Rosa María Osorio Carranza, Entender y atender la enfermedad. Los saberes maternos frente a los padecimientos infantiles,México, INAH, CIESAS, INI (Biblioteca de la Medicina Tradicional Mexicana), 2001.

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DA27R2El trabajo está integrado por siete capítulos dedicados a sensibilizar a quienes -desde distintas posiciones en la sociedad- son responsables de atender a las necesidades de salud de los individuos. Se hace énfasis en la importancia de situarse en el contexto doméstico y en el reconocimiento del papel central de las madres como guardianes de la salud y de cómo sus representaciones y prácticas determinan la búsqueda de soluciones. A través de los diversos capítulos que integran la obra, se pone de manifiesto que aun cuando se observa un predominio de los recursos biomédicos, las estrategias de atención no han podido sustraerse a la influencia de la medicina tradicional.

El primer capítulo titulado “Los modelos médicos y la trayectoria de atención” ofrece una revisión muy completa y actualizada de los postulados teóricos y la definición de las categorías conceptuales en las cuales se apoya la investigación. Este capítulo puede ser de gran utilidad a quienes -desde distintos puntos de vista- se propongan analizar las conductas en torno al proceso salud/enfermedad y atención; está hecho con base en una bibliografía amplia y actualizada en el campo de la antropología médica. El texto logra integrar el rigor metodológico y la calidad del trabajo etnográfico con una presentación de fácil lectura, por lo que cumpliría con uno de los propósitos de la autora de ser accesible a casi cualquier público en el campo de la salud; por otro lado pone de manifiesto la habilidad de la investigadora para introducirse en la dinámica cultural del grupo de estudio.

En el segundo capítulo titulado “Las condiciones materiales de vida”, la autora describe las condiciones de vida de la comunidad, elementos de gran importancia para entender cómo es que ocurren los eventos de construcción y atención de los padecimientos. Para ello, analiza el contexto demográfico y sociocultural en los ámbitos nacional, estatal y municipal: la intención es ayudar al lector a entender cómo se vive y se produce la enfermedad, así como cuáles son las características de los actores en esta población. Una vez que se conozcan la forma de vivir y de enfrentar los problemas relativos a la enfermedad, será posible penetrar en la comprensión del saber y las prácticas maternas encaminadas a restablecer la salud y el bienestar de las familias, aun cuando el mayor énfasis está en la atención de los niños menores de cinco años.

El capítulo “El panorama epidemiológico y los servicios de salud”, aborda los aspectos relativos al saneamiento de la localidad; al profundizar en la caracterización del ambiente en el cual se genera la enfermedad, trata de ampliar la perspectiva de análisis. También se hace una comparación de las causas de morbilidad y mortalidad del grupo de estudio con las correspondientes en el ámbito estatal y nacional, tratando de contemplar las distintas visiones en su análisis: la oficial y la de la realidad que viven los actores. Enfatiza el papel que juegan algunas condiciones como la disponibilidad, calidad y uso de los servicios de salud que tienen a su alcance los habitantes de una zona geográfica particular en la solución de sus problemas. En gran medida la problemática sanitaria que aqueja a los individuos es compartida por la comunidad en su conjunto; en este apartado se contrasta la percepción de las madres con la de los curadores: en tanto que las primeras atribuyen sus problemas a las carencias de servicios básicos, los curadores destacan los pobres hábitos higiénicos que prevalecen en la población.

El cuidadoso análisis de las entrevistas realizadas a los distintos actores, permite a la autora integrar un panorama completo del estado que guarda la población, así como identificar las fuentes generadoras de los problemas de salud y así definir los patrones de atención. La minuciosa reconstrucción de lo que la autora define como “cultura médica popular” permite abordar el fenómeno desde una perspectiva integral; el estilo de exposición de la autora nos muestra la manera en la que se construyen las experiencias y nos hacen partícipes de las interrogantes que enfrentan los individuos en la aparición de los diversos padecimientos, además de ofrecer elementos muy precisos de cómo es que las madres van construyendo los saberes que las capacitan para enfrentar y resolver los padecimientos que les aquejan. Al mismo tiempo hace una contrastación de dos visiones -el saber materno y el saber profesional- y de cómo ambas coexisten y se influyen mutuamente en la búsqueda de soluciones.

Otro elemento de interés es el relativo a la clasificación y jerarquización de las enfermedades; presenta un recorrido muy completo del continuo salud-enfermedad inmerso en la naturaleza biosocial de los grupos de interés, lo que pone de manifiesto el amplio trabajo realizado por la autora en la comunidad.

El excelente trabajo etnográfico que nos conduce a la reconstrucción de la enfermedad y al descubrimiento de los saberes médicos, se combina de manera ágil y amena con un sólido apoyo teórico-metodológico en el análisis de la información. Al efectuar el recuento de las experiencias de todos los actores participantes en este estudio, la autora logra ubicar la función de cada uno de ellos en el proceso. Este sistema de representaciones consigue captar en su totalidad los elementos que convergen en un solo sistema de representaciones de la enfermedad en este grupo social de interés.

A través de los distintos capítulos, la autora mantiene el hilo conductor en la búsqueda de un análisis integral de los diversos factores de influencia y los varios actores. Subtítulos como “dime quién te cura y te diré que padeces” ponen de manifiesto la intención de dar seguimiento a todos y cada uno de los elementos que definen la percepción y construcción de los padecimientos en los distintos componentes del proceso salud/enfermedad/atención (s/e/a), lo que se hace de manera ágil, amena y muy bien sustentada al estudiar a la comunidad de interés. A lo largo del análisis se acude continuamente a los referentes estatal y nacional con la intención de estimar la verdadera magnitud de los problemas que afectan a la comunidad de estudio.

En el quinto capítulo, “Los saberes etiológicos y preventivos”, se enfatiza en la caracterización de los modelos explicativos de los principales padecimientos. En este apartado se entrelazan el conocimiento científico, el empírico, y la elaboración cultural que dan forma a las teorías populares predominantes en la comunidad. Éstas son caracterizadas por la autora en cuatro niveles: el individuo, el mundo natural, el mundo social y el mundo sobrenatural. Sólo un minucioso trabajo derivado del registro riguroso de quiénes son los informantes, cómo piensan y cómo viven, permite captar la multicausalidad del proceso s/e/a. Muestra cómo se adquiere el conocimiento de los elementos que dan lugar al diagnóstico y se analiza -a través de las experiencias de los diversos informantes- cómo se acude a diversas opciones curativas al jerarquizar tanto el padecimiento como los recursos disponibles, y cómo se documenta un proceso de aprendizaje. Esto último se convierte en lo que la autora denomina “saber médico” en el largo plazo.

Es muy interesante conocer los modelos explicativos de las madres que no logran sustraerse a la concepción que da origen a los síndromes culturalmente determinados (SCD), a pesar de haber integrado los recursos de la medicina alopática a su acervo curativo. La epidemiología popular identifica los elementos que propician, favorecen o inhiben el desarrollo y la distribución diferencial de los procesos s/e/a desde una perspectiva que difiere de la biomédica, puesto que las madres ponen el énfasis en las condiciones materiales de vida y en los aspectos socioculturales como determinantes de los padecimientos. Se reconocen diversas categorías de enfermedad y la existencia de una morbilidad diferencial para cada grupo de edad.

A lo largo del sexto capítulo, “Los saberes terapéuticos y la trayectoria de atención”, las informantes describen sus encuentros con las enfermedades y relatan de manera detallada los elementos que les permiten elaborar un diagnóstico. El recuento de sus vivencias y la elección de un tipo de tratamiento particular muestran la manera en la que ocurre la construcción y transformación del saber materno en la atención. La voz de las informantes se enlaza con el análisis de la autora quien simultáneamente procede a definir el perfil epidemiológico y a presentar la evaluación relativa a la eficacia de los tratamientos.

En el séptimo y último capítulo, “Estructura y condicionantes de la trayectoria de atención”, la autora se ocupa del análisis conjunto de lo que ha denominado la carrera curativa de sus informantes, a partir del recuento de setenta episodios de enfermedad registrados entre las familias estudiadas individualmente y obtenidos de otros informantes. En este apartado se efectúa una suerte de balance respecto de la utilización de los recursos, la frecuencia, orden de utilización, y si se acude a varios de ellos y cuáles son los criterios de decisión, cómo se transita de un nivel de atención a otro. El modelo de análisis empleado en este trabajo permite abordar la diversidad de condicionantes de la trayectoria de atención al incluir el punto de vista del grupo y del individuo al analizar los distintos elementos de los saberes maternos que facilitan la comprensión de su percepción y explicación de las estrategias curativas.

La obra en su conjunto representa un esfuerzo serio de investigación en el campo de la antropología médica; sus aportaciones al conocimiento del proceso s/e/a son de gran utilidad para quienes participan en el estudio de la salud y para los responsables directos de la atención.

Autora: Ma. Eugenia Peña Reyes, Escuela Nacional de Antropología e Historia, INAH.

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