El sistema de TAM en mazahua antiguo

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Este artículo forma parte de una investigación filológica y lingüística más amplia sobre la Doctrina y enseñança en la lengua maçahua de Diego de Nágera Yanguas.1 A partir de la reconstrucción fonológica y morfológica de ese texto elaboramos un esbozo gramatical del mazahua antiguo que comprende también las marcas de tiempo-aspecto-modo (TAM) tal como se reflejan en dicho corpus. En términos más generales, el artículo forma parte de una serie de estudios descriptivos sobre el mazahua de ca. 1800 y la lengua moderna.2 Así, no tratamos de ofrecer un resumen de las características fonológicas y morfosintácticas de la lengua, sino que pasamos directamente al tema analizado.

Para empezar, debemos hacer una primera acotación terminológica sobre el sistema de TAM: los prefijos verbales del mazahua antiguo no sólo codifican esas tres categorías, sino incorporan otras como la persona y ciertos componentes de la espacialidad.3 No obstante, usamos el rótulo TAM en el esquema expositivo por ser el término convencional, en el entendido de que puede incluir también otras categorías asociadas al complejo verbal. En segundo lugar, es preciso señalar desde ahora que el corpus no permite describir la totalidad de los paradigmas verbales (lo cual no debe sorprender, dada su cantidad); las lagunas en los diferentes cuadros se marcan mediante asterisco. En este sentido, también queremos destacar el carácter preliminar del análisis, que debe profundizarse, afinarse y reformularse en futuras investigaciones.4

Antes de pasar a la discusión de los datos, queremos hacer una serie de observaciones sobre el análisis desarrollado hasta ahora para dar una visión de conjunto de sus implicaciones descriptivas y teóricas. En el plano formal podemos destacar que los morfemas de TAM se distinguen por una fonotáctica (reglas de estructura morfémica) que los hace totalmente distintos de las raíces (e incluso de otros morfemas gramaticales, aunque en menor medida): tanto el sistema vocálico como el consonántico se reducen de modo considerable. Así, sólo encontramos las vocales /i e a o/, mientras /ε i ə u c/y las vocales nasales no ocurren en esas formas; por otro lado, las consonantes se limitan al sistema básico (no marcado) /p-B m, t- r n, k-y/ quedando fuera sibilantes, palatales y labiovelares, así como aspiradas y glotalizadas.5 De esta manera, las marcas de TAM constituyen una clase formal que se define por un máximo de restricciones fonotácticas frente a otros morfemas léxicos y gramaticales.

Por otra parte, debe constatarse que el examen de los datos nos remite a un problema clásico del análisis morfológico, planteado por Hockett y retomado por Matthews, entre otros, acerca del modelo más adecuado de descripción gramatical para una lengua determinada;6 en nuestro caso, el mazahua antiguo, la problemática puede desarrollarse a partir de un esquema general de las categorías verbales involucradas y de su distribución.7

Ahora bien, en cuanto al índice de síntesis (de aislante a polisintético), el mazahua antiguo es una lengua medianamente sintética, y bastante fusional en cuanto al índice de fusión (de flexional a aglutinante), aunque al mismo tiempo también es aglutinante, lo cual se manifiesta en la morfología verbal relacionada con el sistema de TAM. El aspecto fusional se refleja claramente en los procesos morfofonémicos que pueden afectar la raíz verbal (como en segunda y tercera persona de pretérito y futuro, por ejemplo), conformados por mutaciones consonánticas (palatalización, prenasalización y sonorización) y cambios tonales. Esas alternancias gramatical y léxicamente condicionadas implican la compleja cuestión de las clases verbales, que no puede contestarse satisfactoriamente a partir del corpus estudiado y queda fuera de los alcances de este trabajo. En los prefijos, la fusión queda de manifiesto en las categorías de persona (1, 2, 3) y de modo (OPT, VOL), respecto de tiempo/aspecto, así como en algunos tipos de subordinación (T, F) y determinadas formas de movimiento (PRT.M/L/LL, IMP.M). La aglutinación, por otro lado, se da de forma más nítida en la subordinación con la forma adverbial de manera (ADV), la localización (B, A, D) y el aspecto COP; sin embargo, también aquí podemos encontrar cierta dosis de fusión, como en la combinación COP-B ). La naturaleza, más fusional que aglutinante, del sistema TAM se manifiesta asimismo en su desarrollo diacrónico, pues en el mazahua moderno todo el sistema consiste en monosílabos,8 es decir, se ha vuelto totalmente flexional/fusional.

En general, tenemos formas de una a tres sílabas y de dos a cuatro categorías (marcadas positivamente), de las cuales persona y TAM siempre están presentes, mientras la marcación de las demás depende del contexto (sintáctico: subordinación, semántico: espacialidad, pragmático: consecutivo). Ciertas combinaciones de categorías, como movimiento más localización, parecen ser imposibles en principio, mientras la ausencia de otras, como optativo más consecutivo, podría deberse a limitaciones del corpus. Con todo, tal distinción no puede establecerse de manera tajante en un corpus histórico como este, así que resulta importante dar cuenta de las combinaciones plasmadas en el texto.

Al considerar todos esos factores decidimos hacer el análisis morfológico de los datos a partir del modelo de “palabra y paradigma”,9 pero con abstracción del contenido léxico de la forma verbal. Al mismo tiempo, se toma en cuenta el lado aglutinante del sistema y se señalan los morfemas que se pueden segmentar de manera transparente.

En lo que concierne a la alomorfía y los procesos morfofonémicos más destacados, podemos resumir en el cuadro de la página siguiente los diferentes tipos de alternancia que encontramos en los prefijos del corpus examinado.

Las primeras tres alternancias corresponden a procesos morfofonémicos que pueden concebirse directamente como derivaciones fonológicas a partir de una forma base. Puesto que el interés de este trabajo es más descriptivo que teórico, no postulamos en los paradigmas formas hipotéticas (no atestiguadas) o formas subyacentes

más abstractas, sino que tratamos de documentar de manera exhaustiva las marcas que encontramos efectivamente en el corpus. La única excepción en este sentido es la reconstrucción de las oclusivas sordas, señaladas en los paradigmas mediante asterisco, cuando en los datos sólo se registra la forma derivada (débil) correspondiente (la operación inversa no se aplica de la misma manera, aunque obviamente es fácil generar los prefijos débiles en cuestión).

El proceso de lenición está presente en la mayoría de los paradigmas documentados y seguramente se extendía a todo el sistema. Junto con la elisión vocálica (aquí básicamente en 3PRS), determina el fenómeno de reducción fonológica que sufriría el sistema en los siguientes cuatro siglos. Es interesante observar que encontramos sólo un caso aislado de elisión vocálica en bisílabos en todo el corpus, la segunda expresión en (24); el cambio /tV1ɣV2>ſ 1ɣ V2>ſɣV2/ se generaliza con el tiempo en todos los paradigmas de TAM. Como se desprende de la comparación de los prefijos en (1a) y (1b), la pérdida de la vocal en tercera persona de presente volvió a esta categoría la formalmente no marcada del sistema (indicada mediante Ø- en este trabajo). También se observa que el debilitamiento de las oclusivas velar y labial resultó finalmente en la pérdida total del segmento, lo cual de hecho ya se prefigura sincrónicamente en tercera persona de pretérito, donde encontramos el proceso de lenición /p-β-Ø/ [véase más adelante el paradigma en (8) y los ejemplos de (9a)].

A modo de presentación, en (1a) se resumen las “partículas” descritas en la quinta advertencia de la Doctrina y enseñanza, que nos ofrecen una buena aproximación al diseño general del sistema de TAM.

En efecto, si tomamos la categoría de tiempo gramatical como eje del sistema, obtenemos una distinción básica en tres categorías fundamentales, que en el análisis tradicional se identifican como ‘presente’, ‘pretérito’ y ‘futuro’.10 Sin embargo, estudios más recientes para el mazahua y el otomí ponen énfasis en el valor aspectual de esas categorías, de modo que su dimensión temporal pasaría a segundo plano.11 Tomando en cuenta esta revaloración —pero de manera independiente—, podríamos reformular el sistema básico de TAM del corpus en términos de una distinción (modal) entre realisz (presente y pretérito) e irreales (futuro) y otra (aspectual) entre ‘imperfectivo’ (presente) y ‘perfectivo’ (pretérito).

La asociación del futuro con la categoría modal de irreales se apoya en la estrecha relación que mantiene con el imperativo y ciertas formas subordinadas, según veremos más abajo; la reinterpretación de presente y pretérito, por otra parte, puede basarse en algunos ejemplos que se mencionarán en su momento. Con todo, en este trabajo preferimos mantener los términos temporales tradicionales en cuanto a etiquetas descriptivas convencionales, sin prejuzgar por ello su verdadero estatus como operadores verbales. En lo que concierne a las relaciones gramaticales, debe señalarse, por otro lado, que los prefijos de TAM marcan la persona de sujeto de la oración, y que la tercera persona indica en muchos casos el carácter impersonal de la misma. Dicho esto, pasemos ahora a la presentación de los distintos paradigmas, empezando por los prefijos de presente/imperfectivo.

En general, los términos utilizados deben entenderse como etiquetas descriptivas que permiten una primera sistematización del material analizado. Así, la oposición indicativo/subordinado se refiere al tipo de cláusula en que aparecen las respectivas formas verbales: principal vs subordinada (o coordinada, en pretérito y futuro); en relación con las formas indicativas, podemos establecer el parámetro neutral/movimiento, que alude a la posible codificación de ciertas trayectorias relativas a los verbos de movimiento; y dentro de las formas neutrales (no movimiento) encontramos otra distinción cuádruple de localización, con una forma no marcada espacialmente y otras tres marcadas (-B, -A, -D) que incluso se dan en formas subordinadas, aunque sólo encontramos un ejemplo de la combinación ADV-B/A/D en todo el corpus (presentado en 7b).

Ante tal variedad de distinciones, no sorprende que su distribución sea bastante dispareja en el material examinado; frente a cientos de casos del ‘presente indicativo neutral no marcado’, contamos apenas con unos cuantos ejemplos para determinadas formas (por ejemplo movimiento), mientras otras simplemente no se atestiguan (entre ellas primera y segunda persona [abajo]). Como ya mencionamos, tampoco podemos estar seguros sobre los límites del sistema, pues no hay manera de saber de antemano si ciertas combinaciones son imposibles o si sólo son inexistentes en el material estudiado.

Ahora bien, veamos algunas formas verbales que ilustran los primeros cuatro paradigmas del “tiempo presente”.12

Siempre que sea pertinente y posible, con base en los datos disponibles, se documenta tanto la forma base (plena) como la débil (reducida) del respectivo prefijo. Por lo general la primera se da a inicio de frase, mientras la segunda se produce en contexto intervocálico. En los ejemplos de este trabajo no se reconstruye la forma base de los prefijos (que se encuentra en los paradigmas). El prefijo de tercera persona no marcado puede elidirse en ese entorno cuando la persona gramatical se infiere del contexto gramatical (por anáfora o la presencia de un sintagma nominal explícito).

A pesar de que los prefijos corresponden al tiempo presente en la abrumadora mayoría de los casos, existen ejemplos que muestran su valor imperfectivo por encima de la dimensión temporal, como sucede en las siguientes expresiones (un caso similar se da también en 7b).

En la tercera frase del primer ejemplo y en el segundo, la marca de primera persona se usa como proclítico de un predicado nominal, que se identifica como tal en análisis morfológico. La imperfectividad de esas expresiones se refleja en el carácter habitual/iterativo (‘pecar’) o continuo (‘ser/estar N’) de la situación denotada.

En lo que concierne a los prefijos de localización (3b,c,d), debe destacarse que la categoría de [abajo] se combina en el corpus generalmente con nombres como purgatorio e infierno, mientras que la de [arriba] solamente con cielo. Los usos de [adentro] son más variados, incluso metafóricos, como en el caso del verbo creer, y también incluyen el sentido progresivo, según se observa en (5).

La expresión del aspecto progresivo por medio de construcciones locativas (del tipo en + forma verbal) es un hecho común en las lenguas del mundo; otro ejemplo de este fenómeno es (13c1).13

El uso propiamente deíctico de esos prefijos es raro en el material analizado; un ejemplo claro es (13b1). Por lo que toca a su relación con los verbos posicionales, cabe agregar que no se da obligatoriamente la “concordancia locativa” entre prefijo y radical, que se observa en la forma de (13c2) (D-haber.D). Más bien, parece haber un sesgo gramatical en la concordancia, ya que ésta es muy común en el caso de [adentro], mientras con [abajo] y [arriba] nunca se produce en los datos examinados.

Los verbos de movimiento, por otra parte, pueden tomar una serie de prefijos especiales que indican varios tipos de trayectoria, ilustrados a continuación.

Como mencionamos antes, los datos concernientes a los verbos de movimiento con esos prefijos son más bien escasos en el corpus; a las categorías de (6) —[no marcado], [lugar] y [regresar]— se añade la de [llegar], que sólo se da en pretérito (véase 9d). Sin embargo, no hay casos de [regresar] para pretérito, mientras en futuro se presentan las mismas tres categorías que en presente (véase 17); además, la mayoría de esos paradigmas están incompletos. Así, el corpus sólo permite documentar partes fragmentarias de este subsistema. En cuanto a la interpretación de la categoría de [no marcado], debemos señalar que al parecer ésta no implica necesariamente un movimiento hacia el centro deíctico, como sugieren los ejemplos de (6a), ya que existen otros [como (17a) y (23)] donde el movimiento también se da en dirección opuesta. Más bien el carácter deíctico parece depender del verbo —’venir’ en este caso— y de factores gramaticales como la persona.

Después de revisar las formas indicativas pasemos a las subordinadas, que comprenden en este caso las adverbiales de manera y las temporales.

Cabe mencionar que las construcciones adverbiales de manera se presentan en otra parte del esbozo gramatical, donde se propone tratarlas como cláusulas complejas, con la frase adjetival/adverbial (léxica, pro-forma o interrogativa) haciendo de núcleo y la frase verbal en el papel de complemento. La construcción también puede estar encabezada por un sintagma nominal atributivo o por ciertos adverbios y clíticos adverbiales, como ‘ya’ con tiempo presente (no ejemplificados aquí), o incluso por otro sintagma verbal (véase 18a1, f. 14v).

Desde el punto de vista morfológico, las formas subordinadas de segunda y tercera persona (junto con otras, como 2/3PRT/FUT) se distinguen por la mutación inicial de las consonantes susceptibles a los diferentes procesos y por cierta proliferación de los prefijos, que refleja en parte la existencia de dos antiguas clases de conjugación.14 Así, la palatalización se da en segunda y tercera persona con raíces como ‘hacer’, mientras que la prenasalización se produce en tercera con raíces como ‘morir’. Como ya se mencionó, en este trabajo no se intenta hacer una descripción de esos procesos morfofonémicos y de los verbos susceptibles a ellos.

El pretérito nos ofrece un panorama de paradigmas muy parecido al presente, con algunas distinciones menos (localización), y con una forma coordinada especial (8b3) que identificamos como ‘consecutivo’.

La ausencia de las categorías de [abajo], [arriba] y [adentro] se debe probablemente a las características del corpus, y no a una restricción gramatical, ya que en Cárceres encontramos las formas correspondientes a [afuera], [adentro], [abajo] y [arriba] para presente, pretérito y futuro.15 La comparación de los respectivos paradigmas del mazahua y del otomí antiguos nos revela además un dato muy interesante: la categoría analizada como [neutral, no marcado] parece ser el reflejo directo de los paradigmas de “fuera en llano” de Cárceres.16

Los prefijos de indicativo, tanto los neutrales (no marcado) como los de movimiento, pueden ilustrarse mediante las siguientes formas verbales.

En pretérito, al igual que en futuro, las mutaciones iniciales (palatalización, prenasalización y sonorización) se dan también en las formas indicativas. Por lo que toca a los prefijos de movimiento, cabe señalar que se registran sólo en tercera persona y con pocos verbos. Las formas subordinadas, por otro lado, comprenden las adverbiales y las temporales, que se presentan en los mismos contextos que vimos en (7).

El comportamiento de los prefijos temporales de tercera persona se describe en la octava advertencia de la Doctrina y enseñanza (ff. 2v-3r); Nágera Yanguas lo presenta como un proceso donde “por razon del aduerbio mamue“, “las particulas po, pi, se mudan en mo, y en mi“. No habla de asimilación de modo explícito, pero describe correctamente la alternancia como derivación de una forma de otra en un contexto determinado.17

Como mencionamos más arriba, el pretérito tiene prefijos consecutivos especiales, que pueden utilizarse para expresar el enlace secuencial de dos oraciones coordinadas. Esas formas son raras en el corpus y se limitan a los casos enumerados a continuación.

Según se observa en (11), en español encontramos simplemente la conjunción coordinante copulativa en estos contextos, mientras en mazahua la noción de secuencia está reforzada a menudo por los adverbios y < (gu)ex>, que significan ‘entonces, luego’ (véase también 20a2, 17a3 y 17b1), pero nunca por la conjunción ‘y’. Sin embargo, debe aclararse que la presencia de esos adverbios no implica necesariamente el uso de los prefijos consecutivos, como se constata en el primer ejemplo de (9a3).

Aparte del pretérito, existe otro tiempo pasado que todavía no hemos abordado en la exposición del sistema de TAM: el copretérito (o imperfecto), cuyo valor aspectual es imperfectivo (también la categoría PRS funciona claramente como imperfectivo en esas formas).

Puesto que los prefijos de copretérito tienden a combinarse por lo general con predicados estativos —o, en todo caso, no delimitados—, encontramos casos de localización pero no de movimiento, al contrario de lo que sucede con el pretérito. Un rasgo particular del copretérito es que tiene un morfema independiente , no marcado para persona y que se coloca después del radical pero antes del enclítico de plural, según muestran las expresiones de (13a3). Esta marca es opcional en las formas de copretérito, aunque es muy frecuente con verbos como ‘querer’; también aparece con formas optativas y volitivas, así como con predicados nominales (véase 10b1).

La localización con [adentro] de (13c1) proporciona otro ejemplo para el sentido aspectual progresivo, ahora en pasado. La forma verbal de (13c2), por otra parte, es anómala porque el prefijo da preferencia a la dimensión espacial sobre el componente adverbial (de manera, representado por la pro-forma), en contraste con la forma regular que se documenta en (14a1). Con todo, es el único ejemplo de la combinación 3COP-D en el corpus.

Las formas subordinadas de copretérito ofrecen pocas sorpresas en el conjunto de los prefijos de TAM.

La única duda es si las formas temporales son idénticas a las indicativas (neutralizadas), o si existe alguna diferencia suprasegmental (tonal) que no se refleja en los datos.

El futuro, en cambio, nos brinda comparativamente el juego más completo de paradigmas, incluyendo varias formas subordinadas y coordinadas. Entre ellas podemos destacar las subordinadas finales, que tienen prefijos muy parecidos al futuro (indicativo), pero con ciertas diferencias suprasegmentales (véase 19). Así, nunca encontramos formas del presente en cláusulas finales con subjuntivo (presente) o infinitivo en español.

Al igual que el pretérito, el futuro tiene prefijos consecutivos que se combinan incluso con morfemas adverbiales y temporales, como vemos en (15b5). Curiosamente, esas tres formas sólo se presentan en la última página del libro (f. 177v) —en La Salve, una oración dedicada a la Virgen (así que cabe pensar que se deben a razones estilísticas). Por otra parte, los prefijos temporales propiamente dichos de (15b2) podrían ser idénticos al futuro indicativo (neutralizados); también pueden tener sentido condicional, de acuerdo con los ejemplos de (18b).

En primer lugar tenemos las formas de futuro “indicativo”, aunque debemos matizar este último término porque el futuro puede adquirir diferentes valores modales (sobre todo deónticos, como mandato y obligación). Al mismo tiempo, el valor temporal de posterioridad se mantiene constante en todos esos contextos, de modo que ‘futuro’ es una categoría descriptivamente adecuada.

En (16a) encontramos dos veces la construcción de ‘querer + inf. ‘ que nos muestra la ausencia de una forma infinitiva en mazahua, así como el uso del futuro para la expresión del significado desiderativo. Otra construcción parecida es la de ‘ir a + inf. ‘: en (16a2) con futuro [no marcado] en ambas formas, y en (16c1) con [arriba] en la segunda forma verbal ‘ganar’, que representa el contenido léxico de la construcción y está relacionado con el lugar de la situación proyectada. Las oraciones de (16b), en cambio, tienen dos sintagmas verbales con localización —[abajo] en este caso—, uno de los cuales funciona como adverbio cuantitativo temporal, equivalente a siempre. Esta “concordancia locativa” parece tener valor enfático y no es obligatoria, según vemos en el segundo ejemplo de (16c3), donde la frase adverbial se reduce a su mínima expresión (sin proclítico y prefijo, más posible contracción del radical). 18 En lo que respecta a los prefijos de [adentro] (16d), comunes con el verbo ‘estar’ en tercera persona, observamos una alternancia que aparentemente es facultativa; el alomorfo con vocal media anterior se deriva probablemente de la forma con vocal baja central (por asimilación a la alta anterior en coda).

En seguida veamos algunas expresiones relacionadas con los verbos de movimiento (y predicados afines), que pueden llevar ciertos prefijos especiales ya mencionados.

Las formas de (17c) tienen doble vocal en el texto mazahua, lo cual indica la presencia de algún fenómeno suprasegmental, puesto que la longitud vocálica no es distintiva en esta lengua. También se incluye la forma correspondiente del futuro neutral para ilustrar el contraste entre ambos prefijos.

Las formas subordinadas asociadas al futuro comprenden, por un lado, los prefijos adverbiales de manera y los temporales —tal como en los demás tiempos que hemos revisado hasta ahora—, mientras los finales distinguen el futuro en cuanto categoría dentro del sistema de TAM. Por tanto, es conveniente tratar estos últimos aparte, lo cual se hace en el bloque de ejemplos (19).

Entre las formas adverbiales cabe destacar las frases prohibitivas locativas de (18a2,3), que se construyen con el verbo de movimiento ‘ir’ y contrastan con otras similares que sólo llevan el prefijo de futuro (véase 26a1). Así, constituyen construcciones marcadas y complejas que combinan un lugar indefinido negativo con una prohibición “modalizada” de manera, parafraseables como “a ningún lugar [de ningún modo] es cómo te irás”. Las demás expresiones prohibitivas del corpus no aparecen con prefijos adverbiales (véase 26).

En lo que se refiere a las formas temporales, hay que destacar dos hechos: en primer lugar los prefijos parecen ser idénticos —por lo menos en términos segmentales— a los no subordinados (“indicativos”), a diferencia de lo que sucede en presente y pretérito; de todos modos los respectivos prefijos se marcan como subordinados temporales (.T) en el material analizado. En segundo lugar, vemos que esas formas también pueden tener sentido condicional, ya sea con la conjunción temporal (18b2, f. 94v), ya sea con otra más específica. Para distinguir ambas nociones y sistematizar los datos, los prefijos en contexto condicional se marcan como tales (.C) no sólo en futuro, sino también en presente y pretérito.

Las formas subordinadas finales, por otra parte, tienen prefijos similares a los del futuro indicativo, pero con ciertas diferencias formales, apreciables en algunos casos.

De este modo, en las formas finales no marcadas para localización observamos una tendencia moderada al empleo de la doble vocal en el texto, lo cual sugiere la presencia de algún fenómeno suprasegmental (tonal) en este paradigma. Un parámetro más seguro para diferenciarlo del futuro indicativo es el comportamiento de algunos verbos, como ‘ver’ en tercera persona, que distingue claramente ‘verán’ de ‘ (para que) vieran’. Sin embargo, lejos de ser sistemática, una distinción tan clara es más bien rara en el conjunto de los datos. De todos modos es razonable suponer la existencia de una categoría morfológica ‘final’, aunque no se manifieste segmentalmente en todos los casos. Así, los ejemplos de (19b,c,d), que muestran los prefijos de [abajo], [arriba] y [adentro], respectivamente, tampoco se distinguen —por lo menos en términos segmentales— de las formas en futuro indicativo (véase 16b,c,d).

Finalmente tenemos las formas de futuro consecutivo, que son muy poco frecuentes en el material examinado. Además, como ya mencionamos más arriba, las combinaciones adverbial y temporal (20b,c) se limitan a un solo pasaje del texto, La Salve al final del libro.

Sin embargo, tratamos de incluir en la medida de lo posible expresiones tan marginales en el corpus como las de (20b,c), para dar una idea más exacta sobre las posibilidades del sistema de TAM. Al mismo tiempo, cabe recordar el carácter necesariamente preliminar del análisis morfológico, sobre todo en casos aislados como éstos. Otra categoría relacionada con el futuro es el imperativo, aunque hay elementos suficientes para considerarla como un subsistema independiente, según se observa en el siguiente esquema.

En términos generales, las formas afirmativas presentan una serie de distinciones que ya nos son familiares de los cuatro tiempos revisados hasta ahora. Como en pretérito, no encontramos prefijos de localización. Los prefijos de movimiento, por otro lado, se reducen a una sola forma, que corresponde a la no marcada de los otros paradigmas. En cuanto a las formas prohibitivas, debe destacarse la existencia de dos expresiones “especiales”, que si bien sólo ocurren una vez en el corpus, permiten atestiguar en parte la gama de construcciones imperativas negativas del otomí antiguo tal como la documenta Cárceres, quien habla del “imperativo vetativo” y varios “avisativo[s] o dissuativo[s]”. 19

Ahora bien, veamos primero las expresiones más comunes, que corresponden a las formas afirmativas neutrales en segunda persona y se dividen en dos grandes grupos, ejemplificados a continuación.

Así, en (22a) se ilustra el primer grupo de formas que no tienen afijo y cuya marca segmental es la palatalización en ciertos verbos como ‘pedir’. En (22b) está el segundo grupo de imperativos, que tienen prefijos derivados del futuro; sin embargo, como muestran los tres pares de formas con ‘decir’, ‘venir’ y ‘guardar’, esos prefijos han desarrollado una extensa variación entre las vocales anteriores media y alta, que prácticamente no se da en futuro. Debido al carácter innovador de esta variación, interpretamos los prefijos de imperativo afirmativo en segunda persona como categoría descriptiva distinta del futuro. La tercera persona, en cambio, no parece tener formas imperativas especiales, por lo que no se incluye en (21a).

Las formas imperativas de movimiento, por otro lado, llevan prefijos que no se encuentran en los paradigmas de futuro; la forma de primera persona se presenta sólo una vez en el material analizado.

Las formas de segunda persona confirman de nuevo que la dirección deíctica (‘hacia mí’ vs ‘hacia allá’) no es inherente al prefijo, sino resultado de todo el predicado. Nótese también que el imperativo de ‘venir’ nunca aparece con prefijo en el corpus.

Los imperativos adverbiales de manera son bastante comunes en el texto y se dan siempre en uno de los tres contextos siguientes, sobre todo con .

Estos prefijos parecen ser idénticos a los del futuro adverbial, por lo menos a nivel segmental. El segundo ejemplo de (24) es importante porque el prefijo muestra la tendencia incipiente a la contracción, que después (en el mazahua actual) se generalizaría en todo el sistema. Las formas del consecutivo, en cambio, son poco frecuentes y se limitan a las expresiones que se enumeran en (25).

La construcción negativa de (25a2) combina el significado consecutivo del prefijo de imperativo con un adverbio negativo especial, que probablemente significa “no más”. La frase de (25b), bastante sintética, se ubica en el contexto de las expresiones marcadas estilísticamente de La Salve, citadas en (20b,c) como futuros consecutivos (adverbial y temporal). Finalmente, veamos las demás construcciones prohibitivas, que generalmente se forman con el clítico negativo y los prefijos de futuro.

En (26b) tenemos la segunda forma especial, cuya reconstrucción no es clara pero podría incluir un prefijo prohibitivo propio, distinto del presente o del futuro. Esta frase forma parte del Padre nuestro, lo cual confirma el estatus gramatical marcado de esas oraciones.

El último subsistema de TAM que podemos identificar en los datos examinados comprende las formas optativas y volitivas, que se resumen en los paradigmas de (27).

El optativo y el volitivo constituyen dos categorías modales de irreales que expresan deseo y/o posibilidad (optativo), así como intencionalidad (volitivo). Así, son categorías cercanas al futuro, pero con mayor carga modal y otros valores temporales. Con todo, en algunos contextos como las expresiones exhortativas de (28a1), ambas formas (optativo o futuro) son intercambiables. Otro punto de contacto entre futuro y optativo son las construcciones del tipo ‘querer + inf.’, que aparecen en (28b) en tiempo pasado (véase 16a para presente).

La forma de segunda persona en (28a2) es dudosa, ya que podría tratarse del prefijo futuro; en todo caso, es el único ejemplo de segunda persona en un contexto favorable al optativo. La expresión es atípica en el corpus por la posición del adjetivo después del verbo, y la consiguiente ausencia del prefijo adverbial de manera. El pretérito optativo en (28b), por otro lado, aparece no sólo en estructuras subordinadas con ‘querer’, sino también en oraciones complejas condicionales de tipo contrafáctico.

Las formas volitivas se atestiguan solamente en tiempo pasado, aunque Nágera Yanguas las menciona explícitamente en la decimoquinta advertencia (ff. 5r-6r), donde habla de los “futuros en rus” (término que alude al participio futuro -urus del latín).20 Sin embargo, todos los ejemplos de las advertencias y del texto bilingüe tienen valor de pasado.

El significado volitivo de esas expresiones se refleja en la presencia de la marca de copretérito , que subraya el carácter imperfectivo del predicado (véase 28b con ‘querer’). No está claro cómo interpretar la ausencia de formas verbales en presente: por un lado cabe pensar en su omisión accidental dentro del corpus; por otro es posible que no exista un presente propiamente y que el volitivo en sí tenga valor atemporal. Esta segunda posibilidad explicaría el uso de en las oraciones independientes de (29a1, f. 5r) y (29a2) como marca de tiempo pasado. Sea como fuere, identificamos los prefijos en cuestión de manera preliminar mediante el rótulo de PRT.VOL, según vemos en (27b) y (29). Las formas adverbiales de (28c) y (29b) —ejemplos únicos en sus respectivas categorías— constituyen cláusulas completivas, regidas por un sustantivo en el primer caso y un verbo en el segundo; son estructuras complejas de subordinación que combinan elementos que crean contextos modales (‘palabra’, ‘querer’) con el cambio de referencia del sujeto.

En general, emerge ante nosotros un panorama bastante complejo, que muestra un sistema de TAM sin límites precisos en cuanto a la combinatoria de categorías. Como en ningún otro ámbito de la gramática, se hace evidente una naturaleza fragmentaria y sesgada del corpus que propicia numerosas lagunas en los paradigmas y ofrece varios ejemplos únicos de ciertas formas (como las adverbiales o las de movimiento). Además, existen sin duda algunas formas más que no se documentan en el material analizado, como deja entrever la descripción de Cárceres. Con todo, creemos que este esbozo del sistema de TAM del mazahua antiguo brinda una visión de conjunto útil, que permite reconocer los parámetros fundamentales del diseño del sistema.

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Spencer, Andrew, Morphological Theory: An Introduction to Word Structure in Generative Grammar, Oxford, Basil Blackwell, 1991.

Stewart, Donald, “Gramática del mazahua”, mecanoescrito, 1993.

Autor: Michael Knapp Ring, Dirección de Lingüística, INAH.

  1. Diego de Nágera Yanguas, Doctrina y enseñança en la lengua maçahua de cosas muy utiles, y prouechosas para los Ministros de Doctrina, y para los naturales que hablan la lengua Maçahua (ed. facsimilar), 1952 [1637]. []
  2. Véase, respectivamente, Michael Knapp Ring, “Edición paleográfica y lingüística de Lengua masagua: en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, mecanoescrito, 2006; Michael Knapp, “Elementos de dialectología mazahua”, en P. Levy (ed.), Del cora al maya yucateco: estudios lingüísticos sobre algunas lenguas indígenas mexicanas, 2002, pp. 59-80; así como Michael Knapp Ring, “Fonología segmental y léxica del mazahua”, en prensa. []
  3. En otomí antiguo la situación es todavía más compleja, ya que los prefijos en cuestión codifican además fenómenos de transitividad y de clases de conjugación. []
  4. Esto incluye también a los contrastes tonales, no considerados en la reconstrucción. []
  5. Los tres pares de consonantes orales forman parte de una correlación fundamental del sistema que opone oclusivas sordas (simples) a fricativas sonoras y sonantes /p-β, t-ɾ, ts-z, t∫-ӡ, k-γ, Kw-w/ e interactúan tanto en cambios diacrónicos /p>β, >ɾ/ k>γ/, como procesos morfofonémicos /β-p, ɾ-t,γ-K/; para estos últimos véase Michael Knapp Ring, “Fonología segmental y léxica del mazahua”, en prensa, 4.3.2 y 6.2.1. []
  6. Charles F. Hockett, “Dos modelos de descripción gramatical”, en Elizabeth Beniers (ed.), Lecturas de morfología, 2000, pp. 47-86; P.H. Mattews, “Recent Developments in Morphology”, en J. Lyons(ed.), New Horizons in Linguistics, 1970, pp. 96-114; de Mattews véase también Morphology, 1991. []
  7. Las abreviaturas empleadas aquí y en los demás ejemplos son: A=arriba, AD=artículo despectivo, ADJ=adjetivo, ADV=adverbial de manera, AF=afirmativo, AN=artículo neutro, AUM=aumentativo, B=abajo, C=condicional, CON=consecutivo, COP=copretérito, D=adentro, DG=determinante general, DL=dual, EX=exclusivo, F=final (propósito), FUT=futuro, IMP=imperativo, IN=intensificador, IRT=interrogación total, M=movimiento, MF=morfofonémico, NA=nominalización agentiva, NG=negación, L=movimiento/cierto lugar, LL=movimiento/ llegar, OD=objeto directo, OI=objeto indirecto, OPT=optativo, P(RO)=prohibitivo, PAL=pala ta lización, PL=plural, PN=predicado nominal, PNA=prenasalización, POS=posesivo, PRS=presente, PR=preposición, PRT=pretérito, PRX=grado de proximidad, R=movimiento/regresar, SG=singular, SON=sonorización, T=temporal, VOL=volitivo. []
  8. Donald Stewart, “Gramática del mazahua”, mecanoescrito, 1993, pp. 9-23. []
  9. P.H. Mattews, op. cit. (1991), pp. 185-205; Andrew Spencer, Morphological Theory: An Introduction to World Structurein Generative Grammar, 1991, pp. 49-52. []
  10. En su descripción de los prefijos verbales del otomí del sudoeste, Andrews reconoce esta triple distinción básica en el sistema de TAM, aunque con términos ligeramente diferentes (presente-completivo-futuro); ver Henrietta Andrews, The Function of Verb Prefixes in Southwestern Otomí, 1993, pp. 41-47. []
  11. Véase, respectivamente: Donald Stewart, op. cit., y Henrietta Andrews, op. cit. []
  12. Los ejemplos del texto estudiado se presentan de la siguiente manera: en la primera columna se da en cursivas la expresión en español (novohispano); en la segunda, la forma escrita en mazahua antiguo, y en la tercera aparece la interpretación fonológica (con fronteras morfológicas) y la glosa correspondiente. En algunos ejemplos más largos no se usan columnas, sino bloques de cuatro líneas. Antes de cada ejemplo se pone el folio (recto/verso) en que aparece en el original. []
  13. Joan Bybee, Revere Perkins y William Pagliuca, The Evolution of Grammar: Tense, Aspect and Modality in the Languages of the World, 1994, pp. 127-133. []
  14. A manera de ejemplo, las correspondientes formas adverbiales de 3ª p. en Cárceres son [xoe-cã-xohnãbate] ‘enseña bien’ (1ª conj.) y [xoe-que-mãte] ‘ama bien’ (2ª conj.); la segmentación de las frases es mía; véase Pedro de Cárceres, “Arte de la lengua othomí (siglo XVI)”, edición de Nicolás León, en Boletín del Instituto Bibliográfico Mexicano, vol. VI, 1907, pp. 134-137. []
  15. Pedro de Cárceres, op. cit., p. 86. []
  16. Sin duda, la situación es algo más compleja debido a la gran cantidad de distinciones del otomí, que sería imposible de resumir en este trabajo; con todo, la asociación entre [no marcado] y [afuera] parece sólida si se parte de los paradigmas de ‘estar’. Véase Pedro de Cárceres, idem. []
  17. Sin embargo, debemos señalar que las advertencias no conforman un “arte” (esbozo gramatical), sino se trata sólo de una serie de observaciones breves que no están ni sistematizadas ni bien organizadas. []
  18. También existen algunos contextos con siempre (no incluidos aquí) donde la frase adverbial temporal se marca como [adentro], y el verbo principal como [arriba] o [abajo]; por tanto, puede haber localizaciones complejas que no podemos abordar en este trabajo. Sin embargo, vale la pena anotar el estatus especial de [adentro] en esos adverbios. []
  19. Pedro de Cárceres, ibidem, p. 71. []
  20. Así, por ejemplo, laudat-urus sum significa ‘tengo la intención de alabar’. []

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