Félix Báez-Jorge, ¿Quiénes son aquí los dioses verdaderos? Religiosidad indígena y hagiografías populares, Xalapa, Universidad Veracruzana, 2013.

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DA61R2En este libro, con un interesante prólogo de Luis Millones —en el que se formulan algunas similitudes entre México y la región andina en relación con el tema del libro—, Félix Báez complementa, con igual riqueza de información y reflexiones teóricas, lo desarrollado en La parentela de María, Entre los naguales y los santos y en Debates en torno a lo sagrado, Religión popular y hegemonía popular, entre otras de sus obras. En esta ocasión analiza de manera acuciosa diversas expresiones de la religiosidad popular en México, a través de las hagiografías indígenas y mestizas actuales.

Para ello, en una forma bastante acertada, nos comenta que enfoca su estudio desde las perspectivas histórica y antropológica, y coincide con destacados investigadores sobre la religión en nuestro país al señalar que la evangelización quedó de cierta manera inconclusa y hubo una resignificación religiosa en los procesos de aceptación de las deidades cristianas (Jesucristo, la Virgen María y los santos). Concuerda con Johanna Broda en que para un análisis pertinente de los estudios de los procesos históricos de larga duración en nuestro país se debe incluir a las comunidades indígenas como integrantes de la totalidad de la sociedad mexicana. Báez no duda, mencionando a Broda, en que para entender el origen de la religiosidad popular actual, comprenderla cabalmente como se expresa hoy en día e interpretar de manera adecuada el sincretismo que se produjo cuando entraron en contacto las tradiciones indígenas y españolas, es necesario un enfoque antropológico holístico, abarcar además tanto los aspectos políticos como los económicos y tomar en cuenta, en el periodo colonial, la hegemonía del Estado, la Iglesia y los múltiples significados del barroco mestizo.

Desde luego, coincidimos con Báez en que sin la perspectiva histórica no se podría entender este fenómeno de imposición, asimilación y reinterpretación simbólica de las deidades traídas por los conquistadores, españoles y la manera como se expresan en la religiosidad de los grupos indígenas y en la popular actual. Al respecto, el autor advierte que no deben confundirse estas últimas religiosidades populares con el denominado catolicismo popular.

De esto se desprende la necesidad de estudiar la religión popular española del siglo XVI y enfatizar igualmente los elementos simbólicos que pudieran ser semejantes entre la sociedad hispánica y el México precolombino.

La España barroca fue fuertemente religiosa, y este espíritu se sustenta en el Concilio de Trento, en los reformadores, los misioneros, los ascetas y los místicos. Todas esas condiciones determinaron el comportamiento de los predicadores. Dicho trasfondo religioso se importó con la Conquista entre otros más, a los que deben sumarse el empuje de las órdenes religiosas, las asociaciones, las hermandades y las cofradías.

Entre los apartados en que se divide este libro me parece importante destacar la primera parte, que trata sobre “Devociones y hagiografías: configuración histórico cultural”, en la que nos presenta en forma resumida, pero no por eso menos rica, las características de la conquista militar y religiosa por parte de los españoles.

Citando una gran variedad de cronistas, filósofos, teólogos e importantes estudiosos actuales, Félix Báez señala la lucha interna presente al interior de los propios religiosos encargados de la evangelización. En forma clara muestra la pugna entre el clero regular renacentista y el secular seguidor de la contrarreforma.

Basándose en los dos ejes de los que habla Roger Bartra, el de civilización y el de barbarie, Báez muestra en forma esquemática, en un cuadro, las influencias doctrinales y políticas de la teología colonial implantada en la Nueva España.

Desde el punto de vista político, el cual no puede desligarse de lo religioso, la teología colonial se inserta, a través de la bula Inter Caetera de 1493, en el proyecto político de los Reyes Católicos para estas tierras recién descubiertas, al que siguieron lo planteado por Carlos I (el derecho a la guerra preconizado por Vitoria [1535-1539], las Leyes de Indias, el Consejo de Indias), y la posterior “pacificación” de Felipe II. Desde el aspecto religioso es importante considerar, para entender todo este proceso, la llegada de los primeros misioneros: franciscanos (1524), dominicos (1526), agustinos (1533) y la compañía de Jesús (1534), e igualmente, el primer Concilio Mexicano (1555), que se celebra en un periodo intermedio con el de Trento (1545-1563).

De este modo podemos recorrer en este libro las fases evangelizadoras iniciadas con una conquista política cuya justificación fue dada por las acciones dirigidas a llevar a la verdadera religión a los habitantes de estas tierras. Para alcanzar ese propósito se llevó a cabo una destrucción de los ídolos, y mediante el empleo del concepto del demonio español se demonizaron las deidades. Paradójicamente, esto último tuvo como resultado que los evangelizados no se mantuvieran realmente en la verdadera religión, y más bien cayeran en prácticas de tipo herético.

Báez nos remite a las bases teológicas de los religiosos españoles inspirados en los libros de Olmos, Castañega y Ciruelo; la influencia ejercida por los demonólogos Sprengen y Kramer, así como la de otros autores, para hacernos ver las diversas fuentes que alimentaron la evangelización, y la muy especial adopción que del cristianismo hicieron los pueblos conquistados en las tierras de la Nueva España.

Las estrategias evangelizadoras de los misioneros fueron diversas; vale la pena comentar que Báez toma esto en cuenta, y señala que mientras algunos de ellos consideraban la expresiones religiosas indígenas como parodias diabólicas, como fue el caso de los franciscanos, los jesuitas se apoyaron en prácticas similares al catolicismo para llevar a cabo su labor misionera.

Los santos patrones españoles se retoman en estas tierras y su veneración al igual que la de otros santos, de Jesucristo y la Virgen, suplen ante los ojos de los misioneros, el culto a las antiguas deidades.

Es necesario mencionar la importancia del teatro de evangelización, que jugó un papel importante y al que Báez dedica buen número de líneas, en las que resaltan sus referencias al teatro híbrido, la pantomima y el derivado mitote.

En la perspectiva etnográfica que sigue en el libro, Báez presenta una excelente recopilación de estudios alusivos al tema. De este modo ofrece un amplio panorama de la historia de los santos en los grupos indígenas actuales, que difiere bastante de la hagiografía de la Iglesia católica, e incluso del papel que estos santos representan en el pensamiento religioso europeo.

En el proceso de introducción de un santo entran en juego procesos simbólicos contra-hegemónicos y se produce una diferencia en el culto con base en los sustratos etnoculturales y en las necesidades de identidad comunitarias.

Como señala el autor, las hagiografías populares, en tanto se apropian de las historias de vida de los santos, las transfiguran en términos de su cosmovisión, sus imperativos sociales y lealtades étnicas.

Para ello recurre a fuentes etnográficas que abarcan cosmovisiones y hagiografías mayas (tzotziles, tzeltales, chimaltecos de Guatemala) huicholes, huaves, otomíes del estado de México y totonacos. Igualmente, al referirse a la cultura popular considera las figuras de la Virgen de Guadalupe, san Miguel Arcángel y el demonio.

Es importante destacar, como dice Báez-Jorge, que en las hagiografías populares “los mitos y los ritos constituyen la materia prima con que se construyen los avatares y atributos de los santos y santas, vírgenes y Jesucristo.” Acercando su vida a las tribulaciones de los humanos, los celos, el incesto, la infidelidad y el engaño, constituyen parte de la vida de estos seres santificados.

Así tendríamos, entre los huicholes, a una Virgen de Guadalupe ligada al sol e incestuosa. Una santa Ana coqueteando con varios hombres entre los chimaltecos; a santo Tomás sustituyendo a Jesucristo en algunas ceremonias entre los tzotziles de Larraínzar, por sólo mencionar alguno ejemplos de hagiografía indígena.

No nos es extraño, entonces, que en su recopilación etnográfica, eficazmente seleccionada, el autor muestre un panorama amplio de estas expresiones de la religión popular actual, producto de un proceso dialéctico cuya lógica religiosa habría que buscarla en las mismas raíces de las resignificaciones simbólicas realizadas por cada grupo. Tales expresiones religiosas vienen a ser, entonces, el producto de un proceso dialéctico del enfrentamiento entre el grupo hegemónico español y los conquistados, el cual dio lugar a las sui generis manifestaciones religiosas presentadas en esta obra.

Autora: Isabel Lagarriga Attías, Centro-INAH Veracruz.

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