Beatriz Garza Cuarón, (coord.), Políticas lingüísticas en México, México, La Jornada Ediciones y el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, 1997, 363 pp.

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DA170901A mediados del siglo pasado A. Schleicher planteaba que las lenguas, al igual que los seres vivos, nacen, crecen, envejecen y mueren.

Inmerso en las concepciones de cambio lingüístico imperantes en los estudios decimonónicos, Schleicher sostenía, al igual que los comparatistas que le habían antecedido, que la diversidad lingüística era el resultado de la desmembración de un mismo tronco común y que los objetivos de sus trabajos deberían estar encaminados a establecer el parentesco genético de las especies lingüísticas.

A grandes rasgos las lenguas siguen el ciclo advertido por los naturalistas, sólo que este no puede concebirse únicamente como un proceso mecánico ajeno a otros múltiples factores que sin duda determinan su destino. Para que un idioma continúe existiendo, para que muera, para que alterne con otros sistemas paralelamente o para que se imponga sobre ellos se requiere la confluencia de aspectos de variada índole.

En la conservación de una lengua, en su fortalecimiento o extinción intervienen en buena parte las medidas adoptadas por las autoridades gubernamentales, pero también la decisión de la comunidad para continuar comunicándose por medio de ese código heredado. La planeación lingüística posibilita el desarrollo de los idiomas patrimoniales, pero en algunos casos las minorías étnicas y lingüísticas han logrado que se respeten sus derechos de convivencia y expresión sin contar con ella. De lo anterior se desprende que la existencia de una lengua no es ajena, como pensaba el botánico-lingüista en el siglo pasado, a la voluntad de sus usuarios y que responde a múltiples condiciones vinculadas con las tendencias imperantes en un momento histórico determinado o con el ideario de los diversos gobiernos, e incluso, como se ha dicho ya, con el deseo o no de los hablantes de continuar empleándola.

El libro Políticas lingüísticas en México concentra veintitrés trabajos en los que se exponen la riqueza lingüística del territorio mexicano, las políticas seguidas en el uso y vigencia de las lenguas vernáculas desde la Conquista hasta nuestros días, los diversos proyectos generados para su preservación, la evaluación de los diversos programas educativos en poblaciones bilingües y biculturales y el resurgimiento de una literatura indígena vinculada con la antigua tradición oral, pero comprometida con su entorno actual.

Cuando los españoles llegaron a América, se encontraron con un enorme mosaico lingüístico. Los autores novohispanos, influidos por los dogmas cristianos, intentaron explicar aquella gran proliferación de idiomas remitiéndose al colapso de Babel. Una intensa labor de registro léxico y gramatical por parte de los misioneros siguió a la etapa de reconocimiento. Recordemos el primer arte de la lengua mexicana debida al franciscano fray Andrés de Olmos, que reproducía en buena parte los modelos nebrisenses pero que apuntalaba ya las peculiaridades de aquel idioma tan distante al castellano; o el arte, el diccionario y la doctrina en lengua maya de fray Luis de Villalpando. Pero el transvase y la elaboración de los textos cristianos a las lenguas amerindias planteó serios cuestionamientos que tenían que ver con la supuesta incapacidad conceptual de aquéllas para aludir a contenidos particulares de la religión que se deseaba implantar. ¿Era factible explicar, entonces, cabalmente los misterios de la fe católica mediante aquellos extraños códigos? El capítulo 11 de este espléndido volumen alude a estos aspectos que resultan de gran interés.

Ahora bien, la realidad plurilingüe y pluricultural que sin duda distingue a nuestro país no siempre ha sido aceptada. Se ha negado frecuentemente, en aras de la unidad nacional, la diversidad étnica y se ha sofocado la posibilidad de que los distintos grupos cuenten con su propia integración como un estado federado. La unidad se confunde, entonces, con la uniformidad. La imagen del indígena sirve sólo para reafirmar nuestras raíces, pero, al parecer, su presencia en la actualidad nos avergüenza. Leemos en uno de los artículos que integran esta selección que Francisco Javier Clavijero había visto en la cultura mexica la fuente de orgullo para los criollos de la Colonia, pero este orgullo no incluía a los indios vivos, idea que desafortunadamente perdura hasta nuestros días.

En numerosas comunidades de la República Mexicana, al igual que en distintas latitudes del globo, ha proliferado el bilingüismo. La alternancia de dos códigos, lejos de ser ventajosa, conlleva serios problemas que tienen que ver con los prejuicios en torno a la “pureza idiomática” de la que pareciera carecer el hablante nativo indígena con relación al idioma dominante, en este caso al castellano.

El desarrollo del bilingüismo ha dado origen a diversos proyectos y a la generación de distintas políticas lingüísticas, las cuales lamentablemente no han tenido los resultados esperados. Algunos de los trabajos que componen este volumen se refieren al papel que desempeña la escuela en la educación bilingüe y bicultural que debería impartirse en numerosas comunidades. La escasa preparación de los promotores, la falta de infraestructura adecuada y las concepciones ideológicas que confrontan las prácticas castellanizadoras frente a la subestimación de las lenguas indígenas han imposibilitado la consolidación de esos programas.

Por otro lado, no se deben olvidar los esfuerzos tendientes a lograr una mayor efectividad en los métodos de alfabetización y castellanización. En el Primer Congreso Indigenista Interamericano, todavía durante el régimen cardenista, se pone de manifiesto la preocupación por la escasez de personal capacitado que se encargara de dichas tareas, así como la falta de métodos didácticos apropiados. La campaña de alfabetización masiva emprendida durante el período de Ávila Camacho arrojó, según la autora de uno de los artículos, importantes resultados entre la población hispanohablante, sin embargo, fracasó entre la indígena. Esto condujo a una reformulación del plan educativo. Los indios monolingües tenían que cubrir dos etapas sucesivas: la alfabetización en su propia lengua, previa a la castellanización. Ambas habilidades no podrían alcanzarse, como se había constatado, en forma conjunta, requerían por tanto su propio proceso.

La profesionalización de hablantes nativos de una lengua indígena es el objetivo principal del Programa de Maestría en Lingüística Indoamericana en el que participan de manera coordinada el INI y el CIESAS. Mediante la capacitación del personal se puede incidir de manera eficaz en las diversas decisiones que atañen a las comunidades lingüísticas y se pueden articular programas educativos y proyectos de investigación de mayor calidad. Sin embargo, este método que a simple vista parece un medio idóneo para el tratamiento de nuestra realidad plurilingüística y pluricultural requiere ser reforzado y estimulado.

Resulta fundamental el reconocimiento jurídico de los derechos de las minorías étnicas. Así se considera en algunos estudios que se incluyen en este libro coordinado por Beatriz Garza Cuarón y en el que participan destacados investigadores. Particularmente en uno de ellos se advierte que, a partir de la Convención 107 de la Organización Internacional del Trabajo efectuada en 1958 se establecen de una manera comprometida las políticas lingüísticas relacionadas con los diferentes grupos y que, a mediados y finales de los años setenta, se realizan en México dos congresos de los pueblos indígenas donde se vota por una educación bilingüe y bicultural. Desafortunadamente ésta no se ha caracterizado en la práctica por su elevado nivel y eficiencia.

Particularmente resultan atractivos los apartados “Perspectivas para la conservación de las lenguas indígenas” y “Literatura escrita en lenguas indígenas”. ¿Es posible que las lenguas amerindias consideradas como subordinadas, minoritarias y ágrafas hayan desarrollado una literatura? No sólo se cuenta con una rica tradición oral que lo comprueba, recopilada por medio del método etnográfico. En la última década, un grupo de escritores en diversos idiomas vernáculos en nuestro país ha venido cultivando distintos géneros como la poesía, el relato, el teatro y el ensayo. Pero el proceso al que se enfrenta el escritor indígena transita por etapas inadvertidas para otros autores. Además del esfuerzo creativo, tiene que resolver problemas prácticos como es el que atañe al tipo de alfabeto que utilizará, pues recordemos que para un mismo idioma se cuenta con distintas propuestas ortográficas. La elección de una de ellas va en consonancia con el compromiso cultural, social y político que el escritor contrae con su comunidad, así lo señala uno de los distinguidos participantes de este compendio.

Por otra parte, no existe una demarcación estricta entre lo que es el cuento literario como ficción y la información acumulada a lo largo de siglos; por tanto, los relatos indígenas son la recreación de un bagaje heredado que comporta sus muy particulares características. En el último apartado del libro se hace referencia a la literatura desarrollada por los binnigula’sa’ o antiguos zapotecos, a la náhuatl de la región milpaltense recogida por Horcasitas gracias a doña Luz Jiménez, y se alude al trabajo de los autores contemporáneos que escriben en zapoteco, náhuatl, maya y huichol, principalmente.

Éstos son a grandes rasgos los temas que podemos encontrar en este atractivo volumen publicado en México en 1997, y que en breve será reeditado en Holanda.

Autora: Pilar Máynez, ENEP-Acatlán.

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