituyen un documento que permitiría vislumbrar los cambios ocurridos en Cuijla, así como dejarnos testimonio de personas, paisaje, lugares, patrones culturales.
5. Muy relacionado con lo anterior, tenemos que en la mirada del etnógrafo destaca la realización de retratos, ya sea de individuos solos, en parejas o en grupo, como los ya referidos. El acercamiento que permite dicho formato a la peculiaridad, fisonomía e idiosincrasia de los retratados proporciona un referente visual que enriquece el dato etnográfico escrito, dándole corporeidad y cierta materialidad a lo expresado textualmente. En este sentido, hubiese sido deseable que una mayor presencia de imágenes en el libro permitiese una intertextualidad, un diálogo entre texto e imagen.

Teniendo la fotografía un referente con la realidad de que parte, en tanto índex (Dubois), las imágenes de Cuijla son importantes tanto por sus contenidos etnográficos como por formar parte de esa memoria visual de una población que tuvo la fortuna de ser estudiada por uno de los más importantes y pioneros investigadores de la población afromestiza en nuestro país.

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Autor: Samuel Villela Flores, Dirección de Etnología y Antropología Social, INAH. Originalmente este trabajo se presentó como ponencia en el Congreso Internacional “Diáspora, Nación y Diferencia. Poblaciones de origen africano en México y Centroamérica”, Veracruz, Veracruz, 10-13 de junio de 2008. Hago un reconocimiento a la arqueóloga Laura C. Pescador Cantón, entonces coordinadora nacional de Arqueología del INAH, así como al señor José Luis Ramírez R., jefe del Archivo Técnico del CNA, por las facilidades otorgadas para la consulta y reprografía de las imágenes en que se basa este trabajo.

  1. Ésta es una costumbre muy extendida en el estado de Guerrero, donde se reducen los nombres completos, por ejemplo: Chilpo, por Chilpancingo. []
  2. Gonzalo Aguirre Beltrán, Cuijla. Esbozo etnográfico de un pueblo negro, México, FCE, 1958. []
  3. Para la edición de 1989, patrocinada por el Fondo de Cultura Económica/Instituto Nacional Indigenista/Universidad Veracruzana/Gobierno del Estado de Veracruz, dentro de la antología de la obra del doctor Aguirre, nuevamente vuelven a publicarse las 20 fotos. []
  4. La labor de Estrada y Discua es, a nuestro juicio, el equivalente más aproximado a la labor que realizara Edward Curtis (1868-1952) en Estados Unidos y Canadá, quien a principios del siglo XX y a lo largo de 30 años, hizo el registro en 80 tribus de Estados Unidos, con lo cual obtuvo unas 40 000 tomas fotográficas. Dicho material fue publicado entre 1907 y 1930 bajo el nombre de The North American Indian. []
  5. Gonzalo Aguirre Beltrán, op. cit., p. 74. []
  6. Ibidem, p. 219, nota. []
  7. De los temas registrados podemos enumerar los siguientes: tipo de vivienda y su fabricación, vistas generales de los pueblos, iglesias, tipos de graneros, temascales y hornos, ídolos prehispánicos, códices, ruinas arqueológicas y pueblos viejos, templos coloniales, instrumentos de trabajo, informantes, mercados y sus productos, marchantes y compradores, fiestas, danzas, máscaras, procesiones, bandas de música, autoridades comunales y municipales, procesos artesanales, instrumentos de caza. []
  8. Blanca Jiménez Padilla y Samuel Villela F., “La mirada etno-fotográfica de Barbro Dahlgren”, en Diario de Campo (Boletín interno de los investigadores del área de antropología), núm. 46, agosto de 2002, pp. 2-4. []
  9. Gonzalo Aguirre Beltrán, op. cit., p. 98. []
  10. “En la actualidad toda la economía de Cuijla gira en derredor del cultivo de ajonjolí”; ibidem, p. 108. []
  11. Al respecto, es ilustrativa la siguiente referencia: un libro francés de instrucción para viajeros, editado en 1868 por la Comisión Científica Francesa, mantenía que para poder estudiar las características físicas de las razas mexicanas, los antropólogos necesitaban coleccionar 1) los esqueletos; 2) cabellos; 3) bustos moldeados y coloreados del natural; 4) fotografías. La Comisión hizo recomendaciones específicas relacionadas al ángulo antropológico en los retratos ‘Debe recordarse que para que un retrato sea útil, éste debe ser tomado muy exactamente de frente o muy exactamente de perfil. Cualquier retrato hecho con tres cuartos de perfil no tendría valor científico’; Juana Gutiérrez Haces, “Etnografía y costumbrismo en las imágenes de viajeros”, en Viajeros europeos (del siglo XIX en México), México, Coronita Cerveza/Fomento Cultural Banamex/Comisión Europea, 1996, p. 171. []
  12. “Los blancos de Cuijla no pasan de tres o cuatro familias […]”; Gonzalo Aguirre Beltrán, op. cit., p. 66. Véase la fotografía 1 del presente artículo. []
  13. Idem. []

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