Katsuyuki Okamura y Akira Matsuda (eds.), New Perspectives in Global Public Archaeology, Nueva York, Springer, 2011.

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DA57R2La arqueología pública es una disciplina interesada en fomentar la participación activa del profesional de la arqueología con la sociedad o el público que tiene contacto con los vestigios de la antigüedad. También se enfoca en estudiar las implicaciones socio-económicas y políticas que acarrea la práctica arqueológica para las comunidades contemporáneas.

Esta forma de hacer arqueología, que en América suele asociarse con la antropología aplicada, es practicada en numerosos países europeos, asiáticos, americanos y africanos. Con el objetivo de exponer un panorama global sobre las aplicaciones, problemáticas y resultados que ha tenido el ejercicio de la arqueología pública alrededor del mundo, Katsuyuki Okamura y Akira Matsuda realizaron una selección de artículos sobre proyectos de investigación adscritos a dicha corriente, los cuales han sido aplicados en diversas naciones, como por ejemplo Jordania, Japón, Estados Unidos, Tailandia, Australia, Perú, Inglaterra, Sudáfrica y Senegal. Ambos investigadores —el primero, adscrito a la Asociación de Bienes Culturales de la ciudad japonesa de Osaka, y el segundo es profesor-investigador de la Universidad de East Anglia— han logrado definir con esta obra una arqueología pública multicultural, multicontextual y con enfoques variados, la cual ostenta objetivos y estrategias que son flexibles y adaptables. Esta cualidad, propia de la arqueología pública, es destacada por los editores quienes subrayan que las percepciones sociales sobre los vestigios arqueológicos son múltiples porque están intrínsecamente entrelazadas con las tradiciones locales y la historia de cada nación.

Ya que el tomo reúne trabajos con diversos enfoques teóricos y metódicos, Okamura y Matsuda elaboran en el primer capítulo una definición unánime de la arqueología pública entendiéndola como una temática que examina las relaciones entre la arqueología y el público con el fin de mejorarlas. El objetivo de la obra es catalizar los estudios comparativos sobre el desarrollo de esta disciplina a escala global, ya que su progreso ha sido uniforme prevaleciendo desde hace más de cuarenta años en los países occidentales angloparlantes. En cambio, la difusión de la arqueología pública en Asia, Sudamérica y África inició hasta mediados de la década de los noventa, consolidándose recientemente.

Después de la presentación del tema y antes de comenzar el recorrido por los diferentes puntos del planeta donde se han desarrollado proyectos de investigación sobre relaciones entre sociedad actual y arqueología, el compendio presenta dos excelentes artículos que invitan a cavilar al respecto de la ética profesional del arqueólogo contemporáneo, su compromiso social y su labor profesional. El primero de estos textos es redactado por Ian Hodder, reconocido arqueólogo adscrito a la Universidad de Stanford, y el segundo es obra de Anne Pyburn, investigadora de la Universidad de Indiana y directora del proyecto de arqueología maya Chau Hixx, el cual promueve la valoración del patrimonio arqueológico y el desarrollo económico de las comunidades locales.

Posteriormente se presentan 17 capítulos con temáticas variadas al respecto del ejercicio de la arqueología pública, predominando aquéllos sobre proyectos realizado en Asia. La orientación asiática es una de las contribuciones más destacables de este volumen, ya que denota la potencial universalidad y diversidad de enfoques que puede tener la arqueología pública, una disciplina tradicionalmente asociada a los países occidentales de habla inglesa.

Uno de los capítulos contextualizados en el lejano Oriente es presentado por Okamura, quien expone diacrónicamente cuáles han sido las relaciones entre el público nipón y la arqueología local después de la Segunda Guerra Mundial. El autor, que comienza definiendo la arqueología pública como una herramienta de la gestión cultural y no como una corriente antropológica, ejemplifica el desarrollo de esta disciplina en Japón identificando para ello dos fases políticas: la primera es representada por el proyecto Tsukinowa, cuyas excavaciones comenzadas en 1953 incluyeron a cerca de 10 000 personas, entre las cuales hubo arqueólogos, historiadores, habitantes locales, alumnos y profesores. La segunda fase —iniciada en 1970, cuando se estableció un organismo nacional de gestión del patrimonio arqueológico—, le restó participación a la comunidad y frenó con ello el desarrollo de la arqueología pública en el país.

Los capítulos no asiáticos versan sobre el desarrollo de esta disciplina en países como Perú, Senegal o Inglaterra, entre otros, incorporando incluso un texto al respecto de la aplicación de una arqueología pública multiétnica en Nueva Caledonia, Melanesia.

Resta decir que esta obra literaria es una lectura imprescindible para el arqueólogo del siglo XXI, porque marca la pauta para avanzar en la transformación de la disciplina arqueológica, la cual no puede continuar limitándose a la implementación de métodos científicos para la recolección e interpretación de datos, negando con ello su responsabilidad en el proceso histórico de construcción y elaboración del pasado.

Como ejemplifican las páginas de la obra literaria aquí reseñada, la práctica arqueológica contemporánea exige reflexión al respecto de su importancia social. El libro estructurado por Okamura y Matsuda nos invita a redefinir la figura del arqueólogo, presentándolo como un profesionista primeramente comprometido con la sociedad.

Autora: Yael Dansac, Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, París, Francia

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